Otro capítulo! :D Este dedicado a los fans de KAITO KID!
Asesino de los Nuestros.
La mujer es un manjar digno de Dioses, cuando no lo cocina el diablo.
William Shakespeare.
Ninguno de ellos, excepto la anciana, había dormido en toda la noche. Por suerte sus cosas eran siempre pocas, así que no tenían mucho que carretear de un lugar al otro. Pero eso no quitaba que estuvieran inseguros al trasladarse a otro lugar y menos sabiendo que les iban a perseguir hasta el siguiente lugar para poder saber donde estaban una vez más. Habían desconectado sus teléfonos, con precisión para que nadie del FBI pudiera saber donde estaban. Eisuke había llegado tarde porque nadie le había informado del cambio. Shiho y el FBI habían conseguido enviar una pista falsa a la Organización para que dejaran de perseguirles durante algún tiempo. Yui se había quedado haciendo deberes hasta muy tarde y Kaito y Shinichi pasando informes de lo que había ocurrido aquél extraño día. El lugar en donde habían llegado, era una casa igual de grande que la de Sakura-san, pero mucho más vacía. No tenía ni un solo mueble. Tenían que dormir al suelo, excepto la abuela que se había tumbado en el único mueble disponible: el sofá. Así que todos fueron haciendo tiempo para no tener que dormir incómodos. A la mañana, fueron a una tienda a comprar té para todos y Yui se separó de ellos a medio camino para ir al instituto y Shinichi volvió al piso. Kaito, Eisuke y Shiho siguieron su camino hacia la comisaría de policía. Entraron y se encontraron con Heiji y Aoko hablando con tranquilidad mientras se dirigían al ascensor.
- Buenos días –susurraron los tres claramente cansados.
- Bue… nos días –se sorprendieron los dos– ¿Qué ocurre?
- El suelo es incómodo –se quejó Eisuke.
- No he terminado el último informe –añadió Kaito.
- La teína no me hace efecto –aclaró Shiho.
- Ah… bien… –susurró Heiji arqueando una ceja.
Ni el moreno ni Aoko habían entendido una palabra de lo que había dicho. De repente Nakamori Ginzo apareció detrás de ellos con más energía de la habitual.
- ¿Qué haces aún aquí, Kuroba? –preguntó el hombre zarandeándolo– ¿dónde te metiste ayer? –añadió haciendo que el mago se pusiera una mano a la frente– ¿Cómo puedes olvidar tu trabajo de esa manera?
- Ya déjalo, Nakamori –se quejó Shiho– da usted dolor de cabeza.
- ¿Es que tenéis resaca? –preguntó el hombre abriendo los ojos como platos.
- ¡Cómo si tuviéramos tiempo para eso! –gritaron Eisuke y Kaito a la vez.
- ¿Papá que ocurre? –decidió intervenir Aoko para que no se le echaran encima ninguno de los tres que ahora daban miedo– Te veo alegre.
- Kaito Kid ha vuelto –sonrió el hombre.
Kuroba arqueó una ceja. Daba un informe a su hija dos días más tarde… no se comunicaban mucho entre ellos. Miró a su amiga que le estaba fulminando con la mirada.
- ¿Por qué esa mirada? –preguntó el ladrón claramente despierto y asustado.
- ¿En serio? –preguntó Aoko con un tono tranquilo, sin quitarle la vista asesina de encima del ladrón.
- Sí, antes de ayer reapareció, nos devolvió una estatua que habían robado unos ladrones –informó el hombre.
- Oh, qué gran ladrón ese Kaito Kid –sonrió Kuroba– devuelve las cosas que otros roban.
- ¿Tú qué crees? –preguntó la voz de su nueva compañera detrás de él sobresaltándolo.
El mago se quedó mirando a la mujer mientras la puerta del ascensor se abría. Shiho y Eisuke se echaron a reír.
- Tenéis un sentido del silencio un poco extraño –se quejó el mago mientras seguía mirando a la mujer.
El inspector Nakamori cogió de la mano a Kaito y a Akane y los adentró al ascensor. Los demás los siguieron. Cada uno pulsó el botón de su piso, mientras entraban otros dos hombres, uno de ellos Matsumoto. Y las puertas del aparato se cerraron. Shiho y Eisuke dejaron de reír, pero seguían manteniendo esa sonrisa de burla hacia el ladrón. Lo miraban de reojo mientras él miraba a su compañera. Ariwara Akane, le sonreía con una cara extraña que le decía que sabía que era él. Aoko estaba con la cabeza baja. Pensaba en que no sabía el motivo por el cual su compañero se había apenado por lo que era y ahora volvía a aparecer. Matsumoto sonrió, el ambiente se podía cortar con un cuchillo eso significaba que las cosas entre Aoko y el nuevo no iban bien. Heiji suspiró un par de veces por lo ridícula que parecía la situación. La música del ascensor en medio del silencio no animaba el ambiente. Hasta que Shiho volvió a estallar en risas.
- ¡Te he dicho que no le veo la gracia! –gritó Kaito asustando a todos mientras Eisuke también se reía– ¡Debería daros vergüenza! ¡¿Y vosotros tenéis que seguir viviendo conmigo?! ¡Vais a acordaros!
Los dos se callaron al acto. El silencio hacía que el viaje pareciera más eterno de lo que se estaba haciendo. La puerta se abrió y Hondo Eisuke se bajó.
- Esperaré tu venganza Sora –se rió el hombre mientras se cerraban las puertas.
Kaito arqueó una ceja empezando a enojarse. Miró a su lado, en donde Aoko se había apoyado a la pared del ascensor. Shiho se acercó a ella y le susurró algo en la oreja. Aoko la miró sorprendida.
