BUENAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!

De nuevo por aquí! :D

He estado un poco ocupada de un lado para el otro y casi no he avanzado nada de esta historia... pero como ya tengo este capítulo terminado y corregido de errores, finalmente lo subo hoy :)

Lady Paper: esto... pues va a ser que no XDDDD ya tengo planeada la vida de Akira cuando sea mayor y no será con hijos de Kaito... aunque quizás sí su hermana XDDDDD mmmm... para ser exactos ya tengo casi terminada la secuela de por los años XD así que puedo decirte con certeza que no será con un Kuroba XD y sí es muy tierno *O* todo lo contrario a como será de mayor XD Gracias por tu review! :D

Kaoru240: siiii es muy tierno *O* jajaja gracias por tus ánimos... la cosa empieza a mejorar un poco... pero ahora de repente buscaron otra excusa para hundirnos más ¬¬ el problema que tiene esta gente es que si nos hunden a nosotros van a hundir todo el país, todo Europa sabe esto XD así que están intentando hundirse a si mismos... con esto me van a dejar satisfecha si se hunden ellos con nosotros, así que... dejo el ultimátum apartado de momento :D gracias por tu review! :3

También agradezco los reviews de Clay Cowan y Ajlw que me han hecho de otros capítulos y los he respondido por PM. Espero les siga gustando mi historia y que me sigan dejando reviews... aquí les dejo con algo... desconcertante! MUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA pero es que este personaje tenía que hacerlo un poco humano, aunque fuera por unos segundos XDDDDDDD


Lágrimas malvadas.

El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad.

Albert Einstein (Científico alemán nacionalizado estadounidense).

- ¡Papá no lo hagas! –gritó Yui– no tienes la obligación. Tú ya hiciste tu parte de trabajo, no es necesario.

- ¿Qué ocurre? –preguntó Ran acercándose con Kazuha.

- Nada… –respondió Shinichi cruzándose de brazos y mirando por la ventana como Heiji hablaba con Shiho.

Yui cerró sus puños con fuerza y bajó la cabeza.

- Vas a traicionar a mamá… –susurró– ¡Vas a traicionarla! –gritó saliendo de la habitación corriendo.

- No voy a… –Shinichi suspiró viendo como se iba– no voy a traicionar a Mary-san… –volvió a mirar a la ventana.

Shiho se iba y Heiji venía hacia ellos.

- ¿Shinichi qué ocurre? –preguntó Ran preocupada.

Él cerró los ojos mientras Heiji entraba sonriendo.

- Voy a tener que ir a la cárcel –suspiró sacándose el reloj de pulsera del bolsillo y mirando la hora.

- ¿A la cárcel? –preguntaron los tres a la vez.

- No he hecho nada malo –se quejó al ver la cara de Heiji– voy a investigar… a Gin.

- ¿A investigarlo? –preguntó Kazuha– pero ese tipo… ya ha sido detenido y le han condenado a la cárcel de por vida.

- Va a escapar –respondió Shinichi–lo hará con certeza en un par de semanas.

- Pero esto ya no es de tu incumbencia –respondió Heiji frunciendo el ceño– esa gente ya no puede hacerte hacer cosas como estas.

- Desgraciadamente sí que pueden… solo tienen que amenazarme –Shinichi volvió a mirar hacia fuera de la ventana– y esta vez… se que cumplirán sus amenazas.

- ¿Cómo pueden amenazarte agentes del FBI? –preguntó Ran rodando los ojos– ¿Y ellos son los que tenían que protegernos.

- Hattori… –susurró el detective sin mirarlo.

- Voy a venir contigo –suspiró Heiji.

- ¿Qué? –todos lo miraron.

- No voy a dejar que vayas solo a ver la cara de ese tipo… –sonrió el moreno– no te lo permitiré.

- No te permitiré que vengas –respondió Shinichi mirándolo y bajando los brazos– estaré al menos una noche encerrado en una cárcel con esos estúpidos de la BO. No vas a venir conmigo.

- Sí lo haré… por ese mismo motivo –respondió Heiji asustando a Kazuha– Kudo, no creo que estés en las condiciones para ir tu solo.

- Pero…

- He dicho que voy y no se hable más –le cortó.

- Heiji… –susurró Kazuha viéndolo.

- No voy a dejar que lo hagas –susurró Shinichi.

