Una conocida sensación lo invadió. Si bien hacía tiempo que ya no la percibía, más específicamente desde que se había alejado del kitsune, podía reconocerla sin temor a equivocarse. El deseo había despertado nuevamente en él tras escuchar sus palabras.
Prefería sus sellos...
Optaba por...
Tortura...
La prefería antes que..
Lo prefería a él.
El deseo de posesión crecía y él debía utilizar toda su capacidad para concentrarse porque en ese momento había cosas más importantes. Cosas que debía aclarar antes que...
*
El kitsune se levantó de repente dirigiéndose a la ventana. Había sido un movimiento abrupto, como si algo de repente lo quemara.
El boticario respiraba hondo. Necesitaba, aire, tomar distancia. Los sellos habían comenzado a arder y él no sabía si sería capaz de aguantar. Afuera la luna era ocultada por una capa de nubes. Tal vez, al día siguiente llovería. Se dio ánimos. Si, pensar en otra cosa era lo mejor, pensar en las nubes, en la tormenta, en..
Sintió la presencia del demonio detrás de sí y ya no lo logró. En ese instante los años de espera se convirtieron en un peso sobre su espalda y lo tumbaron de rodillas frente a él. Frente a quien había iniciado el fuego en su cuerpo. Hoozuki era el responsable de todo..era su tormento y al mismo tiempo era quien podría brindarle algún alivio a su deshecho cuerpo. Pero..
¿Cómo pedirle misericordia al mejor de los torturadores infernales?
No podía. Un pensamiento absurdo. La desesperación amenazaba con tomar lo que quedaba de su racionalidad.
Sus manos. Si iba a dejarlo no podía pedir que sus manos lo acariciaran. Habría sido tan feliz con un roce, un simple roce que aplacara la intensidad que sentía. Su rostro estaba tan cerca de sus manos, que no tenía que hacer más que inclinar su cabeza para..
Su mano estaba en su mejilla. Una mano fría, inclemente..apenas apoyada contra él. Le recordaba a aquellos días en la cabaña. En aquel momento no había sentido ningún impedimento para demandar caricias. En su forma de bestia era puro instinto. Pero esta vez era diferente. Esta vez él era..
Uno de los dedos del oni rozó casi imperceptiblemente la comisura de sus labios y eso fue lo que terminó por desarmarlo. Las marcas de posesión gritaban en su cuerpo y él se alejo porque sentía que se quemaba. Tenía que desprenderse de la ropa que lo cubría, del obi, del kimono..obstáculos. Todos eran obstáculos entre él y su deseo. Apenas si llegaba a retirarse una prenda, seguía por otra hasta que todas terminaron formando una pequeña pila en el suelo. Se dejó caer sobre ellas sabiendo que las arruinaría, pero ya no le importaba. Él necesitaba. Necesitaba tanto...
Si, eso..Solo eso.
Su mirada era suficiente. Aquella mirada sobre él le bastaba. Ya nadie lo miraba, ya nadie reparaba en él de esa forma, estaba solo..tan solo. Pero en ese instante Hoozuki lo miraba. De pie frente a él, veía los efectos de su larga tortura.
Un deje de irracionalidad lo asaltó y entonces fue que sintió un oscuro orgullo crecer en su interior, porque repentinamente se dio cuenta que la desesperación que lo invadía era su obra, su producto terminado. Ni siquiera tenía que usar sus manos para recorrerse. De hecho, había procurado no ía que enseñarle la perfección de su accionar porque todo en él rogaba por ser una posesión y ese era su mérito. Solo un demonio con una gran habilidad habría podido lograr que un kitsune Zenko, quien tenía una clara misión, arrojara todo por la borda por la promesa de ser tomado.
Los sellos duplicaron la intensidad de su reclamo y entonces él arqueó su espalda exponiendo su vientre, como si de esa forma el demonio supiera del vacío que había creado en é ía que mostrarle antes de que se marchara para siempre..si había venido a quitarle entonces tenía darle algo. Lo hizo dos, tres veces, sentía que el aire no le alcanzaba, tenía que seguir, tenía que hacerle saber...hasta que todo terminó.
Sus sentidos percibían que los sellos seguían ardiendo, tal vez producto de la proximidad del demonio, pero él ya no podía más. Afortunadamente su percepción se hallaba nublada y le permitía un momento para pensar sin el constante reclamo de su cuerpo. Poco a poco la coherencia volvía a su mente.
Se encontraba en una habitación barata de burdel, sin poder cazar mononokes, escondiéndose de una guerra que lo sobrepasaba, inseguro de morir. Estaba empapado en sudor y restos de su esencia sobre su ropa arruinada, frente a un demonio que ni siquiera lo había tocado y que se marcharía llevándose lo único que lo había motivado a vivir.
Tuvo que colocar sus antebrazos frente a su rostro porque la realidad era demasiada para tolerarla y si algo podía guardarse para él, era que no lo viera llorar.
- Vete- Le dijo con un nudo en su garganta- Pero no me quites esto, no me quites...- Pronto, cuando su cuerpo se recuperara, volvería a sentir que los sellos nuevamente lo reclamaban y tal vez ese fuese su consuelo para no pensar.
Inmediatamente sintió la lengua del oni sobre sí. Su respiración se detuvo, sintió que su corazón daba un vuelco y que las lagrimas dejaban de fluir. La lengua del demonio recorría sus piernas, la cara interna de sus muslos, la sentía detenerse sobre los restos aún húmedos de su esencia..él no entendía por qué Hoozuki no retiraba las marcas, por qué su cálida lengua estaba nuevamente sobre su piel, por qué ahora rozaba su intimidad para súbitamente perderse en su interior. Era tan cálido, y de pronto él ya no estaba vacío y las lagrimas volvían a caer pero esta vez no era angustia lo que denotaban...
