Buenas!

Les traigo un nuevo capítulo! Algo que quizás muchos de vosotros estábais esperando... por ese motivo no me entretendré mucho con explicaciones.

kaoru240: ahí tienes el capítulo! Disfrutalo! jejejeje. Que te vaya todo muy bien! ;)

Resumen: han pasado 6 años desde la desaparición de Conan, Haibara, Shinichi y Kaito. Aoko y Heiji, quien les contó casi todo acerca de la Organización, investigan juntos la desaparición de los chicos. Kazuha se ha casado con Heiji y ahora es profesora de instituto. Sus alumnos resultan ser la Liga Juvenil de Detectives y, ahora, la hija de Kudo Shinichi: Yui, de 13 años. Sonoko y Makoto estan casados y tienen un hijo llamado Akira. Los dos son dueños y trabajadores de un hotel de lujo llamado 'Ai Hotel'. Ran y Aoko han superado la desaparición de sus amigos. La karateka ahora es abogada y se acaba de enterar de que Shinichi tiene una hija. Aoko, aunque Koizumi Akako, Keiko Momoi y Hakuba Saguru, quienes ya han vuelto a ver al ladrón, no le han dicho nada, ha vuelto a ver el ladrón, y al igual que él ha reaccionado muy friamente con su encuentro. Hace un año, apareció un hombre llamado Nishio Takumi que reta a Heiji y que había secuestrado a Yui y a Ran. Shinichi, no ha sido visto por Ran, y ha llevado a la niña a ver a sus padres. La imagen de Yukiko, Yusaku y del doctor Agasa era muy extraña para todos. Pero la noche sigue y llegamos a otra casa en donde Kaito, Miki y Eisuke harán de las suyas una vez más...


Máscara. Kaito.

Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara.

Khalil Gibran (Ensayista, novelista y poeta libanés).

Seguía sus pasos una y otra vez encima de la línea de la calle. Aunque fuera un juego de niños le parecía lo más adecuado para intentar calmar sus ánimos. Su corazón palpitaba con fuerza y su cabeza parecía que iba a explotar. Se miró las calles tan iguales a sus recuerdos. Sonrió.

- ¿Quieres dejar de jugar? –preguntó Eisuke detrás de él con las manos en los bolsillos al lado de Miki.

- Cállate por favor –le encaró Kaito– estoy pensando.

Eisuke suspiró apoyado en la pared de la casa. Miró su reloj. Llevaban allí parados 20 minutos y sus pies empezaban a cansarse. Miró a su lado y continuó viendo la luz del comedor de la casa. Suspiró y entró mientras Kaito daba otra vuelta al mismo lugar. El ladrón se miró el lugar en donde tenía que estar el agente de la CIA y se quedó parado hasta que vio a su compañero delante de la puerta de la casa preparado para llamar al timbre. Entró con prisas con Miki detrás y agarró al agente por la espalda.

- ¿Se puede saber qué haces? –preguntó el ladrón en un susurro.

- Estoy cansado –se quejó su compañero sin molestarse a bajar la voz– quiero terminar con esto y largarme a casa a dormir, mañana tengo que levantarme temprano, ¿sabes?

- No puedes simplemente venir y llamar al timbre –se quejó el ladrón.

- ¡¿Entonces cómo quieres entrar a una casa?! –preguntó desesperado Eisuke– ¡¿A modo Ku?!

Kaito le fulminó con la mirada. El modo Ku lo habían puesto por los apellidos Kudo y Kuroba. Los dos agentes no sabían nunca llamar al timbre de una casa en cuanto había gente en peligro. Entraban por las ventanas y algunas veces disparando las puertas para poder apresurarse con la detención del sospechoso. La verdad es que no era ofensivo pero les fastidiaba que la gente se riera de eso en cuanto resultaba que se equivocaban de dirección o era una dirección falsa.

- ¡No me vengas con el modo Ku tú ahora! –gritó el ladrón sacando una barra de hierro de su bolsillo.

- Sí prefiero este método –sonrió el agente de la CIA.

El ladrón puso la barra en el candado de la puerta y la abrió silenciosamente. Entró dejando sus zapatos a la entrada y sonrió al ver la luz en el comedor.

- Familia he vuelto –sonrió entrando con la mano levantada a modo de saludo y con una sonrisa de oreja a oreja.