- Ku…

- ¡No! –gritó Shinichi cerrando los ojos con fuerza– Lo que voy a ver allí… se están matando entre ellos –susurró– si entra algún policía muere en el intento… si entran armados… les desarman y eso aún es peor porque entonces podrían escapar. No vas a poder seguir mi ritmo en ese lugar, Hattori.

- Déjame dudar eso –sonrió el moreno cruzándose de brazos– te conozco lo suficiente para saber lo que eres capaz de hacer. Por eso…

-Haz lo que te dé la gana… al fin y al cabo eso mismo vas a hacer –suspiró Shinichi abriendo los ojos y saliendo del comedor.

Subió las escaleras y llamó a la habitación de Yui.

- Vete… –susurró la niña entre sollozos.

- Abre la puerta –suspiró Shinichi intentando abrirla– Yui abre la puerta.

- ¡Largo! –gritó ella.

Shinichi golpeó la pared con los ojos cerrados.

- Mary-san… no me permitiría que fuera –susurró apoyando la frente en la puerta– por supuesto que no lo permitiría, pero… porque iría ella misma.

Ran acarició la espalda de Shinichi. Él la miró y ella sonrió.

- Yui-chan… –susurró Ran– abre la puerta, por favor… –la niña lo hizo pero la abrió solo un poco, para ver a Ran y que ella la viera– vente a mi casa mientras este idiota está fuera –sonrió apoyando sus manos en las rodillas para estar a la altura de la niña– podremos hacer un montón de cosas juntas.

- ¿Sin papá? –preguntó la niña.

- Sin él –sonrió Ran mientras Shinichi suspiraba apoyándose a la pared.

- Pero papá…

- No le va a pasar nada –susurró Ran– ya oíste a mi padre –se rió ella– como vuelva a hacerme llorar le mata.

Yui sonrió y abrió la puerta del todo.

- Papá… –se acercó a él y lo abrazó–se lo prometiste a mamá… ¿verdad?

Shinichi abrazó a la niña también.

- Nunca he incumplido mis palabras, Yui… no voy a hacerlo ahora –sonrió.

- ¿Cuándo te irás…? –preguntó Ran.

- Esta noche… –respondió él– es mejor entrar allí de noche, entonces hay pocos en estado de alerta.


- Heiji –susurró Kazuha con miedo aún en el comedor.

- No va a pasar nada –respondió él besándola en la frente– en cuanto vuelva haré lo que me pidas, ¿vale?

- Sé que no puedes evitar ayudarlo, pero… –Kazuha sentía una extraña sensación en su pecho– por favor… no hagas ninguna tontería, ¿vale? Prométeme que todo saldrá bien… por el bebé… –añadió tocándose la barriga.

Heiji la abrazó por la espalda acariciando la barriga de la mujer.

- Por ti y por el bebé –sonrió Heiji– voy a volver solo por eso…

- Heiji… –sonrió su esposa– si le pasa algo a Kudo y haces que Ran vuelva a llorar… no te lo perdonaré.

- Me estás dando demasiadas cosas –se quejó el moreno– no vale, no puedo hacerlo todo.

Kazuha se giró y le besó en los labios mientras acariciaba su mejilla.

- Sé que podrás con las dos –se rió ella al separarse de sus labios– eres el mejor. Por tu amigo…

Heiji le besó la frente a la mujer y la abrazó con fuerza. Necesitaban apoyarse en esos pequeños momentos, como habían hecho durante 6 largos años.


Shinichi salió de la casa de Ran haciendo el mínimo de ruido posible. Ran y Yui se habían quedado dormidas en la cama abrazadas. Sonrió con nostalgia mientras bajaba las escaleras lentamente. Al llegar al final, Heiji le esperaba apoyado en la pared con los brazos cruzados y una sonrisa de superioridad. Iba vestido con unos pantalones negros, una camisa de color verde oscuro y su gorra favorita. Saludó a Shinichi con la cabeza y le siguió hacia el coche que había dejado aparcado delante del apartamento. Subieron en él en silencio y Heiji condujo hasta el lugar. Shinichi se quedó mirando la ventana haciendo pequeños suspiros de vez en cuando.

- Dilo de una vez –se quejó el moreno al cabo de un rato.

Shinichi lo miró y sin decir nada volvió a mirar por la ventana.

- ¿Llegaré a poder hacer esto bien? –susurró.

- ¿Qué te preocupa? –preguntó Heiji.

