Buenas tardes!
Aún no ha pasado el mes pero he conseguido inspirarme antes así que... aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os guste! :D
Laurii19: muchas gracias. Espero que este también te guste.
Kaoru240: jajaja espero que este capítulo te guste tanto o más :D
Tengo que advertirles, que en este capítulo hay un chiste un poco para mayores, de parte de Kazuha y Ran... así que si alguien no lo ha entendido... Por favor no pregunten no les voy a dar la respuesta XD.
Deseo que les guste :D
Palabras de Silencio.
Es mejor ser Rey de tu silencio, que Esclavo de tus Palabras.
William Shakespeare (Escritor británico).
Llevaba ya toda la noche en el hospital y le parecía una eternidad. Shinichi no podía quedarse allí quieto. Tenía mucho por hacer y poco tiempo para hacerlo. Mientras tanto, sabía que Kaito, Shiho, Yui y Eisuke estarían arreglando los destrozos del apartamento y maldiciendo sus huesos porque no les ayudaba. Le parecía extraño que con lo cansado que estaba en cuanto la noche estaba llegando, que en toda esa noche en el hospital no hubiera ni intentado cerrar los ojos. Se le había ocurrido el levantarse y sentarse en la silla de al lado de la ventana, pero la herida le volvía a doler como si fuera el primer día. Así que se limitó a contemplar el paisaje por la ventana, viendo que las estrellas empezaban a desaparecer por el avance del sol. Seguía pensando en lo que había ocurrido por la noche. ¿En qué momento se había vuelto tan débil para que Hattori dijera todo aquello? Empezaba a notarse cansado, pero aún así sus ojos no se cerraban. O quizás no querían cerrarse. El sol fue saliendo poco a poco y las enfermeras entraron para traerle el almuerzo. El seguía con los brazos cruzados detrás de la cabeza, observando como el cielo se volvía cada vez más claro. Al cabo de un rato, las enfermeras entraron para recogerle la comida. Le preguntaron si no tenía hambre porque no había comido nada, pero él siguió mirando por la ventana distraído. Ni siquiera se había dado cuenta de que le estaban hablando. O quizás no quería darse cuenta. Él seguía mirando el paso del tiempo por la ventana. Hasta que en algún momento escuchó que alguien golpeaba a la puerta sin decir nada. No hacía falta que mirase hacia atrás. Sabía a la perfección quien era, solo con su presencia. Ran sin esperar respuesta entró a la habitación. Dejó su bolso al suelo y se sentó al lado opuesto de donde Shinichi miraba. Estuvieron los dos en silencio un buen rato, hasta que Ran se levantó y se sentó en la silla de delante de la ventana. Le miró a los ojos distraídos.
- Las enfermeras dicen que no has comido nada –susurró como si él tuviera que enfadarse por cortar el silencio.
- No tengo hambre –respondió él secamente– ¿estás bien?
- Sí –respondió ella– solo fue una torcedura –añadió mirándose el tobillo que le cubría una falda larga de color marrón claro.
De nuevo el silencio incómodo tuvo lugar.
- ¿Qué ocurre? –esta vez era él quien se atrevía a romperlo.
- Yui le ha dicho a Kazuha que no estarías bien tú solo y ella me ha dicho que fuera yo –respondió Ran– como es mi día libre…
- Típico de Yui –comentó él desviando sus ojos hasta el techo– pero me creía más que eso lo haría Suzuki.
- Sonoko te odia demasiado ya –respondió Ran– pero no sé el porqué hiciste que Kazuha dejara de odiarte.
- Ella me preguntó yo le respondí –añadió el herido.
De nuevo silencio. Ran se miraba los pies jugando con ellos como si de una niña con zapatos nuevos se tratara. Shinichi seguía con los brazos detrás de la cabeza y miraba al techo. De repente la abogada miró debajo de la cama y observó todas las paredes que tenía la habitación.
- No hay micros, he estado despierto toda la noche –informó Shinichi.
Ella lo miró.
- ¿Qué hiciste? –preguntó haciendo que él la mirara.
- ¿Cuándo?
- Con Kazuha –se rió Ran al ver lo nervioso que se ponía él.
- Ah… bueno, decirle la verdad –informó él– pero es que me prohibió decirlo de nuevo.
- ¿Qué mentira le dijiste? –preguntó ella mirándolo de reojo.
- Te he dicho la verdad –se quejó Shinichi mientras ella se reía de nuevo.
- Vamos dime lo que le dijiste.
- Que Kudo Shinichi murió hace 3 años –informó él observando cada movimiento de su amiga.