Eisuke y Miki también dejaron sus zapatos en la entrada y cerraron la puerta con el candado. Siguieron al ladrón y lo vieron en medio del agarre de una mujer de pelo castaño y corto y ojos azules que lloraban sin cesar.

- Auxilio… –susurró el mago al ver a Eisuke a su lado.

- Prefiero el modo Ku –sonrió el agente– mucho más efectivo para plastas.

- Cierra el pico y sácame de aquí –susurró el ladrón casi ahogado del fuerte abrazo de su madre.

- Señora que matará a mi compañero –suspiró el de la CIA.

- ¡A su compañero más le vale tener una buena excusa para esto! –se quejó la mujer gritando, llorando y separándose de su hijo.

El mago se puso detrás de Eisuke como un niño pequeño en medio de un ataque de timidez y observó con atención la habitación. Allí también estaban Aoko, el inspector Nakamori, Hakuba y el mayordomo de su padre, Jii.

- Buenas Jii-chan –sonrió levantando la mano hacia el anciano.

- Kaito-bocchama –sonrió el hombre secándose un par de lágrimas de los ojos.

- Sora ya cállate –ordeno Eisuke medio enojado.

- Vale… –se quejó el mago volviéndose a esconder detrás de su compañero.

- Señora disculpe la intromisión, mi nombre es Hondo Eisuke y soy agente del Programa Especial de la Policía de Kyoto.

- ¿Policía de Kyoto? –preguntó el inspector Nakamori.

- ¿Ese tipo está sordo? –preguntó Eisuke mirando al mago.

- La edad… ya sabes –susurró el mago quitándole importancia.

- ¿Sordo? –preguntó el hombre del bigote cerrando con fuerza su puño.

- Ha dicho el Programa Especial de la Policía de Kyoto –respondió Hakuba.

- Sí, papá –añadió su hija– no es lo mismo –se rió– él y yo ya nos conocemos.

- En fin… él es mi compañero Takahashi Sora –continuó el de la CIA señalando a Kaito.

- ¿Takahashi Sora? –preguntó el inspector Nakamori alzando la voz.

- Cierre el pico inspector –se quejó Eisuke.

- No le hables así –se quejó el ladrón golpeando la cabeza al agente de la CIA.

- De acuerdo me largo –sonrió Eisuke yéndose hacia la puerta.

- Ahhhh… perdona, perdona, perdona Brother por favor… necesito que me ayudes –le siguió Kaito agarrándole del brazo y tirando de él para que volviera al comedor.

Miki se quedó mirando a los dos agentes con los brazos detrás de la espalda. Suspiró y sonrió a la gente de la casa.

- Mi nombre es Sakuraba Miki –se presentó– soy agente de la Interpol. Me están protegiendo hoy.

- ¿Agente de la Interpol? –preguntó el inspector– Pero si eres una cría.

- No entré por gusto, ¿sabe? –preguntó la chica girando su cabeza para ver a Kaito y a Eisuke entrar.

- No me grites –se quejó el agente.

- No… lo siento, vamos… –sonrió el ladrón empujando a su compañero hasta el comedor mientras los demás seguían mirando el espectáculo.

- Bueno… a ver… esto… –Eisuke sacó un sobre de color azul de su bolsillo– es una carta para la madre de Kuroba Kaito, muerto el día 9 de Julio de hace ya 3 años. En cumplimiento de su deber como agente del FBI. Murió de servicio protegiendo a uno de sus compañeros del FBI. Les damos nuestro más sentido pésame –añadió alargando el sobre a la mujer que cada vez miraba más sorprendida a su hijo tímido– y este –añadió alargando un sobre de color amarillo– es para Nakamori Aoko de parte del mismo agente. ¿Hakuba quieres la tuya?

- No gracias, ya sé lo que pone –se rió el detective inglés sentándose al sofá mientras Eisuke le pasaba el sobre a la chica que miraba muy preocupada a la manera de actuar de Kaito.

- Bien –añadió Eisuke– este es para Jii-chan –añadió sacando un sobre verde– que supongo que es usted.

El agente de la CIA le alargó el sobre al hombre que estaba sentado en el sofá.

Querida madre,

si estás leyendo esto es que ya no hay vuelta atrás. La muerte de papá no fue accidental y tenía que averiguar a mi modo lo que ocurría. Pero en cuando empecé con el disfraz de sustitución, ellos ya me vieron como una posible amenaza. Estuve secuestrado una semana y luego tuve que quedarme para ayudar al compañero que me había salvado la vida. Sin él hoy no podría escribirte esta carta y espero que algún día pueda dártela en mano. Sino… siento no poder haberte dicho adiós.