- Ginebra ha estado intentando salir de la cárcel desde que entró –informó su compañero– no ha intentado matarse como se suponía que haría… simplemente está planeando huir. Y si lo consigue algún día… ¿qué hará?

Heiji lo miró de reojo pero en seguida volvió los ojos a la carretera.

- ¿Qué hará? –preguntó el moreno– esto solo lo sabe él.

- Hattori… si viene a por mí…

- No creo que sea tan idiota de hacer tal cosa –se rió el moreno.

Shinichi lo miró.

- ¿Y si lo hiciera? ¿Qué pasaría si viniera a por mí?

- Se encontrará con toda la policía de Japón esperándolo –sonrió Heiji– tienes mi palabra de eso.

- Eso no le va a detener –respondió Shinichi chasqueando la lengua y volviendo la cara de nuevo a la ventana.

- Claro que no lo detendrá –respondió Heiji– pero aún así… Kudo, hemos luchado contra esto durante tanto tiempo, que no creo que le importe en absoluto una venganza en estos momentos. Al contrario… hace unos días estábamos los dos en un hospital, ¿recuerdas?

- ¿Cómo olvidarlo? –preguntó Shinichi cerrando los ojos de cansancio.

- Mucho me temo que ese sí será el motivo –suspiró el moreno.

- ¿El heredero? –preguntó Shinichi.

- El heredero –respondió su compañero parando el coche y sacando las llaves– ¿Estás preparado? –preguntó mirándolo.

- Voy a bloquearme –susurró Shinichi– noto que no puedo pensar con claridad.

- Por eso estoy aquí, ¿no? –preguntó Heiji abriendo la puerta para salir.

- Hattori… –susurró Shinichi con la voz casi cortada, él sacó la cabeza por la puerta aún abierta– ¿estás seguro de que si consigue salir de aquí, no hará nada?

- Si tu no le das motivos para qué él crea que eres feliz, no creo que venga a por ti –sonrió su compañero– venga sal, no quiero sacarte a rastras de mi coche.

Shinichi sonrió y salió mientras Heiji cerraba la puerta y se ponía delante del coche. Observó la oscuridad de la noche. Era un edificio muy grande con las paredes de color salmón y las ventanas y puertas todas aseguradas con barrotes. Delante del edificio unos hombres vestidos completamente de negro les observaban con unos rifles apuntándolos.

- ¿Por qué llevan tanta mala cara? –preguntó Heiji mientras Shinichi se puso a su lado.

- Porque tienen que hacer guardia de algo que no quieren –suspiró su amigo avanzando mientras se sacaba del bolsillo una placa y la levantaba con las dos manos.

- Que aburridos, esto sería precisamente algo tranquilo y deseado –respondió Heiji.

- Yo no estaría tan seguro –se rió Shinichi subiendo las escaleras.

- Las manos arriba –le dijo uno de los guardias a Heiji.

Él las levantó.

- Soy Takahashi Ryuuzaki y vengo por orden de los grandes a infiltrarme en este lugar –susurró Shinichi alargando la placa al hombre que la cogió mientras le seguía apuntando al pecho con el rifle.

- ¿Y él? –preguntó mirando a Heiji.

- No seáis descortés –suspiró Shinichi frunciendo el ceño– él ha venido a ayudarme, es policía.

- ¿Podemos saber su nombre? –preguntó el hombre.

- No necesitáis saberlo –respondió Shinichi antes de que Heiji respondiera.

- Por supuesto queremos saberlo –respondió el hombre devolviéndole la placa.

- Los que tienen que saberlo, ya lo saben, ahora si nos disculpáis –respondió Shinichi entrando y tirando del brazo al moreno.

El hombre chasqueó la lengua.

- ¿No puedo decir mi nombre? —preguntó Heiji con un tono de voz muy bajo.

- Mejor que no lo hagas —respondió su compañero guardando su placa— sería motivo para torturarles a ellos y salir tu familia perdiendo.

El moreno suspiró mientras observaba a su alrededor. Había una sala grande. A la izquierda una mesa de plástico con un par de sillas y guardias. Delante, una especie de celda, con barrotes de color rojo. Detrás de ella, un guardia armado y una puerta que llevaba al interior de la cárcel. A la derecha, unas ventanas de cristal blindado, con agujeros para hablar. Allí había dos mujeres rubias hablando. La de pelo largo estaba detrás del cristal la de pelo corto estaba en el lugar de visitas. Heiji frunció el ceño al reconocerla.

