BUENAAAAAAAAAAAAAASSSSSS! Y FELIZ SANT JORDI!
Hoy día del libro y la rosa, pensé en publicar más e . e Si a alguien le interesa esta historia que se celebra en muchos países, incluidos Japón, y por supuesto la comunidad autónoma de Cataluña, que busque la leyenda de San Jorge y el dragón. Es muy curiosa y muy bonita. Básicamente, para quién no lo sepa, es como celebrar un san valentín, pero sin engordar nada más que la mente o los pulmones! En este día, las chicas regalan libros a los chicos y los chicos regalan Rosas a las chicas :D
Bien... después de esta breve introducción, Lunatica Julia I'M SO SORRY! no me di cuenta de que fanfiction no me puso tu nombre en ninguno de los dos lugares u . u sep... los dos mensajes que ponen entre paréntesis el capítulo y nada más son para ella.
Megustaelheladodechocolatesii: Bueno... tanto como enterrada... - . - no... hace poco enterré vivo a uno de mis personajes y pensar en ello me hace sentir culpable y muy malvada... que te lo diga Lady Kid que ha tenido la suerte o la pena de leerlo XD a veces tengo una mente muuuuy malvada. por eso no quiero que mis lectores mueran ya les hago eso a mis personajes sin problema ;) XD y bueno... lo de ahora... pues va ser que no... solo me queda un capítulo de margen y mi cabeza sigue sin pensar en Por los Años, sino en otros capítulos... Bueno... GRACIAS POR EL REVIEW DE NUEVO! :D
Aquí les dejo el siguiente. Espero lo disfruten! ;)
Padres.
Un buen padre vale por cien maestros.
Jean Jacques Rousseau(Filósofo francés).
Ran abrió la puerta y dejó entrar a Shinichi.
- Parece mentira que trabajes –se rió ella.
- ¿Es que no quieres verme? –preguntó él besándole la mejilla.
- Por supuesto que sí, pero Yui te echará de menos –añadió Ran cerrando la puerta después de que entrara.
- Curioso que digas eso cuando me ha echado de la casa, casi a patadas –sonrió él– no sé qué trama, pero empieza a darme miedo.
- Quizás este haciéndote un regalo, no seas mal pensado –sonrió Ran empujando al chico hacia el comedor.
- No me echaría de casa, si no de su habitación –respondió Shinichi.
Ran le obligó a sentarse al sofá.
- ¿Quieres tomar algo? –preguntó la chica.
- No gracias.
- ¿Y a qué se debe tan grata visita? –preguntó Ran.
- Me han echado de casa y no tengo otra persona a la que molestar –se rió mientras ella se sentaba a su lado.
- Molestas mucho –respondió ella sacando la lengua.
- Esa era mi intención –añadió él satisfecho– aunque veo que estabas trabajando, así que realmente estoy molestando.
- No te hagas de rogar Shin-chan –sonrió ella abrazándolo.
- ¿Estás bien? –preguntó él.
- ¿Estás nervioso por algo o me lo parece? –preguntó ella apartándose y viendo que miraba hacia otro lado.
Él sonrió. Cuanto le conocía. Cogió aire para darse valor y rebuscó en sus bolsillos.
- Tengo esto desde hace ya un buen tiempo y quería dártelo –sonrió sacando una cajita pequeña de color granate.
Ran lo cogió con cuidado. Por el tamaño de la cajita podía saber con exactitud lo que había dentro, pero… su corazón se aceleró de repente como si estuviera abriendo su mejor sueño. Abrió el objeto dejando ver un pequeño anillo de platino.
- ¿Quieres casarte conmigo Ran? –sonrió él observando con satisfacción la cara que ponía ella.
- Shinichi… –susurró Ran mirándolo– pero esto…
Ran se lanzó a sus brazos para abrazarlo.
- Claro que sí –respondió medio llorando.
