Ron acababa de llegar del gimnasio, estaba apurando los últimos sorbos de su batido de proteínas con sabor a fresas, se quitó su sudada ropa y se desnudó, se miró en el espejo, mejor dicho se deleitó consu cuerpo en el reflejo delespejo, blanco, muy blanco, necesitaba ponerse la gafas de sol para verlo sin dañarse los ojos, y con pecas, cientos de pecas repartidas por su cuerpo chorreante de sudor. De vez en cuando cambiaba de postura mostrando sus bíceps, sus deltoides, sus serratos y su trabajado abdomen llenos de cuadraditos que parecían de cheesecake.

Se dio una ducha sospechosamente larga de la cual no puedo dar detalles, se secó y se dio cuenta de que era tarde y tenía que preparar más batido para Harry,así que se puso a elaborarlo con la testosterona de Minotauro quehabía comprado por internet en una web china con una interesante oferta. Luego de haberlo combinado se marchó a recoger a Harry para salir de farra y darle el batido.

Horas más tarde estaban en un pub con algunas copas de más (en especial Harry, el cual se ponía pesadísimo cuando bebía), y dando unas lecciones de anatomía a unas ingenuas chicas que parecían interesadas en ellos y les reían sus chistes, muy malos, por cierto.

Pronto Ron se dio cuenta de que podía mojar esa noche y miró a Harry a los ojos. Sin ni siquiera abrir la boca, y haciendo uso de una técnica milenaria que sólo los auténticos colegones que ya se conocen perfectamente (y sobra decir que ellos se conocían desde pequeños), mantuvieron una conversación telepática.

- Harry, la rubia... Creo que le molo. – Dijo Ron.

- Como quieras, creo que yo tengo muchas posibilidades con ésta.

Poniendo cara de disgusto continúo Ron,

- ¿Tienes condones?

- ¡Joder, Ron! Siempre te pasa lo mismo, me debes unos cuantos con éste.

- El próximo batido especial te lo regalo si me ayudas,colega.

- Vale. ¡Pero que sea la última vez!

Y con una mueca de alivio, prosiguió Ron,

- ¡Gracias, tío!

A continuación y haciendo gala de una gran habilidad Harry se metió la mano en el bolsillo y le paso a su amigo un preservativo de "por si acaso" que Harry siempre llevaba encima, sin que nadie en el local consiguiera ver aquellos movimientos.

Ron estuvo calentando la oreja a una exuberante rubia y dejó a Harry la morena, bastante mona pero peor dotada que su amiga. La cogió por la cintura y se la llevo a un lugar más apartado bajo la luz de la luna en cuarto creciente y algunas estrellas que se veían en aquel cielo nocturno, donde se empezaron a devorar mutuamente. Ron apretó contra él a la chica y metió su cara entre sus pechos y con un sonoro: Brbrbrbrbrbr agitó su cara contra ellos. La chica bastante cachonda le quito de un fuerte tirón la camisa y de repente y dando un grito de dolor se convirtió en ceniza delante de él.

No, en serio, qué cojones ha pasado está vez, os preguntaréis.

Bueno, la solución está delante de vuestros ojos pero supongo que no habéis encajado todas las piezas de este puzzle. Cualquier otro día con cualquier otro chico nuestra amiga se habría dado un banquete con un chico joven, guapo y musculoso, pero en aquella ocasión le sirvió aquel chico joven y musculoso con aquella pálida piel que necesitaba un factor de protección cien, sin reparar en que la poca luz lunar y estelar reflejada en ella era sobradamente suficiente para fulminar a un vampiro, bueno, a una vampira, como nuestra pechugona amiga.

La moraleja es que lo importante no es el interior, ya que algunos lobos llevan piel de cordero con un factor de protección solar muy alto.