- Sensei —sonrió Shinichi acercándose— ¿qué hace por aquí?

- Vengo a controlar vuestra salida —sonrió Jodie señalando a Vermouth al otro lado.

- ¿A cambio de qué? —preguntaron a la vez Heiji y Shinichi.

- Qué grosería —respondió ella apartándose el pelo de delante de la cara— no hago esto porque quiera… ya que podría empeorar mi vida en este lugar.

- ¿Tu diste el soplo? —preguntó Shinichi viéndola.

Ella sonrió. Shinichi suspiró y se fue hacia los guardias entregando un pequeño papel.

- Deje todas sus cosas aquí —susurró la mujer vestida de negro que estaba sentada en una de las sillas.

- Espero tenerlo todo de vuelta luego —se rió él haciendo señas a Heiji para que se acercara.

Se sacó la chaqueta dejando ver debajo de ella unas cartucheras con dos pistolas en ellas. Se lo sacó y lo dejó encima de la mesa, junto a su cartera y su móvil.

- Lo tengo todo contado —suspiró señalando al hombre de al lado.

- Sí, claro —sonrió la voz de Kaito debajo.

- Lo sabía —se rió Shinichi mientras Heiji se quitaba el teléfono, la cartera, la gorra y las llaves del coche y las dejaba al lado de las cosas de él— no has sabido estarte quieto.

- No sé de qué me está hablando —sonrió el mago con otra voz mirando a la mujer.

- Este tipo es incorregible —suspiró Heiji.

- Cállate, anda… —susurró Kaito acompañándolos hacia la puerta— estaremos controlando las cámaras. Si ocurriese algo…

- No va a ocurrir nada —sonrió Shinichi.

- Intenté que me eligieran a mí… de veras lo siento —susurró el mago mientras Jodie se acercaba.

- No importa —respondió Shinichi— ya hiciste mucho… gracias.

- En un minuto entráis —sonrió Jodie— tenéis 5 segundos para entrar los tres. No hay ni una sola celda cerrada, ya que los guardias no pueden entrar a dentro. Cualquier objeto que llevéis encima puede ser utilizado como arma y, si os atacaran, no tenéis otra salida que esta.

- Tu si que sabes dar buenos ánimos —sonrió el moreno con una ceja arqueada.

- Tranquilo —suspiró Shinichi mientras veían al guardia armado apartarse con el arma levantada hacia Vermouth.
Abrieron los barrotes y Shinichi y Heiji entraron con ella. En cuanto los barrotes estuvieron cerrados y Kaito hubo cogido el rifle del hombre de dentro de los barrotes, sonó un pequeño pitido que daba a entender que la puerta se abría. Vermouth la abrió y entró corriendo. Los dos amigos la siguieron. La puerta se cerró con estrépito detrás del moreno.

- Si se descuidan me parten en dos —se quejó Heiji tapándose la nariz— ¿a qué huele? —preguntó intentando ver a la mujer en la oscuridad de nuevo.

- Bueno, Silver Bullet —suspiró Vermouth— bienvenido de nuevo a nuestro territorio —Shinichi chasqueó la lengua— huele a muerto y a nadie le importa… así que a vosotros tampoco.

- Así que os estáis matando entre vosotros y no hay nadie que os quite ese peso de encima —suspiró el moreno.

- Nadie puede quitarnos a nuestros trofeos —se rió la mujer— por este pasillo vais a llegar. Os deseo mucha suerte.

- Gracias aunque viniendo de ti no se si lo dices muy en serio —respondió Heiji empujando a Shinichi hacia donde había señalado.

- Lo digo más por el hijo de mi amiga que por ti —respondió ella bostezando mientras se iba por otro pasillo.

- Al menos es sincera —suspiró Heiji cuando hubieron estado a solas.

Shinichi sonrió fugazmente. El olor le estaba mareando y sentía que empezaba a tener miedo de ese lugar.

- Vamos… tenemos que salir rápido de aquí —sonrió el moreno tirando de su brazo.

Fueron pasando por delante de varias celdas, todas con las puertas abiertas y la mayoría con gente durmiendo dentro. En algunas había cadáveres amontonados.

- Y aún así estos siguen viviendo —susurró Heiji arqueando una ceja— esto podría provocarles muchas enfermedades.

- Sí… pero no dejan entrar a un guardia sin matarlo —suspiró Shinichi apoyándose a la pared unos momentos con la mano.

