Sip, desde hacía mucho que no actualizaba nada de Frozen, pero hoy me dio algo de inspiración, y logré hacer este capítulo, el cual sé que no será de mucho agrado… pero bueno, léanlo y verán xD. Por favor, lean hasta el final, que haré un anuncio o.o. ¡Disfrute de la lectura!

Disclaimer: 'Frozen' NO me pertenece a mí, sino que a Disney y sus asociados.

Nieve

Capítulo VI

Por E. Waters

Anna entonces sintió sus piernas flaquear, y una especie de evidente mareo comenzó a masificarse por su cuerpo por completo, al mismo tiempo en el cual sus ojos horrorizados observaban cómo Elsa, su Elsa, besaba a Hans en los labios.

Por supuesto, aquel casto y sobrio beso, no era ni remotamente parecido a los que ella y la otra princesa se daban a escondidas, sin embargo eso a la muchacha le importó poco y nada.

El punto era que ahora, al menos en cuanto a leyes se refería, Elsa de Arendelle era de Hans, y eso la joven no podía aceptarlo…

Sencillamente, no podía aceptarlo.

—¿Sucede algo, princesa? —preguntó Olaf a la chica, cuando vio que su rostro estaba extremadamente pálido, casi sin color alguno.

Anna, en serio, pero en serio quiso decir que sí, pero en vez de eso miró muda a la que ya era ahora su cuñada, quien le correspondió la mirada, una mirada tan, pero tan fría como los poderes de hielo de la muchacha misma.

—Yo… —pero la chica no pudo ni siquiera seguir articulando palabra alguna, puesto que cayó de forma pesada sobre los brazos del sirviente, como no pudiendo más soportar la presión que invadía su cuerpo por completo.

Todos los presentes en esa fastuosa ceremonia, cambiaron su atención de la pareja de los recién casados, a la menuda figura de Anna sostenida por el mismo Olaf.

Y sin embargo, aunque ella sabía que todo era su culpa, una satisfecha sonrisa apareció en los labios delgados y pálidos de Elsa… después de todo, el plan estaba saliendo a la perfección, tomando en cuenta que toda su ira, todo su rencor, estaba precisamente dirigidos hacia la hermana del que era ahora su esposo.

¿Injusto? ¿Cruel acaso?

Sí, todo eso era muy, muy posible, pero eso a la muchacha de cabellos platinados le importaba poco y nada, tomando en cuenta que los fallecidos monarcas de las Islas del Sur, habían sido así de viles con su pueblo, con su familia.

—¡Llamen a un doctor, la princesa se ha desmayado! —anunció entonces Olaf, mirando con una genuina expresión de preocupación a la chica de pecas en el rostro.

Todos en la catedral comenzaron a alterarse, y es que no podían pasar por alto que la hermana menor del recién casado, había sufrido un desmayo.

Siendo así, y de esa forma, la boda se vio por interrumpida, pero ya los novios estaban casados ante la ley, ante Dios, y ya nadie nada podía hacer algo al respecto.

Un doctor vino a la catedral, y ante la preocupada expresión de los invitados, se llevó junto a otros pajes del ya casi Rey, en camilla a Anna en dirección al palacio.

—Por favor, no se exalten —anunció Hans, una vez que ya Anna fue metida en un carruaje, en dirección a su hogar —, la fiesta se llevará aún a cabo. Los que estén convidados, se les pide que se dirijan al palacio real.

Y es que nadie echaría a perder los que el muchacho había planeado durante meses.

Todo estaba, o al menos eso él creía, saliendo justo como pensaba; Elsa estaba magnífica y bella, él mañana cumplía la mayoría de edad, y con ello se convertiría en soberano de las Islas del Sur y Arendelle, en vista que ahora los reinos estaban unificados, y para más sus fallecidos padres el habían dejado a él (y a su hermana), un inmenso legado.

Una sonrisa astuta se esbozó en la boca del chico, sin sospechar ni siquiera un poco lo que su consorte pensaba y planeaba al respecto.

Porque, y en realidad, la única persona de esta extraña situación que estaba completamente ganando y cumpliendo de forma efectiva sus ambiciosas estrategias, era precisamente Elsa.

Si bien, no 'LA' monarca, en vista que debido a su condición de mujer, y al menos por ahora, sólo podía aspirar al puesto de consorte, todo lo demás estaba resultando tal y cómo ella quería.

Hans, embobado entre el poder que obtendría y su belleza, ahora estaba sus pies, se había ganado muchos aliados internos, pero por sobre todo estaba logrando uno de sus objeitvos mayores… y uno era precisamente vengarse.

Y al menos esta vez, la que pagaría sería Anna.

La fiesta, cómo era de esperarse, fue opulenta, elegante, acorde a la moda de ese entonces y hasta algo pomposa.

Todos sonreían, no sólo por el hecho que dos personas habían unido sus vidas, sino más bien porque aquella boda significaba ya la paz entre dos reinos, la paz de una terrible guerra que dejado más de una secuela.

