Mi regalo ultra atrasado de Navidad para ustedes xD. Espero pronto subir más capítulos de mis otros fics, pero no prometo nada u,u. VEAN MI PERFIL.

Disclaimer: 'Frozen' NO me pertenece a mí, sino que a Disney y sus asociados.

Nieve

Capítulo IV

Por E. Waters

El último mes había sido sumamente ajetreado para las personas que habitaban en el palacio real, del reino de Las Islas del Sur, cosa no extraña considerando que el príncipe Hans, ya a punto de cumplir sus veintiún años de edad, se casaría con la hermosa princesa Elsa.

Todos parecían estar felices, muy felices, puesto que aquella boda no era otra boda común entre nobles, sino que a la vez era una especie de unión entre aquel reino y Arendelle, los cuales habían estado hace poco en plena guerra.

Sin embargo, había dos personas que no estaban satisfechas del todo con esa tan ventajosa unión, entre los herederos de los reinos más poderosos del orbe.

Y una de esas personas era justamente la princesa Elsa, la novia.

Por supuesto, ella sabía muy bien que con ese ligamiento ella accedería a un poder inimaginable, un poder que ningún monarca de su tierra natal hubiese imaginado, pero ¿a qué costo?

Sí, sí, sí, era obvio que ella sería oficialmente la reina, por así decirlo, pero a la vez sabía muy bien que Hans jamás la dejaría trabajar a sus expensas, ser ella misma.

—Como le dije, princesa Elsa, usted sólo debe preocuparse que cómo se verá con su vestido, y nada más —decía siempre su futuro esposo, cuando ella intentaba opinar sobre cómo sería la boda real.

Y eso, que su futuro esposo la subestimara de esa forma, la ofuscaba mucho, mucho, mucho.

Pero Elsa siempre ganaba, Elsa siempre triunfaba, aún cuando su victoria y venganza estuviese sutilmente insinuada, sutilmente camuflada.

Y es que había otra persona más descontenta con esa boda, y esa persona era la princesa Anna, futura cuñada de la joven de ojos azul hielo.

Anna, ingenuamente, pensaba que Elsa no sabía nada, pero la realidad era muy distinta.

Es más, la futura reina sabía muy bien las cosas que causaba en la hermana de su prometido, sabía el dolor, la desesperación y la frustración.

Ciertamente, Elsa no daría ni un solo paso atrás, aún cuando su víctima fuese tal vez algo así como lo más cercano, a una amiga. Después de todo, la muchacha había crecido para ser un arma de guerra, no para hacer amigos.

Pero no, lo que la joven deseaba de Anna, no era una simple amistad.

No, si ella realmente ansiaba vengarse de ese infame reino, haría sufrir a Anna, haría sentir dolor a Anna, haría incluso que Anna se arrepintiese de siquiera estar viva.

Una cruel sonrisa se formó en los delgados y pálidos labios de la chica.

Y sí, era cierto, había en ocasiones, escasas ocasiones, en donde estaba a punto de arrepentirse, a punto de retractarse, mas al recordar la masacre que sus padres vivieron, nuevamente se apegaba al plan.

Aunque claro, Elsa jamás pensó que sería tan… placentero, llevar a cabo aquella venganza.

Los besos entre ambas, pasaron de ser escasos y puntuales, a hacer cada vez más y más frecuentes.

Cierto, aquella acción había nacido de un ´tonto' juego entre ellas dos, un juego que a veces se tornaba serio y hasta algo peligroso.

—Nos pueden ver, Elsa — decía a menudo la chica de cabellos cobrizos, mientras su futura cuñada la acallaba a la joven con un pequeño beso en los labios.

—Relájate, Anna — susurraba entonces la futura reina, mientras mordisqueaba sutilmente la oreja de la otra chica.

Nadie sospechó nada, ni siquiera Kristoff que estaba aún así algo intrigado por el raro y peculiar comportamiento, de la que era al fin y al cabo era su única amiga. ¿Qué ocultaba la siempre inocente Anna, con ese sonrojo en sus mejillas?

Anna, tal vez, sufriría inclusive más que la propia Elsa, pero esto último le era sumamente satisfactorio para ella.

Porque nadie, pero nadie se reiría en su cara, porque nadie, pero nadie saldría ileso de todo esto, sin que antes ella cumpliese su fin, aún cuando Anna, la pobre Anna, recibiría probablemente todo el daño.

El corazón de la princesa de las Islas del Sur, latió con mucha, pero con mucha fuerza, cuando sintió como de pronto la mano de la futura esposa de su hermana, tocaba aunque con algo de discreción uno de sus pechos.

Un gemido salió de la boca de la menor de ambas chicas, mientras la otra seguía con sus cada vez más osadas acciones.