- ¿Estás bien? —preguntó el moreno.

- Salgamos de aquí ya… —respondió siguiendo el camino de nuevo.

- Sí…

Al final del todo del pasillo, a la derecha, se quedaron observando a Ginebra durmiendo agarrado a su almohada. Heiji arqueó una ceja. 'Aún como no se ha ahogado con ella'. Shinichi entró en la celda y miró alrededor. No había indicios alguno de que estuviera intentando huir por algún sitio. Se quedó mirando las manos del rubio. Aún llevaba puestas las esposas, ni siquiera habían podido quitárselas. Miró a Heiji que se encogió de hombros. En cuanto iba a tocar al hombre, este se levantó de golpe y lo agarró por el cuello con una mano, mientras con la otra desataba las esposas y la clavaba a la pared. Heiji entró apresurado pero Shinichi le hizo pararse alzando una mano.

- Volvemos a vernos, detective —sonrió el hombre de ojos azules sin molestarse en bajar la voz.

- No estoy muy satisfecho con ese detalle, pero así es —suspiró Shinichi intentando parecer calmado.

Sus nervios estaban a punto de hacerle temblar.

- No deberías de estar aquí —opinó el rubio.

- Lo sé —sonrió Shinichi— pero alguien tenía que hacer el trabajo sucio.

- Y le ha tocado a la única persona que me teme —acertó Gin.

- No soy la única persona que te teme y tampoco seré la última —respondió Shinichi.

Ginebra apretó con fuerza la punta de las esposas en la muñeca de Shinichi. Heiji le puso una mano en el brazo para hacerle notar que él también estaba allí.

- ¿Quién eres tú? —preguntó el hombre.

- Alguien que no te va a gustar tener de enemigo —sonrió el moreno dándole un puñetazo al hombre.

- No hacía falta pasarse —susurró Shinichi frotándose la muñeca adolorida.

- Larguémonos de aquí —respondió Heiji cogiendo al hombre por la espalda y haciéndolo caminar por el pasillo de vuelta.

- ¿Quiénes sois vosotros? —preguntó alguien que se había despertado.

- Nadie que os importe —respondió el moreno mientras Shinichi le seguía muy de cerca.

- Se están despertando todos… —susurró su compañero en un tono de voz muy bajo— como se despierte Vodka no voy a poder ayudarte.

- No he visto a ese hombre por ningún sitio —susurró Heiji mientras Gin estallaba en carcajadas— cierra el pico rubito —le dijo empujándolo con un poco de fuerza— ¿Cómo narices coméis si matáis a los que os dan de comer? —le preguntó.

- ¿Quién eres tú? —preguntó Ginebra sonriendo.

- No voy a darte opciones de averiguarlo —se rió el moreno.

- ¿El que estuviste buscando a Silver Bullet durante mucho tiempo, no es así? —preguntó el rubio mirándolo.
Heiji frunció el ceño.

- ¿Acerté?

- ¿De quién habla? —preguntó sin quitarle la vista de encima al hombre.

- A mi no me preguntes —susurró Shinichi golpeando la puerta para salir.

Miraron una última vez el lugar. La sala en la que se entraba al principio era un comedor. Si se cerraban automáticamente las puertas de los pasillos, podían darles de comer tranquilamente. Les abrieron la puerta y los tres pasaron con prisas. El guardia que había entre la puerta y los barrotes cogió a Ginebra y lo llevó hacia las ventanas de cristal mientras Jodie abría de nuevo los barrotes y dejaba salir a Heiji y a Shinichi. Kaito le puso la gorra al moreno y este lo miró con una ceja arqueada. El mago se encogió de hombros.

- ¿Y bien? —suspiró Shinichi sentándose delante del rubio y cruzándose de brazos.

- ¿Por qué te han hecho venir aquí? —preguntó el hombre sonriendo.

- Parece ser que estás tramando algo —respondió Kudo mientras Heiji se ponía de espaldas al cristal y se cruzaba de brazos apoyado en él.

- Yo no estoy tramando nada —susurró el hombre de pelo largo acercando su cabeza al cristal e intentando ver la cara de Heiji.

- No seas mentiroso —se rió el moreno— parece mentira que te intentes burlar de nosotros aún así.

- Que alguien le quite las esposas a este peligro —suspiró Shinichi viendo como mantenía una agarrada a la muñeca y la otra bailando a sus movimientos.

