BUENOS DÍAS!

Aquí les dejo un nuevo capítulo! Ya he empezado a trabajar de nuevo, así que seguramente no tendré tanto tiempo para publicar :D pero como al principio seguro que en un mes las publicaciones van a llegar :D

kaoru240: una vez más gracias por tu review :D espero que este capítulo también te guste! Cuídate!

Espero lo disfruten! :D


Heiji.

Créeme, en tu corazón brilla la estrella de tu destino.

Friedrich Schiller (Poeta y dramaturgo alemán).

- Siento haberos preocupado, Kazuha-chan –sonrió Ran bajando la mirada al suelo al cabo de un rato

- Que monada –sonrió la profesora abrazando a su amiga– ¿no te lo parece? –preguntó mirando a Shinichi a quién le sonaba el teléfono de nuevo.

El policía miró a la pantalla. Esta vez era el nombre de Shiho. Pulsó un par de botones y se lo puso al oído.

- ¿Se puede saber que ocurre, Brother? –preguntó en cuanto descolgaron el teléfono al otro lado.

- Nos están atacando, pero no importa –se rió Eisuke al otro lado.

- Vale, pues no importa –respondió Shinichi con una sonrisa.

- ¡Sí que importa! ¡Sí que importa! –gritó el agente de la CIA– Ven a salvarnos, por favor…

- ¿Dónde estáis? –preguntó Ryuuzaki.

- En casa –respondió Eisuke.

- ¿Yui está aquí? –preguntó de nuevo el agente del FBI.

- No –respondió su interlocutor.

- Ya tendría que haber llegado –respondió Shinichi escuchando un par de tiros– ¿Quién ha hecho eso? –el silencio le hizo poner más nervioso– ¿Brother? Oye… ¡Hondo!

Shinichi escuchó los pitidos del final de la llamada telefónica y se apartó el aparato del oído. De nuevo ese sonido mostraba la pantalla en rojo, esta vez Eisuke. Se levantó agarrado a la pared.

- ¿Qué haces? –preguntaron todos.

- Seguir con mi trabajo de agente, que para eso me pagan más que a ti –informó mirando al moreno– tengo que salvar a mis otros compañeros.

- Pero estás herido –se preocupó Ran.

- No va a detenerme esto, no lo hizo antes y no lo va a hacer ahora –sonrió Shinichi.

- Haz lo que te de la gana –respondió Heiji de mala gana sentándose de nuevo al sofá– nosotros no nos preocuparemos más por ti.

- Eso es lo que iba a hacer –respondió su compañero.

- Shinichi, por favor… –pidió Ran– estás herido, nosotros podemos ayudarte.

- Me llamo Takahashi Ryuuzaki. No te confundas, no me he quedado aquí porque hubiera querido –respondió Shinichi de mala gana yéndose hacia la puerta.

- Shinichi, por favor… –pidió ella siguiéndolo y agarrándolo por el brazo.

Él se zafó rápidamente del agarre.

- ¡Oye! ¡No la trates así! –se quejó Sonoko– ¡No sabes lo que ella ha sufrido por ti!

- No… no importa Sonoko –sonrió forzadamente Ran girándose hacia ellos y levantando las dos manos completamente abiertas.

- Meteros en vuestros asuntos –respondió Shinichi abriendo la puerta y saliendo de allí.

- Haz lo que te de la gana. Si te matan seguro estaremos mejor –respondió Sonoko mientras la puerta del apartamento se cerraba.

En cuanto se escucho el sonido del cierre de la puerta, el silencio se apoderó de la estancia. Ran miraba sorprendida a su amiga que tenía el puño cerrado levantado hacia la puerta. Akira se había agarrado a la pierna de su padre con una mirada triste. Kazuha se giró para mirar a su marido que seguía sentado en el sofá.

- Hei… –el moreno se levantó y salió de la casa– Heiji –le llamó su mujer al verlo.