- Vale, pero no creo que esto le vaya bien al bebé o a mí –murmuró él medio ahogándose.
- Per… perdona… –susurró ella apartándose– es que…
No podía expresar en palabras la felicidad que sentía en esos momentos. Sonreía radiante volviendo a observar el pequeño objeto.
- Dame –sonrió él alargando la mano para que le diera la cajita.
Ella se la dio. Shinichi sacó el anillo de dentro la cajita y agarró la mano izquierda con ternura, poniéndole el objeto en el dedo anular.
- Pero no llores –se rió Shinichi viendo que la chica se mordía el labio intentando, en vano, que las lágrimas le cayesen.
- Es que… Shinichi… –susurró ella.
Él la abrazó. Los dos hacía tanto tiempo que esperaban eso, que les parecía una eternidad lo que habían crecido, lo que habían sufrido... Ran se agarró con fuerza al jersey del chico. Ahora estaba aún más convencida de que jamás volverían a separarse, de que jamás volvería a estar sola… Se separaron al cabo de un rato. Mientras se susurraban su amor. Shinichi hizo que ella se tumbara con las piernas encima de su regazo y con la mano le acarició tiernamente la barriga.
- Dime, Shinichi –susurró la chica mirando hacia el techo– ¿le dijiste algo a Yui de lo que has dicho hoy?
- Hablando del tema –sonrió Shinichi– Yui me dijo que si tenía que tener una madre quería que fueras tu –informó, Ran le miró– si quieres preguntárselo hazlo cuando la veamos, estoy seguro de que te lo dirá. Ran… ¿querrás venirte a vivir conmigo y con Yui? –preguntó Shinichi.
Ella le cogió la mano que tenía en su barriga mientras afirmaba con la cabeza. El silencio se hizo entre los dos. Ran observó la cara del chico. ¿En qué estaba pensando esa mente abierta? Extrañamente estaba distraído, pero sonriendo. Le tocó la mano en que seguía acariciándole la barriga haciendo que la mirara. Con solo una sonrisa, él le respondió a su pregunta.
- Tendremos que decirlo a todos –suspiró Shinichi.
- Quedamos mañana para comer con nuestros padres –informó Ran.
- Cierto… –susurró él poniendo mala cara.
Ella se rió. El timbre de la casa sonó. Ran hizo el intento de levantarse, pero Shinichi la aguantó para evitarlo.
- Déjame ir –se rió ella.
- No, que dejen de interrumpirnos –se quejó él.
- Shinichi puede ser importante –sonrió ella.
- No hay nada importante en estos momentos –respondió Shinichi en un suspiro.
- ¿Y si se está quemando el piso de abajo y tenemos que salir de aquí? –preguntó Ran mientras el timbre volvía a sonar.
- Primero no serían tan insistentes, porque hubieran creído que no había nadie –informó Shinichi– y segundo… tenemos unos bomberos excelentes en este lugar son rápidos y eficaces.
Ran se echó a reír.
- Vamos… no te levantes –pidió él mientras le apartaba las manos.
- Shinichi… –suspiró ella mientras le amenazaba con la mirada.
Finalmente el chico levantó las manos para dejarla levantarse. Ella se fue hacia la puerta y comprobó quien era antes de abrir.
- No hará falta a esperarnos a mañana –sonrió Ran antes de abrir– tu hija los ha traído a todos.
- Buen momento –suspiró él.
Ella abrió la puerta.
- ¿Dónde está? –preguntó Kogoro invadiendo la casa con prisas.
- ¿Quién? –preguntó su hija apartándose para que pudieran pasar todos.
- Felicidades pequeña –sonrió Eri abrazándola.
- ¿Os lo han contado ya? –preguntó Ran.
- Felicidades Ran-chan –sonrió Yukiko– vamos a ser abuelitos de nuevo…
Yusaku entró saludando con la cabeza y cerró la puerta.
