Capítulo 6: ¿Tranquilidad en los bosques? Mentira.
Saria, Ruto, Malton, Coocker, Corvy, Vestro, Gracielle, y Gruyo entraron al templo. La anciana estaba limpiando unos jarrones que había en una estancia apartada de la principal. Los ocho alumnos aprovecharon para cruzar el templo y atravesar la puerta trasera.
-¡Vamos vamos, pasad! -guiaba Coocker.
Cuando llegaron fuera se encontraban en unos jardines con sacraliposas y demás insectos con mucha vegetación.
-¡Que bonito! -exclamó Gracielle con la seguridad de que la anciana ya no los podía escuchar.
-Eemh… sí. ¿Seguimos? -se escuchó por parte de Corvy.
Bajaron por unas enredaderas que había en la pared y llegaron al arco que conectaba con el Bosque de Farone. Siguieron su camino entrando por el bosque.
-¡¿Cómo?! ¡¿Qué los alumnos han atravesado el mar de nubes?! -se alborotó un gorón llamado Darunia, un profesor de la Academia.
Mientras tanto, arriba, en Altárea, los profesores estaban que no se lo creían. Lo que vió Buhel no era ninguna visión.
-En los libros pone que bajo el mar de nubes no hay nada.
-¿Y qué haremos? -se preocupaba Nabooru, la profesora de Arte Gerudo.
-Coocker es el único alumno que no vive en la academia. ¿¡Qué le vamos a decir a su madre!? -decía desesperado Rauru.
-Yo no miento, los vi como iban hacia una torre de luz que apareció esta mañana.
-¿Torre de luz? -se extrañó Nabooru
-¿No la habéis visto?
-Buhel, tu eres el profesor de botánica. Eres el único que trabaja más fuera de la academia que dentro. Nosotros hemos estado metidos aquí todo el día corrigiendo los exámenes de avaluación. -dijo Asteus, el que les enseñaba biología a los chavales.
-Cierto... -asintió Buhel.
-Pues vamos fuera y lo comprobamos. -propuso la gerudo.
Entró Gaépora.
-No hace falta. Zelda me ha dejado una nota. Os la leo: Papá, soy Zelda. Te dejo esta carta para decirte adiós, y tal vez adiós para siempre. Sólo decirte que te quiero mucho y que no olvidaré mis años contigo. Gracias por cuidarme.
-Tenemos que hacer algo enseguida. -se alarmó Asteus al escuchar al director.
Salieron fuera y vieron que la torre de luz no estaba. Todos miraron a Buhel.
-¡P-pero si estaba allí!
-A pesar de que no está "eso" me siguen preocupando los chicos. -decía Nabooru
Impa, Link, Zelda, Midna y Fay llegaron al Bosque de Farone. Impa sacó un pergamino con el mapa de la zona dibujado.
-Este es el mapa del lugar. Debemos cruzar por aquí para llegar hasta la primera piedra. -indicaba Impa con el dedo mientras los dos hylians miraban.- Link, puedes observar la palabra "tirachinas", ¿no es así? Pues tenemos que ir hasta allí para cogerlo. Formará parte de tu equipo de combate.
-¿Y un tirachinas me ayudará mucho?
-Depende de ti. Ahora nos encontramos aquí. -volvió a señalar en el mapa.
Midna, de mientras, observaba el entorno.
-No me gusta este sitio.
-Calculo un 90% de posibilidades de que nos estaremos un largo periodo de tiempo en este lugar. -pronunció Fay
-Pues mal vamos ¬¬ -se quejó Midna.
Grahim los observaba con una sonrisa malvada, desde la copa de un árbol.
-Después de haberles tapado el agujero que conectaba con el cielo, los tengo atrapados en el bosque. No puedo matarlos de golpe, ya que los siervos del mal tenemos que cuidar nuestras formas. Me quiero divertir un poco con ellos. El que sí que tendría que morir sería ese niñato de verde. Bueno... voy a confundirles un poquito con esta nota... Me voy a reír un rato largo.
Los cinco siguieron hacia el tirachinas. Grahim se teletransportó haciendo un chasquido con los dedos, mientras que en la otra mano tenía una carta.
-Venga, Rauru y Asteus iréis por el este. Buhel y Darunia por el sur y Nabooru y servidor por el norte. El oeste tiene el cúmulo aparecido hace poco, así que por ahí no pueden ir ya que es inaccesible. -indicó Gaépora. Querían montar un plan de busqueda de los chicos.
-¡Entendido! -contestaron los profesores.
Los profesores se montaron en un pelícaro por grupo y se fueron hacia su latitud correspondiente.
-¡Que guapada de sitio! -se sorprendió Vestro.
-Me gusta mucho a mí también ^^. -opinó Corvy.
-A mí no. -aportó Malton
-Ah, ¡a nosotros tampoco jefe! -contestaron los dos a la vez.
De repente se escuchó un sonido de cuerno, lo que indicaba que venían los Bokoblins. Los Bokoblins eran una mezcla de cerdo, toro, cavernícola y bulldog. Eran rojos y se desplazaban a dos patas, con la mandibula inferior hacia afuera y una mala leche que no se la aguantaban. En esa ocasión eran cuarenta y dos monstruos, con sus hachas y sus porras.
-¡¿Qué son?! -gritaba Saria.
Los demás no podían ni responder. No les salía la voz. Un Bokoblin fue a por Ruto directamente y, asestandole un golpe en la cabeza, se la llevó. Saria y Gracielle les tiraban objetos que llevaban encima aunque resultó inutil. Finalmente, sin nada que hacer con esos bicharracos, cayeron todos y fueron transportados a... ¿quien sabe?
