Capítulo 6: Sekai Ichiban
No me olvido de vosotros ni de mi fanfic, no os preocupéis…
He estado empollando cuatro exámenes bastante importantes este mes, así que apenas he tenido tiempo de escribir.
Ahora que por fin he terminado estas cuatro piezas de infierno universitario podré dedicar mis energías a ser como Zoro…
No, no voy a aprender Santoryuu, pienso perderme por ahí y echarme una siesta laaaaarga… y a escribir un poco también J
Por eso os ruego paciencia y comprensión, ésta historia no se escribe sola y mi mente lleva un mes demasiado ocupada memorizando dinastías reales y guerras púnicas…
Y sin más dilación... volvamos a Vaikai.
Hubo una pequeña fiesta en la playa aquella noche. Los pequeños y las mujeres que los cuidaban hicieron una hoguera. Sanji trajo del barco algunos útiles de cocina y se puso manos a la obra. Mientras se hacía la cena, Usopp reunió a los niños a su alrededor y empezó a contar "Las Fantásticas Aventuras del Capitán Usopp y la Tripulación de los Mugiwara".
En ese momento estaba contando el final de la subasta de esclavos en el Archipiélago Shabondy.
–Fue increíble… Un solo golpe y ¡Bang! A tomar por saco el Tenryuubito… o eso me contaron, porque yo, el gran Usopp-sama, llegué después de aquello para salvarles a todos.
Tashigi se volvió sorprendida hacia el Capitán del barco. Costaba creer que el héroe vengador del que estaba hablando Usopp fuese la misma persona que estaba bailando alrededor de la hoguera con dos palillos metidos en la nariz.
–Claro que luego nos tocó salir por piernas… –continuó su historia el tirador.
Los niños le observaban anonadados, encantados, hechizados, todos ellos con la misma chispa de deseo de aventuras en los ojos.
–Dignos hijos de piratas caídos, ¿verdad? –le comentó Sanji a Franky –. Todos tienen la misma cara que yo la primera vez que el maldito viejo me habló del All Blue…
–Pues a mí aquel gordo de ahí se me parece al viejo Tom… –señaló el cyborg riendo.
El chaval en cuestión era hijo de un tritón, y se notaba.
Zoro se había quedado frito algo apartado. El pequeño Daniel apoyaba la cabecita en su tripa, también dormido. Otros habían seguido su ejemplo, y el espadachín estaba parcialmente cubierto de niños.
Desde el pequeño hospital, Nami y Robin llegaron a la playa.
–¿Hay algo de comida para los enfermos, Sanji-kun?
–¡Sí, Nami-san!
–Chopper dice que vayas a ayudarle a dar de comer a los niños.
El joven se levantó y se dirigió hacia el hospitalito.
La fiesta se prolongó más o menos hasta las doce, cuando las encargadas de la pequeña aldea decidieron que ya era hora de irse a dormir.
Zoro abrió un ojo al sentir como todos los niños que estaban sobre él se iban levantando poco a poco, casi a regañadientes.
Sarah se acercó a ellos y les ofreció amablemente un sitio para dormir.
–Últimamente nos falta gente para cuidar de estos niños –comentó –. La Resistencia confía en poder enviarnos pronto más gente para echar una mano, pero de momento puedo ofreceros esa cabaña, que está vacía.
La cabaña tenía varias camas de distintos tamaños y alturas, bastante viejas y con la madera algo carcomida. Hizo falta juntar tres para meter el enorme corpachón robotizado de Franky, y los demás se sortearon las restantes.
…
–¿Qué haces aquí a estas horas?
Tashigi se despertó al oír un lloriqueo y el murmullo de una voz en una de las camas más cercanas a la puerta. Desde donde estaba, abrió los ojos y se incorporó un poco.
Había luz junto a la cama de Zoro. El espadachín estaba sentado, mirando hacia el suelo. ¿Con quién hablaba? Aguzó el oído cuando volvió a oír un sollozo.
–No podía dormir…
–Pues ve con Sarah o con las otras, yo no puedo hacer nada…
En ese momento, Tashigi reparó en la figurita delgada que, haciendo caso omiso de las palabras de Zoro, se subía con esfuerzo a su cama.
El joven suspiró y se sentó con las piernas cruzadas, dejándole un hueco frente a él al pequeño Daniel. La luz de la velita que había traído iluminaba las caras de ambos desde el suelo.
