Buenas!

Una vez más actualizando por aquí! La verdad es que he tenido varios problemas con los discos duros externos... y por suerte había grabado una copia del documento en un lápiz, así que puedo actualizar en el mes que ha venido! Pronto serán las vacaciones de Verano y yo sigo teniendo los mismos ánimos para escribir, así que de momento seguiré actualizando!

Cristabel15: Espero que el que viene también te guste y que sigas enviándome reviews!

noctisluxys: me alegra de que tus dudas se hayan arreglado y espero que este capítulo lo disfrutes como los demás!

Os dejo para leer el siguiente!

^^Shihoran^^


Llegar a tiempo.

Cuando pensamos que el día de mañana nunca llegará, ya se ha convertido en el ayer.

Henry Ford (Industrial estadounidense).

Salió del coche. Heiji se puso una vez más su querida gorra en la cabeza. Nishio Takumi era un fantasma, un nombre que se ponía al medio de cualquier investigación que fuera de la Organización. En cuanto había puesto en marcha al coche había llamado a Ran para que fuera a ver a Kazuha. ¿Se había preocupado más de la cuenta o quizás tenía que preocuparse más? Suspiró mientras andaba. Se puso el ala de la gorra hacia delante y observó el número del ascensor: 2. Se impacientó porque el ascensor tardaba en llegar a su destino. Subió en él y pulsó el botón para subir. Se apoyó en el espejo del ascensor mirándose los pies para evitar ponerse más nervioso. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron empezó a escuchar gritos y gente corriendo. Alzó la vista y salió de allí. Se abrió paso entre la multitud y entró en el departamento de Homicidios.

- Hattori, llegas a tiempo –sonrió Takagi Wataru– en dos minutos volverá a llamar.

- De acuerdo –suspiró el hombre.

Avanzó entre las mesas siendo observado por todos sus compañeros y se sentó en su pequeño escritorio. Con otro largo suspiro se quedó mirando al techo. Hacía ya un año desde que ese hombre había matado a su mujer y hacía más de dos semanas que no sabía nada de Sakuraba Miki. La última vez que había hablado con ella, la joven aún intentaba esquivar sus preguntas. Cerró los ojos e intentó recordar todo lo que pasó hace justamente un año. La cuerda, la grúa, los cortes en el brazo derecho. Abrió los ojos como platos y se levantó. Su mente había atado todos los cabos posibles y estaba empezando a entender todo lo que había ocurrido en todo este tiempo. En ese instante los teléfonos del departamento empezaron a sonar. En la sala se hizo el silencio. Todos observaron el policía. El sonido de los aparatos interrumpió el silencio incómodo. Heiji suspiró, levantó el auricular y pulsó el altavoz.

- Esto tiene algo que ver con las mazmorras, ¿verdad? –preguntó el policía antes de preguntar nada.

- Vaya, vaya, vaya… ¿quién te ha hablado de eso, detective? –preguntó la voz distorsionada de Nishio.

- Responde.

- ¿Sabes lo que es que te peguen hasta saciar sus enfados? –preguntó el hombre al otro lado del altavoz– ¿Sabes lo que es que te ahoguen con una toalla mojada hasta no poder respirar?

- Para nada –respondió el policía después de un silencio.

- Entonces tan solo conoces el nombre, no sabes nada de las mazmorras.

- Dime… Kudo estuvo allí, ¿verdad? –preguntó Heiji mirando el teléfono– Miki-chan me dijo que fue su compañero de celda y… me temo que se refería a las mazmorras. ¿Estás relacionado con Kudo? ¿Tienes algo que ver con esa gente?

- Ahhh… –suspiró la voz– entendiste las palabras de una joven sin esperanzas.

- ¿Entendí las palabras? –preguntó Hattori sentándose de nuevo en la silla– ¿Una joven sin esperanzas? Realmente no creo que haya entendido nada.

- ¿Sabes que ese tipo tiene una hija? –preguntó con una sonrisa el interlocutor– Kudo Yui, suena bien si no fuera porque el padre biológico de la niña la quiere de vuelta.

- ¿Una hija? –preguntó Heiji– Entonces acabas de afirmar que Kudo sigue vivo –sonrió Heiji.

- No por mucho tiempo, me temo –se rió Nishio– bueno… no creo que a ti te importe, sino a tu mujer quien ahora está con él.

- ¡¿EH? –Heiji se levantó de golpe gritando– ¿Có… có… cómo que…? –empezó a tartamudear en cuanto vio que todos los demás policías le miraban con cara de pocos amigos.

