Meimi despertó con un fuerte dolor de cabeza. No recordaba mucho de lo que había pasado, solo que había robado la escultura y llegado a casa de McAllister, quien dormía a pierna suelta. Se levanto torpemente y fue al baño, donde se miro al espejo. Esta despeinada y el maquillaje estaba corrido. Se lavo la cara y arreglo un poco su cabello. Suspiro al mirar a Lee perdido en su sueño. Era una tonta al haberlo involucrado en esto. Con la cabeza baja, salió discretamente de la casa. Al salir del edificio, recordó que llevaba aun el traje de Saint Tail y corrió a esconderse a un callejón, donde se cambio a su ropa habitual y cambió su peinado. Se dirigió sigilosamente al jardín donde estaba la escultura, y tuvo suerte de que una patrulla que pasaba haciendo su ronda matutina no la viera con la escultura en las manos, Al final, deposito la escultura discretamente en uno de los macetones de la entrada del museo. Los policías que hacían guardia en el recinto apenas y estaban conscientes, vencidos por la noche en vela.
Al volver a su casa, ahí estaba Asuka. Acaba de despertar, Meimi se sintió paralizada en acto
-¿A qué estás jugando, estúpida? Le dijo Asuka con una furia detonadora. Acabas de cometer un delito,¿ lo sabes? Puedo arrestarte ahora mismo. Solo necesito que confieses, dónde pusiste la escultura?
- La devolví, está afuera del museo…dijo con la voz tomada. Se tambaleó. La cruda seguía haciendo su efecto.
-¿La devolviste? Para eso hice una redada? Para eso estamos rompiéndonos el culo por toda la ciudad? ¿Para que decidas que eres una chica buena de golpe y la devuelvas? ¿Te cansaste de hacer travesuras? Respóndeme de nuevo, ¿por qué hiciste eso?- Asuka volvió a bramar, poniéndose cada vez mas rojo. Ah, y además, seguro vienes de emborracharte con ese músico pelmazo!- gruñó con verdadero odio, tomando bruscamente a Meimi del brazo
- Suéltame, idiota-! rechinó Meimi. Pero le faltaba fuerza. Estaba hecha polvo, había bebido demasiado eso sin contar que durmió en un sillón bastante incómodo.-Tu bebes todos los días y yo soy la que tiene que aguantarse, eres un hipócrita!-
- Callaté! Habla de una vez!- graznó Daiki
- Ve por tu estúpida escultura si tanto la quieres, ya te dije dónde está- dijo Meimi sin remordimiento.
-Confiésalo, confiesa ya, quiero arrestarte! Te lo mereces, eres una mala mujer, eres ingrata y traicionera! – berreó Asuka, dándole un fuerte bofetón a Meimi.
-No me pongas las manos encima…no te atrevas, cerdo!-Sacando fuerzas de flaqueza, Meimi lo pateó fuertemente en el estomago, sacándole el aire. Asuka solo pudo encorvarse al tiempo que Meimi le daba una patada en el rostro.
Meimi se quedo helada, viendo como su marido se levantaba con dificultad. Tenía un moretón en la mejilla derecha, justo donde ella le había pegado. El remordimiento y la culpa atacaron a la chica como si de ráfagas de metralla se tratase.
