Capítulo 8: Reuniendo información
Muchas gracias a todos, en especial a la señorita Tania D. Agosto por vuestras sinceras críticas. Que sepáis que tomo nota de vuestras recomendaciones J
"Han pasado siete días desde que dejamos Vaikai y todo está en orden. Desde que llevamos a Tashigi a bordo, no sé por qué, pero no hemos encontrado marines, cuando antes nos atosigaban cada dos días. Pero hay cosas que no cambian; Luffy ya se ha zampado la mitad de las provisiones que nos dieron Sarah y las demás, y Sanji se ha cabreado. Dice que tenemos que llegar a alguna isla en los próximos tres días. No es que nos quede poca comida, pero ese idiota de goma es capaz de acabar con lo que queda en menos de veinticuatro horas."
–¿El diario de a bordo no debería escribirlo el Capitán?
Nami alzó la vista para mirar a Tashigi.
Ambas estaban en el castillo de popa, en las sillas plegables bajo la sombrilla.
–¿Ves a ese idiota capaz de seguir un hilo narrativo coherente? – señaló, apuntando hacia cierto personaje que observaba con ojos relucientes el nuevo invento de Franky.
Tashigi se echó a reír.
–No, supongo que no… ¿Qué rumbo seguimos?
Nami examinó el Log Pose.
–Sudoeste, según los mapas de Vaikai debería haber una isla cerca, en alguna parte –miró el aparato de su muñeca y estudió las manecillas –. Vamos por buen camino, una de las flechas apunta en esa dirección… no parece que nuestro destino vaya a ser un paseo, pero al menos no será mortalmente peligroso.
Se levantó y apoyó los codos en la barandilla, disfrutando de la vista de la cubierta del Sunny, ocupada por el resto de la tripulación.
Y de fondo, el mar en calma.
Tashigi se acomodó junto a ella. Tras un corto silencio, se atrevió a preguntar:
–¿Por qué decidiste hacerte pirata?
–No fue una elección que tomase voluntariamente –explicó ella –. Luffy decidió que yo debía ser su nakama y no me dejó en paz hasta lograrlo. No es que me queje…
Le contó lo ocurrido con Arlong, todo lo referente a Bellemere y Nojiko y a la villa Kokoyashi. Sonrió al recordar los pedazos de mapa volando mientras le contaba a la joven los destrozos que Luffy y su recién fundada tripulación habían causado en la mansión del tritón.
–Si no fuera por ellos –finalizó –, yo seguiría juntando tesoros para pagar esa aldea, trabajando al servicio de Arlong. Me uní a esta tripulación para cumplir un sueño… y aunque la compañía no siempre es la más segura –hizo un gesto hacia Luffy, que ahora se balanceaba en el palo mayor –, sabes que estarás bien, que pase lo que pase siempre van a ayudarte. Y que nunca van a dejarte sola.
–Y… ¿dónde conociste a Luffy y a los demás?
–Bueno, Luffy llegó con Zoro al pueblo donde yo estaba robando tesoros.
–¿Con Zoro? Yo pensaba que tú fuiste la primera en unirte…
Nami sonrió.
–No, Zoro fue el primero. Luego yo… Usopp, Sanji, Chopper, Robin… Franky y Brook –enumeró –. En ese orden.
–Y… ¿Cómo alguien como Zoro aceptó unirse a Luffy?
Nami dudó un segundo.
–Según tengo entendido –explicó –, Luffy le salvó la vida y le ofreció un puesto en su tripulación. Él aceptó con la condición de que no influyese en sus objetivos. Y aquí le tenemos.
Tashigi no lograba imaginarse de qué manera había podido Luffy salvar al espadachín. Nunca hubiese dicho que el joven no pudiese arreglárselas solo, era…
Pensó que se lo preguntaría a Luffy cuando tuviese ocasión.
–Y si tienes familia en el East Blue… ¿Por qué sigues viajando después de tanto tiempo? –preguntó, cambiando de tema.
–Al final una acaba por cogerle el gusto a esto de la aventura –respondió Nami con una amplísima sonrisa –. Y ellos están allí, y me esperan. Haré mi mapamundi, y reuniré un tesoro enorme para que Nojico pueda vivir bien lo que le queda de vida. Mis motivos han cambiado desde la primera vez que les vi… pero ahora persigo mi sueño, no un ridículo plan para comprar una aldea.
–Dices que lucharon por ti…
–Sí. Nadie había hecho algo así por mí desde la muerte de Bellemere –estaba emocionada. Se le notaba en la manera en que los ojos le brillaban –. Y ellos confiaron en mí desde el primer momento… pese a que les traicioné.
