Buenassssss! Feliz cumple Shinichi!
Sep ahora os preguntaréis que hace la loca haciéndolo... bueno... somos 4 de mayo y la loca escritora que está detrás de estas letras tenía muuuuchas ganas de hacerlo XD y eso ha hecho que escriba antes el siguiente capítulo! yeah :D
Megustaelheladodechocolatesii: Dioses *^* te amo! XD Me alegra que odies a Yui y ames a Kogoro... ay quiero decir al revés! XD jajajaja la boda será el último capítulo... lo estoy escribiendo mientras me van saliendo ideas XD pero antes van a haber muuuuchas otras cosas... y voy a tener que empezar a escribir capítulos más largos XD llevo 41 capítulos y la cosa se alarga mucho ya XD Gracias por lo del premio *^* Bueno siempre se aprenden cosas nuevas XD hiciste que mi día terminara mucho más genial de lo que hubiera imaginado ;) gracias por eso! :D
Lady Kid: hermana... GRACIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSS SSSSSSSS! HICISTE DE MI DÍA UN COMPLETO! te amo! *^* yo quiero que vuelvas a tener compu! quiero leer a HARUUUUU! *^* jajajajaja quieres la segunda parte de POR LOS AÑOS... lo sé! :D pero... hasta que no termine el primero nada de nada! XD de momento te dejo con otro capítulo y quizás... publique de paso a Morita! :D hoy sería un buen día para hacerlo... ¿qué opinas de eso? XD Siempre es el mejor el tuyo e.e ya sabes que me los leo enteros hasta el final sin dejar de mirarme nuuuunca tus locuras *^* thank you! YA ESTOY CONTINUANDO CON PERCY! ¬¬ ahora me dan ganas de matar a Nico ¬¬ maldito traidor... pffff... bueno... dejo de pensar en eso porque sino aún diría cosas por aquí que no debo XD Mata Sou-chan!
Abuelos.
Yo no sé quién fue mi abuelo; me importa mucho más saber quién será su nieto.
Abraham Lincoln (Político estadounidense).
Un enorme ventanal dejaba ver la calle desde fuera. Dentro, era un restaurante con paredes de madera y pequeñas antorchas de mentira que iluminaban con una tenue luz la estancia. Las paredes estaban decoradas con cuadros antiguos y alrededor de las tres mesas largas, había bancos alargados, en los que podían caber unas 20 personas a cada mesa. En la barra de madera también y en forma de 'L', dando otra vez una decoración de un Salón del Lejano Oeste, había tres taburetes de madera. Detrás de la barra había una puerta que llevaba a la cocina y una ventana sin cristal para poder pasar la comida sin tener que abrir la puerta. Al lado de la puerta, unas escaleras de madera que llevaban a la planta de arriba.
- Shin-chan, que buen lugar es este... ¿cómo lo encontraste? –preguntó Yukiko con una sonrisa apartando los cubiertos del plato.
- Es de Yui –informó él señalando a la niña mientras ella levantaba la mano– su madre era la propietaria de la mitad de Japón. Que por cierto, creo que nunca pregunté el motivo de por qué un agente del FBI podía permitirse tanto.
- Eran de mis abuelos –respondió ella poniéndose otra cucharada a la boca– y por eso mamá se cambió de nombre en cuanto ellos murieron –sonrió– porque no quería venir por aquí y que la gente le hablase por su dinero. Cosa que no sirvió de mucho –añadió mirando a Shinichi– porque al final Michael se casó con ella por dinero... aunque no vio nada de ese dinero en los 3 meses que estuvieron juntos.
- Inteligente –respondió Shinichi.
- Avaricioso –sonrió Yui.
- Y quizás un poco agobiante –añadió el padre.
- Todas las cualidades que mama odiaba –informó la niña medio riendo.
- Os olvidáis del perezoso –añadió el camarero entrando de nuevo en la sala, trayendo el postre de la cocina.
- Sí –dijeron los dos– pero eso a ella le gustaba.