Pero para Elsa no era suficiente… Nunca era suficiente.

Anna ya estaba pagando, mas a la próxima reina consorte (¡y cómo odiaba ese término!), su venganza no terminaba allí.

Porque quien gobernaría ahí no sería Hans, sino que ella misma.

Una conjura se estaba planeando, una conjura se estaba construyendo y armando. Una conjura, que no sólo eran partícipes miembros del reino de Arandelle, sino que también de las Islas del Sur.

Después de todo, el príncipe Hans, podía ser heredero directo y por excelencia, pero hablando con la verdad, era un total inepto, un total y sobrado inepto, que probablemente llevaría ambos reinos, ahora en solo uno, a la ruina.

Sin embargo, todo se harías lento y de forma sinuosa, de tal manera que nadie se diese cuenta de semejante plan.

—Muy bien, muchas gracias por asistir —dijo ahora Hans, levantándose de su puesto, el cual se encontraba en la cabecera —, les aseguro que junto a mi consorte Elsa, haremos este reino uno mucho mejor.

Los aplausos inundaron el comedor real, a la vez que el chico mantenía una arrogante sonrisa en su atractivo rostro.

¿Qué podría él haber imaginado, en su ególatra cabeza, que ahora mismo su propia derrota y caída, se estaba armando?

Pero, ¡ah!, aún no era el tiempo… y en realidad, sólo Elsa sabía el momento indicado en el cual se diese el inicio a ese golpe.

Como era de esperarse, los invitados se fueron sumamente satisfechos de de esa inmensa fiesta, y fue cuando los recién casados tendrían ahora su noche nupcial.

Los ojos verdes de Hans, más libidinosos que nunca, se posaron sobre la agraciada figura de su esposa, creyéndose poco menos el dueño de la princesa por el hecho de que ella hubiese firmando un documento.

Un documento, que aunque él no sabía, había sido su perdición al haberlo firmado.

La mirada de Elsa, más helada que nunca, chocó con la de Hans, y entonces ella supo que debía de cumplir, por decirlo alguna forma, su deber como esposa, aún cuando lo que menos quisiese ella era ser tocada precisamente por él.

Pero si ella debía de entregarse a Hans, para conseguir lo que le había prometido a su padre, ¡a su pueblo!, ella pues bien lo haría.

Lo haría, aunque fuese la situación más desagradable en su vida.

—Esperé por mucho tiempo este momento, Elsa —dijo Hans al oído de la joven, la cual se sintió algo asqueada ante ello.

Bueno, de acuerdo, tal vez muy asqueada.

Los besos de Hans no tenían nada que ver con los besos de Anna.

No, los besos de Anna eran dulces, muy dulces casi hasta al punto de enternecer y entibiar un poco su frío y helado corazón… Los de Hans, eran bruscos, torpes, llenos de lujuria, una lujuria sin 'cariño', cómo eran los besos de la otra muchacha.

Pero ella tenía que hacerlo, ella debía hacerlo.

Cuando Anna, después de haber dormida algunas horas tras haberse desmayado en la catedral, donde se celebraba la boda entre su hermano y la persona a la cual ella amaba, despertó lo primero que pensó fue en Elsa.

Y no sólo en Elsa, sino que lo que sucedería en la consumación de esa boda.

Anna, en realidad, no sabía mucho del asunto, pero lo que sí sabía era que debían, su hermano y Elsa, besarse… y el hecho de que Elsa y Hnas harían cosas que ella había experimentado con la muchacha, la llenaba de ira, una ira mezclada con frustración.

—¡Se ha despertado, princesa! —dijo la anciana sirvienta que se encontraba al lado de Anna. —¿Cómo se...?

—¿Dónde está la princesa Elsa? — interrumpió de inmediata la chica a su sirvienta.

—Pues… ahora mismo, debe de estar en su noche de bodas.

Tan pronto como cuando la mucama dijo eso, el rostro de Anna empalideció al punto de volverse casi tan blanco por completo.

Pero… ¿qué podría hacer ella al respecto?

Obviamente, no podía simplemente colarse en la habitación de su hermano y ahora su cuñada, e interrumpir lo que supuestamente debía de ocurrir en esa noche.

Siendo así, y no sabiendo qué que podría ella hacer al respecto, rompió en un angustioso llanto, lleno de pena, lleno de rabia, lleno de impotencia.

Ahora Elsa sería de Hans… no más de ella.

Mas, ¿alguna vez Elsa fue de ella?

Ahora mismo, Anna se lo preguntaba de forma seria.

Lo que debía de pasar, pasó aquella noche, lo que no significaba de que la muchacha de ojos azul hielo, lo hubiese disfrutado, apreciado, o siquiera un gustarle un poco… pero ella sabía cómo actuar, por lo cual Hans creyó de forma rotunda de que su esposa le amaba.

Pero Elsa, al menos ahora mismo y de forma sincera, sólo se amaba a ella misma y a su pueblo.

