Buenas!

De nuevo por aquí! Ya casi termino este fanfic, aún me faltan sobre uno capítulos, pero ya estamos llegando hacia el final :)

Espero mucho que les guste!

MATA!


Pruebas contra la Organización de los Hombres de Negro.

Nuestra conducta es la única prueba de la sinceridad de nuestro corazón.

Charles Thomson Rees Wilson (Físico escocés).

Al cabo de unos días...

— Hola Yui —Ayumi se acercó a la chica que recogía las cosas con rapidez—. ¿Tienes un segundo?

— Ni dos… —Yui cerró la mochila y se la colgó a la espalda—. Si quieres pedirme mientras andamos tendrás que seguir mi ritmo.

— Yui, ¿qué ocurre contigo? —preguntó Shouta acercándose mientras las dos salían con prisas de la sala—. Llevas toda la semana evitándonos.

— No os evito, tengo prisa… —Yui suspiró largamente y se detuvo unos segundos para mirarlos—. Mi padre me matará si no cumplo con lo que debo.

— ¿Y qué debes de cumplir? —preguntó Shouta con una ceja arqueada.

— ¿Qué te importa? —preguntó ella.

— No se responde una pregunta con otra pregunta —añadió Shouta—. ¿Es que no tienes educación ahora?

Yui rodó los ojos y siguió el camino a paso más rápido. Ayumi no la siguió.

— Yui te lo digo en serio, quiero saber lo que tramas y si puedo unirme a tus planes —sonrió Shouta.

— No, no puedes unirte, tengo que ir a buscar a alguien nada más —respondió Yui.

— ¿Tú hijo? —Shouta esquivó el brazo de Yui que iba a golpearlo al medio de las escaleras—. ¿Pero a ti que te pasa?

— No es mi hijo, ¿vale? Y ya deja de meterte en mi vida, Shouta.

— ¿En serio es un chico? —preguntó él mientras Yui echaba a correr—. Espera quiero conocer a ese chico…

— Es un niño de 7 años, idiota —respondió Yui.

La chica se paró en la taquilla y se cambió los zapatos con rapidez, pero Shouta la cogió por el brazo y la empujó hacia las taquillas.

— Quiero saber quién es…

— No puedo decirte es por el trabajo de mi padre —respondió ella en un susurro un poco alterada.

— Oye, yo también soy del trabajo de tu padre —añadió Shouta bajando también la voz—. Estoy siendo protegido y seguido por el programa, ahora cuéntame…

— No lo haré —Yui se puso completamente seria y lo observó a los ojos. Se quedaron mirando durante un buen rato hasta que finalmente Shouta la soltó—. Lo siento, tengo que irme.

— ¡Drake vuelve aquí! —gritó Yui en medio del parque—. ¡Por favor!

Había salido corriendo del instituto y había ido a buscar al niño en comisaría con su padre. Pero él cuando estaba libre de la vigilancia de Heiji y Shinichi era muy difícil de controlar. El niño iba corriendo, dando la vuelta a la fuente del parque y siguiendo un camino erróneo para volver a su casa. A Yui le era muy complicado seguirle. Llevaba su mochila muy pesada y la mochila del niño, del que acababan de conseguir sus libros para entrar en la escuela primaria de Teitan. Ya que Shinichi creía que la cosa iba para largo. Drake se paró en cuanto alguien le cogió del brazo y lo detuvo. Yui se quedó parada mirándolo.

— Te están pidiendo que te pares, niño, o es que no puedes ni siquiera entender tu idioma ¿eh? —Shouta sonrió con malicia mientras el niño intentaba soltarse.

Yui no sabía si correr hacia otro lado, darle las gracias o simplemente volver a ignorar a su amigo, que de seguro estaría planeando un interrogatorio en su mente en esos instantes. No iba equivocada. Shouta miró al niño con el ceño fruncido mientras intentaba soltarse. En su mente unas cuantas preguntas que se calló por orgullo, porque Yui le había estado evitando durante todo el día. Supuso que ese era el motivo por el que ella se había mantenido distante esos dos días.

— Gracias —susurró Yui acercándose con lentitud y cogiendo la mano de Drake que no le cogía Shouta—. Por favor, necesito que te comportes un poco —Yui se arrodilló delante de él sin soltarlo—. Papá ahora mismo está muy ocupado y Ran-oneesan necesitará tranquilidad cuando vuelva. Si te comportas así solo les vas a traer problemas...

— ¿Y a mí qué me importa tú estúpida familia? —Drake la fulminó con la mirada mientras Shouta le soltaba el otro brazo—. Yo estoy aquí por otra cosa que tu padre no cumplirá.

