Buenas! De nuevo por aquí!

Antes que nada quisiera decir que este capítulo en un principio tenía que ser en dos partes, pero me pareció cruel, así que los voy a poner juntos pero como si realmente fueran separados jejeje. Si leéis el primero escuchando música muy lenta seguramente mejorará mucho XD estaba mirando ahora si tenía fallos y me ha salido una canción lenta que ha ayudado un montón en leer XD

Lady Paper: uoooo jajaja un placer volver a verte por aquí! :D espero que te guste el que viene! :3

Sin nada más os dejo con él porque seguro que lo estabais esperando todos! jijiji

Ran... Shinichi...


Ran.

Dime amigo: ¿la vida es triste o soy triste yo?

Amado Nervo (Poeta, novelista y ensayista mexicano).

Se puso una camisa de manga corta de color blanco y una falda larga y ancha de color negro con volantes de colores al final. Sus zapatos eran unas sandalias planas con tres tiras de color negro en la punta que le fijaban el pie a la suela. Suspiró mientras detrás de ella Kazuha sonreía.

- ¿Por qué estás tan animada? –preguntó Ran mirándola desde el espejo.

- Es tan solo una niña Ran-chan –respondió su amiga sin quitarse esa sonrisa de la boca– vas a hablar con una niña nada más. Ni que fuera tu novio ¿sabes? –se rió.

- Cállate, te pareces a Sonoko con eso –se quejó la abogada girándose para mirarla.

- Tienes que buscarte un buen novio, Ran –sonrió Kazuha– creo que el nuevo compañero de Heiji te iría bien –respondió con una mirada traviesa.

- ¿El nuevo compañero de Heiji? –preguntó su amiga sentándose al lado de la cama en donde estaba ella– ¿Ya tiene un nuevo compañero?

La chica de la coleta afirmó con la cabeza.

- Es guapo, tiene los ojos azules, una mirada fría, alto… –empezó a describirlo mientras se tumbaba en la cama y recordaba su primer encuentro después de tantos años con ese hombre– tiene una hija ya mayor, aunque nunca se ha casado…

- ¿Tiene una hija? –preguntó Ran.

- Pregúntale a Yui-kun –respondió riéndose Kazuha– es su padre, se llama Takahashi Ryuuzaki. Aunque tiene más pinta de llamarse con otro nombre. El pelo un poco alborotado y… –se acercó al oído de Ran para que pudiera ver mejor su reacción– tiene un par de cicatrices de guerra que le dan un aire sobreprotector…

- ¿Qué haces? –se asustó Ran levantándose medio roja de la cama frotándose el oído en donde su amiga le había susurrado.

Kazuha se echó a reír.

- De verdad, de seguro es perfecto para ti… aunque… –Kazuha bajó la mirada– su pasado le afecta tanto que parece estar encerrado en él.

- No importa –suspiró Ran– no pienso ponerme ahora a flirtear con alguien que ni conozco, solo porque tú quieras –respondió ella– además… tengo que centrarme en mi trabajo ahora, mis queridos clientes esperan que les saque de la cárcel así que mejor centrarme en mis asuntos.

- Vas a encontrártelo algún día en los juzgados y no estarás preparada para ello –suspiró Kazuha– por cierto… tu… ¿sabes cuando alguien te miente verdad?

- ¿Qué ocurre ahora Kazuha-chan? –preguntó Ran sentándose de nuevo a su lado– Pareces triste.

- Es que quiero que le preguntes a Yui si te mintió ese día o no –respondió Kazuha mirando al suelo– creo… creo que Ku… –añadió mirándo a su amiga– creo que él –rectificó la chica al ver la cara triste que ponía su amiga y recordándose de que el propietario de ese nombre le había prohibido nombrarlo– está en Japón –volvió a mirarse los pies pensando que quizás fuera más fácil hablar de ello– Heiji, ha dicho que lo deje correr, pero… no puedo ignorar eso Ran. No puedo ignorar tus sentimientos y por eso quiero que le preguntes a Yui… ella… –Kazuha estaba jugando con sus pies.

- Vale –sonrió Ran haciendo que su amiga volviese a mirarla– está bien, intentaré averiguarlo por mí misma –dijo guiñándole un ojo– No necesito vuestra ayuda al fin y al cabo –se rió con aires de superioridad haciendo que su compañera de habitación en esos momentos se juntara a su risa.

