BUENAS!
Ya terminando esta historia. Deseo que los que odian los momentos sentimentales se lean esto, porque DE SENTIMENTAL ESTE CAPÍTULO NO TIENE NADA! (solo un poquito al principio y al final, pero por el resto... nada)
0-Kisame: jajajajjaja gracias :) bueno, herida puede ser profunda o puede ser solo un rasguño... jajajaja no exageres que solo estuvieron un o dos minutos al agua XD pero bueno... tal vez yo tampoco no pensé mucho en eso... pensé más en los tiburones... como en este capitulo XD
Sep pensé en los tiburones en este capítulo... ya verán XD
Mata! :)
Aquí está Hattori Mamoru.
En cada niño nace la humanidad.
Jacinto Benavente (Dramaturgo español).
— ¿Y bien, Heiji? —Kazuha ya estaba más que intrigada—. ¿Por qué me llevaste aquí?
— ¿No te gusta? —preguntó el moreno sonriendo hacia ella y viendo como su pálida piel empezaba a enrojecer.
— No es que no me guste… pero estamos un poco lejos del hospital y el niño tendría que nacer mañana… —Kazuha miró a su alrededor. Ese lugar la hacía sentir realmente extraña—. ¿Por qué? —insistió de nuevo.
— Precisamente por eso —respondió Heiji orgulloso—. A partir de mañana no tendremos ya mucho más tiempo para estar nosotros a solas. Vendrá un pequeño niño sano y que va a querer jugar mucho con nosotros y que tal vez no se vaya de nuestra casa hasta los 40… —otra exageración que añadir a la lista de palabras del moreno. Kazuha rodó los ojos divertida. Le había planeado toda la vida al pequeño niño—. Así que… un día los dos solos, como el último de muchos otros.
— ¿El último de muchos otros? ¿Estar a punto de ser padre se te ha comido las neuronas, Heiji? —preguntó Kazuha.
— ¿Qué pasa?
— Este lugar… —Kazuha miró a su alrededor de nuevo.
El restaurante estaba repleto de parejas. Era un restaurante justo encima del muelle. Si miraba por entre las maderas del suelo, Kazuha podía ver las olas salpicando el mar en las rocas. No estaban muy cerca del agua, pero tampoco muy lejos y el aire, en ocasiones, corría fuerte. Estaban al límite del muelle, con vistas al horizonte, en dónde el agua y el cielo se unían brillando junto al sol. Kazuha debía de agradecer que para ser 12 de junio estuviera soleado. A su lado había los límites del restaurante. Un muro que cubría sus cabezas estando sentados, con pequeños arbustos y flores saliendo del centro, que les cubrían por completo. El restaurante estaba encima del cemento firme, pero la entrada al recinto era justo al lado de dónde ellos estaban. El resto del lugar, estaba rodeado con vallas de madera, dándole un toque anticuado y perfecto para poder seguir viendo el agua del mar, estuvieran cerca o lejos de las vallas.
— ¿No es muy lujoso?
— Kazu disfruta del momento y deja de quejarte… —el moreno le guiñó un ojo—. Alégrate de que al menos no haya ningún caso alrededor.
— ¿Por eso no les has dicho a nadie más que vinieran, cierto? —Kazuha arqueó una ceja y se cruzó de brazos en una postura con un poco de desconfianza.
— ¿Qué palabra de 'estar a solas' no has entendido? —Heiji arqueó una ceja y se apoyó en la mesa de madera encarando a su mujer—. ¿Es que el niño te trae problemas de oído?
— Cállate, policía idiota —Kazuha rodó los ojos, mientras el camarero se les acercaba con un plato de tentempié y la carta del menú en sus manos.
— ¿Estás segura de no querer esto a solas conmigo? —Heiji sonrió perspicaz—. Si quieres aún estamos a tiempo de decirles que vengan… —se sacó el teléfono móvil del bolsillo y Kazuha se lo quitó de las manos guardándolo en su bolsa—. Así me gusta.
— Nada de teléfonos… —sonrió Kazuha con mucha calidez y un leve rubor aún en sus mejillas pálidas—. Hoy descansemos para coger fuerzas.