— Si mi padre dice que va a intentarlo, no sabe si podrá conseguirlo —informó ella—. Pero no se rendirá a la primera que le digan no...

Drake intentó pegarla con la mano libre, pero Shouta le detuvo con rapidez.

— Oye, que aquí tienes menos edad que nosotros y no vas a poder defenderte si se nos ocurre pegarte a ti —se quejó él.

— No le amenaces, por favor, vas a enfurecerlo más aún, Shouta-kun —susurró Yui levantándose sin mirarlo.

— ¿Me estás evitando por él? —preguntó finalmente su compañero viendo que ella seguía sin mirarlo—. ¿Vas a dejar que a la próxima te pegue?

— Es complicado, por favor... no lo hagas más —Yui se levantó y tiró de la mano de Drake que el niño estaba ya por intentar morder—. Vamos a casa, Drake, intentemos llevarnos bien... si mi padre te ha hecho esto, significa que cree en poder conseguirlo...

— Yui, por favor...

Ella lo miró. Shouta estaba con una mirada indescriptible, Yui no podía entender si tenía celos, rabia o enfado hacia ella.

— Lo siento... —susurró la niña haciendo una pequeña reverencia—. Y gracias por ayudarme.

— Que tengas un buen día —Shouta sonrió tristemente.

Sabía que Yui no podría resistirse a contarlo muchos días si sonreía así.

— Igualmente —respondió ella bajando la mirada y tirando de Drake en la dirección opuesta.

En cuanto llegaron a la casa, Yui no soltó al encogido hasta que se había asegurado de cerrar la puerta con la llave. Drake se alejó de ella a paso rápido. Yui avanzó hacia el comedor lentamente, arrastrando los pies. En cuanto llegó, miró el reloj que adornaba una de las paredes. Le había costado media hora de más llegar a casa. Suspiró largamente mientras se dirigía a la habitación de invitados que le habían dejado a Drake. Le dejó la mochila de sus libros nuevos al lado de la cama, mientras observaba con atención al pequeño bulto que se había metido dentro de ella. Se fue a su habitación y se quitó el uniforme, dejándolo doblado con cuidado encima de su escritorio. Cogió su pequeña bolsa y se fue hacia el comedor con tranquilidad. Encendió el televisor, mientras dejaba con cuidado sus libros encima de la mesa. Tenía que hacer los deberes, no quería ser una mala niña y que su padre se enfadara con ella. Una sensación de impotencia la invadía más a cada segundo. Terminó dejando los deberes a un lado y mirando el televisor aburrida. No tenía ánimos para hacer mucho. Miró de nuevo el reloj. Llevó sus cosas en su habitación. Decidió ir a hacer la cena. Al cabo de poco rato, Drake llegó al comedor y se sentó en la mesa. Yui lo miró desde donde estaba y suspiró. Cogió los platos y los cubiertos y los llevó a la mesa, dejándolos apilados.

— ¿Puedes ayudarme? —Yui sonrió en un pequeño susurro.

Drake ni siquiera la miró. Se quedó mirando a la pantalla del televisor con cara de aburrimiento y no se movió. Yui rodó los ojos y volvió a la cocina. Se apoyó en la pared y suspiró mientras notaba su teléfono vibrar en su bolsillo. Miró la pantalla y rodó los ojos: 'no sé qué ocurre, pero no importa. Espero que todo esté bien'. Por alguna razón, Yui se sintió muy débil en ese instante. ¿Cuándo había crecido su amigo para hablar como un adulto? Sonrió tontamente mientras se guardaba de nuevo el teléfono al bolsillo. Al cabo de poco rato, llegó Shinichi. El hombre se fue directo a la cocina.

— No quemes nada, Yui —sonrió el hombre, ella sin responder le abrazó, él sabía que eso nunca era algo bueno—. ¿Qué ocurre?

Ella se apartó y negó con la cabeza haciendo su mejor sonrisa.

— No he hecho los deberes...

Shinichi la fulminó con la mirada y salió hacia el comedor viendo a Drake en la misma posición que antes.

— ¿Qué tal ha ido la vuelta a casa? —preguntó Shinichi al aire yendo hacia la habitación a dejar sus cosas.

— Muy bien —Yui mintió—. Drake es muy buen chico, papá —la niña salió de la cocina con los vasos y vio que el rubio la miraba sorprendido, ella tan solo sonrió y dejó todo encima de la mesa apilado—. ¿Y qué tal tú día? —la niña volvió a la cocina mientras Shinichi se cruzaba de brazos apoyado al umbral de la puerta de su habitación y viendo que el niño volvía de nuevo la mirada hacia el televisor sin moverse.