- Cierto, Mary adoraba la gente perezosa –se rió el hombre, moreno y de ojos oscuros.
- Él fue su primer compañero en el FBI, ya está retirado –informó Yui– y es quien se encarga de mi fortuna mientras no tenga edad para tenerla. Black Maxime.
- ¿Y eso ibais a decirlo cuándo? –preguntó Yukiko arqueando una ceja.
- Es su fortuna, es ella quien debe de contarlo si quiere –se rió Shinichi.
El camarero sacó los platos de la mesa mientras los demás se interesaban más por el tema. El teléfono del restaurante empezó a sonar.
- Disculpad… –pidió Max alejándose.
Shinichi se levantó para recoger los demás y llevó los platos del postre.
- Le quitas la gracia al trabajo de camarero, papá –sonrió Yui en cuanto él se sentó de nuevo.
- Lo sé –sonrió él.
- Jodie, what's wrong? –escucharon hablar al hombre.
Shinichi y Yui se miraron y miraron hacia atrás de reojo. El hombre sonrió y les mostró el teléfono.
- Para ti –sonrió Yui volviendo hacia el plato.
- Para ti –se quejó Shinichi haciendo lo mismo.
- Kudo –les avisó el camarero– jefe… –aclaró.
- Maldita sea –se quejó Shinichi levantándose– esos no se han enterado de que ya no trabajo para ellos.
- Nunca vas a dejar de trabajar para ellos –sonrió Maxime– tenlo por seguro.
- Me lo suponía –suspiró Shinichi cogiendo el auricular del teléfono que había detrás de la barra– gracias por tu aclaración.
- ¿Para qué quería Jodie-sensei? –preguntó Yui mirando al camarero.
- Ha dicho no sé qué de un niño recién nacido –respondió el hombre– creo que corren rumores de una herencia de los Black.
- La única herencia de los Black posible es la mía –sonrió la niña ante la atenta mirada de todos, excepto Ran y Kogoro que miraban al policía– y no voy a meterme en todos estos problemas porque Michael me lo pida.
- No va a pedirte nada ese hombre Yui –suspiró Shinichi colgando el teléfono con los ojos cerrados.
- ¿Ha dejado de perseguirme? –preguntó la niña con una sonrisa alegre.
- Ha muerto… –informó él– tu padre biológico ha muerto.
- Entonces ya no hay herencia posible –se rió Yui mirando al camarero.
- Sí la hay –volvió a hablar el padre mientras salía de la barra.
La niña le miró sorprendida.
- Yui… tengo que informarte de algo… –Shinichi se sentó a su lado y la miró– ¿te acuerdas del 1 de Enero en que volví tarde por la mañana?
- Sí… –respondió ella– estabas con Ran-oneechan –sonrió ella.
- Ni siquiera te di una excusa y ya te imaginas lo que no es –se rió el padre.
Ella arqueo una ceja.
- A ver… tuve que ir al hospital –susurró Shinichi– una mujer, iba a dar a luz a un niño y pidió que yo estuviera presente después del parto.
- ¿Para qué? –preguntaron Yui y Yukiko a la vez.
Shinichi fulminó con la mirada a su madre.
- ¿No será… la mujer del laboratorio químico? –preguntó el camarero intentando recordar.
- El caso… ¿recuerdas el año pasado el caso del laboratorio? –preguntó Shinichi señalando al acertado Max.
- Algo recuerdo… una mujer que se había quedado sorda, ciega y muda debido a un fracaso en un laboratorio… y terminaron todos sus compañeros con una situación similar.
- No prestamos mucha atención a esa mujer… no debía de traer problemas a nadie, pero… –Shinichi suspiró y miró a Max, que se encogió de hombros y se fue– la cuestión es que… Ginebra la acogió…
- Así que se convirtió en un problema… –respondió Yui.
- Peor aún… el primer niño que ha nacido este año en Japón, se llama Hanabi Ronald –informó Shinichi sin querer mirar a la niña.