Ran se apoyó a la pared claramente cansada, mientras el moreno se ponía su gorra preferida de nuevo y seguía a su compañero. Aunque estuviera herido, Shinichi estaba corriendo delante de él, ya en la oscuridad de la noche. El policía moreno le seguía, pero no conseguía alcanzarlo. Le vio entrar en unos apartamentos y subió detrás de él hasta el segundo piso. En cuanto lo alcanzó fue cuando se paró delante de la puerta de un apartamento. Shinichi entró abriendo la puerta del todo con un fuerte golpe y entró en la oscuridad de la estancia. Llegó hasta el comedor. Fue allí en cuanto vio lo que había ocurrido. Todo estaba patas arriba. El televisor estaba roto al suelo, el ordenador de Shiho estaba al lado de la mesa pequeña que estaba caída, delante del sofá, el sofá había sido movido, los taburetes esparcidos por el suelo. El teléfono medio descolgado.

- ¿Qué ha ocurrido aquí? –preguntó Heiji viendo como estaba todo.

- ¿Yui? –preguntó Shinichi entrando a la habitación que daba directamente al comedor– ¿Eisuke? –preguntó entrando en el pasillo que había al otro lado y mirando en las habitaciones que allí había– ¿Kaito? ¿Shiho?

Heiji se sacó el teléfono móvil del bolsillo y lo encendió a modo linterna. Miró al suelo. Había sangre. Shinichi volvió con él y se lo miró. Recogió el ordenador de Shiho y puso la mesa de pie para ponerlo encima.

- ¿Qué haces? –preguntó el moreno.

- Mirar dónde están –respondió el otro secamente mientras abría el ordenador.

Al encenderlo el aparato emitió un pitido ensordecedor.

- ¿Qué ocurre? –preguntó Heiji mirando.

- Han intentado usarlo como explosivo, pero no les ha funcionado –añadió Shinichi mientras empezaba a teclear con rapidez.

En un par de minutos Shinichi salía corriendo de allí. Heiji hizo un último vistazo y salió detrás de él. En cuanto se había despistado, Shinichi ya le llevaba la misma ventaja que antes. Se quedó asombrado por lo que corría aunque estuviera herido. Y siguió el camino. Hasta que lo perdió en un cruce. Como lo había visto girar, podía suponer que se había metido en alguno de esos lugares, así que miró al suelo con detenimiento. Había un pequeño rastro de tierra removida en un edificio en construcción. Pensó en probar por allí. Entró y continuó siguiendo los rastros que el suelo mojado le dejaba. Había un rastro de alguien que había arrastrado algo; unas pisadas más fuertes que indicaban que esa persona había arrastrado eso; y también había otras pisadas más separadas que esas, eso quería decir que esa persona había estado corriendo. Siguió los rastros que terminaban en un edificio en construcción. Miró hacia arriba. El edificio era enorme, y solo tenía puestas las paredes de los dos primeros pisos. Había un total de 6 pisos. Encendió de nuevo la linterna de su teléfono y enfocó en el suelo pavimentado. El barro se había pegado en el suelo. Él siguió las huellas que le llevaban hasta una escalera también grisácea de cemento y sin barandilla. Empezó a subir las escaleras con la linterna encarada hacia delante. No quería encontrarse con ninguna sorpresa. Se miró en los bolsillos. Se había olvidado la pistola en casa. Suspiró y siguió su camino. Primer piso. Nadie. Segundo piso. Tampoco. Tercer piso. Empezó a escuchar sonidos que provenían de más arriba. Se puso en estado de alerta. Siguió su camino con más lentitud, observando cada piso al que llegaba. Cuarto piso. Ni siquiera un pequeño rastro. Quinto piso. Podía ver que terminaban los edificios de alrededor, gracias a no tener paredes. Los ruidos se hacían más fuertes y podía escuchar a alguien hablando. Siguió subiendo y apagó la linterna. No tenían techo. Solo unas cuantas columnas alrededor. Shinichi estaba tumbado al medio de la planta. Delante de él un hombre con pantalones negros y jersey negro con capucha, que sonreía. Detrás de ese hombre, Yui, Eisuke, Shiho y Kaito estaban completamente inconscientes. Heiji se acercó con lentitud hacia ellos, sin ser visto ni escuchado. Hasta que de repente tropezó con un martillo que había al suelo. El hombre se giró hacia él debido al ruido del hierro deslizándose por el suelo. Heiji pudo reconocerlo al acto. Era el hombre que había estado al lado de Ran en cuanto la secuestraron. Creía recordar que su nombre era Kevin. Shinichi se incorporó e intentó levantarse, pero ese hombre tiró una patada hacia sus manos para hacerlo caer de nuevo, mientras observaba al moreno.