–A ver –Zoro habló en voz baja, para no despertar a los demás –, ¿qué ha pasado?
–… una pesadilla…
–Heh, ¿y por eso vienes llorando? Sólo es un sueño, no puede hacerte daño.
El niño hizo un puchero y bajó la cabeza. Zoro se lo quedó mirando un momento.
–¿Qué edad tienes? –el niño le enseñó la palma abierta –. Cinco años, ¿eh? – Daniel asintió, con dos lagrimones deslizándose por sus mejillas –. ¿Qué has soñado?
El niño se echó a llorar. Zoro, entendiendo entre las lágrimas algo referente a un oso enorme, echó un vistazo a su alrededor para asegurarse que nadie miraba.
Si hubiese estado todo en completa quietud y silencio, Zoro se habría preocupado:
De la cama de Usopp sólo sobresalían una nariz y un pie. Las largas piernas de Sanji salían por el final del colchón de la cama que le había tocado en suerte, demasiado pequeña para él. Chopper murmuraba algo en sueños. La figura de Franky era la más grande, pero no la más estruendosa, ése era el papel de Luffy. Sólo las chicas dormían de una forma normal.
Tras asegurarse de que todos estaban dormidos (sin tener en cuenta que cierta joven le observaba con los ojos entrecerrados), abrazó al pequeño.
–Eh, tranquilo. Solo ha sido un mal sueño –sabía que diciéndole eso lograría tranquilizarle un poco. Pero si quería que se durmiese y olvidase la pesadilla tendría que distraerle de ella. Lo sabía porque él también había tenido cinco años y había estado asustado.
En ése momento Luffy soltó un ronquido algo más fuerte que los demás y dio una vuelta en la cama, mordiendo la almohada:
–Mmmmmcarne…
Zoro puso los ojos en blanco y el pequeño se llevó las manitas a la boca para no reírse en voz alta. En silencio, el espadachín cogió una de sus katanas, que descansaban junto al cabecero de la cama. Muy despacio, para no hacer ruido, la desenvainó y la puso frente al niño.
–Querías verlas, ¿verdad? –sonrió –. Ésta se llama Shisui. Me la dio un samurai cuando le vencí –no le contó que era un zombie, quería distraer al pequeño, no asustarlo más.
Dejó que el niño tocase la empuñadura e incluso la hoja, teniendo cuidado de que no acercase los dedos al filo.
–Ésta –susurró desenvainando a la Kitetsu –, me la regalaron en Longetown.
–¿Dónde está Longetown?
–En el East Blue, cerca de la Reverse Mountain.
El niño le miró, sorprendido.
–¿No eres del Grand Line?
Zoro le revolvió el pelo.
–No. Luffy, Nami, Usopp y yo somos del East Blue. Robin es del West Blue y el cocinero es del Nort Blue. Los demás sí que son del Grand Line.
El niño examinó atentamente las dos espadas. Rozó la empuñadura de la Kitetsu y apartó la mano, sin estar muy seguro de por qué.
–No le gusto… –dijo.
–Porque no la has dominado –explicó el espadachín –. Para poder empuñar a Sandai Kitetsu hay que ganarse su lealtad.
"La espada maldita" recordó Tashigi.
"Veamos quién puede más, si la maldición de la espada o mi suerte"
Maldita sea, qué susto se habían llevado ella y el dueño de la tienda aquel día…
Levantó la cabeza un poco cuando oyó al niño preguntar:
–¿Y esa?
Su corazón se saltó un latido cuando vio que Daniel señalaba la katana blanca. ¿Iba a enseñarle la Meitou al pequeño?
Zoro dudó. El pequeño bajó despacito la mano, comprendiendo, con esa habilidad que tienen los niños, que esa espada era especial.
–¿Es tu tesoro? Yo tengo un tesoro también, y no dejo que nadie lo toque– se sacó del bolsillo un pequeño y medio roto Log Pose. Ya no se distinguían las indicaciones bajo las flechas, pero los imanes seguían funcionando –. Sarah dice que mi papá espera al otro lado de una de las flechas. ¡Es el mejor pirata del mundo! –exclamó –. No puede venir a verme porque está viviendo aventuras para contarme cuando vuelva. ¡Y algún día me llevará con él en su barco! Era uno de los piratas de Shirohige, ¿sabes?
