Hola!

De nuevo subiendo capítulos en las vacaciones! A mi me da la sensación de que últimamente estoy haciendo todo muy rápido, pero... quizás consiga mi objetivo si dejo que la amistad de los personajes realmente fluya.

Kaoru240: para Kaito y Aoko esperate al siguiente capítulo *^* para Shinichi y Ran creo que será para el capítulo 20 o 21 :D Espero te guste este también! :D

Resumen: han pasado 6 años desde la desaparición de Conan, Haibara, Shinichi y Kaito. Aoko y Heiji, quien les contó casi todo acerca de la Organización, investigan juntos la desaparición de los chicos. Kazuha se ha casado con Heiji y ahora es profesora de instituto. Sus alumnos resultan ser la Liga Juvenil de Detectives y, ahora, la hija de Kudo Shinichi: Yui, de 13 años. Sonoko y Makoto estan casados y tienen un hijo llamado Akira. Los dos son dueños y trabajadores de un hotel de lujo llamado 'Ai Hotel'. Ran y Aoko han superado la desaparición de sus amigos. La karateka ahora es abogada y se acaba de enterar de que Shinichi tiene una hija. Aoko aún no sabe nada, porque Koizumi Akako, Keiko Momoi y Hakuba Saguru, quienes ya han vuelto a ver al ladrón, no le han dicho nada. Hace un año, apareció un hombre llamado Nishio Takumi que reta a Heiji y que ahora ha secuestrado a Yui y a Ran. Todos se han juntado para salvarlas. 4 de Abril. Yui cumple exactamente los 13 años y su padre le hará un regalo especial...


Familia.

Gobierna tu casa y sabrás cuánto vale la leña y el arroz; cría a tus hijos y sabrás cuánto debes a tus padres.

Proverbio Oriental

Empezaron a andar por la calle. Sabían más o menos por el camino que tenían que ir. Ya estaba completamente oscuro y la luna llena les iluminaba el camino que los faroles rotos no podían. Yui iba delante andando con energías. Llevaba una falda amarilla hasta los tobillos, unas botas de un color beige hasta debajo las rodillas, una camisa blanca de manga corta y un sombrero de paja con una cinta blanca y un lazo. Shinichi iba detrás de ella con las manos en los bolsillos y cara de cansado. Llevaba unos pantalones negros, una camisa blanca y una chaqueta de traje negra encima. También llevaba una corbata azul, y un sombrero negro en la cabeza. Él sombrero lo llevaba de manera que la gente no pudiera verle los ojos. En sus manos llevaba unos guantes negros de piel que disimulaban el vendaje de la mano derecha. Siguieron su camino recto. Siempre Yui delante y Shinichi detrás.

- Por la izquierda, Yui –le indicó su padre al ver que se iba a pasar la calle por la que tenían que ir– No entiendo cómo puedes tener tanta energía.

- Porque quiero llegar ya –sonrió la chica andando de espaldas.

La verdad era que Yui había soñado con ese momento un montón de veces. Su madre antes de morir le pidió que no llevara problemas y sabía que su padre no quería hacer eso, así que ella no insistió nunca. Que su padre hubiera dicho que irían a ese lugar sin que ella le hubiera dicho nada más en 6 años le hacía sentirse querida, sobre todo viendo la cara de fastidio que llevaba su padre. Volvió a girarse para poder andar viendo lo que pisaba, con una sonrisa amplia.

- Dime, papá –dijo la niña parándose de repente mirando a la nada– ¿Por qué lo haces si no quieres ir?

- Tengo claro que mis deseos nunca llegaron a nadie –suspiró él parándose a su lado y sin mirarla– sé… sé que quizás fui un poco egoísta al seguir las órdenes del FBI, pero… tu madre me ayudó mucho y le prometí que haría lo posible para hacerte feliz.

- Sí lo haces por mí, entonces es mejor que no vayamos –sonrió Yui traviesamente observando a su padre.

- No sé si lo hago por ti… o si realmente lo estoy haciendo también por mi bien –susurró él continuando el camino.

- Has hecho daño a esa gente… ¿estás seguro de que quieres hacerlo? –preguntó la niña andando a su lado y observando los ojos azules del detective por debajo del sombrero– Quiero decir… ¿y si ocurre lo peor?

- Estoy convencido de que esto es lo mejor –respondió él– pase lo que pase, aunque se enojen conmigo, esto es lo mejor.

- Entonces lo estás haciendo por ti –respondió ella aliviada.

- ¿Por mi? –preguntó Shinichi parándose y viendo como la chica empezaba a dar pequeños saltos por la calle.