Ella se quedó en silencio mirándolo sin hacer ningún otro movimiento.
- A partir de ahí se puso más pesada que Sonoko con lo de intentar buscarte pareja –sonrió Shinichi volviendo a mirar al techo.
Ran parpadeó un par de veces y sonrió.
- Pues vas a tenerle que decir a Kudo Shinichi que yo solo voy a ser amiga de él, no de sus otros cómplices –respondió la abogada cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado.
Shinichi giró de golpe la cabeza hacia ella sorprendido.
- ¿Quién puede hablar con los muertos, Ran? –preguntó el detective.
- No puedes llamarme así, solo él puede hacerlo –se quejó la chica.
Shinichi volteó su mirada hacia la puerta de la habitación suspirando. Se había esperado muchas respuestas por su parte, pero nunca se había imaginado esa. Hasta que ella se echó a reír. Shinichi la miró sonriendo. Al menos se lo pasaba bien gracias a él.
Los dos volvieron al silencio una vez más.
- Kazuha te ha dicho que vinieras, pero tú estás aprovechando porque ahora no me puedo mover, qué gracia… –se quejó Shinichi.
- Por supuesto –sonrió Ran– y que sepas que en cuanto salgas de aquí recibirás la paliza de tu vida.
El silencio invadió de nuevo la habitación. Ran bajó la cabeza con una sonrisa tímida.
- Te… te… –tartamudeó Shinichi en medio de ese incómodo, y ya agotador, silencio– te… –Ran le miró con más intensidad haciendo que él se ruborizara un poco– te he echado de menos… –terminó en un susurro casi inaudible.
La chica sonrió traviesa con un tono rojizo en sus mejillas.
- Pues yo no, la verdad –respondió Ran.
Shinichi desvió con rapidez su mirada. Una vez más miraba hacia la ventana, pero Ran pudo apreciar en ella un poco de tristeza. El silencio esta vez se hizo más largo. Tan solo disfrutaban de la presencia del otro, porque no sabían que más decirse. Poco a poco, Shinichi fue cayendo por el cansancio. Ran, al ver que se estaba durmiendo, se levantó en silencio. La mano del detective la agarró del brazo. Ella se quedó quieta y miró hacia él. Los ojos que hacía unos instantes se estaban durmiendo, ahora estaban abiertos y asustados.
- ¿Qué haces? –preguntó Shinichi en un susurro.
- Pensaba que si querías descansar mejor me iba –respondió Ran.
La mano que la agarraba empezaba a temblar. Ella miró los ojos de Shinichi preocupada. Tenía miedo, estaba cansado, triste, solo…
- Pero da igual, como tengo el día libre creo que me quedaré hasta que despiertes –sonrió cálidamente la abogada.
Se sentó de nuevo y Shinichi deshizo su agarre.
- ¿Puedo preguntarte algo? –añadió ella observando los ojos azules de su amigo.
Él se quedó mirándola sin decir nada, esperando a que hablara. Ella supo en seguida que le daba permiso para hacerlo.
- Ayer también noté eso igual que ahora –suspiró Ran– ¿de… de qué tienes miedo?
- ¿Miedo? –preguntó Shinichi desviando su mirada de nuevo– no sé de qué me hablas –terminó mientras cerraba los ojos.
Ran sonrió tristemente en un suspiro. Por lo menos en eso no había cambiado: seguía siendo ese chico orgulloso de sí mismo. Dejó escapar una pequeña risa.
- ¿De qué te ríes? –preguntó él sin abrir los ojos y en una voz casi inaudible.
Ella negó con la cabeza.
- No has cambiado nada –respondió sonriendo– descansa, seguro te irá bien –añadió al ver que él abría los ojos un poco ruborizado– yo… yo no me voy a ir de aquí –sonrió.