- ¿Ha… Ha… Ha… Ha…?
- Tartamudear no hará que no haya ocurrido eso, Yui –susurró el camarero.
La niña miró al hombre.
- ¡¿EL HIJO DE GINEBRA?! –gritó ella levantándose del banco y mirando a los dos.
Shinichi se removió el pelo con una mueca en su cara.
- Gritar tampoco ayudará en que no haya sucedido eso… –se quejó el padre.
- Pe… pe… pe… pero… ¿estáis locos? –preguntó la niña– ese… es… la herencia de los Black realmente existe… ¿y nadie se ha atrevido a avisarme antes? –preguntó ella.
- Porque si te hubiéramos dicho antes hubieras intentado matarlo –se quejó Shinichi.
- Así que ahora que ya se lo han llevado, ya puedes saberlo –se rió Max.
- Entonces se lo han llevado –susurró Yui.
- Parece ser que el FBI no tienen nada más ahora que hacerse cargo de un niño recién nacido que quizás nunca conozca su pasado.
- Querido, la gente que nacemos con problemas familiares siempre nos preguntamos de dónde venimos –respondió Yui– y por supuesto sé toda tu vida.
- Porqué te he contado yo –respondió Shinichi medio riendo.
- Me contaste solo una parte –respondió ella cogiendo el vaso y brindando hacia él– yo averigüé lo demás.
Shinichi rodó los ojos.
- ¿Así que estudiaste mi vida? –preguntó.
- No, eso fueron los papeles que mamá me dejó al morir –sonrió ella.
- Eso es trampa –se quejó el camarero– ya tenías todo el trabajo hecho.
Yui se echó a reír mientras Shinichi apuntaba una cosa en su teléfono. La puerta del lugar se abrió y entraron dos ancianos que nadie, excepto el camarero, les prestaron atención.
- Papá, ¿en serio has visto al niño ese? –preguntó Yui viéndolo mientras Shinichi escribía con rapidez al teléfono.
- No tengo otro remedio, Yui –suspiró él– ya se lo han llevado los servicios sociales y la mujer ha muerto. Nosotros ya no podemos hacer nada más.
- Pues ese niño tendrá más suerte que la nuestra, ¿no es así Yui? –preguntó la anciana acercándose con rapidez a Shinichi.
El policía se apartó a tiempo mientras la anciana sacaba un hierro y lo atizaba en el aire para darle.
- Obaachan –se sorprendió la niña– espera, Obaachan, deja a papá, por favor...
Shinichi esquivó todos los golpes mientras seguía mirando al teléfono. Se lo guardó al bolsillo y paró el palo con una mano mirando a la anciana.
- ¿Se puede saber por qué me odia tanto? –preguntó Shinichi fulminándola con la mirada.
La anciana sonrió hábilmente y miró el palo de hierro que hacía una 'T'. Shinichi alzó la vista. De repente empezó a temblar.
- ¿Cómo tienes tu eso? –preguntó mientras ella intentaba pegarlo con la otra mano.
Al ver que Shinichi le paraba la mano, soltó el hierro para pegarle con la otra, dándole de lleno un bofetón.
- Espero que esté satisfecha –susurró– Yui aquí tienes tu herencia. Eso es lo que tu padre te lleva con toda su malicia del otro mundo –respondió lanzando el hierro cerca de ella y Ran.
Las dos se sorprendieron, al ver que el palo de hierro, sujetaba otro hierro, quemado y ahora ya medio roto, con el dibujo que Shinichi y Yui llevaban en su brazo.
- Mira hacia dónde estás llevando a nuestra niña –susurró el anciano que seguía delante de la puerta.
- No creo que sea vuestro problema –respondió Shinichi en un tono de voz muy bajo.
- Es nuestra niña –se quejó la mujer alzando la voz.
- ¡No os la vais a llevar! –gritó Shinichi mirando al suelo– no dejaré que la tratéis como a Mary. No lo permitiré...
