HIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
Avanzo un capítulo para felicitar a Lady Kid! Me costó lo suyo poder hacer este capítulo, pero he conseguido tenerlo a tiempo, así que...
HAPPY BIRTHDAY LADY KID! Deseo que este día te sea super! :)
Dicho eso, os dejo con el capítulo. En realidad es un capítulo un poco extraño porque realmente este personaje no volverá a aparecer, solo será nombrado, pero... bueno, espero los disfruten :3
y por favor dejen reviews! :)
Ken Chishi, la otra cara de la BO.
El valor de una frase está en la personalidad de quién lo dice, porque nada nuevo puede ser dicho por un hombre o una mujer.
Joseph Conrad (Novelista británico de origen polaco).
Yui llegó temprano al parque en donde habían quedado con Shouta. El chico estaba llegando por el otro lado. Los nervios de Yui estaban tan a flor de piel que no había comido nada en la mañana. Su corazón iba a cien. Se quedó quieta en el lugar y esperó a que él se acercara.
— Buenos días —sonrió Shouta en cuanto estuvo delante de ella.
— Hola… —Yui bajó la mirada. Se quedaron inmersos en un silencio incómodo que Yui no sabía cómo quitar—. Esto… yo…
— No es tan difícil dar una respuesta, Yui —dijo el chico bajando su voz.
— Tenemos 13 años, Shouta —susurró la chica—. Ahora mismo mis preocupaciones son no entregar los deberes a tiempo o poder aprenderme todas las respuestas para poder hacer un examen perfecto. Pero… cuando me alejé de ti aquél día… yo no podía dejar de llorar. Me costó 5 años y la ayuda de un ladrón muy persistente, un detective muy inteligente, un agente muy torpe y una científica muy fría para poder olvidarme de ti. Bueno, creo que fueron 4 años y medio…
— No te has teñido el pelo —observó Shouta interrumpiendo sus palabras.
— Porque Shouta dijo algo realmente bonito —respondió ella aún sin mirarla—. Quizás tengas razón. No debe de preocuparme lo que hayan sido mis padres sino que debe de preocuparme quién seré yo y yo de momento quiero seguir siendo una niña. Hemos crecido más rápido que los demás niños por culpa de esa gente y yo no quiero hacerlo más. Dime lo mismo en uno años y seguro te digo que sí —lo miró sonriendo—. Si es que tus sentimientos no han cambiado aún.
Shouta suspiró con alivio.
— Así que vas a seguir mis consejos… —Shouta sonrió casi burlándose—. No deberías de hacerme caso, eso va a ser malo para ti.
— ¿Te molesta algo? —preguntó Yui.
— Que vivas con tu padre lo entiendo, con esa mujer porque sea la prometida de tu padre aún —Shouta desvió la mirada mientras se cruzaba de brazos—. Pero a ese crío no lo aguanto.
— Deja de comportarte de esta manera —Yui se encogió de hombros—. Va para largo —le golpeó débilmente en el hombro y empezó a rehacer el camino dirección al instituto.
— Me conoces suficiente para entender mi punto de vista, Yui —se quejó él.
— Vas a llegar tarde, Shouta —respondió ella.
— Deberías de tenerme un poco satisfecho con palabras, Yui o me tendrás cada día en la puerta de tu casa —respondió él—. Te lo advierto.
— ¿Sabes que no tiene la edad que aparenta? —preguntó ella con una sonrisa fría.
— ¿Ah no? —Shouta se cruzó de brazos mientras corría hacia su lado para no perderla de vista—. ¿Y según tú cuántos años tiene? ¿13?
— Casi —Yui sonrió traviesa mirándolo y parándose al medio de la calle—. Tiene 17 años.
— ¿Estás de broma verdad? —preguntó Shouta—. ¿Diferencia de 10 años como algunos de los que tomaron el veneno de Sherry?
— Sí —Yui se echó a reír y él la fulminó con la mirada.
— Te estás riendo de mí —preguntó él—. Genial. Te estoy diciendo que me tranquilices y así no lo haces nada.
— ¿Sabes que Bloody Mary está con Shiho-oneesan? —preguntó Yui.
— Sí, ahora cambia de tema. Te he dicho que quiero que me tranquilices de lo que hace ese chico —respondió Shouta.
— Es un buen chico —Yui se encogió de hombros—. Eres idiota si tienes que estar celoso de un niño de 7 años. Y ahora a lo que iba, ¿lo sabías o no?
— Nos dijeron que lo habían adoptado, pero no nos dijeron a quién —respondió Shouta.
— ¿Nos? —Yui lo miró curiosa.
— Sí, me mantengo en contacto con todos los demás que estuvimos allí. Intentamos no separarnos y empezar de cero juntos. Nos apoyaremos entre todos y procuraremos, los que nos acordaremos seguro, de olvidar todo esto —respondió Shouta—. ¿Sabes que mi padre lloró por mi regreso?
— ¿Esa persona tan fría que me dijiste que era? —Yui se rió mientras seguían andando por la calle dirección al instituto—. ¿En serio?
— Sí. Cuando vi que lloraba por mi regreso realmente me sentí feliz —dijo Shouta—. Pero ya te dije, soy alguien de cerebro muy libre e incluso con 13 años no podrán encerrarme en casa. Tengo que ver mundo y cambiar de lugar de trabajo con constancia, me gusta no estar en un momento aburrido.
— Las clases son aburridas las mires donde las mires, al menos para ti —dijo Yui.
— ¿Tú crees en serio que aprender el pasado es algo divertido? —Shouta rodó los ojos.
