Uffff… hace MUCHO que no actualizaba, pero es porque estoy metida en otro proyectos, los cuales al final les contaré (: . Bueno, decidí actualizar este fic porque es él que por ahora, tenía más inspiración. Eso… ¡disfrute de la lectura!
Disclaimer: 'Frozen' NO me pertenece a mí, sino que a Disney y sus asociados.
Nieve
Capítulo V
Por E. Waters
La boda se acercaba a pasos agigantados, y con ello la consumación de los planes y conjuras que la princesa de cabello rubios platinados tenía en su cabeza, esa cabeza siempre llevada por el dolor, por la venganza, por el rencor.
Sin embargo, aunque en cierta forma la que más perdía por esa patética unión era Elsa, debido a que tendría que limitarse a ser simplemente la esposa del rey, casi una sumisa consorte de Hans, la realidad era otra, una muy distinta…
Y es que Anna de las Islas del Sur, creía que en cualquier momento desfallecería.
No podía evitarlo, simplemente no podía evitarlo; ella amaba, amaba prácticamente con locura a la que sería su futura cuñada, a su futura hermana en ley, pero a veces dudaba que fuese por entera correspondida, aún cuando se besaban a escondidas.
Besos, que la verdad de las cosas, cara vez se alejaban más y más, todo por el plan que la propia Elsa había estructurado en su gélida mente, siempre teniendo como soporte a su helado corazón.
—Anna, te vez pésimo… ¿te pasa algo? — preguntó Kristoff a su amiga, cuando le vio pasar por las caballerizas, con unas marcadas ojeras debajo de esos ojos, que comúnmente siempre brillaban.
Que brillaba precisamente para Elsa, aún cuando ella le mirase más estoica que nunca.
—No, nada, es sólo por el ajetreo de la boda real… ya sabes, soy la dama de honor y debo estar en muchos ensayos, y cosas así.
Y aunque ella no mentía, a Kristoff le pareció que ella no decía toda la verdad al respecto.
—Anna, si necesitas algo…
—Estoy bien, Kristoff, en serio —los ojos de la princesa se fijaron en los marrones del paje —, si llego a necesitar tu ayuda, ten por seguro que la pediré.
El joven se quedó mirando a la chica por unos breves instantes, antes de finalmente dejaroa ir.
Y mientras Anna sufría más que nunca, Elsa se encontraba encerrada en su alcoba, revisando documentos y los tratados de paz firmados por ambas partes, y las clausulas de que qué pasaría si sucediesen ciertas cosas.
Ella tenía un plan, un brillante plan entre manos, y en cierta manera Anna le ayudaría a consumarlo de forma completa.
—Hans no sabe que qué le sucederá —se dijo ella a sí misma, siempre sonriendo de esa enigmática forma.
Y es que el príncipe heredero se sentía más triunfal y seguro que nunca; Elsa había actuado de forma astuta, muy astuta, al punto de engañar a su futuro esposo y hacerle creer que él la tenía en sus manos.
Pero era mentira, todo era mentira.
—Princesa Elsa, es hora del ensayo —fue lo que escuchó la muchacha, cuando fue el propio Olaf quien tocó la puerta de su habitación.
—En seguida voy —respondió ella, y guardó rápidamente esos importantes papeles en un cajón de su escritorio, bajo llave.
Por ese entonces, y ya a una semana de la ceremonia oficial, que Elsa y Anna apenas sí tenían momentos a solas, todo por el ajetreo del casamiento.
Y la chica pecosa, siempre valiente, siempre llena de bravura, ahora mismo no le quedaba el coraje suficiente como para confesarse totalmente a la otra joven, y el acto proponerle esa huida que tanto deseaba.
Que tanto deseaba, aún cuando ella sabía en el fondo que Elsa lo más deseaba era precisamente reinar.
—Se ve preciosa, princesa Elsa —elogió Hans a su prometida, aún cuando ella no usara el vestido que usaría para la boda en sí.
—Muchas gracias, príncipe Hans —y ella sonrió, sonrió como si realmente se contentase con el hecho de casarse con aquel hombre, con el hecho de compartir toda su vida con él y tenerle como el padre de sus hijos.
Pero Hans no sabía nada.
Nada, nada, nada.
En realidad, nadie sabía nada; la chica de ojos azul hielo había actuado de tal forma, de tal manera, que en verdad que todos ignoraban en las Islas del Sur, lo que ella ya estaba tramando de hace mucho.
Ya cuando finalizó el ensayo, los ojos de la princesa de Arendelle de posaron de forma momentánea en la mirada de Anna, y cuando lo hizo ella pudo percibir el latente dolor en sus ojos.
Pero no, ella no echaría pie atrás, en serio que no.
—Nos vemos donde siempre — le susurró Elsa a la que era ya casi su amante, de forma prudente y discreta, cuando la comitiva real estaba abandonando la catedral de St. Joseph.