-Daiki, perdóname por favor, yo no quise pegarte, fui una tonta al robar esa pieza…por favor perdóname. Sólo quería atraer de nuevo tu atención, como en los viejos tiempos…que me atraparas de nuevo…-
Asuka hablo con frialdad. Su mirada era muy dura y severa. Nada de lo que le había dicho Meimi para disculparse parecía haberle importado:
-Está bien Meimi. Te perdono por esta vez. No voy a levantar cargos contra ti ni arrestarte. Pero me niego a seguir viviendo bajo el mismo techo. Me largo. Voy a casa de mi padre. El estaba en lo cierto cuando me hablo de ti y las mujeres en general. Ninguna vale la pela, todas son rastrearas, traidoras y engañosas. Solamente te quitan el dinero y la vida, y luego se quejan por todo. Debiste haberte quedado en casa y hacer todo lo que yo te dijera, justo como mi padre hizo con mi madre!-
-Tu padre y tú son unos cerdos machistas!¡ Ambos pueden irse a la mierda!- chilló la pelirroja soltando su llanto.- Creí que eras diferente, creí que eras una persona que me veía como un igual, no como una criada, o como un pedazo del carne al cual follar a todas horas sin importar lo que yo quiera, lo que sienta o como me sienta, pero veo que no…Vete ya Asuka! Y no te vuelvas a pasar por aquí! Estas muy equivocado si siempre esperaste que iba a ser la esposa abnegada…-dijo sollozando incontrolablemente.-T-te odio…!-
Asuka se quedó con la mirada vacía y sin decir palabra, se fue por la puerta.
El resto del día, Meimi se quedó en cama, llorando sin parar. Pasaron las horas y Daiki no volvía. La chica deseaba que todo terminase de una vez, y Daiki y ella pudieran hablar de nuevo con calma, como en sus años más felices. Cayó la noche. En el noticiero, la policía se disculpaba una y otra vez por haber sido el ridículo de ciudad Seika, por haber caído en una pista falsa. Meimi miraba las noticias como catatónica, pasando los dedos por su lindo pelo rojo, que estaba desaliñado y grasiento. Quería cortarlo de nuevo, pero algo en ella se lo estaba impidiendo. Sonó la puerta de pronto. Meimi no quería contestar, pero se dirigió compungida a la puerta.
En el frio de la noche, ahí estaba, Leroy mirando con gran compasión a Meimi. La joven se quedó de piedra, y solo pudo mirarlo con ojos de abatida ternura.
Oh Lee…has venido.
-Sí. Vine porque tenemos que hablar.
Meimi se asustó. No podía ser, Asuka había encontrado a McAllister? Lo habría amenazado?
- No, no me digas - tembló Meimi incontrolablemente.- Daiki fue a tu casa y te reclamó, es verdad?-
El joven emitió un gruñido suspirante.
-Peor que eso. Intento acusarme por posesión de drogas. Vine porque la policía se quedo haciendo un cateo en mi casa. Creo que la droga más fuerte que van a encontrar será el café que compro desde Brasil.-dijo sarcásticamente.
-Pero, qué pasó? No estás lastimado?- jadeó la pelirroja.
No. Pero tu esposo sí que estaba mal. Estaba completamente borracho y echando chispas. Sacó su pistola e intento amenazarme con ella, me dijo que te dejara en paz, y que yo solo era un drogadicto y un parásito sin futuro. Después entraron los agentes y empezaron a desvalijar mi casa. No podía quedarme impávido frente a tu marido acusándome sin pruebas así que hable con el alcalde. He tocado para el hermano del alcalde en varios de sus fiestas y me conoce bien, así que tu querido esposo acaba de meterse con la persona equivocada- dijo severamente el músico.
-Ay, Daiki…siempre tan necio!. Espero que no reciba un castigo fuerte!.-
- Ni hablar. Lo siento mucho Mei, pero tuve que hacerlo. Te ruego que me disculpes por haber evidenciado que tu esposo rompió la ley-
Meimi clavo sus ojos azules en el.
-No te preocupes…dijo entre dientes…hiciste lo correcto-
Leroy no dijo nada.
- Mi esposo es un cobarde. Me golpeó ayer. Y me enteré de que esperaba que fuera una esposa sumisa y débil. Eso no va conmigo- soltó de pronto la chica. – pero no debí haber robado esa pieza ni haberlo golpeado también- su voz se convirtió en un dulce y triste susurro, casi infantil.
