Había salido un momento por suministros. En el trayecto, optó por detenerse un momento para observar los destellos que el atardecer arrancaba en el perezoso oleaje. Era un instante que se guardaba para él. La brisa marina, la inmensidad del mar, el sonido de la marea acariciando la costa..le recordaban que a pesar de que el mundo humano era un caos, aún había cosas que prevalecerían siempre.

No solía salir mucho. Los soldados, cada vez más ansiosos por conseguir hombres para el frente, procuraban reclutarlo cada vez que se presentaba la oportunidad. Él los evadía, utilizaba sus trucos para escabullirse ante la primera distracción. Ya había hecho suficiente por aquella guerra humana, la había aplazado unos años. No podía hacer más...aunque quisiera.

Cuando regresó, él ya se encontraba allí. Como si se tratara de parte del mobiliario, en la habitación estaba su cama, la pequeña mesa, la estrecha ventana y él. No sintió su presencia hasta que ya se encontró dentro del cuarto y eso lo alarmó porque se dio cuenta de hasta qué punto sus instintos se habían oxidado.

Lo saludó con una cortés reverencia. No estaba seguro de qué sentir o qué pensar. El demonio dueño de sus pensamientos durante tantos años, de repente se presentaba en la precariedad de su habitación de burdel y él no tenía la más mínima idea de por qué. Si se tratara de alguna de sus frecuentes fantasías él sabría por qué. En ese caso, el oni habría venido para reclamarlo, para tomarlo y finalmente llevarse lo que era suyo. Sin embargo ese escenario no estaba en su mente. Era real..tan real como la mirada desprovista de emoción del ser frente a él.

-Ha pasado..tiempo- Demasiado. Le habría gustado decir. Pero no habría significado nada para Hoozuki. Era demasiado tiempo para una criatura como él, que debía vivir en ese plano. Demasiado para soportar el fuego de la carne, para erosionar su mente de preguntas, para vivir solo de recuerdos..

-En efecto- Dijo el oni, y cruzó sus piernas sobre la silla sin dejar de observarlo con fijeza.

El boticario tenía dificultades para sostener su mirada. Hacía tanto que ya nadie lo miraba de esa forma..con intensidad, con firmeza. Los sellos cosquilleaban débilmente sobre su piel como si fueran conscientes de la cercanía de su creador. Para distraerse colocó los alimentos traídos sobre la mesa y se dispuso a preparar té.

Bajo su fachada de estudiada calma, ardía la ansiedad y por un minuto sintió la nostálgica sensación de estar a punto de enfrentarse a un mononoke. Su mente era un remolino de preguntas, deseos y sentimientos encontrados. Mientras servía la bebida en las tazas, aún no podía decidir si la visita del oni lo alegraba o lo enfurecía. Lo odiaba durante el día y lo amaba durante las noches. Inconscientemente desvió su vista a la ventana para ver el sol perderse en el horizonte.

-Puedo preguntar ¿A qué se debe el inesperado placer?- Tal vez su interior fuese un caos, pero él no perdería la compostura jamás. Sabía como hablar cuando se hallaba inseguro, las palabras estaban de su lado. La cortesía y la amabilidad también eran sus armas.

-Algo..hay algo diferente en ti.- Hoozuki no pareció haber escuchado su pregunta, concentrado en un hilo de pensamiento que verbalizaba en voz alta- Pareces menos..-Y ahí se detuvo. No dijo más. Tal vez porque vio que algo en el semblante del kitsune se oscurecía.

Menos. Pensó el vendedor. Claro que veía menos. ¿Menos seguro? ¿Menos poderoso? ¿Menos completo? Su plan lo había dejado en ese estado. Era libre..pero era menos. Porque ese demonio había sido amputado de él. Como una extremidad que ya no sirve, lo había sacado de su vida pero no se había ido solo. Para cuando pudo lograrlo ya era parte de él y matarlo había tenido sus consecuencias. Se sentía un hipócrita, durante tanto tiempo había tratado de alejarlo..solo para querer ser presa de otro demonio.

El oni decidió no seguir. Elevó la taza hasta sus labios, decidiendo que lo mejor era ir al punto que lo había llevado a visitarlo.

-He venido a quitarte los sellos.

Sus palabras resonaron en la habitación con la monotonía que lo caracterizaba. Sin inflexiones, sin acentuarlas. Ese tono que era adecuado para leer informes, informar de estadísticas, referirse a estatutos o dirigirse a autoridades. No, para frases que podían cambiar la vida de alguien.

El boticario sintió como si el abismo que se había creado en su vientre luego de tantos años de esperarlo, se llenase de un contenido sórdido, pesado. En efecto, no había venido a reclamarlo. Lo había intuido pero aún así la contundencia de la realidad lo afectaba. No había venido para tomarlo, para completarlo con su presencia sino para quitarle...aún más.

-¿Disculpa?- Depositó la taza sobre la mesa. Sus manos comenzarían a temblar y no quería terminar arruinando una de las pocas posesiones que le quedaban.

-Hakutaku me informó de su encuentro. No suelo coincidir con esa bestia en muchas cosas, pero debo admitir que en este caso tiene la razón. Lo más sensato es dejarte ir...

El demonio seguía hablando pero él se había quedado detenido en una frase "Dejarlo ir." ¿A dónde querría ir? Él ya no tenía un lugar. Había encontrado un lugar hace mucho tiempo, en las caricias del demonio que se encontraba frente a él. Pero éste ya no lo quería..quería dejarlo ir. Esos sellos eran lo único que lo había mantenido conectado a él. Esas marcas de propiedad que tanto había odiado. Si las retiraba podría volver a su vida de placeres mundanos, de entregarse a cualquiera, de satisfacer sus deseos..

-No.

-¿No?-Hoozuki estaba perplejo.

-No-Volvió a reiterar el boticario, aunque sabía que su decisión era dura.

-Pensé que los odiabas.- El oni se encontraba algo perdido..ni en mil años habría esperado esa respuesta.

-Los odio. Porque me recuerdan que has perdido el interés en mi y que ya no volverás.-Respondió el vendedor y decidió que si iba a perderlo al menos sería sincero con lo que le pasaba- Pero prefiero la tortura del constante recordatorio de tus marcas a una vida eterna sin tu contacto.

El demonio se inclinó un poco hacia atrás. Poco a poco le iba dando sentido a los acontecimientos. Error. El kitsune estaba en un error...Pero entonces lo que había visto en el limbo. No encajaba. A menos que...Hoozuki, finalmente alcanzó una conclusión. Entonces él no lo sabía.