- ¿De qué se me acusa ahora? —preguntó el rubio poniendo sus manos encima del cristal y levantándose.

El guardia lo hizo sentarse de nuevo.

- De intento de fuga —sonrió Shinichi.

- No estoy intentando fugarme —susurró el hombre.

- ¿No tienes ningún motivo por hacerlo? —preguntó Heiji rodando los ojos.

- No tengo ni un solo motivo por hacerlo —respondió Ginebra golpeando el cristal con fuerza.

- ¿Está intentando asustarme? —preguntó el moreno mirando hacia Shinichi, que se había apartado con la silla y se había quedado con la mirada fija a la nariz del hombre pegada al cristal.

- ¿Lo he conseguido? —preguntó Ginebra sonriendo de la cara de Shinichi mientras el guardia le obligaba a sentarse de nuevo.

- En absoluto —suspiró Heiji sonriendo de que no se le hubiera notado.

- Me rindo… me encantaría saber quién eres, pero no puedo saberlo mientras te mantengas con esta gorra y de espaldas —suspiró el rubio poniendo los pies encima de una pequeña mesa que allí había.

- ¿Qué… qué tienes en las manos? —preguntó Shinichi volviendo la silla a su sitio y apoyando su cabeza en una de sus manos.

Ginebra puso sus manos en el cristal. Tenía cortes por toda la palma.

- ¿Qué motivo tengo para salir de aquí? —suspiró el hombre.

- Uno de bien pequeño —se rió Heiji desviando la mirada.

- ¿Pequeño? —preguntó el rubio frunciendo el ceño.

Con la mirada fría y el ceño fruncido podía parecer mucho peor de lo que ya era en realidad. Shinichi se levantó de la silla y empezó a recorrer la habitación de arriba abajo.

- Muy pequeño —suspiró Shinichi finalmente.

- ¿Cuál? —preguntó el hombre.

- ¿Te suena el nombre de Hanabi Ronald? —preguntó Heiji con los brazos cruzados y siguiendo por tercera vez la vuelta de Shinichi.

- ¿Hanabi Ronald? —preguntó el hombre— ¿Debería de sonarme?

- ¿Ron? —preguntó Shinichi repasando todos los nombres que podrían ir con él— ¿Hana? ¿El nuevo Ginebra? ¿El heredero?

Ginebra se mantuvo con la mirada fría.

- Por suerte… ha desaparecido —sonrió Heiji aún de espaldas.

Shinichi se paró y se quedó mirando a Ginebra. Se estaba levantando de nuevo pero esta vez su mirada no era fría sino helada.

- ¿Desaparecido? —preguntó el hombre con una voz mucho más grave.

- ¿Es tu hijo, no? —preguntó Heiji sin girarse sabiendo que le estaba poniendo nervioso.

- Yo no tengo hijos —respondió el rubio mientras el guardia intentaba hacerlo volver a sentar.

Shinichi negó con la cabeza y le hizo señas para que saliera de su lado.

- Tienes uno, esa mujer no engañó a nadie —susurró Shinichi— y murió finalmente.

- ¿Murió? —la cara de odio de Ginebra hacia ellos hizo apartar a Shinichi mientras el guardia salía por la puerta de barrotes— ¿Cuándo?

- 4 horas después de dar a luz —respondió Heiji— a tiempo de contarnos todo. Estamos acertando, ese es tu hijo… y por eso querías escaparte —suspiró largamente y se apartó del cristal para mirarlo desde lejos— se me ocurrieron muchas maneras de matarlo. Pero al final vencieron los de servicios sociales. No te preocupes, en unos años será tu compañero de celda. Ve haciéndole sitio.

- Voy a ir a por ti —sonrió Ginebra amenazante.

- Primero sal de aquí —sonrió Heiji.

- Voy a acordarne de tu cara —respondió Ginebra con una sonrisa de auto-satisfacción.

- Desgraciadamente yo nunca he podido olvidarme de la tuya —respondió el moreno desviando la mirada.

Se quedó mirando a Shinichi su cara tenía una mirada entre sorpresa, miedo y desconcierto. Frunció el ceño mirando a los demás. Todos estaban viendo al rubio con la misma cara. Heiji se giró para mirarlo, pero tenía la visera bajada para que Gin no le viera y, por supuesto, él no podía verlo. Kaito puso el teléfono de Shinichi delante del moreno que le dejó desconcertado. Ginebra estaba con lágrimas en los ojos haciéndole ver más terrible que antes. Ginebra se apartó del cristal y se fue hacia los barrotes.

