-Eres un idiota Peruzzi! El sicario le daba un fuerte bofetón a su compañero obeso. Ya nos están siguiendo por tu estúpida idea. Donde quedó tu inteligencia, stronzzo?- Pollizzi mostraba furiosamente sus dientes amarillos y podridos.

-Fue solo para confundir, quizás y si caigan en la trampa…no has oído hablar de la guerra psicológica? – roncó Peruzzi sobándose la mejilla donde lo había golpeado su cómplice-. Hay que asustar a los cobardes azules, así atacamos un objetivo que no se esperan! – carraspéo maquiavélicamente el repugnante sujeto.

Ya sabes entonces la identidad de la ladrona? : exigió Pollizzi

No, pero sospecho quien podría ser…Debe ser cercana al mocoso Asuka. No te preocupes por eso ahora…si tenemos al sargento, tenemos a la ladrona.- Mis fuentes entre los azules me indican que es muy posible que se conozcan, después de todo, ella apareció cuando Fandelli casi se carga al niño…- siseó Peruzzi.

De todos modos hay que cambiar el plan. Fuiste demasiado obvio. –recriminó el matón. Se me ocurre..quizás haya un vínculo…algo o alguien podríamos usar para atraer a la ladrona y al tal Asuka…

Ya recordé! – gruñó el obeso- Hay en la capilla de Santa Paula…una monja que maneja el tesoro y las limosnas. Se apellida Mimori o algo así. Esas malditas monjas paulinas llevan un buen tiempo sin dar su colaboración para nuestro sindicato. Quizás sea hora de hacerles una visita- borboteó el hombre.

Si atrapamos a la monja quizás atraigamos al sargento y a la ladrona…Pero no iremos solos. Voy a traer a los Conti.

L-los- Conti? …tembló Peruzzi…-No creo que sea…una buena…-Deja de exagerar, grasso!- le espetó el hombre. Ellos son los mejores para este trabajo.-

-E-estás seguro, Pietro? Esos tipos tienen verdadera sed de sangre…no les importa matar a quien sea para hacer lo que les piden…los vi matar incluso a un anciano que tropezó con ellos…-

¿Quieres matar al sargento o no? – gruñó el sicario. A tiempos extremos, medidas extremas. Con el sargento muerto, la ciudad será nuestra. No tendremos ningún estorbo más. Ese viejo capitán morirá pronto. Tengo traidores para encargarse de él. La mesa está servida, bambino.

Al día siguiente, Seira cantaba distraídamente mientras limpiaba los cálices del altar de la capilla. Era un dia soleado, y los vitrales proyectaban un caleidoscopio de colores vivos y alegres en los bancos de la iglesia.

-Hermana, necesito ayuda…- Un hombre andrajoso y obeso se acercaba al altar

-Lo que quieras, hijo mío-

-Dame todo el dinero hija de puta!- Peruzzi saco una ametralladora de sus andrajos- Seira soltó un chillido de terror-

En el portón de la iglesia aparecieron tres hombres altos, de aspecto muy agresivo, portando armas automáticas. Uno de ellos tenía horribles cicatrices en el rostro, otro iba rapado y el otro tenía una cicatriz de lado a lado del cuello.

Vamos hermana, haga lo que mi compañero le indica y no será lastimada.- Pollizi había entrado en la iglesia.

-Llévense lo que quieran pero no nos lastimen! – gimió Seira.

Vayan por las limosnas y todo lo que haya de valor en esta sucia iglesia! – ordenó Pollizzi a los Conti. Estos se dirigieron al altar y comenzaron a desvalijarlo.

-Y usted, hermana, viene con nosotros. – le gruño el repulsivo Peruzzi. Más vale que permanezca callada. Pollizi le ponía cinta adhesiva a Seira en la boca.

Manato caminaba a la iglesia. Tenía algo que preguntarle a Seira. Se aburría dado que Rina estaba muy ocupada siempre y normalmente, debido a la peligrosidad de estas, ya no era tan requerido para las misiones en las que Rina participaba. Por ello, había tomado un empleo como fotógrafo de la sección de sociales, en el periódico local. Y para matar el tiempo, en ocasiones visitaba a Seira en la capilla.

Manato giraba la esquina cuando vio a los hombres vestidos de negro poner a Seira dentro de un auto y este arrancar rechinando ruedas. No podía creer lo que sus ojos habían atestiguado.

Rina escuchaba a su amigo Manato, mientras este seguía con los ojos muy abiertos, sin parar de estremecerse.

