Buenas de nuevo! :D
Estoy actualizando con más rapidez porque quiero llegar a año nuevo con un capítulo que seguro les gustará a todos... así que voy a actualizar más rapido ;D Siguiendo mis anteriores capítulos, voy a comentar sus reviews :D
CoolGirl97: Me alegro de que te haya gustado. Creo que este mes va a ser menos de una semana cada capítulo... espero XD No es injusto! Es para forzarme a escribir! XD Tengo como 4 capitulos de margen por si algun dia me quedo sin inspiracion y asi poder cumplir con los períodos asignados.
Laurii19: Me alegro que te haya gustado... creo que ese fue el capitulo más flojo que escribí, pero bueno XD si os ha gustado significa que solo fue a mi modo de pensar :D Espero que disfrutes de ese también ;)
Anonimo: De acuerdo ya continuo! XD gracias por tu review persona sin nombre *^*
Lady Paper: GRACIAS POR TU CRITICA! Estoy mejorando *^* mejor n.n la verdad a mi me parecio muy cursi mientras lo escribia XDDDDDDDDDDDDDDDD los empalagosos forman parte de mis historias, esa parte la siento por ti XD me alegro que aun asi te haya gustado ;) y bueno... ESPERO QUE ESTE CAPITULO LO DISFRUTES! KAITO AL PODER! JAJAJAJAJAJAJAJA
O-Kisame: thankx ;) y gracias por seguir leyendo.
Bueno... espero que les guste este nuevo capítulo! :D pronto las cosas van a encajar todas ;D
El Regreso del Malo más Bueno.
El Diablo es optimista si cree que puede hacer más malo al hombre.
Karl Kraus (Poeta, autor satírico y crítico austríaco).
Salió de casa repasando si se dejaba alguna cosa. Nakamori Aoko sonreía mientras miraba una pequeña libreta negra en su mano. Esa cosa ya no le hacía falta, pero se sentía orgullosa de todo lo que había hecho en ella, así que no podía desprenderse tan fácilmente de ese objeto. Todas las investigaciones que había realizado acerca de la Organización más criminal de todo el mundo estaban allí. Se miró la ropa que llevaba puesta. Unos pantalones cortos de color verde un poco oscuro y una camisa negra de manga corta con escote. Estuvo andando un buen rato hasta el trabajo, se sentía tan bien consigo misma que ni siquiera se había acordado de coger el autobús. Sonrió viendo el edificio que se levantaba delante de ella. A partir de entonces empezaría nuevas investigaciones para solucionar ese problema con la Organización, pero ya no sería tan desesperado… Kaito había vuelto. Como si su mente le hubiera llamado lo vio en el vestíbulo de la comisaría hablando tranquilamente con la recepcionista del edificio. Una mujer de ojos marrones y pelo rojizo, que atendía a la gente con un aparato de comunicación que estaba conectado al teléfono de recepción de la policía.
- Kaito –se sorprendió la chica al verlo riéndose con esa mujer.
- Oh… Aoko –sonrió el mago al verla– ¿A qué viene eso de Kaito? Me llamo Sora –sonrió él guiñándole un ojo.
- Oh, claro… –suspiró ella– ¿qué haces aquí?
- ¿Cómo que, qué hago aquí? –preguntó su compañero– trabajo aquí al departamento de robos –añadió sacando la lengua.
- No fastidies que… el ladrón más famoso de Japón está traba…
- No soy un ladrón –se quejó él.
- Lo que tú digas –sonrió ella– entonces ¿por qué no has ido ya a tu departamento?
- Porque no quiero escuchar a ese viejo de tu padre chillando –se quejó el chico apoyándose al mostrador de recepción con una sonrisa.
- Qué vida más fácil que tienes –suspiró ella– al fin y al cabo no necesitas trabajar aquí, ¿o me equivoco?