Shinichi se quedó quieto observándola. El silencio de nuevo se había apoderado de los dos. Ran había notado un poco de alivio en él en ese momento. Se quedó quieta viendo pasar el tiempo en la cara de él, que poco a poco fue cerrando los ojos. Poder ver la cara de su amigo dormida la daba una sensación de alivio y satisfacción… hacía que su corazón palpitara con fuerza… una vez más. Pasaron solo dos horas más y entró de nuevo una enfermera llevando una bandeja de comida. Ran sonrió al ver la cara de fastidio de la mujer al verlo dormido. Se llevó de nuevo la bandeja. Ran, en cuanto la enfermera hubo salido, agarró su bolsa y sacó una carpeta de papel azul. La abrió y sacó un bolígrafo de uno de los bolsillos de su bolsa. Aún en sus días libres se llevaba el trabajo con ella. Pero esa vez era distinto. Podía observar al chico dormido, eso la tranquilizaba haciendo que pudiera concentrarse mucho mejor en su trabajo. Empezó a leer, remarcando algunas palabras de los informes, o escribiendo notas al lado. La verdad es que empezaba a tener hambre, pero después de verlo tan asustado no podía irse de la habitación y dejarlo solo ni siquiera para ir a comprar algo. Se quedó mirando a Shinichi una vez más. Su cara demostraba una vez más su preocupación. Qué era lo que había ocurrido para que pasara eso. Qué era lo que lo asustaba de esa manera. De repente otra pregunta la hizo enrojecer. Por qué se sentía a salvo con ella. Seguro que sería con cualquier persona, pensando en la situación de esa organización criminal. Sí, seguro era eso… movió su cabeza con rapidez para dejar de pensar en eso y volvió a fijar su mente en los papeles. Pero esa pregunta le volvió de nuevo a la cabeza haciendo que levantara una vez más la vista hacia él. Y si era realmente por ella… le había dicho que la había echado de menos… esas palabras que le había dicho en Londres… seguían presentes de nuevo en su cabeza. Sonrió con la idea y volvió a bajar su mirada medio roja. Pasaron unas cuantas horas más. Las enfermeras iban y venían para comprobar si seguía durmiendo. Tenían una norma muy clara, al parecer, no debían despertar nunca a un paciente. Una de ellas comprobó las constantes del chico, bajo la atenta mirada de Ran. Hasta que llegaron las 5 de la tarde. Ella acababa de comprobar el teléfono, ya habían pasado unos minutos de esa hora y, mientras estaba guardando su teléfono en el bolsillo de su chaqueta, Shinichi empezó a moverse. Ella se quedó quieta, mirándolo fijamente, hasta que abrió los ojos con lentitud.
- Buenos días –sonrió Ran ampliamente.
- Buenas tardes –observó él en el cambio de iluminación de la ventana.
- ¿Estás bien? –preguntó ella.
Él sonrió afirmando. Ella suspiró aliviada. En ese momento llamaron a la puerta, aunque esta estuviera abierta desde hacía un buen rato.
- Venimos a ver a nuestro enfermo –sonrió Kaito entrando alegremente junto con Eisuke, Yui y Shiho.
- Vuélvete por dónde has venido, Sora y no taladres –se quejó de mala gana el detective de Tokio.
- ¿Has descansado, verdad? –preguntó el mago.
Shinichi le miró de reojo sin entender.
- Solo respondes así cuando descansas –añadió el ladrón encogiéndose de hombros.
- Eso es cierto, papá –confirmó la niña.
- Ya era hora de echo –suspiró Eisuke– llevabas 4 días sin dormir.
- ¿A qué habéis venido? –preguntó él con voz de fastidio al ver que Ran empezaba a reírse de ellos.
- ¿Es que no podemos visitar a un amigo enfermo? –preguntó Shiho apoyándose a la pared de la habitación al lado de la ventana.
- Parecéis más cansados vosotros que yo –sonrió Shinichi haciendo que los demás lo miraran extrañados.
Yui se sentó en la silla vacía con una sonrisa.
- Además… seguro no comiste nada, ¿verdad? –preguntó Eisuke sentándose al final de la cama.
- ¿Así que el herido es un mal enfermo, eh? –preguntó Heiji entrando con Kazuha detrás.
- Otro que molesta –suspiró Shinichi.
- Yo no molesto –se quejó el moreno mientras Kaito chasqueaba la lengua desviando su mirada.
Ran sonrió, guardando la carpeta y el bolígrafo en la bolsa mientras los demás, excepto Kaito, se reían. Dejó la bolsa bajo la cama del chico y se levantó ante la atenta mirada de todos los presentes.
- Perdonad, en seguida vuelvo –añadió saliendo de allí.
Kazuha la siguió.
- ¿Y bien? –preguntó la profesora en cuando se hubieron alejado un poco de allí.
- ¿Qué? –preguntó Ran mientras bajaba las escaleras con tranquilidad.
- ¿Habéis hablado? –preguntó Kazuha impaciente.
- Un poco –respondió su amiga entrando en el restaurante.
- ¿Y qué? –preguntó Kazuha con una sonrisa traviesa.
- Me ha echado de menos –informó Ran con una sonrisa inevitable.
- ¿Nada más? –preguntó la profesora decepcionada.