-No pude hacer nada…Esos tipos me dieron tanto miedo…Además, iban armados hasta los dientes…-

Asuka entró a la oficina de Rina.

-Manato, quédate aquí en la jefatura.- habló el joven detective- Vamos a rescatar a Seira cueste lo que cueste. Esos sucios mafiosos ya me están colmando la paciencia. Ahora se metieron con una amiga!- golpéo la mesa.

Rina habló, llena de determinación.

-Seguro es Pietro Pollizzi. El quiere hacerse con el control de la mafia de esta ciudad. No vamos a dejar que se salga con la suya. Si lo atrapamos la mafia en esta ciudad va a sufrir un golpe muy fuerte. Es una oportunidad de oro. Pero no debemos dejar que la vida de Seira esté en peligro.- Tenemos que ser muy cautelosos.- Me preocupa que pueden estarle haciendo esos malditos a ella…- la rubia estrujó los puños.

-Señorita Rina…tenemos malas noticias…un oficial de tránsito le ha disparado al capitán Ishihara y ha muerto…- masculló escuetamente el pálido oficial de policía entrando a la oficina.

-¿Que mierda?- vociferó Rina…Debimos haberlo sabido…los malditos han comprado a varios de nuestros oficiales… murmuró- Debemos movernos ya! –gritó la oficial golpeando la mesa. Debo hablar de inmediato con el comisionado para que nos indique lo siguiente…- bufó la rubia.

Media hora más tarde, en un viejo salón de conferencias, los mejores agentes de la policía de Seika estaban reunidos. Habían llamado también al comisionado para solicitar el apoyo de los equipos SWAT, que estaban llegando en aquel momento a la comisaría.

-He quedado a cargo. Ahora soy la capitana de este departamento- sentenció Rina al frente de los agentes. Ha sido una decisión de último minuto, porque el comisionado está muy presionado por el gobierno. Si fallamos esta misión, van a militarizar las calles. No debemos dejar que esos hijos de puta nos sigan robando la tranquilidad. No queremos que nosotros y nuestras familias sigamos escondiéndonos por miedo a que alguna basura social nos mate. Debemos detenerlos de una vez, darles un golpe tan fuerte que no puedan recuperarse…! – gritó llena de convicción golpeando el estrado.

La rubia fue recibida con vítores por parte de sus compañeros policías. Sonrió fríamente y dio la orden de salir de la sala.

Rina Takamiya se acercó a Asuka.

-Vas a ser el segundo al mando. Necesito que me cubras por favor. Si algo me pasa, la operación seguirá contigo al timón-

-De acuerdo. Seré tus ojos y tus oídos extra, Rina- Daiki tragó saliva. Por primera vez en mucho tiempo, tenía miedo.

En marcha!- Los policías se fueron a las armerías, listos para equiparse con los mejores aditamentos para hacer frente a los criminales más peligrosos. En pocos minutos, estuvieron listos. Subiendo a los camiones de la policía, los oficiales eran vigilados de cerca por los equipos SWAT. Rina y Daiki subieron al mismo camión.

Ya sabes donde están, Rina?

-Están en la calle Midori, en un edificio abandonado que solía ser una fábrica de colchones-

Bien!

La caravana de agentes de seguridad marchó por la calle principal, haciendo sonar estruendosamente las sirenas.

Lee caminaba por la calle. Justo en la calle Midori. En la calle adyacente estaban las tiendas de instrumentos musicales. Había roto una cuerda de su guitarra y necesitaba cambiarla. Las sirenas lo sacaron de su ensimismamiento.

Eh?

Un hombre gordo corría por la calle, perdiendo el aliento. Chocó con Lee

¡Quítate imbécil!. El hombre se había caído al piso y atorado el pie en una coladera con la tapa rota.

-Disculpe señor. Le puedo ayudar?-

-No! Largo de aquí! – bufó el obeso.

-Deja de jugar con la basura, Peruzzi.- sonó una voz hastiada. Pollizzi salía del edificio abandonado, empuñando su arma.

Lee no perdió el tiempo. Sacó su revólver y se puso en guardia.

-No tengo tiempo para jugar niño – gruñó fríamente Pollizzi a Lee. Si aprecias tu vida, te iras de aquí de inmediato.

Lee bajó el arma y pensaba retirarse, de no ser porque aparecieron estruendosamente los camiones de la policía y el SWAT, chirriando ruedas y sirenas. Lee fue sorprendido por el estruendo, y se agazapó para ver lo que sucedía detrás de él.