- Gracias por decirnos que no nos necesitas ahora que ya estás mejor, Ran-chan –se hizo la ofendida su amiga– no te ayudaremos más a partir de ahora.

- Ya era hora que lo dijeras –se rió con más fuerza la abogada haciendo que Kazuha arqueara las cejas sin entender– está bien –añadió levantándose y mirándose una última vez al espejo– Yui-chan seguro me dirá lo que ocurrió… aunque se lo tenga que quitar a golpes –sonrió sacando la lengua.

- Si Yui aparece mañana con un ojo morado ya sabré lo que ha pasado entonces –se miró Kazuha a su amiga de reojo mientras cogía su bolso y abandonaba la habitación.

- Vigílame la casa Kazuha estaré de vuelta y te contaré todo –le dijo la voz de su amiga desde la entrada del apartamento.

- Por supuesto –sonrió la mujer de Heiji con la voz alta oyendo como la puerta se cerraba– estaré esperando –suspiró con un hilo de voz bajando la cabeza– espero que todo vaya bien.

Kazuha recordaba que Ran no había llorado nunca la ausencia de Shinichi. En cuanto secuestraron a Conan ese día, lloró suficiente. Y en cuanto se enteró de la desaparición definitiva de su amigo, no hizo nada. Quizás había llorado en silencio y sola, pero ninguno de sus amigos nunca la vieron llorar por ello. Recordaba que durante una semana la chica había ido y venido siendo un fantasma, pero… un día, simplemente apareció sonriendo de nuevo y hablando con alegría. Había pasado esa semana y ella misma se había fortalecido. Ayudaba en lo que podía recordar a la policía para que encontraran a Conan, pero entonces aparecieron los padres de Shinichi buscando a su hijo. Ran seguía aguantando con una sonrisa que a todos les hizo preocupar más. Ayumi, Genta y Mitsuhiko no ayudaban nada a su amiga con sus sollozos. Kazuha y Sonoko sabían muy bien lo que su amiga se había esforzado para llegar hasta allí y a las dos les preocupaba que Ran supiera la verdad, pero… Kazuha hacía ya un par de días que se había puesto en el papel de Ran. A ella, si hubiera estado en su situación, le hubiera gustado que le dijeran donde estaba si lo encontraban. Miró por la ventana de la habitación de Ran. La lluvia en lo que parecía una ciudad abandonada. El cielo gris y las gotas de agua habían hecho meter a la gente en sus casas y ya solo se veían algunos paraguas. Distinguió saliendo del portal el paraguas rojo de su amiga. Sonrió deseando que todo le fuera bien.

Los truenos empezaban a oírse con más fuerza que antes y la pequeña lluvia se hacía ver con más potencia. En medio de esa tempestad, Ran veía debajo de su paraguas rojo como la gente se alejaba con prisas para llegar antes a sus casas. Sus pasos eran lentos, debido a que resbalaba mucho con sus zapatos. Llegaba un par de minutos tarde, pero como siempre había sido muy puntual no importaban esos minutos, además la película no empezaba hasta media hora más tarde. Llegó al lugar y observó a su alrededor. Habían quedado delante de la columna de piedra central. Allí solo había un hombre sentado al suelo y tapándose la cabeza con las rodillas, los brazos y las manos. Dio una vuelta a la columna para comprobarlo, pero Yui aun no había llegado. Se puso al lado del hombre tapándose con el paraguas para poder ver cuando llegara la niña. Observó de nuevo a su lado. El hombre parecía una bola negra y lila. Ran sonrió con esa idea en la cabeza.

- ¿Está usted bien? –se preocupó en cuanto vio que el hombre había empezado a temblar.