- Pero… –respondió ella.
- Ya lo verás –sonrió la científica guiñándole un ojo, mientras las puertas se abrían.
Aoko pisó el pie de Kaito con fuerza antes de salir, dejando a Shiho sorprendida y al ladrón quejándose de dolor.
- ¿Qué narices le has dicho? –preguntó mirándola mientras las puertas del ascensor volvían a cerrarse.
- Por la única vez en la vida que no ha sido culpa mía –se defendió ella.
Kaito la miró de reojo sin creerla. Shiho rodó los ojos.
- ¿Se puede saber que le has hecho a Nakamori-san? –preguntó enfadado Matsumoto.
El mago lo miro con los ojos bien abiertos. No sabía a qué había venido aquello mientras Shiho se sacaba una pequeña libreta y un bolígrafo del bolsillo y escribía en un trozo de papel. Las puertas del ascensor se abrieron de nuevo.
- Bien, vámonos Matsumoto –sonrió Shiho empujándolo hacia la salida.
Al pasar por el lado del mago le pasó el papel que había escrito y siguió su camino pasillo abajo. Las puertas volvieron a cerrarse, mientras Kaito miraba el papel 'La verdad'.
- ¿Le has hecho algo a mi hija? –preguntó el inspector Nakamori reaccionando.
- Señor, si le hubiera hecho algo a su hija ahora mismo estarían volando objetos por encima de sus cabezas –sonrió
Kuroba acordándose de que nunca había dejado de lanzarle objetos cada vez que le hacía algo pervertido o simplemente la molestaba.
- ¿Recordando viejos tiempos? –preguntó Ariwara con una sonrisa mientras se cruzaba de brazos.
- ¿Sabes? Estoy cansándome de ti ya y ese sí ha sido un nuevo récord –sonrió el mago guardándose el papel en el bolsillo mientras las puertas del ascensor se abrían.
Nakamori, Ariwara y Kuroba salieron de allí dejando al otro hombre y a Heiji observándolos. Una vez las puertas se habían cerrado, Heiji se apoyó al cristal del cubículo.
- ¿Les conoces? –preguntó el moreno al hombre que quedaba con él.
Este negó con la cabeza.
- Qué suerte tienes –susurró mientras las puertas se abrían una última vez y salían los dos de allí.
Kaito suspiró. Akane le dio un par de golpecitos a la espalda. Haciendo que suspirara más profundo.
- Señores y señoritas, aquí volvemos tenemos que ponernos manos a la obra para coger a ese tipo. ¿Ya han llegado las copias? –preguntó mirando a uno de los policías que ya estaban allí.
- Sí aquí están –informó el hombre poniendo la mano encima de un montón de carpetas.
Nakamori se acercó a ese montón y empezó a repartirlo, mientras el teléfono móvil de Akane sonaba. Ella descolgó.
- Ariwara-san, ¿estás ya en la comisaría? –preguntó la voz de Saguru al otro lado.
- Hakuba-kun –se sorprendió Akane llamando la atención del inspector Nakamori y de Kuroba– sí lo estoy.
- Deberías de volver a tu casa –informó el inglés.
- ¿Qué ocurre? –preguntó ella preocupada solo con la voz.
- Tu cuñado ha muerto –informó el otro apenado.
- ¿De qué hablas? –se sorprendió– está bien Hakuba-kun, en seguida estoy aquí –añadió después del silencio del chico y colgó– lo siento inspector, tengo que irme muy a mi pesar –añadió mirando a Kaito.
- ¿Quieres que te acompañe? –sonrió Kaito.
- No, no hace falta podré con eso –respondió ella.
- Querida la palabra Hakuba y muerte no congenian precisamente a favor de los conocidos de la víctima –insistió el mago que había escuchado la conversación, por lo cerca que estaba en esos momentos de ella.
- Kuroba acompáñala –ordenó el inspector Nakamori.
- Sí, señor –sonrió victorioso el ladrón.
- Está bien –sonrió ella dando la vuelta hacia el ascensor de nuevo.
Los dos en silencio siguieron el camino de vuelta. Akane pulsó el botón del ascensor y esperaron a que regresara de nuevo. Kaito no sabía que decir y ella tampoco quería que le fuera diciendo palabras sin sentido alguien que podía ser un criminal. Así que se dejaron llevar por el incómodo silencio. En cuanto las puertas se abrieron, se encontraron con Hattori, impaciente.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó Kaito con desgana.
Heiji arqueó una ceja.
- ¿Subís o os dejo? –preguntó el moreno de mala gana.
- Takahashi, creo que deberíamos de subir –sonrió ella entrando.
El mago entró aún con menos ganas que antes. Suspiró mientras se apoyaba a la pared del aparato. La música seguía siendo la misma que minutos antes… lenta… pacífica… incómoda… Kaito se miraba los pies para no decir nada. Heiji observaba con atención al mago, esperando que le dijera algo, pero él parecía mucho más interesado en si sus zapatos estaban brillantes o solo era efecto de los focos del ascensor. Por otro lado, Ariwara se miró a los dos con los ojos bien abiertos… le parecía increíble que estuviera en medio de dos personas tan silenciosas, o al menos de un silencio que querían mantener.
- Oye… –decidió el moreno interrumpir el silencio cosa que hizo levantar la mirada de los dos, hacia él– Ku… –Heiji se llevó una mirada asesina por parte del mago– Takahashi –sonrió viendo que el otro suspiraba de nuevo– creo… creo que empezamos con mal pie. No sé… no sé qué ha pasado… o… qué he hecho pero, creo que no es que nos llevemos precisamente bien…
- Mi hermano ya te dijo quien era yo, no veo el porqué deberíamos de llevarnos bien –respondió él de mala gana volviendo a bajar la vista hacia sus pies.