No comprendía qué lo había hecho cambiar de opinión o si efectivamente iba a cambiar de opinión. Pero no importaba, porque en ese lapso Hoozuki estaba sobre él, en él, y los sellos volvían a producir su efecto.
*
Hoozuki lo observaba recuperarse. Estaba a su lado sobre ese mar de color que acentuaba la blancura de su piel. No había podido evitar volver a marcarlo. El pulso de un alma que anhelaba ser poseída era irresistible, incluso para un demonio como él.
Había creído que alejarse era la mejor opción. Que ambos siguiesen su camino como si nada hubiera pasado era una solución infantil, pero la que había pensado más adecuada.
En aquel tiempo pensó que lo manipulaba, que se entregaba a él sin reparos porque buscaba una ansiada liberación. Al presentarle el contrato de posesión tuvo la certeza de hasta qué punto era capaz de llegar. Estuvo a punto de hacerlo firmar..después de todo, había luchado por él y se lo había ganado. Sin embargo, ese demonio lo había reconocido como a un igual y eso había traído el miedo y las dudas. ¿En verdad él era así? Ambos lo amaban, como solo los demonios podían amar...en ese caso ¿Él tendría el mismo final?. ¿Sería odiado al punto de intentar destruirse solo para arrancarlo de su interior? No quería eso...no quería lastimarlo. Ya había lastimado antes y no buscaba volver a hacerlo..no le apetecía ese tipo de dolor. Así que había elegido olvidarlo, centrándose en el trabajo...en eso era bueno. Era lo mejor que podía hacer.
A la luz de los nuevos acontecimientos se había percatado de que el kitsune no sabía del amor que el otro demonio le profesaba. No sabía de su devoción..él lo había visto todo en su mirada. Una mirada que hablaba de posesión pero también de cuidado y de entrega.
-Debes entender que no voy a poder amarte..no de la forma en que necesitas.-Hoozuki hablaba mientras peinaba el desordenado cabello de su compañero.-Tienes que saber que voy a lastimarte, aunque no lo desee. Está en mi naturaleza y no puedo cambiarlo.
-Lo sé- Admitió el boticario. Recordaba la conversación que había mantenido con la bestia sagrada.
"Hoozuki es diferente." Le había dicho. "No nació siendo un demonio, así que quizás en algún punto pueda amarte..pero será un camino difícil y tal vez estés siglos juntando las migajas de lo que podrías interpretar como cariño, pero no estarás seguro y en última instancia nunca dejarás de ser un objeto para él." Había visto el dolor en sus ojos cuando se refería al oni y había comprendido que hablaba desde una experiencia propia.
-Aún así...a pesar de todo.- Se inclinó sobre él con lentitud buscando sus labios. Se besaban y ese gesto era más que un beso, era una aceptación, una promesa, era un tal vez y una esperanza compartida. Porque ambos apostaban, y mientras la humedad de sus bocas se encontraba, sentían que, de algún modo, algo en ellos cambiaba para adaptarse a una nueva realidad.
En ese instante, Hoozuki sintió que necesitaba recorrer nuevamente ese mundo blanco.
En ese mundo, el amor entre un demonio y un kitsune era posible, porque allí él no era temido y era aceptado a pesar de lo que era y a pesar de cómo era. Porque a partír de ese día, ese siempre sería su lugar.
Unas horas después, el oni sacó un contrato de entre sus cosas y se arrodilló frente al rendido kitsune, quien aún se encontraba tendido sobre sus ropas. Éste se incorporo apenas y luego de leerlo sonrió. Asintió levemente y tomó la pluma que le era ofrecida.
Eso era todo.
Esa mañana, ambos salieron juntos de aquel lugar. Las nubes oscurecían el cielo y amenazaban con una pronta tormenta. En ese trance el viento abrió un claro entre las nubes y el sol iluminó el mar y las casas. Había cosas que prevalecerían siempre, pensó el boticario. Continuó avanzando pero Hoozuki no lo seguía. Se había quedado detenido observando como el viento diseminaba las nubes. Estaba a punto de preguntar pero no pudo..
De un momento a otro, el mundo se había vuelto blanco. Por quince segundos no hubo más que blanco y todo fue hermoso.
Cuándo la explosión se disipó ya no quedaban rastros del burdel, ni de los edificios ni de sus habitantes. Un silencio de muerte se había adueñado de la ciudad y el único sonido que prevalecía era el del mar acariciando la costa.
Fin
N. de A: Datos históricos extraídos de Wikipedia:
" Durante la mañana del 9 de agosto de 1945, el B-29 Bockscar, transportó el arma nuclear llamada Fat Man con la intención de lanzarla sobre Kokura como blanco principal y Nagasaki como objetivo secundario.
Cuando llegaron a Kokura, la ciudad estaba cubierta en un 70 % por nubes, que la oscurecí media mañana los dos B-29 "Bockscar" y "Great Artiste" llegaron puntuales sobre Nagasaki. Pero como había ocurrido en Kokura, la ciudad estaba completamente cubierta por las nubes y no era visible. Durante un rato estuvieron dando vueltas con la esperanza de que el cielo quedase despejado, aunque no fue posible. A las 11:00 se dió orden de regresar al avión, entonces, justo cuando el "Bockscar" se disponía a irse, el bombardero Kermit Beahan que observaba por la mirilla avisió de un pequeño hueco entre las nubes por donde se distinguían algunos edificios de Nagasaki. Sin dudarlo, el "Bockscar" hizo una rápida maniobra de aproximación y a las 11:01 se desprendió de su bomba atómica "Fat Man", la cual cayó velozmente en picado."