Miró hacia el horizonte, pensativa.
Zoro la había ayudado aquella primera vez sin saber siquiera quién era y le había abierto los ojos al arrojarse al estanque de Arlong maniatado.
Sanji peleaba por ella cada día, incluso con la de veces que ella le había utilizado. La había protegido de tantas cosas…
Usopp la entendía y la apoyaba, le había fabricado aquel primer Clima Tact y reparado el segundo modelo. Gracias a él podía sentirse útil en una pelea.
Y Luffy… la había salvado de Arlong, de su destino, de su escritorio de cartógrafa de los tritones, de la miseria. Y la había llamado su nakama.
Todo ello sin mencionar a los que llegaron después que, a su manera, habían contribuido a cumplir aquella promesa hecha por Luffy al viejo Gen.
–Hay cosas que valen más que el dinero –dijo en voz alta –. Y en este barco hay ocho de esas cosas.
Viviendo con ellos se le hacía difícil dejar de sonreír.
…
–¿Qué cómo llegué a unirme a ellos? –Usopp se levantó los anteojos –. Ellos aparecieron en mi aldea y me ayudaron a salvar a mi amiga Kaya. Todo siguiendo mis órdenes, por supuesto, no olvides que soy el gran Usopp-sama… Pásame ese destornillador, por favor.
Tashigi contuvo una risita. En el poco tiempo que llevaba en el barco había aprendido a darse cuenta de cuándo Usopp mentía y cuando no. Y evidentemente estaba exagerando su papel en la historia…
Le tendió la herramienta y esperó hasta que hubo ajustado un tornillo de su último invento para preguntarle, igual que a Nami, por qué seguía viajando con Luffy.
–Kaya esperará que vuelva y le cuente todas mis aventuras, que por una vez no serán inventadas –explicó Usopp riendo –, aunque suenen aún más increíbles que las que le contaba al principio. Y los chicos… bueno, tendré que volverme de verdad ese fiero y valiente guerrero del mar que ellos creían que yo era. Además, quiero volver a ver a mi padre. Y… ya estuve fuera de la banda en una ocasión, y sé por experiencia que no volveré a hacerlo nunca más.
–¿Cómo que estuviste fuera de la banda? Nunca tuvimos noticias de eso…
Usopp estaba muy serio. Le dio la espalda y siguió ajustando tuercas, como si no fuese a contestar. Sin embargo, al cabo de unos minutos habló:
–Cuando el Gobierno comenzó a conocerme como Sogeking yo había abandonado la tripulación –dijo en voz baja –. Luffy y yo tuvimos… un enfrentamiento por nuestro antiguo barco, el Merry Going. Yo le reté a un duelo y él venció. Luego… abandonaron el barco.
Tashigi le miró, incrédula. Había visto cómo trataban al Thousand Sunny, casi como si tuviese vida propia.
Usopp entendió la confusión de la joven en su silencio, y sonrió tristemente:
–Estaba rota, ¿sabes? –comentó –. No tenía arreglo… Todos lo sabíamos, pero yo no quise creerlo. Me puse contra ellos pese a todo lo que habían hecho por mí… y es algo que no sé si llegaré a perdonarme alguna vez.
No habló más. Tashigi entendió que debía ser algo muy doloroso para el joven, así que no siguió preguntando. En lugar de eso pasó las siguientes dos horas ayudando al tirador a montar lo que parecía ser una caña de pescar mecanizada.
–Luego le pediré a Franky que instale aquí un sónar para detectar los bancos de peces –dijo mientras le explicaba cómo funcionaba –así nos ahorraremos las horas muertas esperando a ver si pican.
Mientras sostenía el sedal, esperando que Usopp lo introdujese por las arandelas y lo enrollase en el carrete, Tashigi consultó mentalmente la lista de los Mugiwara para decidir con quién hablaría a continuación.
Su estómago decidió solo cuando le llegó un delicioso olor desde la cocina.
…
–Supongo que si veo el All Blue podré darle en las narices al maldito viejo –Sanji exhaló una nube de humo hacia arriba –. Puede que entonces vuelva al Baratie, aunque sólo sea para agradecerle otra vez a ese viejo loco que me salvase la vida. Sinceramente, no creo que después de todo lo que hemos pasado sea capaz de dejar de navegar.
El cocinero estaba encantado de que una de las tres mujeres del barco hubiese entrado en su cocina a hablar con él, así que, además de agasajarla con un delicioso aperitivo, respondía con facilidad a todas las preguntas.
–Y… ¿Qué sabes del resto de la tripulación? –aventuró ella. No quería preguntarle directamente por Zoro, ya que, por lo que había visto, no parecían llevarse muy bien.