Yours sincerely,

Kid.

- Tooichi –susurró la mujer leyendo la pequeña letra de su hijo una y otra vez– entonces lo que Jii-chan me había dicho era verdad… Tooichi… lo mataron…

¡Ha pasado un buen tiempo!

he reescrito esta carta un montón de veces y aún no sé qué decirte. No me veo capaz de decirte nada. Pero… tú te convertiste en una de las personas más importantes en mi vida y como agente debo de hacer esto. Así que… ahí va esto:

Siento haberte dejado plantada aquél día. Me secuestraron antes de que pudiera venir. Lo siento de verdad. Me llevaron a un lugar con uno de los mejores detectives de Tokio y no, no es el pomposo ese. El lugar era muy extraño, pero aguante solo para poder averiguar más sobre la muerte de mi padre. Eso era muy importante para mí. Hasta que finalmente conseguimos escapar.

Luego fui llevado de manera, bastante, ilegal a Nueva York. ¡No sabes lo grande que es esa ciudad! ¡Me he perdido ya cuatro veces aquí! No era que me hubiesen secuestrado una segunda vez, jajajaja. Supongo que a estas alturas el mayordomo de mi padre ya te habrá contado algo. Esa gente con la que estuve podrían haber matado a mis seres más queridos si hubiera abierto la boca, así que el FBI me puso debajo de su protección para que no pudieran haceros daño a nadie. Nos obligaron a quedarnos sin comunicación exterior. ¡Qué rollo! La verdad es que es agotador solo poder hablar con las mismas personas, pero da igual. El término de la fecha de Protección de Testigos se ha agotado. ¡Me he convertido en agente del FBI! ¡Así… algún día seguro podré volver! Te diré todo lo que hubiera tenido que decirte antes de irme.

¿Cómo están esa de las coletas y la chica que es una bruja sin escrúpulos? –Aoko sonrió– seguro que me están echando la culpa porque estás llorando por mí. ¡Pues no! No es mi culpa que seas una debilucha sentimental.

Ahora tengo a un compañero de la CIA a mi lado que me ayuda. Estamos superando todos los obstáculos que se nos ponen al medio. ¡Menudo panorama! Una científica loca que perteneció una vez a esa gente, un agente de la CIA que tiene a su hermana infiltrada en esa gente, un detective que encoge y desencoge a voluntad, una niña hija de una de las agentes más asesinas del FBI y un ladrón. La verdad es que empezamos a dar un poco de pena todos juntos. Estoy protegiendo a la niña y al detective. Todos juntos nos hemos reunido para conseguirlo.

Solo voy a decirte un par de cosas más. El pomposo tiene un amigo de Osaka que seguro os podría ayudar a averiguar lo que ha pasado. Pase lo que pase te pido que no te metas al medio. Yo voy a protegerte cueste lo que cueste así que no te metas al medio y sobretodo no te juntes con él, ese tipo de Osaka es peligroso.

Lo último que voy a decirte es… sé feliz. Sé feliz y sonríe. En cuanto nos volvamos a ver el tiempo se te habrá hecho corto. Lo sé.

Yours sincerely,

KK.

Aoko cerró la carta lentamente y se giró de espaldas a todos. Ese era el Kaito que había conocido. Un despreocupado mago que se preocupa por ella.

- ¿Las mazmorras? –preguntó Aoko sin mirarlo.

- ¿Qué?

- ¿Estuviste en las mazmorras? –preguntó la chica con un hilo de voz que el mago escuchó.

Su cara de póquer desapareció por completo. Hondo le puso una mano a la espalda mientras ya no quedaba ni rastro de la cara feliz del ladrón. A su lugar había aparecido el terror en sus ojos y un temblor en los labios que no dejaban hablar con claridad.

- S… í… –tembló en un hilo de voz.

La chica se giró para mirarlo.

- Perdóname –suspiró ella– Perdóname por no ayudarte a salir de allí. No sabía… lo intentamos… Hattori-san y yo estuvimos…

- ¿Hattori? –preguntó el ladrón con cara de enfado– ¿Estuviste colaborando con ese?