Tashigi se cubrió la boca con la mano. ¿Un hombre de Shirohige? Muchos de ellos habían muerto en Marineford…
–¿Hace cuánto que no ves a tu padre, Daniel? –Zoro debía estar pensando lo mismo que ella.
El niño arrugó la frente.
–No me acuerdo –dijo –, pero Sarah dice que se fue a salvar a un pirata del cuartel de los malos. Dice Sarah que era el hijo del Rey de los Piratas, ¡y que podía convertirse en fuego! Cuando vuelva, mi papá va a contarme cómo era el pirata de fuego y a enseñarme a pelear con la espada.
A Tashigi se le encogió el corazón. Si no había vuelto a verle desde que partió hacia Marineford… era casi seguro que estaría muerto. No habían hecho prisioneros aquel día, no con el caos que había organizado Luffy al escapar de Impel Down con media plantilla de los peores criminales que allí había.
En el otro extremo de la cabaña, Zoro llegó a la misma conclusión que ella. Con gesto serio, tomó la espada blanca y la sacó de su funda.
–Ésta es Wadou Ichimonji –Daniel observó el acero descansando sobre las palmas abiertas del joven –. Es más que un tesoro, es una promesa.
El niño rozó el reverso de la espada con los dedos.
–Está triste –dijo. Zoro asintió, ligeramente impresionado por la percepción del muchacho. Sería un gran espadachín algún día.
El espadachín revolvió el pelo de la cabeza de Daniel y guardó sus tres espadas en las fundas.
–Dejará de estarlo pronto –le dijo.
"Cuando cumpla lo que prometí, Kuina" se dijo, en silencio. "Cuando sea el mejor del mundo"
Daniel le miraba. Zoro notó que los ojos del niño seguían la cicatriz de su ojo y la del pecho.
–Mihawk –dijo simplemente –. Y ahora a dormir, chaval.
–¿Puedo quedarme aquí?
Tashigi se esperaba una negativa por parte del espadachín, pero en lugar de eso, Zoro asintió con una media sonrisa.
Cuando estuvo segura de que ambos estaban durmiendo, la joven se levantó y les observó. ¿Cómo podía un niño dormir tan tranquilo junto a una persona que era descrita como un demonio feroz?
Sacudió la cabeza y volvió a la cama. Aquella tripulación estaba empezando a hacer que pensase cosas que ningún marine debería plantearse.
…
Al día siguiente los Mugiwara emplearon todo su tiempo en echar una mano en la pequeña aldea.
Bajo las órdenes de Franky, Zoro y Usopp arreglaron varias de las cabañas, que tenían goteras, paredes a punto de derrumbarse e incluso suelos tan hechos polvo que cuando llovía se enfangaban y se llenaban de malas hierbas.
Lo primero que hizo el ingeniero fue desalojar esas cabañas… y dispararles con su Radical Beam, reduciéndolas a un montón de escombros. Los niños aplaudieron entusiasmados, y los tres piratas comenzaron a levantar de nuevo las casas. A Luffy no le dejaron ni acercarse a las herramientas. El joven Capitán era esa clase de persona que cuando ve algo que no sabe cómo funciona, simplemente toca todos los botones. Algo bastante peligroso si entre esos botones hay uno de autodestrucción.
–Y digo yo, Franky –preguntó Usopp mientras reparaba una gotera en el techo de una cabaña –. ¿Para qué sirve que un martillo común y corriente pueda autodestruirse?
–¡Es una Súper idea, Narizotas! –replicó el aludido –. Si alguien me roba mis herramientas sentirá curiosidad por el botón. Lo pulsará y ¡explotará en el acto! Es un plan tan Súper que a nadie se le habría podido ocurrir.
–En tu plan falla un elemento de aproximadamente metro setenta, cerebro de pulga y cuerpo de goma –murmuró el tirador mientras Franky hacía su "Súper Pose" frente a los niños.
Entretanto, los demás habían ido a echar una mano en la enfermería.
Chopper estaba en su elemento, rodeado de niños que se quejaban de algún dolor e iban a que "el pequeño mapache" les curase.
Sanji iba y venía de la cocina siguiendo las instrucciones del reno, trayendo comida para que los pequeños pudiesen recuperarse más rápidamente.
Nami, Robin y Tashigi ayudaban a las cuidadoras cambiando las sábanas de las camas.
Tashigi siguió a Sarah hasta uno de los últimos cuartos del edificio, intentando sostener un montón de sábanas limpias sin soltar la muleta. Quería ayudar, y lo haría.