- Te equivocas –sonrió Kaito sinceramente– estoy aquí para encontrar a los que mataron a mi padre, nada más… sino hubiera sido un mago de renombre que buscaría superar al mejor de todos –sonrió empezando a andar junto a ella.
- Al mejor de todos, ¿eh? –sonrió Aoko– Kuroba Tooichi, ¿verdad?
- Así es –respondió él mientras pulsaba el botón del ascensor.
Aoko se quedó en silencio viéndolo. Esperaban a que el aparato bajara hasta allí para poder subir hasta sus plantas. Mientras tanto un montón de hombres de la comisaría se quedaron mirándolos.
- Por cierto Aoko, ¿has visto alguna vez a un hombre con sombrero y bigote como la BO? –preguntó el mago.
- No para nada… ¿su nombre? –preguntó la chica.
- Snake –respondió él.
- Buenos días Nakamori-san –sonrió un chico entrando al ascensor con ellos que acababa de abrir sus puertas.
- Buenos días Matsumoto-san –sonrió ella– ¿y quién es ese tipo? –preguntó mirando a su amigo una vez más.
- El tipo al que busco –suspiró pulsando el botón del ascensor– ni siquiera hackeando los sistemas lo hemos conseguido encontrar… aparece para robar las joyas que cree que pueden serle de utilidad, mata a alguien y se larga como si de un fantasma se tratara.
- Pero esto es lo que hacen ellos de lo normal, ¿no es así Kai… digo Sora?
- Claro que hacen lo normal… pero tengo que encontrar a ese tipo de alguna forma –suspiró el ladrón– además no son lo mismo esa gente con ese tipo.
- ¿No son lo mismo? ¿Qué quieres decir? –preguntó ella mientras el hombre que había subido con ellos les observaba con interés.
- Pues que esa gente son solo asesinos, y ese tipo es un maldito ladrón con el dedo en el gatillo.
- Dime… ¿cómo sabes de ese tipo, entonces? –preguntó la chica observando con atención a su amigo.
- Porque intentó matarme unas cuantas veces –se rió el chico.
- ¿Cómo? –preguntó ella.
- Ya sabes mientras tu padre me perseguía.
- Ah… –la puerta del ascensor se abrió– bueno este es mi piso –sonrió– espero que te vaya bien con mi padre –añadió saliendo y girándose para mirarlo– ten un poco de paciencia con él, ya es muy grande.
- No es tan grande aún, podré con él –sonrió el mago mientras las puertas se cerraban.
El ascensor continuó su camino.
- ¿Qué relación tienes tú con Nakamori-san? –se atrevió a preguntar el hombre que aún le acompañaba.
Kaito se quedó mirando al extraño hombre de pelo oscuro y ojos verdes que le observaba con atención.
- ¿Puedes volver a repetir la pregunta por favor? –preguntó el chico atónito.
- ¿Qué relación tienes tú con Nakamori-san? –repitió el hombre.
- La entendí bien desde el principio –susurró el mago después de un suspiro.
- ¿Entonces por qué me haces repetírtelo? –preguntó el hombre alzando un poco la voz.
- ¿Y a ti que te importa la relación que tenga con Aoko? –preguntó su amigo fastidiado.
- No la llames por su nombre, no está permitido en esta comisaría –se quejó él.
Kaito suspiró mientras veía como las puertas se abrían de nuevo.
- ¿Ese no es tu piso? –preguntó el ladrón señalando la puerta con cara de fastidio.
El hombre chasqueó la lengua y salió del ascensor a regañadientes.
- Ha sido un placer hablar contigo –sonrió el mago mientras las puertas volvían a cerrarse– ¿A qué ha venido esto? –preguntó en cuanto se hubo asegurado de que nadie le oía.
Suspiró esperando un par de pisos más y salió del ascensor aún con esa pregunta rondándole por la cabeza. Se encogió de hombros y volvió a sonreír mientras abría la puerta del departamento.