–Lo justo y necesario para saber que estoy donde quiero estar –afirmó rotundamente el cocinero –. Sé que tenemos un capitán un tanto imprudente y loco, pero en el fondo todos somos igual. Todos daríamos la vida por defender a nuestros nakamas, y al final es lo que cuenta.
–¿Darías tu vida por todos ellos? Aparte de por Nami y Robin, que eso es obvio… –añadió rápidamente, antes de que el enamoradizo cocinero hiciese algún comentario acerca de las mujeres de a bordo.
–Sin dudarlo un instante. Cuando tienes algo por lo que pelear, no mueres tan fácilmente, ¿sabes? Además –añadió –, todos aquí sabemos que podemos poner nuestras vidas en manos de cualquiera de nosotros.
–Te creo –murmuró ella–. Nos rescataste de Vergo en Punk Hazard…
Antes de que pudiese continuar, Sanji ya había hincado una rodilla en el suelo y la cogía de la mano:
–Vivo para las damas como tú, Tashigi-chan –cloqueó–. No podía dejarte sola frente a ese traidor.
Tashigi se echó a reír.
–Pero los soldados del G-5 a los que rescataste del veneno no eran mujeres, Sanji-san.
El aludido se levantó y volvió a la comida diciendo:
–Ya les había quitado de encima al tipo ese, no podía dejarles morir allí…
El sentido del honor de Sanji era casi tan fuerte como el de Zoro. Era gracioso ver lo mucho que se parecían a pesar de lo mal que se llevaban.
Estaba empezando a comprender que Luffy no elegía a su tripulación solamente por sus habilidades, sino también por sus valores.
…
El siguiente en disfrutar de la compañía de la espadachina fue el pequeño doctor. Lo encontró en su despachito, girando en la silla sin nada que hacer, así que estuvo encantado de que ella le preguntase por su isla y sus motivos para navegar.
–Aún tengo a Doctorine –decía en ese momento –. Ella puede esperar, dice que aún es joven… además, es la mejor médico que conozco. Supongo que cuando vivía en Drum temía a los piratas pero ahora… no puedo imaginar una vida distinta a la que llevo ahora. No sé si… bueno, les echaría muchísimo de menos si…
–Les admiras, ¿no es así?
–¡Mucho! –exclamó el pequeño reno –. Algún día quiero ser tan fuerte como ellos… Quiero que el Doctor esté orgulloso de mí, donde quiera que esté.
–Parece que ellos sí que lo están… –señaló ella.
–¿De verdad lo crees?
Al pequeño reno le brillaban los ojos. Tashigi sonrió. Empezaba a entender el cariño que le tenían todos al pequeño animal, y desde luego comprendía que tuviese la posición de un hermano pequeño para todos.
–¿Cómo no iban a estarlo? Te he visto tratar a los enfermos en Vaikai, ¡eres un médico excelente!
Chopper, sonrojado, inició su extraña danza, farfullando cosas como "¡Así no vas a hacer que me sienta bien, idiota!". A Tashigi le dieron ganas de abrazarlo como a un peluche. Si la primera vez que lo había visto ya le había resultado una monada, ahora con esa gorrita era sencillamente adorable.
–¡Chopper! –se oyó una voz desde la cubierta. Unos pasos se acercaron por el pasillo y la puerta se abrió de golpe –. Nami me envía, esa bruja quiere que… ah, hola.
Tashigi sacudió la cabeza respondiendo al frío saludo de Zoro, que acababa de entrar con un rasguño en la frente. El joven apenas le prestó atención, hablando con el reno:
–Luffy ha cortado una de las cuerdas que sujetaban la vela y se nos ha caído encima –explicó con voz molesta. Por su aspecto no costaba imaginarse quién había estado durmiendo plácidamente bajo el palo mayor y había recibido encima el madero transversal que sostenía la vela. Chopper lanzó una exclamación ahogada y revolvió entre sus cosas para sacar unas gasas. Zoro le impidió que se las pusiera en la herida –. Yo estoy bien, pero a Usopp le va a hacer falta que vayas, se ha llevado la peor parte.
Alzó sin esfuerzo al reno y lo subió a hombros.
Tashigi no pudo menos que admirar, mientras salía tras ellos y cerraba la puerta, lo bien que hacía el joven su papel de hermano mayor para el pequeño animal.
…
Encontró a Franky en la cubierta, refunfuñando y arreglando el estropicio hecho por el Capitán. Chopper ya se había llevado a Usopp a su despachito para coserle la brecha que le había hecho el palo al caer. Luffy estaba atado con sus propios brazos a la barandilla para evitar que rompiese nada más y Zoro dormía la siesta a su lado, supuestamente vigilando que no se escapara.