- Lamento que esto haya escalado a la violencia, pero, en el fondo hiciste lo correcto. No te sientas mal por defender lo que quieres. Fue malo robar la escultura, fue malo beber y pelear a golpes con él, pero no fue malo tener un ideal. Calma Mei. Dijo poniéndole una mano al hombro a la chica.- Tú me enseñaste a ser fiel a mí mismo, y estoy aquí para apoyarte.
Siguió un abrazo largo, cálido y lleno de lágrimas por parte de Meimi quien se aferraba lo mas que podía a McAllister. Duraron un tiempo hasta que Lee dijo:
-…ah. meimi, me estas lastimando.-
-Lo siento.- dijo Meimi. Vamos a la cocina. Quieres beber algo?
-Seguro-
Justo al terminar el té, que discurrió en una charla llena de silencios incómodos y monosílabos, Lee y la chica se sentaron en el sofá de la familia, mirándose abochornadamente.
Meimi se veía mucho mas repuesta y serena que el resto del día. A pesar de su cabello desaliñado, se veía sumamente hermosa., sobre todo vistiendo ese camisón blanco de encaje que Asuka le había regalado.
- Lee…puedo preguntarte algo?-
- Si claro, que sucede Mei?-
Meimi parecía tener un sapo en la boca. No podía hablar. El cerebro no conectaba con su voz.
-Estas bien, Mei? Necesitas dormir? Puedo irme ya…es algo tarde.-
-No…s-s-sólo quería saber…
-…eh…
-Sientes algo por mí?... dijo finalmente la bella pelirroja
McAllister la miró. La severidad estaba en su rostro de nuevo.
-Meimi, aún estas casada con el y yo…
-No hablo de eso, dime si sientes algo por mí!- levantó la voz la chica
El muchacho clavo sus ojos en ella:
- Meimi, tú…me gustas desde que te conocí. Al principio solo me pareciste una chica bella físicamente, peor después encontré que tienes muchas cualidades que admiro en una mujer. Eres dulce, valiente, leal, caritativa, cariñosa, lista y fuerte. Yo también quisiera lo mejor para ti, y me siento terrible de que estés pasando por todo esto. Si me quieres en tu vida, yo estaré. Puedo ayudarte a paliar un poco todo este dolor por el que has atravesado Me hiciste ver que no era correcto para mí el estarme escondiendo de las personas y tener dudas de los talentos con los que nací, que debo aprovecharlos al máximo. Gracias a tu apoyo empecé a esforzarme para ser mejor persona, algo que olvide por ser mejor músico. Cometí el mismo error que papá.- Ya no había tristeza en los ojos del joven guitarrista, ni un ápice. Solo había determinación, calidez, fuerza y gentileza.
Los ojos de Meimi brillaron con una intensidad inusitada.
-¿Entonces, te gusto? Estas enamorado de mí?-
-Eso creo, meimi. -
Meimi dudo un instante. Y al final, se abalanzó sobre el chico, besándolo con gran ternura e intensidad. Duraron un rato largo besándose y abrazándose. Al final, Lee se levantó
- No mire el reloj, se hizo aún más tarde. Me debo ir a ver que hicieron los policías con mi casa. Al paso que iban, seguramente me adelantaron la limpieza de verano.
- Podrías quedarte aquí a pasar la noche, si gustas- Le habló Meimi
- No quiero que llegue tu esposo y me mate. Aunque es más posible que primero se vomite y orine encima- dijo con sorna el músico
- Meimi soltó una risita. Le agradaba ese sentido del humor ácido en el joven.
- Bueno, adiós.
- Adiós
- Meimi y Lee se miraron fijamente. Se besaron brevemente de nuevo, y McAllister se dio la vuelta. Meimi lo miro irse a través de la ventana, tomar un taxi y este ultimo desparecer en medio de la noche. Por primera vez en muchos meses. Había sentido un calor en su corazón. Una llama feroz que había surgido y que no podía apagar…