- De verdad te lo pregunto, ¿he hecho algo mal? –preguntó Heiji.
Kaito cerró los puños con firmeza. Se estaba enojando, pero no tenía motivo por hacerlo. Además había prometido a Shinichi que no contaría nunca de eso al moreno. decidió mantenerse callado. Si al subir el trayecto le había parecido extremadamente largo, ahora lo era mucho más. El moreno volvió a repetir la pregunta, pero el siguió haciendo como si no lo escuchara empezó a contar… uno… dos… tres… la paciencia no era precisamente algo que él tuviera y no podía salir del aparato en marcha. Hattori lo llamó… ya estaba harto.
- Venga ya… pero al menos responde –se quejó finalmente Heiji.
Kaito estalló.
- ¡Simplemente que no viniste! –gritó el ladrón poniéndose delante de él apretando sus puños con fuerzas– ¡Shin puso toda su confianza en ti y tú no apareciste!
Ariwara se apartó de ellos dos. Estaba convencida que los gritos de Kaito habían traspasado las paredes del ascensor.
- ¡Estuvimos aguantando pescado quemado cada día! –Heiji arqueó una ceja sin entender exactamente el motivo de su enfado– ¡Golpes! ¡Agua! ¡Electricidad! ¡Todo lo que se nos vino encima! ¡Pero no! ¡Tú no tuviste ni una pizca de gracia en venir a buscarnos! ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!
- ¿No te has dejado uno? –preguntó Heiji acorralado en una esquina del ascensor entre el espejo y la pared.
- ¡Nunca! –gritó de nuevo el ladrón.
- Vale, ahora creo que los dijiste todos –susurró Heiji sin atreverse ni siquiera a tragar por tener la cabeza del chico a escasos centímetros de la suya.
- ¿De qué narices estáis hablando vosotros dos? –preguntó Akane aún con una mano en su oreja para intentar apagar los gritos del ladrón.
- No te metas, esto no te concierne –susurró finalmente el mago viendo que había terminado haciendo lo que había prometido no hacer.
- Me das la culpa de que estuvieras encerrado en ese lugar, ¿entonces? –preguntó Heiji– ¿Entonces tú eras el que le iba diciendo a Kudo que yo no vendría a buscarlo? –recordó la conversación que había escuchado a escondidas de Kazuha y Shinichi.
El mago lo miró. Su cara de póquer evitaba que el moreno pudiera saber lo que pensaba.
- Responde –se quejó el moreno harto de ser ignorado– me gustaría saber que he hecho para que te enfades así conmigo, si ni siquiera nos conocíamos… y ibas diciéndole a Kudo que yo no vendría, que yo no vendría… ¿realmente te estás preocupando por Kudo? –Heiji iba aumentando el tono de la voz conforme iba hablando.
- Pues claro que sí –se quejó el mago– yo fui el único que me preocupé por Shin, ni siquiera esa loca científica lo hizo.
El moreno suspiró y miró hacia un lado del cubículo. No podía creer que ese tipo se lo creyera tanto.
- ¿Te preocupaste por cerrar el pico cuando él seguía confiando en mi? –preguntó Heiji con tranquilidad y en la voz mucho más baja que antes.
- Claro que no cerré el pico, ¿puedo saber lo que hiciste por nosotros? –preguntó finalmente Kaito.
- Por ti nada, eso lo hizo Hakuba, pregúntale a él. Por Kudo me recorrí la ciudad entera, salté desde un tercer piso, escalé 6 árboles hasta llegar a un punto en que por poco no me mato. Perdí la poca confianza que mi padre seguía teniendo en mí. Por poco no pierdo lo más importante en mi vida –miles de recuerdos le pasaban una y otra vez por la cabeza al moreno mientras seguía nombrando una larga lista– me atropelló un coche, me rompí un brazo dos veces, salté de un tren en marcha, perseguí a esa gente hasta que por poco no me abren el pecho a tiros…
- Vale, vale… –lo interrumpió el ladrón– lo entendí.
El silencio volvió a apoderarse del lugar. Kaito desvió la mirada.
- Perdona –murmuró viendo como las puertas se abrían.
Su orgullo acababa de desaparecer.
- ¿A dónde vais si acabáis de llegar? –preguntó Heiji mirando a Akane.
- Hakuba-kun me ha llamado para que vaya –respondió ella saliendo.
- Venid conmigo con el coche a mí también me han llamado para ir allí –se ofreció el moreno.
Los dos que habían salido del ascensor volvieron a entrar. Aprovechar un vehículo era mejor que nada. Las puertas del aparato se cerraron y en segundos volvieron a abrirse. Salieron en el parking de la comisaría y Hattori les mostró el camino hacia el coche.
- ¿Entonces hiciste como Shin? –preguntó curioso el mago.
- ¿Qué hizo? –preguntó Heiji.
- De trapecista –sonrió Kaito guiñándole un ojo para que Akane no les entendiera.
- No, que va… –se echó a reír el moreno– yo hago de trapecista –sonrió– él hace de trapecista, equilibrista, malabarista, artificiero, jugador de fútbol, agente del FBI, violinista, detective, doble de riesgo, actor y, ahora, padre.
Kuroba se echó a reír.
- Cierto –sonrió mientras entraban al coche– así es él.
