Una vez más he vuelto... pero parece que la historia está perdiendo el interés de los lectores, así que voy a empezar a centrarme en lo que quieren. Este capítulo va especialmente para los fans de Hiji y Kazuha! :D

que lo disfruten! :D


Miradas. Cuánto te quiero...

Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?

Fernando Pessoa (Poeta portugués).

- ¿Qué haces, Heiji? –preguntó Kazuha observando a su marido sentado en la mesa con una carpeta y papeles delante de él.

- No entiendo nada –suspiró él removiéndose el pelo.

- ¿Entender? –preguntó ella abrazando a su marido por la espalda y espiando los papeles de delante de él– ¿Esa no es la ficha de Baba? –preguntó.

- Sí –respondió Heiji.

- ¿Entonces no se suicidó? –preguntó Kazuha.

- Se suicidó, pero… tuve desde el principio un mal presentimiento –suspiró el moreno– y ayer, Kudo me dijo que estaba en mi derecho de pensar eso, así que seguramente fue asesinado.

- ¿Quién mataría a un policía? –preguntó su mujer.

- Yo –sonrió Heiji en tono de burla– al fin y al cabo mi compañero era odioso.

- No te burles de eso –pidió la mujer deshaciendo su agarre y poniéndose a su lado.

- Perdona –sonrió el hombre cerrando la carpeta.

- ¿Estás bien? –preguntó Kazuha viendo que se tocaba uno de los vendajes.

- Nunca he estado mejor –respondió Heiji tumbándose al suelo.

- Estás aliviado, ¿eh? –preguntó Kazuha pasando una pierna por encima de él y sentándose encima su barriga.

- ¿Por qué dices eso? –preguntó él.

- Porque da esa sensación –sonrió ella acercando su cara a la de él.

- Siempre conociéndome, ¿eh? –preguntó Heiji– te quiero Kazu.

- Gracias a Dios –suspiró ella besándolo.

- ¿El qué? –preguntó él.

- Hacía tiempo que no lo decías –sonrió su mujer– pensaba que quizás ya te habías aburrido de mi.

- Eso jamás –respondió con rapidez él y en un susurro.

El comedor de su casa estaba iluminado solo por una pequeña lámpara de pie al lado del sofá. Los dos sonreían con sinceridad. Heiji tumbado, con vendajes al cuerpo de los cortes que le habían hecho, Kazuha encima de él con el pelo suelto y el pijama puesto. Hacía tiempo que no se sentían los dos tan tranquilos como entonces. En poco tiempo habían pasado tantas cosas que ahora les parecía una eternidad lejana. A Heiji empezaba a hacerle cosquillas el pelo de su mujer. Hasta que Kazuha se tumbó a su lado en un suspiro.

- ¿Qué ocurre? –preguntó Heiji poniéndose él ahora encima de ella pero sin tocarla.

- Necesitábamos que ese volviera para que todo pudiera volver a la normalidad, ¿eh? –preguntó la profesora.

Heiji se rió.

- ¿Estás celosa de Kudo? –preguntó él.

- Un poco la verdad –respondió ella– él ha conseguido lo que yo no he conseguido en estos años.

- ¿Qué es lo que ha conseguido? –preguntó Heiji.

- Qué Ran y tu os alegréis de nuevo de estar entre nosotros –respondió Kazuha.

Heiji observó con atención los ojos verdes de su mujer. No estaba mintiendo.

- ¿Cómo puedo hacer que perdones mi error? –preguntó con una sonrisa sincera.

La chica miró hacia otro lado pensando.

- Lo que a ti se te ocurra, genio –respondió ella.

- ¿Por qué no empezamos… con esto? –Heiji se apartó de encima de Kazu y la levantó con los brazos haciendo que la chica chillara sorprendida.

- ¿Pe… pe… pero qué haces? –preguntó ella roja como un tomate.