— Muy bien, solo he hecho un informe tras otro... —suspiró él acercándose a la cocina—. Por cierto... van a venir dos personas luego.

Yui sacó la cabeza por la cocina con rapidez y casi no choca con él.

— ¿A comer? —preguntó Yui.

Shinichi movió la cabeza hacia un lado dándole a entender a la pequeña una respuesta afirmativa.

— ¿Quién? —preguntó Yui con el ceño fruncido.

Shinichi sonrió y se volvió para ir al baño mientras escuchaba a la pequeña dar un salto de emoción. Drake la miró desde donde estaba con cara de aburrimiento. Rodó los ojos y volvió de nuevo la vista a la pantalla. Yui salió de la cocina con dos platos y vasos de más y los dejó encima de lo demás. Volvió a la cocina y comprobó que todo estaba correcto. Luego volvió a la mesa y puso cada cosa en su sitio. Mientras Drake seguía con la mirada perdida al televisor. Yui volvió a la cocina mientras Shinichi llegaba con ellos.

— ¿Entonces no has hecho los deberes por?

— Ayumi-chan es un poco pesada —susurró Yui—. Y ese idiota de… —se calló y lo miró—. No importa.

— ¿Ese idiota?

— ¿No será ese chico que la hizo ruborizar? —preguntó Drake con voz de aburrimiento y sin apartar la vista del televisor.

— ¡Metete en tus asuntos! —gritó ella. En seguida se giró y siguió mezclando con la cuchara la comida.

— ¿Qué chico? —Shinichi la miró—. Yui… —ella lo miró con tristeza—. ¿Ocurre algo malo?

— No es nada —ella le dio la cuchara y se fue directa hacia su habitación.

Shinichi rodó los ojos mientras escuchaba la puerta de entrada abrirse. Sacó la cabeza por la puerta y sonrió.

— Hola Ran —ella avanzó con rapidez hacia él y lo abrazó—. ¿Todo bien?

— Perfectamente —lo besó en los labios—. No sabía que supieras cocinar.

— Yo tampoco lo sabía —susurró Shinichi encogiéndose de hombros.

— Anda trae —Ran se rió—. ¿Dónde está Yui?

— No preguntes… —Shinichi arqueó una ceja—. Empiezo a no entenderla.

— Es una adolescente ¿qué esperabas? —Ran lo miró.

— En una hora vendrán Akai-san y Jodie-sensei —susurró Shinichi dejando la cocina—. Ah… y ahora que me acuerdo. Mejor no les digas nada del embarazo.

— ¿Por?

— Solo… no les digas, ¿vale? —Shinichi se encogió de hombros y Ran sabía que le escondía algo, pero la abogada desistió en preguntar—. Voy a ver a Yui —el hombre se fue hacia la habitación y llamó a la puerta cerrada. Ella no respondió—. Yui, ¿ocurre algo?

— No ocurre nada, papá —Yui intentó hacer que su voz sonara lo más convincente posible—. ¿Puedes avisarme cuando lleguen? Voy a probar de hacer los deberes.

— Está bien… —Shinichi se quedó unos segundos delante de la puerta.

— Vete de una vez —se rió la niña sabiendo que seguiría detrás de la puerta.

— Yui, si hay algo que te molesta, dímelo, ¿vale? —el hombre puso una mano encima de la puerta—. Le prometí a tu madre que te haría feliz, pero no puedo hacerlo si te callas todo…

— Dame un par de días y volveré a estar bien —añadió la niña.

Ahora sabía del cierto que Shinichi se habría ido de delante de la puerta. Yui cogió su teléfono y miró de nuevo el mensaje de Shouta. Chasqueó la lengua mientras rodaba los ojos. Si no le respondía no sabía de lo que sería capaz ese chico. Pero si le respondía, seguro lo haría enojada y por lo tanto solo estaría hiriendo sus sentimientos. Decidió seguir con sus deberes.

Cuando los hubo terminado, la niña se había tumbado en su cama, había abierto la puerta de la habitación y había vuelto a sentarse en la silla del escritorio. Era muy aburrido hacer deberes y estudiar cuando era algo que no entendía o que simplemente no pertenecía a su país de origen. Yui observó su reflejo en el espejo de su habitación. Se sentía agotada. Todo el día detrás de un niño que era mayor que ella pero que seguía teniendo la mente de un niño. Y aunque ella solo tenía 13 años, yendo detrás de Drake parecía que de repente había llegado a tener 30 o 40. Se miró el pelo. Su pelo negro había empezado a quedarse en castaño claro por la parte de arriba. Se tocó la cabeza intentando ocultar sus raíces.

— ¿Tu te tiñes el pelo, cierto? —Drake hizo que Yui se asustara.