- Bueno, hoy vamos a tener a un nuevo miembro en nuestro equipo, se llama Takahashi Sora –estaba diciendo el inspector Nakamori a un grupo de gente que le rodeaba– ¿de dónde me suena ese nombre?
- Soy yo inspector –sonrió el mago acercándose– cuánto tiempo sin verte.
- Kuroba-kun… –se sorprendió el hombre al verlo.
- ¿No acaba de leer mi nombre inspector? –preguntó el ladrón en un suspiro– ¿Por cierto, qué les pasa en esta comisaría con su hija? Un hombre se ha enfadado porque he hablado con ella…
- No me hables de eso, no duermo casi nada por culpa de todos esos buitres que la rodean –se quejó el hombre– ¿y qué pasa con tu nombre?
- Soy testigo protegido del FBI, por eso no tengo un nombre fijo nunca, inspector –sonrió Kaito– ¿alguien tiene una pregunta al respecto? –preguntó viendo que sus nuevos compañeros aún le miraban y escuchaban la conversación.
En seguida todos se giraron para empezar con sus trabajos.
- Muy bien, entonces Kuro…
- Takahashi –interrumpió el ladrón.
- Esto… Takahashi Sora… –leyó el hombre a la placa que el mago llevaba colgando del pecho– por lo que le hiciste a mi hija te vas a pasar todo el día castigado.
- ¿Castigado haciendo qué inspector? –preguntó el joven mirándolo de reojo.
- Informes –sonrió el padre de su amiga cogiendo una pila de carpetas de color marrón claro, de encima de su mesa, y dejándolas encima de las manos del ladrón.
- Me lo temía –sonrió.
- Esta es tu mesa –sonrió el hombre señalando la mesa más cercana a la del inspector– Por cierto, esta señorita de aquí –añadió señalando a una chica que se acercaba a ellos– será tu compañera a partir de ahora.
El mago se giró para verla. Era una mujer igual de alta que él y de pelo muy largo y claro. Llevaba puesta una falda negra y corta y un jersey de manga larga de color naranja.
- Un placer –sonrió ella– me llamo Ariwara Akane –sonrió– si tienes cualquier duda, puedes preguntar.
- Takahashi Sora –sonrió el ladrón agarrando la mano que la mujer le alargaba– el placer es mío, princesa –añadió besando su mano.
- Menos ligar por aquí y más trabajar –se quejó el inspector– te estaré controlando.
- No me sea aguafiestas inspector, que ya nos conocemos usted y yo –se rió Kaito– es usted un poco mayor para seguir estando por aquí.
- No hay problema ningún criminal es difícil de atrapar –se rió el hombre a carcajada limpia.
- Por supuesto que sí… Kaito Kid –se quejó el ladrón soltando la mano de la chica y girándose para ver como el hombre dejaba de reírse al acto.
- ¡¿Tú quieres hacerme coger un ataque de corazón o algo?! –se quejó el inspector Nakamori gritando– ¡No se te ocurra nombrar jamás a ese tipo! ¡Desapareció robando una joya y no se le ha visto jamás el pelo!
- Él no robó esa joya inspector –se quejó el aludido– lo secuestraron hace 6 años diez minutos antes de que pudiera cometer ese robo.
- ¿Cómo que le secuestraron? –preguntaron todos los que estaban presentes.
Kaito se tapó la boca en seguida. En cuanto había visto que tenía toda la atención de los presentes se la destapó y suspiró.
- ¿De qué hablas? –preguntó Nakamori.
- Inspector Nakamori –suspiró el amigo de su hija sentándose en el lugar que le había indicado como su mesa de trabajo– El verdadero Kaito Kid murió hace mucho tiempo, pero alguien se enteró de que lo habían matado en vez de que fuera un accidente y se disfrazó una vez más de ese ladrón para averiguar sobre su muerte. Este es a quién empezaste a perseguir después de 8 años desaparecido.
