Hola! No ha pasado mucho tiempo, pero como lo tenía terminado desde hace mucho y quería compartir mi alegría con la gente que me lee y me apoya, publico hoy. Ya puedo decirlo oficialmente (curiosamente excepto a mis tíos y primos, que sé que no les gusta nada el manganime así que no hay peligro que estén aquí) SOY TÍA DE UNA HERMOSA NIÑA desde ayer :3 se llama ノア (Noa). Sí, podéis reíros xD nace cuando solo salen películas sobre el arca de Noé xD

Harmonystar: No te creas XD estuve tentadísima a hacerlo XD pero entonces Heiji no podría aguantar a su hijo y sentí repentinamente pena por él XD Gracias por tu review ;)

Lady Kid: Cruel? Yo? Cuándo? Dónde? JAjajajajajaja sabes que te quiero y que amo a mis personajes **Ironía MODE ON** 3! solo 3? espera a que te ponga a Jun en la boda de shinichi y ran que te coge algo XD El hecho de que la saga escarlata esté saliendo mientras publico esto te hace aún más hiperactiva XD es divertido leer tus reviews, en serio XD Sí, es raro ver a shin vaciando el arma, pero era lo único que podía hacer para salvar a Heiji y los demás, así que… debía hacerlo si quería. Con un disparo tal vez la onda expansiva aún les habría dado, no solo el agua... pensé eso al menos :) JAJAJAJA sé que amas todo lo que escribo :) Gracias por tu review :3 LY

0-Kisame: JAJAJAJAJAJAJAJA secuestrador de pacotilla? En mi historia? Que va! JAJAJAJAJAJAJA eso no pasa jamás! **Again MODE ON** y tampoco es un 'eh cuidado que está embarazada' al principio le importa poco lo que le suceda a Kazuha y al bebé XD sí jajajajajaja lo de los tiburones habría molado, pero… Lady Kid me habría matado, oficialmente se hubiera presentado a nuestro país para matarme XD porque con lo de los tiburones hubiera matado o a Kazuha o al bebé o a Heiji XDDD seguro que lo habría terminado haciendo XD Gracias por el review! (Un día de estos escribo lo de los tiburones (?)) XD

Les dejo con el capítulo! Ya solo quedan dos! *O*

Muchas gracias por ser tan pacientes conmigo :3


El débil corazón de Kudo Asami.

He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño.

Joseph Heller(Escritor norteamericano).

— Shinichi, en seguida estoy aquí —sonrió Ran hablando al teléfono—. Voy un segundo al banco y en media hora estoy aquí. Estoy a dos calles del hospital.

— De acuerdo —respondió él—. Hasta ahora.

Ran colgó y entró al banco, cerrando su paraguas. Cogió la carpeta con las dos manos. Se sentía incómoda entrando solo para entregar esos papeles, pero tenía que asegurarse de que le llegaran al director del banco. Una vez a dentro observó. Había mucha gente y el ruido de las personas hablando y las máquinas de la empresa, la agobiaba un poco. Suspiró mientras escuchaba la voz de un niño llamar la atención. Se adentró un poco en el lugar y se acercó al guardia de seguridad.

— ¿Disculpe donde puedo encontrar el director? —preguntó Ran.

— Ahí está —respondió el hombre señalando a un hombre que estaba solo, sentado en una butaca y leyendo un periódico.

Ran frunció el ceño. El banco estaba lleno y el hombre pasaba completamente de sus clientes. Suspiró mientras se acercaba con lentitud. El hombre tenía pelo solo en los lados de la cabeza, ojos verdes y una barriga de embarazado.

— Disculpe… ¿es usted Kame-san? —preguntó Ran.

El hombre alzó la vista por encima de sus gafas de media luna y la miró con mala cara. Ran hizo un paso atrás, había interrumpido la lectura del hombre.

— ¿Quién pide? —preguntó él.

— Disculpe, me llamo… Mouri Ran —susurró ella—. Estoy aquí por la demanda.

— Ah… es usted la abogada de esos idiotas —respondió el hombre volviendo a centrar la vista al periódico.

— ¿Esos idiotas? —preguntó alguien detrás de Ran.

La chica giró la cabeza con rapidez mientras una mano pequeña le tocaba la mejilla.

— Shiho-san… —se sorprendió Ran al verla mientras Tetsuya sonreía intentando abrazarla.

Cogió a Tetsuya en brazos.

— ¿Habla así de todos sus clientes? —preguntó Shiho sonriendo.

— Ah… no te preocupes Shiho-san —sonrió Ran mirando a Tetsuya.

— ¿Una demanda? —preguntó la científica.