— Aprender la lengua nos ayuda a comunicarnos, sea en japonés o en inglés, podremos hablar con otra gente que puede ayudarnos —respondió Yui—. Aprender matemáticas, nos ayuda a que no puedan engañarnos en ningún sitio al devolvernos el cambio o a poder entender por ejemplo algo tan complicado como la economía o algo tan simple como el paso del tiempo. Aprender ciencias nos ayuda a entender y convivir con la naturaleza, para que ningún animal pueda hacernos daño o para que ninguna planta nos pueda envenenar si en algún momento nos perdemos en la naturaleza. Aprender sociales nos ayuda a entender la sociedad de antes y el motivo por el que ahora la gente se comporta distinta. Aprender geografía te ayuda a no perderte en las ciudades con un simple mapa, o saber situar cada país y su situación en esos precisos instantes. Aprender historia nos ayuda a evitar cometer los errores del pasado para que no provoquemos otra guerra mundial o cosas por el estilo.
— Te lo tienes muy bien aprendido esto —se quejó el chico—. En serio me gustaría saber si a ti también te dieron el veneno.
— No me lo dieron, ¿en qué país vives? —Yui lo fulminó con la mirada—. Abre tus ojos Shouta. No podrás salir jamás de Japón mientras tengas el FBI como aliado. Ya te era complicado antes, ahora te lo será más aún. Además… yo no puedo simplemente desaparecer. Mi padre me encontraría y te mataría por llevarme contigo.
— ¿Estás bromeando de nuevo, verdad? —preguntó Shouta con una ceja arqueada.
— Aprende lo que debas y luego hablamos de visitar el mundo —Yui le guiñó un ojo y echó a correr hacia la esquina en donde Ayumi, Mitsuhiko y Genta les esperaban.
Cuando llegaron al instituto, todos se quedaron quietos. Había un montón de alumnos esperando a fuera y tapando la entrada. Se miraron entre ellos y en seguida se abrieron paso entre la gente para ver lo que sucedía. Todos estaban rodeando a siete niños de varias edades que se escondían detrás de un solo chico de 9 años que todo el instituto parecía admirar.
— ¿Entonces como te escapaste? —preguntaba una chico emocionada.
— Esto… —el chico parecía asustado, pero ninguno de los otros quería estar delante de él—. No creo que sea buena idea que lo sepas…
— Ponche —Shouta le llamó a distancia haciendo que todos se giraran hacia él—. ¿Qué hacéis aquí?
— Ah… Oniichan —la niña de 4 años se abrazó a Shouta con fuerza y él la cogió en brazos. Todas las miradas del instituto se pusieron encima de él y de los que le rodeaban.
— ¿Les conoces? —preguntó una chica.
— Claro que sí. Yo estuve con ellos —respondió él—. ¿Pero no creéis de mala educación lo que estáis haciendo? No es famoso porque él quiera, sino por una desgracia. Debería de caeros la cara de vergüenza —Shouta dejó a la niña al suelo y se arrodilló delante de ella. Pero antes de empezar a hablar miró a todos los que seguían mirándolos—. ¿Es que no tenéis clase vosotros? ¡Largo de aquí! —gritó señalando hacia el interior del patio.
Todos empezaron a entrar al instituto criticando al chico. Los otros niños que compartían el pasado de Shouta se acercaron a él.
— ¿Eh? —Yui puso sus manos en las rodillas para mirar a la niña de 4 años—. ¿Así que ellos son tus amigos, eh?
— Ella es Enomoto Erena, tiene 4 años —le presentó Shouta—. Ellos son Daishi Hikaru, de 8 años; Hideki Tora, de 9 años; Sakuraba Tsubasa, de 6 años; su hermana Kokoro, de 10 años; y Matsuura Nanami, de 7 años. Todos fuimos rescatados por Shiho-oneesan.
— Junto con Bloody Mary —dijo la niña de 10 mirando hacia dentro del patio como la gente les miraba de reojo.
— ¿Bloody Mary? —preguntó Ayumi.
— Se refiere a Tetsuya-kun —sonrió Yui—. El hijo de Shiho-oneesan.
— ¿Eh? —Shouta se levantó y la miró—. ¿Decías en serio lo de que Bloody Mary se quedó con ella?
— Claro que sí —se rió Yui—. Si quieres te llevo allí después de clases.
— Yo también quiero ir —dijo Hikaru levantando la mano por encima de su pelo castaño claro.
— Y yo —respondió Kokoro mirando al pequeño.
— ¿Queréis que os lleve a todos? —Yui miró hacia los niños con una sonrisa—. Seguro que Shiho-oneesan se alegrará de que os acordéis de él.
— Sí —Erena levantó la mano con ánimos dando un pequeño salto, mientras sus ojos marrones destellaban de alegría.
— Está bien —Yui sonrió—. Pero será después de clases. Ni yo ni este de aquí podemos saltárnoslas.
— ¿Lo estás diciendo en serio? —preguntó Shouta viendo que le estaba señalando a él.
— ¿Vas a perderte más clases? —Yui sonrió—. ¿Y tus sueños como los vas a vivir si se puede saber?
— Eres un fastidio, ¿lo sabías? —preguntó Shouta fulminándola con la mirada.
— Lo sé, me lo dicen a menudo —se rió ella—. Sobre todo Kaito-ojiichan, pero no entremos en detalles. Vamos chicos. Un placer haberos conocido.
