Meimi llegó a la vieja sala de conciertos. Esta noche se presentaría un importante musical de Broadway. El viejo musical Strike Up the Band se presentaría en la ciudad. Era una buena oportunidad para distraerse de la conversación desgarradora que había tenido con Seira y de una vez, darse una oportunidad única de ver uno de sus musicales preferidos. Cuando era pequeña, su padre, siendo mago se presentaba en recintos similares, por lo tanto, le era familiar la comedia musical, y la música clásica, las cuales disfrutaba de escuchar con mucha pasión. La chica tomo asiento. Tras una breve pausa y oscuridad, la función comenzó. Meimi estaba extasiada, había querido ver siempre este musical en vivo, sin embargo solo había logrado presenciarlo a través de adaptaciones de cine o filmaciones de la obra teatral. De pronto, en la obra apareció un joven de ojos castaños que gesticulaba alegremente. Y la chica recordó…

Las galerías de arte, los conciertos de música culta y los museos no le eran ajenos a Meimi, por principio desde sus días como Saint Tail, hasta aquellas tardes interminables, que, al salir del trabajo, habiendo concluido sus quehaceres domésticos y sin Asuka rondando por la casa, decidió ir a dar una vuelta por la oferta de eventos artísticos de ciudad Seika. Cultivando su sensibilidad y refinado gusto, Meimi había presenciado extraordinarios conciertos sinfónicos, visto desafiantes pinturas, admirado esculturas que la dejaban sin aliento…Pero nada como el joven guitarrista de ojos castaños.

Sucedió que, un día, la joven atendió un recital de cámara en tres tiempos. En primer lugar actuaría una soprano acompañada de un pianista, en segundo lugar un guitarrista y en tercero un cuarteto de cuerdas. La soprano demostró su gran capacidad vocal, dejando sordos a todos, pero fascinados con la dulzura y dramatismo de su voz, el cuarteto de cuerdas probo que no se necesita de una orquesta entera para crear música majestuosa, y finalmente el guitarrista. Ella había visto a muchos músicos durante los espectáculos de magia con su padre, pero ninguno como él. Al subir al escenario, Meimi no le prestó mucha atención. Desde lejos, su silueta distraída, ausente, erguida, humilde y delgada no lo hacía destacar demasiado frente a otros cantantes o directores de orquesta. Parecía un sujeto mediocre cualquiera, un pobre oficinista mal pagado que por error había caminado al escenario sin embargo, al tomar su guitarra e interpretar, se convertía en un huracán. Cuando Meimi vio por primera vez la enorme pasión, entrega, concentración y emoción que el hombre le ponía a su guitarra, quedo enganchada. Y no podía sacárselo de la cabeza. El mes siguiente, para su suerte el hombre estaría dando de nuevo un concierto, pero esta vez, habría algo diferente, por ser una función de caridad, los músicos darían una charla y convivirían con sus seguidores. Meimi no perdió su oportunidad, y de nuevo, tras un fabuloso concierto en que el guitarrista recibió una ovación de pie, se encontraba en un pequeño salón adornado con columnas griegas y plantas trepadoras. Mientras degustaba una copa de vino francés, lo vio por primera vez.

Las apariencias engañan, y la vista también cuando se ve de lejos. El músico era de estatura mediana, cabello castaño claro, ojos castaños y piel blanca. Delgado, usando un fino traje negro de rayas con un gazné al cuello a juego, era bastante atractivo de cerca, aunque la timidez y la sensación de ausencia eran más evidentes que nunca. El joven fue recibido con palabras amables y felicitaciones de los invitados, sin embargo, parecía dar las gracias de forma muy ausente y descuidada, de pronto, se oyó un golpe.

-¡Ay!-

Meimi se acerco para mirar mejor. El guitarrista se había tropezado con una de las columnas. Se levanto con mucha torpeza mientras una joven mujer a su lado lo miraba con sorna. Un hombre al fondo se rió discretamente. Meimi se acerco más. Pudo ver sus ojos de nuevo. Detrás de esa mirada ausente y poco expresiva, había una sensación de melancolía. O tal vez fue solo imaginación de Meimi, dado su estado de ánimo actual.

-Maestro, no sabe como lo siento, esas malditas y vulgares columnas, el director de la orquesta de la casa insiste en ponerlas- argüía el organizador del evento disculpándose.

-No pasa nada- le respondió taxativamente el hombre. Su voz era grave y varonil. De no haber sido guitarrista, quizás habría sido un barítono, quizás un bajo. Una voz llena de autoridad y fuerza. Mucho más elegante y refinada que la de Asuka, pensó Meimi. Un segundo después, se preguntó por qué había pensado eso.