Ran sonrió con timidez.

— ¿Me permites? —preguntó Miyano señalando a un sofá al lado del hombre—. Siéntate, eso se pone interesante.

— Gracias —respondió Ran sentándose—. Bueno… esto… Kame-san ella es Miyano Shiho… científica forense de la policía de Japón —informó al hombre que seguía con mala cara desde que Shiho había interrumpido—. Esto… me… me gustaría que diese un vistazo a estos papeles… —añadió Ran acercando la carpeta.

Tetsuya se abrazó con fuerza a ella mientras el hombre le cogía la carpeta y apartaba el periódico al apoya brazos del sofá. Ran lo miró.

— Cuanto has crecido, Tetsuya-kun —sonrió mirándolo y moviéndolo un poco.

El niño sonrió diciendo algo que ninguno de ellos entendió.

— Cuando empiece a hablar me va a volver loca —se rió la científica mientras el director observaba los papeles.

— Los niños son una monada —se rió Ran.

— Anda dame, que no te haga daño —sonrió Shiho cogiendo a Tetsuya en brazos de nuevo—. ¿Y qué tal os va? —preguntó al final.

— Bueno, Yui parece que se siente un poco agobiada, pero… intentamos animarla —sonrió Ran—. Al fin y al cabo ese chico Shouta, parece tener buen corazón y mucha atención en ella. Por otro lado, Drake parece odiarnos a todos, pero con suerte pronto podrá ver a su madre y volverá con su madre adoptiva.

— Eso me han dicho —añadió Shiho—. En cuanto a Shouta… reconozco que por poco no puede salvar a ese chico. Desconfió de mí y no quería venir conmigo pero… al final, contándole la verdad pude hacer que viniera con nosotros.

El director bajó la carpeta y suspiró.

— Esa gente está mintiendo, estas cifras son descomunales es imposible que pasara algo tan grande —se quejó devolviéndole la carpeta—. Si me disculpa tengo otras cosas que ha…

— ¡QUÉ NADIE SE MUEVA! —gritó alguien entrando en el banco.

Todos se giraron a ver mientras el director se quedaba a medio levantarse mirando al guardia de seguridad. Estaba siendo apuntado con una pistola en la cabeza.

— Le ha cogido su propia pistola —observó Shiho mientras Tetsuya empezaba a llorar.

— Oh… Tetsuya-kun… —susurró Ran cogiéndolo.

— ¡SILENCIO! —gritó de nuevo el hombre.

No llevaba la cara cubierta con nada. Su pelo era rubio y sus ojos eran de un color marrón muy claro. Detrás de él empezaron a entrar personas vestidos completamente de negro, con pasamontañas y armados todos con rifles.

— ¡QUÉ NADIE DIGA NADA! —gritó la voz de una mujer bajo las máscaras.

— ¿Qué está ocurriendo aquí? —preguntó Shiho acercándose a ellos mientras toda la gente se echaba al suelo presa del pánico.

— ¿Cómo? —preguntó un hombre poniéndole el rifle en la sien.

— Yo de usted no haría eso —sonrió ella— estoy especializada en asesinatos… —miró hacia el techo, pensando un poco en aclarar lo que quería decir con eso—. Yo hago los asesinatos. Y no te gustaría notar la manera en que mato a la gente cuando me apuntan con un arma.

— Sí… claro… —respondió el hombre—. Atadla…

Uno de los encapuchados se acercó a ella con cinta adhesiva dispuesto a atarla, pero ella se giró golpeándolo. Más encapuchados se acercaron y ella se defendió de todos.

— Si te mueves otra pizca más… los mato —sonrió el hombre con el rifle apuntando a Tetsuya y a Ran.

Shiho se quedó quieta y lo miró.

— ¿De verdad vas a matar a un niño y a una mujer embarazada? —preguntó la científica—. ¿A esa mujer?

— Estabas hablando con ella hace un momento —respondió el hombre—. Eso significa que la conoces…

— Yo la prefiero muerta —respondió Shiho—. No te ofendas Ran-san…

— No me ofendo —respondió ella con una sonrisa—. ¿Qué te parece Tetsuya-kun? Ella me odia…

El niño movió la cabeza intentando no ver temblaba un poco.

— Adelante… mátenla… —susurró Shiho—. Me ahorraréis hacerlo yo.

— Atadla de una vez… —ordenó el hombre golpeando a Shiho con el rifle.

Ran se dejó caer en el sofá con lentitud mientras veía como ataban de pies y manos a la científica.

— Mama… —susurró Tetsuya—. Mama…

— Ahora no Tetsuya-kun —susurró Ran intentando tranquilizarlo.

