BUENAS! Lo siento! Tuve unos cuantos problemas familiares que me hicieron olvidar por completo del límite de publicación! La mayoría de ellos basados en el hecho de que parece ser que mis tíos, tías, primos y primas (la mayoría de ellos) parecen tener envidia de mi sobrina... mmmmm... como decirlo... SON UNOS CRÍOS TODOS JUNTOS! Bueno... sigamos con el tema que nos concierne aquí XD
0-Kisame: ¿Patrón? NOP! Esta era la idea principal desde que empecé 'XLAños'. Terminar con la boda de Shinichi y Ran y con los niños ya nacidos :) toditos :) aquí están los últimos e.e estos dos últimos capítulos no te van a gustar XD que nos conocemos.
Deseo que les guste! MATA!
Espero poder tener pronto el último capítulo! Besos!
Los próximos héroes, hijos de un ladrón.
La temeridad cambia de nombre cuando obtiene éxito. Entonces se llama heroísmo.
Laurence Sterne(Novelista y humorista inglés).
15 de Junio
— ¿Sabes algo acerca de esa tal Ken? —Heiji rodó los ojos—. Dijiste que preguntarías por el programa.
— Completamente limpia —respondió Shinichi—. Ellos no han encontrado nada de esa mujer.
— ¿Podemos confiar en ellos? —preguntó Heiji.
— En un 99% nunca fallan al decirlo. De todos modos Irie dice que seguirá investigándola —Shinichi suspiró—. Al parecer se encarga de dirigir un orfanato de víctimas de terrorismo y muertes inusuales —se encogió de hombros—. No parece estar muy cuerda, la verdad. ¿Qué hay de Takagi? —preguntó él.
— No me ha dicho nada… —Heiji suspiró—. Bueno, te dejo que debo de ir a ayudar a Kazuha.
— Es cierto… os dan el alta del hospital hoy —Shinichi sonrió—. ¿Qué tal estás llevando lo de padre?
— Igual que tú, seguramente… sin entender lo que significa ponerme una medalla de más —se rió él.
— En realidad sí que cambia —los dos se giraron a ver a Kaito. Llevaba dos niños, uno en cada brazo—. Ahora debes de cuidar de una persona tan pequeña que si la metes al medio de casos tu mujer va a matarte.
— ¿De dónde has robado esos críos? —dijeron los dos a la vez señalando a los dos niños que observaban a Kaito con atención.
— En realidad son míos —el chico sonrió falsamente haciendo que ninguno de los dos lo creyera y lo miraran con los ojos entrecerrados—. Os presento a Hiro —movió un poco el chico de su mano izquierda—, y a Takeshi —movió el otro pequeño—. Son un encanto, ¿a qué sí?
— En serio… ¿de dónde los has secuestrado? —Heiji parpadeó confuso.
— Qué cruel… ¿acaso yo no puedo ser padre? —Kaito lo fulminó con la mirada.
— ¿Cuándo nacieron? —Shinichi suspiró largamente.
— Bueno… Takeshi el día 14 a las 23 horas y 57 minutos. Hiro el día 14 a las 24 horas y 3 minutos.
— ¿24 horas? —Shinichi se rió—. ¿Han nacido en un día distinto? Qué raros sois.
— ¿Qué te parece? El tipo que resulta estar maldito nos dice raros —Kaito sonrió hacia los dos niños.
— Un segundo… —Heiji levantó su dedo hacia él—. ¿Hiro?
— Sí, de héroe en inglés —respondió Kaito—. Y Takeshi de hombre fuerte y valiente.
— ¿Esto es alguna especie de broma de mal gusto? —preguntaron los dos a la vez.
— Aoko no quería llamarlos como mi padre, porque decía que eso haría que su padre se enojara aún más con nosotros —Kaito sonrió travieso.
— ¿Tooichi? ¿En serio querías llamar a uno de tus hijos Tooichi? —Shinichi arqueó una ceja hacia él.
— Si tu padre estuviera muerto por culpa de esa gente entenderías perfectamente mi posición —respondió el mago mirándolo con los ojos entrecerrados.
— ¡Tú! ¡Kuroba! —Kaito miró detrás de Shinichi y Heiji. El inspector Nakamori, completamente enfadado, junto con una sonriente Kuroba Chikage, llegaron a él. Kaito puso su mejor cara de póquer mientras le dejaba uno de los niños en sus brazos.
— Son hermosos, ¿no cree?
— ¿Qué? —por primera vez en su vida personal, Nakamori Ginzo se sentía desconcertado. Había ido al hospital a ver a su hija, que al parecer se había casado en secreto de él y había tenido dos hijos. Se preguntaba por la desaparición de su hija y resultó que Kaito había tenido la culpa de eso. Miró al niño que lo miraba con los ojos bien grandes, observando a todo su alrededor.
— Saluda al abuelo Takeshi —sonrió Kaito acariciando la mejilla del pequeño. El niño se puso a llorar—. No seas malo. Tiene mal carácter, pero tampoco hace falta decírselo.
— ¿Cómo está Aoko-chan? —preguntó Chikage.
— Vamos —Kaito sonrió hacia Shinichi y se alejó manteniendo a Hiro entre sus brazos. Su madre lo siguió muy de cerca para ir a la habitación de Aoko.
— ¿Por qué a mí? —dijeron Heiji y Shinichi a la vez. Se miraron y suspiraron largamente—. ¿Por qué a nosotros?
— ¿Por qué me ha dejado a solas con el niño? —preguntó Ginzo mirándolos completamente desconcertado y haciendo reír a los dos policías.
— Será mejor que vaya a ver cómo está su hija, inspector —Shinichi lo empujó débilmente y el hombre afirmó con la cabeza siguiendo el camino de Kaito y su madre.
— Papá… —Yui llegó con ellos, junto a Drake y Shouta, cruzándose con el inspector Nakamori—. Oh… qué bonito… —sonrió al ver al niño pasar por su lado—. ¿Es de Kaito-ojiichan? —miró a Shinichi con cara interrogativa.
— ¿Por qué supones? —Shinichi frunció el ceño.
— No supongo, se parece mucho a las fotos de Kaito-ojiichan cuando era pequeño —Yui sonrió—. Bueno, dejando esto de lado —se puso completamente rígida, saludando de manera militar—. He traído al soldado Drake tal y como me pedisteis, señor. Misión completada.
— Bien hecho Yui —Shinichi se rió—. Vamos… —señaló con la cabeza hacia la habitación de Ran y los cuatro se fueron hacia allí.
En cuanto entraron, Ran les dedicó una sonrisa a todos. En sus brazos estaba Asami completamente dormida.
— ¿Y bien? ¿Por qué me habéis hecho venir aquí? —Drake se sentó en el sofá, lo más alejado posible de Ran y la niña. Yui se acercó a Ran y observó a la niña, intentando no chafar a ninguna de las dos. Shouta se quedó al lado de la puerta, observando con atención a una radiante y contenta Yui. La niña miró al hijo de Chris y le hizo señas para que se acercara—. No me acercaré a esa cosa.
Yui frunció el ceño mientras Ran se reía levemente. Shinichi lo fulminó con la mirada.
— ¿Te da miedo un bebé? —preguntó la abogada antes de que Shinichi pudiera decir nada—. Eres un encanto.
— Claro que no me da miedo —se quejó él—. Pero no entiendo como a la gente le puede gustar tanto.
— Porque es la evolución y somos animales al fin y al cabo —sonrió Shouta cruzándose de brazos. Todos lo miraron confundidos.
— En serio cada día que te conozco más me desesperan tus explicaciones, mucho más que las anteriores —dijo Shinichi—. ¿Cómo has dicho eso?
— Aunque los humanos sean según parece los únicos que dicen obtener placer de algo tan primitivo —respondió él—. Está en la mente de todo ser vivo la supervivencia de su especie. Es por eso también que el llanto de un bebé puede ser tan molesto. Porque aún no puede valerse por sí mismo y por ese motivo el llanto molesto hará que alguien le preste atención, ¿no es así?
— El llanto de un bebé no es molesto —dijo Yui.
— Me lo dices cuando llegue a tu casa —sonrió él con falsedad señalando a la pequeña.
— ¿Evolución dices? —Drake rodó los ojos.
— Déjame recordarte que tú también fuiste así —respondió Shinichi antes de que Shouta pudiera decir más tonterías.
— Solo cuando el estúpido de mi padre me dio el veneno, nada más —respondió él.
— Qué dolor por la pobre mujer si ha tenido que dar a luz a un adulto —dijo Yui.
— Yo jamás fui así —respondió él.
— Lo fuiste —dijeron todos a la vez.
— No es cierto —respondió él.
— Bueno, a lo que iba —Shinichi suspiró levantando su teléfono móvil—. Me han llamado del FBI. Dan acceso a que puedas ver a tu madre durante solo una hora, pero deberás de hacerlo acompañado por mí.
— ¿Cómo puedo hablar tranquilamente con mi madre si me acompaña un agente de la Ley? —preguntó él.
Shinichi arqueó una ceja.
— Disculpa, pero conozco…
— Ah, ¿pero es que tienes algo que ocultar, Drake? —Yui interrumpió las palabras de Shinichi.
— En absoluto —respondió él—. ¿Y cuándo vamos? —añadió sin quejarse más por ello.
— Podemos ir cuando queramos… —Shinichi sonrió con malicia al ver que el chico se levantaba, como si hubiera tenido un muelle en su asiento—. Pero no saldremos de aquí hasta que no cojas a Asami en tus brazos.
— ¡Ni lo sueñes! —gritó él.
La niña abrió los ojos lentamente.
— ¿Entonces qué prisa tienes para ir a ver a tu madre? —Shinichi sonrió—. Vuelve a sentarte.
— ¿Estás chantajeándome? —preguntó él.
— No, para nada —respondió Shinichi.
— Eso suena como chantaje —informó él.
— Tío, coge a la niña y te largas, es fácil —dijo Shouta.
— No lo haré —respondió Drake fulminándolo con la mirada. Ran miró interrogativa a Shinichi, que se sentó en la cama con los brazos cruzados. El chico miró a Shinichi y luego miró a Ran y Asami. Suspiró—. ¿Solo cogerla? —preguntó mirando al hombre.
— No te haré darle de comer —se rió Shinichi negando con la cabeza—. Nada más.
— Es… es… está bien… pero… si me cae no es problema mío —se quejó él.
— No te va a caer —respondió Shinichi sonriendo cálidamente hacia él.
Drake lo miró confundido. Parecía muy seguro de eso. ¿Por qué le estaba mirando así? ¿Qué significaba la mirada que le estaba dando? ¿Le estaba confiando una vida humana que acababa de llegar a su familia y se reía de eso? No… esa sonrisa significaba algo más que eso.
— Yo no estaría tan seguro —respondió él en un murmurio. Se acercó a la cama y cogió a la niña en sus brazos. Ran se la dio con extremo cuidado y él no sabía cómo cogerla, pero finalmente lo hizo igual que ella.
— Menudo cambio —Shinichi se rió—. Hace unos meses hubieras huido. Ahora eres capaz de hacer caso a un adulto… —Drake lo miró. ¿Le estaba poniendo a prueba? ¿Qué pasaba con esa sonrisa molesta del hombre? Le estaba diciendo algo importante—. Sé que te ha costado mucho llegar hasta aquí, pero necesito que cumplas con tu parte del trato firmemente. Si todo va bien, en uno años, tu madre podría salir de la cárcel. Pero… el hecho de que Ginebra está convirtiendo esa cárcel en un juego para la supervivencia, hace que la supervivencia de tu madre penda de un hilo. Si ese tipo se entera de que tu madre nos ha ayudado en algunas ocasiones, conseguirán que la maten. Además, está el otro problema, que es que Ginebra quiere escapar de allí. Si cuando llegamos allí, se entera de que sigues vivo, es capaz de matar a tu madre o de que cuando consiga escapar te irá a matar. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo, Drake? Puedes poner en peligro la vida de tu madre adoptiva o la de tu madre biológica. Necesito que esperes unos segundos en el coche hasta que yo pueda hacer que tu madre salga sin ser sospechosa. Necesitamos que te comportes como el adulto que eres, Drake.
— ¿Adulto? ¿Qué es ese extraño sentido del humor que tienes ahora, eh? —preguntó él.
— Drake, ya te dijeron que no podías volver a la normalidad, puesto que es tu sangre la que está en mal estado —respondió Shinichi—. No solo tus órganos. Además… al igual que a todos los que están en esta sala, te confiaría mi vida ahora mismo, y la voy a exponer delante de Ginebra y los demás, para que puedas ver a tu madre. ¿Entiendes el peligro que para mi familia esto va a conllevar? ¿Por la vida que estás sujetando ahora en tus brazos, Drake?
El chico miró hacia abajo. La niña lo estaba mirando a él y luego miraba hacia la voz de su padre, luego volvía a mirarlo a él. Drake cerró los ojos por unos segundos. La niña se movía mucho y parecía inquieta. ¿Estaba dándole la razón a su padre? Era cierto. Si quería sobrevivir y dejar que los demás lo hicieran. En cuanto saliera de allí tendría que volver con esa mujer, tal y como había prometido. Pero, ¿por qué sentía que quería quedarse con ellos? Esa familia era extraña, pero… era una verdadera y cálida familia. Miró a Shinichi sonriendo.
— Por supuesto. Lo entiendo.
— Entonces devuélvele la niña a su madre antes de que te caiga —respondió él.
Drake arqueó una ceja. ¿No confiaba tanto en él? Shinichi se rió.
— ¿Qué? —preguntó Drake.
— Me encanta tomarte el pelo —respondió él aún riéndose.
— Idiota —respondió Drake haciendo una sonrisa muy fugaz.
— Sí, pero has sonreído —Shinichi sonrió—. Para mí esto es más que suficiente. ¿Nos vamos? —preguntó.
— Claro —Drake se acercó a Ran y le dejó la niña en sus brazos.
— Que os vaya bien —dijeron los tres que sabían hablar de la sala.
Shinichi le besó la frente a Ran.
— Hasta luego.
— Ve con cuidado, Shinichi —susurró ella.
— Tranquila, estaré bien —sonrió él.
— Me tranquilizas más cuando sé que Heiji está contigo —respondió ella.
— Pero él ya ha hecho demasiado para nosotros, ¿no crees? —preguntó él dedicándole su mejor sonrisa—. Estaremos bien, Ran. Todos. Además, hay agentes por allí que me van a echar una mano.
— Está bien… —Ran le acarició levemente la mejilla.
— Bien Yui —Shinichi se acercó a ella sonriendo—. A cargo de todo.
— Roger—ella saludó de manera militar y se rió. Shinichi rodó los ojos divertido y se fue de allí junto a Drake.
El camino hacia la cárcel fue lento. Muy lento. Drake se sentía tan nervioso que parecía que todos los semáforos se habían puesto en rojo para privarle de más tiempo hacia allí. Shinichi, a su lado, estaba calmado. Muy calmado. El hombre ni siquiera lo miraba. Sonreía mientras conducía por todas esas calles hacia las afueras de la ciudad. Cuando llegaron, Drake se apresuró a quitarse el cinturón de seguridad, pero Shinichi le puso una mano encima.
— Quiero que te quedes afuera, hasta que podamos hablar con tu madre, ¿vale? —Shinichi ni siquiera lo miró—. Quiero que no mires hacia dentro en ningún momento ni te descubras. Prométeme que no serás impaciente, Drake —finalmente lo miró—. Para que todos estemos a salvo, necesito que no seas impaciente.
— No soy impaciente, pero ahora que estamos aquí… —Drake lo miró preocupado—. ¿Qué ocurre?
— Presiento que todo va a salir mal —susurró él—. Y lo más preocupante es que cada vez que tengo esa sensación, algo malo sucede. Por eso quiero que te ciñas a tu paciencia, Drake —Shinichi sonrió tristemente—. No quiero que tu madre muera ni que te hagan daño a ti o a mi familia, ¿me has oído?
— Está bien… —susurró él—. No seré impaciente.
Los dos salieron del coche. En cuanto se acercaron a las escaleras, el hombre que custodiaba la puerta les apuntó con una pistola.
— Agente Takahashi Ryuuzaki, con número de placa 9000851, vengo por orden de Flower a interrogar sospechosos.
— ¿Sospechosos? Aquí no hay nadie para interrogar —respondió él.
Shinichi sonrió.
— Quiero hablar con el agente 9000488 sé que está aquí ahora mismo. Y él es el encargado de mi pase —respondió él.
— Como quieras —el hombre golpeó la puerta de la casa con el pie y Hondou Eisuke salió de allí vestido de negro y cargado con un rifle en su hombro.
— Te estábamos esperando ya —sonrió él haciendo señas al hombre para que les dejara pasar.
— Siempre es un placer, Hondou —se rió Shinichi entrando. Drake le siguió y se quedó quieto en la puerta. Shinichi la dejó abierta y sonrió hacia él. Él se quedó a un lado—. Realmente deseaba que estuvieras hoy aquí.
— Al parecer alguien le dijo a esa mujer que vendrías y por ese motivo me han hecho terminar con la misión de Egipto y volver aquí —Eisuke lo miró de reojo—. ¿Y? ¿Qué te lleva aquí?
— Excusas absurdas —respondió Shinichi—. ¿Tienes alguna pregunta de interrogatorio preparada, por alguna casualidad?
— ¿Aparte de la de 'has hecho algo malvado recientemente'? —Eisuke miró a Shinichi riéndose, él rodó los ojos—. No, nada.
— Entonces espero que mis preguntas tengan efecto —Shinichi suspiró mientras dejaba sus armas y aparatos electrónicos encima de la mesa de al lado.
— Por cierto me ha llegado a mis oídos que ha nacido ya —Eisuke observó su reacción.
— ¿Quieres que te lo diga? —Shinichi lo miró de arriba abajo.
— No, no quiero sentirme mal, además —respondió él.
— Tampoco creo que aceptes mi invitación a la boda —supuso Shinichi.
— No, en cuanto te vayas tengo que volver a Egipto —respondió él—. Y luego ya me han programado otra en Alemania y otra en España. No tengo más tiempo disponible hasta Navidad.
Shinichi rodó los ojos y se acercó a la puerta de barrotes.
— Siempre andas ocupado desde que nos hemos ido.
— No te creas que no te echo de menos —se rió Eisuke—. Pero añoro más la ayuda de Kaito, en realidad.
— ¿Puedo pegarte un tiro? —Shinichi lo fulminó con la mirada.
— Venga ya, él se metía en menos líos —respondió Eisuke riéndose.
La puerta que llevaba a dentro de la cárcel se abrió, dejando paso a un Vodka, completamente despeinado, con el pelo muy largo y un poco adormecido.
— ¿Nuevo accesorio? —Shinichi miró a Eisuke.
— Han decidido anestesiarlos un poco para que se calmaran —respondió Eisuke—. Cada día pueden entrar a dejarles comida y luego irse de nuevo, sin que les molesten. Además, van cambiando la posición de los anestésicos, para que no puedan dañar el mecanismo.
— Vaya, eso sí es ser hábil —Shinichi sonrió y observó al hombre—. Es bueno verte de nuevo, Vodka.
— Aniki te dijo que volverías a vernos —respondió él con un tono de voz amargo—. Y esta vez solo… ¿cómo está ese tal Hattori Heiji? —sonrió de lado mirando al chico. Shinichi bajó la mirada al suelo, no quería darle más motivos de conversación—. ¿Y Hattori Mamoru? Me han dicho que nació en el mar —Shinichi suspiró. Seguían sin poder deshacerse de ese topo, ¿o es que había alguien más? Miró a Eisuke. Estaba completamente desconcertado. Había alguien más—. Pero lo que más nos intriga aquí dentro, es… ¿quién es ese niño con el que va recientemente tu hija?
— Shouta —respondió Shinichi.
— No, no es ese… —respondió él—. El niño pequeño. Rubio, moreno, ojos azules…
— Drake —respondió Shinichi—. ¿Qué tienes con él? Es solo un niño al que tenemos en nuestra casa provisionalmente. Mañana se irá, así que no tiene nada que ver contigo y mucho menos lo va a tener con nosotros, ya.
Vodka sonrió.
— ¿Drake? ¿Cuál es su apellido? —preguntó Vodka.
— ¿Puedo hacer mi pregunta o piensas hacer tu el interrogatorio? —Vodka rodó los ojos. Ni siquiera se habían molestado en ir hacia los cristales—. ¿Quién os está informando y qué saca con esto?
— Uno de los policías que matamos apareció con un teléfono, así que con nuestra inteligencia y ese aparato, podemos comunicarnos perfectamente con el exterior —Vodka sonrió con malicia—. Además… hay otra gente que sigue viva y libre.
— Su apellido es Matsunaga —respondió Shinichi—. ¿No será por casualidad esa tal Ken Chishi, verdad?
— ¿Ken Chishi? ¿Quién es? —preguntó él.
— Demasiado perfecto —dijeron Eisuke y Shinichi a la vez—. No sé si creerme lo de que no la conozcas —añadió el agente de la CIA.
— Bueno, que venga otro —respondió Shinichi.
— ¿Te cansaste de mí? —preguntó él.
— Prefiero a Korn, es menos… hablador —respondió él.
— Claro —Vodka se giró y entró a dentro en cuanto le abrieron la puerta. Al cabo de poco rato, la volvieron a abrir y apareció Chianti.
— Se ha vuelto un poco más mujer, pero me vale —Shinichi se rió.
— Korn está muerto, ¿qué queréis? —respondió ella.
— Recordarte lo doloroso que es eso —sonrió Eisuke.
— Ah, ¿y qué tal Elia? —Chianti miró al chico.
— Se ha largado a Chile y me ha dejado plantado —respondió él—. Voy a intentarlo con su amiga Carla, ¿qué te parece?
— Oh, eso es interesante —se rió Chianti.
— ¿Por qué tengo que darles los nombres de mis ligues si ni siquiera son ciertos? —preguntó Eisuke.
— ¿Elia? ¿Carla? —Shinichi lo miró—. ¿Pero no estabas en Egipto?
— Pero me encanta engañar a mis propios compañeros para descubrirlos —se rió él—. Ahora el problema es poder acordarse de a quién le dije que era Elia —dijo Eisuke con una sonrisa de oreja a oreja.
— ¿Así que hay otro topo en la CIA, eh? —preguntó Shinichi sonriendo—. ¿Y les pagan el teléfono?
— Eso parece —respondió Eisuke.
— ¿Quién es Ken Chishi? —preguntó Shinichi mirando a Chianti.
— No sé quién es Ken Chishi —respondió ella—. Solo conozco los nombres de la Organización. Nada de los nombres de fuera. Ah, y por cierto… aún tenéis al jefe fuera de aquí.
— Sí, el jefe ha sido ejecutado, no te preocupes —respondió Shinichi—. Que venga Vermouth, por favor.
— Claro, claro —ella se giró y volvió a dentro. Shinichi miró hacia atrás. Drake sacó la cabeza lentamente y lo miró. Shinichi le hizo señas para que esperara un poco.
Vermouth salió de allí. En cuanto se cerró la puerta Shinichi suspiró.
— Ya puedes venir —dijo sin ni siquiera girarse.
— ¿A quién le hablas? —preguntó ella. El niño llegó corriendo hacia ellos—. Drake.
— Hola —el niño sonrió cálidamente—. Ha pasado mucho tiempo.
— ¿Pero qué haces aquí? Deberías de estar lejos —susurró ella cogiéndose a los barrotes y arrodillándose al suelo.
— Pero quería saber que estabas bien… —respondió él—. Cuando me enteré de que os habían cogido, quise saberlo con mis propios medios.
— Bueno, las cosas no están bien, ¿sabes? —preguntó ella.
— Porque eres buena —respondió él. Eisuke miró interrogativamente a Shinichi mientras el niño se acercaba y ponía sus manos encima de las de su madre—. Pero quiero que salgas de aquí ya.
— Eso no es posible, Drake. Cuando salga de aquí, ambos estaremos muertos —respondió ella—. O al menos yo y tú muy viejo.
— ¿No pueden sacarte de aquí? —preguntó él.
— Para nada —respondió ella—. He sido una asesina, ¿recuerdas? Además, cuanto más lejos estés de mí, menos va a cogerte tu pasado. Así que aléjate lo máximo que puedas, ¿vale?
— Bueno… si sucede algo, volveré a verte —respondió él—. Tienes que resistir, ¿vale?
— Claro —ella le acarició la mejilla por entre los barrotes—. Tiene que ser poco tiempo, Drake. Además… —ella miró a Shinichi—. Veo que tienes a un buen aliado. Ese chico es una gran persona, así que no le hagas sufrir, ¿vale?
— Por supuesto —respondió él.
— Tomad esto —ella se quitó de la manga un par de objetos unidos, que parecían un cuchillo—. Están haciendo armas con todo lo que encuentran y hay uno que ha conseguido un arma de fogueo, le faltan algunas piezas, pero las conseguirá pronto —respondió ella—. Así que es mejor que empecéis a buscar algo para quitarnos todo esto de las manos.
Shinichi se acercó y cogió los cuchillos.
— No pude sacar más cosas, pero… se están haciendo peligrosos incluso dentro de la cárcel, Silver Bullet —dijo ella—. Vais a tener que ir con cuidado.
— Está bien —respondió él.
— Bueno, deja que otro entre, para disimular un poco —Shinichi le dio las llaves del coche a Drake y él observó como Vermouth se levantaba con una mirada triste.
— No te preocupes, Drake —Chris sonrió hacia él—. Que estés vivo es suficiente para mí. Así que compórtate como un hombre y se bueno con todo el mundo, ¿vale?
— Volveré… a por ti —susurró él.
— Una pregunta, Kudo… —Chris frunció el ceño—. ¿Qué ha pasado con el antídoto?
— Qué ha pasado dice… —Shinichi miró a Drake—. ¿Quieres contárselo tú?
— No pueden dármelo —respondió él—. Porque está en mi sangre y no saben cómo puede actuar, así…
— Bueno, qué más quieres —Vermouth se rió—. Eres más joven.
— Sí, claro —Drake cogió las llaves del coche y se alejó a pasos rápidos de allí.
Vermouth se giró para irse, pero antes de avanzar, miró a Shinichi.
— ¿Cuidarás de él por mí? —preguntó ella—. Ese chico solo ha visto asesinatos a diestro y siniestro y así solo hemos dejado que se lo guarde para sí mismo. Necesita ayuda…
— Te prometo que lo haré —respondió Shinichi—. Y que cuando esté mejor vendrá a verte de nuevo.
— Gracias —Chris sonrió—. Al menos es un consuelo saber que cumplirás tu promesa.
— Ah, otra cosa —Shinichi sonrió y ella se quedó quieta—. ¿Sabes quién es Ken Chishi?
— No, lo siento… —respondió ella mirándolo—. Aunque encuentro a faltar a muchos de los nuestros aquí, al menos a Black Christmas… ese sí es un peligro.
— ¿Quién?
— No sé su nombre… —respondió ella—. Pero es un niño de 12 años. Ya ha matado a la mitad que yo.
— ¿Black Christmas? —preguntó Eisuke—. De todo lo que recuperamos de ese lugar, no había nadie con ese nombre. Y mira que lo tenían bien apuntado.
— Tal vez porque no habéis encontrado aún su sede. Puede que esté al extranjero. A mí jamás me dieron esta información, pero sé que son los que se encargan de entrenar a los niños —Chris dio un paso y la puerta se abrió para entrar ella a dentro.