Mientras tanto, Shinichi había ido a dar una vuelta. Odiaba quedarse encerrado en algún lugar y más cuando no tenía ningún otro entretenimiento que el de pasar hojas de lo que habían escrito sus compañeros con anterioridad. Suspiró. De pronto algo le llamó la atención. En medio de la calle por la que pasaba, Hakuba estaba esperando algo. Se acercó a él.
- ¿Ocurre algo?–preguntó con su mejor sonrisa.
- Me he encontrado con un asesinato en mi día libre, así que tengo que esperar que Hattori llegue –informó él– ¿tú estás de servicio?
- Estoy herido –respondió el de Tokio– no puedo ayudarte tampoco –sonrió.
- ¿Quieres quedarte?–preguntó Saguru señalando al interior de la casa.
- Si lo hago seguro que Hattori me echa la bronca, así que… sí me apunto –añadió guiñándole un ojo.
Shinichi entró. Tampoco le dolía la herida y si le dolía tenía la opción de sentarse. La casa estaba a oscuras y era en la planta baja en donde estaba todo. Se acercó a la única habitación con luz. Dentro podía escucharse a alguien sollozando. Observó. Una mujer llorando, encima de lo que parecía el cadáver de un hombre demasiado bien cuidado y demasiado senderista. Era un hombre bastante grueso y bajito, con falta de pelo a la parte de arriba de la cabeza y trajeado. Daba la impresión que la víctima era un oficinista o un gran empresario. En cuanto giró la cabeza a la izquierda de la sala, se inclinó por la segunda opción. En la pared había una caja fuerte abierta del todo y debajo había un montón de dinero que parecía haber caído durante algún forcejeo. Robo descartado. Miró al otro lado de la sala. Una mesa con una pequeña luz encendida y papeles esparcidos por encima de esta. Al suelo una silla con ruedas tumbada boca abajo. Le habían sorprendido mientras estaba con esos papeles. Se adentró un poco, con las manos a los bolsillos y observó la mesa. Estaba lleno de archivos de estafas de la policía. Curiosamente la foto del estafador era la víctima, o alguien que se le parecía. Quizás podía tomarlo como el móvil del asesinato. Se dio cuenta entonces, que la mujer había dejado de llorar y le observaba.
- Usted siga a lo suyo señora –sonrió Shinichi–no voy a molestar.
- ¿Quién…?
- ¡Oye, Kudo! ¡¿Se puede saber qué haces aquí?! –interrumpió la voz gritona de Heiji respondiendo claramente a la pregunta de la señora.
Shinichi lo miró mientras Kaito se acercaba a él haciendo una cara de llanto que el policía de Tokio temió.
- Ryuuuuuuuuuuuuuu –se quejó el mago abrazándolo–cuánto te he echado de menoooooos –añadió moviendo la cabeza arriba y abajo mientras unía su mejilla con la de Shinichi– ¿Tu me has echado de menos?
El mago sin deshacer el abrazo miró al policía encogido. Shinichi se había quedado con los ojos abiertos y los brazos apartados de su cuerpo. De Kuroba Kaito ya se lo esperaba todo, pero nunca le había hecho algo como eso y ¡aún esperaba una respuesta de su parte!
- No, para nada… suéltame –se quejó Shinichi intentando zafarse de él.
- Noooooooo, Ryuuuuuuuuuuuu –Kaito se abrazó más a él con voz llorosa–mi hermano no me quiereeeeeeeee.
De repente Shinichi se dio cuenta de algo.
- ¿Qué has hecho?–preguntó Shinichi.
- ¿Qué?–preguntó Kaito apartándose de él y mirándolo– ¿Es que tengo que hacer algo por hacer eso?
- ¿Qué haces aquí?–preguntó Shinichi arqueando una ceja.
- Eso deberíamos de preguntarlo nosotros… –se quejó Heiji en un susurro detrás, mientras Akane abrazaba a su hermana que estaba aún tumbada encima del cadáver.
- He acompañado a mi nueva compañera –sonrió el mago señalándola– te presento a Ariwara Akane, policía de robos. La verdad es bastante incompetente, fíjate que se cree que yo soy Kaito Kid –se rió.
- Eso no lo dudo –le dijo ella con una mirada fría que hizo temblar al mago.
- Nosotros tampoco –sonrieron Shinichi, Heiji y Saguru a la vez.
- No os metáis conmigo –se quejó él– sigo sin haber robado nada –añadió– sigue siendo mi padre el culpable de los robos.
- ¿Cómo vamos a creer eso?–sonrieron los otros tres.
Kaito se cruzó de brazos.
- Además… –Shinichi se acercó a él– tengo aún que devolverte ese beso –añadió cogiéndole los brazos al mago– ven aquí.
- Quita, quita –se quejó él apartándose de él.
- ¡¿Qué narices pasa con vosotros?! –gritó la hermana de Akane asustándolos– ¡Mi marido ha muerto! ¡¿Vais a hacer algo al respecto?! ¡Menuda pandilla de policía! ¡Al menos podríais tener un poco de consideración por mí!
- Disculpa señora, nuestros respetos hacia ese hombre bastante malo, ya se han dado –sonrió Shinichi– la causa de la muerte es apuñalamiento, seguramente el móvil ha sido debido a los papeles que hay encima de la mesa. Era hombre de hacer fraudes a demás personas. Podemos descartar el robo por el dinero que hay allí –añadió señalando al otro lado de la habitación– señora eso pone a pocos sospechosos bajo la mesa.
- ¿Por qué?–preguntó Akane sorprendida.
- Porque si te han estafado dinero y vienes a matar a alguien no dejas el dinero esparcido por el suelo, te lo llevas contigo para compensar lo que perdiste –sonrió Heiji.