- Ayer llevó a la niña con su nueva profesora –sonrió Nishio– Hattori Kazuha-sensei. ¿No te lo había dicho? Venga ya hombre, si le vio el brazo…

- ¿Espiaste a mi mujer? –preguntó Heiji.

- De hecho… espié a mi tercera víctima… aunque esto a ti no te importa ahora. Dime, Hattori, ¿vas a salvar la vida de Miki-chan?

- ¿Miki? –preguntó Heiji– ¿Entonces la siguiente es la hermana?

- Voy a acabar con todos los que me han humillado, Hattori. No te olvides que ellos están conmigo –sonrió al otro lado del teléfono la voz.

- Y eso supongo que incluye a Kudo, ¿eh? –preguntó Heiji con una sonrisa.

- Por supuesto –se rió Takumi– bien, ya tienes la información en el fax, aunque solo he enviado una parte. Lo demás te llegará ahora –añadió– tienes 30 minutos desde ya.

Heiji miró su reloj mientras se escuchaban unos pitidos conforme habían colgado el teléfono. Las 9:37:00 de la mañana. Miwako se acercó con el primer fax mientras se escuchaba el sonido de la máquina funcionar. El teléfono de Heiji sonó.

- ¿Diga? –preguntó después de comprobar el nombre del teléfono.

- Heiji. Kazuha no está aquí –informó Ran desde el otro lado.

- No te preocupes Ran, estará bien –sonrió Heiji– oye nos vemos en una hora, ¿vale?

- Claro… –murmuró la mujer colgando.

Heiji suspiró una vez más. Volvía a hacer lo que prometió que no volvería a hacer un año atrás a Kazuha: volvía de nuevo a ocultar cosas a la gente. Revisó el fax mientras Hakuba le pasaba el otro.

- Suena un pitido y todos apresuran el paso –leyó Heiji– Llegan hasta ese sonido como si eso fuera nuevo. Pero tiene historia. Una historia que muchos no habrían imaginado: vapor, carbón, electricidad… una vez más suena el pitido de aviso. Empiezan a correr mientras las puertas se están cerrando. Tienen un largo viaje por recorrer, piensan todos mientras la electricidad se escapa por ese frágil cuerpo. Firmado: Tokio número 4 puerta 3-E.

Saguru y Heiji se miraron y sonrieron. Ese había sido fácil… y aún les sobraban 28 minutos. Informaron a todos y se fueron de allí. Hakuba entró en su coche de color gris como conductor y Heiji se sentó de copiloto. Aoko no estaba allí, así que los dos emprendieron la marcha. El silencio era lo único que brillaba en ese limpio coche. Hakuba sacó la sirena de la policía y los dos emprendieron su camino hacia la estación seguidos por muchos otros coches patrulla. Mientras tanto, el moreno sacó su teléfono móvil y marcó el número de su esposa. Un pitido, dos pitidos, tres pitidos… miró por la ventana mientras el teléfono seguía sonando y el coche seguía su trayecto. Kazuha no le respondió.

- ¿Ocurre Algo? –preguntó Hakuba al verle chasquear la lengua.

- No, nada… –suspiró él fijando su vista en la carretera.

Al llegar empezaron a dar órdenes de búsqueda. Sabían cómo era la mujer, así que tenían algo de ventaja. Tenían que buscar en trenes que recorrieran largos trayectos.

- Oye, ¿los trenes tienen puertas y números tan sencillos? –preguntó Heiji a su compañero observando el último tren que estaban registrando en la estación.

- No… –respondió Hakuba– no creo que la encontremos aquí.

- Ya han pasado 23 minutos –informó Heiji– no tenemos mucho tiempo.

El teléfono de Heiji sonó. El hombre miró a la pantalla. Un mensaje de Kazuha. Heiji. Estoy bien. Mientras estaba en casa de mi alumna, han llamado a la niña de parte de Miki-chan. Está en peligro. Hemos ido a buscarla en su casa. En cuanto lo hubo leído, el policía salió corriendo de la estación y Hakuba lo siguió.

- ¿Qué ocurre? –preguntó Hakuba en cuanto habían salido del recinto.

- No es en la estación… es una casa de delante la estación –respondió Heiji– está en Tokio y el tren sale ahora, así que en 5 minutos ya no estará aquí.

- ¿Número 4? –preguntó Saguru no muy seguro.

- Piso 3 –indicó Heiji contando los edificios hasta el número 4.

- ¿Y la letra? –preguntó el policía inglés no muy seguro.

- Apartamento E –sonrió en cuanto encontró lo que buscaba– es decir la quinta puerta.

