Hola lectoras, ¿Cómo estan?, espero que genial...
Como ven, después de mucho tiempo vuelvo a actualizar I hate you, I love you,
me gustaría excusarme si por no haberlo hecho antes, y es que el colegio me tenía estresadisima
más aun con este año que es el último para mi, y las preocupaciones del próximo año ir a la universidad y blá blá.
Cada vez que intentaba escribir no me salía nada, tengo todo claro en mi mente, pero al momento de expresarlo
simplemente me quedaba en blanco, esto me ha pasado a menudo en los últimos meses.
Bueno, nada más que pedirles disculpas por no haberlo dicho antes, ahora como estoy de vacaciones de invierno
trato de dar lo mejor de mi en los fic que he dejado inconclusos.
Pronto actualizaré también Juego de Amor.
Espero su comprensión & también espero que les guste este cápítulo ya que me costó un poco escribirlo :)
¡Espero sus comentarios! Un beso..
.
.
Capítulo XVIII
.
.
"Hoy me tienes, mañana no."
.
.
Hoy es el día.
No he sabido nada de mis amigos en una semana completa, están furiosos por lo que haré, pero aun así no me retractaré de mi decisión. Necesito una vida.
Y Josh…bueno, Joshua Farro es otro tema. Él no quiere verme por algo obvio y yo decidí hacerle la tarea más fácil.
- ¿Estas nerviosa? – Volvió a preguntarme Adam mientras esperábamos que llegaran los que en poco se convertirían en dueños de todo lo que era mío.
- No lo estoy – Intenté que mi voz sonara un poco indiferente pero sentía que los nervios me mataban.
Caminé unos minutos por mi oficina observando cada rincón hasta dar con la ventana. Miré hacia afuera y en la entrada estaba aparcado un automóvil deportivo rojo.
- ¿Un Ferrari California? – Pregunté extrañada y Adam me miró divertido – Para ser una persona tan importante me imaginaba que iría por lo menos en un McLaren.
- Puede que no sea lo que esperas Priska – Dijo riendo.
Ya estaba en la hora. Nos dirigimos a la sala de juntas y al salir de mi oficina escuché música en la sala de ensayos, me acerqué y vi a Josh con Hayley ensayando The Only Exception pero me obligué a apartar la vista de allí y seguir mi camino.
¿Habría sido distinta mi experiencia con otro que no fuera Josh? ¿Estaría sufriendo así?
Me había preguntado mil veces eso durante la última semana, en realidad eran tan solo preguntas retóricas que no esperaban respuesta y hacían que me cuestionara mucho más si lo amaba realmente o si solo era un capricho. Una persona normal no odia y ama al mismo tiempo. ¿O sí?
Entré a la sala de juntas, estaba Adam, Robert (Mi abogado) y dos personas más.
- Buenas tardes caballeros – Saludé con la sonrisa más cálida que pude.
- ¿Priska Gallardo? – Preguntó el hombre que…no parecía tener más que mi edad. Asentí – Mucho gusto, Soy Connor Blair.
Connor Blair era hombre que compraría mi empresa, pero creí que seguramente sería un hombre más…maduro, y como dije, el no parecía tener más edad que yo.
- Vaya, creí que la persona con la que haría negocios sería alguien más…- Me quedé callada porque quizá se malinterpretaría mi comentario.
- ¿Mayor? ¿Viejo? ¿Anciano? – Completó mi frase riendo. – Suele pasarme.
- Disculpa pero, ¿Qué edad tienes? – Pregunté sin poder evitarlo.
- ¿Qué edad tienes tú?
Me quedé en silencio unos segundos, el tipo me ponía de los nervios porque tenía una mirada muy penetrante que me recordaba a Josh, siendo que físicamente eran muy diferentes, pero no era ninguno más guapo que el otro.
- Veintitrés – Respondí al verme un tanto acorralada por las miradas.
- Tengo Veinticuatro – Sonrió sin quitar su vista de mi – Desde hace un año me hago cargo de las empresas de mi padre, él se retiró de esto de los negocios.
- Yo desde los dieciocho. Pero creo que no estamos aquí para hablar de nuestras vidas ¿cierto? – Creo que fui un poco cortante pero es que su mirada insistente me desesperaba.
- Si, mis disculpas – Le lanzó una mirada al hombre que estaba a su lado y éste me tendió unos documentos. – Es para el traspaso de bienes…primero quiero que con tiempo lo leas con tu abogado, luego haremos lo correspondiente.
- Bien, no tengo problema alguno – Dije hojeando el documento.
- Me gustaría hablar contigo – Dijo de pronto Connor, levante la mirada – En privado si fuera posible.