La policía! – berreó Peruzzi, quien aun no lograba zafarse de la coladera. Pollizzi se escabulló de inmediato al interior del edificio. Mientras los camiones se estacionaban y algunos se enfilaban para cerrar la calle, Peruzzi se zafó con un golpe. Cayó muy cerca de Lee, que se había escondido detrás de una cabina telefónica. El horrible obeso se levantó, ocultándose de los agentes, y miró a Lee.

-Me caes mal, deja de mirarme!- y empuño su arma

-Lee recibió solo un rasguño en el antebrazo. Pero Peruzzi no fue tan afortunado. Recibió un disparo en el pie.

-Idiota, mi pie!.-

-Una voz nasal y plana sonó junto a Lee : -

-Cerdito, trae aquí al irlandés. Vamos a saludarlo. -

Uno de los Conti asomaba sigilosamente por la ventana sin vidrios, mientras apuntaba a Lee con su ametralladora.

Lee no tuvo otra opción que entrar por la ventana. Mientras el mafioso lo apuntaba con su arma.

Los agentes habían comenzado a bajar. Algunos evacuaban a los civiles, otros se aprestaban para entrar al edifico, y algunos más, ya estaban listos para cubrir a los que iban a penetrar en la construcción.

-Miren eso! Gritó un agente cerca de Asuka. Han tomado a un civil de rehén!. Había visto a Peruzzi entrar con Lee al edificio.

Asuka tuvo un golpe de furia fría. Debía parar esta locura a como diera lugar. Los agentes desplegaron las bocinas megafónicas. Primero habría que negociar, quizás…aunque a este punto era absurdo, pensaba Daiki.

Lee era conducido por los sicarios por un pasillo sucio y lleno de telarañas. Se detuvieron frente a un armario de limpieza. Habían amarrado sus manos y retirado su arma. Lo introdujeron bruscamente en él y cerraron la puerta sin preocuparse si había cerrado bien o no.

-Por qué no puedo matarlo…- decía el Conti rapado. Yo quiero matarlo ya!

-Hermanito, siempre tan impaciente – replicaba fríamente el Conti que había amedrentado a Lee, el de la cicatriz en el cuello

-Cállense, ustedes dos!- crujió Pollizzi. Seá mejor tenerlos de rehenes. Nuestro objetivo no son ellos, sino el sargento Asuka. Seguro vendrá. Y a él si quiero que lo rocíen de plomo de pies a cabeza.

¡SALGAN CON LAS MANOS EN ALTO Y NADIE SERÁ HERIDO! – retumbó la voz de Rina en los altavoces.

¿Vaya, ahora una perra es su jefa? Estos policías son cada vez más patéticos! – se río estúpidamente el Conti rapado.

-Esa perra mató a Fandelli, hermanito – dijo el de la voz plana.

-Me gustaría desollarla con mis propias manos …jejejeje…- Va a ser dura de pelar! O no, Fillippo? -

-Siempre tienes que ser tan escatológico, hermanito? – refunfuñó el capo gangoso

Podrás desollar y hacerle todo lo que quieras al tal Asuka, Giorgio.- replicó cansinamente Pollizzi. Ahora, llamen a Enrico y dejen a esos azules con más agujeros que un queso!

Unos pocos minutos después los policías recibieron una serie de veloces y precisas ráfagas de metralla como respuesta a los alegatos de Rina. Obviamente, los criminales no iban a rendirse.

-Vamos a entrar. Usaremos los francotiradores para cubrirnos- le susurró Rina a Asuka.- Ahora!

Mientras los mafiosos intercambiaban tiros con los tiradores de precisión. Un grupo de agentes SWAT y de la policía de Seika entraban al edificio, con los jóvenes oficiales a la cabeza. Penetraron al recinto en completo silencio, sin que nadie apareciese. Tomaron las escaleras al frente de la entrada.

-Ya están dentro – rugió Pollizzi. Peruzzi, ya sabes que hacer!. Mi especialidad!

-No seas perezoso y baja tu a hacerlo. – sonrió grotescamente el capo gordo. Donde está el glamur?-

Ya, ahora idiota!- bramó el mafioso de los dientes sarrosos

Al revisar el último cuarto del segundo piso, una explosión terrible sacó de su concentración a los oficiales que iban adelante, con Asuka y Rina liderando.

Mierda! –gruñó Asuka- tienen bombas! Hay que ir con cuidado, quizás haya más!

Esa bomba…seguramente sorprendió al segundo grupo! – gritó Rina

Continuaron con la subida. Al llegar a un rellano en el tercer piso, los recibieron ráfagas de metralla. Los Conti y Pollizzi los esperaban. Rina y Asuka reaccionaron velozmente, pero algunos de sus compañeros no fueron tan afortunados.

Aquí esta, vino a jugar el niño! – berreó Giorgio Conti!- Dame los honores Pietro.

Ya, haz lo que quieras. Solo no le des en la cara – rió con maldad Pollizzi. Quiero que los policías lo reconozcan cuando encuentren su cadáver.

El mafioso empezó a reírse como tonto mientras Asuka y Rina se incorporaban y empuñaban sus armas. Los miembros del SWAT que los seguían hicieron lo mismo.

-Ríndanse ya- No queremos más muertes – les espetó fríamente Rina.

-Ay por Dios. Esa perra no se calla! –lamentó el estúpido Giorgio. Ya la voy a matar, ya me hartó.

El tipo presionó el gatillo. No salían balas.

Pero si, lo acabo de cargar? Donde compras estos rifles, Phillippo, en China?—

-No seas estúpido herma…el mafioso de la voz nasal no pudo terminar la frase ya que de pronto una lluvia de serpentinas cayó sobre él a través del techo destrozado, que dejaba ver el cielo…- Que diablos?-

¡Es hoooora del show!-

Saint Tail había aparecido encima de la mirada atónita de los mafiosos y los agentes. Asuka no pudo contener un grito de alegría. En seguida, una serie de luces de colores muy brillantes y humo cegaron a los criminales y a los policías. Un montón de palomas blancas aparecieron de la nada distrayendo a los mafiosos-

¿Qué pasa aquí! Que sucede?- chillaba Pollizi incontrolablemente apuntando su arma a todas partes, antes de ser tacleado por Asuka.

Los tres mafiosos estaban confundidos. No dejaban de toser y mirar a su alrededor mientras la palomas revoloteaban picoteándolos en la cara y las manos.

-Mira hermano, tienes una tela, te sale de la boca! – gritó Giorgio

El mafioso de las cicatrices en la cara no podía hablar. Una tela extensiva de mago, de varios colores le salía por la boca. Parecía no tener fin. El capo empezó a ponerse morado y se desplomó de rodillas sobre el suelo.

.Jojojojo- que lindo! – balbuceó el capo rapado. Ahora sí, vas a ver maldita bruja, este va a ser tu ultimó, Oooooooh!

Una cinta a los pies del estúpido criminal lo había derribado. El sujeto cayó con gran estrépito, rompiendo el piso de madera y cayendo al piso inferior.

Polizzi aun luchaba encarnizadamente con Asuka. Ambos desprendidos de sus armas, se revolcaban en el piso polvoso del edificio. El mafioso de la voz nasal no paraba de estornudar. Le habían rociado la cara con gas pimienta. Rina se dirigió a él y lo golpeo fuertemente, tirándolo al suelo.

Los agentes no sabían que hacer, en medio del ruido el polvo y las luces. Hasta que oyeron la voz de Rina que les gritaba!

¡Espérennos en el piso de abajo! ¡Tenemos esto bajo control! Ya casi los sometemos!-

Los agentes obedecieron. El capo cicatrizado se arrastraba con mucha dificultad, sin poder respirar. Un golpe en la cabeza finalmente lo abatió. Saint Tail tenía el tacón en la espalda del hombre mientras sacudió y giraba su bastón. El delincuente de la voz nasal había corrido por la sala huyendo de las palomas que lo arañaban y picoteaban, mientras Rina lo perseguía para esposarlo.

Peruzzi venía corriendo, llevando una granada en las manos.

-Ahora si se van a morir, policías estúpidos. Tomen esto!- Iba a activar la granada, pero no lo consiguió . Los dedos del tipo estaban atrapados en una trampa tubular bicolor. El hombre chillaba de frustración, tratando de liberarse pero solo se atoraba aún más. Hasta que de pronto, un golpe en la espalda lo hizo caer.

Lee había escapado de su encierro. Empuñaba un tablón, con el que siguió golpeando al gordo, que no paraba de berrear y gimotear.