Le tapó con el paraguas. El hombre levantó la cabeza tapándose aún con los brazos y las manos y miró a su alrededor. Ran pensó entonces que parecía más bien un gato perdido. Los pantalones negros los llevaba rasgados por las rodillas y la camisa de color lila claro parecía muy vieja y desgastada. El hombre fijó la vista a su falda y lentamente empezó a mirar hacia arriba. En cuanto sus ojos se cruzaron, él se levantó asustado. Temblaba con más y más fuerza y empezaba a retroceder. A Ran parecía que el tiempo se le hubiera parado. Las palabras no le salían. Podía reconocer esos ojos a lo lejos y mucho más tan cerca de ella. Observaba con atención lo asustados que estaban ahora delante de ella, esos ojos que empezaban a mojarse por la lluvia torrencial. Su mente no daba la orden de volver a hablar aunque su corazón se lo indicase, tan solo la dejaba allí, parada, mirándolo, mientras miles de imágenes como flashes le pasaban por la cabeza. Imágenes de su infancia, de su adolescencia, de malos y buenos momentos en que podía recordar esos ojos azules. Imágenes que se le clavaban al corazón como estacas en cuanto recordaba lo sola que había estado esos años sin poder ver esos ojos. El paraguas cedió ante el viento y salió volando debido a la poca fuerza que ejercía su dueña en las manos. La camisa blanca empezaba a arraparse a su cuerpo, al igual que su pelo. Su falda le pesaba cada vez más. Sus pies parecían haber caído en un charco de hielo. Pero no importaba. Eso ahora no importaba. Él estaba tan asustado que a ella le parecía percibir sus mismos miedos mientras la fría lluvia seguía cayendo encima de los dos. Él empezó a correr. Ella empezó a seguirle. Iban por donde Ran había venido. Ella quería llamarlo, pero su voz no le salía. Quería cogerle los brazos para que parase, pero sus zapatos resbaladizos la alejaban más y más. El fuerte viento también parecía estar en su contra y no dejaba ver con claridad el camino que recorrían.

- Shinichi… –consiguió susurrar intentando con todas sus fuerzas que le llegase.

Pero el viento se llevaba sus palabras lejos de los dos. Las lágrimas empezaron a mezclarse entre la lluvia cayendo por sus mejillas.

- De… de… ten… te… –continuó ella intentando que su voz saliera con más fuerza– por… favor… –suplicaba.

A cada intento de hablar más alto, más lágrimas le salían de los ojos que le privaban de lograrlo. Sus pies estaban resbalándose torpemente como si nunca hubieran patinado sobre el hielo. La camisa blanca ya estaba transparente y la falda que llevaba le estaba entorpeciendo más el paso.

- Shin... ichi… –susurró de nuevo mientras sus pies ya helados decían basta –para… por… favor… –continuó forzando su voz mientras sus pies habían decidido pasarle el sentido del equilibrio a su cabeza– por favor… –decía mientras pensaba que no podía dejarlo alejarse de ella.

Quien dominaba a Ran en ese momento era su corazón, así que en el momento en que sus pies lo dejaron a su cabeza, el equilibrio se perdió en medio de su cuerpo y no llegó a tiempo para evitar que ella se cayese al suelo. Golpeó con las rodillas y con las manos, pero se levantó una vez más. Él seguía corriendo delante de ella. Se levantó sin darse cuenta de que había perdido un zapato, ni importarle que sus rodillas le dolieran por los rasguños, o el tobillo le dijera que no podía más debido a la torcedura. Continuó corriendo en seguida, pero él ya estaba más lejos aún. Le parecía que alcanzarlo sería un trabajo mucho más difícil, así que concentró toda su fuerza en la voz. El tobillo torcido no pudo aguantar bien su peso y se cayó una vez más al suelo, esta vez rozando también con el brazo entero. Se incorporó, pero vio que ya no podía levantarse. Su tobillo le dolía horrores cosa que hacía que las lágrimas ahora ya no cesaran.

- Shinichi… –murmuró una última vez antes de morderse el labio de impotencia.

Recordó de nuevo ese día en Tropical Land. Ella estaba feliz por haber ido. Ella… aunque hubiera habido un asesinato y le hubiera parecido triste, aunque estuviera llorando por ello, estaba feliz por estar a su lado. En ese momento Shinichi le dijo que regresara sola a casa y ya no le volvió a ver. No podía…. Su cabeza no aguantaría una vez más que se marchara. Tenía que hacer algo. Tenía que conseguir que su voz saliese de una vez. Se secó las lágrimas con las mangas para poderle distinguir mientras sus oídos continuaban escuchando el agua cayendo y las pisadas de él alejándose.

- Shin… ichi… de… de… –no podía– Shin… –su voz no le salía y sus lágrimas no dejaban de bajar– Shin… ichi… de… –estaba helada hasta los huesos– por favor… de… de… –estaba temblando de frío pero eso ya no importaba– Shin… –sus ojos se habían vuelto más borrosos, parecía que tenía fiebre.

Distinguía aún la silueta de él alejándose de ella.