— Así me gusta… —Heiji sonrió ampliamente.
Durante la comida, Heiji no apartó los ojos de Kazuha. Los dos iban hablando de trivialidades, sin darse cuenta de que entraba un hombre cubierto con una chaqueta hasta el cuello, muy larga, con sombrero oscuro en su cabeza, cubriendo su rostro, y una bufanda encima. Sin darse cuenta de que ese día iba a empeorar por momentos, los dos siguieron riéndose de sus bromas y ninguno de ellos prestó atención a su alrededor. El hombre pasó en diagonal a ellos y se adentró a la cocina, descubriéndose la chaqueta y dejando ver explosivos debajo de esta. Todos los camareros y los cocineros se quedaron quietos y sorprendidos viendo a un hombre de piel muy pálida y ojos marrones amenazarlos. Debían de hacer lo que él quería y no podían alertar a nadie. De repente, el restaurante se había quedado sin gente para atender. Pero solo a la gente que aún tenía que pedir su comida pareció importarles ese detalle.
Tardaron unos veinte minutos en darse cuenta Heiji y Kazuha de que aún no les habían servido, ya que entre broma y broma se estaban divirtiendo demasiado como para darse cuenta de ello. Heiji observó a su alrededor. Mucha gente parecía enojada y muchos otros agobiados. Heiji se levantó de la silla para ir a ver a la cocina, pero justo entonces uno de los camareros se acercó pálido y con mucha prisa hacia ellos. Los dos se quedaron mirando como el hombre asustado tartamudeaba.
— ¿Es… es u… usted po… policía? —preguntó el hombre con un hilo de voz muy flojo.
Heiji frunció el ceño hacia Kazuha que se rió al instante.
— Sí, lo soy —respondió el moreno mirando de nuevo al hombre.
— ¿Po… podría ayudar…?
Un disparo hizo que todo el mundo se encogiera de golpe. El hombre cayó encima de la mesa con mucho ruido y la mesa cayó al suelo. Kazuha asustada se apartó en un acto reflejo, mientras Heiji se abalanzaba hacia ella intentando protegerla. Cuando el silencio hizo presencia, todos pudieron ver a un hombre aguantando con una mano un botón de explosivos y con la otra una pistola con la que había disparado al camarero.
— ¿Qué narices…? —Heiji se quedó observando.
— ¡Todo el mundo al suelo ahora! —gritó el hombre—. ¡Bocabajo! ¡La cabeza escondida entre los brazos o hago estallar los explosivos! ¡Vamos! —el hombre se había quitado la chaqueta oscura y larga, la bufanda y el sombrero. Heiji ayudó a Kazuha a sentarse al suelo y se quedó delante del hombre encarándolo mientras se arrodillaba él también—. ¡He dicho estirados bocabajo!
— Esta mujer está embarazada, no puede ponerse bocabajo —respondió Heiji viendo que los demás clientes ya estaban todos tumbados al suelo como él había ordenado.
— A mí me da igual eso… ¡bocabajo! —gritó el hombre con odio—. Igualmente va a morir…
— ¿Cómo está usted tan seguro? —preguntó Heiji. Era en esas situaciones en que debía de aprender a morderse la lengua, pero como siempre su curiosa mente de detective le hacía hacer la última pregunta. El hombre lo golpeó con la culata de la pistola en la cabeza y él cayó al suelo.
— ¡Heiji!
— Túmbate al suelo… ahora… —el hombre la apuntó con la pistola en la cabeza. Kazuha se agarró la barriga en un instinto de protección hacia el bebé. No podía hacer eso. Pero estaba empezando a ponerse nerviosa ella, así que tal vez sería peor eso. Afirmó levemente con la cabeza y se tumbó al suelo, haciendo fuerza con sus brazos para no hacer daño a la barriga. Miró de reojo a Heiji. Estaba semiinconsciente—. ¿Bien? ¿Quién será el primero en morir? —preguntó el hombre—. Disculpad… el siguiente —sonrió con malicia—. Usted, levántese —se dirigió a una mujer de pelo largo y castaño y ojos negros y profundos. Ella no lo miró. El hombre le golpeó el brazo con el pie—. ¡Levántese! —gritó asustándola. La mujer se incorporó, quedándose de rodillas al suelo—. Abra todos los parasoles… —le indicó—. Como vea un solo teléfono móvil, ordenador o cualquier cosa que pueda avisar a la policía en la mano de alguien, saco el dedo del botón de los explosivos y morís todos.
— La policía ya ha sido avisada —susurró Kazuha en voz baja mientras sus ojos se inundaban. Sus brazos dolían y empezaba a notar al bebé nervioso. Tenía que concentrarse para intentar tranquilizarse ella. Escuchó su teléfono vibrar en su bolsa.
— ¿Qué dices? —preguntó el hombre acercándose a ella.
— He dicho que la policía de seguro está de camino —se quejó ella—. Soy hija de un inspector de policía de Osaka y tenía que llegar hoy a las 3 de la tarde. Así que este teléfono que se escucha ahora debe de ser él. A parte de que la persona que has dejado inconsciente también es inspector de policía, al igual que su padre que es el inspector en jefe de la policía de Osaka, que debía de llegar con mi padre a la misma hora. Si no hace algo rápido localizarán nuestra última posición y tendrá a toda la policía de Tokio y tal vez de los alrededores cerca. Incluso la Interpol, la CIA y el FBI puede que vengan, ya que somos amigos de un agente de ellos.
— Levanta —el hombre se arrodilló a su lado. Ni siquiera había interrumpido a Kazuha. Ella tenía miedo, debía de reconocerlo, pero si quería salvar a Heiji y al niño debía de decir toda la verdad a ese hombre. Ella se incorporó lentamente mientras la mujer que se había levantado para abrir los parasoles del muelle se quedaba quieta mirándola—. ¿No es ningún truco, verdad?
— Puedes coger mi teléfono… —susurró Kazuha—. Su contraseña es 4576… —susurró ella—. El camarero vino directo hacia nuestra mesa porque nos había escuchado comentarlo —el hombre bajó la pistola a la barriga de ella y sonrió con malicia—. Yo de usted no haría esto… soy buena en aikido, podría quitarle la pistola, aguantar el botón de la bomba y dispararle al mismo tiempo. Aparte eso de mí —el hombre sonrió aún más y puso la pistola a la cabeza de Heiji, mientras con la otra mano rebuscaba en la bolsa de Kazuha y sacó el teléfono—. Este es el de Heiji —añadió ella mientras la melodía del teléfono empezaba a sonar con un tono muy suave. El hombre frunció el ceño y miró la pantalla mientras Heiji empezaba a removerse al suelo—. Heiji, ¿estás bien?
El hombre se levantó de golpe y se apartó de ellos, mientras Heiji se ponía una mano en la cabeza y se incorporaba.
— ¡Oye! —el hombre la llamó de la distancia—. Vais a decirles que no ocurre nada y vais a decirles que vais a llegar muy tarde. Sin trucos o empiezo a matar a gente —el hombre descolgó el teléfono y pulsó el altavoz, mientras apuntaba con la pistola hacia la mujer que estaba aún de pie.
Heiji observó al hombre con una ceja arqueada.
— ¿Heiji? ¿Estás ahí? —la voz de Shizuka se hizo notar por el teléfono.
— Mamá, ¿qué ocurre? —preguntó el moreno mientras fulminaba con la mirada al hombre.
— ¿Cómo que qué ocurre? —preguntó Shizuka—. ¿Dónde estáis?
— Nos fuimos a comer con Kazuha a fuera —respondió él—. Vamos a tardar mucho, así que mejor iros a casa de Kudo y le pedís la llave de nuestra casa, la tienen ellos. En cuanto podamos vendremos en seguida.
— ¿Dónde narices estáis si se puede saber? —se quejó Shizuka.
— Ya te he dicho que estamos lejos —respondió él de mala gana, el hombre le estaba haciendo señas para que se apresurara—. Tengo que dej…
— ¿Por qué se oye tu voz tan lejos?
— Dame eso… —Ginshiro cogió el teléfono del otro lado—. Heiji-kun, ¿dónde has llevado a mi hija y a mi nieto si se puede saber?
— Papá no des la lata, ¿quieres? —Kazuha arqueó una ceja.
— Tu voz suena muy lejos, Kazuha —el hombre había confirmado lo que Shizuka había dicho.
— Tenemos conectado el altavoz, papá —respondió Kazuha con habilidad—. Haced lo que Heiji ha dicho. En cuanto podamos volveremos a casa. Te quiero…
El hombre cerró el teléfono mientras Ginshiro hablaba de nuevo.
— ¿Qué ha dicho Heiji-kun? —Ginshiro miró a Shizuka después de quejarse porque le habían colgado el teléfono.
— Que vayamos con los Kudo que ellos tienen la llave de la casa de Heiji y los esperemos allá —susurró la mujer—. No ha dicho nada acerca de que tenía que venirnos a buscar.
Shinichi frunció el ceño.
— Primera, ya les he dicho que Hattori me había pedido que viniera a buscarlos —se cruzó de brazos—. Segunda… no tengo ninguna llave.
— ¿No? —Shizuka frunció el ceño.
— Chico, ¿nos estás mintiendo? —Heizo lo fulminó con la mirada.
— Si no quiere creerme adelante —Shinichi sonrió con frialdad—. Yo mientras tanto iré a ver dónde me han dicho que estarían a comprobar si todo está bien.
— Voy contigo —susurró Ginshiro—. Kazuha parecía muy malhumorada.
— Es lo normal cuando está embarazada —Shizuka rodó los ojos.
— No está lejos de aquí… —Shinichi señaló hacia una calle—. ¿Quieren dejar las maletas en mi coche, que lo tengo aparcado allí y vamos a pie?
— Claro —Shizuka sonrió amablemente y se giró hacia dónde Shinichi había señalado.
— Bien… y ahora… —el hombre se giró de espaldas a ellos.
— ¿Puedo preguntar tus motivos? —Heiji habló de nuevo—. Nos has secuestrado a todo el restaurante entero, así que… al menos déjame saber tus motivos…
— ¿Mis motivos? —el hombre lo miró con odio—. ¿Me robaron mi dinero y mi empresa y aún tengo que darte motivos? Prefiero hundir esto al fondo del mar antes que…
— Heiji… —Kazuha habló asustada.
— ¿Qué? No le interrumpas mujer —Heiji la miró ella ni siquiera lo estaba mirando.
— El niño… —susurró ella en voz baja.
— ¡¿Ahora?! —gritó el moreno desesperado.
— ¡¿En qué momento si no?! —respondió ella también a gritos.
— ¡Podría haber sido cuando volviéramos a casa, ¿no?!
— ¡Eso no se escoge, bobo!
— ¡Si no te hubieras puesto nerviosa, eso no hubiera sucedido, idiota!
— ¡No grites! —se quejó Kazuha encarándolo.
— ¡Tú estás gritando! —añadió Heiji.
— ¡¿Queréis callaros los dos?! —gritó el hombre.
— ¡NO NOS HAGAS CALLAR EN UN MOMENTO COMO ESTE! —gritaron los dos a la vez asustando al hombre, que se echó para atrás.
— Vale, Kazu respira hondo —se quejó el moreno cubriéndole la boca, al ver que el hombre cargaba el arma directo hacia ella—. Lo siento… está de parto… supongo que no podríamos aplazar esto a un hospital, ¿verdad? —el hombre giró la pistola hacia él—. No si ya me parecía a mí —Heiji sonrió—. Oye, dame un respiro… cuando está de mal humor es peligrosa —añadió señalando a Kazuha.
— Hattori Heiji busca ahora mismo algún modo de salir de aquí o te rompo a pedazos —Kazuha lo cogió de la camisa y tiró de él con fuerza, mientras lo zarandeaba con la otra mano.
— Kazu, tranquila… —Heiji la cogió por los hombros e intentó apartarse de ella.
— Mi hijo no va a nacer aquí, ¿me oíste? —añadió ella fulminándolo con la mirada mientras sus manos se agarraban al cuello de su marido—. ¿Me has oído con claridad Heiji?
— Que sí, mujer… pero déjame respirar —Heiji apartó sus manos de él intentando conservar la calma—. Respira hondo de momento y no te agobies.
— ¿Qué no qué? —Kazuha lo miró de reojo.
Heiji tragó sonoramente. No estaba ella dispuesta a tranquilizarse.
— Vale, vamos a negociar las cosas, señor… porque ahora mismo corre peligro incluso tu vida —Heiji lo miró con miedo, haciendo que el secuestrador arqueara una ceja—. Oye, como se ponga a llorar tendrás problemas graves.
— ¿Ahora te quejas de mi llanto? —Kazuha habló en medio de un gemido.
— No me quejo de tu llanto —Heiji la encaró de nuevo—. Me quejo de tus gritos. Incluso Ootaki-han sabe que cuando lloras sus oídos corren peligro. Se cubre los oídos antes de que empieces a llorar.
— ¡HEIJI!
— Que sí, mujer —Heiji se giró a mirar al hombre—. Los dos queremos salir vivos de aquí, así que empecemos a negociar.
— ¿Le tienes miedo a una mocosa? —el hombre sonrió.
— Te juro que incluso como espíritu va a dar miedo, así que no la mates hasta que haya estado complacida con todo el mundo —se quejó el moreno mientras notaba la mano de Kazuha cogerle del jersey con fuerza de nuevo—. Vamos, tenemos que llevarla al hospital.
— ¿Estáis casados? —preguntó el hombre sonriendo con malicia.
— Sí…
— Entonces carga tú con las consecuencias —el hombre se giró y se acercó a la mujer—. Abre todos los parasoles, ¿a qué esperas?
— Ya ves Kazu es imposible ne… —Heiji se calló al ver la cara de la mujer—. No mates al mensajero, por favor.
— ¡HE DICHO QUE MI HIJO NO VA A NACER AQUÍ! —gritó ella, luego bufó intentando coger aire.
— Disculpe… —la mujer que había terminado de abrir los parasoles interrumpió la conversación de miradas que se estaban debatiendo entre Kazuha y el secuestrador—. Si puedo hacer algo… me llamo Hamaguchi Rin y soy estudiante de ginecología…
— ¿Y a mí qué debe de importarme eso?
— Esta mujer ahora mismo está sufriendo un terrible dolor, peor que si la dispararas —se quejó ella—. Debería usted de tener un poco de compasión por las mujeres. Su madre pasó por lo mismo cuando usted nació.
— No tengo madre. Y no me hable de compasión que mi nombre es precisamente Jin —dijo el hombre—. Vaya a la cocina y haga salir al personal. Deme su teléfono móvil antes.
La mujer se acercó con la mano temblorosa y se quitó el teléfono del bolsillo para entregárselo al hombre. Luego hizo una pequeña reverencia hacia Heiji y Kazuha y se fue corriendo hacia la cocina. Allí a dentro, ante la atenta mirada de los camareros y los cocineros que estaban atados de pies y manos, buscó manteles y servilletas y sacó un par de botellas de alcohol de la despensa. Su nombre significaba valiente, no iba a dejar que la pobre mujer estuviera sola en un parto.
— Me han dicho que salgan con los demás —susurró antes de irse.
— ¿Qué está usted haciendo? —preguntó el secuestrador cuando la vio salir de allí, delante de todos los camareros y cocineros que tenían miedo de lo que pudiera suceder.
— ¡Ayudar a una mujer en apuros! —sentenció Rin encarándolo—. ¡Si no quiere ayudar o soltarnos, adelante! ¡Pero no voy a dejar que muera un bebé por su culpa! –se dio cuenta un poco tarde de que había sido maleducada con alguien que seguía llevando las riendas en el lugar, pero aún sin cambiar su voz autoritaria, añadió–. ¡Señor!
— ¡HE DICHO QUE NO VOY A DEJAR QUE MI NIÑO NAZCA EN ESTE LUGAR! —gritó Kazuha con desespero. Bufó de nuevo, no le convenía ni siquiera gritar. Su voz se estaba rompiendo en pedazos—. Heiji… –lo miró suplicando.
– Kazuha es lo mejor que tenemos ahora, así que tranquilízate –susurró él acariciando su mejilla–. Todo saldrá bien. Por el niño… vamos…
– Heiji, no quiero esto… –susurró ella en voz baja mientras bajaba la mirada.
– Lo sé. Ya lo has dicho –Heiji la abrazó–. Pero te has puesto nerviosa y ahora ya no podemos hacerlo de otro modo. Él no nos va a dejar llamar a una ambulancia. Tu solo tranquilízate…
Heiji miró al secuestrador, mientras mantenía a la chica abrazada. Su mirada le indicaba que no tenía otra opción más que ceder, mientras que con sus brazos le aseguraba que iba a proteger a su amada mujer. El hombre lo fulminó con la mirada y luego les dio la espalda a ellos y a la estudiante de medicina. La mujer sonrió satisfecha y se acercó a ellos, mientras el moreno se apartaba de Kazuha.
– ¿Kazuha-san, verdad? –dejó un par de manteles de ropa al suelo–. Túmbese aquí, por favor.
– Heiji… –Kazuha le llamó a punto de llorar.
Estaba suplicándole. Estaba pidiéndole que eso no fuera verdad. Le dolía. Le dolía mucho y estaba aterrada por las circunstancias en las que estaban. Heiji la miró a los ojos y luego los apartó de ella. Estaba aterrada. Aunque él tuviera que reconocer lo mismo, debía de ayudarla.
– Todo saldrá bien –Heiji le dio un beso en la frente para tranquilizarla mientras le acariciaba la mejilla–. De momento dejemos pasar el tiempo e intentemos que tú y el bebé estéis bien, ¿vale?
Kazuha afirmó con la cabeza y miró hacia Rin.
– Todo saldrá bien… –susurró ella–. En esta última semana he visto unos cuantos partos, así que puedo ayudarla, ¿vale? De momento túmbese y hagamos que esté un poco más cómoda. Kazuha-san debe de respirar hondo y tumbarse, por favor.
Kazuha miró insegura a su marido que afirmó con la cabeza. Ella finalmente cedió. Se tumbó encima de los manteles y Heiji se puso detrás de ella, arrodillado, haciendo que la cabeza de su mujer quedara encima de su regazo. Kazuha cerró los ojos y se cogió con fuerza al jersey del moreno. El dolor en sus caderas no cedía.
– Kazuha tranquila… –el día iba a ser muy largo.
– No quiero que nazca aquí, Heiji –susurró Kazuha sin abrir los ojos–. No quiero que nazca aquí… –repitió.
Shinichi se había apartado de Heizo y los demás, con la pistola preparada. El lugar que debía estar repleto de gente, estaba solo ocupado por un hombre que daba vueltas arriba y abajo del lugar. Estaba de espaldas a ellos, así que siempre mirando a ese hombre, se fue acercando lentamente. Para no ser visto, se iba situando detrás de las decoraciones florales del paseo de cemento, y así poder acercarse al restaurante. Cuando llegó al lado de las últimas flores fue cuando indicó a Heizo y a los demás con la mano que avisaran a toda la policía. Todo el mundo estaba tumbado al suelo, mirando solo hacia Kazuha, que estaba medio tumbada boca arriba y quejándose, Heiji que estaba sentado de rodillas con la cabeza de su mujer en su regazo y una mujer de ojos profundos que estaba, al parecer, asistiendo al parto de Kazuha. Shinichi frunció el ceño. Miró al hombre que mantenía la mano derecha apretada con fuerza a un aparato con cable y en su mano izquierda tenía una pistola cargada. Kazuha gritó con fuerza algo inentendible para él, que hizo que Heiji dijera que había dicho eso un millar de veces más y que no tenían otra opción. Shinichi negó con la cabeza y sacó la pistola para apuntar al hombre mientras salía de detrás del muro de plantas que delimitaba el restaurante.
— Pero bueno, Hattori, ¿qué haces? —preguntó mirando al moreno y asegurándose de que la pistola seguía apuntando al hombre. Había sorprendido a todos. Jin se giró con el arma en alto para descubrir a Shinichi, quedándose completamente desconcertado.
— ¿Quién eres tú? —preguntó. De nuevo sentía que la situación se le había ido de las manos. ¿Por qué tenía ahora a delante a alguien desconocido a su vista que le apuntaba con una pistola?
— Me llamo Kudo Shinichi, soy policía —sonrió él—. De hecho, soy su compañero —señaló con la mano libre, que mantenía apoyada en el muro alto en el que había las plantas, a Heiji—. Y ya lo echaba de menos —añadió con un tono de voz lleno de ironía.
— Ni se te ocurra dispararle, porque volaremos todos en pedazos si suelta el dedo del botón —se quejó Heiji fulminándolo con la mirada.
— ¿Estás seguro? —preguntó Shinichi.
— ¡HEIJI!
— Completamente —el moreno notó como la mano de Kazuha volvía a su cuello. ¿Qué pasaba con ella hoy? Otro gemido de ella le hizo mirar, mientras Rin intentaba tranquilizarla de nuevo, pidiéndole que no se olvidara de respirar—. No si no me olvido… —se quejó al notar que Kazuha volvía a apretar su cuello con fuerza—. Aunque te lo dice a ti, Kazu. Suéltame… ¿Qué haces tú aquí? —preguntó de nuevo girándose para ver a su compañero.
— Bueno… no sé si recuerdas que me pediste que fuera a buscar a tus padres —susurró él mirando hacia el hombre—. ¿La llave de vuestra casa? ¿En serio? —miró hacia Heiji de nuevo.
— No se me ocurrió otra manera de llamar tu atención, disculpa por eso —se quejó él.
— ¿Tú le avisaste? —preguntó Jin con odio en su voz.
— ¿Qué querías que hiciera? —preguntó Heiji mirándolo—. ¡Tengo que llevar a mi mujer al hospital, por Dios!
— No metamos a los de allí arriba al medio —Shinichi rodó los ojos—. No creo que te escuchen.
— ¿Qué hablas por experiencia propia? —Heiji giró su cabeza hacia el otro lado.
— Me he pasado desaparecido 6 años y la mitad de ellos siendo perseguido por la gente por la que trabajaba por secuestrar a mi propia hija de ahora 14 años. ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué no? —Shinichi se encogió de hombros.
— ¿Tu hija? ¿Cuántos años tienes tú? —preguntó Jin con el ceño fruncido.
— 24 —Shinichi sonrió ampliamente hacia el hombre.
— ¿Por qué te sigo teniendo de compañero? —preguntó Heiji.
— Reconoce que me echaste de menos y te dejaré en paz, Hattori —se rió Shinichi.
— No te he echado de menos —se quejó el moreno.
— Solo te cambié por Kaito Kid —se rió el detective.
— Por Kaito Kid, una científica que creó un veneno que te dio una Organización malvada, un agente de la CIA completamente patoso y una niña que no sabe cerrar su boca —Heiji rodó los ojos mirando hacia Kazuha—. En serio no entiendo como no me echaste de menos a mí.
— ¿Tú le has avisado, verdad? —Jin apuntó con la pistola a Heiji y Shinichi se puso al medio con un brazo intentando proteger a Kazuha, mientras con el otro seguía apuntando al hombre.
— De criminal a criminal… —dijo el policía—. ¿Cuánto tiempo más vas a aguantar? El resto de la Policía ya está de camino. Ahora es un buen momento para que olvides esto y dejes que desactivemos los explosivos.
— Cierra el pico y dame el arma —se quejó el hombre.
— No pienso soltar el arma. Esto es lo único que nos puede salvar de morir todos —Shinichi sonrió con fuerza.
— Estoy hasta las narices de las armas del FBI —se quejó Heiji—. ¿Qué puede hacer esta pistola para salvarnos de una bomba?
— Aún tenemos que inventar las resistentes al agua, ¿vale? Pero esta tiene fuerza para tirarlo tres o cuatro metros más lejos de dónde estaba.
— Kazuha-san, ya casi estamos… una última vez… —Rin sonrió con calidez mientras Heiji acariciaba a Kazuha en la mejilla. Ella le cogió la mano con fuerza, haciendo que sus ojos se cruzaran de nuevo. Ella estaba aterrada y Heiji tenía que reconocer que también lo estaba. Pero podían confiar en Shinichi mientras tuviera un arma, completamente normal, en sus manos.