La mirada de la chica de cabellos cobrizos abrió mucho, mucho sus ojos, unos ojos que tenían tintes de una secreta esperanza, puesto que Anna se caracterizaba especialmente por ser algo ingenua, algo inocentona.
Siendo así, ella se tuvo que reprimir a ver como Elsa y Hans caminaban tomados del brazo, como si se tratasen de la pareja ideal o algo por el estilo, y decirse e insistirse mentalmente a que ellas estarían juntas de verdad, y que lo que sucedía con Hans era mentira, sólo mentira.
Después de todo, todos juraban en el palacio que la princesa de Arendelle y el príncipe de las Islas del Sur, eran en verdad la pareja idílica, la pareja ideal.
Y en verdad, eso no era extraño de pensar, teniendo en cuenta que ambos eran guapos, que ambos poseían linaje y que simplemente ambos juntos parecían resplandecer.
—Será un matrimonio exitoso y tendrás hermosos hijos —era lo que toda la nobleza del reino decía, cuando veían a los prometidos juntos en una de esas tantas reuniones, que los aristócratas del mismo reino organizaban.
—¿Y usted, princesa Anna, ya le han designado un prometido?
Cuando el duque de North le dijo inocentemente esa pregunta a la muchacha, esta estuvo a punto de escupir lo que estaba bebiendo. Estuvo a segundos de decir algo, cuando el propio Hans se adelantó.
—Después de mi boda con la princesa Elsa, se decidirá eso.
Los ojos de Anna, entonces, se abrieron mucho; ciertamente, ella simplemente no podía admitir en su cabeza que alguien que no fuese Elsa la tocase, no al menos de esa forma tan íntima, tan especial.
De pronto, la joven de cabellos cobrizos sintió la mirada helada de su futura cuñada sobre ella, una mirada extraña, una mirada misteriosa, una mirada difícil de explicar.
—¿Y ya tiene candidatos? —preguntó otra vez el duque, como interesándose en el tema.
—Pues tenemos una lista y…
—¡Hermano, jamás me lo habías contado! —exclamó Anna, sintiéndose de pronto pasada a llevar.
—Anna, los temas políticos sólo le corresponden a los hombres… usted como mujer que es, debe acatar lo que yo le diga y punto —dijo Hans algo pomposo.
La muchacha quiso rebatir, quiso decir algo más, pero fue cuando sintió la helada mirada de la otra princesa, sobre ella.
El resto del día pasó sin mayores sobresaltos, hasta que llegó el momento de que Anna y Elsa se reuniesen, siempre en la misma hora, siempre en el mismo lugar, casi como si ya se tratase de una rutina entre ambas.
—Elsa… ¿tú me amas? —se atrevió a preguntar Anna, posando sus suplicantes ojos en los de la joven, la cual a pesar de todo siempre mantenía su mirada fría y estoica.
Pero en vez de responderle, en vez de decirle algo, la mayor de ambas chicas de acercó a la menor, la rodeó por la cintura, y finalmente posó de manera cuidadosa y suave, como si realmente amase la joven, en sus labios.
Y Anna, contentándose con esa especie de respuesta, no hizo más que corresponder ansiosa aquel beso.
Se besaron por largo rato, tocándose cada vez más atrevidamente, sobre todo por parte de Elsa, pero fue esta misma que puso punto final a esa situación, para desanimo y decepción de la otra muchacha.
—¿No puedes quedarte un rato más…? —preguntó ansiosa Anna, a lo que Elsa sencillamente colocó su dedo índice en los labios de la joven.
—No debemos despertar sospechas.
Y dicho esto, la futura monarca se levantó de la cama de Anna, siempre dejando ese deje helado en las sábanas, y se dirigió hacia la puerta de la habitación sin decirle palabra alguna a la otra chica.
Todo estaba yendo perfecto, todo estaba sucediendo tal y como debía de ser.
Tenía la joven de Arendelle a ambos hermanos en la palma de la mano. Anna creía ciegamente que ella la amaba de forma genuina, a la vez que Hans, el muy ególatra, pensaba que ella se contentaba con el simple hecho de estar con él.
Una sonrisa de lo más astuta se formó en los delgados y pálidos labios de la chica.
Y todo hubiese seguido igual de bien para ella, hasta que un día dando un paseo por los extensos patios del palacio, pudo observar como Anna hablaba animadamente con Kristoff, el mismo el cual en su primer día en el palacio, Anna aseguró no estar enamorada de él.
Pero algo pasó en ella, algo se removió en el estomago de esta.
—Boberías, Elsa, sólo boberías — se dijo ella de forma interna.
De todas formas, la chica tenía cosas más importantes en que pensar, que reparar en esa molesta, para ella, relación entre Anna y el paje.
No, ella ahora debía de preocuparse de su futuro, un futuro en donde en realidad estaba intrincado no solo el personal, sino que a la vez el de Arendelle, el de las Islas del Sur.
Un futuro, el cual por cierto, Hans no estaba incluido.