- ¡DETENTE SHINICHI! –consiguió gritar al aire temblando de miedo y de frío– ¡TE LO SUPLICO! –volvió a gritar con la voz rota.

Sus lágrimas eran tan grandes que después de eso se le había tragado por completo la voz. No podía ni siquiera susurrar. Se frotó los ojos fuertemente para evitar que las lágrimas siguieran cayendo mientras ya no escuchaba ninguna pisada. En medio del agua de sus ojos y del agua del cielo pudo distinguir la silueta del chico, parada, sin girarse hacia ella, pero parada. Su corazón volvía a palpitar con fuerza. Él la había oído. Sonrió tontamente mientras reunía fuerzas para levantarse. No podía. Su dolor era tan intenso que le era imposible ni siquiera separar las rodillas del suelo. Cerró los ojos con fuerza mordiéndose el labio inferior. Reunió fuerzas una vez más para intentar levantarse. Consiguió poner un pie al suelo levantándose después. Tenía que llegar hasta él. Le costaba respirar. No podía dar ningún paso. Una luz se encendió detrás de ella. Los sonidos fueron desapareciendo poco a poco de sus oídos. Un extraño silbido sonó por detrás. Miró delante de ella. La figura borrosa de Shinichi se estaba acercando hacia ella. Estaba perdiendo la vista que poco a poco se iba oscureciendo. Sonrió. Shinichi estaba yendo hacia ella de nuevo. Todo se volvió negro.


JAJAJAJAJA así es...

quizás muy pesado?

mucha descripción?

XD vale, vale... os dejo con el siguiente XD


Shinichi.

El amor alivia, como la luz del sol tras la lluvia.

William Shakespeare (Escritor británico).

Había sido un mal día. Él no quería seguir por ese camino, pero tendría que pasar por eso. Que Kazuha le hubiera invitado a su casa para hablar con Heiji le dolía. Pero al final accedió. Tan solo porque había pensado que quizás podría dormir tranquilo por una vez. Las palabras de Kaito le habían dejado cada noche en vela, pero tampoco podía culparlo. Él nunca había confiado en nadie que se hiciera llamar Detective. Se paró apoyando su mano en la cintura. La herida se le habría abierto de nuevo. Se sentó debajo de una columna y miró al cielo. Estaba tan nublado que parecía que ya hubiera llegado la noche. Notó el teléfono vibrar en su bolsillo. Lo sacó y miró en la pantalla.

¡No me esperes, tardaré mucho!

Junto al texto una imagen de Yui con su madre delante del cementerio. Suspiró y cerró el teléfono. Como había podido dejar que su madre hiciese eso. Daba igual. Quizás Yui se reiría un rato de él y así no tendría que esforzarse él para hacerla sonreír. Un par de gotas de agua le cayeron en la frente. Quizás debería de llamar para que alguien le fuese a buscar. Intentó localizar a Kaito. Seguro estaría planeando ya el robo de la Esmeralda del Mar. No contestaba. Llamó a Shiho. Tenía el móvil apagado o fuera de cobertura. Suspiró. Seguro debería de estar hablando con el doctor Agasa. Al fin y al cabo ella dijo que lo primero que haría cuando fuera a Tokio sería ir a darle las gracias al anciano. Llamó a Eisuke mientras la lluvia empezaba a fortalecerse. De Kaito y Shiho lo entendía, porque esos dos siempre habían ido a su rollo. Pero Eisuke siempre le había contestado. Chasqueó la lengua intentando levantarse, pero estaba cansado. La herida se le abriría si no se quedaba quieto. Guardó su teléfono en los bolsillos. Se agarró las rodillas y puso su cara en medio. La lluvia ya era mucho más intensa. Se tapó con las manos y los brazos, la cabeza. En esos momentos no podía hacer nada más. Se quedó allí un poco hasta que empezó a escuchar pasos a su lado. Estaba empezando a tener frío y no podía moverse mucho o la herida se le abriría seguro.

- ¿Está usted bien? –preguntó una voz conocida a su lado.