- Sí –respondió ella parándose y girándose para encararlo– crees… –Yui puso sus manos detrás de la espalda y sonrió ampliamente– crees que así vas a poder quedar tranquilo de consciencia –respondió ella.

- Si lo dices así quizás sí que hago esto por mi –respondió él señalando una puerta de barrotes de hierro que daba la entrada de un muro de piedra blanco– es aquí.

La niña observó a través de los barrotes el jardín que se distinguía delante de una casa parecida a una mansión. Parecía que no hubiera habido nadie en años viviendo en esa casa, pero aún así, y aunque la casa estuviera a oscuras, se podían escuchar ruidos desde dentro en medio del silencio de la calle. La niña se agarró con fuerza a los barrotes como si así pudiera contener sus ganas de entrar en la casa para poder hablar con la gente de dentro. A lo lejos se podían oír unas pisadas acercándose

- Aquí es donde vivía papá –susurró en medio del silencio Yui girándose para ver quién era el propietario de esas pisadas– Akemi-onee…

- ¿Quiénes sois? –preguntó un anciano con bigote gris después de dejar caer una bolsa de plástico con comida preparada dentro.

Shinichi observó de reojo al anciano. ¿Había crecido él, o el anciano había disminuido su altura? No recordaba que su vecino estuviera tan delgado tampoco… ¿o era que llevaba una bata enorme? Yui se apresuró a arrodillarse al suelo para ayudarle a recoger las cosas.

- Re… re… responded –volvió a decir el anciano con un tartamudeo levantando sus puños.

Shinichi empujó la verja que les privaba el paso a su antiguo jardín sin ni siquiera hacer algún sonido con su boca.

- ¿Papá? –preguntó la niña levantando la bolsa de la compra y siguiéndolo.

- He… he… dicho… que… que… que respondáis –se quejó el anciano con la voz más alta de lo normal.

Los ruidos dentro de la casa se pararon. Shinichi se paró al medio de la escalera y volvió a mirarlo de reojo, terminó de subir las escaleras y sonrió.

- Ya estamos aquí Yui –respondió el detective con la voz ronca– ahora no podemos echarnos atrás. Tal y como le prometimos a tu madre este es nuestro último paso.

- ¿Nuestro último paso? –preguntó la niña al final de la escalera.

- ¿Ya llegaste Haibara? –preguntó Shinichi al aire sin girarse.

- Ah… Akemi-oneechan –sonrió Yui al ver a la científica vestida con unos pantalones piratas negros, un jersey amplio y de color azul y una gorra amarilla que le recogía el pelo.

- Ni siquiera me has esperado Ryu –sonrió ella– podrías simplemente haber venido tu solo y no arrastrarnos a todos.

- Cállate. No molestes –se quejó él aún con la voz ronca y golpeando la puerta con los puños.

- ¿Ai? –preguntó el anciano observando de arriba abajo a la mujer.

- Me llamo Akemi, Ai era mi hermana pequeña –respondió ella apartándose un poco la visera de la gorra para poder verlo mejor– Dios mío, doctor Agasa, le recordaba más gordo de 6 años atrás.

- ¿Entonces no ha sido mi imaginación? –preguntó Shinichi encarándose a ellos dos haciendo que el doctor Agasa palideciera de golpe.

La puerta se abrió un poco y unos ojos azules se dejaron ver por ese pequeño lugar. Shinichi se tapó la cara agarrándose el sombrero con una mano y forzó aún más su voz.

- Buenas noches, señora –dijo al girarse– me llamo Takahashi Ryuuzaki y ellas son mi hija Yui y una compañera mía, Haibara Akemi –añadió señalando a las chicas– Los tres somos agentes del FBI –informó mientras la puerta se abría más para que la mujer pudiera ver completamente a toda la gente que allí había– venimos a darle nuestras condolencias y una carta de despedida de parte de su hijo, que murió en cumplimiento de su deber en su lucha contra la BO –sonrió buscando en sus bolsillos con la mano libre– aquí tiene –añadió al sacar de su bolsillo interior un sobre de color rojo y alargándolo a la mujer de pelo castaño y largo– Estos son los últimos deseos del agente de Nivel A, Kudo Shinichi.

- ¿Yukiko? ¿Ocurre algo? –preguntó la voz de su esposo detrás de ella mientras se le escapaban las lágrimas a la mujer.

- No lo sé –respondió la madre con las manos temblorosas.

El hombre con bigote apareció al umbral de la puerta saliendo de la oscuridad de la casa. Ella abrió el sobre y observó su contenido, mientras su marido lo miraba por encima de su hombro.

No digáis mi nombre, o me largo.