El músico se sentó al lado de Meimi, completamente absorto en sus pensamientos, sin prestarle atención a la pelirroja que lo miraba con curiosidad. La chica lo contempló con interés. Se dio cuenta, que era quizás de su misma edad. Un sujeto destacado en su campo laboral a una edad temprana, justo como Asuka y ella…El pensamiento de su marido solo lograba ponerla de mal humor, así que, para distraerse, se fue a la mesa de canapés a tomar un bocadillo. Cuando Meimi volvió a su lugar, el chico ya no estaba.

El dignatario se excusó con Meimi: -¿Buscaba al maestro, señorita? El es así…-le habló sonriendo- Es un poco extraño, pero todos lo apreciamos. No sólo es talentoso, siempre es muy amable y respetuoso con todos nosotros a pesar de que parece que no le importa nada y va a su bola. Al director de orquesta lo ayudó mucho cuando se rompió una pierna al salir de un concierto. ¡Un caballero! –

Meimi rió por cortesía. Un segundo después, el guitarrista había vuelto: - ¡Ah, Leroy!- exclamó entusiasmado el organizador- Esta encantadora señorita adora tu música. Ven para que la conozcas-

A pesar de su torpeza, el hombre trató de poner su mejor pose. Saludó brevemente a la linda pelirroja, quien a pesar de ser besada en la mejilla por el músico, no noto nada extraño o desagradable en él.

-Yo soy Meimi Haneoka. Encantada de conocerlo, maestro-

-Muchas gracias, es bueno saber que a alguien le agrada mi música- dijo el hombre robóticamente. No miraba a Meimi. Miraba hacia la ventana, como si buscara alguna mariposa o ave revoloteando al otro lado. Sin embargo, sus ojos se cruzaron por un segundo con los de Meimi. Esta vez no era su imaginación. Había melancolía profunda en los ojos del joven músico.

-Los dejaré solos- habló el dignatario, y se retiró de inmediato. Leroy rompió el silencio incómodo:

-Es extraño que alguien me llame maestro.- croó su voz seria y seca - Me ha tomado años aprender a tocar y aun no soy lo suficientemente bueno, o eso creo yo- espetó como si declamara un discurso, sin mirar a su interlocutora a los ojos.

-¿Por qué lo crees? Yo creo que…eres increíble. Yo nunca pude tocar un instrumento. Soy muy torpe para eso, aunque se me da bien el baile-

-Soy muy malo para bailar- musitó con retraimiento Leroy.

Meimi soltó una risa bulliciosa. El hombre le caía bien a pesar de su trato social extraño.

-Yo creo que si te esfuerzas lo suficiente, puedes lograr lo que desees- replicó la diligente Meimi- Aprendí a hacer algunas….cosas que me enseño mi padre, y no descansé hasta dominarlas- Un viejo reflejo se activo en la chica. Estaba acostumbrada a ocultar su antigua identidad de ladrona.

-Es un pensamiento a veces truculento.- continuó el músico- Yo no podría decirle eso a un ciego. Como va a lograr ver si sus ojos no funcionan? Va a obligar a su cerebro a hacerlo?- Meimi se quedo embarazada. Era verdad lo que decía el joven. Tragó saliva y trató de cambiar el tema…

-Eh, cuanto llevas tocando música?-

-Doce años. Empecé siendo un chico-.

Y tienes?

24 para ser exactos.

La misma edad que Meimi y Asuka. Y sin embargo, en sus gestos, se veía una sensación de adultez, severidad y seriedad que Asuka no había logrado aún. Como un alma envejecida. Un anciano harto de la vida en el cuerpo de un joven. Meimi y Leroy continuaron hablando de música, discutiendo sus compositores y piezas favoritas. Al final, la convivencia terminó. Al salir, el músico se despidió escuetamente del resto de personas en la sala. Justo antes de tomar su taxi, Leroy atisbó a Meimi.

-Gracias por la conversación, Meimi Haneoka- el gesto serio era más pronunciado que nunca.

-De nada, fue un placer- dijo Meimi alejándose para tomar el autobús., con una sonrisa de timidez.

"Qué sujeto tan peculiar" -rumiaba la chica. "Pero es simpático y agradable. Ese porte serio… me gustaría que Daiki dejara de actuar como un niño y fuera un adulto, como Leroy McAllister. El es como es, ama lo que hace y sigue sus instintos, pero aun así es educado y respetuoso. Sus ojos son preciosos"…Meimi cortó de golpe su monólogo interno. Sentía el ardor en la cara. No podía ser… ¿ella y ese sujeto tan bizarro? ¿Ese tipo que era más bien una especie de científico loco de la música? ¿Aquel que era capaz de tocar la pieza más complicada y a la vez más emocional, pero que era como un muñeco de palo al bajar el escenario? "Me gusta su música, no él…" Todo esto debía ser un error, aseguró para sí misma, al bajar el camión.