Los dos echaron a correr hacia unos apartamentos que había delante de ellos. Subieron hasta la tercera planta y se pararon delante de la puerta. Hakuba sacó su pistola y disparó a la cerradura abriendo la puerta. Los dos entraron rápidamente mientras Heiji también se sacaba su pistola del bolsillo. Fueron andando abriendo las tres puertas que había en el pasillo y mirando en su interior. Un dormitorio, un baño y un despacho pequeño. No había nadie a dentro. Continuaron su camino siempre con la arma en la mano y entraron en el salón. Era un salón espacioso, solo con un ordenador portátil encima de una mesa pequeña y un cojín al suelo. Agarrada a la pared con cadenas de hierro la misma chica de hacía un año. Pelo rubio un poco oscurecido, ojos verdes y llorosos… estaba claro que ese año le había pasado factura. La chica estaba mucho más delgada y parecía cansada. Su muñeca derecha estaba sangrando y en la boca tenía un trozo de cinta que no le permitía hablar. Mientras el inglés revisaba que no hubiera nadie más allí, el de Osaka se acercó a ella y le quitó la cinta.

- Los… los cables –dijo ella señalando al lado de una de las cadenas que la ataban.

Heiji miró detrás y vio un cable conectado a la corriente y a la cadena. Rápidamente quitó el cable de allí y lo desenchufó.

- ¿Estás bien? –preguntó el policía moreno suspirando.

- Sacadme de aquí, por favor –pidió ella con la voz casi inaudible– quiero salir de aquí.

- Claro –sonrieron los dos a la vez.

- Heiji –dijo Kazuha, entrando corriendo al lugar, acompañada de Yui, Haibara y Hondo.

- Smith-chan –sonrió Miki al verla.

- Miki-chan –gritó la niña acercándose corriendo a ella– cuánto tiempo. ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo ese loco?

- Nada –informó Sakuraba guiñando un ojo.

- ¿Cómo nos has avisado? –preguntó Yui mirando a su alrededor.

- Mientras él estaba hablando con la policía, no se dio cuenta de que guardo mi cuchillo en las mangas. Así que conseguí meterme en una habitación y encerrarme hasta que consiguió abrirla –respondió ella.

- Entiendo –respondió Eisuke– entonces no es tan bueno como todos nos creíamos. Definitivamente ese es humano.

- ¡No te atrevas a llamarlo así! –gritaron las dos chicas– ¡Ese es un animal con mayúsculas!

El agente de la CIA las miró a las dos y apuntó con la pistola a las cadenas de la chica. Disparó y la chica cayó de rodillas al suelo.

- Es la segunda vez que te salvo, Miki-chan –suspiró Eisuke– espero que no haya una tercera vez.

- No te preocupes Brother no va a haber ninguna vez más –respondió la rubia levantándose.

- ¿Brother? –preguntó Hakuba que había estado registrando el salón de arriba abajo.

El inglés miró al agente de la CIA que afirmó con la cabeza con una sonrisa forzada.

- Soy como un hermano para ella –respondió el agente.

- Que sí, que sí –dijo Heiji sin creérselo mucho– al igual que Irie, ¿verdad?

Eisuke se rió. Mientras Yui se sacaba un pañuelo y enrollaba el brazo de Sakuraba.

- ¿Y tú quién eres? –preguntó el inglés viendo a la niña.

- Es mi alumna nueva –informó Kazuha– se llama Takahashi Yui.

- ¿Takahashi? –preguntó Miki.

- Sí –sonrió la niña– dos días después de que te fueras mi madre murió y me adoptó Ryuuzaki. Ya sabes… mi padre biológico es de la Organización, así que mi madre como agente del FBI no podía permitir que yo me fuera con él –respondió.

- Así que ahora tengo que llamarte… ¿Taka-chan? –se rió Miki.

- YUI –gritó ella ya enfadada– déjate las formalidades para las celdas, mi nombre es Yui.

- ¿Yui? –preguntaron Heiji y Saguru a la vez mientras el teléfono del inglés sonaba.

Los dos se miraron mientras recordaban las palabras del asesino.

- ¿Sabes que ese tipo tiene una hija? –susurró Heiji llamando la atención de Miki.

- Ey, un segundo… –dijeron el moreno y la víctima a la vez.

- …tú eres con quién hablaba Takumi, ¿verdad? –preguntó Sakuraba señalando a Heiji mientras el inglés respondía al teléfono.

- …tú eres la hija de Kudo, ¿verdad? –preguntó Hattori señalando a Yui, a la vez que Miki decía lo anterior.

- Acertaste –dijeron Heiji y Yui con una sonrisa.