- ¿Qué? –la mujer se miró a su hijo que se había apartado el sombrero de la cara y les estaba guiñando un ojo– Shin… chan… –susurró ella al reconocerlo.

- Shinichi… –murmuró su padre.

- Vale… me largo –añadió sacando la lengua y girándose.

- No… –se quejó Yukiko agarrándole con toda su fuerza del brazo.

Shinichi se giró para mirar a su madre. Su pelo estaba alborotado y grasiento. Sus ojos parecían perdidos en una oscuridad azul sin brillo ni lágrimas. Sus manos temblaban como si hiciera años que tuvieran frío. Su jersey de color negro estaba desgastado y un poco sucio al igual que sus pantalones de color marrón oscuro. Lo que más llegó a sorprender a su hijo era que aunque ella estuviera haciendo toda su fuerza si él hubiera querido la hubiera podido arrastrar por todo el jardín. No tenía fuerza. Sus brazos habían adelgazado mucho y fijarse en esa imagen le haría tener pesadillas en años. Por su culpa, su madre había desaparecido. Ya no había un brillo en sus ojos, ni tenía estilo en su manera de vestir. Tampoco parecía cuidarse el pelo como antes y además había perdido mucho más peso de lo normal. La mujer le abrazó con todas sus fuerzas.

- ¿Se puede saber qué ha pasado con vosotros? –preguntó mirando a su padre.

Si su madre era la imagen de la desesperación, su padre estaba peor. Su pelo se había blanqueado por completo. Parecía que el hombre tuviera ya los 80 años. Estaba delgado como su mujer y su manera de vestir no tenía sentido alguno. Unos pantalones marrones claro con un jersey amarillo chillón y encima una chaqueta de un color granate. Llevaba las gafas para leer rotas del cristal izquierdo y un par de cicatrices en la mejilla contraria. El chico, más alto que su madre, le devolvió el abrazo con una sonrisa tierna dirigida a su padre. Las cicatrices de la mejilla le decían que seguramente había estado con la Interpol buscándolo durante esos 6 años. No sabía el por qué, pero le complacía mucho saber eso. Su padre también se acercó a ellos y les abrazó a los dos. Aunque estuviera delgado aún tenía los brazos largos y podía llegar con facilidad a abrazarlos a los dos. Yui sonrió desde detrás observándolos mientras Shiho se limitó a observar al vecino.

La bata que llevaba era la misma que hacía 6 años, así que le demostraba que definitivamente había adelgazado. Sus arrugas habían aumentado, y parecía estar a punto de un ataque de nervios, pero había seguido sus consejos. Sonrió de satisfacción. Si realmente había adelgazado significaba que lo que ella había estado prohibiendo cuando aún estaban allí realmente había hecho efecto en el hombre. El doctor giró la vista hacia ella.

- Dime doctor –sonrió Haibara acercándose a él– veo que ha continuado siguiendo los consejos de mi hermana pequeña, ¿puedo preguntar el por qué?

- Porque aunque fuera una niña que no era mi hija, terminé sintiendo como si lo fuera –respondió el hombre sonriendo y girando su mirada hacia la familia– Puse todo mi esfuerzo en intentar que su voz no hubiera sido en vano, y más o menos lo conseguí –añadió sorprendiéndose de que Yui empezara a saltar con los brazos alzados y su bolsa de la compra en la mano.

- Yui-san, ¿qué ocurre? –preguntó la científica viéndola también.

- Lo he conseguido –sonrió la niña alzando su mano a modo de victoria– mi padre vuelve a sonreír.

- ¿A qué viene eso ahora, Yui? –preguntó Shinichi deshaciendo su agarre y sorprendiendo a sus padres.

- Bueno, es que… en las fotos de hace más de 6 años y en las que sales conmigo… estás muy distinto.

- Entonces… ¿realmente es tu hija? –preguntó Yusaku a modo de fastidio mientras que su mujer lo preguntaba alegre y con los ojos llorosos.

- Temo responder a eso –añadió la niña al ver la cara de sus abuelos.

- Por supuesto deberías temer a eso –sonrió Shinichi travieso– sí lo es.

El escritor suspiró mientras su mujer soltó un grito de alegría corriendo rápidamente para abrazar a la niña. Yui se quejó en cuanto la mujer se abalanzó sobre ella.

- ¡Tengo una nietecita super mona! –sonrió la mujer gritando.

- Bueno, mejor hablemos dentro –informó Shinichi entrando y abriendo las luces de la casa.

Se sorprendió al ver el interior. No podía reconocer el lugar en donde había vivido la mayor parte de su vida. Estaba todo muy desordenado y un poco sucio. Suspiró con lentitud mientras los demás entraban y el doctor Agasa cerraba la puerta.