— ¿Qué haces aquí? No puedes entrar a las habitaciones ajenas —se quejó ella—. Al menos llama a la puerta, ¿quieres?

Drake miró sus pies y el marco de la puerta.

— Aún no he entrado —respondió—. Y disculpa, la puerta está abierta completamente así que no puedo llamarla sin entrar. Ahora responde, te tiñes el pelo, ¿verdad?

— ¿Y a ti que te importa lo que haga? —preguntó ella con odio en sus ojos—. No necesitas saber de mis cosas.

— Veo que ese es un tema delicado —Drake habló detrás de la pared—. Mejor os dejo a solas —hizo señas para indicar a alguien que entrara y se alejó de allí.

— ¿Qué pasa con ese crío? Es en serio que quiero saberlo —se quejó Shouta apareciendo.

— ¿Qué…? —Yui se plantó delante de él con dos grandes pasos, tiró de su brazo haciéndolo entrar y luego cerró la puerta—. ¿Qué haces aquí?

— Venir a verte… pero veo que estáis muy entretenidos, así que no sé si hice mal —susurró él.

— Claro que hiciste mal —se quejó Yui—. Mi padre está aquí.

— Sí, y esa mujer tan encantadora también, aparte de la profesora y el otro hombre con mirada de demonio —dijo él encogiéndose de hombros—. No entiendo el porqué te quejas porque tu padre esté aquí y haya coincidido en que decidiera pasarme.

— Shouta, por favor… —susurró ella—. No me hagas eso.

— Tranquilízate, por favor… —se quejó Shouta—. Y por cierto, realmente te tiñes el pelo. ¿Lo saben en el instituto? Porque con lo raros que son en los institutos japoneses no creo que te dejen hacer eso.

— No se te ocurra decirlo a nadie. Solo mi padre sabe de eso —se quejó ella.

— ¿Por qué? —preguntó Shouta.

— Odio el castaño —respondió ella mirándose de nuevo al espejo e intentando ocultar las raíces—. Lo odio.

— ¿Por qué? —preguntó él.

— Tu conociste a mi padre… dímelo tú —dijo ella de malas maneras.

— Ah… —Shouta frunció el ceño—. ¿Te tiñes el pelo porque no quieres parecerte a tu padre?

— Mi madre tenía los ojos marrones y el pelo castaño —Yui suspiró—. Con el pelo normal de algún modo me parecía un poco a ella… pero cuando pasó todo aquello y vi como era realmente mi padre y después de lo que pasó con mi madre… —Yui bajó la mirada—. Tener el pelo castaño y los ojos verdes como mi padre… solo me causa odio hacia mi misma por parecerme tanto a él y tan poco a ella.

— ¿A ver? —Shouta la cogió por los hombros y la hizo voltear. La miró de arriba abajo poniéndose una mano bajo la barbilla y el otro brazo rodeando su pecho y tocando su otro codo.

— Deja de mirarme así, por favor… —susurró ella ruborizándose.

— No… lo siento, no le veo el parecido a tu padre.

— Deja de decir tonterías. Me parezco demasiado a él —Yui no podía mirarle.

— No… los ojos verdes son de Yui, no de su padre —Shouta la cogió por las mejillas obligándola a mirarlo—. Son de Yui —repitió—. Son unos preciosos ojos verdes. Y el pelo igual, aunque no sea verde —se rió.

— ¡¿De… de… de qué narices estás hablando?! —tartamudeó Yui apartándose de él y volviéndose a mirar al espejo—. Mentiroso.

— No, que va… —Shouta la abrazó por la espalda—. Además… no vine para hablar de eso. Yo quería preguntarte algo.

— ¿Yui va todo bien? —Shinichi golpeó la puerta de la habitación.

— ¡No! ¡Papá no entres! —gritó ella intentando separarse de Shouta—. Por favor, suéltame —susurró ella.

— No. Que entre si quiere, es tu padre —Shouta sonrió divertido viendo como ella intentaba hacer fuerza para apartarle los brazos. Pero era en esas situaciones que la chica siempre las perdía.

— No te va a gustar ver a mi padre enfadado —se quejó ella.

— Si es como tú cuando te enfadas me va a parecer adorable, como tú —dijo él con un débil susurro en su oído.

Yui le golpeó con el codo débilmente y él apartó un poco los brazos, suficiente para que ella pudiera girar y poner las manos entre los dos. Intentó empujar al chico lejos de ella, pero su agarre era demasiado fuerte. Yui se sentía avergonzada. Le pegó en el pecho con un último esfuerzo antes de cogerse a su jersey. Notaba la calidez del chico en ese abrazo que hizo que su cabeza terminara cediendo a las necesidades de su corazón.