- ¿Qué le has hecho a mi hija? –preguntó Kogoro agarrando a Shinichi por el cuello de la camisa.
- ¿Qué le he hecho? –preguntó Shinichi sorprendido de que solo llegar el hombre la hubiera tomado con él– espera… os lo han dicho antes de que pudiéramos hacerlo nosotros –suspiró Shinichi desviando sus ojos hacia Yui– te quedarás castigada durante dos semanas.
- Lo siento –sonrió la niña sin poner cara de sentirlo.
- No te va a salvar nadie esta vez –se quejó Shinichi– ahora entiendo porque te tomaste tan bien que fueras la última en enterarte. Ya tenías planeada tu venganza…
- ¡No me ignores! –gritó Kogoro zarandeándolo– ¡Has dejado embarazada a mi hija para luego desaparecer, ¿verdad?!
- ¿Disculpa? –preguntó Shinichi arqueando una ceja y mirándolo como si estuviera loco– ¿En qué momento te he dado motivos para que creas eso, Otchan?
- Papá por favor –pidió Ran intentando separarlo de su ahora prometido– ¿de verdad crees que Shinichi puede ser una persona así? –preguntó poniéndose en medio de los dos en cuanto logró que el hombre lo soltara.
- Va a dejarte abandonada –le advirtió su padre.
- Kogoro, por favor, deja que los chicos decidan lo que quieren hacer –suspiró Eri.
- No, no voy a dejar que destroce de nuevo la vida de mi hija –se quejó él.
- ¿En qué sentido voy a destrozar la vida de tu hija? –preguntó Shinichi cruzándose de brazos y piernas.
- Vas a dejarla sola con un bebé, la abandonarás como hace 6 años –informó el hombre.
- No lo hará –respondió Ran girándose de cara a Shinichi tocándose el anillo de su mano.
- ¿Cómo estás tan segura, Ran? –preguntó su padre mientras Yusaku se sentaba en el brazo del sofá.
- Por el anillo que lleva en su mano –informó el hombre desviando la mirada hacia otro lado.
- ¿Anillo? –preguntaron los demás mientras Ran y Shinichi enrojecían levemente.
- ¡Va a haber boda! ¡Va a haber boda! –gritaba Yukiko con un canturreo mientras alzaba las manos.
- ¡¿Casarte?! –preguntó Kogoro aún a gritos– ¡¿Con quién?! –gritó por encima de los canturreos de la mujer.
Ran se giró para mirarlo.
- ¡Con el padre del niño, papá! –respondió ella alucinando.
- ¡NI HABLAR! –gritó el hombre dejando a todos boquiabiertos– ¡NO VAS A CASARTE CON MI HIJA PARA LUEGO ABANDONARLA!
- ¡Kogoro! –se escandalizó Eri.
- ¡Papá! ¡Tú no decides sobre mi vida! –gritó Ran señalándose a sí misma.
- Creo que empiezo a entender el por qué Kaito y Aoko se casaron sin contarles a nadie –suspiró Shinichi aún en el sofá.
Ran se giró sorprendida de sus palabras.
- ¿Qué? –preguntó él abriendo los brazos– empiezo a sentirme como Kaito, la verdad –se señaló a sí mismo.
- No ayudas, Shinichi –se quejó ella con un tono de voz más bajo.
- Tu padre me odia, Ran –respondió el joven señalando al hombre del bigote pequeño que volvía a gritar desesperado– no puedo sentirme de otra manera.
- Eso es cierto –se giró Ran para encarar a su padre de nuevo– ¿por qué te disgusta tanto que sea él? –preguntó.
- ¡¿Por qué?! –de nuevo se descargó a gritos– ¡Porque ha hecho daño a mi hija! ¡A mi niña!
Ran rodó los ojos y se cruzó de brazos. Luego se giró para mirar a Shinichi para que dijera algo, pero él sonrió apoyando sus brazos en el respaldo del sofá y movió los hombros indicándole que era lo que se esperaba y no se le podía hacer más. Ran bufó volviéndose a encarar a su padre.