- ¿Quién eres tú? –preguntó el encapuchado.

- Policía de Tokio –sonrió Heiji.

- ¿Policía? –preguntó el hombre sacando su pistola de detrás de sus pantalones.

- Estoy fuera de servicio –añadió Hattori– tan solo pasaba por aquí.

- Mejor –añadió el hombre vestido de negro poniendo a la pistola un silenciador, que había sacado de su bolsillo.

- A… ¿a qué viene ese tono? –preguntó Heiji no muy seguro de querer saberlo.

- ¿Quién sabe? –preguntó él apuntándolo– hasta nunca.

Shinichi se giró con rapidez desde el suelo y golpeó la parte de detrás de las rodillas del hombre. Este disparó tambaleándose hacia atrás, haciendo que la bala saliera del recinto del edificio. Heiji observó a su alrededor. Había una barra de hierro al suelo que él recogió y la agarró como si de una espada se tratara. El hombre se levantó con rapidez, al igual que Shinichi. Apuntó al agente del FBI con la pistola y disparó, pero Shinichi se apartó hacia un lado a tiempo, aunque se golpeó con una columna y cayó al suelo de nuevo, arrodillado. El hombre apuntó a Heiji de nuevo que había aprovechado para acercarse un poco más a ellos.

- Sé quién eres tú –informó el hombre de negro– eres el que ha estado metiendo las narices entre los nuestros.

- ¿Metiendo las narices? –preguntó Heiji como si hubiera escuchado que todavía seguía lloviendo– Más bien la cabeza entera diría yo –se rió.

- ¿Qué pretendes hacer con eso? –preguntó el hombre mientras miraba como Shinichi volvía a levantarse y se agarraba con fuerza la herida de la barriga.

- ¿Con eso? –preguntó Heiji.

- Tengo un arma de largo alcance, no puedes hacer nada con eso –respondió él.

- ¿Y tú que sabes? –preguntó el moreno acercándose corriendo hacia él.

El hombre disparó dando de lleno a la barra que llevaba, haciendo que se partiera en dos. Heiji se quedó parado mientras el hombre retrocedía un poco para coger de nuevo la distancia que les había mantenido separados hasta entonces. El moreno recogió el trozo que había caído al suelo y sonrió.

- Gracias –le dijo al hombre de negro– ahora tengo un arma de largo alcance.

El que llevaba la pistola arqueó una ceja. Heiji empezó a correr de nuevo hacia él y lanzó el trozo pequeño de la barra de hierro hacia ese hombre. El hombre disparó hacia la barra para que no le golpeara, pero no fue suficientemente rápido para dirigir de nuevo la pistola hacia Heiji. El policía le golpeó con fuerza a las manos y la pistola cayó al cimento, resbalando con el agua hacia el final del edificio y cayendo de la sexta planta. Heiji sonrió triunfalmente. El hombre empezó a golpearle con los puños y él se defendía con esa barra de hierro, hasta que tropezó de nuevo con el martillo del suelo y cayó perdiendo esa pequeña arma. El hombre de negro le golpeó unas cuantas veces y él consiguió esquivar solo dos golpes, estando tumbado al suelo. Shinichi se acercó a ellos jadeando y tiró una patada encima del hombre para apartarlo de allí. El hombre de negro lo esquivó, pero había conseguido sacar a Heiji de debajo de él.