Salió otro hombre de piel negra y ojos oscuros. Se mantuvo callado y con los brazos cruzados, mientras Shinichi le hacía preguntas similares, pero él no respondió ni una sola. Finalmente Shinichi rodó los ojos y dejó que entrara de nuevo a dentro.
— ¿Así que Black Christmas, eh? —Eisuke lo miró—. Y por cierto, quién es ese pequeño.
— ¿No adivinas? —preguntó Shinichi sonriendo.
— No fastidies que es…
— Y Gin —Shinichi afirmó con la cabeza—. Le dieron también el APTX y ella lo envió a un orfanato para mantenerlo a salvo. Pero él se descubrió luego pidiéndonos con un escrito en una pared que liberáramos a esa mujer.
— Qué bonito —Eisuke se rió—. Así que de niñera, ¿eh?
— Lo siento. De momento seguiré manteniéndome alejado del FBI —susurró Shinichi—. No quiero que me hagan salir de Japón de nuevo.
— Está bien… —Eisuke se encogió de hombros—. Seguro que la policía de Japón ha ganado a un buen miembro, ¿eh?
— Eso espero —Shinichi buscó entre sus bolsillos y le dio un sobre—. Realmente deseo que vengas. Sé que no puedo pedirte eso, pero… Ran me lo pidió, así que tengo que dártelo.
— ¿No le has dicho? —preguntó él cogiéndolo.
— No. Eres tú quién debería de decírselo, ¿no crees? —Shinichi sonrió—. Hasta pronto…
— Hasta nunca —Eisuke levantó su mano y él se alejó hacia el coche.
El camino de vuelta fue mucho menos largo. Drake se mantuvo leyendo matrículas y contando coches de color negro. Parecía que los hubieran soltado a todos en ese color. Shinichi condujo el coche hacia su casa y lo detuvo a un lado. Luego miró al chico.
— ¿Qué quieres hacer? —preguntó.
— Irme —respondió él—. No puedo molestaros más y de seguro ella estará desesperada sin mí.
— No creo que esté desesperada —se rió Shinichi—. La desesperaste tú, antes de irte.
— Cogeré mis cosas —respondió Drake.
— Si quieres quedarte, no nos importa, Drake.
— No, ahora tienes otra cosa a la que cuidar mucho más que yo —respondió él—. Gracias por todo. Además… tengo que hacer caso a mi madre o me pegará un tiro —el chico salió del coche y entró en la casa.
Luego salió con una bolsa de deporte en su brazo y entró en el coche. Shinichi siguió el camino hacia el aeropuerto. Una vez allí, aparcó el coche y acompañó al chico hacia el aeropuerto devolviéndole su documentación y dándole el billete del avión.
— Drake, eres un buen chico, con un mal pasado, pero… —Shinichi sonrió—. En una semana vendré a verte y te haré una propuesta, para que las cosas mejoren a tu alrededor, ¿vale?
— Sí es para mejor siempre es algo bueno recibir tu ayuda —respondió él—. Sabías lo que diría después de ver a mi madre, ¿eh?
— Te conozco aunque no quieras verlo —Shinichi sonrió—. Porque en algún momento me he sentido muy identificado contigo.
— Eso es algo malo, ¿sabes? —Drake bajó la mirada al suelo.
— Bueno, chico… —Shinichi le removió el pelo con fuerza—. Es hora de que te vayas, o llegarás tarde al avión. ¿No llevarás armas en la maleta verdad?
— Todas y cada una de ellas —respondió Drake.
— Me suponía —Shinichi se rió.
— Mamoru, dile adiós a Drake —los dos se giraron. Heiji, Kazuha, Ran, Shouta y Yui, con los dos recién nacidos, estaban parados de pie viéndolos y saludándolos.
— ¿Qué hacéis aquí? —preguntó Shinichi.
— Eso me pregunto yo —respondió Heiji—. Al menos un adiós, de este crío sería posible, ahora.
— Eso, eso… —Kazuha se acercó con el pequeño entre sus brazos y sonrió medio arrodillándose hacia Drake—. Ha sido un placer conocerte, pequeño.
— No soy pequeño —se quejó él apartando la mirada de ella.
— No, más pequeño es él —Kazuha movió un poco al bebé entre sus brazos que empezó a llorar—. Oh, vaya… —se apartó hacia su marido mientras Shinichi y Drake se miraban cómplices—. ¿Qué le pasa ahora?
— Sigue siendo molesto —susurró Shouta acercándose a ellos con Yui, Ran y Asami, detrás de él.
— ¿Te han dejado salir ya del hospital? —preguntó Shinichi dando un beso fugaz a la mejilla de su esposa.