La lluvia había dejado de caer en su cabeza, aunque seguía notándola en sus pies. Levantó la cabeza y miró a su alrededor. Lo único cercano que había era una falda de color negro con volantes de colores al final. Miró a la propietaria de la falda y se levantó de golpe, notando una punzada en el lado izquierdo de su barriga. Pero no le importó en absoluto. Los ojos que estaba viendo en ese momento eran los de ella. De nuevo recuerdos interminables y dolorosos le pasaban por la cabeza. Conforme esas imágenes se le hacían más fuertes, sus pies iban retrocediendo poco a poco. Su cuerpo temblaba con más fuerza. ¿Había ya cogido un resfriado? ¿O era por otro motivo por el que estaba temblando esta vez? ¿Era por otro motivo por el que empezaba a notar un poco de calidez en su pecho? Ella parecía preocupada y triste. Pero ese no era el momento para pensar en eso. En el momento en que el paraguas de ella cayó al suelo él pareció despertar a la realidad que les rodeaba. Si alguien los veía juntos, ella podría sufrir las mismas consecuencias de las que la había salvado un par de días atrás. No podía permitirlo. Se giró de espaldas y echó a correr. No podía dejar que les vieran juntos bajo ningún concepto. Notaba como el dolor en su barriga aumentaba. Maldecía por primera vez haberse dejado disparar para poder detener a ese criminal. Le habían dicho que descansara cuando sintiera dolor, pero… ¡qué más daba ahora! Escuchaba pasos detrás suyo corriendo con él. Seguro era ella quien le estaba siguiendo. La camisa que llevaba ya estaba empapada de agua y transparentaba todo lo que tenía debajo. Escuchó algo caer al suelo, pero no podía pararse. Si le alcanzaba no podría alejarse de ella una vez más. Sabía que en ese momento ella debería de estar llorando y le dolía más que esa maldita herida saber eso. Pero no se paraba, no podía pararse. Poco a poco su velocidad iba disminuyendo, no tenía suficientes fuerzas para seguir corriendo al máximo. Una vez más escuchó algo caerse al suelo.

Recordó por un instante la última vez que se había despedido de ella como Shinichi. Estaban en Osaka. Por primera vez habían estado juntos con Kazuha, Heiji y Ran en Osaka. Sin nadie más que les molestase. Heiji se estaba riendo de nuevo de que se estuviera transformando otra vez en Conan, mientras él maldecía que Ran les estuviera siguiendo de tan cerca. Golpeó a Heiji y siguió su camino. El de Osaka se quedó parado atrás y les escuchó hablar con Ran. 'Kudo dice que tiene que volver a Tokio cuanto antes a recoger un par de cosas en su casa' incluso vio la sonrisa traviesa que había hecho el detective en esa ocasión. Pero suspiró tranquilo. Una vez más no le había visto transformarse.

Cuando se había dado cuenta estaba tan solo andando. Seguro ahora le cogería.

- ¡DETENTE SHINICHI! –escuchó en medio de la solitaria calle mientras él seguía andando– ¡TE LO SUPLICO! –escuchó cómo se le rompía la voz a Ran.

Como si la voz de la chica dominara su cerebro, sus piernas se pararon. Su corazón palpitaba con fuerza hacia un buen rato. ¿Era por haber corrido? ¿Era por ella? Teniéndola tan cerca y queriendo evitarla. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué no podía simplemente volverse hacia ella, decirle cuanto la ha echado de menos y ser feliz una vez más? Escuchó una mueca de dolor detrás de sí. Miró hacia atrás. Ran se estaba levantando con esfuerzo para poder llegar hasta él. Se había hecho daño. Bajó la mirada y vio de repente una luz delante de él. Un coche venía por la calle detrás de Ran. Sonó la bocina del coche y vio a Ran tambalearse. ¿Qué era lo que pasaba con ella? ¿Por qué no se giraba para ver lo que había detrás? Parecía perder el equilibrio de nuevo. Le pareció verla mover los ojos como si quisiera enfocar bien la vista. Estaba perdiendo el sentido. Corrió hacia ella. Un último esfuerzo. Las punzadas en su barriga se hacían más intensas con cada paso. El coche parecía no poder frenar. Ran estaba cerrando los ojos. Shinichi la agarró del brazo y tiró de ella hacia la acera. La rodeó con los brazos, chocó contra el suelo y vio pasar por su lado el coche completamente descontrolado. ¿Qué le pasaba a ese? Se preguntó a si mismo viendo como seguía su camino. Observó la matrícula y suspiró. Tenía que acordarse de ella antes de que fuera demasiado tarde, ese conductor no iba a salirse con la suya. Miró a su lado. Ran respiraba agitada y temblaba tumbada al suelo. Tiró de ella hacia la acera y se sentó en un portal, intentando cubrirla de la lluvia. Le tocó la frente. Estaba ardiendo. La verdad es que él ya hacía un buen rato que creía tener fiebre. Se palpó la barriga. No se le había abierto la herida. Con suerte podría aguantar hasta que llegara alguien para ayudarle. Miró a un lado y al otro de la calle. Yui estaba llegando corriendo donde estaban ellos con el paraguas y el zapato perdido de Ran. La puerta detrás de ellos se abrió. Shinichi miró hacia arriba viendo a Kazuha. La ayuda había llegado a tiempo.