- Iros de una vez –se quejó Yui levantándose y poniéndose entre la anciana y su padre– yo no pienso alejarme de papá.
- No sabes lo que dices pequeña –susurró la mujer– ¿qué ideas más le metiste a la cabeza?
- ¿Ideas? –preguntó Yui– él no me dio ni una idea Obaachan. No pienso venir con vosotros por el daño que le hicisteis a mamá, y porqué cuando ni tan solo tenía un año y lloraba, me tratabais como si fuera un animal sin cabeza ni sentimientos. No es él quien me contó de vosotros, sino mamá.
- La otra bruja –respondió el anciano.
- ¡No oséis insultar a mamá delante de mí! –gritó alzando una mano que Shinichi le agarró.
- Yui tranquila –susurró él.
- Papá, estás temblando –susurró la niña al notarlo.
- Os pido que os vayáis de aquí –murmuró el padre soltándola– no respondo de mis actos ahora mismo.
El camarero apartó a la anciana y se puso al medio de ellos.
- Les pido por las buenas que se vayan –sonrió el hombre– aquí no entra gente que ataque a nuestros clientes.
Shinichi apretó con fuerza su puño derecho, la otra mano rodeó a Yui, quién se agarró a su jersey preocupada.
- No me iré sin ella –se quejó la anciana encarándose al moreno.
- Está bien –sonrió el hombre sacándose un colgante del cuello y poniéndolo a la cabeza de la mujer, mientras lo agarraba con las dos manos– estoy convencido que sabe usted lo que es eso, así que si no se va, dispararé.
La anciana se apartó de él y observó lo que Maxime tenía en las manos. Era un tubo dorado, un poco más grueso que una bala y más alargado, que se estiraba por la parte final. La mujer se apartó con lentitud yendo hacia la puerta de entrada sin dejar de mirar al hombre.
- Les voy a hablar muy mal de este restaurante –sonrió antes de salir con el hombre sin dejar de mirarlo ni al salir.
- Estaré esperando sus quejas, señora, gracias por su visita –respondió el camarero mientras se reverenciaba.
En cuanto la puerta se cerró el camarero se giró hacia Shinichi.
- Aguantaste –sonrió el hombre.
Shinichi sonrió.
- ¿Y qué te creías? Soy un profesional en mi trabajo –respondió guiñando un ojo, mientras se separaban con Yui y chocaba con su mano izquierda la mano que Yui le tendía.
- Mentiste –exageró sorpresa el camarero– que crueldad, pobre señora.
Ambos se echaron a reír mientras Yui suspiraba.
- Otro día iremos a destruir eso, ¿vale? –sonrió Yui.
- Es una prueba muy valiosa Yui –se quejó Maxime.
- ¿A quién le importa esa prueba si ya tenemos otras y ya están todos encerrados o muertos? –preguntaron Yui y Shinichi a la vez.
- De tal palo tal astilla... –suspiró el camarero– me apunto, lo guardo yo.
- Haz lo que creas oportuno con eso, pero… –Shinichi levantó un dedo negando– no lo uses nunca –añadió junto con Maxime y se echaron a reír de nuevo.
- Parece mentira que acaben de abofetearte –suspiró Yui poniendo sus manos a sus caderas a forma de puchero– no puedo creer que no respondieras.
- Venga Yui, acaba de morir su hijo, es una anciana, y su marido muchas veces ni le hace caso –respondió Shinichi– no pasa nada por no responder... además... nunca pegues a una persona mayor que tu.
- ¿Así nunca podré pegarte, eh, Shinichi-ojiichan? –sonrió la niña yéndose a sentar.
- ¡Oye! ¡No te pases conmigo! –se quejó Shinichi mientras el camarero se reía.