— Señor apresure el paso. A cada minuto que pase sin colaborar, mataremos a la gente —sonrió el hombre hacia el director del banco.

Ran arqueó una ceja mientras veía como el hombre terminaba de ponerse de pie y salía con ellos.

— Al suelo —indicó la mujer con la cabeza cubierta hacia Ran—. Venga…

Ran se levantó de allí. Dejó a Tetsuya al lado de Shiho al suelo y se sentó al suelo.

La mujer le cubrió la boca a Ran con la cinta y le ató las manos de manera que no pudiera mover los dedos. Ran cerró los ojos un momento. Si todo iba bien, no pasaría nada. Pero había algo extraño en todo eso. Sabían que Shiho y ella habían estado hablando. Y aunque el director del banco hubiera estado un buen rato sentado en el sofá leyendo el periódico se había dirigido directamente a él, mirándolo. En cuanto volvió a abrirlos vio a Tetsuya encima de Shiho. Eran 9 personas con pasamontañas entre ellos un hombre y una mujer. Y una persona descubierta que seguía aguantando al guardia de seguridad, mientras otros dos le ataban los pies y las manos a la espalda para que no se defendiera.

— Ran-san… —susurró Shiho en cuanto vio que nadie miraba.

La mujer la miró.

— Haz que Tetsuya vea el botón de detrás del mostrador, es la alarma. Él la pulsará… —informó.

Ran arqueó una ceja no muy segura. Empujó al niño hacia detrás. Tetsuya se levantó a dos piernas y miró a la abogada. Ran señaló la madera y el niño empezó a andar hacia detrás, agarrándose a la pared que la larga mesa le proporcionaba. Ran entonces señaló con trabajo el jersey rojo que Tetsuya llevaba. Parecía que el niño lo había entendido. Siguió en silencio agarrándose a la mesa.

— ¿Dónde está el crío? —se dio cuenta la mujer. Ran suspiró con la boca cubierta por la cinta—. ¿Dónde está el niño? —preguntó apuntando a Ran en la sien.

Ella negó con la cabeza mientras escuchaban a la voz de Tetsuya riendo. La mujer se fue detrás del mostrador y lo miró.

— Maldita sea… ¡¿cómo ha llegado este crío aquí?! —gritó la mujer.

Tetsuya se echó a llorar de nuevo.

— ¿Qué ocurre? —preguntó la voz de un joven detrás del pasamontañas.

— Este crío ha pulsado la alarma silenciosa —se quejó la mujer en un susurro para no alertar a los demás que les acompañaban—. Mantenlo controlado —se quejó al final devolviéndolo a Ran.

Ran lo cogió en brazos e intentó tranquilizarlo. Shiho se incorporó como pudo y se sentó al lado de Ran con las manos en la espalda. Tetsuya intentaba irse con ella, pero Ran le siguió agarrando… empezaba a entender lo que estaba ocurriendo y no le gustaba nada como terminarían las cosas. Parecía que Tetsuya también lo había entendido, al igual que Shiho.

— Ran-san… —susurró Shiho—. ¿Estás bien?

Ella negó con la cabeza. Notaba que el pulso se le estaba acelerando y Tetsuya se quedó callado de golpe mirándola.

— ¿Ran-san? —preguntó mientras veían coches de policía llegar con las sirenas delante del banco—. Oigan… oigan…

— ¿Por qué nadie le ha tapado la boca a esa mujer? —preguntó el joven mirándola.

— Oigan… esta mujer no está bien… —se quejó Shiho—. Y no os conviene que se muera, os lo aseguro… el peor asesino de todos los tiempos hará que rueden vuestras cabezas.

— ¿Asesino? —preguntó el joven abriendo los ojos como platos.

— Es la prometida del asesino que trabaja por el FBI —informó Shiho.

Ran la miró sorprendida y ella le guiñó un ojo disimuladamente, haciendo que solo ella se diera cuenta de la exageración.

— Si se pone nerviosa conseguiréis que pierda el bebé y quizás pierda la vida. Algo que tal vez no os convenga… —informó Shiho—. Desátame e intentaré tranquilizarla…

— No voy a hacerlo… —se quejó el joven—. Me duele el golpe que me diste.

— Hazlo —ordenó la mujer detrás del pasamontañas, empujando al chico hacia la científica.

— Pero…

— Hazlo ahora… —pidió el hombre—. Dijimos que nada de víctimas… solo vengarnos del banco.

— De… de acuerdo… pa… —el joven se arrodilló al lado de Shiho y la desató, después de interrumpir sus palabras.

Shiho tumbó a Ran al suelo y dejó a Tetsuya entre Ran y el mostrador para que no se escapara.

— Todo saldrá bien… —susurró Shiho moviendo las manos con exageración—. ¿Sabes dónde está él? —añadió cuando se aseguró de que nadie le podía oír más que Ran.

La abogada afirmó con la cabeza mientras cerraba los ojos. El bebé empezaba a moverse en su barriga. Se puso las manos atadas en la barriga. Shiho la desató.

— Siento lo que he dicho antes… —añadió la científica—. No creas que te odie…

Ran negó con la cabeza para que no se preocupara. Puso las dos manos ya separadas en la barriga mientras volvía el director del banco y lo sentaban al lado de ellas dos.

— ¿Qué hace usted? —preguntó el hombre.

— Cállese —se quejó la científica—. No os conviene que esta mujer muera en este robo, ladrón numero 11.

— ¿De qué estás hablando? —se quejó el hombre.

— Esta es la prometida de uno de los policías más cruel de Japón… no te gustaría toparte con él —añadió Shiho mientras seguía haciendo signos con las manos y un teléfono empezaba a sonar.

Ran, aún amordazada, empezaba a llorar. Cuanto más intentaba tranquilizarse peor le salía. Notó la pequeña mano de Tetsuya en su brazo. Lo miró. El niño puso su cabeza encima de la barriga de Ran con una sonrisa.

— No hagas eso, Tetsuya —le dijo Shiho apartándolo un poco.

El niño se quedó tumbado al suelo al lado de Ran, cogiéndole un brazo. La sonrisa del pequeño consiguió tranquilizarla un poco. El bebé seguía moviéndose en su barriga con fuerza.

— Jefe, mira… —susurró una voz grave, como fingida de un chico alrededor de la ventana de la calle—. Hay dos hombres armados acercándose hacia aquí, en medio de la lluvia.

— La habéis hecho buena… —susurró Shiho—. El método K nunca falla —añadió—. Ese es el prometido de Ran-san… —sonrió al ver a Shinichi y Kaito acercándose con un rifle en la espalda y las manos puestas encima de la cabeza.

— ¿Quiénes son? —preguntó el único que no iba en pasamontañas.

— Kaito Kid y el policía malvado de Japón —informó Shiho con una sonrisa.

Ran suspiró lentamente el director del banco se estaba buscando algo en los bolsillos, pero ella no podía moverse. Escuchó gritar un poco a Tetsuya haciendo que su madre y ella le miraran. El niño sonreía mirando al director.

— Sí, niño, ese también colabora con los ladrones, no hace falta que lo digas —añadió Shiho acercándose y apartando a Tetsuya del hombre.

En cuanto se aseguró de que el niño estaba a salvo tiró un poco de Ran para que el hombre hiciese lo que estuviese a punto de hacer no pudiera llegar a ella con rapidez.

— Tu, ven… —llamó el que no iba cubierto cogiendo a una mujer que estaba sentada cerca de ellos y levantándola de un tirón—. ¿Quiénes sois? —preguntó apuntando a la mujer con una pistola mientras salían un poco a fuera.

— Nadie con quien debas confiar —sonrió la voz de Kaito al otro lado del cristal.

— Estaremos bien —sonrió Shiho—. Ellos dos nos sacarán de aquí… seguro…

Ran afirmó con la cabeza mientras seguía llorando. Su barriga se había vuelto loca y ella no conseguía tranquilizarse. De repente no notó nada. Apretó un poco con sus manos, pero el bebé no se movía.

— Él es Kaito Kid, el ladrón —informó la voz de Shinichi al otro lado—. Yo solo soy un ladrón con el que colabora, por el momento…

— No te quites medallas, eres un despiadado asesino —se quejó el mago.

— Pero si les dices eso, se asustarán y no te dejaran quedarte con una parte del botín por ayudarles a escapar —se quejó Shinichi.

— Ah… cierto… olvidad lo último, venimos a ayudaros a robar —sonrió Kaito.

El hombre se apartó, completamente desconfiado, de la puerta mientras seguía apuntando a la mujer con el arma. Shinichi y Kaito entraron, completamente mojados. Los dos iban vestidos con una camisa azul turquesa. En cuanto entraron pusieron los rifles en sus manos apuntando a la mujer que seguía siendo un rehén, del hombre sin pasamontañas.

— Y ahora dejáis entrar a los malos de verdad —suspiró Shiho exagerando su voz—. Sois los peores criminales que he visto jamás.

— Cállate mujer. Llevas rato diciéndonos que esos son peligrosos. Llevan el rifle descargado, no pueden hacernos nada, además de mojado —dijo el hombre—. Kaito Kid y un policía de rehenes, mucho mejor.

— Cierra el pico, traidora, contigo no hablamos, Sherry —se quejó Kaito.

La mujer arqueó una ceja y lo miró. Shinichi estaba evitando mirar hacia allí mientras Ran lo veía tumbada aún. Seguía apretando débilmente la barriga, para molestar el bebé y que se moviera, pero ella no hacía nada.

— ¿Qué hace un ladrón tan famoso en lugar como este? —preguntó la mujer con el pasamontañas acercándose a ellos.

— ¡UNA MUJER LADRONA! —sonrió Kaito—. Seguro desciendes de algún ángel.

— ¡Contrólate! —gritó Shinichi golpeándolo—. Estás casado, por favor.

— Esa es la pena… —suspiró el ladrón poniendo cara de decepción—. ¿Quizás lo hice demasiado rápido?

— Como tu mujer escuche de eso… estás muerto —se rió su compañero a carcajadas.

— Callaros… —murmuró alguien detrás de los ladrones que nadie pudo ver bien.

Shinichi y Kaito se miraron.

— A nosotros nadie nos pide que nos callemos —dijeron los dos a la vez.

Empezaron a disparar hacia los ladrones. Uno por uno, fueron cayendo mientras ellos intentaban devolver los disparos, pero no acertaban ni siquiera con la poca distancia que les separaba de algunos. En cuanto se hubieron asegurado de que todos estaban al suelo, Shinichi corrió hacia Ran mientras Kaito se acercaba al guardia de seguridad.

— Tú debes de ser el ladrón 10… bienvenido —sonrió golpeándolo con la culata del arma.

— ¿Estás bien? —preguntó Shinichi sacándole la mordaza a Ran.

— Les has…

— Son anestésicos nadie ha muerto —se rió él, claramente preocupado.

— ¿Cómo…?

— He oído las sirenas desde el hospital y me he acercado con rapidez… —informó leyendo la pregunta de la cabeza de la chica—. Kaito ya estaba aquí… llegó con la policía.

— Pero…

— Ran debes tranquilizarte…

— No puedo —suspiró ella—. No noto a la niña… Shinichi…

— ¿Está todo bien? —preguntó Kaito.

Shinichi cogió en brazos a Ran. No podían perder el tiempo esperando una ambulancia cuando el hospital estaba a dos manzanas. Sin decir nada se llevó a Ran de allí mientras el resto de la policía entraba al banco. Shiho agarró a Tetsuya y habló con un policía mientras Kaito seguía a Shinichi. A fuera estaba diluviando. Cuando llegaron al hospital, Shinichi sentía escalofríos mientras notaba a Ran temblando. Kaito habló con rapidez con la recepcionista que en seguida hizo que trajeran una camilla. Ran se había agarrado con fuerza a Shinichi con una mano y suspiraba profundamente para intentar tranquilizarse, pero hacía un buen rato que sus nervios corrían por dentro. No podía tranquilizarse y estaba empezando a llorar. Podía escuchar al corazón de Shinichi latiendo con prisa.

— Tranquila… no pasa nada…—susurró Shinichi a su lado mientras la dejaba tumbada en la camilla—. Todo estará bien.

— ¿Tenemos que avisar a alguien? —preguntó uno de los enfermeros que había salido con la camilla.

— Técnicamente no —se rió Kaito—. Él es su prometido —añadió golpeándole la espalda.

— Lárgate —le fulminó con la mirada Shinichi—. Avisa a Yui, ¿quieres?

— Que sí, que sí —sonrió el ladrón sacando su teléfono móvil—. Ya me voy… buena suerte Ran-san. Me llevaré a Yui a casa hasta que volváis…

Los enfermeros llevaron la camilla hacia dentro y Shinichi les siguió negando con la cabeza. Si Kaito se la llevaba de seguro volvería con un truco de magia más en la cabeza. Sonrió ampliamente mientras Ran lo miraba. Les entraron en una pequeña sala y tuvieron que esperar unos segundos mientras iban a buscar al médico. Ran se cogía asustada la barriga con las dos manos, mientras seguían cayendo las lágrimas de sus ojos. Shinichi se sentó en una silla que había al lado. Juntó las dos manos delante de su cara.

— No te quitarás nunca esa manía —intentó sonreír Ran al verlo.

— Lo siento… —respondió Shinichi mirándola.

Le agarró una mano.

— Todo estará bien… —añadió él—. Tú no te preocupes, ¿vale?

Entró una doctora y cerró la puerta.

Veinte minutos más tarde

— Hola Hattori —sonrió Kaito llegando a una habitación del hospital.

— ¿Kuroba? —preguntó el moreno al verlo levantándose de la silla donde estaba y acercándose—. ¿Qué haces aquí?

— Vine acompañando a Shin… —sonrió—. Me dijo que ya eres padre… felicidades —añadió guiñándole un ojo.

— ¿Kudo? —preguntó Heiji—. ¿Qué le pasó? Se fue corriendo…

— Esto… bueno… —el ladrón sonrió apoyándose a la pared del pasillo—. Ran-san estaba en un banco que han atracado… y bueno… terminaron aquí —suspiró.

— Genial… —suspiró Heiji.

— Hei-chan… —la voz de Otaki se hizo escuchar por el pasillo—. ¿Ocurre algo?
— ¿Qué…? ¿Has venido solo para eso? —preguntó Heiji en un suspiro.
— Tu eres su amigo —añadió el mago—. Ese es tu problema.
— Oye, solo por un atraco a un banco no se viene a un hospital… —se quejó el moreno intentando bajar la voz mientras Otaki les miraba a ambos—. ¿Qué ha pasado?
El ladrón sonrió satisfecho. Había conseguido llevarlo donde quería.
— ¿Y por qué mejor no vas a verlo? —preguntó el mago.
Heiji lo cogió por el cuello de la camisa y lo acorraló hacia la pared.
— Ella… —Kaito intentó exagerar su preocupación—. Dijo que no sentía al bebé.
Heiji chasqueó la lengua apartándose.
— Lo estás haciendo expresamente, ¿verdad? —preguntó el moreno en un suspiro.
— ¿No vas a creerme? —preguntó el ladrón sonriendo.
— Lo estás disfrutando… —añadió Heiji entrando en la habitación de Kazuha seguido por Otaki.
— Hei-chan, ¿qué ocurre? —preguntó el inspector de Osaka.
Kazuha miró a los dos. Estaba sentada en la cama y parecía muy cansada. Llevaba el pelo suelto en sus hombros. Al lado de su cama había una pequeña cuna con el niño dentro, durmiendo.

— Kazu… Ran está aquí —suspiró su marido sentándose a su lado—. En urgencias…

— ¿Por qué? —preguntó ella—. ¿Qué le ocurre a Ran-chan?

— Nada bueno, por lo que parece —Heiji evitó mirarla.

— ¿Y Shinichi-kun?

— No lo sé… —suspiró.

— ¿Y qué haces aún aquí? Largo… —Kazuha lo empujó fuera de la cama—. Vete… me quedo con Otaki-san…

Heiji la miró. Su esposa le estaba echando. No pudo evitar sonreír mientras Kazuha le señalaba la puerta.

—- Está bien, está bien —se rió—. No me puedo creer que me eches… luego me echarás de menos… —añadió encogiéndose de hombros.

— Largo…

Heiji se fue en cuanto vio que Kazuha cogía la almohada dispuesta a tirársela. Tampoco sabía a dónde tenía que ir. Se puso las manos en los bolsillos de los pantalones y fue recorriendo todas las plantas una a una. En cuanto llegó a la planta baja, vio a Shinichi delante de una puerta, sentado al suelo. Se acercó a él y se lo quedó mirando de pie, mientras Shinichi tenía las manos delante de los ojos y estaba encogido. Suspiró y se sentó a su lado en silencio. Shinichi lo miró.

— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó el moreno sin mirarlo.

— ¿Kaito te ha molestado, verdad? —preguntó el otro sabiendo lo pesado que se ponía a veces el ladrón.

— Más bien me ha confundido —respondió Heiji mirándolo.

— No ha ocurrido nada… de momento… pero… por si acaso… le provocarán el parto a Ran —suspiró levantando la vista hacia la puerta que tenía delante.

— Por si acaso… —repitió Heiji—. ¿Qué ha pasado?

— El corazón de Asami se estaba parando… —Shinichi cerró los ojos mientras se cogía las rodillas.

Heiji se mordió el labio mientras observaba a su compañero. Parecía un niño pequeño que se había perdido en ese hospital enorme y echaba de menos a sus padres.

— Todo saldrá bien… ya lo verás —suspiró el moreno desviando la mirada.

Shiho se acercaba desde el final del pasillo con Tetsuya en brazos.

— No puedo perderla… —susurró Shinichi con voz casi inaudible, pero que su amigo pudo oír perfectamente.

— Con la de sillas que hay y decidís los dos sentaros al suelo —suspiró Shiho sentándose al lado de Shinichi.

Heiji sonrió.

— Y tú también te sientas al suelo… —informó el moreno.

— ¿No lo notáis más cómodo que las sillas? —se rió la científica.

— Será por eso… —se rió Heiji.

Shinichi se quedó callado mirando a la puerta. Heiji y Shiho se miraron por encima de su cabeza. Ahora empezaba a ser preocupante el estado de su amigo. Decidieron con una sola mirada no decir nada más. Tetsuya se soltó de su madre y se apoyó a las rodillas de Shinichi para andar hacia Heiji.

— Ah… iiiiii… —el niño se giró hacia Shiho señalando al final del pasillo.
— ¿I? —Heiji miró al niño.
— Yu-chan —informó la madre señalando a la niña con la cabeza que llegaba corriendo hacia ellos, acompañada de Shouta y Drake.
— Iiiiii…
— Tetsuya-kun ven aquí —el moreno lo cogió en brazos mientras Yui se arrodillaba delante de su padre.
— Papá… —susurró la niña al verlo.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Shinichi viéndola.
— No voy a irme si es lo que me pides… —se quejó la niña sonriendo.
— No te pido eso —suspiró el padre mientras la niña se abrazaba a él.
Yui se apartó de Shinichi y lo miró.
— ¿A qué viene esa cara tan larga? —preguntó tirando de las mejillas de él.
Al cabo de un buen rato, la puerta que había delante de ellos se abrió. Dando paso a una enfermera, cubierta con una bata de gasa de color verde y un gorrito del mismo material y color. La mujer sonrió al ver a Shinichi rodeado de tanta gente.
— Todo está bien, Kudo-san, si me acompaña...
Shinichi se levantó lentamente. Notó las manos temblorosas, y sin saber el motivo, se agarró a la mano de Yui. La niña sonrió complacida.
— No seas cobarde —escuchó susurrar a la niña.
La miró sin girar la cabeza. Yui se estaba riendo.

— Mira quién fue a hablar… —respondió Shinichi medio sonriendo.

Yui se apartó de Shinichi, soltándolo de la mano.

— Tira… venga… —le señaló hacia adentro de la puerta.

—Está bien, papá —se quejó al final entrando.

Shinichi la siguió mientras ella iba murmurando cosas inentendibles como si realmente se estuviera quejando. La enfermera la vio sonriendo.

— Niños…

— Que siga quejándose, así al menos no molesta —se rió el padre poniéndole las manos encima de los hombros.

— Papá… tendrás ración doble de patadas como sigas por ese camino —le amenazó ella.

— Querida, voy a decirte algo —sonrió Shinichi rodeándola por detrás—. Si me dieras miedo habría dicho a Shiho, Eisuke o Kai que cuidaran de ti.

— ¿Por qué nunca pienso en estas cosas tan obvias? —preguntó ella al aire bajando la cabeza mientras la enfermera se reía.

— ¿Entonces están bien? —preguntó Shinichi a la enfermera.

— Tanto la niña como la madre están perfectamente —respondió ella—. Ha sido peligroso, pero la niña finalmente ha conseguido poner su corazón bien sin ayuda de nada.

— ¿Puede tener problemas en un futuro? —preguntó Yui.

— No lo creo… pero vamos a tener que hacerle pruebas cuando haya pasado una semana o así, para comprobar que realmente no tiene nada malo —añadió la enfermera mientras abría otra puerta y les dejaba pasar—. Pero de eso ya hablaremos en un par de días. De momento todo está bien.

— Gracias —Shinichi sonrió con tristeza y siguió a Yui hasta la sala, un poco más oscura que el pasillo.

Al centro, siendo enfocada por unos focos, estaba Ran medio estirada, abrazada a una pequeña manta que se mantenía completamente quieta allí. Alrededor de la sala, había un montón de aparatos para los médicos y un par de ellos estaban limpiando las cosas. Yui se apartó para dejar que Shinichi se avanzara a ella. No quería quitarle protagonismo a él. Ran los miró sonriendo. Estaba agotada y un enfermero le mantenía una toalla húmeda en la cabeza. Shinichi se acercó preocupado y le cogió la mano.

— Hey…

— Hola, Shinichi… —Ran sonrió levemente.

— ¿Estás bien? —preguntó él acariciando la mejilla de ella con la mano libre. Ran afirmó levemente con la cabeza y luego miró la pequeña manta que mantenía agarrada en su pecho—. Y nuestra pequeña también, ¿verdad? —ella volvió a afirmar. Shinichi notó que sus piernas empezaban a flaquear.

— Cógela…

— No —Shinichi sonrió hacia Ran—. Así está tranquila. En mis brazos va a llorar.