- Papá… ¿estás bien? –preguntó Yui al llegar a su lado.

Él tan solo levantó su dedo pulgar y forzó su mejor sonrisa.

- Mentiroso –terminó ella golpeándolo con el paraguas.

Shinichi se puso las manos en la cabeza y suspiró.

- Ran-chan… –murmuró Kazuha a su lado.

- ¿Kazuha-sensei? –preguntó Yui– ¿Qué haces aquí?

- Esta es la casa de Ran –sonrió ella– me pidió que me quedara aquí hasta que volviese.

La profesora se subió a su amiga a la espalda con un ágil movimiento, y entró hacia adentro. Yui se sentó al lado de su padre. Ninguno de los dos abrió la boca. Observaban con tranquilidad como caía la lluvia en la calle. La respiración de Shinichi parecía calmarse con el silencio del lugar, aunque él seguía temblando de frío. Se agarró bien de las rodillas para taparse del frío y metió su cabeza al medio. Estaba cansado y solo había corrido un trozo de calle. La herida le dejaba agotado. La puerta se abrió una vez más detrás de ellos. Kazuha dejó una toalla seca encima del detective y se sentó al medio de los dos.

- Hace unos días que no se encuentra muy bien –informó la profesora– solo le faltaba ponerse debajo de la lluvia fría.

- ¿Está bien? –preguntó la niña.

La mujer sonrió y afirmó con la cabeza. Shinichi levantó la cabeza y se quedó mirando a la calle.

- Ella lo había aguantado muy bien hasta ahora –sonrió Kazuha– estábamos preocupados porque no había dado señal de debilidad alguna en cuanto supo que tú también habías desaparecido.

Shinichi agarró la toalla y se la puso encima intentando cubrirse del frío. Pero el viento le entraba por todos lados dejándolo cada vez más helado.

- Anda subid los dos –sonrió ella– hasta que alguien venga a buscaros o que la lluvia pare.

- Yui… ¿puedes ir a buscarlos? –preguntó Shinichi– Ninguno de ellos responde y yo… ya no puedo andar más.

- Menudo policía estás hecho –se quejó la profesora– ni siquiera has corrido cuatro calles.

- ¿Tu herida, duele? –preguntó Yui preocupada.

- Un poco –respondió él en un susurro.

Kazuha suspiró.

- Solo lleváis problemas –se quejó mientras tiraba del brazo del detecitve.

- ¿Se puede saber qué haces? –preguntó él.

- Levántate –respondió ella– es solo subir al ascensor. Estarás mucho más cómodo en un lugar caliente, creo yo.

- Kazuha-sensei tiene razón –respondió la niña– espera a dentro hasta que yo vuelva con ellos.

Shinichi suspiró y se levantó agarrándose a la pared. Siguió a Kazuha hasta dentro del piso de Ran mientras Yui se iba de allí. Kazuha sacó las llaves del piso y abrió la puerta de madera que había en el tercer piso. La estancia estaba mucho más iluminada que la calle. Entraron y Kazuha cerró la puerta. Le hizo pasar a dentro sacándose los zapatos. Él se sacó también los zapatos y entró por un estrecho pasillo. Observó cada detalle de la casa aguantándose con una mano en las paredes y con la otra aguantando la toalla que ya empezaba a estar mojada. Cuadros de paisajes decoraban todo el pasillo. La primera puerta del pasillo era el baño. La segunda la cocina. La tercera el comedor. Una vez hubo entrado al comedor vio a la profesora entrando en una habitación que allí había. Quedaba tan solo otra puerta cerrada en la casa. Shinichi sonrió mientras se escurría por la pared de al lado de la puerta donde Kazuha había entrado. Se quedó sentado al suelo cubierto con la toalla y apoyando una de sus manos en sus rodillas. Notaba entrar pos su nariz el olor de la chica que perfumaba toda la casa. Era un olor nostálgico que le hacía recordar de nuevo todo lo que había estado ocurriendo. Poco a poco su cansancio ganaba y, sin darse cuenta, se quedó dormido.