Pasó por el medio de los niños y se adentró al patio, seguida muy de cerca por Ayumi, Genta y Mitsuhiko. Shouta bajó la cabeza mientras chasqueaba la lengua.
— ¿Ella es la hija del FBI de la que tanto hablabas? —preguntó Kokoro sonriendo.
— ¿Vas a decirme algo al respecto? —preguntó Shouta.
— No, allá tú —Kokoro se rió—. Eres un idiota si dejas que ella mande por encima de ti de esa manera.
— ¿Así que esta es la chica que le gusta? —preguntó Tora—. No es nada del otro mundo.
— Cierra el pico, Ponche, nadie te ha pedido la opinión —se quejó Shouta—. Deberías de ir con más cuidado. La gente podría aprovecharse de ti si no miras quién se hace amigo tuyo, ¿me oyes?
— ¿Ahora vas a decirme quién tiene que ser mi amigo? —preguntó él frunciendo la nariz con rabia.
— Te digo que esa gente te harán preguntas crueles y te harán daño —respondió Shouta—. Solo no dejes que te hagan sufrir. Ahora que hemos conseguido salir de aquí no quiero que os hagan daño. Tengo que irme —Shouta sonrió hacia Kokoro—. Deberíais de probar el perder un poco el tiempo en el colegio —añadió—. Realmente si somos más inteligentes de seguro seremos menos engañados.
— ¿Por qué dices eso? —preguntó ella.
— Un amigo mío resultó que quería tan solo sacar a Gin de la cárcel —dijo él—. Si hubiera sido un poco más inteligente, tal vez hubiera podido evitarlo antes. Además… voy a aprender a defenderme. Mi padre me va a enseñar todo lo que sabe y entonces podré proteger a todos. Ya lo verás.
— Oye, yo también querría aprender —dijo Kokoro—. Quiero saber defenderme.
— Te enseñaré cuando sepa un poco —Shouta levantó la mano y ella se la chocó—. Nos vemos luego.
— Claro —Kokoro sonrió mientras cogía la mano de su hermano Tsubasa—. Vamos chicos, volveremos luego. Shouta-oniichan está demasiado ocupado.
— Si él no nos escucha… ¿quién lo hará? —preguntó Hikaru bajando la mirada.
— Estoy convencida de que él lo hará —respondió Kokoro—. Pero él tiene razón. No podemos simplemente huir de las novedades que nos vienen por delante.
— No entiendo a Kokoro-nee —susurró Erena ladeando la cabeza un poco.
— Luego volvemos aquí para ir a ver a Bloody, ¿vale? —Kokoro sonrió hacia Erena y la niña afirmó la cabeza—. ¿Vamos al parque?
Todos afirmaron con la cabeza y se fueron de allí.
— Bueno, ya llegamos —Yui llamó al timbre de la casa.
No tardó a abrirse la puerta, dejando ver a Shiho y a Tetsuya en sus brazos.
— Hola Yui —sonrió la mujer—. Y chicos… —dijo al ver a Shouta y los otros niños—. ¿Cómo habéis estado?
— Muy bien —respondieron todos a la vez.
— Pasad —Shiho se apartó y dejó que todos entraran.
La casa estaba un poco desordenada. Solo al entrar, se accedía al comedor. Al medio había una mesa pequeña al suelo y al lado una manta con juguetes encima. Todos se acercaron a la mesa y se sentaron al suelo. Shiho guiñó un ojo a Yui cuando se quedó a su lado. Le dio a Tetsuya a la pequeña y ella se acercó a la manta para dejarlo al suelo y jugar con él.
— ¿Queréis tomar algo? —preguntó Shiho.
Todos dijeron algo, excepto Yui y Shouta. Kokoro se sentó al lado de Yui y cogió una pequeña pelota de plástico que acercó hacia Tetsuya. El niño se puso a gatear hacia ella y Kokoro la apartó antes de que él pudiera coger la pelota. El niño la miró con la cabeza un poco ladeada y luego estiró la mano para que le diera la pelota. Kokoro se la acercó pero cuando Tetsuya iba a cogerla, ella la volvió a apartar.
— Es insistente —se rió Kokoro. Yui se rió con ella.
— Claro que sí, los bebés siempre lo son —respondió la hija Kudo mientras Shiho volvía con los pedidos de todos y los dejaba encima de la mesa.
Shiho se sentó en el sofá, al lado de Hikaru y Tora, mientras todos cogían las cosas.
— ¿Entonces os va todo bien? —preguntó la mujer.
— A Shouta le secuestraron de nuevo —se rió Yui—. Y eso que ningún Kudo estaba allí para ser el culpable.
— Eso dolió —se quejó el chico poniendo las manos en su pecho de manera dramática.
— ¿Te secuestraron de nuevo? —Kokoro parpadeó confusa mientras lo miraba—. ¿Por qué?
— Querían sacar a Gin de la cárcel y yo lo vi y lo escuché todo —respondió Shouta bajando la mirada—. Pero Yui lo había visto y al cabo de 3 días consiguió entrar en el lugar. Terminó rescatándonos Ran-oneesan.
— Ah… debería de ser cuando tu padre estaba en Kioto, ¿cierto? —preguntó Shiho mirando hacia Yui.
— Así es —se rió ella—. La de problemas que le vamos a dar a la pobre Ran-oneesan.
— No te creas —Shiho se rió—. Ya sabes que tu padre acostumbra a llevar los problemas consigo. Estoy segura de que Mouri-san está acostumbrada a eso —Shiho sonrió y miró a los otros niños—. ¿Y a vosotros cómo os va?