Finalmente rodó los ojos y se fue hacia la cocina, pidiendo disculpas mientras Yui gritaba emocionada por los postres en los que antes no se había fijado. Ran también se levantó y siguió a Shin mientras el camarero cogía la barra de hierro y la llevaba por las escaleras que había detrás de la barra que llevaban al piso de arriba. Ran entró a la cocina. Era un lugar muy amplio y no había nadie a excepción de Shinichi. Le pareció demasiado grande para que solo hubiera una persona sirviendo a ese lugar . Se acercó con lentitud a su, ahora ya oficialmente, prometido, no quería asustarlo, sino que quería saber que le ocurría. El chico se había puesto a la pared más alejada de la cocina y se apoyaba con una mano en ella mientras seguía temblando. Ran le puso una mano en la espalda para tranquilizarlo, él no se sorprendió ni se asustó.
- ¿Estás bien? –preguntó al notar el temblor del chico y miró hacia él.
Shinichi se miró el puño derecho que estaba abriendo entonces, ella también lo miró. Se había hecho daño a sí mismo. Se había clavado sus cortas uñas a la palma de la mano. Ran le agarró la mano.
- ¿Qué has hecho? –preguntó acariciándolo con delicadeza.
- Lo siento –fue lo único que atinó a decir él.
- ¿Shinichi de qué te disculpas? –preguntó ella haciendo que la mirara– es a ti a quién estás haciendo daño.
- Lo siento, no puedo ser tan fuerte –susurró sin levantar la mirada del suelo.
- Shinichi te aseguro que lo eres –respondió ella buscando su mirada– mírame, por favor… –él lo hizo– estás temblando, quizás le tengas miedo a un objeto, pero antes de pegar a una anciana decidiste hacerte daño a ti mismo. Y afrontaste todo esto sin volverte loco –añadió resiguiendo con una mano la cicatriz que tenía el hombre al brazo– no sé como lo ves tú, pero yo no habría conseguido ser como tu –susurró observando los brillantes ojos de él.
Shinichi sonrió. La voz tranquila de la chica le estaba tranquilizado. ¿Cómo podía tener ese efecto en él? Claramente esa mujer seguía siendo su punto más débil. Ran le dio un beso y le agarró con fuerza la mano.
- Vamos, o Yui vendrá hacia aquí y te verá esto –susurró ella.
- Seguro ya lo ha visto así que da igual –se rió él– gracias.
Detrás de la barra, escondidos y agarrados a la ventana, estaban viéndolos Yui, Yukiko y Eri.
- ¿Por qué estamos observando? –preguntó Eri en un susurro.
- Porque es divertido –respondieron Yui y Yukiko a la vez con una sonrisa y el mismo tono de voz que ella.
- Sois idénticas –susurró Yusaku de detrás la barra mirando también, con los brazos cruzados y sin molestarse en esconderse.
- Voy a matar a ese detective como vuelva a darle otro beso a mi hija –se quejó Kogoro a su lado.
- Aguántate, ahora son pareja –respondió Eri feliz.
Yui miró hacia fuera. Le había parecido ver algo extraño se levantó sin importarle que la vieran Shinichi y Ran.
- Está nevando… –susurró– ¡Está nevando! –gritó saliendo de detrás de la barra para apoyarse por completo a la ventana y admirar los pequeños copos de nieve que iban cayendo– Ese será el mejor invierno de todos… –susurró mientras Yusaku se acercaba a ella.
- ¿Te gusta la nieve? –preguntó el escritor apoyándose como ella en la ventana.
- El silencio que la lleva es tan tranquilizador… –susurró ella.
- Luego hagamos una pelea de bolas de nieve… cuando esté todo bien nevado, ¿vale? –sonrió el hombre guiñándole un ojo.
Yui afirmó con la cabeza. Le esperaba un invierno realmente bonito.
Bueno... y ahí ya habéis visto a la familia entera de Yui XD
Les avanzo que al próximo capítulo habrá un especial de Yui! XD
Como siempre espero sus reviews y que hayan disfrutado de nuevo de este capítulo! :D
Gracias a todos los que leéis mi historia!
MATA NA!
^^Shihoran^^