Al cabo de un rato, llamaron a la puerta y Kazuha salió de la habitación. Se quedó mirando a Shinichi mientras sonreía.

- Ya podría haberse sentado al sofá –suspiró al ver el objeto de color chocolate que adornaba parte del comedor y que servía para cosas parecidas.

Se acercó al interfono que había al lado de la puerta de entrada y respondió.

- Ya llegamos –sonrió la voz de Heiji al otro lado.

Ella pulsó un botón y abrió la puerta de entrada. Volvió sus pasos hacia la habitación de Ran y, cerrando la puerta, se miró al detective. Realmente se había dormido. Ni siquiera se había dado cuenta de que habían llamado. Sonrió mientras escuchaba voces animadas subiendo por las escaleras. La puerta se abrió y Heiji, Makoto, Sonoko y Akira entraron por la puerta.

- Hola Kazuha-chan –sonrió la única mujer del grupo que acababa de entrar.

- Buenas tardes –respondió ella con la voz baja y haciendo señales para que mantuvieran el silencio.

Heiji llevaba una bolsa de plástico llena de ropa.

- ¿Cómo está Ran? –se interesó la madre de Akira acercándose a su otra amiga.

- Bien, está descansando –respondió Kazuha– gracias por venir.

- ¿Y él? –preguntó Makoto dejando al niño al suelo.

- Se ha dormido –se rió la profesora– y eso que no quería subir aquí.

- Se nota el olor a Ran por todo el edificio –se rieron Sonoko y Heiji a la vez.

- No os riáis –se quejó Kazuha– está herido.

- ¿Cómo que herido? –preguntó Heiji.

- ¿No te ha dicho nada verdad? –preguntó su mujer– llevaba un vendaje que le cubría la mitad del cuerpo –informó.

- ¿Le has visto? –preguntó Sonoko sorprendida.

Kazuha se quedó mirando a su amiga mientras Heiji se sentaba en el sofá de Ran.

- Os escuché, ¿sabes? –preguntó Heiji sentado.

- ¿Nos escuchaste? –preguntó Kazuha sin entender.

- En… en el vestidor… –respondió su marido.

- Entonces… ¿dejaste de estar molesto? –preguntó Kazuha con una sonrisa.

- ¿Y qué quieres que haga? –preguntó su marido alzando la voz– Nadie puede enfadarse después de oír eso…

- ¿En el vestidor? –preguntó Sonoko con una sonrisa traviesa– ¿Te han pillado con tu amante?

- Sonoko… –suspiró su amiga– no es momento para bromas…

- Perdona, perdona –sonrió ella.

El sonido de un teléfono se escuchó por toda la casa. El detective se despertó de golpe y buscó entre sus bolsillos. Miró a la pantalla que se iluminaba de un color rojo. Sonoko agarró el aparato de las manos del detective.

- ¿Se puede saber qué es eso? –preguntó la mujer.

- Eso es una alarma roja –respondió el detective– significa que uno de los míos está en peligro y necesita ayuda.

- Kaito –leyó la mujer a la pantalla.

- El ladrón que tanto adoras –respondió el detective alargando la mano para que le devolviese el aparato.

- ¿Kaito Kid? –preguntó Sonoko devolviéndoselo.

Él apagó el sonido y se quedó parado.

- ¿Por qué no vas a ayudarle? –preguntó Kazuha sorprendida.

- Lo haría si pudiera levantarme –respondió Shinichi de mala gana– pero gracias por preocuparte por él seguro le hará gracia saberlo.

- No vas a ir a ayudarle –sonrió Heiji levantándose del sofá y acercándose.

- Eisuke o Shiho lo harán –informó él– yo… ya no puedo levantarme así que… no podría llegar hasta allí.

- ¿La herida? –preguntó Sonoko.

Shinichi fulminó con la mirada a Kazuha.

- Encima que se preocupa por tu salud –se quejó la profesora señalando a Sonoko.

- Venga ya… cállate… –se quejó él– no entiendo por qué accedí al final pero me arrepiento de ello.

El silencio se hizo en la sala. Tan solo era roto por el niño que intentaba decirles palabras que no le salían.