Asentí y Adam con el abogado salieron del lugar. Connor y yo nos quedamos viendo por unos segundos, y me di cuenta que era un poco extraño.
- Oh dios, necesitaba deshacerme de ese tipo – Dijo desatando un poco el nudo de su corbata y sonriendo. – No me deja solo ni un segundo, me tiene enfermo.
Lo miré extrañada y creo que le pareció divertida mi expresión. No entendía de qué iba todo.
- Sabes…mi padre ha estado obsesionado con comprar esta empresa durante años – Comenzó a decir y podría haber jurado que sus ojos se oscurecieron – Yo no estaba seguro de hacerlo, tu padre jamás quiso dejarla en sus manos y cuando supo que tu serías la nueva dueña…bueno, le interesó más.
- No entiendo a lo que quieres llegar. – Dije secamente.
- Verás, tu haz hecho crecer el sello, haz creado nuevos talentos extraordinarios que ahora son conocidos mundialmente. Cuando firmes el contrato de venta todo eso será mío, pero ¿seré capaz de llegarte siquiera a los talones? Yo creo que no, no entiendo de este tipo de cosas, y tu…bueno tu haz tenido algunos años en esto.
- ¿Podrías ir al punto? – Reí como para disimular mi nerviosismo.
- Quiero pedirte que por favor trabajes conmigo.
- ¿De qué vas Connor?, es decir, por algo quiero vender el sello, quiero deshacerme lo antes posible de esta vida.
- ¿Hay alguna posibilidad de que cambies de opinión?
- Lo siento, pero no.
- Pero… ¿Qué te parece que lo hablemos mejor con un trago? – Preguntó con una sonrisa coqueta.
- ¿Estas invitándome a salir? – Me reí nerviosa y un poco sorprendida.
Connor era guapo, como el prototipo de empresario joven, ojos vivaces, expresión de intelectual y por sobre todo, seguridad en sí mismo.
- ¿Invitas a todas tus socias a un trago?
- ¿Insinúas que soy gay? Porque todos son hombres. Es raro encontrar a una mujer en este tipo de trabajo y más aún que sea tan guapa.
Estaba a punto de darle mi respuesta cuando vimos que la puerta se abrió de golpe y por ella entró Hayley con cara de preocupación.
- Priska hay problemas. – Dijo y enseguida pensé en Josh.
- Por favor dime que no es Josh – Mi amiga me miró con cara de disculpa y me dispuse a salir, detrás de mí venía Connor.
Estúpido Josh. ¡Estúpido, estúpido, estúpido! ¿Por qué insistía en arruinar todo siempre? Y qué vergüenza por Connor, el menos que nadie debía ser testigo de esto.
Mientras me acercaba a la sala de ensayos más ruido y voces se escuchaban. Josh y Jeremy, llegué allí y fui testigo de cómo golpes iban y venían entre los dos. Me quedé de piedra al verlos golpearse de tal modo, trataban de separarlos pero no entendían con nada. Me sentí decepcionada de Jeremy, no tanto de Josh porque estaba acostumbrada a sus arranques idiotas pero Jeremy…Yo seguía allí de pie, y sentí algunas lágrimas que comenzaron a salir de mis ojos, podría sentirme decepcionada o todo lo que quisiera pero por dentro sabía que todo esto era mi culpa.
Connor, que era un poco más alto que Josh tomó a éste por los brazos y Adam por otro lado apartó a Jeremy, una sarta de cosas salía de sus bocas. Y lamentablemente todas relacionadas conmigo. Hayley estaba a mi lado aterrorizada, y con justa razón, eran sus amigos los que trataban de matarse el uno al otro.
- No creo que sea adecuado insultarse de esa forma frente a dos señoritas – Dijo Connor logrando que se hiciera un silencio sepulcral, y que ellos se percataran de nuestra presencia.
- Quédense todos donde están – Intervine saliendo del salón hacia donde me encontraba hace unos minutos, tomé el contrato y mi bolígrafo para volver donde estaban todos. – Esto…es suficiente.
Me acerqué al mesón más cercano donde pudiera afirmar el papel.
- No hagas algo de lo que puedas arrepentirte luego – Dijo Josh a mi espalda.
Sin pensarlo dos veces firmé y luego me dirigí frente a Josh bajo la estricta mirada de todos.
- Esto – Le dije levantando el documento a la altura de sus ojos – es lo que lograste con tus niñerías, enserio creí que yo fui la mala en todo esto Josh, tú me hiciste sentir una persona egoísta, incapaz de amar…pero con nada vas a poder cambiar el hecho de que te quiero fuera de mi vida, te odio Josh Farro. Tú y únicamente tú arruinaste mi vida.