Ninguno de los demás habló. Kokoro se quedó con el vaso en sus labios intentando beber.
— Vaya —Shouta frunció el ceño—. Este silencio nunca dice nada bueno.
— ¿Qué ocurre? —preguntó Shiho mirando hacia Hikaru—. ¿Tinto?
El niño bajó la mirada al suelo.
— Nos ha venido a ver una mujer a todos —dijo Kokoro mirando hacia Shouta—. Veo que a ti no —él negó con la cabeza—. Quiere que la ayudemos a sacar a Gin de allí. Dijo que el hijo de Gin había nacido y que si no la ayudábamos, se aseguraría de que el niño tomara la venganza de su padre contra nosotros.
— ¿Estás de broma verdad? —preguntó Shiho abriendo los ojos asustada.
— A todos nos ha ido a visitar —dijo Hikaru—. Pero papá y mamá se separaron cuando yo fui secuestrado y mamá se está esforzando en su trabajo para podernos mantener a los dos.
— Nuestros padres ni siquiera escuchan a Kokoro —susurró la chica—. Nos abrazan. Nos dan besos. Pero están muy agobiados en casa y no escuchan a Kokoro.
— Tampoco a Tsubasa —dijo el niño—. Ni siquiera me ayudan a leer el cuento.
— Aunque se alegran de tenernos de vuelta, nuestros padres se han acostumbrado a una vida sin nosotros —respondió Shouta—. Pero tenéis que decirles lo que ha pasado, no podéis callaros eso.
— ¿Y qué les decimos? ¿Ayudadnos a rescatar a la persona que nos ha secuestrado si no queréis que un niño recién nacido nos mate cuando seamos mayores? —Kokoro dejó el vaso en la mesa y lo miró enojada—. Están todos felices de nuestra vuelta, no podemos simplemente decir eso.
— Los padres de Nanami tampoco la escuchan —susurró la chica de 7 años, de ojos y pelo marrones—. Nanami quiere que le enseñen cosas, pero mamá dice que tiene que hacer la colada.
— Chicos —Shiho suspiró largamente—. Lo siento.
— Estábamos mejor cuando estábamos allí a dentro —se quejó Tora cruzándose de brazos—. Mis hermanos se han convertido en los niños preferidos de mis padres, ¿por qué deberían de confiar en las palabras de un niño que acaba de volver? Por mucho que les cuente, ellos me dicen que no diga mentiras. ¡No les estoy mintiendo!
— Esto… —Shiho lo miró—. ¿Tú eras Tora, verdad? —Shiho sonrió hacia él con calidez—. No puedes culpar a tus padres. Os han estado buscando durante estos años que os han secuestrado, pero han tenido que sobrevivir con la culpa de que quizás os hubieran matado, quizás no os pudieron haber visto jamás. Tal vez sientas que tus hermanos son más importantes que tú, pero te aseguro que no es eso. Vuestros padres han tenido que seguir con sus vidas. No dejaron de quererse —dijo mirando hacia Hikaru—. Solo es que se veían y les recordaban a ti. ¿Habéis probado a gritar con todas vuestras fuerzas lo que hay en vuestro corazón? Decidles. ¡Estoy aquí! —Shiho levantó la mano mientras miraba hacia Kokoro—. ¡He vuelto! ¡Soy visible para vosotros! Con un simple necesito hablarte de algo, estoy convencida de que os van a escuchar. Pero antes de que os vayáis hacia allí… tendréis que acompañarme a comisaría y contar todo a mis compañeros para que puedan encargarse de encontrar a esa mujer que sigue libre, ¿vale?
— Shiho-oneesan es buena chica —susurró Kokoro—. ¿Por qué no pueden escucharnos nuestros padres?
— Porque necesitan entender que habéis vuelto y que todo eso ha sido solo una pesadilla —Shiho sonrió—. Solo dales tiempo a que asuman lo que os ha pasado y todo irá bien. ¿Os acordáis de cómo era la mujer? —preguntó. Todos afirmaron con la cabeza—. Vayamos a comisaría para que podáis describirla, ¿vale?
Kokoro afirmó con la cabeza.
Yui y Shouta les acompañaron hasta comisaría, pero se quedaron al parque que había enfrente, cuidando de Tetsuya. Dejaron al pequeño encima de la arena y se sentaron a su lado viendo como tocaba las cosas alucinando. Cuando ya llevaban un buen rato esperando, Yui se quedó mirando a una mujer sentada en un banco. La mujer solo los estaba mirando a ellos dos y eso que había una niña de tan solo 6 meses a su cuidado.
— Hace rato que la veo —dijo Shouta sin girarse hacia ella y en un solo hilo de voz—. Apuesto lo que quieras a que ésta mujer es quién ha hablado con ellos.
— Es muy arriesgado venir delante de la comisaría, ¿no crees? —preguntó Yui con el ceño fruncido volviendo la vista hacia Tetsuya. El niño estaba gateando rápidamente hacia la mujer—. ¡Ah! ¡Tetsuya! —Yui se levantó corriendo y lo cogió en brazos antes de que se chocara contra la niña pequeña que estaba sentada a los pies de la mujer—. Disculpe…
— Smith Yui, la niña del diablo —dijo ella.
— ¿Qué?
— No creo que sea oportuno llamar a una niña de este modo —respondió Shouta acercándose con las manos en los bolsillos.
— Y un criminal buscado por la Yakuza, Odagiri Shouta —la mujer sonrió fríamente—. ¿Qué os trae delante de la comisaría, chicos?