- Lo siento –interrumpió el silencio Heiji al cabo de un rato arrodillándose delante de él.

- ¿De qué me hablas? –preguntó Shinichi mirándose los pies.

- Por no venir a tu ayuda antes –añadió Heiji– me esforcé. Te juro que me esforcé al máximo en entender lo que había ocurrido, pero… en cuanto seguíamos una pista se desvanecía delante de nosotros.

- No… no importa –tartamudeó su compañero.

- Sí importa –sentenció Kazuha sentándose al lado del detective de Tokio y mirándolo con una sonrisa.

- Lo siento… –susurró Shinichi mirando al suelo– quizás te parecí un poco mal educado esta mañana… pero…

Heiji se echó a reír. Su compañero levantó la vista hacia él.

- ¿Qué… qué tiene de gracioso eso?

- Que el único que tendría que haberse disculpado aquí soy yo y tú también lo haces –sonrió el moreno– ¿Sabes? Me da igual si es Ryuuzaki, Shinichi o como quiera que sea… eres mi amigo y no voy a permitir que esto nos separe más. Pero como vuelvas a largarte te encontraré solo para darte una buena paliza.

- No creo que me mueva mucho al menos hasta dentro de una semana –respondió Shinichi forzando una pequeña risa.

La puerta de la habitación de Ran se abrió. Todos se giraron para mirar a la propietaria del piso. La karateka respiraba agitadamente y su cara mostraba dolor.

- Ran-chan… –murmuró Kazuha.

Ran salió de la habitación y miró a su lado. Shinichi se había quedado allí y ahora la estaba mirando.

- Shinichi… –murmuró la chica arrodillándose al suelo.

Él desvió la mirada al suelo y levantó la mano a modo de saludo.

- ¿A qué viene ese saludo? –se quejó ella agarrándolo de la camisa y levantándolo.

- ¿Qué quieres que te diga? –preguntó él mirando al suelo.

- Está sangrando… –murmuró Kazuha entre los dos.

Nadie había entendido lo que la profesora había dicho y se la miraron. Ella sonrió con maldad y tocó la barriga del chico.

- ¿Pero qué haces? –se quejó él tapándose el lugar.

- Vamos a vengarnos de ti –se rió Kazuha como si de una bruja malvada se tratara.

- No me das miedo –respondió Shinichi encarándola.

- Estás sangrando… –se preocupó Ran al acto viendo lo que su amiga les estaba señalando.

Shinichi tenía una pequeña taca oscura en la barriga que le había pasado a la camisa mojada.

- No es nada importante –respondió él en un susurro aguantándose la herida con la mano.

- ¿Cómo que no es importante? –preguntó Heiji– ¿Qué te ha pasado?

- Hace 5 días estuve a punto de ser ejecutado –informó Shinichi con una sonrisa de superioridad.

- ¿E… ejecutado? –preguntaron los demás.

- Bueno… en nuestro entorno eso significa ser encarcelado –respondió Shinichi– el problema es que cuando entras en la cárcel ya no puedes salir de allí. Los policías o los mismos criminales por miedo a esa gente intentan matarte –informó intentando quitarle importancia con la voz.

- Muy bonito –suspiró Heiji– ¿Y cuándo pensabas decirlo?

- La herida ya había cicatrizado –respondió su compañero– no tenía por qué decir nada.

- ¿Y entonces cómo se te ha abierto? –preguntó Heiji con una sonrisa.

- ¿Tengo que responder a eso? –preguntó Shinichi mirándolo a los ojos.

- Por supuesto –se rió el moreno.

- Corriendo… –añadió su compañero mirando hacia otro lado.

Heiji le golpeó a la cabeza.

- Ya déjate de tonterías –se quejó el moreno– no vas a venir hasta que se te haya curado esto.

- Definitivamente mejor quédate con tu marido, Sensei –añadió Shinichi con una mano a la cabeza– está loco.

- Puedes quedártelo si quieres –añadió ella riendo– no me importa.

- No gracias. Todo tuyo.

Todos se echaron a reír, excepto Ran, Heiji y Shinichi. La abogada y el policía moreno suspiraron aliviados al ver al policía de Tokio sonreír. Mientras por la ventana se podía ver un pequeño destello de la luz del atardecer.


mmm... *^* a mi me ha gustado... ¿qué os ha parecido a vosotros? :D

^^Shihoran^^