Y sí, era cierto, Anna a pesar de haber tenido una feliz infancia, jamás se había sentido tan contenta y plena como lo estaba sintiendo precisamente ahora.

Ella estaba segura; Elsa de Arendelle era el amor de su vida, y hasta imaginaba que se escaparían juntas, que la otra joven abdicaría de su puesto como futura soberana, y que ambas vivirían juntas y felices por siempre, lejos de todos, lejos de todas.

Pero los fantasiosos planes de Anna estaban más que alejados de los planes de Elsa.

—Te amo.

Cuando Anna le dijo eso a Elsa, esta última detuvo su proceder, como quedándose algo sorprendida, algo impactada.

Cierto, ella justo quería eso, enamorar a Anna, pero ahora que justamente lo estaba haciendo algo se removió en ella.

Algo que no le gustó para nada a la muchacha.

—¿Pasó algo, Elsa? —preguntó Anna, mirando preocupada, a la que era ya casi prácticamente su amante.

—Nada.

Los días siendo así, pasaron de forma rápida para las dos chicas, las dos muy ocupadas una de la otra, aún cuando la intención que tenían eran completamente diferentes. Mientras Anna amaba, Elsa se vengaba.

—Ella se irá conmigo, estoy segura que sí —se repetía una y otra vez la chica de pecas en su cara, la cual aún no reunía el valor suficiente como para proponerle a Elsa su plan, ese en que ellas dos se amarían por siempre.

Por siempre…

—¡Hola, Elsa…!

Pero se quedó Anna helada, completamente helada, al ver como ella, su Elsa, besaba en los labios a Hans.

Nunca había la había visto besarlo, aún cuando era lógico considerando que ellos dos estaban comprometidos.

Elsa se separó lentamente de su futuro marido, y posó esos estoicos y fríos ojos en Anna, como si ellas sólo fuesen cuñadas y nada más que eso.

—Oh, hola, hermanita —dijo Hans mirando muy contento a Anna, y es que ambos pensaban que eran correspondidos, en cierta forma, por Elsa al punto de que ella desease compartir su vida con ellos.

Mas ambos hermanos se equivocaban, y lo hacían de forma rotunda.

—Buenos días, Anna —saludó entonces Elsa, mirando con una cruel indiferencia a la chica.

Y ella, la princesa, sintió unas inmensas ganas de llorar.

Sin embargo, la muchacha de cabellos platinados no fue con ella, no fue con ella para consolarla al respecto y decirle que ella le amaba de forma absolutamente correspondida.

No, no lo hizo, y no lo hizo porque sencillamente no se encontraba en su calculador y horrible plan.

Toda la cena, Anna la pasó con los ojos enrojecidos y cuando no soportó más, y diciendo que estaba algo resfriada, tuvo que retirarse del comedor real e ir directamente hacia su habitación.

Lloró.

Lloró como nunca antes lo había hecho, aún cuando la chica ni sospechaba ni un solo poco que el dolor que sufriría ahora era casi ínfimo, del dolor que sentiría en los próximos siguientes meses.

Fue entonces cuando alguien tocó la puerta de su alcoba, y antes de que ella tuviese siquiera la oportunidad de abrirla, la persona que había tocado entró a la pieza de la chica.

—Anna.

La aludida alzó el rostro, y sus ojos verde azulados se encontraron con los ojos azul hielo de la propia Elsa.

—Vete.

—No seas infantil, Anna, sabes que debo fingir estar bien con Hans… en dos semanas más, nos casamos.

—¿Q-qué?

Y algo quedó atragantado en la garganta de la muchacha de cabellos cobrizos.

—Vamos, ambas sabíamos que este momento tarde o temprano llegaría.

La chica quiso entonces decirle a Elsa lo de su magnífico plan, proponerle esa vida humilde, pero feliz que las dos podrían tener juntas, mas cuando su mirada chocó con la de su futura cuñada, ella entendió.

Elsa de Arendelle no abandonaría su legado, ese legado que sus padres al morir confiaron en ella, ni siquiera por ella.

Ni siquiera por ella…

—Anna, mírame a los ojos —pidió Elsa, colocando su delicada mano sobre el mentón de Anna, cosa que la obligase verle en su mirada —. Yo jamás amaré a Hans, pero ¿ves lo conveniente que es para nosotras, que me case con tu hermano? Él será sólo una pantalla… en secreto sólo te amaré a ti.

Y cuando la princesa de ojos azul hielo dijo eso, ella casi, sólo casi se tragó esa vil mentira.

Siendo así, Anna se abalanzó sobre la esbelta y delineada figura de Elsa, y hundió su rostro en el pecho de esta, llenándola de dulces lágrimas.

Ella debería de estar feliz.