Siendo así, y de inevitablemente llegó el día en el cual tanto Elsa como Hans debía de dar el 'si' para que su matrimonio fuese ya un hecho, mas la noche anterior en vez de que la novia la pasase en su habitación como debía de ser, ella golpeó la puerta de la que sería su hermana por ley.
—¿Estás, Anna?
Cuando la aludida escuchó la voz de la otra joven, su corazón dio un doloroso brinco, y sin pensárselo siquiera un segundo casi corrió a abrirle la puerta.
—Elsa, yo…
Pero antes que la chica de pecosas mejillas pudiese decir algo más, la propia Elsa colocó sus manos sobre la cintura de esta, y posó de forma un tanto brusca sus labios sobre los de ella, casi, sólo casi como la necesitase.
Pero más que necesitarla, era más bien un capricho.
Y era un capricho, porque lo que la joven ansiaba era ser tocada por una persona la cual le amaba, no alguien cómo Hans, el cual estaba por ella por mera conveniencia, y hasta cierto punto por algo de superficial lujuria.
Los besos entre ambas eran cada vez más y más intensos, hasta el punto de que de forma ansiosa la lengua de Elsa se introdujese en la cálida boca de Anna.
Las manos de ella sobre su pecho, las manos de la otra sobre su espalda.
Ambas jóvenes se perdieron en el deseo, un deseo que para Anna era amor, y un deseo que para Elsa, la verdad de las cosas, era más carnal, más antojadizo.
Pero ella, la futura reina, posiblemente se arrepentiría de sus egoístas acciones.
—Te amo, Elsa, te amo —susurró la princesa en el oído de la otra joven, y cuando lo hizo la chica en cierta forma reaccionó y detuvo todos sus intensos y provocadores movimientos.
Ella no podía amarla, al menos no por ahora.
Y es que tanta era su venganza y rencor, que sencillamente no podía tener ningún sentimiento de 'amor verdadero', por Anna, y aunque ella seguía empeñada en su plan, por breves instantes sintió compasión de la otra muchacha.
Por ahora no haría nada más, sin embargo, eso no quería decir que abandonaría su plan… no, estos seguirían, solamente los retrasaría un poco, sólo un poco.
—Lo siento, Anna, pero no puedo.
—¿No… puedes? —los ojos de la chica se abrieron mucho —, ¿es por Hans? ¿Acaso tú… lo amas?
—No —dijo rápidamente la joven —, es sencillamente que mañana debo despertarme temprano y no quiero por ningún motivo que algo retrase o obstaculice la boda con tu hermano.
Anna miró a Elsa profundamente dolida, y pensó y creyó al mismo tiempo, que la que persona a la que más amaba estaba enamorada de su hermano, en vista que no encontraba otra explicación de por qué Elsa se retractaba de esa forma.
La muchacha de ojos azul hielo miró como el rostro de Anna mostraba dolor y rechazo al mismo tiempo, y entonces ella, la chica de ojos azul hielo, creyó que en parte su venganza estaba un tanto saldada.
Pero no era suficiente; nada era suficiente.
Al día siguiente, y apenas salió el sol, los criados atendieron a la alcoba de Elsa, y rápidamente comenzaron a arreglarla para su boda.
—Debes sentirte feliz, Elsa, todo está saliendo tal cual lo querías — se dijo la novia a sí misma, pero apareció la dolida mirada de la hermana de su futuro esposo, en su cabeza.
¿Por qué…?
Aún así, la muchacha mantuvo su temple firme y con la cabeza en alto y con su mirada siempre estoica, ingresó a la catedral de St. Joseph, y sus ojos se mantuvieron al frente, aunque con la mirada perdida.
—¿Está feliz, princesa? —le preguntó Olaf a Anna —, después de todo, usted y la princesa Elsa son muy amigas, y ahora serán hermanas en ley.
—Por supuesto — mas Anna no sabía mentir, por lo cual el criado miró con suma preocupación a la muchacha.
De esta manera, el sacerdote comenzó a recitar los votos matrimoniales, votos los cuales Elsa a pesar de todo pensaba respetar a la perfección, o al menos en su gran mayoría, puesto que ella tenía un plan.
Un plan el cual nadie sospechaba, puesto que ella había sido tan cautelosa, tan astuta, que sencillamente nadie podía saberlo.
—¿Y usted, Elsa de Arendelle, acepta a Hans de las Islas del Sur, como su futuro esposo?
Los ojos de Anna miraron suplicantes a la figura de la novia, aún sabiendo que no podía hacer nada como para evitarlo.
—Sí, acepto —dijo limpia y de forma pulcra Elsa, no alterándose ni un solo poco.
Y Anna creyó que nunca más podría volver a ser feliz.
Nunca.
Si dejasen review sería genial ^-^, como ya les he dicho me animan a seguir escribiendo.
Ahora, importante, estoy haciendo un cómic yuri con Ookami Elsa, siendo yo la guionista y ella la dibujante.
Busquen e f.a.c.e.b.o.o.k:
Viejos Conocidos
Y denle like, para que se publique en papel (:
