Buenas! Feliz San Jordi! *O* Día del libro y la rosa, hoy actualizo jajajaja. Hoy es el último flashback de esta historia, así que no me maten. Ya solo me quedan dos capítulos y el epílogo, que me está costando más de lo que creía XD

Lady Kid: la escena de las esposas… ay… no la olvidaré jamás esta… en cierto modo disfruto muchísimo con la amistad entre Kaito y Saguru, pero también una especie de amistad entre Heiji y Kaito o Shinichi y Kaito. De algún modo me siento realizada cada vez que veo esta amistad fluir en la escritura (¿existe la amistad entre Kaito y Heiji? Bueno, no sé si existe o la imaginé más bien jajajaja). La verdad es que a Saguru aún no lo he trabajado lo suficiente y tal vez eso pueda llevar a confusión, pero aún así los pensamientos y hechos de Saguru son los que más me gusta escribir. Bueno, no voy a comentar todo tu review, porque sería casi como repetir el capítulo jajajaja pero sí, yo también me imaginé a Saguru viendo el traje de Akako. Aunque no termina de gustarme la reacción tan pasiva que ha tenido una mente racional ante la magia… tal vez Saguru sea el menos racional de todos (?) El criminal saliendo de la carcel y encontrándose con Akako… buff pobre hombre que miedo debe de pasar XD aunque este está más para encerrarlo al manicomio que en la cárcel jajajajajaja porque después de eso se vuelve loco. Vale… me consideras Robin o Mary Jane… Robin aún (no hablando de One Piece por supuesto XD) pero Mary Jane… ha sonado muy mal XDDDDDDDDD tu identidad secreta será revelada más adelante aún (?) Feliz Sant Jordi! *O*

Bueno, les dejo con este capítulo de nuevo y espero que puedan dejarme reviews! *O* No sean tímidos y comenten que esta escritora se pone triste sin sus quejas TOT

Mata!


Crucero a nado.

Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.

Proverbio árabe.

Hace unos años…

Kaito saltó a la lancha sin pensárselo dos veces. Shinichi lo vio desde lejos mientras intentaba no ser visto por los hombres con rifles que estaban a su lado. Comprobó su reloj una vez más y deseó que no los vieran en ningún momento. Cuando los hombres hubieron pasado, él corrió hacia el otro lado del muelle, un poco agachado y saltó hacia la lancha. Kaito lo miró sonriendo mientras le zarandeaba las llaves del bote en las narices.

— Deberías dejar de robar —susurró Shinichi con un hilo de voz muy débil.

— Lo siento, detective, ese sigue siendo lo que nos salva de no estar muertos ahora mismo —sonrió el mago divertido.

— Si no fuera por eso ya estarías entre rejas —se quejó él cogiéndole las llaves de las manos. Las puso en el contacto de la lancha y la encendió con rapidez. Cuando los hombres armados se dieron cuenta, ellos ya estaban perdiéndose en la oscuridad de la noche—. Te dije que era una trampa y que no quería ir allí —le dijo Shinichi por encima del motor.

— Oye, teníamos que hacerlo —debíamos de intentar salvarla.

— Y he terminado matándola por salvarte —se quejó Shinichi—. ¿Dónde se ha metido Hondo?

— Se ha ido directo hacia los coches, así que seguramente se habrá largado por el otro lado —dijo Kaito—. He oído unos cuantos rumores acerca de él, ¿sabes?

— ¿Cómo cuales? —preguntó Shinichi

— Como que quiere matarte por algo relacionado con tu novia —respondió el ladrón sentándose en el banco mientras sacaba un lápiz de su bolsillo imitando como si estuviera fumando.

— ¿Te estás riendo? —Shinichi arqueó una ceja y lo miró confundido.

— ¿Por qué debería de reírme de eso? —Kaito sonrió travieso mientras tiraba el lápiz por la borda—. Solo son… rumores, ¿cierto?

— ¿Por qué si nadie te ha juzgado entre el grupo, ahora te dignas tu a juzgar a los demás?

— Yo no estoy juzgando a nadie, pero vuestro trío, cuarteto, quinteto o sexteto amoroso empieza a traerme mucha curiosidad —sonrió Kaito—. Llevamos ya 267 días y 4 años juntos y lo que estoy descubriendo de tu pasado me interesa suficiente como para no largarme a Japón ya mismo.

— ¿Tienes contados los días? ¿También las horas? —preguntó Shinichi sonriendo con malicia.

— No soy ese pomposo, ¿sabes? —preguntó Kaito—. Pero me aterra saber que casi he pasado más tiempo con vosotros que con ese inspector que sigue persiguiendo a Kaito Kid.

Shinichi paró el motor y apagó las luces.

— ¿Qué te parece si empezamos a distraerlos desde aquí? —Shinichi sonrió mientras Kaito miraba hacia atrás.

— ¿Quieres ver mi nuevo invento entonces? —preguntó Kaito agachándose mientras veían que una lancha se acercaba hacia ellos.

— Qué si quiero verlo, pregunta… —Shinichi sonrió—. ¿Para qué fuiste a ver a ese científico loco, si no?

— Ah… pobre invento, tendré que volver a crearlo de cero —Kaito sacó de la nada un mando a distancia—. ¿Crees que estará suficientemente hundido?

— No lo sé, pero pronto pasarán el punto —susurró Shinichi.

— Ojalá hubieran tenido un helicóptero, hubiera sido más fácil —se quejó Kaito.

— Ojalá ni tu ni Hondo hubierais sido cogidos por esa chica, hubiera sido menos dificultoso… —añadió Shinichi escondiéndose a su lado mientras Kaito pulsaba el botón. El lugar en dónde la lancha estaba, de repente se volvió una nube de agua que se alzaba como si del monstruo del Lago Ness se tratara. La lancha desapareció saltando por encima de las aguas y los dos hombres armados que había dentro volaron hasta casi tocarles a ellos—. ¿Deberíamos de rescatarlos?

— Por estas aguas hay muchos tiburones, ¿sabías?

— Claro que sí, estamos a mar abierto —Shinichi miró a su alrededor.

— ¿Deberíamos? —dijo Kaito sonriendo—. Puede que sea menos doloroso si los dejamos nadar de vuelta.

— Oye, son 2 millas náuticas de distancia. ¿En serio quieres dejarlos nadar? ¿Parecen ancianos? —Shinichi observó por encima del banco como los dos hombres pedían auxilio.

— ¿3,7 quilómetros? —Kaito miró hacia el cielo estrellado—. Luego nos harán recorrer a nosotros estos quilómetros…

— ¿Estás preparado? —preguntó Shinichi sonriendo.

— Tengo algún truco restante bajo la manga —respondió él.

— Entonces hagámoslo antes de que se los coman los tiburones y no tengamos a nadie a quiénes hacerles pagar el pato —Shinichi sonrió mientras entraba dentro de la lancha y cogía una cuerda y un salvavidas—. ¡Hey! ¡¿Necesitan ayuda?! —gritó hacia ellos.

— ¡Deprisa! —gritó uno aterrado.

— ¡Estamos desarmados así que mucho cuidado con lo que hacéis! —gritó Kaito.

— ¿Por qué narices les has dicho eso? —preguntó Shinichi mirándolo de reojo.

— Me gustaría saberlo a mí también —respondió el ladrón.

Shinichi sonrió mientras rodaba los ojos. Tiró el salvavidas hacia uno de ellos y el otro se acercó para agarrarse a su compañero. Shinichi y Kaito tiraron de la cuerda con fuerza hasta que estuvieron a su lado y les ayudaron a subir.

— Bueno, señores… —Shinichi sonrió alzando sus brazos—. ¿Nos llevan a tierra y nos olvidamos del asunto?

— Habéis robado una lancha de nuestro…

— De quién nos había secuestrado —se quejó Kaito—. Así que no tenéis derecho a quejaros —añadió—. Nos lleváis a tierra firme y nos olvidamos de intentar deteneros.

— ¿Detenernos? —uno de los hombres sonrió hacia el otro—. ¿Cómo pensáis hacerlo? —sacó una pistola de su bolsillo y Shinichi arqueó una ceja.

— Se te ha mojado la pistola… ¿crees que va a funcionar igualmente? —preguntó acercándose a Kaito. El hombre disparó hacia el cielo y Shinichi y Kaito se asustaron. Se cogieron las manos en un instinto para no caer al agua—. Vale, el próximo invento, ladrón de pacotilla, una pistola acuática —Shinichi lo golpeó en la cabeza.

— Pero bueno, no culpes al mensajero —se quejó él—. Si hubiera sabido de eso, les hubiera robado las armas, hubiera sido más factible…

— Al agua los dos… —sonrió el hombre desarmado.

— ¿Al agua? —Shinichi y Kaito se miraron—. ¿Para qué?

— Vais a servir de comida a los tiburones —se rió.

— Ah… pretende hacernos nadar —sonrió Kaito.

— Deberían de haber ido ellos a nadar —se quejó Shinichi.

— Podrían habernos simplemente dejado morir allí, hubiera sido menos cruel —sonrió Kaito—. Vamos… estoy lleno de sangre, está claro que no van a estarse quietecitos esas cosas…

— Allá vosotros —el hombre sonrió con malicia.