- Y menos aún cuando el hombre llevaba la corbata completamente desatada –añadió Saguru– eso implica que conocía suficiente al asesino como para no quedar bien delante de él. Eso reduce a familia o íntimos amigos. Pero usted me ha dicho que no tenía amigos ni compañeros de trabajo que llevara nunca a casa –añadió– eso les reduce a ustedes dos.
- ¡¿Está usted acusándome de matar a mi pobre marido?! –preguntó escandalizada la mujer– ¡¿Están todos locos?! ¡¿De verdad creen que iba a matarlo?!
- Tranquila, Machiko, tranquila –susurró Akane– eso es lo normal en esos casos, ellos tienen razón.
- Pero… –la mujer empezó a sollozar de nuevo– Akihiko… ¿qué voy a hacer sin él?–preguntó la mujer abrazándose a su hermana– Akane-oneechan… –empezó a llorar.
Los cuatro hombres suspiraron. Si ella era la culpable sabía perfectamente cómo hacerse la inocente. Shinichi se sacó un pañuelo del bolsillo y apartó los papeles de la mesa. Leyendo lo que allí había escrito, hasta que se dio cuenta de un papel extraño. Le hizo señas al moreno para que se acercara y él lo hizo.
- Tendríamos que ir a buscar el arma del crimen –observó Hakuba remirando la habitación de nuevo.
- ¿Qué es esto? –preguntó Heiji mirando donde le señalaba– Ariwara, hay un parte policial por las estafas, que hizo y su hermana…
- ¿Mi hermana? –preguntó la mujer levantándose para observar los papeles.
En esos momentos, entraron en la sala algunos científicos forenses junto con Aoko.
- Ariwara… –susurró Kaito– ¿nos estás escondiendo algo?
La mujer se lo miró mientras pasaba por su lado.
- ¿Qué ocurre Sora? –preguntó Shinichi.
- Tengo la sensación de haber visto antes esa expresión –sonrió el mago girándose hacia Shinichi y señalándose a sí mismo.
Ryuuzaki hizo mala cara mientras ella se miraba al ladrón.
- Entonces, Ariwara tendríamos que hacerte algunas preguntas –sonrió Shinichi.
- ¿De qué hablas? –preguntó Heiji que se había mirado a los dos sin entender.
- ¿Has intentado nunca mantener una cara inexpresiva, Hattori? –preguntó Kuroba acercándose a ellos mientras
Akane se miraba el papel que los otros dos hacía rato se estaban mirando.
- No le preguntes a él –le señaló Shinichi– precisamente él es el que menos puede.
Hakuba se echó a reír.
- ¿De nuevo la cara de póquer? –preguntó el inglés.
- ¿Qué cara de póquer? –decidió intervenir Aoko.
- La cara que todo mago debe de mantener para hacer un buen espectáculo –interrumpió Shiho que había entrado con la policía forense– si ocurre cualquier error, su cara inexpresiva hará que la gente se ría o siga disfrutando del espectáculo. Un buen mago nunca revela sus sentimientos ante el público.
- ¿Por qué me quitas 'mis' frases? –preguntó el ladrón remarcando el 'mis'.
- Venga ya, que por aquí nos las sabemos de memoria –se quejó la científica señalando a Shinichi– no has dejado nunca de decirlas…
El mago miró a su doble.
- Tiene razón –respondió Shinichi señalando a Shiho.
Kaito se giró solo para fulminar con la mirada a la mujer. Esta se encogió de hombros y siguió con su trabajo.
- ¿Y solo porque él ha dicho que Ariwara tiene cara de póquer…? –preguntó Heiji sorprendido.
- No lo ha dicho, tú lo has entendido así –sonrió Shinichi– pero sabiendo lo que sabemos, solo tenemos a la mujer de la víctima y a Ariwara, así que… alguien que sepa cómo van las cosas del crimen mejor que nadie y que pueda llevarnos a cosas extrañas solo puede ser ella… además de que se está manteniendo fría durante demasiado tiempo.
- ¿De qué hablas? –preguntó Saguru.
Kaito sacó el teléfono móvil del inglés de la nada haciendo que este se acercara con rapidez para intentar quitárselo, pero el mago lo esquivó y leyó.
- Ariwara Akane, 30 años, estudió en la universidad de Tokio para abogacía, pero se cambió de carrera para policía, detective –leyó Kaito– máster en criminología y robos. Entró en el departamento de robos y fue ascendida rápidamente a inspectora. Sus miedos ver un cadáver, estudiar de más y perder su familia.
- ¿Pone eso? –preguntó Heiji.
- Claro que no se lo está inventando –añadió Hakuba.
Kaito le mostró la pantalla del teléfono.
- Pues, no, no se lo está inventando –se sorprendió el inglés.
- Estos son los archivos clasificados de nuestros queridos ancestros –sonrió Shinichi.
- ¿El FBI? –preguntó Heiji.
- El mismo –sonrió Kuroba– nuestros archivos son más amplios que los de la policía, ¿a qué no sabéis por qué?
- Porque nosotros hemos estado investigando a toda la policía de Japón e incluso al mismo FBI y a la CIA –sonrió Shinichi– no descansamos ni un segundo. Hasta conseguir toda la información correcta, acerca de esa gente.
- Suena aburrido y más bien cansado –se quejó Heiji.
- Bah… solo los primeros días –sonrió Shinichi– en cuanto llegamos a los nombres conocidos se volvió tremendamente divertido.
- ¿Por eso te apareciste en mi boda? –preguntó Hattori enfadado– ¿En serio? ¿Solo viniste para investigarme?