— Shouta tienes que soltarme, por favor… —susurró ella.

— No… —él sonrió—. Vine para decirte algo, Yui y no me iré hasta habértelo dicho.

— ¿Qué quieres? —susurró ella.

— De repente… me sentí celoso de ese niño —susurró él. Yui frunció el ceño y lo miró—. Parece patético, ¿eh?

— Un poco… —respondió ella.

— Está viviendo contigo y parece tener muchas familiaridades contigo.

— No te creas —Yui suspiró—. Ese chico coge familiaridades con todos.

— Pero las ha cogido contigo… —se quejó Shouta apartándose de ella.

— ¿Qué te molesta de esto? —preguntó Yui.

— Que yo… —Shouta la miró a los ojos con una sonrisa—. No puedo vivir sin ti.

— ¿De qué hablas? —preguntó ella.

— Me gustaría que salieras conmigo, Yui… —susurró él.

Yui enrojeció por completo.

— ¿Qué… qué… qué… qué estás diciendo? —ella tartamudeó haciendo pasos hacia atrás hasta topar contra el espejo.

— Yui… ese día en el bosque… cuando escapaste de mí porque me viste hablando con Gin —Shouta se acercó a ella lentamente—. Yo me había negado a hacerte daño porque no podía… no podía ver una vida sin ti. Por eso me negué y por eso te busqué en cuanto me rescataron. Te echo mucho de menos, Yui.

— De acuerdo… —Yui abrió los ojos y lo miró con sorpresa—. Esto es lo más incómodo que alguien me ha dicho en mi vida…

— Me alegro que haya sido así —se rió él.

— Y ya me conoces, cuando algo me incomoda me pongo en plan borde, así que mejor… te respondo mañana, ahora vete… —señaló la puerta.

— Oh… gracias —Shouta se encogió de hombros y se fue hacia la puerta mientras se ponía las manos en los bolsillos.

— Shouta… —él se detuvo—. Espera… —el chico se giró para mirarla—. Solo… quedamos mañana al parque. Antes de ir al instituto, ¿vale?

— Yui… yo…

— Déjame disfrutar de tus palabras una noche antes de responderte —ella señaló de nuevo a la puerta.

— ¿Estás enojada conmigo? —Shouta se rió.

— ¡Sí! —gritó ella—. ¡Solo a Shouta se le ocurren esas tonterías!

— Gracias —él abrió la puerta y salió.

— ¿Yui qué ocurre? —preguntó Ran yendo hacia allí.

— Ese idiota —se removió el pelo incómoda—. Solo dice cosas… —Yui se giró para mirarse de nuevo al espejo y se miró de arriba abajo—. Bonitas…

— ¿Quién era ese chico? —preguntó Ran con curiosidad mientras sonreía.

— Odagiri Shouta. Uno de los que Shiho-oneesan salvó —respondió la niña en un hilo de voz.

— Está bien. Vamos, que estás preocupando a tu padre con tantos gritos —se rió Ran yéndose hacia el comedor de nuevo.

— Preocupando a mi padre, sí, seguro —Yui soltó el aire con cansancio mientras se miraba al espejo de nuevo. Ella solo veía el reflejo de su padre en él. Jamás había visto algo distinto a él—. ¿Por qué tiene que ser él el que diga eso? —Yui salió de la habitación con prisas y se quedó observando como Jodie-sensei abrazaba a Shouta con fuerza sin dejarlo ni siquiera respirar. Shouta estaba quejándose de que no le soltara—. ¿Qué hacéis?

— Hace un buen rato que me hago la misma pregunta —respondió Shuuichi sentado en el suelo cogiendo un vaso lleno de agua que Shinichi le pasaba—. Jodie deja al pobre chico que terminarás ahogándolo.

— Es el que mejor me caía desde un principio —se rió la profesora mientras se apartaba de él—. Eres más inteligente que la mayoría de chicos de tu edad. Deberías de sentirte orgulloso de tus palabras.

— Mis palabras la última vez provocaron que por poco no me electrocutaran —se quejó Shouta—. No tenían piedad ni de unos niños.

— Sí, claro —Jodie-sensei se rió—. Pero eso te sigue haciendo el más inteligente de todos.

— El más grande —dijo Shouta—. No importa como lo mires, es solo lógica.

— No seas tan modesto, Shouta-kun —Jodie sonrió con amabilidad—. ¿Tienes algún otro problema?

— No, a no ser que tengas una solución en contra de los abrazos excesivos de mi madre o los llantos a gritos de mi padre —respondió él poniéndose las manos en los bolsillos—. Como sigan así, tal vez me vuelvan loco algún día de estos.