- ¿Puedo hacer una pregunta? –sonrió la nueva compañera de Kaito– está bien… –sonrió al ver que el inspector afirmaba con su cabeza– ¿Cómo sabes tanto de Kaito Kid si ni siquiera nosotros sabemos si es un chico o una chica?
Kaito se giró asustado. No solo había bajado la guardia sino que alguien se había dado cuenta de que existía algo extraño en eso. Se quedó mirando a la mujer que le desafiaba con la mirada.
- ¡Inspector! ¡Es terrible! –gritó un hombre entrando haciendo que todos se giraran para verlo– ¡Han robado el Dragón de la Muerte y han matado a dos de los tres propietarios!
- ¡¿El Dragón de la Muerte?! –se sorprendieron todos, incluido Kaito que se había levantado al oír el nombre.
- Snake… –susurró el ladrón.
- ¿Serpiente? –preguntó la mujer que le había estado observando desde que se había levantado de su silla.
Kaito hizo como si no la hubiera oído ya que lo había dicho con una voz muy baja. El Dragón de la muerte era una estatua de Dragón de color negro que en cuanto lo pones al agua la transforma en sangre. Estaba hecha de Hematita que contiene altos atributos en hierro, por eso teñía de rojo el agua. Se decía que el Dragón podía oírse gritar en cuanto su propietario le dejaba mojarse. Por eso mismo, actualmente los propietarios eran tres personas, para asegurarse de que no pudiera gritar para matar a nadie. Los ojos de la estatua eran de Aguamarina, unas piedras entre negro y azul transparentes. Kaito sacó de su pequeña bolsa que llevaba encima un ordenador portátil. Lo abrió y en unos segundos empezó a teclear.
- ¿La pagina del FBI? –preguntó la mujer.
- Cállate que desconcentras –se quejó el ladrón siguiendo tecleando mientras el inspector Nakamori empezaba a dar órdenes para que fueran a averiguar lo que había pasado.
En unos segundos Kaito tenía un mapa de la ciudad de Tokio con una pequeña luz amarilla parpadeando.
- ¿Qué es eso? –preguntó la mujer.
- Dónde está ahora mismo la estatua –sonrió el ladrón– ese sinvergüenza ni se ha dado cuenta de que la última vez le puse un localizador a su pistola –se rió.
El inspector Nakamori que había oído la conversación miró a la pantalla.
- ¿Estás seguro de eso, Kuroba-kun? –preguntó por encima de él.
- Si no ha sido ese tipo no entiendo porque debería de haberlo matado –sonrió el agente del FBI– y haciendo esto… –añadió tecleando– le voy a pasar el mapa a usted.
El teléfono móvil del inspector emitió un pitido. El hombre lo sacó de su bolsillo y lo miró.
- Eres increíble –se asombró Nakamori.
- Lo sé… –respondió– pero si no se apresura perderá la pista. En cuanto el localizador está encendido emite un pequeño pitido que en silencio puede escucharse.
- De acuerdo venid todos conmigo –sonrió el hombre.
- Inspector le aconsejo que se ponga una armilla antibalas, ese hombre es muy peligroso –sonrió finalmente.
- De acuerdo –añadió el hombre– todos a los coches de prisa –ordenó– ¿tú no vienes? –preguntó el inspector girándose y viendo al joven sentado en la mesa.
- Lo siento, pero tengo que hacer mi primer trabajo –sonrió– además… si se desconecta su teléfono yo puedo indicarle dónde se encuentra –añadió señalando la pantalla del portátil.
- Cuento contigo entonces –añadió el hombre saliendo a toda prisa de la sala.
El mago se quedó a solas. Suspiró mientras tecleaba un par de cosas más y apartó el portátil. Cogió la primera carpeta y la miró con detenimiento. Escribió un par de cosas, la cerró y la apartó del montón. Lo mismo hizo con las demás carpetas una tras otra mientras el tiempo pasaba con tranquilidad. Al cabo de un rato, Hakuba y Aoko aparecieron por allí.