— ¿Buscado por la Yakuza? —Yui abrió los ojos desmesuradamente mientras miraba a Shouta y cogía mejor a Tetsuya, que quería soltarse de Yui—. ¿Qué les has hecho?
— Básicamente insulté a su jefe —susurró él desviando una mirada llena de travesura.
— Sí, te recuerdo perfectamente —se rió la mujer—. Hiciste que mi jefe perdiera los nervios contigo y te pusiera en la lista de criminales. Solo un niño que mucha gente duda de tocar.
— Ya, ¿pero sabes? —Shouta se encogió de hombros—. No me arrepiento de lo que hice. La verdad, ese tipo se lo merecía.
— Sí, en eso tienes razón —se rió la mujer—. Por eso mismo nadie te tocó ni un pelo.
— ¡Ken-san! —una mujer vestida en un kimono apareció andando a paso apresurado por el otro lado del parque.
— Oh, esa soy yo —cogió a la niña del suelo en brazos y sonrió hacia él—. ¿Te planteaste nunca usar tus habilidades en otro sitio que no sea desconocido para el mundo?
— Así que realmente perteneces a la Organización —Shouta frunció la nariz, mientras Tetsuya alargaba su mano hacia la niña. Yui lo apartó un poco.
— No, solo soy una empleada de la Yakuza Shiroma, nada más —se encogió de hombros con una sonrisa llena de malicia—. Gin, era algo así como un hermano, para mí, pero realmente tampoco me gustaban sus métodos. Lo prefiero en la cárcel.
— No sabía que Gin tuviera hermanos —Shouta se rió.
— Disculpa —Ken se rió a carcajadas mientras la mujer de pelo negro y ojos marrones llegaba a su lado—. No sabía que fueras tan idiota, Odagiri. Cuando nos empezaste a insultar con tanta inteligencia, creía que eras mejor que los rumores que ese tipo decía de ti.
— ¿Ah? ¿Así que Gin habló de mí? —Shouta sonrió—. ¿Me debería de sentir halagado por eso?
— ¿Quién se sentiría halagado porque Gin habló de él? —Yui rodó los ojos—. Solo un loco acabado.
— Iiiii… —Tetsuya levantó la mano mientras se quejaba para que la soltara.
— Ese es el loco acabado —Shouta se rió.
— Eso es algo malo, Tetsuya, no hagas caso de lo que diga este idiota —susurró Yui fulminando con la mirada a su compañero.
— Vaya, pero si eres Odagiri Shouta-kun, ¿verdad? —preguntó la mujer—. En realidad siento lo que te hizo mi marido… —susurró ella poniendo voz débil.
— Ah, no se preocupe —se rió él—. Tendría que disculparme yo de lo que dije más bien —suspiró largamente—. ¿Cómo está ella?
— Bien, no te preocupes —dijo la mujer—. Además, mi marido se merecía que alguien le respondiera de una vez. Aunque deberías de ir con cuidado —se rió—. Depende de con qué Clan te encuentres podrías encontrarte rodeado de espadas. Bueno, Ken-san, deberíamos de irnos.
— Sí, vamos…
— Yuki, ven aquí —la mujer cogió a la niña en brazos con una sonrisa—. Vamos a ver a tu hermana ahora. Un placer volver a verte. Ah, y sí alguno de esos discípulos locos de mi marido te hace algo, no dudes en contactar conmigo —le hizo señas con la cabeza a Ken para que le diera una tarjeta a Shouta—. Les daré a todos su merecido.
— Gracias —se rió él.
— ¿Quién era esa mujer? —preguntó Yui parpadeando.
— Una de las cabecillas del Clan Shiroma —Shouta sonrió mientras veían irse con prisas a las dos mujeres—. Te estás preguntando lo que pasó, así que te contaré con placer lo que sucedió con ellos. Iba con prisas en la bicicleta para regresar a casa, porque sabes que después del último secuestro, se han vuelto más vulnerables a llamar a la policía, aunque sean 5 segundos de retraso —Yui soltó a Tetsuya encima del banco y se sentó a su lado—. Pero sin darme cuenta, un jardinero salió a toda prisa con una niña en brazos, no sé si esta que acabas de ver o su gemela, solo sé que los atropellé a los dos sin tiempo de frenar, porque si hubiera intentado esquivarlos, me hubiera llevado al padre de las niñas con la otra hermana. Intenté frenar, pero no tenía una distancia muy buena. El padre Shiroma se enfureció de lo lindo con eso, mientras yo intentaba ver si la niña se había hecho daño. Solo estaba gritándome. Luego salió la madre y antes de poder detener a su marido, empecé a decirle que si tanto se preocupaba por la salud de su pequeña era mejor que la llevara a un hospital en vez de estar discutiendo conmigo. Natsuko, la madre se rió porque había hecho quedar en ridículo al hombre que empezó a decir algo parecido a una maldición de un brujo o no sé qué tontería. Y entonces el jardinero, sacó una libreta, con la muñeca medio rota y apuntó mi nombre sin que yo se lo hubiera dicho y me dijo que tendría problemas con la Yakuza cuando hiciera los 18 años.
— Vaya, eso sí es bonito —se rió Yui—. Tan joven y ya con problemas con la Yakuza. Debería de plantearme el ser amiga tuya, ¿no es cierto?
— Estoy convencido de que esa tal Ken no es solo alguien de la Yakuza —dijo Shouta preocupado mientras miraba por dónde las mujeres se habían ido—. En los años que estuve con Gin y los demás, ningún Yakuza se acercó a nosotros, porque temían al grupo de Gin. Está claro que de algún modo miente.