- ¿Qué ocurre Kuroba? ¿Qué pasó con Hattori? –preguntó Hakuba poniéndose las manos en los bolsillos.

- Ese desgraciado nos abandonó a todos –respondió el ladrón– tenía maneras de localizarnos y no las utilizó. Kudo… Kudo estuvo esperando pacientemente a que nos viniera a buscar… cada día nos decía 'seguro que pronto llegará'.

- Hattori-san no dejó de buscaros incluso cuando la policía ya os daba por muertos –respondió Aoko con los ojos llorosos.

- ¡No lo defiendas! –gritó Kaito– Por favor… no lo defiendas… –añadió en la voz baja viendo como la mujer se había asustado con su grito.

- Todos confiábamos en Hattori-san –sonrió Miki– Shinichi-san tenía en su mano el localizador. Él podía haber utilizado las gafas de repuesto del científico, pero no lo hizo.

- Sí lo hizo –respondió Saguru– cada día las comprobaba. Pero no daba más que la señal de los micrófonos de los críos.

- Nos paseamos por todo Tokio con esas gafas para intentar localizaros, Kaito –informó Aoko mirando al suelo.

- Él tiene la culpa de todo –se quejó el mago.

- Ya te lo dije –se rió Eisuke.

- ¡Cállate! –gritó saliendo de la sala y subiendo por las escaleras.

- Yo estoy con Sora –añadió Miki– él era el único que podía sacarnos de allí. Nosotras no teníamos familia afuera. Él… no tenías a nadie que supiese –añadió mirando por dónde Kaito se había ido– Yuu-san dijo que su familia le odiaba… el único que quedaba era el confidente de Kudo, pero nunca llegó. Hasta que apareció Yui no tuvimos ninguna ayuda. Matamos a dos agentes al tercer día, pero eso no fue suficiente. Nuestras fuerzas no llegaron para más.

Aoko salió de la habitación y subió detrás de Kaito. Llamó a la puerta de lo que antes había sido la habitación de su amigo y no obtuvo respuesta. Suspiró y entró. Kaito se había sentado en la cama, con los brazos apoyados a sus piernas y las manos apoyadas en su frente. Tenía los ojos cerrados. Aoko cerró la puerta y se quedó apoyada en ella observando con atención cada movimiento del chico. Su respiración lenta. Casi podía notar los latidos de su corazón.

- Lo siento… –murmuró el mago levantando la vista hacia el cuadro de su padre que aún estaba en la pared de la habitación.

- ¿Por qué? –preguntó Aoko con un hilo de voz.

- Al segundo día, Kudo decidió afrontar solo la situación de las celdas –respondió Kaito con un susurro que Aoko podía escuchar completamente– al día siguiente ya había perdido por completo la voz y aún así seguía confiando en él.

- ¿Así son las amistades, no es cierto, Kaito? –preguntó Aoko con una sonrisa sentándose al otro lado de la cama y mirando su espalda.

- Una semana después de salir, cuando por fin recobró el sentido seguía diciendo que él nos hubiera salvado –se quejó Kaito– estuvo durmiendo una semana y aún así seguía confiando en él.

Aoko no dijo nada. Se quedó mirando su espalda. Kaito giró un poco la cabeza, pero aún así no miró a su amiga. Agradeció que ella se quedara en silencio, así a él le costaba menos hablar, como si nadie estuviera allí…

- Me daba envidia, ¿sabes? –confesó el mago– que alguien pudiera confiar en otra persona de esa manera. Llegó a darme envidia. Pero… yo no confié en ninguno de vosotros y por eso no podía asegurarme de que vinierais a por mí –añadió mientras se levantaba y se iba hacia el cuadro de su padre– que tonto fui. Supongo que Hakuba no te habrá dicho nada sobre la verdad de mi padre, ¿cierto? –preguntó sin mirarla, ella negó con la cabeza– mi padre no era una buena persona, hacia lo que quería con su vida de día podía ser el mejor padre del mundo y un mago respetable, pero… de noche tan solo era un maldito ladrón.

Kaito giró el cuadro mostrándole a Kuroba Tooichi vestido de Kaito Kid. La chica se levantó sorprendida. No, no era como si nadie estuviera allí… ella estaba allí ahora.

- Un ladrón que se metió en donde no debía –informó mientras Aoko se acercaba observando cada detalle de ese cuadro– prefirió morir a quedarse con su familia. Y yo terminé heredando esa faceta suya. Tenía… tenía que descubrir la verdad Aoko.