- Llevar a sus aposentos a la pequeña princesa –respondió él llevándola como si de una hoja de papel se tratara.

- Estás herido, loco, suéltame –se quejó ella.

- No –respondió él riendo dejándola con suavidad a la cama– espera aquí –añadió guiñándole un ojo y saliendo de la habitación.

Kazuha suspiró. Menudo idiota. ¿Qué era lo que pretendía ahora? Bueno, para ella estaba bien. Sonrió tiernamente observando el techo de su habitación. Estaba oscuro y eso hacía que pudiera ver las estrellas de la noche por la ventana. No escuchaba nada a fuera de la sala. Se incorporó arqueando una ceja. Hasta que de repente empezó a escuchar la vajilla moviéndose. Era verdad, aún no habían cenado y ya era medianoche. Heiji nunca había cocinado, así que no esperaba poder comer mucho de lo que él hiciera. Pero no le importaba. Sonrió de nuevo tumbándose. Realmente Heiji estaba aliviado. Las cosas irían mejor ahora. Estuvo un buen rato sola en la cama, pensando en todo lo que había ocurrido hasta entonces. De repente se sentía tan feliz que no podía dejar de sonreír.

- ¿A qué viene esa sonrisa? –preguntó Heiji en la puerta aguantando una bandeja entre sus manos.

Kazuha se incorporó y continuó sonriendo hacia él. Heiji sonrió y entró. Le pasó la bandeja encima de ella abrió una de las lámparas que tenían al lado de la cama y salió al comedor a apagar la que quedaba encendida. Volvió de nuevo a la habitación y se tumbó a su lado.

- Qué buena pinta –añadió ella al poder notar el olor.

- No es gran cosa, pero… –suspiró Heiji sentándose a la cama.

- Está bien –respondió ella.

En la bandeja había un plato alargado y grande de color blanco con carne troceada y ensalada. A los dos lados cortos del plato había una tostada pequeña. Y a cada lado de la bandeja había unos palillos y un vaso lleno de zumo. Kazuha cogió los palillos y cogió un trozo de carne. Se lo puso a la boca.

- Está bueno –se sorprendió.

- ¿A qué viene esa cara? –preguntó Heiji.

- Per… perdona –se rió ella.

- Pues claro que lo está, lo he hecho yo –respondió él cogiendo los otros palillos– con todo mi amor.

- No sabía que supieras cocinar –sonrió Kazuha– a partir de ahora tu lo haces todos los días.

Heiji la miró de reojo. Ella se echó a reír.

- Le das la mano y ella se coge todo el brazo –suspiró finalmente él– como quieras. Tampoco es que sepa mucho, así que… comerás quemado cada día –se rió.

- Ya me parecía a mi –sonrió ella cogiendo otro trozo.

- Pues si que está bueno –se sorprendió Heiji haciendo que la mujer volviera a reírse.

Los dos siguieron comiendo en silencio.

- No has comido, ¿verdad? –preguntó Kazuha al cabo de un rato de silencio.

- ¿Cuándo? –preguntó Heiji.

- Al mediodía –respondió ella.

- Ah… no –sonrió él complacido de que lo conociera tanto.

- Cuando os entra un caso tú y Kudo perdéis el norte –suspiró ella.

- Al final seré yo el que se sienta celoso de él –murmuró el moreno mirando de reojo a su mujer.

- Lo siento –sonrió ella viendo como cogía el vaso y daba un largo sorbo– es que os parecéis tanto… –añadió sonriendo traviesa.

Heiji empezó a toser dejando el vaso a la bandeja mientras ella se reía.

- Cómo te pones –añadió en cuanto Heiji se hubo recuperado de haberse atragantado.

- Eso estaba fuera de sitio –se quejó él.

- Solo te quiero a ti Heiji –suspiró Kazuha mirando de reojo a su marido– ¿cómo puedes pensar en otra cosa?

- Las bromas ya se sobrepasaron –se quejó él– mi pobre corazón.