- ¿Estás solo? –preguntaron los dos.
- Se han ido tras un ladrón –sonrió él.
- Como tu –respondieron los otros dos.
- No os paséis –se quejó– soy un mago antes que nada.
Hakuba miró una de las carpetas que él aún no había abierto. La abrió y la observó con detenimiento.
- ¿Vienes a comer con nosotros Kaito? –sonrió Aoko con tranquilidad.
- En cuanto termine esto me voy a comer a casa… Shin está herido y tengo que ayudarlo –respondió el mago mientras apartaba otra carpeta.
- De acuerdo –dijo ella– otro día –sonrió yéndose– vamos Hakuba.
- Sí –sonrió el inglés escribiendo algo en la carpeta sin que Kaito lo viera y dejándola debajo del montón que aún le quedaba por hacer al ladrón– hasta otra –añadió guiñándole un ojo.
- Sí… –suspiró él quedándose de nuevo solo en el departamento.
Poco a poco el montón iba disminuyendo, mientras de vez en cuando miraba la pantalla del portátil. El punto amarillo seguía moviéndose y parecía que esta vez lo hacía con prisas. Sonrió. Eso significaba que el inspector y los demás ya lo habían encontrado. Tenía que apresurarse. Le faltaban ya solo tres carpetas. La primera relacionada con Chat Noir. Se acordaba de esa mujer. Le había desafiado hacía tiempo y terminó yéndose con la joya que él había robado porque le pidió a Jii-chan que se la diera. En el informe se dijo que no sabían si había robado la joya o no. Suspiró. 'La joya fue robada por Kaito Kid pero posteriormente entregada a Chat Noir' escribió con una sonrisa traviesa esperando que solo lo viera el inspector Nakamori. La siguiente carpeta era de unos ladrones de bancos que habían escapado unas cuantas veces. Final del informe: encarcelados. No tenía que escribir nada más allí. Ni siquiera sabía quiénes eran esos 'Mizushibuki' de los que se hablaban. Abrió la última carpeta. La foto de delante mostraba una persona de hacía mucho tiempo que él podía reconocer a la perfección. Kaito Kid, es decir su padre, estaba allí sonriendo mientras acababa de saltar de un tejado cubriéndose con la capa blanca. Observó con atención todo lo que se ponía de él. Los robos, el inicio, la desaparición durante 8 años, la vuelta, la desaparición de nuevo… al final de la última página un oficial había escrito: 'se cree que ha muerto'. Abrió los ojos como platos. ¿Muerto? ¿Quién estaba muerto? Si pillaba a ese oficial, sí que le haría saber lo que era estar muerto. Kaito Kid seguía bien vivo. Debajo de esa línea bien escrita en las cuadrículas del papel, pudo reconocer la letra de Hakuba escrita en diagonal y con prisas: '¿tú qué crees?'. El mago sonrió. Escribió debajo, también en diagonal y cerró la carpeta.