-Con que irlandés mariquita, eh? Siciliano cobarde! Voy a mostrarte de que estamos hechos los de la isla Esmeralda!-

Peruzzi intento empuñar su arma, pero de pronto esta salió flotando por el aire. Se arrastró hacia otra de las armas abandonadas, solo para recibir una lluvia de naipes afilados como navajas que cortaron su mano. Lee seguía golpeándolo sin parar con la tabla. El humo se estaba disipando. Asuka yacía en el piso, cubierto de raspones. Había perdido el rastro de Pollizzi en medio del humo y las luces de la pelea. El mafioso de la voz fría se acerco a Asuka con el arma en ristre, con los ojos rojos y llorosos, las manos y la cara llegas de heridas sangrantes. Habría logrado darle de lleno de no ser por un resbalón con una cascara de plátano de broma que lo llevo a estrellarse estrepitosamente contra la pared. Y vio a Pollizi, que escapaba por el pasillo hacia otro de los cuartos del tercer piso.

-Que no se escape!.

Saint Tail, Rina y Asuka corrieron tras él. El hombre se introdujo brevemente a un armario y salió con un cinturón cargado de dinamita…

¡Aquí se acaba todo para ustedes! – se carcajeó. Justo como lo pensé. La ladrona apareció para ayudarte, Sargento!- Ahora todos ustedes van a morir junto conmigo! – los miró con ojos de locura desorbitada, haciendo una fea mueca con sus dientes amarillos.

Uno…dos… tres…! – gritó Siniestra

El capo accionó la bomba. No paso nada. Cuando la sacudió, de ella salieron una serie de gusanos plásticos de colores, que aterraron de sorpresa al delincuente.

¿Que rayos es esto?...No se burlen de mí! Se lanzo sobre Asuka. De nuevo rodaron por el piso mientras Meimi y Rina los siguieron. Rina pateaba al capo mientras Meimi les lanzaba serpentinas a ambos.

Fuera de aquí!- chilló Pollizzi, levantándose y dando un fuerte golpe a Rina. Meimi la sostuvo. Rina había quedado algo aturullada por el golpe. Colocando a Rina con cuidado sobre una pared, Meimi se dirigió a ayudar a Daiki. De pronto, una mano agarró el pie de Siniestra. Peruzzi aun estaba consciente. Lee se arrastraba con dificultad a unos metros del mafioso.

Asuka estaba tirado boca arriba, gruñendo de dolor. Esta completamente agotado por la pelea. Pollizzi tomo su pistola. Siniestra tenía problemas para liberarse. Ya no tenía más trucos y el hombre la sujetaba con enorme fuerza.

- Aquí se acabó todo! – rugió Pollizzi apuntando con su arma a Meimi. Serás muy guapa, pero te voy a matar!

- Asuka se quedo tirado, sin poder moverse.

- Nooooooooo!

- Bang!

- Meimi había cerrado los ojos fuertemente, esperando su final. Pero no había pasado nada. Al menos a ella no. Entre ella y el criminal, estaba Rina. Su cuerpo cayó al suelo. La sangre salía a chorros por su cuerpo. Le había dado en la clavícula.

- Meimi se quedo congelada en su lugar. No era posible lo que estaba viendo. El mafioso, desconcertado, no se percato en que Asuka había apuntado la pistola a el y que su tiro le había dado justo en el pecho.

- Un tumbo seco indicó que Pollizzi había perecido. Su cadáver quedo al lado de Rina, que no dejaba de tener espasmos violentos.

-Jefe! - Peruzzi no daba crédito a sus ojos. Picado por la sorpresa aflojó la mano con la que sujetaba a Meimi y esta se liberó, no sin antes darle una patada un pleno rostro. El gordo farfulló, con la nariz rota y cegado por el dolor.

- Rina! – grito Daiki .Rina, no puedes morir aquí!

- Daiki la recostó sobre su regazo

- Daiki…murmuró Rina con la boca llena de sangre. Eres un gran…policía…nunca te rindas…

Los helicópteros y ambulancias empezaron a provocar su conocido bullicio. Asuka miró alrededor. Lee y Saint Tail se habían esfumado.

¿Como se encuentra doctor? – Un rato más tarde, Asuka estaba en el hospital, con las ropas cubiertas de sangre y polvo. Apenas podía ponerse en pie debido al esfuerzo titánico que había hecho aquel día.

Lo siento mucho, joven – No pudimos salvar la vida de su amiga.

Asuka se golpeó la cabeza contra la pared del sanatorio, haciendo un ruido seco. Las lágrimas limpiaban la mugre y la sangre que cubría su rostro mientras apretaba los puños, carcomido por el dolor y la impotencia.