La mañana siguiente después de ese suceso, Elsa se levantó mucho antes de su reciente esposo, el cual roncaba de forma algo desagradable, y se encaminó hacia las caballerizas, en busca de hacer algo de ejercicio.

Sin embargo, cuando llegó a aquel sitio se encontró con Anna, la cual al parecer había tenido la misma idea de la otra joven, para distraerse.

Los ojos de la recién casada se posaron en los de su cuñada, y cuando la miró la chica supo que Anna sólo debía ser suya, puesto que sólo Anna, y nadie más hasta ahora, provocaba tantas con en ella.

¿Qué significaba eso? ¿Era acaso que…?

—¡No! —fue lo que retumbó en la cabeza de Elsa, al mismo tiempo que se dirigía resuelta y segura hacia la otra muchacha.

—Buenos días, Anna.

La aludida alzó su mirada, llena del más profundo dolor, y esbozó una especie de sutil mueca en su pecoso rostro, lo que sólo hizo que la consorte del futuro monarca la encontrara hasta en cierto grado tierna, aún cuando ella lo negase internamente.

—¿No me responderás? —habló nuevamente Elsa, cuando su cuñada se dio la media vuelta —. Ambas sabíamos, Anna, que esto tarde o temprano ocurriría —insistió, sujetando con fuerza el brazo de la otra joven.

—Podrías haberte escapado conmigo, si hubieses querido… —objetó de inmediato la más joven de ambas.

—Sabes que eso no hubiese sido posible —y Elsa atrajo a Anna hacia sí —, además, yo estando casada de tu hermano, nadie sospechará sobre nosotras, ¿no lo crees? —susurró ella en el oído de la otra chica.

Numerosos escalofríos recorrieron la espalda de Anna, no pudiendo evitar sentirse embelesada ante el toque de la joven de ojos azul hielo.

Y ella lo supo.

No importaba si Elsa se entregase a Hans, ya sea por obligación, ambición o mero interés por parte de la otra muchacha… ella, Anna, estaba realmente enamorada, y nada ni nadie cambiaría eso.

Y lo peor de todo, en esta desdichada y triste situación, era que la futura reina sabía eso, sabía que ejercía esa especie de poder sobre su cuñada.

Un poder, el cual ella utilizaría a su antojo, a su mera gana, todo para vengarse, aún sabiendo en el fondo que la chica no tenía ninguna culpa de todo lo que sus padres, le habían hecho al reino de Arendelle.

Más tarde, en aquel mismo día, Hans anunció que el día de mañana sería su coronación, en vista que cumplía la mayoría de edad… y eso significaba, aunque de manera consorte, que Elsa se alzaría en el trono de los dos reinos más poderosos del continente.

—Princesa Elsa, ¿cuándo ejecutaremos el plan? —fue lo que dijo el duque de North, cuando él y otros cómplices de la conjura contra Hans, estaban secretamente reunidos en el castillo del mismo duque.

—No se preocupe, duque, pronto les diré cuál será el momento —y dicho esto, una discreta sonrisa se dibujó en la cara de la chica.

El duque y los demás secuaces de Elsa, sólo asintieron de forma callada.

En verdad, ellos temían un poco de la futura reina, todo debido a los rumores que existían sobre ella, esos que decían que la chica poseía un extraño poder relacionado con el hielo.

Siendo así, Anna se tuvo que contentar con mirar a la persona a la cual más amaba de lejos, mientras esta daba visitas con Hans hacia el pueblo del reino, anunciando que el día de mañana, Arendelle y las Islas del Sur, poseerían nuevos monarcas.

—Ella me ama, ella me ama, ella me ama —era lo que la chica pecosa se repetía a sí misma, a modo de mitigar un poco aquel latente dolor que invadía por completo su corazón.

Y ella en verdad lo creía así, aún cuando las verdaderas intenciones de Elsa, o al menos ahora mismo, estaban más que alejadas sobre esa realidad que Anna tanto reiteraba que existía.

De esta forma, el día de la coronación llegó.

Y llegó con una Elsa satisfecha, con un Hans más que engañado…

Y con una princesa Anna llena de fantasías y sueños, que la propia Elsa se los había inventado, porque…

Al y fin y al cabo, la reina ahora de Arendelle y de las Islas del Sur, estaba más que encaprichada con la hermana menor de su esposo, aún cuando ella se repitiese una, y otra, y otra vez más , que Anna de las Islas del Sur, no significaba nada para ella.

Pero esta era sólo una de las tantas mentiras, de la propia Elsa…

Muy bien, ese fue el capítulo xD…a ver qué opinan sobre éste. ¿Reviews? ¡Sería genial (:!-

Ahora, dos cosas

1.- BUSCO DIBUJANTE para un par de guiones de cómic tengo en mente, y quiero realizar. Interesadxs, envíe MP ;)

2.- Con Ookami Elsa estamos haciendo un cómic yuri, que MUY pronto estará en papel. Para más información sobre el cómic, buscar:

VIEJOS CONOCIDOS

En f.a.c.e.b.o.o.k