- ¿Otra? –preguntó el moreno al ver al encapuchado sacando un cuchillo de uno de sus bolsillos.

Shinichi se lanzó encima del hombre, pero estaba ya tan cansado que no llegó ni siquiera a rozarlo. El hombre le clavó el cuchillo en la herida que tenía abierta y Shinichi se quedó tumbado al suelo. Heiji entonces se abalanzó sobre él con los puños, pero el hombre llegaba más lejos con el cuchillo para herirle. El moreno iba recibiendo cortes por todos los brazos y puños, además de tenerlos un poco adoloridos por los golpes que iba dando a ese tipo. Dejó de golpearlo y se apartó un par de pasos. Notaba su respiración muy agitada. Pero era normal. Tenía que alejar a ese tipo de todos ellos y además tenía que llevarlos a todos al hospital.

- ¿Qué…? –preguntó en medio de su respiración– ¿Qué les has hecho?

- Nada… –sonrió el hombre de negro cambiándose el cuchillo de mano.

'Genial… además puede ser zurdo o diestro' pensó el moreno 'no tenía suficiente con agotarme que además él puede modificar sus esfuerzos'.

- ¿Ocurre algo? –preguntó el encapuchado al ver que solo miraba sus manos.

- ¿Qué les has hecho? –preguntó de nuevo Heiji preparándose para poder dar otro golpe.

- No les he hecho nada –añadió– me han dado órdenes de atraerlos todos conmigo y eso es lo que he hecho. Todos han caído. Uno a uno.

- Claro –sonrió el moreno.

Se abalanzó de nuevo hacia él. Un par de golpes más, pero el hombre parecía no notar el dolor y esto le estaba poniendo cada vez más y más nervioso. Suspiró alejándose de nuevo después de recibir otros tres cortes. Empezaba a cansarse.

- ¿Qué ocurre? –preguntó el hombre de negro con una sonrisa– se te acaba el tiempo.

- ¿Qué tiempo? –preguntó Heiji sabiendo perfectamente de lo que hablaba.

- Tu amigo está mal herido y ellos si se mueven un poco podrían caer al vacío de seis pisos –sonrió señalando primero a Shinichi y luego a los demás.

- ¿De verdad crees que se me acaba el tiempo? –preguntó el moreno.

- Estás muy nervioso –observó.

Heiji no dijo nada. Volvió a abalanzarse sobre él, pero esta vez utilizó las piernas. El hombre no se lo esperaba, pero ágilmente dirigió los cuchillos hacia él. Heiji los esquivó, pero terminó cayendo al suelo por tener un mal equilibrio. Desde el suelo en donde estaba, tenía la barra de hierro a su lado. Se levantó aguantándose a ella.

- ¿Qué te ocurre? –preguntó el hombre– si ni siquiera puedes mantenerte en pie.

La verdad es que Heiji llevaba un día agotador. Pensando en lo de Nishio, no había podido dormir mucho. Además, había tenido que correr un par de veces a perseguir un criminal que estaba a punto de escapar de sus garras. Llevaba todo el día de arriba para abajo y había corrido durante 20 minutos para llegar allí. Subir los 6 pisos por las escaleras… demasiado cansado para ponerse ahora a luchar contra alguien que no sentía el dolor.

- ¿Pretendes seguir con esto? –preguntó el encapuchado.

Heiji sin decir nada volvió a tirarse hacia él, le dio un golpe, pero el hombre lo esquivó con facilidad y le clavó el cuchillo al brazo. El moreno se cayó al suelo y se quedó allí tumbado sujetándose el sitio adolorido.

- Ah, se me olvidaba. Hay otra orden que me han dado. Eliminar a Kudo Shinichi –añadió el hombre arrodillándose al lado del nombrado.

- No voy a dejarte –añadió el moreno levantándose una vez más.