— No les culpes, los pobres se pasaron mucho tiempo sin su Shouta-kun —Jodie le guiñó un ojo.

— Son unos plastas cuando quieren —Shouta chasqueó la lengua—. Pero igualmente son mis padres y estoy convencido de que los echaría de menos si no hicieran esto.

— Eres un angel —respondió Jodie.

— Mejor me voy antes de que me echen de menos —Shouta rodó los ojos—. Un angel bajado del cielo a patadas. Eso es lo que soy —levantó la mano y se fue hacia la puerta—. Hasta otra.

— Que te vaya muy bien Shouta-kun —dijo Jodie mientras se sentaba al lado de Shuuichi—. Bueno, vayamos al tema que tenemos entre manos —Jodie miró hacia Drake que se había quedado mirando el televisor—. ¿Tú eres Drake? —el niño la miró de arriba abajo luego volvió la vista al televisor—. Vaya, realmente tienes un problema con la sociedad o la sociedad lo tiene contigo.

— La sociedad lo tiene con él —Yui lo miró de reojo mientras se sentaba también. Ran y Shinichi también se sentaron y todos empezaron a comer—. Entonces ¿qué podéis decir del acceso restringido al FBI?

— Bueno, sigue siendo restringido —respondió Shuuichi—. Hanako no nos va a dar una autorización para Vermouth con tanta facilidad. Sea o no para un hijo suyo, no importa.

— Hanako es quién tiene que darnos la autorización, ya que James dimitió a la muerte de Camel —respondió Jodie—. Ya no tenemos a nadie de confianza entre nosotros.

— Disculpad que lo pregunte, pero… ¿quién es Hanako? —Ran frunció el ceño.

— Es una agente de la Interpol que se está haciendo cargo de nuestra sección del FBI, ya que colaboramos con la CIA y con ellos para el cierre de la BO —respondió Shuuichi—. Esa mujer no es nada racional con el tema sentimentalismos y mucho menos cuando se trata de ellos.

— Un segundo —Shinichi arqueó una ceja—. ¿Esa mujer era una jefa?

— Esa mujer… —Jodie frunció el ceño—. ¿Te encontraste con Hanako?

— ¿La mujer de la cabaña esa? —Ran miró a Shinichi.

— La misma —Shinichi se cubrió la frente—. Entonces entiendo el motivo por el que nos niegue el acceso.

— Bueno, para el momento Shiho tendrá que darnos el resultado de Drake —dijo Jodie—. En cuanto estén, tendremos que encontrar el modo de convencerla.

— ¿Qué resultado? —preguntó Drake.

— Estamos buscando un modo de devolverte a la normalidad —respondió Yui—. Pero en cuanto eso pase, tendrás que esforzarte en tener la inteligencia de tu edad.

— ¿La inteligencia de mi edad? —Drake la miró con desprecio—. ¿Quién te has creído que eres si se puede saber?

— Perdona si te he ofendido —respondió rápidamente Yui haciendo una pequeña reverencia. El niño chasqueó la lengua y volvió la vista al televisor.

— ¿Yui? —Shinichi la miró con el ceño fruncido y la niña entendió la pregunta en seguida, negando con la cabeza y murmurando un leve 'nada'.

— Drake, ¿puedes prestarme atención un segundo? —preguntó Jodie con una sonrisa maternal. Él la miró—. ¿Cuáles son tus motivos por querer ver a Vermouth?

— Es mi madre —respondió él.

— Sí, eso ya nos lo has dicho —se rió Shuuichi—. Queremos saber porque ahora quieres verla. Por lo que nos has contado, nosotros hemos entendido que has estado 10 años sin verla, ¿no es así?

— Porque la habéis encerrado en la cárcel —respondió él.

— ¿Solo por eso? —preguntó Jodie.

— Mi madre me dijo que si algún día la encerraban ella sería la primera en morir —respondió Drake—. Quiero saber que está bien.

— Te cuento la situación, porque parece ser que no lo has entendido muy bien —dijo Shuuichi. Drake lo fulminó con la mirada, pero escuchó con atención—. A ver… Ginebra, ahora mismo está intentando escapar. Tu madre debe demostrar lealtad a él para sobrevivir así que…

— Si quieres salvar a tu madre lo mejor es que no la veas, ¿no es cierto? —dijo Jodie.

— Mira, Obaachan…

— ¿Obaachan? —Jodie arqueó una ceja—. Me llamo Jodie, no sé si te lo había dicho.

— Obaachan —respondió él moviendo las manos con pausas para hacerles entender que estaba perdiendo la paciencia—. Mi madre ahora mismo está en peligro de muerte y eso lo sabemos todos, así que si no podéis sacarla de ese lugar, al menos dejadme hablar con ella.