- ¿De qué hablas? –preguntó el detective de Tokio– ¿En serio crees eso de mí?
- Quién investigó a Hattori Heiji fue Shiho –sonrió Kaito señalándola.
- ¿En serio? –preguntó el moreno mirándola.
- Sí… y nos reímos un rato con lo de: sabía una verdad tan asombrosa que no la dijo a nadie porque no le tomaran por loco –respondió la científica.
El moreno arqueó una ceja mientras Hakuba parecía interesarse.
- ¿Podríamos por favor entrar en el tema que estamos tratando? –preguntó Akane después de dejar el papel encima de la mesa de nuevo.
- ¿Es que no lo has visto tú misma? –preguntó Heiji– tu hermana denunció a su marido a la policía y ellos fueron tan idiotas de poner su nombre en los papeles de la denuncia.
- ¡¿Qué?! –gritó la viuda levantándose del suelo.
- Y por el grito que acaba de pegar –se quejó uno de los forenses que estaba a su lado en ese momento– no sabía nada de ese papel. Maldita sea, voy a tener que ponerme audífono ahora…
- Dejando de banda al tipo ese que ni siquiera me acuerdo de cómo se llamaba –sonrió el ladrón– tiene razón esa voz que ha retumbado en mi cabeza… esta hermosura de mujer no sabe nada… ese pobre hombre malvado, no tenía amigos, solo familia y eran esas dos mujeres… solo nos deja a ti, Ariwara.
- ¿Está hablando en serio el ladrón más…?
- El ladrón no es él –interrumpió Shinichi a las palabras de Akane– el ladrón murió hace tiempo, así que no intentes excusar nada. Dime, ¿tú sabías de esto? –preguntó señalando los papeles.
- No, no lo sabía –respondió ella.
- ¿Te importa que te hagamos pruebas de luminol? –preguntó Kaito cruzándose de brazos.
- ¿Para qué? –preguntó ella– ¿De verdad mi propio compañero me está preguntando eso? Tu mismo lo has leído, me asusta la sangre –se quejó.
- Pero tu hermana está sufriendo y tú te sigues manteniendo fría, aunque lo que más te preocupa es la felicidad de tu hermana –sonrió Kaito.
Heiji se cruzó de brazos y decidió apoyarse a la pared. El espectáculo no tardaría mucho en llegar. Shinichi observó el escritorio mientras Akane intentaba mentir de nuevo excusándose y evitando la respuesta. Vio que uno de los cajones estaba mejor colocado que los demás. Así que lo abrió con el pañuelo y observó su interior. Un par de libretas, un tampón con el apellido del difunto y un sitio vacío muy limpio. Shinichi frunció el ceño.
- ¿Qué encontraremos si analizamos esto? –preguntó Shinichi llamando la atención de Shiho con la mano.
La mujer se acercó hacia allí con un pequeño maletín. Sonrió al ver el interior del cajón y miró a Ariwara.
- ¿Qué había? –preguntó la científica– ¿Droga? ¿Alcohol? ¿Sangre? ¿Veneno? –se paró unos segundos para sonreír de satisfacción– ¿así que veneno? –bajó la vista hacia el cajón y abrió el pequeño maletín– ¿puedo descartar el que yo creé supongo, no jefe?
- ¿Tú qué dices Sora? –preguntó Shinichi mirando hacia el ladrón con una sonrisa.
- No la conozco muy bien, pero seguro que no es ninguno de ellos –respondió el mago– puedes descartarlo, Akemi.
- De acuerdo… –respondió ella con una sonrisa sacando algunos potes del maletín y empezando a analizar ese trozo de cajón.
- Última oportunidad Ariwara –sonrió Shinichi– ¿qué había en este cajón?
- ¿Y a mi que me cuentas? –preguntó ella– ¿y cómo sabe que es veneno? –preguntó señalando a la científica.
- Por tu cara –respondió Shiho con una sonrisa mientras seguía mirando– a veces mantener el silencio hace que tu cara sea más expresiva.
Al cabo de unos minutos de discusión sobre qué pruebas más podían encontrar, y mientras los forenses se llevaban el cuerpo del hombre, Shiho se acercó a Kaito y le dio un papel.
- ¿Otro? –preguntó el ladrón.
- Te dejo hacer los honores –sonrió la científica.
Kaito miró el papel.
- ¿Has estado nunca en esta sala Ariwara? –preguntó después de leer.
- Claro que sí –respondió ella.
- Entonces deberíamos de encontrar huellas –respondió el ladrón.
- He utilizado guantes cada vez que he estado aquí –respondió ella– ese hombre no me quería en esta habitación y yo no quería darle motivos para vengarse de mí.
- Pues no los utilizaste muy bien –sonrió Kaito– en ese cajón aparte de el veneno desaparecido, que ya sabemos que era un veneno de serpiente, también había una huella parcial tuya.
- ¿De qué estás hablando? –preguntó la mujer acercándose al policía de robos y quitando el papel de sus manos.
Kaito sonrió.
- Me habéis tendido una trampa –respondió ella– porque mis huellas no pueden estar aquí…
- Termina la frase –sonrió el ladrón al ver que la mujer se callaba– adelante –añadió cruzándose de brazos.
- ¿Quiénes sois vosotros? –preguntó mirando al mago.
- Agentes del FBI –sonrió Shinichi con orgullo.
- Tan solo somos unos policías que apartaron de la policía de Kioto por estar locos –sonrió el ladrón– además de que todos a los que hemos encarcelado han muerto antes de llegar a prisión –se quejó encogiéndose de hombros.