Kazuha apartó la bandeja al suelo porque ya habían terminado de comer. Se tumbó encima de él poniendo su cabeza encima de su pecho.

- Tu corazón está perfecto –respondió ella con una sonrisa mirando los ojos azules de él.

- Está roto –se quejó el otro cruzándose de brazos y sin hacerle caso a la mirada de ella.

- Puedo curarlo –respondió ella acercando sus labios a los de él.

Heiji cerró los ojos. Ella le rozó los labios y sonrió.

- Siempre y cuando nunca jamás te atrevas a dudar de mí –susurró ella.

Heiji abrió los ojos y observó en la poca luz que había los ojos brillantes de ella. Hoy parecía realmente un día extraño. Estaban jugando el uno con el otro con palabras y sonrisas de complicidad. Hacía tanto tiempo que no se sentía tan vivo… se acercó a ella lentamente, pero ella se apartó con rapidez.

- ¿Y bien? –preguntó.

- No me dejes así –se quejó él.

- Respuesta –añadió ella poniendo su frente encima de la de su marido.

- Nunca jamás lo haré Kazu, ya lo sabes –respondió él en un susurro.

Kazuha de nuevo acercó sus labios hacia él. Los besó tiernamente mientras él le correspondía. Se separaron un momento para coger aire y se observaron en ese instante los ojos de nuevo. Ninguno de los dos quería romper ese silencio tan tentador. Realmente estaban aliviados de haber terminado así. Heiji le daba las gracias día a día a ella por atreverse a ayudarlo en esos instantes tan dolorosos. Kazuha le daba las gracias día a día a él por no abandonarla nunca aunque estuviera preocupado o cansado. Se querían el uno al otro y solo con mirarse a los ojos podían verlo a la perfección. No hacían falta palabras para sus corazones. Volvieron a besarse mientras Heiji rodeaba a la chica con sus brazos. Kazuha se sentó encima de él y se separó de él de nuevo. Recordaba perfectamente el día en que se demostraron por primera vez todo el amor. Sonrió y se tumbó a la cama para poder cerrar la luz. Heiji se puso encima de ella una vez más y la besó con ternura. Podían escuchar las respiraciones del otro en ese silencio. Incluso podían sentir los latidos de su corazón, a veces rápidos, a veces lentos. Kazuha le rodeó con los brazos al cuello.

- Heiji… –susurró.

- Dime… –respondió él en un susurro más bajo que ella.

- Te quiero... –confesó ella una vez más– gracias, por lo de hoy.

- Yo también te quiero Kazu –sonrió él en la oscuridad mientras notaba como sus mejillas se enrojecían.

- Soy feliz –añadió ella.

- Me alegro –añadió Heiji besándola de nuevo.

- Por cierto… entonces como ha quedado lo de Baba –respondió mirando de reojo a Heiji.

- Ya mí que me cuentas –se quejó él poniendo mala cara.

- Así que te has olvidado de él –sonrió ella– lo he conseguido.

- Ya no… –añadió de mal humor Heiji.

Ella se echó a reír

- Tan solo quería saber lo que pensabas –respondió Kazuha entre sus risas– a veces no entiendo tu cerebro la verdad.

Él también se rió.

- ¿Y tenías que ser tan directa para saberlo? –preguntó aún en medio de su agarre.

- Sí no lo hubiera sido te hubieras ido por las ramas –respondió ella.

- Así que dudas que no piense solo en ti de vez en cuando, ¿eh? –preguntó él.

- ¿Solo en mi? –preguntó ella acercando sus labios– me alegra más oír eso.

- Es la verdad –respondió él besándola.

- ¿Y hay algún momento en el que no pienses en mí? –preguntó ella.

- ¿Qué es eso una pregunta trampa? –preguntó Heiji levantándose de golpe aún en su agarre y por lo tanto incorporándola a ella también.