El hombre de negro hizo un sonido de sorpresa con la boca mientras sonreía. Estaba claro que no muchas veces la gente le hacía esforzarse tanto. El hombre se levantó y volvió a esperar el ataque de Heiji. El moreno levantó la barra de hierro una vez más, pero el simple peso de la barra ya le hacía cansar más.

- Tengo que alabar tus ganas, pero no puedes luchar solo con las intenciones –sonrió el encapuchado– tu amigo morirá, ¿piensas que puedes luchar para salvarlo tal y cómo estás ahora?

- ¡Cállate! –gritó Heiji enfadado viendo la sonrisa de superioridad que le ponía su contrincante– mientras él siga teniendo posibilidades de sobrevivir, lucharé. Si creo en que él no morirá, nunca perderé. Nunca… nunca perderé contra alguien como tú, mientras todos podamos salvarnos.

No podía permitirlo. Heiji se abalanzó de nuevo hacia él. Le había hecho enfadar de verdad. Golpeó con todas sus fuerzas hacia donde creía que él esquivaría, y acertó. El hombre resbaló con el agua hacia el final del edificio y se agarró con duras penas a la esquina de la sexta planta. Heiji soltó la barra y se acercó hacia él con rapidez. El cuchillo del hombre había caído hacia el vacío también. Heiji le alargó la mano para que lo agarrara pero el hombre sonrió sin preocuparse por su vida.

- Ellos pueden revivir a los muertos –sonrió el hombre– si me creen suficientemente bueno, volveré –añadió soltándose al vacío.

El moreno intentó agarrarle pero no estuvo a tiempo. El hombre ya se había alejado de él. Heiji se quedó tumbado al suelo con la mano hacia abajo y luego se giró. Se quedó mirando al cielo y notó que algo le agarraba al pie. Miró hacia allí. Shinichi le agarraba con una sonrisa.

- ¿Qué haces? –preguntó Heiji aún tumbado al suelo.

- Que bonito –respondió su amigo haciendo enrojecer al moreno.

- Ah, cállate –respondió.

- ¿Y ahora qué? –preguntó Shinichi.

- Ahora a un hospital –sonrió el moreno levantándose y acercándose a los demás.

Les tomó el pulso a todos mientras llamaba por teléfono para llamar a una ambulancia. Parecía que solo los habían dormido. Les golpeó hasta que despertaron.

- ¿Hattori? –preguntó Kaito.

- He venido a salvarte, Kuroba –sonrió el moreno guiñándole un ojo– no hace falta que me des las gracias.

- ¿Qué haces tú aquí? –preguntó el mago girándose y viendo de repente los seis pisos que le separaban del suelo– ¿Qué… qué es esto? –preguntó agarrándose con fuerza a la columna en donde estaba apoyado.

- A esto, amigo mío, se le llama edificio en construcción –sonrió Heiji– bienvenido de nuevo al mundo real.

- Papá… –suspiró Yui acercándose– ¿estás bien?

Él tan solo sonrió.

- Pero si sabes sonreír –se rió la niña ante la sorpresa de Shiho y Eisuke viéndolo.

- ¿Y qué haces tú con nosotros? –preguntó el ladrón– ¿No tenías nada más que hacer?

- ¿Nada más que salvar a uno de mis amigos? –preguntó Heiji tumbándose de nuevo para admirar las estrellas del cielo que la luz de Tokio no le dejaba ver con claridad– No, creo que hoy tenía la agenda vacía aparte de eso y una cena.

- Me había olvidado de eso –añadió Shinichi.

- Pues no creas que te la vas a ahorrar –se quejó el moreno– porque sino Kazuha se pondrá más pesada aún que con lo de esta mañana –se rió.

- No gracias… tu mujer es un demonio –sonrió Shinichi.

- ¡¿QUIÉN ES UN DEMONIO?! –preguntó la voz de Kazuha a gritos.