- No sois muy buenos en vuestro trabajo –sonrió Ariwara dejando caer el papel al suelo.
- No les hagas caso –se rió Shiho– tan solo son un par de cómicos.
- Pues estos cómicos han conseguido engañarme –respondió ella encogiéndose de hombros.
Heiji se apartó de la pared.
- Entonces tú le mataste –se sorprendió el moreno haciendo que Machiko se echara a llorar.
- ¿Puedo preguntar por qué una policía de tan buenas facultades en su trabajo ha terminado así? –susurró el ladrón.
- Parece ser que mi hermana tenía la culpa de todos sus males –se quejó ella a su lado– mi hermana era la imperfecta, la que le había llevado a la ruina… y ahora lo había denunciado –Akane sonrió tristemente– yo admiro a mi hermana y la envidio. Ella siempre tuvo la vida perfecta. Un trabajo aburrido, se casó para ser alguien mejor, se ha quedado embarazada del hombre al que amaba… pero… qué narices, ¡yo odiaba a mi hermana según ese estúpido hombre! –gritó– me llamó para pedirme que fuera su cómplice en el asesinato de mi hermana –se quejó– por mucho que la envidie, Machiko es mi hermana, jamás le haría daño, pero ese hombre ya había puesto el veneno en el vaso de Machiko… yo solo tenía que darle una coartada… en cuanto cogí el arma y empecé a llamar a la policía para que me enviaran refuerzos, él me quitó el arma e iba a matarme. Forcejeamos y terminó muerto con el abrecartas de su mesa… –susurró– pero… llamar a la policía cuando hoy iba a decirles a todos quién eras –sonrió viendo a Kaito– como mi hermana no se despertaba hasta mediodía porqué llegaba siempre muy tarde a casa, pensé en ir a la comisaría y en cuanto terminara contigo volver con la policía de homicidios y entregarme… quité el veneno del vaso de mi hermana y saqué el pote de veneno limpiando todo, incluso mis huellas, por lo que he visto –los ojos de Akane empezaron a humedecerse– lo siento Machiko iba a hacerte daño a ti y a vuestro pequeño.
- Maldita sea –se quejó Kaito– si hubieses llamado a la policía en vez de venir como si nada a comisaría te hubieras ahorrado quizás el ir a la cárcel.
- ¿Has matado nunca a nadie? –preguntó ella.
- Yo no, pero mi hermano sí –respondió– para salvarme.
Akane miró a Shinichi él sonrió forzadamente.
- ¿Qué sentiste? –preguntó ella.
- No maté a un adulto, maté a una niña –respondió Shinichi.
- Una niña… –susurró Akane– quizás hubiera sido mejor decirle que sí, girarme y dejar que matara a mi hermana.
- Te aseguro que no –sonrió Kaito– te hubieras sentido culpable de la muerte de tu hermana. La consciencia siempre traiciona.
- Entonces conseguiste salvarlo –sonrió ella– ¿y en qué se distingue?
- En nada… solo que yo la dejé morir por salvarlos –respondió Shinichi– y en cuanto salí de allí, llamé a una ambulancia, pero ya había muerto. Además de que el FBI es más cruel en eso.
- ¿El FBI? –preguntó la mujer.
- Lo único que me quedó claro ese día, fue que la justicia no tiene nada que ver con la venganza –sonrió Kaito– no hacían más que repetirnos eso.
- Certeras palabras… –susurró ella con la voz cortada.
Akane ya no podía aguantar más las lágrimas. Se abrazó al ladrón, llorando, ante la atenta mirada de todos los presentes, mientras su hermana lloraba en silencio al lado de su marido. Heiji suspiró al cabo de un rato y se llevó a la mujer sin ni siquiera ponerle las esposas. Hakuba suspiró y les siguió, mientras la policía científica también desalojaba la casa.
- Ni siquiera has aguantado tres días con una compañera –sonrió Shinichi– estás maldito.
- Mira quién fue a hablar –se quejó el mago mirándolo de reojo– el que no sabe ir a un lugar sin hacer que la gente se mate entre ella.
- No soy yo el que hace que la gente se mate –se quejó Shinichi fulminándolo con la mirada.
- Vete a casa y no salgas o te ataré a la próxima –respondió Kaito señalándolo.
- ¿Por qué tendrías que atarme? –preguntó Shinichi en un susurro mientras pasaba por el lado del ladrón.
- Porque no sabes estarte quieto –suspiró el otro– por favor… estás herido…
Chasqueando la lengua, Shinichi salió de allí. Había pasado media hora de pie y había disfrutado de nuevo de su trabajo, aunque tal y como había terminado la cosa no sabía si estar orgulloso de todo eso.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Kaito mirando a Aoko.
La chica parecía enojada.
- Vine porque Saguru me avisó de que habías venido –sonrió ella.
- ¿Te preocupa que sea un criminal? –preguntó Kaito sonriendo.
Aoko se abrió la bolsa grande que llevaba y sacó una carpeta. Kaito lo reconoció en seguida. Era lo que el inspector Nakamori tenía por darles esa mañana. Kaito lo cogió.
- Son fotocopias de los archivos que tiene la policía, ¿eh? –observó el ladrón.
- Mi padre se preocupó cuando vio las frases que había detrás de todo –respondió Aoko.
- ¿Qué frases? –preguntó el ladrón.
Observó a la última página. La frase que había escrito Hakuba y la suya habían sido remarcadas. Sonrió.
- Han sabido encontrarlo –se rió.
- No hace mucha gracia Kaito –se preocupó la chica.
- Dime… ¿qué te ha dicho Shiho en el ascensor? –preguntó Kaito mirando los papeles.