— Sí —respondió ella—. Al parecer somos molestos —respondió.
— Por cuando vino mi madre, ¿cierto? —preguntó Shinichi.
— No sé —respondió ella riéndose.
— Entonces vámonos a casa, ¿eh? —la rodeó con un brazo por la espalda y miró a Drake.
— Bueno… esto… —el chico se giró—. Gra… gracias por todo…
— ¿Qué es eso? —Yui se acercó y lo abrazó por la espalda—. ¡Qué frío eres, Drake! —le dio un pequeño beso en la mejilla haciendo enrojecer al chico—. Cuídate y si tienes algún problema, llámanos, ¿vale? —Yui le dio un pequeño sobre que él cogió con el ceño fruncido. Ella le guiñó un ojo y le hizo señas para que se lo guardara.
— ¿Y bien? —Shouta se acercó mientras él lo hacía y le removió el pelo al pequeño—. ¿Te vas o no?
— No seas malo —Yui se soltó de Drake para empujar a su compañero.
— Adiós enano —respondió Shouta.
— ¡Soy más grande que tú, mocoso insolente! —gritó él desesperado.
— Que sí, que sí —Shouta movió la mano mientras la gente de su alrededor los miraba y se reía.
— Tiene los 17, Shouta —susurró Yui en un tono de voz muy bajo y mirándolo de reojo. Odagiri se quedó completamente quieto y empezó a palidecer—. Y por cierto… ha estado más veces dentro de mi habitación que tú —Drake se apartó de ellos con miedo, mientras Shouta miraba a Yui desconcertado—. He cocinado para él —Shouta miró a Drake con una ceja arqueada—. Y por poco no nos bañamos juntos un día…
— ¡TE MATO ENANO! —Shouta empezó a perseguir al niño que subió corriendo las escaleras—. ¡VUELVE AQUÍ!
Yui se rió con fuerza.
— Eres malvada, Yui-chan —se rió Ran.
— Nah, era lo mejor para los dos —respondió ella—. ¡Hasta otra Drake! —gritó hacia el chico que le hacía muecas a Shouta que no había podido pasar por la seguridad por falta de billete.
El chico rubio levantó su mano saltando y riéndose hacia ella, mientras Yui le devolvía el saludo con la mano. Shouta se cruzó de brazos y volvió con Yui y los demás.
— Voy a matarlo —respondió.
— No, no vas a hacerlo —Yui sonrió hacia él—. Eso ha sido bonito, al menos.
— Eres una bruja —respondió Shouta riéndose.
— Lo sé —Yui puso sus manos detrás de la espalda en un acto tímido y lleno de una sonrisa cálida.
Shouta le puso una mano en la cabeza y sonrió.
— Aunque te hiciera la vida imposible, ahora te sabe mal que se vaya, ¿eh? —Yui afirmó con la cabeza levemente.
— Pero eso era lo que habíamos quedado desde un principio, ¿no? —Yui miró de nuevo hacia dónde había visto a Drake por última vez. El chico ya se había ido de allí, directo hacia el avión de su destinación.
Drake se sentó en el avión, dejando que la azafata la ayudara a poner su maleta en el portaequipajes. La azafata le sonrió hacia él con una mirada llena de 'estoy aquí para ti, pequeño'. Drake la fulminó con la mirada y la mujer se alejó de allí con el ceño fruncido. Drake cogió el sobre que Yui le había dado. Dentro había una carta y dos llaves.
Querido Drake,
En estos días, me lo he pasado muy bien. Gracias. Deseo de todo corazón que todo vaya bien en tu vida y que por fin puedas encontrar a alguien que te ayude en esa faceta rebelde que has cogido con todo el mundo. Sé que no podemos cambiarte, pero… no voy a rendirme. Sé que podemos hacerte un poco más amable y lo hemos conseguido. Te doy dos llaves muy importantes. Una de ellas es de una casa de mi madre, cerca de dónde solías vivir. Debajo te doy la dirección para que vayas a ver. Necesito que la cuides, puesto que yo no puedo hacerme cargo de tantas cosas a la vez. Cada vez que tengas ganas de golpear algo, puedes irte allí y tirarlo todo por el suelo. Sobre todo las fotos de mi padre, no me importan en absoluto esas (risas). La otra es la de nuestra casa, para que vengas a vernos algún día. Te dejo, pero debajo de todo, mi número de teléfono móvil y mi correo electrónico, para que te pongas en contacto conmigo cuanto antes mejor. Deseo de verdad que todo vaya muy bien en tu vida. No cambies nunca, y no dejes que te cambien.
Hasta siempre,
Yui.
Espero que les haya gustado!
Hasta pronto!