- Lo siento, está todo un poco sucio –se disculpó Yukiko– nos vamos muy temprano y regresamos muy tarde, no nos da tiempo a limpiar.

- ¿Se puede saber a dónde? –preguntó Shinichi mirándolos de reojo.

- ¿A dónde crees tú? –preguntaron sus padres a la vez.

- Aunque os hayamos enterrado nunca perdimos la esperanza de encontraros –informó Agasa entrando al comedor haciendo que Yui se echara a reír con ganas– ¿He dicho algo gracioso? –preguntó encarándola.

La niña señaló a Shinichi mientras reía. Su padre se había quedado apoyado en la puerta de espaldas a todos.

- Me han enterrado 4 veces en 6 años ya –se quejó el hijo de la casa– ya he muerto más veces que Kid.

- ¿De qué hablas? –preguntó Yusaku.

- Mi padre hace mucho que se enterró a sí mismo en Nueva York, al igual que Sora-ojiichan –se rió Yui– están compitiendo para ver quién llega antes a las 10.

- Creo yo que los agentes del FBI nos aburrimos demasiado –sonrió Shiho sentándose a una silla que había al lado de una mesa con los platos de la cena.

- Yo creo lo mismo –se rió Yui.

- Callaros las dos –se quejó Ryu encarándolas– me tomo muy en serio mi trabajo.

- No hay nadie entre nosotros que calcule sus muertes Ryu, excepto tú y tu hermano –suspiró Haibara observando la punta de la mesa en donde había un par de carpetas con fotos y documentos escritos– Los demás, hemos muerto tantas veces que hemos terminado por olvidar incluso nuestro nombre. Hemos estado dando vueltas por todo Estados Unidos y por todo Japón, solo para sobrevivir.

- Este juego es nuestra única defensa de la realidad que nos invade Haibara y tu mejor que nadie lo sabes –sonrió Shinichi.

- Lo único que hemos aprendido de todo esto –informó Yui mirando al suelo– es que cada vez que nos perdemos en pocos segundos podemos volver a orientarnos; que en cuanto hemos entrado en un lugar ya hemos encontrado todas sus salidas antes; que, a veces, forzar una sonrisa nos hace parecer idiotas, pero nos puede salvar la vida.

- ¿Qué ocurre Yui? –preguntó Shinichi sentándose en otra silla.

- Es que… desde que hemos llegado a Japón hemos hecho siempre lo mismo que en América. Llegamos a un lugar, los vecinos nos descubren y vuelta a empezar en otro sitio. Nunca hay nadie que se compadezca de nosotros –se quejó la niña agarrándose el sombrero con fuerza hacia abajo para que nadie pudiera verle los ojos.

- Perdóname, Yui –suspiró Shinichi haciendo que ella le mirara a los ojos– Quizás hubiera sido mejor que te hubieses quedado en Estados Unidos hasta que las cosas se hubieran tranquilizado aquí en Japoón.

- ¿Y quedarme más de los 3 meses que ya estuve con la rival de mi madre yo sola? No gracias –respondió ella con tono enfadado– prefiero mucho antes cambiarme cada semana de casa e ir haciendo nuevos amigos a todos los institutos que voy. Además… así he podido conocer a mis abuelos –sonrió mirando a la madre de Shinichi.

- Me da la impresión que se parece más a tu madre que a la suya –se rió Shiho mirando a Shinichi.

- A que par he juntado –suspiró el agente viendo como las dos se abrazaban de nuevo emocionadas.

- Cosas que pasan –sonrió Yusaku sentándose en una silla al lado de Shinichi– ¿estás bien?

- Mucho mejor que vosotros por lo que veo –respondió su hijo.

- Sí, claro –se rió Yusaku levantando la mano derecha y mirando las manos de Shinichi.

- Ah… esto… –se rió el detective levantando su mano vendada– es que esta mañana han secuestrado a Yui y como siempre hemos acabado con nuestras marcas de batalla entre padres –añadió habiendo llamado la atención de Yukiko y de Yui.

- ¿Quieres decir que Mike estaba allí? –preguntó la niña acercándose.

- Cómo siempre –se rió Shinichi.

- ¿Quién es ese Mike? –preguntó Agasa.

- El padre biológico de Yui –sonrió Shinichi mirando a la niña.

- Si el padre de Yui está vivo… ¿por qué está ella contigo entonces? –preguntó Yukiko.


Bien! Espero que les haya gustado! Al próximo capítulo saldrá la madre verdadera de Yui.

Por favor dejen reviews! :D

^^Shihoran^^