Jin se apartó de él topándose con la barandilla del restaurante. Shinichi observó a la gente que seguía tumbada al suelo con las manos a la cabeza. Había tres niños llorando en silencio y dos ancianos que de seguro no podrían sobrevivir a la explosión. Shinichi negó con la cabeza y volvió a mirar a Jin. No podía separar la vista de él. Si se le ocurría levantar el dedo del botón, ahora que estaba cerca de la verja de madera que daba las vistas al horizonte, era la oportunidad de tirarlo al mar. Claro que esa pistola no podía enviar a alguien lejos, pero si estaba allí, podía desequilibrarle y tirarle al agua. Suficiente para que la bomba estallara en el mar y no pudiera echarles a ellos en la fría agua. Shinichi estaba convencido de que Heiji se había dado cuenta de que les había mentido, pero era lo único que podían hacer ahora.
Un suspiro de alivio se hizo notar a su espalda. Kazuha había dejado de sentir dolor, Rin había terminado y Heiji dejó de notar dolor en sus manos y en prácticamente todo su cuerpo. El llanto del niño travesó la brisa silenciosa que se había producido en esos momentos. Jin parpadeó distraído, mirando detrás de Shinichi. El niño gritaba con fuerza. Le habían dicho que un parto era traumático para el bebé, pero él en esos momentos no quería pensar eso. Lo consideraba algo realmente hermoso. Sin darse cuenta su dedo estaba dejando de hacer fuerza en el botón.
Un disparo, dos, tres, cuatro… todos seguidos y rápidos… cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once… doce… silencio… el ruido de algo caer al agua y de repente todo el agua salada subió hacia arriba mojándolos a todos.
— ¿Kudo? —Heiji lo miró sorprendido. Había vaciado todo el cargador contra Jin. Shinichi se había asustado—. ¿Estás bien?
— Estaba soltando el botón… —susurró él arrodillándose al suelo—. Lo siento… ¿estáis bien? —se giró para mirarlos. Kazuha parecía enojada, pero el niño seguía llorando, rabioso del ruido de la pistola, rabioso del agua salada que le cubría el cuerpo.
— Mamoru se está quejando —se rió Kazuha mirándolo.
— Buena señal —dijeron Shinichi y Rin a la vez.
El policía se levantó y se acercó a los demás.
— ¿Están todos bien? ¿Hay algún herido? —silencio. Siempre era bueno no escuchar ningún 'sí, aquí'—. Les pido por favor que esperen un poco a que lleguen las ambulancias y el resto de la policía, por favor.
— ¡Heiji! —Shizuka gritó mientras corría detrás de los otros tres padres—. ¿Qué ha pasa…? —la mujer se calló al ver a su hijo.
Shinichi se giró para mirarlos. Sacó su teléfono móvil y les sacó una foto para enviarla a Ran y a los demás. Sonoko de seguro armaría un buen escándalo. Rin cubrió el niño con una servilleta limpia, para que no cogiera frío, mientras lo dejaba encima del pecho de su madre. Ella lo cogió con fuerza sonriendo.
El pequeño niño, lentamente se fue tranquilizando al escuchar los latidos del corazón de su madre. Heiji seguía manteniendo la cabeza de su mujer en su regazo, pero se encorvó de mala manera para besar los labios salados de su mujer. Kazuha estaba sudando y seguía respirando mal, pero… estaban los tres bien. Sin darse cuenta, lágrimas de felicidad recorrieron sus ojos, mezclándose con el agua que seguía cayendo de su pelo mojado.
¿Qué les ha parecido?
Lo que dije arriba de los tiburones. Sep, mi idea inicial era tirarlos todos al agua salada y salvar a heiji al último, mientras Shinichi le sacaba del agua, que estuviera a puntito de ser mordido, pero... simplemente no podía hacerle eso a Mamoru TOT 'sí, yo dije eso' (la persona a la que va dirigido ese mensaje lo va a entender XD)
Deseo que les haya gustado. Como terminé antes el capítulo, aquí se lo dejo ;)
JA NA!