Había algunos jóvenes armados sentados en un rincón de la habitación. Uno de ellos tenía un feo corte en la mejilla y estaba esperando su turno para que Chopper lo curase.
–Ése es Samael –le explicó Sarah –. Es uno de los mayores. Apenas tiene quince años y ya quiere salir a navegar. De momento se conforma con entrenarse aquí con sus amigos, pero está esperando a que llegue el próximo barco de la Resistencia para irse con ellos. Si alguien nos atacase ahora sólo ellos y un par de mujeres como yo podríamos hacerles frente. Y algún día no será suficiente.
–¿Marine-neesan?
Tashigi se volvió desconcertada, al sentir que le tiraban de la manga; una niña vestida con un camisón blanco se había bajado de su cama y la miraba.
–Eres Marine-neesan –repitió la pequeña, sonriendo –. ¡Qué bien!
Tashigi la miró un momento sin reconocerla hasta que cayó en la cuenta de que era una de las niñas a las que había puesto a salvo tras Punk Hazard. ¿Cómo había acabado allí?
Sin embargo, pronto se dio cuenta de que tenía cosas más importantes de las que preocuparse;
–¿¡Has dicho marine!?
Saltando desde su esquina, Samael se abalanzó sobre ella, enarbolando una espada corta. Tashigi apenas tuvo tiempo de desenvainar a Shigure e interponerla entre ella y el enfurecido joven. Cuando los aceros chocaron, varios niños gritaron, incluso alguno se echó a llorar.
La niña fue apartada de Tashigi y los amigos del muchacho apuntaron con sus espadas a la joven.
Samael volvió a descargar su arma, que fue hábilmente detenida por Shigure. Los chicos cargaron uno a uno y Tashigi, sin moverse del sitio, los rechazó a todos.
Parecía una batalla perdida para los muchachos, hasta que, al ser desviada por la katana de la marine, la espada de uno de ellos se hundió en la madera de su muleta.
El instrumento crujió y se partió, haciendo que Tashigi perdiese el equilibrio y cayese al suelo.
–¡Samael, detente! –gritó Sarah, pero el muchacho no la escuchó. Se abalanzó sobre la joven que intentaba levantarse y le retorció un brazo a la espalda, poniéndole la espada junto al cuello.
–¿A qué has venido aquí? –escupió con desprecio –. ¿Quién más sabe de la existencia de esta isla?
Tashigi no contestó. No sabía qué decir ni cómo explicar su presencia allí. Además, tampoco la iban a creer.
El muchacho, a pesar de ser tan joven, tenía su misma altura y bastante más fuerza que ella. La levantó de un tirón y la arrastró fuera.
Shigure quedó abandonada en el suelo de la habitación.
…
–¿Qué está pasando ahí fuera? –se preguntó Nami al oír el alboroto.
–¡Estamos en un hospital, tanto ruido no es bueno para los enfermos! –exclamó Chopper.
Robin miró por una ventana, tan inalterable como siempre.
–Parece que alguien ha reconocido a Tashigi –dijo simplemente.
–¿¡QUÉ!?
Ambos se precipitaron a la ventana.
En esos momentos, Samael sacaba a Tashigi al exterior, con el filo de la espada en la garganta de la joven.
–¡Es una marine! –gritó, y un montón de niños se acercaron –. ¡Pertenece a esa organización que asesinó a nuestros padres y nuestras familias, que pretenden arrebatarnos nuestra libertad de viajar por los mares! –retorció aún más el brazo de Tashigi, que tuvo que morderse la lengua para no gritar –. Seguro que ha engañado a los Mugiwara para llegar hasta nosotros y luego vendernos a todos al Gobierno.
–¡Eso es mentira!
Tashigi se sorprendió al ver al pequeño Daniel abrirse paso a empujones entre los niños y las asustadas cuidadoras. El pequeño se plantó frente a Samael y le señaló con el dedo:
–¡Ella no es mala! –exclamó –. Ayer mató al oso grande del bosque y me salvó, ¡no puede ser mala! Mi papá dice que no metamos a todos en el mismo saco…
–¡No podemos dejarla salir con vida de aquí! –siguió diciendo Samael. Era un buen orador, desde luego, tenía a media aldea reunida a su alrededor –. ¿Queréis acabar todos en Impel Down? –los niños retrocedieron asustados, y más de uno se echó a llorar ante la mención del lugar –. No podemos mostrar piedad, los marines tampoco la mostrarían con nosotros. ¿O acaso creéis que si os encontraseis con Akainu os dejaría marchar tranquilamente?