- Voy a haceros la vida muy difícil —les amenazó— nunca jamás sabréis con certeza si voy a venir a por vosotros o no.

- ¿Más aún? —preguntó el moreno mirando a Shinichi con una sonrisa— Ese tipo te quiere.

- Espero que no… sería muy complicado decirle ahora que no le quiero —respondió por lo bajo su compañero desviando la mirada.

Heiji sonrió.

- Venga, sacadlo de aquí —suspiró el moreno — y para la próxima quitarle las esposas, es demasiado peligroso si sabe quitárselas él.

Jodie se acercó a los barrotes y lo miró. Extendió las manos para que él hiciera lo mismo. Ginebra estiró los brazos por el otro lado de los barrotes hacia ella. Jodie le sacó las esposas y las tiró hacia Kaito que lo dejó todo encima de la mesa, junto a las armas de todos los guardias que estaban con ellos. La mujer se aseguró de cerrar la puerta de la salida mientras le abrían los barrotes.

- Está bien… —susurró el moreno cruzándose de brazos— cuéntanos qué es lo que pretendes.

- Salir de aquí, coger a mi hijo llevarlo lejos de vosotros y enseñarlo para que en un momento dado pueda mataros —sonrió el hombre con la frialdad que lo caracterizaba.

- ¿Vamos a creernos esa versión o le pego ya para que diga la verdad? —preguntó Heiji mirando de reojo a Shinichi.

Su compañero se echó a reír.

- Lo digo en serio… lo tiene muy bien calculado para ser verdad —se quejó Heiji.

- ¿No me crees? —preguntó el rubio mientras Jodie le ataba las manos a la espalda y a los barrotes.

- ¿Cómo te va con tu hija, detective? —preguntó Gin sonriendo— me han dicho que finalmente habéis conseguido que su padre desapareciera, ¿es cierto?

- Su padre murió hace una semana en un encuentro con la policía —sonrió Shinichi— nada que no hayamos previsto ya. Yui está olvidándose por completo de vosotros, al igual que esos niños que os llevasteis. ¿Cómo pensabas huir?

- Con las esposas puedo ir haciendo daño al hierro de los barrotes —sonrió Ginebra— y tengo muchos recambios… digamos que perfectamente legales, para seguir con lo mío.

- Estás robando a los muertos —suspiró Heiji arqueando una ceja.

- No seguiré intentando escapar… si me prometéis que volveréis algún día a verme… —sonrió Ginebra.

- No te prometo nada —respondió Shinichi sonriendo.

- Corren los rumores de que vas a tener un bebé, detective, ¿es…? —sonrió el hombre.

- Ya empezamos con estos malditos rumores —respondió Heiji cortándolo— ¿por qué siempre existen los rumores antes que la realidad? Por favor que alguien me cuente, cómo este tipo tiene acceso incluso a rumores.

Shinichi suspiró encogiéndose de hombros.

- Son rumores… y creo que la barriga aún no se me nota —suspiró Shinichi tocándose la barriga.

Los demás excepto Gin y él se echaron a reír.

- Responde —le amenazó el hombre.

- No —respondió Shinichi— solo son rumores. ¿Cuándo tenías planeado escapar?

- Esta noche —respondió Ginebra sentándose al suelo, Heiji se agarró la gorra para taparse la cara— ¿quién es tu amigo?

- No voy a responderte a eso —se rió Shinichi.

- Entonces se terminó el interrogatorio —respondió él.

- ¿Por qué tiene que hacer él preguntas también? —preguntó Heiji.

- Porque ese era el trato —suspiró Shinichi encogiéndose de hombros— aparte de que solo podía hacerlo yo el interrogatorio.

- Esto es absurdo —suspiró Heiji.

- Lo sabemos… pero es así —terminó Kaito— el maldito siempre termina haciendo esto.

- ¿Hasta ahora no lo habíais interrogado? —preguntó mirando a Jodie-sensei que se mantenía alejada de ellos.

- No… era el único que nos faltaba —respondió ella rodando los ojos.

Shinichi se sentó al suelo mirando a Gin con una sonrisa.

- No estás dispuesto a mantenerte callado —susurró Shinichi viéndolo— estás dispuesto a seguir con solo un nombre. Eres impresionante.