- Kogoro se acabó –decidió intervenir Eri tirando de su brazo– nos vamos de aquí.
- ¡No! –gritó él zafándose– ¡No hasta que no me dé un motivo del porqué dejó plantada a mi hija durante 6 años!
El silencio se hizo a la sala. Nadie se había dado cuenta de que no le habían contado a Kogoro de la situación.
- No tienes por qué saberlo, papá –susurró Ran mientras Shinichi colocaba sus codos en sus piernas, interesándose por las palabras del hombre.
- No, que me lo cuente –respondió el hombre bajando la voz al ver el ambiente tenso que había quedado.
- No tiene que contarte nada –se quejó Ran mientras Shinichi se levantaba.
La cogió del brazo para que se girara a verlo y sonrió con seguridad.
- No, no tienes que pasarlo mal tú, porque él desee saber de tu vida –respondió Ran preocupada.
- Ran, está claro que nadie le ha contado acerca de lo que ocurrió –susurró él– por favor déjame hacerlo.
- No va a servir de nada –se entristeció ella.
- Quizás, pero… aún así tiene que saberlo.
Ran iba a rechistar pero Shinichi levantó un dedo para que no dijera más. Ella se mordió nerviosa el labio, aguantándose el llanto. Después de contarle no serviría de nada. Shinichi se levantó la manga del brazo derecho y se quitó la muñequera que Kazuha le había dado. Le mostró la marca al hombre que abrió los ojos con exceso. Shinichi intentó evitar reírse. El hombre los había abierto tanto que parecía que tuvieran que caerle en algún momento.
- ¿Qué es eso? –preguntó.
- Eso, señor Mouri –suspiró Shinichi que no tenía ganas de hablarle de eso– es una marca de tortura.
Shinichi le contó por encima lo que pasó esa semana y hasta que despertó dos semanas más tarde en América. En cuanto terminó Ran le cogió de la mano.
- ¿Y no se te ocurrió llamar en los siguientes años? –preguntó el hombre desesperado.
- Oh, por favor, papá –se quejó Ran rodando los ojos.
- Kogoro… –suspiró Eri cansada en tono de advertencia.
La hija Mouri dejó el brazo de Shinichi y se dirigió al baño. Shinichi la siguió.
- ¿Qué he hecho? Ha sido solo una pregunta –se defendió el hombre mientras Shinichi entraba al baño y cerraba la puerta.
- Lo siento –susurró la chica agarrándose con fuerza al lavamanos intentando calmar su respiración.
- Ran tranquila, no pasa nada –sonrió él, sabía cuan terriblemente insensible podía ser el hombre.
Se puso detrás de ella y la agarró por la barriga.
- Debes tranquilizarte.
- Pero… es que de verdad… yo no… lo siento… –susurraba ella más nerviosa.
- Ran… escúchame –susurró Shinichi mirando la cara de la chica a través del espejo– tienes que tranquilizarte –añadió acariciándole la barriga.
- Lo sie… –volvió a susurrar ella.
Shinichi la interrumpió besándola.
- Ran, no pasa nada –respondió él– de verdad, estoy bien… desde que he vuelto con vosotros he conseguido olvidarme poco a poco de eso… yo estoy bien.
- Estoy mareada –susurró al final ella.
Shinichi abrió el grifo desde detrás de ella. Solo un chorrito de agua. Le apartó con la otra mano el pelo de la espalda, colocándolo a un lado. Mojó un poco su mano en el chorrito de agua y le pasó la mano por detrás del cuello.
- Estás frío –susurró la chica.
- Un poco –respondió él agarrando su frente y haciendo que apoyara su cabeza en su hombro.
La cogió de las manos e hizo que pusiera las muñecas bajo el chorrito, luego cerró el grifo.
- Tienes que ir a descansar –susurró Shinichi.