— Y vuelta al mismo punto —dijo Yui poniendo el vaso de agua en su boca mientras miraba a Ran reírse disimuladamente—. Lo que estamos diciéndote es que queremos saber el motivo por el que deseas tanto ver a tu madre. Parece desesperadamente un tema tipo: antes de que la maten desearía que me dijera dónde escondió el tesoro —dijo moviendo las manos dramáticamente y poniendo otra voz. Ran estalló en risas cubriéndose la boca con la mano.

— Yui —Shinichi rodó los ojos mientras negaba con la cabeza—. Cada día te pareces más a Ayumi-chan.

— Perdona, pero es cierto —respondió Yui—. Si tanto le preocupa la seguridad de su madre, no desearía ir tan desesperadamente a verla sabiendo que la matarían si lo hace y aún no lo han hecho.

— ¿Qué narices sabrás tú del amor de una madre? —dijo el niño fulminándola con la mirada.

Todos miraron al niño sorprendidos excepto Yui que mantuvo su vaso alzado en sus labios.

— Tienes razón. No tengo ni idea del amor de una madre —respondió ella dejando el vaso encima de la mesa y bajando la mirada—. Al fin y al cabo yo misma maté a la mía —se levantó de la mesa con pesadez ante la estupefacción del niño—. Gracias por la comida —se fue hacia su habitación en silencio sin casi haber comido nada.

Ran se levantó de allí y sonrió hacia Shinichi.

— Voy yo —Ran sonrió cuando veía que él también iba a levantarse—. Un placer volver a veros —dijo mirando hacia Jodie y Shuuichi.

— Ran-chan —Jodie la llamó y ella la miró.

— ¿Sí? —preguntó al ver que la profesora no decía nada.

— No importa —Jodie-sensei hizo una sonrisa forzada que Ran no notó.

— Bien, Drake —Shuuichi habló en un susurro amargo—. Después de meter la pata hasta el fondo, tal vez quieras decirnos de una vez qué es lo que pretendes.

— Mi madre guardó pruebas en contra de todos en un sitio y me dijo que si algún día era detenida, que tendría que ir para que yo lo recuperara todo y se lo entregase al FBI —respondió Drake.

— Ya tenemos pruebas contra ellos —respondió Shuuichi—. ¿Qué tipo de pruebas?

— Los asesinatos y demás —respondió el niño.

— Entonces también nos pueden servir —Shuuichi hizo una sonrisa fría—. Tendremos que cambiar a tu madre de cárcel en cuanto hable contigo.

— Lo sé —respondió el niño—. Y solo quiero que me digáis a dónde la van a trasladar. A cambio yo os daré todo eso.

— De acuerdo —Shinichi sonrió—. Con esto tal vez tengamos el permiso, entonces.

— Hanako no es alguien con quién se pueda hablar fácilmente —suspiró Shuuichi mirando hacia Jodie—. ¿Verdad? —ella lo miró y se encogió de hombros—. ¿Qué ocurre?

— Nada —Jodie forzó otra sonrisa y luego miró a Drake—. Deberías de ir a disculparte a Yui-chan —el niño no dijo nada mientras seguía comiendo—. ¿Sabes? Es extraño, la de vueltas que puede dar la vida de una persona, Drake. Tú al menos tienes viva a tu madre. A Yui no le dieron esa opción. La gente de la Organización en dónde estaba tu madre, la mataron por ser una agente del FBI. Pero hicieron que Yui apretara el gatillo en su lugar. Jamás juzgues a alguien sin saber todo lo que ha ocurrido, porque luego terminarás arrepintiéndote de eso. Nosotros en Abril del año pasado, perdimos algo muy preciado, pero aún así, hay mucha otra gente que seguro conseguirán tener lo que nosotros no pudimos.

— ¿De qué narices estás hablando? —Drake chasqueó la lengua y desvió la mirada. Jodie sonrió mirándolo. Era solo un niño con sentimientos confusos, nada más—. ¿De qué hablas?

— Yo estaba embarazada de dos niños —susurró Jodie casi sin voz—. Pero los perdí a los dos en el parto. En cierto modo me siento extraña viendo que otra gente puede tener algo que yo deseo. Pero, en vez de culpar a todos por tenerlo, me alegro por ellos. Te aseguro que eso es algo mucho más feliz para mí y para los que me rodean, que no ir enojándome con todos los que pueden tenerlo —Drake la miró confuso y ella le dedicó una sonrisa triste—. Solo deseo que a ellos les vaya mejor que a mí, porque ni siquiera a la gente que me ha hecho daño, merecen una parte de odio de mí. Tal vez debería de culparme a mí misma, por ponerme nerviosa planeando el ataque a la gente de tu madre. Pero no puedo culpar a nadie más por ello. Sería algo injusto por mi parte. Ve a pedir perdón a Yui. Si dejas que la culpabilidad te coma por dentro, terminarás enfermo por ello. No dejes que tu orgullo te prive de ser alguien bueno, porque esas son las personas más queridas por la gente, las que saben rectificar un error.