- Hagamos un trato… vais a tratarnos mejor en este lugar —sonrió Gin— y yo os digo todo lo que queráis.

- No vas a decirnos nada, Ginebra —susurró Shinichi— no creo que te cambies por solo una pequeña limpieza. ¿Qué tramas?

- Tenéis un espía entre los vuestros —sonrió el rubio— tú eres Hattori Heiji, estás casado y tu mujer está esperando a un bebé. Tú, detective insolente… te has juntado con una abogada y te vas a casar con ella mientras esperáis a un bebé —el hombre sonrió aún más en cuanto vio que Heiji cerraba los puños con fuerza y se soltaba la gorra— incluso sabíamos que ibais a venir hoy… Yo les he ordenado que no hicieran nada, si no, no hubierais podido ni pasar de los barrotes. Además de que Vermouth ha sido muy convincente… así que quizás sepa quién es nuestro traidor.

- Muy hábil —sonrió Shinichi— pero yo ya sabía que teníamos un traidor y también sabía quién era. Lo dijimos expresamente a esa mujer. Lo que no me esperaba es que se pusiera a espiar en mi vida privada.

- No solo la tuya, la de ese estúpido ladrón que estuvo contigo en nuestras celdas, también… —informó Ginebra mirando al mago— y también las vidas de Sherry… aunque… hay algo que no termina de decirme nunca respecto a ella.

Shinichi se tumbó del todo al suelo.

- ¿Qué haces?

- Relájate un poco compañero, esto va para largo —suspiró Shinichi mirando al moreno con una sonrisa triste— entonces… pretendes seguir estando informado de todos nosotros… ¿para qué?

- ¿Y tú me lo preguntas? —preguntó Ginebra cerrando los ojos— Vas a volver a ese lugar… y no solo tú… todos tus amigos también.

Shinichi se levantó de golpe, pero había llegado tarde. Kaito ya le había propinado un buen puñetazo.

- ¿Vais a matarlo a golpes? —preguntó Shinichi suspirando y arrodillándose al suelo de nuevo.

- ¿Por qué no? —preguntó Kaito poniendo su voz normal mientras se quitaba el casco de color negro que le tapaba la mitad de la cabeza, lo tiraba al suelo y señalaba al hombre— vas a quedarte sin dientes maldito.

Shinichi bostezó.

- Kid déjalo ya, por favor —pidió viendo como Ginebra empezaba a reírse a carcajadas, el ladrón se apartó de allí— chicos adoro vuestra ayuda, pero si lo dejáis sin habla no servirá de mucho.

- Se merecería mucho más que lo que está recibiendo —se quejó Heiji arqueando una ceja.

El hombre dejó de reír y miró a Shinichi.

- Ve con mucho cuidado, detective… meter las narices de nuevo en dónde no te llaman podría llevarte en una muerte segura —sonrió satisfecho.

- Se acabó —se quejó Jodie avanzando hacia él— no vas a amenazar más a nuestros agentes. Devolvedlo a dentro.

- Sí señora… —sonrió la mujer que estaba con ellos quitándole las esposas al hombre y empujándolo hacia dentro de los barrotes de nuevo.

Cerró los barrotes con rapidez y se apartó antes de que Ginebra pudiera girarse. El rubio se giró mirando a Shinichi.

- Tendrás un fin de semana un poco agitado, me han dicho —sonrió el hombre— ten cuidado no pase como esa bruja del FBI.

La puerta se abrió detrás de él y entró con rapidez. La puerta volvió a cerrarse.

- ¿A qué se refiere? —preguntó Jodie mirando a Shinichi.

- Ni siquiera se lo había dicho a Yui… —susurró él cerrando los ojos con cansancio.

- Anda vamos… —suspiró Heiji acercándole la mano para ayudarlo a levantarse.

Shinichi se la cogió y se levantó.

- Hablamos mañana, Jodie-sensei —susurró Shinichi— Kid… un placer volver a verte.

- Lo mismo digo —sonrió el ladrón levantando la mano como un saludo militar— nos vemos mañana.


Alguien más ha querido nunca hacer llorar a Gin? XDDDDD yo por primera vez he sentido la necesidad de hacerlo XDDDDDD así pues ahí les he dejado XDDDDD

Espero les haya gustado. El siguiente capítulo contaré más acerca de la muerte de Mary Smith, y en el otro ya pondré un asesinato! (aún estoy planeando la segunda parte XDDD)

MATA!