Meimi despertó. Bostezó, se vistió, se puso su maquillaje, y tras beber una taza d ecafe y toam runa manzana salió con rumbo a su trabajo. Este iba a ser un día muy diferente de todos.
El trabajo pasó sin grandes sorpresas, y la verdad es que Meimi estaba deseando faltar. No tenía muchas ganas de continuar con un día pesado, rutinario y gris. Pero eso iba a cambiar. Tenía una cita, aunque una cita de amistad, nada seria ni demasiado comprometida. Si, era con Leroy. Recordó como volvieron a verse varias veces después de su inusual primer encuentro, casi siempre en los camerinos de los recintos donde el músico se presentaba. Una suerte de amistad extraña estaba comenzando. Meimi escuchaba las nuevas piezas del músico, aún no grabadas, y éste le pedía su opinión. Un día sin embargo, fue distinto.
Una mujer de edad mayor estaba en la puerta del camerino de McAllister, gritando improperios y golpeando con sus manos arrugadas la madera.
-¡Eres un malagradecido! ¡Eres igual que tu padre, un vago sin oficio ni beneficio, no vas a vivir siempre de la música! ¡Te has olvidado de tu madre!-
Meimi se acerco a la mujer
-Señora, que sucede, ¿se encuentra bien?-
-Ah, sí, solo que tengo a un hijo ingrato- Lee, sal de inmediato!-
Leroy McAllister salió. Se veía ojeroso y cansado.
-Mama, ya te dije que no voy a dejar la música- Es lo que amo y que me hace feliz- respondió entre dientes el músico. Tenía la mirada sepultada en el piso.
Meimi lo miró. La melancolía en sus ojos era más notoria que nunca.
-Señora, necesita calmarse. No creo que sea buena idea discutir aquí. Será mejor que se retire y después acuerde solucionar sus problemas con Leroy en privado -
-¿Y tu quién eres? Ah, ¡seguro una zorra que quiere atrapar a Lee!- gritó la anciana. Meimi se enfadó, y de inmediato tomo a la señora del brazo, quien no dejaba de gritar y protestar, conduciéndola hasta la salida del reciento. Allí, le pidió a uno de los guardias que le prohibieran de nuevo la entrada. La mujer se quedo berrando insultos contra los vigilantes, hasta que se retiró.
Meimi fue de vuelta al camerino de Leroy. Tocó la puerta pero no obtuvo respuesta. Al final, decidió hablar:
-Ya se fue tu madre. Todo está bien, Lee. Siento mucho lo que pasó… si gustas que te deje solo, vendré después. - expuso Meimi apenada.
-Soy yo quien se tiene que disculpar. Pasa Meimi- dijo el músico abriendo la puerta.
Ahí estaba el joven McAllistair, sentado en la mesa de maquillaje mirando absorto su propio reflejo. No de una forma vanidosa, sino ausente. Deseando perderse en la profundidad del espejo.
-¿Qué ocurre, por qué tu madre estaba tan alterada?-
-Es una larga historia, pero no tienes por qué saberla- cortó Lee dándose la vuelta hacia la chica
-Bien, si gustas ya me voy, solo quería ver si estabas bien…- señaló Meimi.
-No. Quédate un poco, por favor- Me agrada que vengas a visitarme-
Meimi sonrió un poco. Se sentó en la cama del camerino.
- Y bien, tienes alguna pieza nueva para hoy?-
- Estaba componiendo cuando llego mi madre. Perdí el hilo de mi composición.
- Tu madre fue muy grosera al hacer ese escándalo…y sabiendo que eres un músico respetado, no tiene por qué ventilar los temas privados entre tú y ella…lo siento mucho. No volverá a entrar, le pedí al guardia que le prohibiese hacerlo.
- Gracias Meimi, pero no creo que fuera necesario.
¿Por qué no? Yo sólo veo que ella no entiende que no eres ya un niño, sino que has crecido y tienes tu propia vida, ¿por que le molesta eso?
- A mi madre no le gusta la música. Nunca le ha parecido que yo sea músico, como pudiste oír. Pero quizás tiene sus razone sy lo respeto
- Lee, ¡por Dios! -exclamó Meimi perdiendo la paciencia- ¡Deja de vivir para otros! ¡Si algo me impresiona de ti es que haces lo quieres, eres libre, independiente y amas lo que haces, pero eso no te convierte en una mala persona! ¡Olvida lo que diga tu madre!-
- McAllister se volteó. Bajó la mirada, con un gesto de profundo abatimiento.