— Dos agentes del FBI, perseguidos por secuestrar a una niña de 9 años y siendo asesinados por tiburones… eso es tan cruel como suena —Shinichi se subió al banco para saltar.

— ¿Qué haces? —preguntó Kaito.

— Ir a nadar —respondió Shinichi encogiéndose de hombros.

— Son 4 quilómetros hasta la costa, ¿estás loco? —el ladrón se subió a su lado cogiéndole de la chaqueta.

Shinichi se la quitó.

— Gracias… me molestaba —sonrió dejándolo con la chaqueta en la mano.

— Oye, mis trucos en cuanto se mojen van a dejar de funcionar y menos con esos pececitos tan… grandes… —Kaito frunció la nariz con enfado.

— No me seas idiota… —Shinichi se quedó mirando el mar—. ¿Prefieres que te disparen? —entonces se dio cuenta de algo y lo miró de reojo sonriendo—. ¿O es que le tienes miedo a algo más que unos simples tiburones?

— Estoy lleno de sangre —dijo Kaito—. Huelen la sangre a 1 quilómetro de distancia, ¿tú estás loco?

— Le tienes miedo a los peces —Shinichi se rió.

— No le tengo miedo a los… —Kaito miró al agua y luego miró hacia los hombres, mientras se ataba la chaqueta de Shinichi en su cintura con fuerza—. Dadnos unos segundos, ¿vale? Solo…

— Ni uno más… —dijo el hombre del arma—. Tenéis diez segundos para saltar y os disparamos… 10… 9…

— ¿Le tienes miedo al agua? —Shinichi parpadeó confuso.

— ¡No le tengo miedo al agua! ¡Nada me da miedo a parte de sangrar delante de unos bichos como esos! —gritó él—. ¡Te arrancan un brazo con los dientes, ¿lo sabías?!

— 8…

— ¡Esas cosas hacen daño! ¡No llegaremos vivos a la costa! —gritó Kaito.

— ¡Bueno, es mejor intentarlo que estar muerto, ¿no?! —gritó Shinichi zarandeándolo.

— 6…

— Vale… yo no digo lo de que nos agarramos de las manos si tu no dices que le tengo miedo a los peces —suspiró Kaito

— Trato hecho —Shinichi sonrió mientras Kaito sacaba de la nada una caja de color negro. Con un cuchillo en la otra mano, cortó la cuerda del salvacidas y se lanzó al agua mientras Shinichi se cogía a él con fuerza.

— ¿Qué narices están…? —los dos hombres se acercaron a ellos con las armas alzadas y les apuntaron, pero ellos ya habían desaparecido en la oscuridad con el flotador y la caja. Los hombres empezaron a disparar a la oscuridad. Uno de ellos encendió la lancha y empezó a seguirlos mientras el otro seguía disparando.

Kaito había enganchado la caja en el centro del salvavidas y se había cogido a las cuerdas de este con fuerza. El motor de la caja se encendió con rapidez y los dos empezaron a arrastrarse por el mar dirección a Manhattan. Cuando escucharon el primer disparo, Shinichi por poco no se suelta de él, pero Kaito cogió con fuerza el jersey del chico que rodeaba su cintura para ayudarlo a aguantar. Dirigir un salvavidas solo cogido con las cuerdas era realmente un nuevo reto para él, se movían a una velocidad relativamente rápida y el agua empezaba a privarle de la respiración que debía de tener entonces. Escuchó a su lado a Shinichi tosiendo. Le habían dado las balas. Por suerte la lancha estaba pasando por su lado muy lejos de ellos, así que ya no los veían. Entraron por el río Hudson y Kaito los llevó por debajo de puentes y demás hasta encontrar un sitio en donde pudieran salir de allí con rapidez. El lugar estaba repleto de gente que trasnochaba tomando sus bebidas en las terrazas de algún bar con vistas al río. La gente los miró desde lejos cuando los vieron salir, pero como siempre omitieron levantarse para ayudar. Una norma de civilización en la ciudad de Nueva York, era que si veías a alguien con problemas y te detenías a verlos, debías de pararte a ayudar. La ayuda no llegaba. Kaito ayudó a Shinichi a salir y lo miró de arriba abajo. Al ladrón le costaba respirar, pero parecía que estaba mejor que el detective que estaba tosiendo con fuerza y se sujetaba ahora la barriga con fuerza.

— Está bien… —Kaito miró a su alrededor. Nadie parecía importarles que dos personas acabaran de salir de un río completamente sucio, llenos de heridas y casi moribundos—. Quédate aquí, iré a solicitar ayuda —Kaito se levantó rápidamente y se adentró al bar más cercano para pedir ayuda al camarero que allí había para que avisara a una ambulancia. El camarero le dejó entrar en un pequeño despacho en dónde había un teléfono y Kaito llamó con rapidez.