Se giraron para mirar el principio de la escalera. Kazuha y Makoto estaban de pie, mirándolos a todos. Heiji suspiró y miró hacia el cielo. Le parecía todo tan lejano mientras Kazuha y Shinichi empezaban a discutir como si nada hubiera ocurrido. Sonrió y les miró a los dos. Realmente le parecía muy lejano… aún podía recordar que para él esos 6 años habían sido para no considerar nunca un buen futuro. Al principio, nadie excepto él, el doctor Agasa y los padres de Kudo podían ver la verdad y la realidad. Todos esperaban tan solo que los secuestradores se pusieran en contacto con ellos, pero esos pocos sabían que eso nunca iba a ocurrir. Sabían que quizás nunca volverían a verlos. A veces, mientras seguía una y otra vez las gafas rastreadoras de Shinichi, se sentía vacío por dentro. Sentía que su corazón le bloqueaba el cerebro pensando en que todo sería en vano y que perdería un gran amigo. Hasta que lograba tranquilizarse, él seguía repitiendo una y otra vez el mismo error. Las gafas le llevaban a un parque vacío en las afueras de la ciudad. Entonces suspiraba y giraba hacia atrás y volvía al principio. "Paso a paso" se repetía una y otra vez volvía a recordar de nuevo el primer día en que le conoció… volvía a recordar el día en que descubrió la verdad que le rodeaba… el día en que le ayudó en los asesinatos en serie de Naniwa… los días en que se presentaba por sorpresa, y de nuevo metía la pata llamándolo por su apellido delante de todos… aunque estuviera resiguiendo el camino una y otra vez, cada día le traía un nuevo recuerdo de esos momentos en que estuvieron juntos siendo iguales… deduciendo lo mismo… siendo amigos. Cuando las gafas le llevaban de nuevo a ese lugar, sentía que, aunque estuvieran separados durante un largo tiempo, aunque estuvieran muy lejos el uno del otro, los dos seguirían confiando en el otro, como buenos amigos. Al cabo de una semana, la señal había desaparecido por completo. Kazuha lo estuvo acompañando todo el día sin decir ni una palabra. Fue ese día en que más recuerdos le vinieron a la cabeza. Pasaba el tiempo y él quería asegurarse de no olvidarlo. Realmente había sido un milagro que hubieran vuelto a encontrarse.

Levantó la cabeza hacia el cielo, recordando las palabras que Shinichi le había dicho a Kazuha horas antes. No había podido evitar el sufrimiento de un amigo, pero recordaba haberlo podido sentir el día de su boda entre ellos. Hacía medio año que Heiji había dejado de buscarlo, ayudando en los preparativos de la boda y centrado en su trabajo de la policía. Había mentido a todos acerca de lo de Conan desde el principio, creía que estaba bien lo que había hecho. Había visto llorar a Ran por el niño los primeros días, eso era lo normal. Pero, ese día, el día de la boda, que para él tenía que ser el día más feliz de su vida, él sentía como si fuera un día normal. Hasta que esa sensación le invadió. Esa noche, el moreno habló con su mujer y ella le dijo que volviera a investigar acerca de eso. Cuando él le preguntó el porqué, ella respondió tristemente que durante esos meses él se había esforzado por hacerla feliz, pero que ella también quería saber el motivo de la desaparición de su amigo. Heiji, en cuanto volvieron de su viaje de bodas, se puso en contacto con Hakuba y Nakamori. Sabía que Ran ya se había casi olvidado de eso, centrándose en su trabajo, así que no le pidió nada. Heiji empezó a ir paso a paso, siguiendo lo que ellos creían como verdad. Repasando una tras otra las pistas que tenían, mostrando las fotos para saber si alguien les había visto… hasta que preguntando a la comisaría de Nara les dijeron que había un programa especial en la policía de Kioto que podían ayudar a encontrarlos. En cuanto fueron con Aoko a la policía de Kioto les enviaron con rapidez al programa. Y allí había empezado la semana más extraña de su vida.


Espero les haya gustado :D

Dejen reviews por favor! :D

^^Shihoran^^