Miró de nuevo el portátil. La luz amarilla seguía moviéndose con rapidez. Tenía que apresurarse. Tecleó un par de cosas en el ordenador, haciendo que su teléfono emitiera otro pitido parecido al del inspector. Cerró el portátil metiéndolo en la bolsa y se fue con ella a cuestas. Ni siquiera hacía falta coger el ascensor. Empezó a correr escaleras abajo para poder mantener un poco su forma física. En cuanto salió miró la pantalla de su móvil. Estaban a cuatro calles de allí. Podía escuchar las sirenas de la policía. Así que los ladrones se movían en coche… echó a correr hasta encontrar un edificio alto. Subió las escaleras de allí con prisas y se paró en el tejado. Sacó sus prismáticos y observó hacia abajo. Era el momento perfecto. En un solo gesto se cambió sus ropas. Aunque fuera la luz del día, allí donde estaban era oscuro así que podría desaparecer con facilidad. Kaito Kid volvía de nuevo. No podía permitir que esa estatua negra, con ojos azules, estuviera en manos de ese tipo. Saltó del edificio con el ala delta, escondiéndose entre sus ropas, ahora blancas, el ordenador y el teléfono. El cielo era inmenso, ciertamente él podía verlo cada vez que saltaba. Cada vez que lo hacía la sensación de libertad le inundaba. Esa sensación que le hacía perder el control de su cerebro, que le dejaba de lado los problemas y su pasado. Cada vez que volaba con esa ala delta pensaba en que nunca dejaría de volar fuera en la forma en la que fuera. Aunque Kaito Kid desapareciera, él se montaría otra cosa para poder volar. Cuando se dio cuenta ya estaba rozando el coche de los hombres que disparaban hacia atrás a los coches de policía. Deshizo el ala delta justo en el momento en que sus pies tocaban el techo mientras el coche de esos tipos giraba hacia otra calle. De la nada sacó un arma parecida a un bazooka, asustando al inspector Nakamori que estaba detrás de ellos. Sonrió al ver la cara del inspector mientras notaba que el globo-bazooka sacaba un pequeño martillo de juguete por debajo y golpeaba el techo del coche. Deshinchó el arma dejando que volara hacia el coche de detrás en el que iba Nakamori gritando, mientras el copiloto del coche sacaba la cabeza con el arma para ver lo que ocurría.
- Snake… –sonrió Kid arrodillándose mientras el hombre le apuntaba con el arma.
- Kaito Kid –murmuró el hombre– así que no moriste en América.
- Qué pena ¿verdad? –sonrió el ladrón de guante blanco alargando la mano para que le diera la estatua.
El hombre le apuntó con la pistola para disparar. Kaito saltó hacia el parabrisas del coche poniéndose delante del conductor, que no podía ver lo que hacía con la capa del ladrón voleando delante de él. Sacó su pistola de cartas y disparó con rapidez hacia el trozo de cristal del copiloto. El hombre con sombrero y bigote se metió de nuevo al coche agarrando con las dos manos la estatua para que no pudiera cogerla. Kaito sacó otra pistola disparando a la mano del hombre. La bala que tenía le rozó haciendo que el hombre pegara un bote. Y soltara la estatua. Kaito la agarró con fuerza y saltó de nuevo al techo del coche. En ese momento iban a entrar en un túnel. Kaito sonrió con más fuerza dejando el objeto en el techo del coche y se agachó a tiempo para desaparecer en la oscuridad. El hombre del sombrero miró por el techo, pero solo estaba la estatua sola. Un pequeño bote en la carretera hizo que la estatua saltara por los aires y chocara contra el cristal de uno de los coches de policía que les seguían. Kaito se apresuró a subir por una de las escaleras de emergencia que había en el túnel ya vestido con las ropas oscuras para pasar desapercibido. En cuanto estuvo arriba observó con atención como por el otro lado salían los coches patrulla persiguiendo aún el coche de esos hombres. Solo un coche se había parado y era el que había recibido la estatua. Sacó su portátil y abrió la pantalla. Pulsó con el ratón en donde ponía 'desconectar', mientras veía como esos hombres se apresuraban para poder despistar a la policía. Ahora todo ya estaría bien. Sonrió para desaparecer una última vez.
Bueno... espero que les guste... quizás el domingo pueda subir otro capítulo! :D
Antes de irme, debo decir una cosa... soy catalana y quizás después de este fanfic voy a dejar de escribir. Porque nuestro país quiere hacer desaparecer el catalán, como cuando aún estabamos bajo la dictadura del General Franco. Así pues... espero que disfruten de este fanfic, porque, si las cosas no cambian, voy a escribir en mi idioma para intentar que nuestra cultura, nuestra lengua y nuestra historia no desaparezca jamás... intentaré dejar una huella de más, aunque no sea posible en fanfiction.
Sin nada más... dejen reviews ;)
^^Shihoran^^