El moreno suspiró y miró a Saguru.

- La hemos salvado –informó– inspectora Miwako, parece ser que esta vez Nishio no calculó bien el tiempo. Podéis iros, nosotros haremos el papeleo y llevaremos a Miki-chan a un hospital.

- No me iré a un hospital –se quejó la rubia levantándose del todo– me voy a casa de Yui, allí estaré más segura. Además… Akemi-oneechan puede curarme –sonrió señalando a Haibara.

- ¿Por qué siempre yo soy la que cura? –preguntó Haibara sorprendida.

- ¡¿Haibara? –gritó Heiji señalándola mientras Hakuba colgaba el teléfono.

- Para este tipo soy invisible –se quejó la científica mirando hacia otro lado.

- ¿Es… estás bien? –tartamudeó el policía– Estás viva.

Haibara se miró a sí misma.

- Sí, creo que de momento no soy ningún fantasma –respondió con una cara llena de seriedad– y si estoy muerta significa que, o bien puedes ver a los fantasmas y te estás volviendo loco, o bien tú también estás muerto.

- ¿Por qué narices siempre te burlas con esa cara tan seria? –preguntó el moreno con miedo.

La científica sonrió con amabilidad, haciendo que el moreno se apartara de ella aún más.

- ¿Tú eres Haibara? –se atrevió a preguntar el inglés señalándola– ¿No has crecido mucho?

- Soy la hermana de Ai –respondió ella hábilmente mientras el moreno palidecía– ¿así que no entraste en detalles? –preguntó medio riéndose a Heiji– se agradece Hattori, que no les contaras todo.

- Te voy a decir lo mismo que le dije a Kudo una vez –sonrió Heiji con cara amenazante– si quieres lo terminamos aquí.

- No tranquilo –respondió ella.

- ¿Entonces Heiji-ojiichan es el amigo de papá? –preguntó Yui mirando a Eisuke quien estaba inspeccionando las cadenas con un pañuelo.

- ¿Te acuerdas que te dijimos que tu padre tenía un confidente muy amable que era más tonto que él? –preguntó el agente de la CIA– Pues ese es.

- ¿Él es el marido de Kazuha-sensei? –preguntó la niña acercándose al moreno.

- ¿Cómo que más tonto que él? –remugó Heiji– No sé lo que Kudo os ha contado de mi, pero os aseguro que soy mucho mejor que él –respondió.

- ¿Estás afirmando que mi padre sigue vivo? –preguntó la niña.

- ¿No lo está? –preguntó Heiji.

- Otra vez… tú haces lo mismo que él –suspiró Kazuha.

- Tampoco Conan, ni Ai-chan –informó Yui señalando a Haibara.

- Ahá… –fue lo único que logró decir Heiji– así que tu tampoco estás viva –dijo el moreno señalando a Haibara– y por doble. Al igual que Kudo –se rió.

La científica arqueó una ceja mientras Heiji se reía.

- Por cierto, Yui… –dijo Kazuha mirando a su alrededor– ¿a dónde ha ido tu padre?

La niña se encogió de hombros.

- Se han ido a comisaría de nuestra parte –informó Eisuke– que ya tocaba.

Yui levantó su muñeca para observar su reloj de color purpura.

- Y yo ya llego tarde –se quejó– lo siento, tengo que irme.

Todos observaron cómo salía corriendo de allí. Estuvieron media hora más intentando averiguar algo sobre lo que planeaba Nishio, interrogando a Miki. Pero ella seguía respondiendo en monosílabos hasta que Eisuke se atrevió a defenderla para que dejaran de intentar sacarle información. La joven se agarró al jersey del agente de la CIA.

- Bueno, ahora que veo que estáis de buen humor… ¿qué os parece si os enseño un vídeo de Nishio? –informó Miki acercándose al ordenador y sentándose a un cojín.

- ¿No me digas que tienes pruebas sin que él se haya dado cuenta? –preguntó Eisuke.

La joven víctima sonrió y pulsó el botón de reproducción, mientras todos se acercaban. Las imágenes mostraban a un hombre de pelo castaño muy claro, casi rubio, y ojos marrones que se movía de un lado para el otro de la casa. En una de las imágenes, el hombre entró en la escena arrastrando a Miki que luchaba por defenderse y la ató a las cadenas. Saguru, Heiji y Kazuha se quedaron de piedra en cuanto vieron al hombre girarse por completo. Podían reconocer a ese hombre.


Bueno, espero que les haya gustado. Como siempre hasta dentro de un mes!

Dejen reviews, por favor!

^^Shihoran^^