El niño se levantó cogiendo su plato y su vaso y lo llevó a la cocina, dejando a Shinichi completamente desconcertado.

— Gracias por la comida —susurró en un hilo de voz muy débil, yéndose hacia su habitación sin decir nada más.

— Es un buen chico —se rió Jodie—. Y por cierto, felicidades —añadió mirando a Shinichi.

— Lo siento —susurró él.

— No te preocupes —sonrió Shuuichi—. Tal vez tampoco era el momento —respondió él—. Gracias por la comida.

— Dale muchos besos de nuestra parte a Ran-chan, ¿vale? —dijo Jodie, mientras la pareja se levantaba de allí—. Dile a Drake que haremos todo lo posible para ayudarle.

— Sí, ahora que ya tenéis algo de interés, ¿eh? —Shinichi se rió.

— Eres malo, pensando eso de los del FBI —Jodie se cruzó de brazos y desvió la mirada haciendo pucheros. Shuuichi y Shinichi se rieron.

— Está bien, está bien, perdona por eso —Shinichi levantó las manos—. Esperaré la llamada, entonces.

— Seguramente hasta junio no te podremos decir nada más —respondió Jodie—. Pero intentaremos agilizar un poco más las cosas.

— Está bien —Shinichi sonrió ampliamente—. Gracias por todo.

— Hasta otra —los dos se fueron de allí.

Shinichi suspiró largamente mirando la mesa. Seguramente hasta Junio no sabrían nada, ya se lo habrían dicho.

A la mañana siguiente

— Yui, hay algo que tenemos que decirte —dijo Ran sonriendo mientras tomaban el almuerzo.

La niña dejó los palillos encima de la mesa y miró a los dos adultos asustada. Mientras Drake los miraba con cara de aburrido a los tres.

— No nos mires así, no es nada para lo que preocuparte —se rió Shinichi.

Yui suspiró aliviada y volvió a coger los palillos para seguir comiendo.

— ¿Entonces? —preguntó mirando a los dos.

— ¿Pondrías tú el nombre del bebé? —dijo Shinichi.

— ¿Qué qué? —Yui se quedó mirándolo con la boca medio abierta mientras le resbalaban los palillos de la mano.

— Te lo dije —se rió Shinichi mirando a Ran—. Si nos darías un nombre para el bebé…

— Ah, no, no quiero ser la responsable de posibles traumas psicológicos hacia una criatura y que sus amigos decidan meterle en la cabeza —respondió ella levantando las dos manos—. Ni lo sueñes. Esa responsabilidad mejor va para los padres.

Shinichi se rió.

— No seas tan pesimista —dijo él.

— ¿Pesimista? ¿Yo? ¿Dónde? —Yui lo fulminó con la mirada—. He visto muchos padres poner nombres como 'Enfermedad' o 'Desgracia', tan solo porque creían que sus hijos serían una molestia. Ni pensarlo. Soy realista.

— ¿Cuáles habías pensado? —Shinichi sonrió hacia ella.

Yui se ruborizó bajando la mirada.

— Yuuki si es niño y Asami si es niña —respondió ella en un hilo de voz.

Shinichi miró a Ran satisfecho.

— Yui eres impresionante —Ran sonrió ampliamente.

— ¿Por qué? —preguntó ella.

— Porque esos habíamos pensado los dos —respondieron Ran y Shinichi a la vez riendo y haciendo ruborizar a la niña.

— ¿Uh? —Yui se apartó un poco completamente ruborizada—. ¡¿Entonces por qué me preguntáis a mí?! —se quejó gritando.

— Porque queríamos saber tu opinión, por supuesto —respondió Shinichi.

— Hubierais hecho lo que os hubiera dado la gana —Yui suspiró con cansancio—. Es en serio, papá, ¿cómo puedes tomarme tanto el pelo?

— Porque ahora que no estás con Kaito, seguro te aburres —se rió Shinichi.

— Disculpa yo veo a Kaito cada día —respondió Yui sonriendo—. Pero por supuesto, tú no tienes ni idea de eso.

— ¿Dónde? —preguntó Shinichi.

— No pienso decirte —se rió ella—. No voy a dejar que vayas a buscarlo porque sí.


Jijijijiiji amantes de Kaito ese pobre hombre volverá a aparecer pronto ;)

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Mata!

^^Shihoran^^