- Que si no me hubieras querido, hubieras robado como Kid –susurró ella roja como un tomate.
Kaito abrió los ojos como platos.
- ¡¿Entonces por qué te enojaste conmigo?! –gritó enojado el chico perdiendo los nervios por completo.
- ¡¿Quién iba a creerse esa chorrada?! –le devolvió el grito ella ante la atenta mirada de Machiko.
- ¡Por supuesto que yo! –respondió el otro más que histérico.
Aoko se quedó cortada. Su vergüenza parecía estar llegando a la punta de su pelo oscuro. No podía creer que el mago hubiera dicho aquello gritando. Kaito al acto se puso una mano en la boca. La había fastidiado. La verdad era que nunca le había querido decir que la quería por miedo a perderla. Ahora seguro la perdía.
- ¡Kaito idiota! –gritó Aoko saliendo a prisas de allí.
El ladrón suspiró.
- Yo de tu la perseguiría –susurró Machiko detrás– si te importa, ve tras ella… –terminó con una sonrisa.
Kaito la miró. Tenía razón. Salió corriendo de allí. No podía creer lo que acababa de suceder. Sabía perfectamente lo que podía pasar si se quedaba a solas con ella, y eso había sucedido. Echó un vistazo rápido a la calle. La chica estaba andando por la calle. Todos los policías y los forenses habían sido rápidos y se habían ido. Kaito chasqueó la lengua, Hattori se había ido sin esperarlo. Siguió hacia donde la chica se estaba yendo.
- Aoko, espera –pidió cuando casi estaba a su lado.
La chica se paró obediente, pero no se giró. Kaito se puso delante de ella. La chica se tapó la cara con las manos.
- ¿Qué te ocurre? –preguntó el mago al ver que la chica se cubría los ojos para no mirarlo.
- Déjame –susurró ella.
- No, no lo haré –respondió él– tienes que decirme que te ocurre. Maldita sea tú no eres así, estás loca y eres una bruta, pero nunca lloras por algo así.
- No estoy llorando –lo encaró ella bajando las manos para dejarle ver que realmente estaba llorando.
Kaito se echó a reír haciendo que la chica lo mirara sorprendida.
- ¿Y esto qué es? –preguntó Kaito dejando de reír para poner una tierna sonrisa y secar las gotas que bajaban por su mejilla– ¿Qué ocurre Aoko? –preguntó por una vez serio y tranquilo.
- ¿Por qué lo reconoces? –preguntó ella en medio de un suspiro.
- Porque la verdad es que siempre ha sido así –respondió él soltándola– des de siempre… –susurró bajando la cabeza.
Aoko abrió los ojos como platos. Le parecía increíble lo que su amigo le estaba diciendo. Y más aún que bajara la cabeza avergonzado. Eso no era típico en él.
- Aoko… –susurró el mago llamando la atención de la chica– hasta que esa gente no sea derrotada, nada será posible para nosotros, pero… –Kaito sacó de la nada seis hermosas rosas rojas delante de ella– te debía una por cada cumpleaños perdido –sonrió al ver esa sonrisa en ella, que hacía cada vez que le daba una de esas rosas– siento que esto haya tenido que ir así –ella cogió las flores, le parecía una eternidad cuando se había sentido así de feliz por la caballerosidad de su amigo– y quería decirte… –sacó de la nada una rosa azul– ¿te gustaría salir con Takahashi Sora? Solo hasta que Kuroba Kaito pueda volver –sonrió ampliamente el mago.
La chica lo miró. Hacía demasiado tiempo que esperaba eso. Hacía demasiado tiempo que quería que esto sucediera. Cogió la rosa azul y con una amplia sonrisa en sus labios, afirmó con la cabeza y lo abrazó.
- Cuando esa gente sea detenida me prometes que volverás a ser tú, ¿verdad? –preguntó con un susurro a su oído.
- Por supuesto –sonrió Kaito abrazándola– es una promesa.
Kaito mientras estaba abrazada a ella supuso lo que había pasado para que Nakamori se diera cuenta de la frase en esa carpeta.
Flashback.
Abrió la última carpeta. La foto de delante mostraba una persona de hacía mucho tiempo que él podía reconocer a la perfección. Kaito Kid, es decir su padre, estaba allí sonriendo mientras acababa de saltar de un tejado cubriéndose con la capa blanca. Observó con atención todo lo que se ponía de él. Los robos, el inicio, la desaparición durante 8 años, la vuelta, la desaparición de nuevo… al final de la última página un oficial había escrito: 'se cree que ha muerto'. Abrió los ojos como platos. ¿Muerto? ¿Quién estaba muerto? Si pillaba a ese oficial, sí que le haría saber lo que era estar muerto. Kaito Kid seguía bien vivo. Debajo de esa línea bien escrita en las cuadrículas del papel, pudo reconocer la letra de Hakuba escrita en diagonal y con prisas: '¿tú qué crees?'. El mago sonrió. Escribió debajo, también en diagonal y cerró la carpeta. Miró de nuevo el portátil. La luz amarilla seguía moviéndose con rapidez. Tenía que apresurarse. Tecleó un par de cosas en el ordenador, haciendo que su teléfono emitiera otro pitido parecido al del inspector. Cerró el portátil metiéndolo en la bolsa y se fue con ella a cuestas. Ese día había olvidado que había dejado la carpeta mal colocada en el montón. La carpeta cayó del montón girándose y abriéndose por la última parte que había estado abierta. Dejando ver un 'Quizás' debajo de las letras de Hakuba.
Fin del Flashback.
MATA!
^^Shihoran^^