Narra Josh.
Fernando Pessoa afirmó algo muy cierto acerca del amor.
'Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos.'
¿Qué más exacto? Quizá solo amé la imagen que me hice de ella. Ahora todo es incierto, estoy inseguro, abrumado y desesperado. ¿Qué yo le arruiné la vida? ¿Y de la mía que hay? Digamos que no fue de lo más perfecta sabiéndome un arrastrado pisándole los talones y haciendo lo imposible porque me quisiera como yo a ella. Entonces, ¿Qué vida se arruinó?
Estaba ensayando con Hayley la canción The only exception que iría en el nuevo disco cuando llegó Jeremy.
- ¿Sabes que es lo que está haciendo Priska en estos momentos? – Preguntó al llegar, se puso frente a mí con prepotencia.
- No – dije.
- Está a punto de tirar todo a la basura.
- No lo hará Jeremy, ni siquiera sabe lo que quiere. – Sabía dentro de mí que eso no podía ser cierto.
- ¡Eres un imbécil Josh! – Dijo levantando la voz – Deja de subestimarla y de tratarla como una niña por qué no lo es.
- No lo hago y no me hables así porque no te he hecho nada – Traté de calmarme, Jeremy siempre me sacaba de mis casillas.
- Quizá a mí no, pero a Priska si – Ya estaba a punto de golpearlo, enserio – Le arruinaste la vida Josh ¿Qué acaso no lo ves? ¿Tanto es tu ego como para no percatarte de nadie más que tú?
Lo siguiente, no lo pude evitar. Lo golpeé, y ahí comenzó todo.
Hay algo que no entiendo, ¿Por qué es ella siempre la que queda de víctima en todo?
Después de todo lo que pasó con nosotros me di cuenta que nuestra 'no relación' no ha sido de lo más sana…y lo peor de todo fue que no me percaté antes, pero bueno, de todas formas no hubiera cambiado mucho mi manera de ver las cosas. La amaba, tan sencillo suena pero en el fondo tan complejo sentimiento que te hace perder la cabeza por alguien que como en mi caso, no valora lo que realmente es importante.
Dicen que las personas se enamoran alrededor de siete veces, solo espero que para mí, ésta sea la primera y la última.
El contrato estaba firmado, es decir, ya no había más que hacer, al parecer Priska estaba realmente decidida a terminar con la vida que estaba llevando hasta el momento.
Vi su mirada de odio cuando sostenía el papel delante de mis ojos y los suyos se fueron humedeciendo lentamente, yo sabía que ella no me odiaba completamente, no tenía razones para hacerlo, es más, la línea 'Tú y únicamente tú arruinaste mi vida' me pertenecía.
Nadie dijo nada y Jeremy la tomó levemente de un brazo para que se calmara, pero ella lo quitó.
- Adam – Dijo – Prepara mis cosas de inmediato, no quiero estar un minuto más en este lugar.
Salió de la sala de ensayo y Hayley aun no reaccionaba. Miré a Priska dirigirse al ascensor y algo inexplicable me empujaba a seguirla, no quería hacerlo, de verdad no lo quería pero como siempre, salí en su búsqueda. Alcancé a entrar al ascensor cuando este se cerró, dejándonos a los dos solos dentro.
- Escúchame Priska – Dije decidido – Créeme que no sé qué carajo hago aquí, no sé por qué te seguí y no sé por qué mierda es que aún te amo después de todo lo que me has hecho pasar, solo sé eso: te amo.
Ella permaneció callada con la vista desviada hacia otro lado.
- Por lo menos di algo. – Nada salió de su boca. – Bien. ¿Así que aquí termina todo?
- Me voy a Viena en una semana – La escuché decir de pronto – Todo se terminó.
El ascensor se abrió y me quedé parado como un tarado sin querer entender lo que escuché, se iba. ¿Escapaba, como siempre lo hacía?
No volteó y yo solo me quedé allí de pie viéndola marcharse. Sentí como algo dentro de mí se quebró, mil pensamientos se agolpaban a la vez en mi mente y no me dejaban reaccionar. Su silueta de pronto desapareció de mi vista y pude escuchar dos voces en mi mente, una diciendo: Ve por ella, y otra que decía: Supéralo y olvídala.
No hubo ni una lágrima esta vez, pero por dentro me desbordaba. Sabía que no conseguiría nada más de ella, por alguna razón lo tenía muy claro, entonces si ella se iba por lo menos yo debía obligarme a rehacer mi vida.