Más llantos.
Samael apretó la espada contra la garganta de Tashigi, que empezó a tener miedo. Aquello iba en serio, si no aparecía alguno de los piratas por ahí, el chaval era capaz de degollarla…
Un hilillo de sangre resbaló por su clavícula.
–Yo que tú –oyó entonces una voz –, la soltaba ahora mismo.
Sanji salía en aquel momento del hospital, tanteando sus bolsillos en busca de un mechero con el que encender el cigarrillo que tenía en la boca. Por detrás de él, Nami armaba el Clima Tact, Chopper alcanzaba su Heavy Point y Robin cruzaba los brazos.
Del otro lado, Franky, Usopp, Brook y Zoro preparaban sus armas.
Justo por detrás de Daniel, Luffy se cruzó de brazos.
–¿Qué estás haciendo? –dijo con voz de reproche. No parecía muy enfadado, solamente ofendido –. Sabemos que Tashigi es una marine, pero no es una mala persona. ¿Te ha hecho algo malo?
Daniel asintió vigorosamente. Samael miró confundido a los piratas, pero no soltó la espada.
–Qué… ¿Qué estáis diciendo? –exclamó –. ¿Lo sabíais y la dejasteis viajar con vosotros? ¿Estáis locos?
–Me parece que no eres quién para juzgar eso, chaval –Sanji exhaló una nube de humo antes de seguir hablando –. No has salido nunca de ésta isla, y lo único que sabes del mundo real es lo que te cuenta el periódico. Ahora suelta a la dama.
El muchacho dudó un poco, pero apartó la espada y empujó a Tashigi hacia delante. La joven tropezó y cayó sobre Luffy ahogando una exclamación.
Se fueron los dos al suelo, Luffy riéndose a carcajadas y sujetándose el sombrero. Samael lo observaba todo apretando con fuerza la empuñadura de su arma.
–¿Ves, Sam? –dijo alegremente Daniel –. Tashigi no es mala persona. Mi papá siempre dice…
–¡Tú cállate, Daniel! –le gritó el muchacho, enfurecido –. ¡Tu padre está muerto!
Se hizo el silencio.
Sarah fue hacia Samael y le quitó la espada de la mano, mientras se lo llevaba de allí por una oreja, pero ya era tarde.
Sin un ruido, Daniel echó a correr hacia una de las cabañas y se encerró en ella con un portazo.
Tashigi intentó levantarse y volvió a tropezar.
–Pero mira que eres torpe –oyó una voz junto a ella. Zoro le tendió una mano que ella rechazó –. Heh, además orgullosa.
–No eres el más indicado para hablar de orgullo, Zoro –replicó ella, levantándose.
Luffy los miró a ambos desde el suelo, se caló el sombrero y se echó a reír.
Los niños seguían mirando a Tashigi, entre asustados y enfadados. Los amigos de Samael no habían soltado las armas. Zoro les dirigió una mirada glacial y se llevó la mano a la guarda de Sandai Kitetsu.
–¿Algo que decir, mocosos? –espetó.
Los chicos se miraron y se retiraron, asustados. Zoro retiró la mano de sus katanas y se cruzó de brazos. Tashigi siguió su mirada, clavada con gesto serio en la cabaña donde se había encerrado Daniel.
…
Todo estaba listo para partir la noche siguiente. Franky y Usopp acababan de cargar las últimas cajas de provisiones en el Thousand Sunny, y los demás se despedían en el puerto.
Arrepentido de su comportamiento con Tashigi, Samael había extendido un burdo mapa de los arrecifes frente a los piratas y señalaba a Nami el camino más seguro para salir de la isla.
Los niños se arremolinaban alrededor de los Mugiwara, deseándoles buen viaje.
Únicamente les faltaba esperar a que llegasen Sanji y Chopper, que estaban todavía en la enfermería, y podrían zarpar.
Mientras se despedía de la pequeña que la había reconocido en la enfermería, Tashigi se dirigió a Sarah:
–¿Y Daniel? –preguntó.
La mujer suspiró apesadumbrada.