- ¿De qué hablas? –preguntó la chica observando al mago.

La habitación se quedó en silencio una vez más. No era que estuviera solo en esa habitación, estaba con ella… con quien tenía que haber estado todo ese tiempo. El silencio no era soledad… era compañía. Observó un segundo los ojos azules de ella y volvió de nuevo la vista hacia el cuadro.

- Me dijiste aquella vez cuando volvió a reaparecer Kaito Kid… –él suspiró– me dijiste que el ladrón era mejor que yo. Esa noche descubrí una habitación detrás del cuadro; me informé acerca del ladrón y descubrí que había desaparecido más o menos cuando mi padre había muerto –el mago se giró apoyándose a la pared– así que… me disfracé como él y fui en busca de ese Kaito Kid. Era Jii-chan. Jii-chan estaba confundiéndome con mi padre –se dejó caer al suelo estirando por completo sus piernas y mirando al techo de la habitación– fue entonces cuando me contó lo que había pasado. Empecé a robar las joyas pero las devolvía para llamar la atención de esa gente, hasta que me topé con alguien que me dijo el motivo por el que mataron a mi padre: Pandora.

- ¿Pandora? –preguntó ella– Lo que dijiste esta mañana –añadió empezando a temblar.

- Esa semana cu-cuando estuve encerrado allí… –suspiró el mago aún con la voz más baja y rota– en lo único que pensé era en morir. Pensaba que terminaría como mi padre. Sin ni siquiera poderme despedir de nadie –Aoko se arrodilló a su lado mientras él cerraba sus ojos con fuerza– Tan solo sufría por no poderme despedir de vosotros. Todo lo que me hubiera gustado deciros. Todo lo que hubiera podido disfrutar si no me hubiera metido al medio de lo que hizo mi padre.

- Tranquilo –sonrió Aoko viendo como el mago empezaba a temblar.

- Miki-chan, Minami-san y Nishio se tenían como una familia todos muy unidos –añadió con una sonrisa triste el ladrón mientras abría los ojos nuevamente– Haibara y Kudo también se tenían el uno al otro, una amistad rara, pero al fin y al cabo una amistad. Yuu-san y yo estábamos solos. Completamente… íbamos a morir so…

Aoko le puso un dedo en los labios.

- No estás solo, Kaito –sonrió la chica con dulzura mientras giraba de nuevo el cuadro de Tooichi– mejor así. Mi padre no debe de enterarse de esto –añadió guiñando un ojo a su amigo.

- Aoko… lo siento… –suspiró– tu también debiste de sentirte sola.

- Akako, Keiko y Saguru-kun me hacían compañía –sonrió la chica– pero… me sentía sola sin el mago de tres al cuarto que siempre se metía conmigo.

- ¿Mago de tres al cuarto? –preguntó Kaito– Si pensabas eso entonces deberás de ver como he mejorado –se rió– quedarás alucinada.

- Hoy mejor no –sonrió ella abrazándolo– hoy déjame disfrutar de tu sonrisa verdadera, Kaito –el mago se quedó parado mientras ella le mantenía agarrado del cuello– no me hagas de nuevo esa cara sonriente si no quieres sonreír, Kaito –sonrió tristemente Aoko– déjame verte tal y como eres. Quítate esa máscara y déjame sentir lo que sufras y lo que no. Quiero que me digas lo que te ocurra. Quiero sentir que sigues estando conmigo. Que sigues siendo aquél amigo que tuve.

Las palabras no conseguían salirle de la boca. Él estaba temblando de nuevo. Tan solo dejó que ese abrazo le ayudara. Estiró los brazos y la abrazó a ella. Eso era lo único que podía hacer en ese momento. Quitarse la máscara y dejar que todo saliese de su interior.

- Hoy vas a decirme todo lo que querías decirme en esos días…


Ahora si era el momento para dejar esa frialdad de lado, ¿verdad? jejejeje. Ahí lo dejo no voy a entrar más en detalles de lo que le va a decir...

El próximo capítulo ya lo tengo terminado, pero no sé si ponerlo para más adelante o no, porque me ha quedado bastante mal XD así que seguramente tardaré un poco más en subirlo! :(

Espero que les haya gustado y que me dejen sus reviews! :D

^^Shihoran^^