Shinichi se intentó incorporar, pero la herida le dolía demasiado para poderlo conseguir. No debían de llamar a una ambulancia o se llevarían a Yui de su lado y se la entregarían a Michael sin ningún miramiento. Kaito lo sabía bien. El ladrón salió del bar corriendo y se arrodilló a su lado. Un coche se paró justo a su lado con un conductor que sonreía ampliamente.

— ¿Necesitáis ayuda?

— Hondo… ¿dónde narices te habías metido? —se quejó el ladrón con odio en su mirada.

— Súbelo, corre —Hondo salió y abrió la puerta de detrás del coche, mientras Kaito cogía a Shinichi como podía y lo arrastraba hacia el coche. Entre los dos lo subieron y se alejaron los tres con el coche a gran velocidad.

— ¿Qué vamos a hacer ahora? —susurró Kaito.

— Tenemos una misión en la CIA que nos hace volver a Japón… —Hondo sonrió ampliamente—. ¿Te parece que nos vayamos todos hacia allá en un avión privado? Tal vez así dejemos de ser unos terroristas por el FBI, la policía y los ciudadanos americanos.

— Recojamos a Yui y a Shiho de momento y lo hablamos con ellas dos, ¿no te parece? —preguntó el ladrón—. Deberemos de cambiarnos de identidad e intentar pasar desapercibidos en cuanto lleguemos a Japón.

— No te preocupes —Hondo sonrió—. Tengo un buen plan.

— Tus planes siempre fallan —se quejó el ladrón.

— Esta vez no… porque vosotros vais a ayudarme a conseguirlo —Hondo le guiñó un ojo al ladrón que miraba por la ventanilla a su lado—. ¿Cómo está?

— Palideciendo —suspiró Kaito girándose unos segundos para ver a Shinichi.

— ¿Cómo salisteis? —preguntó Hondo.

— A nado —se quejó Kaito—. 2 millas náuticas desde la lancha hasta la costa entrando por el río Hudson.

— ¿A nado? —Eisuke lo miró de reojo y luego volvió a mirar a la carretera.

— Sí, ese ejercicio que te hace mover los brazos y las piernas necesariamente para moverte por el agua, sin tocar el suelo ni otro tipo de apoyo.

— ¿Habéis nadado casi 4 quilómetros con esas heridas desde mar abierto? —preguntó Eisuke—. Y yo creía que lo mío había sido heróico.

— ¿Cómo saliste? —preguntó Kaito.

— Abriéndome paso con el coche hasta encontrar el mío y cambiarlo —sonrió Eisuke.

— ¿Atropellaste a la gente? —preguntó Kaito parpadeando confuso.

— Atropellé la verja de hierro y la casita de guardia de la entrada —se rió el agente de la CIA—. Los agentes que custodiaban la salida ya habían salido de allí cuando el coche pasó por encima.

— Por favor, eso de heroísmo no tiene nada —se quejó el ladrón.

— Y tampoco lo tiene mentir —se rió Eisuke.

— Ya, pero al menos alguien aquí tiene imaginación —se rió Kaito.

— ¿Te parece si engañamos a Yui? —Eisuke se rió con más fuerza.

— Me apunto —el ladrón miró de nuevo hacia atrás para ver a Shinichi—. Aguanta un poco, compañero, en seguida estaremos de vuelta a nuestro país por cuarta o quinta vez…

— Y esta vez nos quedaremos allí —sonrió Hondo. Kaito lo miró confundido. Odiaba cuando el agente de la CIA se ponía en un plan tan enigmático—. Vamos a volver a nuestra vida normal, por fin.

— ¿Te va a ir bien que Kudo vuelva al lado de esa chica? —Kaito se rió.

— Esa chica mal me pese lo quiere a él —Hondo suspiró—. No te preocupes por mí, ladrón, eso no va contigo.

— No es eso… es que… parece mentira que tengáis tantos problemas en el amor los dos.

— Mira quién fue a hablar, el que está enamorado de una chica que odia su doble personalidad —se rió el agente.

— Pero sé que ella me quiere a mí, así que si Kaito Kid desaparece, todo estará solucionado —el mago sonrió con nostalgia y miró por la ventanilla de nuevo.

Había sido un día demasiado ajetreado, pero tal vez las cosas mejorarían para ellos.


Espero que lo hayan disfrutado y que les haya gustado, pues el siguiente capítulo ya será romance plasta, pero que muy plasta… ¿quién quiere ver a Hattori Heiji llorar? No levanten sus manos que el pobre llorará aún más jajajajajaja

Dejen reviews!

Mata!