–Debería estar aquí, pero no sé si ha querido salir de su cabaña –contestó –. No debimos esconderle lo de su padre…
–Entonces es verdad que está…
–Él nunca volvió de Marineford, pero Marco nos trajo su viejo Log Pose. Se lo dimos a Daniel para que pensase que se lo enviaba su padre.
–¿Marco? ¿Marco el Fénix? –preguntó sorprendida.
–Cuando los rebeldes le hablaron de la iniciativa de mantener a salvo a las familias de los piratas, vino a traernos noticias de Marineford –se enjugó una lágrima –. Mi marido, el padre de Miriam, murió también allí.
Tahigi iba a contestar pero advirtió un movimiento a su derecha. Zoro, que llevaba un buen rato sentado, se levantó y fue al encuentro de Sanji y Chopper, el primero de los cuales llevaba a un cabizbajo Daniel de la mano.
El cocinero y el espadachín cruzaron una mirada, pero ninguno dijo nada. El primero soltó la mano del pequeño y le dio un leve empujón para que se adelantase hacia el segundo. Luego fue hacia el barco seguido de Chopper.
Zoro se acuclilló frente a Daniel para quedar a su altura. El niño tenía la cara sucia por las lágrimas y los ojos hinchados de llorar. El joven le puso una mano en la cabeza y le revolvió el pelo.
–Tienes que ser fuerte, Daniel –dijo con voz firme –. Tu padre fue un hombre valiente que luchó y murió con honor y defendiendo lo que creía. ¿Qué diría si te viese llorando?
El niño sorbió por la nariz y se restregó la manga por la cara, pero no dejó de sollozar.
–Yo quiero ver a mi papá…
Zoro suspiró y le puso las manos sobre los hombros. Daniel le miró con los ojos anegados.
–Daniel, enséñame tu Log Pose.
Extrañado, el niño se lo sacó del bolsillo. El joven, a su vez, sacó su Wadou Ichimonji de la funda y la puso frente al pequeño.
–¿Recuerdas que te dije que esta espada era una promesa? –Daniel asintió –. Pues bien, perteneció a alguien que murió. Esa persona sigue viva en esta espada esperando a que cumpla nuestra promesa –levantó el Log Pose del niño –. Eso era de tu padre, ¿verdad? Pues haz una promesa. Ponte un objetivo, hazte más fuerte. Lleva a tu padre dentro de ese Log hasta que cumplas ese sueño. Él estará muy orgulloso de ti.
–Yo… yo también quiero ser espadachín –musitó el pequeño –. Papá dijo que algún día yo sería el mejor… ¡Quiero ser el mejor!
–Entonces crece y hazte fuerte. Cuando estés preparado búscame. Yo ya habré vencido a Mihawk para entonces. Mientras tanto sigue ese Log Pose hacia donde te lleve.
Se incorporó, con la katana en la mano. Desde su escasa altura, Daniel dejó de llorar y asintió, sujetándose el Log Pose a la muñeca.
Una mano se posó en su hombro. Tras él, Samael esbozó una media sonrisa, entre una disculpa y un gesto de apoyo. Zoro asintió.
–Cuida de él –le dijo al muchacho –. Te lo encargo.
Apoyó el reverso del acero en su nuca y dio media vuelta para embarcar. Cuando pasó junto a Sanji, el cocinero le murmuró:
–Tengo que reconocerlo, marimo, jamás pensé que con esa fea cara tuya fueses a ser capaz de consolar a un niño.
Zoro amagó un golpe con la guarda de la espada que el cocinero esquivó con facilidad.
Después, todos subieron al Sunny.
Mientras los piratas maniobraban, Tashigi se apoyó en la barandilla, observando el grupo de niños que se arremolinaba en el puerto diciéndoles adiós. Delante de todos ellos, Daniel alzaba el puño, mostrando su Log, serio y orgulloso.
–Ese chico acaba de hacerse la promesa de ser el mejor del mundo –dijo una voz junto a ella –. Ahora nada ni nadie podrá pararlo.
Tashigi se volvió a tiempo de ver cómo Zoro se daba la vuelta y se alejaba por la cubierta, con las manos en los bolsillos.
Repito: perdón por tardar tanto, a partir de ahora tengo tiempo libre y podré dedicarle más tiempo a este fanfic.
Espero que os esté gustando, ya sabéis, cualquier fallo o error a los reviews… y si os ha gustado, pues hombre, anima saberlo… =)