Ran miró a su amiga con sorpresa mientras señalaba un pequeño bocadillo a la camarera que había detrás de la barra.
- ¿Por qué pones esa cara? –preguntó la abogada.
- Por nada –sonrió Kazuha con disimulo.
- ¿Has hablado ya con Heiji? –preguntó Ran mientras pagaba y recogía su comida.
- ¿Con Heiji? –preguntó la chica de ojos verdes un poco ruborizada– ¿So… sobre qué?
- Lleváis un tiempo muy fríos –observó su amiga– pensé que quizás ahora Heiji estaría mejor –añadió mientras salían las dos del edificio.
- Muy fríos, ¿eh? –preguntó Kazuha con enfado mientras Ran empezaba a comer– ¿Qué ahora estaría mejor?
- ¿Qué ocurre? –preguntó la abogada sorprendida de la cara de su amiga.
- Se quedó dormido –se quejó la chica con acento de Osaka levantando la voz.
- ¿Do… dormido? –preguntó Ran sin entender.
- Anoche… las cosas iban a mejor –suspiró Kazuha sentándose en un banco mientras Ran seguía comiendo– iban muy bien, pero… a este paso nunca tendré hijos… –se quejó mirando a su compañera con los ojos llorosos y medio ruborizada.
- ¿Se… se… se… se… se… se… dur…? –Ran tartamudeó con rapidez medio avergonzada.
- ¿Y para que quieres tener hijos, Kazuha-sensei? –preguntó la vos de Yui alegremente desde el lado de ellas dos.
Las dos mujeres gritaron al instante mirándola.
- Yui-kun, no me asustes así… –suspiró la mujer Hattori una vez hubo comprobado quién era.
Se puso la mano delante del pecho y observó a su alrededor. La gente les estaba mirando.
- ¿De qué estabais hablando? –preguntó la niña inocente poniéndose delante de ellas con una sonrisa.
- No está bien esto, Yui-chan –sonrió Ran nerviosa después de un largo silencio entre las tres– no puedes escuchar las conversaciones ajenas de esta manera.
- No si realmente te pareces a mi madre más de lo que creía, Ran-oneechan –suspiró la niña poniéndose sus manos en la cintura y mirando hacia la entrada del hospital– hablando de conversaciones ajenas, ¿qué hacen esos aquí? –preguntó yéndose.
- Espera Yui-chan, ¿a dónde vas? –preguntó Ran.
- Esos tipos son agentes de la BO –respondió ella señalando a tres hombres que acababan de entrar al hospital.
Yui siguió andando mientras Ran y Kazuha se miraban entre ellas. Se levantaron de golpe y la siguieron con prisas. Ran se había terminado ya el bocadillo mientras las tres subían las escaleras de dos en dos. En cuanto llegaron al segundo piso en donde estaba la habitación de Shinichi vieron a los tres hombres entrando a donde ellas se dirijian.
- Oh, cuánto tiempo, James, Aki, Fujimoto –escucharon la voz de Shinichi antes de entrar.
Heiji se había sentado en la silla alejada de la ventana, Kaito y Eisuke estaban apoyados en el final de la cama del chico y Shiho seguía apoyada en la pared. Al escuchar la voz del herido, todos se giraron para ver a los hombres, y Shiho, Eisuke y Kaito giraron de nuevo sus miradas. Los tres hombres llevaban un traje de color gris. El que parecía el jefe de ellos estaba delante y llevaba unos zapatos marrones y un sombrero completamente negro en la mano, era un hombre de rasgos americanos. El de la derecha detrás de él, llevaba una corbata de color negro y gafas de sol; el de la izquierda llevaba una pajarita negra y las manos en los bolsillos como si estuviera escondiendo algo.
- Me llamo Jack –suspiró el americano con voz cansada.
- Por mucho que te empeñes… –sonrió Shinichi sentado en la cama– sigues teniendo cara de James.
- ¿Qué estás comiendo? –preguntó en un tono serio el hombre.
- Una manzana envenenada, ¿quieres James? –preguntó con una sonrisa maliciosa alargando la fruta hacia él.
- No te burles –se quejó de nuevo el hombre con voz cansada por la broma de su nombre.
Shinichi se encogió de hombros y mordió la manzana una vez más.
- ¿A qué has venido? –preguntó Shinichi sin mirarlo.
- Hemos oído que había uno de los nuestros herido –respondió el jefe de los tres intrusos.
- Oh, qué gran honor, Je… Ja… Je… Ja… Je… Ja…
- Jack –le interrumpió ya harto el hombre– y ya sabes a lo que me refiero.