Anna ahora sabía que aunque Hans y Elsa fuesen esposos, esta última sólo la amaría a ella y a nadie más.

Pero eso era mentira, una falsedad.

Porque al fin y al cabo, lo que más Elsa de Arendelle amaba realmente en el mundo, era su reino, su sangre, su estirpe, a sí misma.

Ni a Hans, ni a Anna, aún cuando estos dos estuviesen completamente convencidos de lo contrario.

El día de la boda real cada vez se hacía más y más cercano, y Anna no era la única que sufría con eso; Elsa, a pesar de que tenía ya todo un plan tramado en su cabeza, y a pesar de que estaba muy segura de su proceder, el solo hecho de pensar en consumar su matrimonio con Hans, era una autentica tortura.

Y es que ella quiera reconocerlo o no, era agradable estar con Anna.

—No pienses cosas raras, Elsa — se decía la muchacha a sí misma.

Se suponía que ella sólo mantenía esa especie de peculiar relación con su futura hermana en ley, porque quería hacerla sufrir, puesto que la princesa era el vivo recuerdo de los reyes de las Islas del Sur, esos mismos que asesinaron y masacraron a sus propios progenitores.

Venganza.

Elsa sólo podía pensar en eso, y en nada más.

Eso era lo 'correcto', esa era lo esperado, eso era lo que ella 'debía' de hacer por su linaje, por su amado pueblo.

Cuando la joven abrió sus ojos, se encontró en la cama de Anna, aunque eso no quería decir que ambas hubiesen tenido relaciones, ni mucho menos. No, en vez de eso la otra princesa se encontraba acurrucada e el regazo de Elsa, apoyando su bonito rostro sobre su pecho.

Pero el helado corazón de la próxima reina de esas tierras, ni siquiera se entibió ante tan adorable y tierna escena.

De esta forma, la joven salió de la cama de la otra muchacha, dejando un helado hueco en su lugar, y los más discretamente posible salió de esa habitación y se dirigió a la suya, cosa no difícil considerando que ambas piezas estaban al lado de la otra.

Se recostó en su cama, se cobijó hasta el pecho, y se preguntó si realmente su plan sería exitoso, puesto que había en escasos segundos, en donde ella dudaba de la efectividad de este.

Después de todo, Anna de las Islas del Sur, había sido la única persona en toda su vida quien se había acercado a Elsa, no a la princesa Elsa, cosa muy significativa.

Divagando y divagando, pronto la chica se encontró dormida y aunque ella no lo quisiese asumir a la mañana siguiente, en sus sueños aparecieron unos dulces ojos verde azulados, que le inspiraban un sentimiento casi olvidado para ella.

Y ese sentimiento, era amor.

—Entonces, ¿mi hermana será su dama de honor, princesa Elsa? —preguntó Hans a su prometida, ya a dos días de la boda.

—Sí, creo que es lo más adecuado.

—Perfecto —y una sonrisa fanfarrona apareció en el rostro del chico —, Anna, ¿supongo que estás de acuerdo, no?

Pero Anna no pudo responder de forma inmediata.

Si bien, la noche anterior la había pasado acurrucada junto a Elsa, aún cuando esta última se haya ido al amanecer, ahora mismo se sentía más alejada que nunca de ella.

—¿Anna…?

—Oh… —y los ojos de la princesa se abrieron más de lo que ya estaban —, sí, sí, será un honor para mí.

Hans miró extrañado a su hermana, más que nada porque ella era pésima mintiendo, y a la vez él la conocía muy bien.

Ahora la pregunta era, ¿por qué su dulce e inocente hermana, le estaría a él mintiendo?

Elsa se limitó a seguir bebiendo su té, cuando en verdad tenía una relevancia extrema. Sin embargo, y como ya se ha dicho anteriormente, nadie se imaginaba ni en sus más descabelladas especulaciones lo que la chica de Arendelle tenía planeado hacer con la familia real de ese reino.

—Muy pronto, muy pronto mi venganza será completa —se dijo ella a sí misma, observando silenciosa y discreta a su futura cuñada.

Y cuando ya todos pensaban que la plenitud llegaría a esas tierras, que la unión entre esos dos reinos sería más que exitosa, sombríamente en su alcoba Elsa pensaba, pensaba y pensaba…

¿Podría ella culminar su cometido?

—Por supuesto que sí — se dijo ella a sí misma, y fue cuando sus helados ojos se mostraron más oscuros que nunca.

Una oscuridad que contrastaba con los dulces ojos de Anna, que tanto a ella observaban.

¡Si dejaran un review les agradecería mucho ^-^!

Y he abierto un blog con mis cómics, así que si pueden visítenlo y dejen comentarios constructivos en este =P.

Nos leemos…