— Bueno, vayamos entonces a mirar el dibujo de Kokoro y los demás, ¿no? —Yui sonrió hacia él, mientras Tetsuya bajaba del banco y se sentaba a la tierra—. ¡Oye! ¡¿Qué haces?! —Yui lo cogió viendo que el niño estaba cogiendo algo del suelo—. No se cogen las cosas del suelo, ¿es que Shiho-oneesan no te enseñó esa parte de la vida?
— Iiiiii…
— ¿Iiiii? —Yui cogió lo que el niño tenía en la mano—. ¿Por qué te esfuerzas en llamarme Iiiii? ¿Demasiada complicada la 'U' para ti? —Yui miró su mano viendo un pequeño clip con un perro en un gorrito de lana.
— Se les debe de haber caído a la pequeña —susurró Shouta. Yui se rió mientras limpiaba el clip—. ¿Qué tienes planeado ahora?
— Tanto que le ha gustado… —Yui se lo puso en el pelo corto del pequeño—. Que se lo quede.
— Shiho-oneesan te mata —se rió Shouta.
— Sí, pero antes de que lo haga… lo dejaré para la prosperidad —Yui se sacó el teléfono móvil y abrió la aplicación de la cámara—. Tetsuya-kun, mira aquí —el niño la miró sin entender mientras Yui hacía la foto—. Te adoro —cogió el niño en brazos y los dos se fueron hacia la comisaría. No tardaron en llegar en el lugar. Shinichi, Heiji, Shiho y la pareja Takagi estaban ocupados con los niños y el dibujante—. Anda, ve con tu mamá.
Yui dejó al niño al suelo y él se fue tambaleándose hacia Shiho y la cogió de las piernas. Shiho lo miró.
— Tetsuya, ¿qué haces aquí? —preguntó Shiho cogiéndolo y luego mirando hacia Yui y Shouta—. ¿Qué hacéis aquí?
— Creo que acabamos de ver a esa mujer —respondió Shouta—. Así que veníamos a ver el dibujo.
— Bueno, creo que ya estamos, así que… —el dibujante se apartó y lo mostró a Kokoro. Ella afirmó con la cabeza.
— Ven a verlo —dijo Shiho. Shouta y Yui se acercaron. Tetsuya se quitó el clip de la cabeza y lo puso encima del dibujo.
— Incluso Tetsuya-kun la reconoce —se rió Yui—. Bien hecho.
— ¿Esta mujer?
— La han llamado Ken y es conocida de la Yakuza —respondió Shouta—. Estaba en el parque con una niña pequeña llamada Shiroma Yuki. El clip supongo que es de ella.
— ¿Qué haces tú con eso? —Shiho le quitó el clip de las manos al niño—. ¿Por qué tiene él eso?
— No, por nada —respondió Yui sonriendo—. No quería dármelo —mintió.
— Ahhhh… —el niño se quejó intentando cogerlo de su mano.
— Ni lo sueñes —se quejó Shiho—. Esto… es un localizador… —se lo dio a Shinichi que lo miró de cerca.
— Es cierto… —Shinichi se lo pasó a Heiji—. ¿Por qué debería de llevar un localizador el clip de una niña?
— Vete a saber —Shouta rodó los ojos—. En serio que esa familia son de lo más raro que me he encontrado nunca.
— ¿Tú estás con la Yakuza? —Shinichi y Heiji hablaron a la vez mirándolo sorprendidos.
— No, casi mata a uno de la Yakuza con su bicicleta, que no tiene nada que ver —se rió Yui.
— Gracias, Yui, muy hábil —respondió su compañero.
— De nada —ella sonrió—. Te aseguro que no te detendrán por eso —se rió—. Y menos viendo como es la jefa del Clan, que te dio el teléfono por si alguno de ellos se metía contigo.
— ¿Tienes un teléfono? —Heiji abrió los ojos desmesuradamente—. Oye, ¿te planteaste jamás trabajar con la policía?
— No le intentes reclutar —dijeron Shiho y Shinichi a la vez.
— Era broma —respondió el moreno apartándose mientras Shouta le daba la tarjeta.
— Bueno, vamos a ver… —Heiji sonrió—. Aunque no creo que podamos saber nada de eso.
— El Clan Shiroma, ¿eh? —Shinichi miró a Shouta de arriba abajo—. Realmente eras alguien muy valioso para esa gente.
— Por eso Gin no me hizo nada cuando me negué a matar a tu hija —Shouta se encogió de hombros y se fue de allí a paso rápido.
— Ah… Shouta-kun —Yui lo siguió rápidamente.
— Yui —Shinichi la llamó antes de que saliera—. Ve con Drake.
— Ah… me había olvidado de él —la niña puso una mano delante de su boca—. En seguida —echó a correr hacia fuera.
— Bueno, nosotros nos encargamos de esto entonces —sonrió Shinichi—. Gracias por avisarnos, chicos, habéis sido de mucha ayuda.
— Esto… —Kokoro bajó la mirada—. ¿Podemos irnos entonces? La comisaría no es un sitio agradable para nosotros.
— Sí, claro —Shinichi sonrió—. Miyano…
— Vamos chicos, os acompaño a vuestras casas —Shiho sonrió ampliamente y los niños la siguieron fuera de allí.
— Vayamos a visitar a esa gente —suspiró Heiji.
— Sí —Shinichi miró hacia Miwako que afirmó con la cabeza.
— Mantened el contacto en cualquier momento, ¿vale? —dijo la mujer.