- No, no sé a lo que te refieres y si no te importa me gustaría no tener que contar más víctimas –sonrió Shinichi– como puedes comprobar aquí hay gente inocente.
- Tú eres el único que mata a inocentes Kudo –añadió el hombre.
- Kudo Shinichi murió hace tres años Jack, tus jefes lo mataron –añadió mordiendo de nuevo la manzana.
- Y yo tengo que creérmelo, habéis sobrevivido suficientes veces, ¿no crees? –preguntó el hombre de la pajarita.
- ¿Tienes algún problema con eso, Fuji? –preguntó Haibara cruzándose de brazos y poniéndose delante del hombre.
- A… apa… apártate de mí, Sherry –se quejó el hombre andando de espaldas para separarse de ella.
- ¿Es que me tienes miedo, Fuji? –preguntó la mujer.
- Bueno, esta conversación ya se está alargando, les aconsejo que se vayan de aquí amablemente, James –sonrió Kaito poniéndose delante de Jack– no creo que pueda contener a mi compañera.
- Seguiremos amablemente tu consejo, Kuroba –sonrió Aki, empujando a Fujimoto hacia la salida– hasta otra…
Yui, Ran y Kazuha se apartaron para dejarlos pasar.
- Te voy a dejar una advertencia, Silver Bullet –sonrió Jack con malicia– van a ejecutarte en tres días según nuestros informes. Espero que para entonces hayas terminado los informes y hayas cumplido tu palabra de heroísmo.
- Lo siento pero mi palabra de héroe no es para unirme a unos asesinos, James, ya te lo dije entonces y seguiré diciéndotelo ahora.
- No somos asesinos –informó el hombre girándose para irse– somos la ley americana y tú nos perteneces –añadió observando al herido.
- Yo no pertenezco a nadie –sonrió él– y mucho menos recibiré órdenes de los asesinos de la Interpol.
- Voy a encerrarte aunque sea lo último que haga –sonrió el hombre– por nuestra compañera.
- ¿Vuestra compañera? –preguntó Shinichi viendo como el hombre se iba– ¿Qué es lo que no me habéis dicho, chicos? –preguntó mirando hacia Eisuke.
- Miki ha muerto esta mañana –informó el agente de la CIA– ya sabes, electrocutada.
- ¿Dónde? –suspiró sentándose en la cama y bajando los pies al suelo.
- Bajo nuestra protección, Shin –suspiró Kaito– fue de madrugada, ni… ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que ese tipo había estado con nosotros toda la noche.
- ¿Shinichi qué haces? –preguntó Ran viendo que se estaba levantando de la cama.
- Largarme de aquí –informó él– está bien, Shiho desapareced.
- Roger –respondieron Yui y Haibara a la vez.
Las dos se acercaron a la ventana y observaron.
- ¿Qué te parece? –preguntó Shiho.
- Como en los viejos tiempos –susurró la niña– tres francotiradores, cuatro agentes, mi padre y ese hombre.
- Estamos rodeados ya –suspiró Kaito sacando de debajo de su chaqueta una pistola.
- ¿Dónde, Yui? –preguntó Eisuke.
- Tejados, carretera, entrada y retaguarda –respondió ella.
- ¿Probabilidades? –preguntó Shinichi.
- Tenemos 10 minutos y tendríamos el 50% –informó Haibara mirando al jardín– a partir de esos 10 minutos, los porcentajes se reducen al 0, jefe.
- Os doy 5 minutos, despejad.
Yui abrió la ventana y saltó por ella haciendo que todos se alarmaran. Haibara la siguió.
- Kai, retaguarda, Eisuke carretera –ordenó Shinichi.
- ¿Qué vas a hacer, Shin? –preguntó el mago.
- Voy a hacer una visita a nuestro antiguo amigo –sonrió él– abriendo el pequeño armario que había en la habitación y cogiendo su ropa– como le toque un solo pelo a Yui se las verá conmigo.
- Y con el fantasma de Mary –se rió el ladrón saliendo de la habitación corriendo con la pistola levantada.
- Eres el único que cree en eso, Kid –suspiró Eisuke siguiéndole y sacando su pistola también.
- Que todos se metan en las habitaciones, vamos, somos la policía, es una orden –se escuchó a la voz de Kaito– apresurad el paso.
Bueeeenooooooooooooooo! Os dejo para que penséis un poco en lo que viene a continuación! jajajaja
Espero vuestros reviews! :D
^^Shihoran^^
