Capítulo 15: Mitad guantes, mitad amor.
-Vamos a llamar a Narisha, pues… Bueno, voy a llamarle yo, que vosotros no haréis nada. De mientras podéis jugar o correr por aquí sin tocar el pilar.
Impa se puso a meditar. Los chicos jugaban con sus poderes por allí, intentando controlarlos. Pasados veinte minutos apareció Narisha, el Gran Espíritu de los Cielos, travesando las nubes. Narisha era como una gran ballena con agujeros por los laterales más grande que El Durmiente. Poseía una barba blanca acompañada de unos bigotes que ondeaban con el viento. Era de color gris, excepto por una coraza que le protegía la cabeza de color carne, como si fuera un caparazón. Esta vez, pero, tenía sus grandes ojos de color rojo y de los agujeros le salían tentáculos acabados en ojos.
-¿Qué le pasa?
Narisha dejó de volar y cayó a la Tierra del Presidio. Por poco aplasta a los jóvenes.
-A…ayu…ayudadme… Por…favor…
Los chicos, Impa, Fay, Navi y Midna fueron a mirar. Navi entró en el agujero de la frente de Narisha, que se situaba en la coraza. Se estuvo un rato dentro. Poco después se dejó escuchar un grito por parte del hada.
-¡Aaaaah!
Navi salió rápidamente y tras ella salió un parásito rosado y raro. Probablemente era lo que le causaba la enfermedad a Narisha. Era como una serpiente cíclope con grandes mandíbulas.
-F-Fay, d-dime qué es esto. -dijo Link atemorizado.
-Aléginor o POG, Parásito Ocular Gigante, es un jefe que residía en el interior de Narisha, un dragón muy sabio. Este monstruo es capaz de controlar la mente de su posesor. No dispongo de más datos sobre este ser.
-Joder, que estoy cansada ya… -se quejó Gracielle.
Aléginor disparó una bola de moco fosforito a Link por la boca y él se la devolvió de un espadazo, dejándolo aturdido. Link aprovechó el momento para subir encima de Narisha y acabarlo de rematar. Le empezó a cortar las membranas de los lados y después le destrozó el ojo. Aléginor se pudrió al instante y explotó, dejando así libre a Narisha.
-G-gracias… Muchísimas gracias chaval… -dijo Narisha, a lo que Link le respondió con un simple movimiento de cabeza.
Narisha pudo observar la marca de su mano.
-Supongo que me debéis conocer. Soy Narisha, el Gran Espíritu de los Cielos. Tenéis que acabar con Grahim, él me puso a Aléginor dentro. Lo lleva críando desde que el monstruo era un huevo. Aléginor es uno de los muchos planes de Grahim para dominar tanto el cielo como la tierra.
-Nos encontramos con una nota suya, diciéndonos que él solo acabó con su jefe. Es el supremo líder del Inframundo. -le informó Impa.
-Así es... Debéis acabar con él.
-Eso haremos… -dijo Link.
-Me habías llamado, ¿verdad Impa?
-Necesitamos volver a Altárea, Grahim nos tapó el agujero y no podíamos volver.
-Subid, subid… ¡Agarraos fuerte eh!
Todos se montaron encima de Narisha.
-A Altárea, ¿no?
-No, no hace falta… Tú traspasa el mar de nubes que ya llegaremos nosotros a Altárea. -le indicó Impa.
-Entendido.
Narisha alzó el vuelo. ¡Los chicos no se lo creían! ¡Estaban montados en Narisha! Como el Gran Espíritu de los Cielos hacía unos 150 metros de largo, cabían de sobras. Mientras se dirigían hacia allí, hablaban del paripé que tenían que montar.
-Recordad, nada de poderes en Altárea, que se nos cae el pelo. Navi, Fay y Midna… Navi, tu te esconderás donde sea cuando alguien venga. Fay, tú en la Espada Maestra. Midna, tú…
-En la sombra de cualquiera me basta. -acabó Midna.
-¿Te puedes filtrar en la sombra de la gente? -se sorprendió Vestro.
-Mientras haya sombra, sí.
Llegaron a Celéstea y se tiraron, llamando cada uno a su pelícaro. Rato después los profesores llegaron a Altárea tras su visita al cúmulo de nubes para buscar a los chicos.
-¡Joder, en el cúmulo tampoco estaban! -decía Darunia.
-A seguir buscando… -dijo Buhel, ya cansado.
-¿Pero por dónde? -preguntó desesperado Gaépora.
-P-papá…
El director se giró y vio a su hija a lo lejos. Corrió a abrazarla.
-Papá, no me toques… por favor… -dijo Zelda.
-Pero hija…
Gaépora también vio a los demás venir. Iban con Impa, a la cual no conocía.
-¿Es usted quien cogió a nuestros alumnos? -dijo cuando estaban ya cerca.
-No, os cuento lo que ha pasado.
-Te escuchamos -dijo Nabooru seria, que se había situado al lado de Gaépora.
-Yo y mi pueblo vivimos en otra tierra, también flotante, muy muy muy lejos de aquí… Tus alumnos se fueron de excursión voluntariamente y llegaron a Halcandra, mi aldea. Pasaron el día allí y después se hizo tarde y el cielo ya era negro. Tenían miedo de volver solos, ya que vosotros tenéis prohibido volar de noche, así que yo les di cena y cama. Hoy se han levantado muy tarde porque estarían cansados del día anterior. Les he acompañado para hablar con ustedes y que no hubieran malentendidos.
-¿Y lo de la carta de mi hija?
-F-fui yo… -salió Ruto- es que hago tan mala letra que quería hacerla como Zelda. Hice una carta para saber si mi letra había mejorado.
-Entendido. ¿Pues así que usted cuidó de los niños?
-Exacto. -contestó Impa.
-Pues gracias. Nosotros no sabíamos que había otro pueblo en el cielo. Ya iremos a visitarlo. -propuso Nabooru.
-Eemh, m-mejor no, que mi pueblo es muy… muy estricto con las visitas y los guardianes podrían atacaros -dijo la sheikah improvisando.
-Ah…
En ese momento intervinieron los jóvenes.
-Tenemos hambre… -mencionó Saria en nombre de todos.
-Id al comedor y decidle a Zenona que os prepare algo. -ordenó el director.
Todos excepto Coocker entraron en la academia de caballeros y se fueron al comedor. Coocker tenía que ir a su casa a ver a su madre, que estaría preocupada, ya que todos los demás dormían y vivían en la academia. Una vez allí, Link buscaba a Zelda. Al no encontrarla se sentó en la mesa donde estaba Saria.
-Eemh, Saria.
-Dime
-¿Has visto a Zel?
-No…
Link curvó la espalda para apoyar la cabeza en la mesa y dejó reposar las manos encima de la cabeza. Parecía una cabaña. Saria se filtró en su mente y escuchó.
-¿Dónde puede estar? Espero que no le haya pasado nada malo. Si le pasara algo no me lo permitiría… A lo mejor me estoy preocupando demasiado, pero no lo puedo evitar... Link, ¿qué le debe haber pasado si hace nada que la has visto? Me estoy volviendo loco...
Zelda estaba en su habitación, la cuál estaba igual como la dejó. Empezó a abrir sus armarios y empezó a revolver las cosas suyas y las de Saria, ya que dormían en la misma habitación. Al fin los encontró. Dos guantes rojos con pequeños lunares blancos, una zeta negra bordada en la muñeca, bien finos y cómodos. Los empezó a observar.
-Con estos guantes… Con estos guantes no tendré miedo de tocar a la gente...
Sin pensarlo más, se los puso y salió del cuarto.
-Link, Zelda está bien. Ahora viene. -indicó Saria
-¿Y tu qué sabes? -subió la mirada Link.
-Oigo sus pensamientos cerca -dijo vigilando que Zenona, la cocinera, no la escuchara.
En ese momento entró Zelda en el comedor.
-¡Hombre, al fin apareces! Link estaba nervioso por si te había pasado algo -soltó la peliverde mientras miraba a Link.
Link se puso colorado. Zelda le enseñó los guantes a Link.
-Link, ¿te acuerdas de estos guantes?
Link los estuvo mirando un rato…
-¿No te acuerdas? ¡Los del "amigo invisible" de hace tres años!
-¡Ah, sí!
-Me los regalaste tú… Me encantaron…
-Anda que no me costó trabajo hacerlos… Largas noches sin dormir…
-Por eso ese trimestre te dormías en clase, ¿verdad?
-Sí…
-Aprobaste el curso de milagro y te ganaste bronca de todos los profesores… ¿Todo por mis guantes?
-Sí… Quería hacerte un regalo que te gustara, y como era invierno, pues te regalé un par de guantes… Aunque estos no calientan mucho… Son muy finos.
-Sí que calentaban, porque estaba todo tu esfuerzo dentro…
-Veo que ahora te harán falta…
-Sí… -dijo poniendo sus manos encima de las del chico. Gracias a esos guantes no dañaba a Link.
Link se volvió a poner rojo, pero Zelda no se daba cuenta. En ese momento volvió Saria, que se había ido a buscar comida mientras Zelda y Link conversaban.