— Voy con ellos —dijo Wataru dándole un fugaz beso en la mejilla de su esposa—. Hasta ahora.
— Id con cuidado —Miwako se sentó en la silla y se centró en el montón de papeles que tenía delante, mientras los otros tres se alejaban de allí a paso rápido.
En cuanto llegaron al lugar de la tarjeta, observaron todo alucinados. Era un jardín enorme con una casa igual de enorme. El jardinero que por allí estaba se acercó a ellos con una mano vendada sin abrirles la verja.
— ¿Puedo ayudarles en algo? —preguntó el hombre.
— ¿Podemos hablar con alguien de la casa, por favor? —preguntó Shinichi enseñando la placa.
— Yo soy de la casa, ¿qué quieren? —dijo el hombre de malas maneras.
— Oye, Ren, sé un poco más amable con la justicia, ¿quieres? —dijo otro hombre acercándose—. ¿Qué desean? —abrió la puerta y salió al lado de los agentes.
— ¿Usted es…? —dijo Takagi.
— Nao —respondió él—. Soy uno de los sirvientes.
— ¿Podríamos hablar con Shiroma Natsuko, por favor? —preguntó Heiji leyendo la tarjeta.
— Sí, no hay problema, acaba de llegar —dijo él reconociendo la tarjeta—. Pasen —el jardinero se alejó a grandes zancadas murmurando cosas como 'el enemigo en la casa' que Shinichi y Heiji decidieron no querer entender y que Takagi ni siquiera escuchó. Los tres siguieron al hombre hacia la casa y se adentraron al comedor, que era la primera puerta a la izquierda. El comedor ocupaba la mitad de la planta baja de la casa. Allá había la madre de la niña, diciendo cosas a las dos niñas casi idénticas que había dentro de un parque de bebés—. Natsuko-san, señora —Nao hizo una pequeña reverencia en cuanto la mujer se giró.
— Deja de rebajarte a sirviente, ¿quieres Nao? —Natsuko sonrió poniendo una mano en su hombro y levantándolo—. ¿Qué ocurre? —añadió mirando a los tres policías.
— Son de la policía, vienen a hablar con usted —dijo Nao.
— En realidad queremos hablar con alguien que ha estado con usted esta tarde —respondió Heiji mostrando la tarjeta a la mujer.
— Vaya, no recuerdo haber dado la tarjeta a alguien tan bonito como usted y menos que fuera policía —se rió Natsuko.
— Nos la dio Shouta-kun —respondió Heiji—. Porque él nos confirmó quien era la mujer del dibujo que unos niños han descrito —respondió mientras Shinichi mostraba el dibujo que había hecho el dibujante—. Dice que la llamó Ken.
— ¿Qué narices ha hecho esta vez? —Nao rodó los ojos con cansancio.
— Nao, ¿puedes quedarte con Yuki y Chizuko, por favor? —preguntó la mujer sonriendo. El hombre afirmó con la cabeza—. Vayamos por aquí, por favor. Aunque solo tengan 6 meses, pueden entenderlo todo.
— Ah, como quiera —Shinichi afirmó con la cabeza con una sonrisa. La mujer se fue hacia la puerta del final del comedor—. Ken-san, estos señores te buscan —dijo la mujer en cuanto todos habían entrado. Luego cerró la puerta—. Son de la policía.
— ¿La policía? —la mujer del dibujo los miró con el ceño fruncido. Llevaba unas gafas de leer encima de su pelo de color rubio. Estaba sentada en la silla de un escritorio. Se levantó y se acercó a ellos, asegurándose de que cubría los papeles que tenía allí con su cuerpo—. ¿En qué puedo ayudarles?
— ¿Es usted? —preguntó Shinichi mostrando el dibujo.
— Depende —se rió ella—. Si ha hecho algo malo, seguro que no.
— ¿Ha amenazado usted a unos niños en nombre de Gin? —preguntó Heiji arqueando una ceja.
— No sé quién es Gin —mintió ella—. Seguramente esto deberían de preguntarle a mi hermana gemela —respondió ella.
— ¿Tienes una hermana gemela? —preguntó Natsuko parpadeando confusa.
— Que no lo haya dicho nunca, no significa que no la tenga —rió Ken mirando a su señora—. Yo no he amenazado jamás a unos niños.
— ¿Puede decirnos dónde encontrar a su hermana? —preguntó Takagi.
— ¿Sabe? —ella se encogió de hombros—. No veo ni hablo con mi hermana desde hace más de 10 años —respondió ella—. Cuando mis padres murieron ella decidió abandonarme.
— ¿Cuántos años tenía? —Heiji la miró confundido, la mujer tenía 20 años.
— 10 años —respondió ella cruzándose de brazos—. Pero por mi felicidad terminé llegando a esta casa que me acogió como una más de la familia. Así que tampoco me importa dónde está esa bruja.
— De acuerdo —Shinichi frunció el ceño—. ¿Entonces? ¿No has tenido jamás ninguna relación con Ginebra o la Organización?
— No sé qué Organización —respondió ella—. Ni sé quién… ¿bebida alcohólica? ¿En serio sus padres le pusieron nombre de bebida alcohólica? Pobre chico.
— Disculpad, pero… —Natsuko se atrevió a interrumpir—. Podrían decirme los motivos por el que creen que ella ha hecho eso, por favor.
— Bueno, tenemos motivos por creer que hay gente que quiere sacar a unos criminales de la cárcel —respondió Heiji—. Por favor, si su hermana contacta con usted, ¿podría avisarnos? —preguntó mientras Shinichi le daba una pequeña tarjeta a Ken.