- Tienes razón, Yo…fui un tonto.-
- No pasa nada.- le murmuró Meimi- Me muero de ganas por escuchar tu nueva composición.
Se quedaron en silencio mientras Lee hacía sonar distraídamente su guitarra, tocando lo que había ideado hasta la llegada de su madre. Súbitamente dejó de tocar y susurró:
- Vienes muy seguido por aquí, ¿a que se debe?-
- Nada, nada, es solo que…siempre que te veo tocar, quedo extasiada. Me resulta increíble la pasión que tienes al tocar- masculló Meimi.
Por primera vez, los ojos de Lee quedaron mas fijos de lo normal en los de Meimi, ocasionado que se pusiese nerviosa.
-Ya debo irme, mi marido llegará y tengo que preparar la cena-
-Está bien. Solo quiero pedirte un favor. ¿Podemos salir algún día? Sólo como amigos, nada serio…tu sabes,. No sabía que eras casada.- farfulló Leroy, enrojeciendo y clavando la mirada al suelo.
-Por supuesto que podemos salir como amigos, bobito- le respondió cariñosamente Meimi. Me encantaría conocerte mas y saber de donde sacas inspiración para esa música tan hermosa que haces!-
-Gracias por venir, Meimi.-
-De nada. –
Y también…-dijo con mucha dificultad-gracias por ayudarme con mi madre- concluyó sin mirar a la pelirroja.
-Para eso son los amigos- le contesto guiñando un ojo mientras salía por la puerta del camerino.
Días después Meimi y Lee comían un helado en el parque cercano a la casa de Meimi. Ambos miraban distraídamente las aves que se posaban en el lago, y a los patos que chapoteaban y se sumergían en las aguas de éste.
-Vaya. No me imaginaba que tuvieses tanta cultura musical. Eres una enciclopedia-
-Gracias-
Meimi lo miró. Parecía más feliz y menos dispuesto a menospreciarse. Ya no parecía un anciano deprimido y hastiado, siempre deseando que lo dejaran solo.
-Me dijiste que aprendiste un oficio de tu padre antes de ser trabajadora social, que era?
La pregunta golpeó a la chica en la cara como una bala sin control. Poniéndose pálida, graznó: -Eh…mi padre, me enseñó, trucos de magia- Por alguna razón no pudo censurarse esta vez.
-La magia es hermosa. En varias ocasiones acompañé a algunos ilusionistas, incluido a Cossimo Lombardi-
-¿Lombardi?¿El famoso mago italiano que hizo desaparecer la torre de Pisa?- saltó Meimi-
-Wow, debió haber sido maravilloso!-
- No, no lo fue- Lee rió amargamente- Ese hombre es un arrogante y abusivo. Le salió mal un truco y me culpó por ello al terminar el show. Ni siquiera me pagó-
-Vaya, yo lo admiraba, que triste enterarse que sea tan poco profesional.- lamentó la pelirroja.
Meimi estaba satisfecha. Cada vez más veía como Leroy era más expresivo y abierto con ella. Lo veía menos miserable. Menos cansado de la vida.
-Supongo que…siempre he querido preguntarte, Lee - Inquirió lentamente Meimi- que sucedió entre tus padres y tú? Me has contado muy poco, ¿aún viven, o qué sucede…?
Lee la miro fijamente. La chica pensó que había cruzado una línea que no debía al ver aparecer la ya conocida expresión seria del joven de pelo castaño, que no había visto escrita en su rostro desde hacía semanas. Pero el músico rompió a hablar casi como una máquina:
-Mi padre. El era músico también. Nunca fue un músico destacado, sin embargo era muy persistente. Tenía el sueño de ser un director de orquesta, pero tenía muy mal carácter y no era muy querido por los músicos. El me enseño a ser músico, antes de que entrara al conservatorio…al final, sólo pensaba en sí mismo, y en que su hijo fuera lo que él no fue…-terminó con un gruñido ahogado.
-¿Por qué?- masculló Meimi extrañada.
- Mi padre fue un irresponsable. Se olvidó de su familia. Solo le importaba su sueño de ser músico y de ser alabado, de ser aclamado por las masas. Éramos muy pobres, y se debía a que él nunca quiso tomar algún empleo fuera de la música. No nos daba dinero a mi madre y a nosotros, sus hijos, para que pudiéramos estudiar, comer, o comprara medicina. Lo poco que ganaba se lo gastaba en bebida y mujeres. Casi nunca lo veíamos. Pero todo cambio cuando cumplí doce. Me escucho tocar la flauta y decidió tomarme bajo su tutela. Desde ahí, me obligaba a practicar todos los días. No era nada paciente ni tolerante, se volvía loco cada vez que cometía un error, gritaba, me insultaba y se burlaba. Me llego a golpear muchas veces…El día que murió tuve que tocar en su funeral. Fue extraño, tener que poner buena cara frente a la familia, que no sabía nada de cómo había sido mi padre…- La cara del joven se veía más dura y seca que nunca. Tenía los ojos empañados.