- Por favor, diles que se vayan –pidió ella dejando que Shinichi la llevara por el camino, desde detrás, agarrándola por los brazos.
- Sí, lo haré, pero tú te vas a descansar –sonrió él abriendo la puerta y de nuevo guiándola.
Pasaron por delante de los demás, que se mantuvieron en silencio al ver tambalearse un poco a la chica. Shinichi la hizo entrar en la habitación y la tumbó en la cama, mientras Eri entraba dentro con ellos.
- Descansa, Ran… –susurró él tapándola con las mantas.
Ella sonrió y cerró los ojos. La verdad es que ahora ya se encontraba un poco mejor, pero seguía estando mareada. Él la había tranquilizado. Shinichi se levantó e indicó a Eri que saliera. Cerró la puerta.
- Por favor, nos veremos mañana –susurró Shinichi señalando hacia la puerta y mirando al suelo.
- Lo siento, Shinichi-kun –susurró Eri sonriendo tristemente.
- No importa, de verdad –sonrió él sin mirarlos– ahora por favor, iros…
- Dile a Ran que vendré a ver cómo está por la noche –susurró la madre de la chica mientras se iba hacia la puerta.
- Claro… –respondió él.
- Shin-chan, me alegro por vosotros –susurró Yukiko abrazándolo y siguiendo a Eri.
- Siento que os hayáis tenido que enterar así, queríamos decíroslo mañana –informó Shinichi.
Yusaku le acarició la cabeza y siguió a su mujer.
- Lo… lo siento… –dijo Kogoro que se había esperado al último– de verdad que lo siento.
- Señor Mouri, yo lo siento más por su hija que por mí, la verdad –susurró Shinichi– sé del cierto que lo ha pasado muy mal estos años y quiero intentar ayudarla… quiero intentar que nunca jamás vuelva a llorar. Y si… si alguna vez lo hace… si alguna vez, la ves llorar por mi culpa –susurró mientras Eri, Yukiko y Yusaku salían de la casa– te pido por favor que… que me pegues con todas tus fuerzas…
- No necesito que me lo pidas –respondió el hombre sin esforzarse en bajar la voz– ten por seguro que lo haré –respondió levantando un dedo hacia él.
- Dile a mi madre que Yui se quedará con nosotros –sonrió Shinichi mientras el hombre se dirigía hacia la puerta– Ran quería hablar con ella.
El hombre salió y cerró la puerta.
- Papá, lo siento –susurró la niña casi inaudible.
Shinichi se puso a la altura de la niña y le puso una mano en la cabeza.
- Yui, no pasa nada –sonrió– tu tan solo les has informado. Espera aquí.
Entró con Ran de nuevo y se arrodilló al suelo.
- Ran, ¿estás bien? –preguntó Shinichi.
Ella abrió los ojos y sonrió.
- ¿Y Yui? –preguntó.
- Está a fuera –susurró Shinichi.
- Dile que venga, por favor –respondió ella.
La niña sacó la cabeza por el umbral. Les había oído.
- ¿No deberías de descansar un poco? –preguntó Shinichi.
- Por favor… –susurró Ran.
- Ran-oneechan… –susurró la pequeña poniendo cara arrepentida entrando a la habitación.
Ran se movió un poco para que la niña se pusiera a su lado y le indicó que lo hiciera. Yui se sentó a su lado.
- Lo siento… –respondió– no sabía que terminaría así.
- Mi padre es un poco especial… nadie sabe sus reacciones en momentos como estos –susurró Ran– es como un poco insensible…
- Pero sin el cómo –se quejó Shinichi mientras Ran hacía que la niña se tumbara con ella.
Yui y Ran se rieron.
- Yui-chan –susurró Ran mirándola– tengo que preguntártelo, porque yo no quiero que te sientas incómoda conmigo. Eres una buena niña y muy atenta a los demás, pero esta vez te corresponde a tu felicidad.