- Yo no hago preguntas trampa –respondió ella mirando de reojo.

- Pues eso es lo que parecía –se quejó él.

- Si hubieras respondido al acto te hubieras salvado de un buen castigo, querido –suspiró ella.

- No hay ningún momento en que no piense en ti –se quejó él mirando hacia otro lado aún más rojo que antes, aunque en la oscuridad y su piel morena no se apreciara.

- ¿Ah no? –preguntó ella sorprendida.

- Y mira que es complicado –se quejó él suspirando– en mi trabajo debo mantener mis pensamientos lejos de las distracciones. No es nada fácil, ¿lo sabías? –ella se echó a reír con una mano en su boca y la otra aún rodeando el cuello del chico– no te rías, no tiene ni pizca de gracia.

- Entonces mejor no pienses tanto en mi –sonrió ella– sería peligroso que te distrajeras y terminaras herido –añadió volviendo a agarrarlo– yo no me lo podría perdonar –terminó bajando más la voz que antes.

- Nunca sería tu culpa –respondió él besándola de nuevo.

La tumbó con delicadeza en la cama y sonrieron los dos.

- Por supuesto que sería culpa mía –añadió ella.

- No… tú no tienes culpa de ser tan bonita y amable –respondió Heiji guiñando un ojo.

Sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y podían ver por completo la cara del otro.

- Oh… gracias… –respondió ella– la cosa va mejorando –sonrió con malicia– ¿Algo más?

Él la miró de reojo.

- No sé si te mereces algo más –suspiró finalmente– con esa cara…

- Pero serás… –se quejó Kazuha cogiendo el cojín y poniéndoselo en la cara– pues ahora vas a besar a tu almohada, antipático.

Él se rió, se quitó la almohada de la cara y volvió a poner sus manos al lado de la chica apoyado en la cama. Acercó con tranquilidad sus labios a los de ella. Ella se cruzó de brazos y giró la cara haciendo pucheros.

- Con que esas tenemos, ¿eh? –preguntó– de acuerdo…

Le besó el cuello haciéndola estremecerse.

- ¿Estás loco? –preguntó ella.

- Por supuesto que no –respondió él besándola de nuevo en los labios– ¿vas a perdonarme?

- Por supuesto –respondió ella correspondiendo de nuevo su beso– siempre, mi detective idiota.

Él sonrió en medio del beso. La miró con los ojos cerrados. Cuánto la quería… la noche era larga y los dos se tenían el uno al otro. No podía haber nada mejor en ese día. Kazuha abrió los ojos después de ese largo beso. Le había notado sonreír. Estaba claro que era feliz. Observó en la oscuridad los ojos brillantes iluminados por la luz de la luna que entraba a esas horas por la ventana. Deshizo su agarre y puso sus manos al lado de la cabeza. Él le agarró las manos acariciándolas suavemente. En ese momento los dos confiaban el uno al otro y desprendían felicidad por todos lados. El juego de palabras les había llevado a entenderse tan bien en un momento como ese. Y es que esos sentimientos resonaban en sus pechos. No hacía falta que dijeran nada, cada uno conocía el corazón del otro y con solo estar a su lado estaban satisfechos. Aunque durante el día estuvieran lejos el uno del otro cada uno podía sentir el corazón del otro, sin necesidad de llamarse… sabían que siempre… siempre se querrían.

- Cuánto te quiero… –suspiraron los dos en una sonrisa.

Se fundieron de nuevo en un beso profundo. Con una mirada se perdonaban sus errores, con una mirada sentían los miedos del otro, con una mirada podían conocer sus corazones. Con una sola mirada sabían cuanto se habían añorado durante el día. Estuvieran donde estuvieran durante el día a día, las noches eran para ellos. Y esa noche más que nunca sería especial para los dos…


Bueeeeno aquí otro capítulo... espero les haya gustado y tanto si es que si como si es que no me dejen reviews! please!

^^Shihoran^^