Meimi tenía un nudo en la garganta. Es verdad que había mucha gente que venía de familias desintegradas o disfuncionales a su oficina de trabajo social, pero había un paralelismo entre alguien que ella conocía…si, entre su esposo, Asuka Jr. Asuka también, según su propio testimonio, había sido presionado y maltratado cruelmente por un padre que le exigía sin cesar. Quizás esto la hizo sentir más empatía por la difícil vida de Lee.
-Aunque mi madre fue quien se aseguró de que estudiásemos y fuéramos hombres de bien, ella siempre vivió descargando su amargura en contra de mi hermano y yo, como viste el día que la encontraste en el teatro. Nos daba auténticas palizas, nos castigaba por nimiedades o bien, nos prohibía salir a cualquier sitio para que evitáramos caer en malos pasos, como mi padre. Al final, mi hermano y yo nos fuimos lejos de ella. Le ayudamos económicamente, pero preferimos no verla mucho…-
Meimi contenía el llanto lo mejor que podía. Había crecido en una familia funcional, amorosa y paciente, donde nunca le falto ni cariño, ni comida, ni dinero, ni atenciones. Evidentemente no podía imaginarse la vida de Lee, y tampoco el hecho de que el daño emocional y físico pueden lastimar a las personas, a los niños, a los jóvenes, a los ancianos, de forma irreversible. El abuso de todos los días, el que esta tan normalizado que pasa desapercibido. El que incluso es aplaudido y aceptado. Tragó saliva ruidosamente.
-Te agradezco mucho que me hayas escuchado, Meimi- Miró el músico a la pelirroja. Esta vez, la chica vio algo diferente en los ojos afligidos. Vió por primera vez paz y tranquilidad.
- -No…gracias a ti por tu confianza…no por nada soy tu amiga- replico sonriendo de forma trsite.
- Me agrada mucho tu compañía Meimi. Cuando gustes, podemos ir a cenar, ya sabes, sólo como amigos-
- Encantada voy…discurrió la aturullada Meimi.
Se quedaron callados. No sabían si despedirse o decir algo más.
-¿Sabes? –habló Meimi titubeando…eres una persona muy valiente. Te admiro aun más por ello. Has tenido una vida complicada y has logrado ser lo que querías. Eres aún más genial de lo que creí… mereces lo mejor del mundo y ser feliz…-termino poniéndose colorada.
-Eso que me has dicho, es muy bello, Mei- le respondió el joven. – Te lo agradezco de verdad- Meimi no pudo evitar sonreír ampliamente. Era la primera vez también que le llamaba de esa forma diminutiva
Un momento de tensión más tarde, se levantó por fin el joven.
-Tengo mucho que hacer mañana. Espero podamos seguir en contacto. Llama cuando quieras.-
-Sí, desde luego- contestó Meimi
Se miraron a los ojo unos segundos que parecieron durar una eternidad. Había un fuego en los ojos del joven. Y en los ojos de Meimi, había un brillo estelar, que de pronto los hizo actuar en un impulso no planeado.
Los labios de la chica y del joven se entrelazaron apasionadamente. Meimi instintivamente lo abrazó y él a ella. Un segundo después, se separaron abruptamente. Ambos estaban sonrojados y pidiéndose disculpas.
-Ah, lo siento Lee, no sé qué me pasa, me dejé llevar…recuerda que soy casada-
-El tonto soy yo, por besarte sabiendo que tienes esposo-
-Ya no importa, ya nos veremos,-
-De acuerdo-
Se dieron la vuelta. No se miraron de nuevo por encima del hombro. Meimi estaba hecha un tornado en la mente. Y ese mismo tornado, no la había abandonado desde aquel día, emergiendo periódicamente, a veces en sueños, a veces consciente. Meimi volvió suspirar mientras revisaba distraídamente sus correos electrónicos, pensando en los ojos castaños de McAllister, el día de hoy volvería a verlo…a quien quería engañar, se moría por verlo de nuevo, y quizás, volverlo a abrazar y besar…