- ¿Vais a abandonarme? –preguntó con los ojos llorosos.
Ran se sorprendió y miró a Shinichi.
- ¿De dónde sacas esas cosas? –preguntó él chasqueando los dedos a su cabeza– escucha antes de interrumpir.
Ran sonrió tiernamente.
- En absoluto –susurró haciendo que Yui se mordiera el labio inferior– Yui, tu padre me ha pedido que me case con él y que vaya a vivirme con vosotros. Pero ahora mismo tú eres quien debe decir lo que quiere…
Yui se echó a llorar.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Shinichi levantándose para mirarla desde arriba– ¿Yui?
- ¿Qué Ran-oneechan sea mi mamá? –preguntó la niña tapándose la cara.
Ran y Shinichi se miraron.
- Yui si no quieres que…
- ¿Estás de broma? –interrumpió la niña a su padre– yo quiero que lo sea… yo quiero que Ran-oneechan sea mi mamá…
- ¿Entonces por qué lloras? –preguntó Shinichi mirándola de reojo y cruzándose de brazos.
- Es que…
- Insensible –se quejó Ran fulminándolo con la mirada mientras abrazaba a Yui.
- ¿Qué he hecho? –preguntó él aún de pie.
- Entonces… –susurró Ran mientras sonreía– Yui-chan, ¿qué es lo que quieres?
- Yo… –la niña estaba sollozando entre los brazos de la abogada– quiero estar con papá… quiero que… que… Ran-oneechan sea mi mamá…
Shinichi se apoyó a la pared de la habitación mientras la niña lloraba. Parecía increíble que esa niña tan madura a su edad y tan despreocupada de las demás cosas ahora estuviera llorando por querer tener a una madre. Nunca se había fijado en lo complicada que había sido la vida de la niña, porque su madre le había enseñado a ser madura y a no preocupar a los demás con sus problemas. Shinichi sabía lo sola que se sentía, pero no podía remediarlo por mucho que lo intentara. De alguna manera sabía que Ran la ayudaría. Observó con atención durante un rato, mientras Ran tranquilizaba poco a poco a Yui. De algún modo sentía tranquilidad al verlas. Sabía que entre los tres podrían ayudarse entre ellos. Ya no habría ningun problema. Al cabo de un rato, Yui se durmió de cansancio, aún sollozando de vez en cuando.
- Es una niña –susurró Ran acariciándola.
- Lo sé –respondió él también en un tono bajito– ¿Estás bien?
Ran afirmó con la cabeza.
- Me quedaré con ella un rato más –respondió.
- Bienvenida a la familia –sonrió él.
- No seas bruto –se quejó Ran– aunque sea una niña madura sigue siendo una niña.
- Gracias Ran –susurró finalmente Shinichi.
- Lo sé –respondió ella.
Shinichi se fue de la habitación. Cerró la puerta y se sentó al sofá. Él extrañamente también se sentía cansado. Observó de nuevo la solitaria habitación. Ni siquiera una foto de Ran o sus padres en ese lugar. Nada que le pudiese demostrar su felicidad en todos estos años. Nada que le dijera 'he estado bien sin ti'. En cierto modo le tranquilizaba saber eso, pero también le preocupaba ver que había sido por su culpa.
YEIY!
Bueno ahí les dejo... para el siguiente capítulo llegaran nuevas noticias del padre biológico de Yui... me di cuenta de que lo dejé un poco colgado al pobre. Aunque terminé ese capítulo antes de terminar este XD De nuevo ahora ya no queda mucho por mostraros, así que van a ser capítulos un poco lentos. Voy a mostraros la cárcel en donde está la organización más adelante jejejejeje. Vermouth será un punto fuerte en otra historia que estoy preparando, como continuación de Por Los Años.
De nuevo... DEJEN REVIEWS! :D
Espero que les regalen muchas rosas y libros hoy! :3
MATA NA!
^^Shihoran^^