— Claro, no hay problema —la mujer miró a la tarjeta—. ¿El Programa Especial de la Policía de Kioto? ¿Qué es eso?
— Un montón de agentes de la Ley de varios países unidos en un solo Programa —respondió Shinichi—. Puede avisar a cualquiera —añadió—. No necesita ningún nombre. Ellos me avisarán en seguida. Gracias por su tiempo, y disculpe las molestias.
— No, no hay problema —Ken se sentó en la silla de nuevo—. Les avisaré en seguida, pero dudo que mi hermana quiera algo de mí.
— Está bien —se rió Heiji—. Disculpe por haberle robado su tiempo.
— Vengan, les acompaño —Natsuko señaló hacia la puerta y los tres salieron de allí. Natsuko salió detrás de ellos.
— Como si fuera a avisarles de algo —Ken tiró la tarjeta a la papelera—. La Organización renacerá, aunque tenga que hacerlo yo sola —no se había dado cuenta de que Natsuko la había escuchado antes de cerrar la puerta por completo.
— Disculpen —Natsuko sonrió—. ¿Podrían darme la tarjeta a mí también? —preguntó la mujer cuando estaban en la verja del jardín.
— Ah, claro —Shinichi se la dio.
— Les llamaré —sonrió la mujer—. ¿Disculpen, podrían decirme también qué grado de maldad tienen esos criminales, por favor?
— ¿Cómo qué grado? —Takagi frunció el ceño.
— El FBI, la CIA y la Interpol han estado también detrás de ellos durante más de 6 años —respondió Shinichi—. Piensa usted en el grado, sabiendo eso.
— ¿Puede ser que la familia de los que estén implicados puedan recibir daño por esa gente? —preguntó la mujer preocupada.
— Tal y como son ellos, seguro —respondió Heiji.
— Está bien —Natsuko bajó la mirada al suelo.
— Disculpe, ¿hay algo que le moleste? —preguntó Shinichi.
— No, no se preocupe —la mujer forzó una sonrisa—. Disculpen, tengo que ir a darles de comer a mis hijas —la mujer hizo una reverencia.
Los tres policías bajaron un poco la cabeza a modo de reverencia y la vieron irse corriendo hacia dentro de la casa.
— Nao —Natsuko se acercó al hombre hablando en susurros—. Mantén a Ken vigilada, por favor. No dejes que se acerque mucho a las niñas.
— Sí, claro, pero… —el hombre frunció el ceño—. ¿Ha ocurrido algo?
— Voy a pedirle a Minoru que averigüe algo, pero… no le digas nada a mi marido, ¿vale? —la mujer sonrió.
— Está bien…
— Nos oculta algo —dijeron Shinichi y Heiji a la vez.
— Una de las cosas que debéis de aprender de esta familia —dijo Takagi en un suspiro—. Es que arreglan sus conflictos entre los suyos. Jamás pedirán ayuda a la policía. Ya es mucho que la hija del gran Shiroma Murasaki os haya pedido una tarjeta.
— ¿Los conoce, inspector? —preguntó Shinichi.
— Sí, estuve un tiempo persiguiendo al cabeza de familia, pero murió hace un par de años en un naufragio y no se había vuelto a habla jamás de la familia Shiroma —Takagi suspiró—. Murasaki-san nos había ayudado en un par de ocasiones a la policía, pero por ese mismo motivo, él sabía también como ocultarnos las pruebas. Fue un dolor de cabeza de inicio a fin.
— Mmmmm… —Shinichi miró una última vez hacia la casa—. Bueno, esperemos entonces que la hija del Clan Shiroma sea algo más inteligente y deje las cosas de la Organización para nosotros.
— Tampoco es bueno que nos lo dejen solo a nosotros —dijo Heiji moviendo su mano con rapidez a forma de negación. Shinichi se rió—. Oye, quiero ver a mi hijo nacer, ¿vale? Al menos dame ese placer. Y ni se te ocurra volver a dispararme, que aún me duele la herida.
— Deberías de haber descansado más tiempo —dijo Shinichi.
— ¿Cómo narices iba a descansar con una herida de bala al brazo si tú tienes las costillas rotas y ni siquiera te tomaste un día de descanso, eh? —dijo el moreno con una ceja arqueada.
— ¿Tienes las costillas rotas? —Takagi lo miró confundido—. ¿Por qué narices estás aquí entonces?
— Porque tampoco me duele —se rió Shinichi—. La gracia de haber sufrido las consecuencias de ese veneno, es que no hay dolor que haga más daño que ese.
— ¿Cómo puedes ser tan optimista en algo así? —Heiji rodó los ojos.
Shinichi se rió.
— No soy optimista —dijo—. Soy realista. Prueba el veneno y luego me dices si te duele el brazo o no.
— No gracias, tuve suficiente aguantando algunas veces tus malditos gritos —Heiji desvió la mirada.
— ¿De qué estáis hablando? —preguntó Takagi.
— Nada —respondieron los dos a la vez iniciando el camino de vuelta.
— ¿Veneno? ¿Qué veneno? —preguntó el hombre siguiéndolos.
— Nada —dijeron los dos de nuevo.
— No seáis así, quiero saber eso —se quejó el hombre.
— Te aseguro que no lo quieres saber —dijo Heiji—. Te haría quedar muy mal.
Bueno, Lady Kid, deseo que la ternura de Tetsuya te ayude a pasarlo bonito! :)
Mata!
^^Shihoran^^