— No lo creo —se rió la madre levemente.

Shinichi la besó en la mejilla.

— ¿Seguro que estás bien? —preguntó él.

— Estaba asustada —susurró Ran—. Por la corrida que hiciste, tu también…

— Sí —Shinichi sonrió débilmente—. Pero ya está bien, ¿verdad?

— Claro… —la niña se removió en los brazos de Ran, haciendo que ella la mirara.

Abrió sus grandes ojos claros hacia ellos con mucha pereza y los miró a los dos. Shinichi hizo fuerza con sus brazos, intentando no caer al suelo. Su corazón iba a mil, su respiración se agitó de golpe mientras la realidad lo golpeaba con fuerza en su cabeza. Era padre. Su cabeza empezó a pensar de más. Veía a la pequeña sonriendo hacia él, cuando era un poco más adulta, con travesura. Podía verla en su primer día de preescolar, su primer día de primaria, su primer día de secundaria y su primer día de preparatoria. Podía verla yendo a la discoteca y volviendo a tardes horas a la madrugada, podía verla estudiando lo mínimo o estudiando sin parar. Podía verla… vistiendo falditas cortas y presentándole su novio… Shinichi negó con la cabeza desesperado mientras la apoyaba en la cama. Tener una mente brillante era bueno para ser detective, pero su imaginación terminaba con él de una manera desmesurada. Jamás dejaría que vistiera cosas tan provocativas ni que un chico se la llevara de su lado. ¡JAMÁS!

Yui detrás de él se rió.

— ¿Shinichi estás bien? —preguntó Ran mirándolo.

— Ahora mismo ya le ha planeado toda la vida a la pobre niña… los padres sois realmente sobreprotectores, ¿no crees? —Yui sonrió con malicia llevándose una mirada fulminante por parte de él.

Pero algo le hizo volver a mirar a la pequeña. Seguía moviéndose y abriendo y cerrando los ojos. Su pequeña mano, no dejaba de rozar la suya, mientras se movía intranquila.

— Cógela, Shinichi —Ran sonrió levemente mientras se incorporaba un poco—. Es tu hija…

Shinichi estuvo a punto de volver a negarle la oferta. Jamás había cogido a un niño pequeño entre sus brazos, que él recordara. ¿Y si le hacía daño al cogerla? ¿Y si le caía de los brazos sin darse cuenta? Sabía que el cuello lo tienen muy frágil los primeros días… ¿y si se lo rompía sin darse cuenta? Pero los ojos brillantes de Ran le hicieron aceptar la oferta. Era su pequeña y no podría no cogerla por tener esas preocupaciones en su cabeza. Alargó sus manos hacia ella y la apartó del pecho de su madre. La niña lo miró con curiosidad, moviendo sus ojos de un lado al otro, intentando distinguir lo que sus ojos veían a su alrededor. También sabía que los niños, los primeros días solo enfocaban las cosas que tenían a escasos centímetros de ellos. ¿Estaría distinguiendo su rostro en ese momento? El peso de la niña era ligero y no dejaba de moverse inquieta. La acercó a su pecho, aún cubierta con esa pequeña sábana y le cogió una de sus pequeñas manos entre sus dedos. Sonrió satisfecho ante la atenta mirada de Yui y Ran, mientras su cabeza seguía haciéndole preguntas fugaces. ¿Y si dejaba algo peligroso a su alcance y ella se hacía daño? ¿Y si…? Lo que tuviera que llegar, llegaría. Por el momento, esa era una nueva persona que estaría junto a él. No valía la pena preocuparse por el momento, porque sabía que sus brazos protegerían esa pequeña cosita recién llegada al mundo. Cada preocupación vendría con cada nueva cosa que ella hiciera. Pero todo a su momento. Ahora debía disfrutarlo al máximo. Los dedos de la pequeña niña rodearon el suyo, intentando apretar con toda su fuerza. Ella le estaba diciendo que estaba de acuerdo con sus pensamientos. Todo estaría bien.

Cerró los ojos suavemente, mientras la niña seguía moviéndose. La mente de Shinichi por unos instantes se encontró suplicando que esa pequeña que mantenía entre sus dedos no desapareciera jamás. Abrió de nuevo los ojos para mirarla. Se sentía realmente débil. Notaba sus ojos arder. Había mucho futuro por ella, pero… las estrellas, el viento y el mañana, decidirían eso.


Bueno, espero que les haya gustado. Ahora ya son solo capítulos muy plastas, pero… eso también tiene que estar si se quiere llegar a todos los publicos :3

MATA!

^^Shihoran^^