–¿Puedo ayudar? –preguntó educadamente.
–No hace falta, sólo tengo que cambiar la cuerda… Ese maldito cerebro de goma… Como rompa algo más del Sunny le voy a dar un Súper Tortazo…
–No creo que su intención fuese romper nada…
–Nunca lo es, pero siempre acaba cargándose algo… ¡Por suerte eres duro! –exclamó, dando unas palmadas a la madera del mástil –, ¿verdad, Sunny?
–Hablas como si estuviese vivo…
Franky dejó a un lado las herramientas:
–¿Nunca has oído hablar del klabautermann? –dijo, con aire misterioso. Cuando Tashigi negó con la cabeza, el cyborg se subió las gafas con el pulgar y sonrió –. Heh, y yo que pensaba que los marines habíais pasado suficiente tiempo en el mar como para ver uno… Son los espíritus de los barcos. Cuenta la leyenda que son como niños con un chubasquero y un martillo. Usopp jura que vio el de su anterior carabela, reconstruyendo el casco roto. ¡Y yo lo oí! –exclamó orgulloso –. Lo oí cuando el Merry murió. Luffy dice que el espíritu del Going Merry cambió de barco y está ahora en el Thousand Sunny.
Un misterio menos: ya sabía por qué los Mugiwara trataban a sus barcos como si estuviesen vivos.
–Y… ese klabautermann… ¿es tu motivo para estar en este barco?
–Éste barco está aquí porque yo lo construí –corrigió Franky –. Tom-san armó el Oro Jackson de Roger con madera de Adam, y yo he hecho lo mismo para el futuro Rey de los Piratas. Tras Enies Lobby, ellos me devolvieron las ganas de construir barcos, y yo trabajé en el Sunny para ellos. Imagínate, el barco del Rey Pirata, el Thousand Sunny, construido por Cutty Flame, alias Franky el Cyborg… –sonrió –. No es por ser leyenda –aclaró –, es por ver cumplido mi sueño. Ahora, si no te importa, Tashi-neechan, ayúdame a colocar esta Súper Cuerda en la vela. ¡La he trenzado con materiales más resistentes para que Luffy no pueda romperla la próxima vez!
Adoptó su clásica pose y Tashigi no pudo hacer menos que aplaudir.
…
Con Robin fue algo diferente.
La arqueóloga era una persona callada y reservada. Tashigi ya se había dado cuenta de su costumbre de soltar la primera idea macabra que se le viniese a la cabeza, aunque no fuese la más apropiada para la ocasión. No pegaba en absoluto con la rutina diaria de la mujer, que empezaba por cuidar sus flores para después sumergirse horas y horas en las páginas de un libro.
Y sin embargo había sido largo tiempo la mano derecha de Crocodile en Arabasta; ese cargo no habría podido desempeñarlo un cualquiera.
Pese a que ahora la mujer parecía distinta, Tashigi no había olvidado su encontronazo en la ciudad del desierto. Y la usuaria de la Hana Hana no Mi aún le daba algo de miedo.
Llevaba ya un rato sentada junto a la mujer que leía, pensando cómo iniciar una conversación, cuando Robin la miró por encima de su libro:
–Me colé en el barco y le exigí a Luffy que me aceptase como tripulante –dijo.
Tashigi se sobresaltó:
–¿Cómo has sabido…?
–Cuando has pasado la mayor parte de tu vida huyendo, te acostumbras a escuchar a escondidas –sonrió la arqueóloga –. Ya sabes el resto de la historia, ¿verdad?
Lo ocurrido en Ennies Lobby había sacudido los cimientos del Gobierno Mundial; el día en que una pequeña tripulación de piratas desafió al mundo.
Asintió, y no dijo nada.
–Al principio ellos eran sólo mi siguiente escondite –explicó Robin dejando a un lado el libro –. Una vez vencido Crocodile me hacía falta un barco para llegar al siguiente Phonegliph. Pero… bueno, supongo que entiendes de qué hablo si te digo que acabé cogiendo cariño a Luffy y a los demás.
Ambas sonrieron a la vez. Una mano creció junto a la cabeza de Tashigi y le apartó una pelusa del hombro.
–No debes temer nada de mí, Tashigi –le dijo la arqueóloga –. Tuvimos nuestro enfrentamiento, pero no quiero hacerte daño. Me caes bien.
La joven levantó tímidamente los ojos para fijarse en los de la arqueóloga, que la observaba con la mejilla apoyada en la palma de la mano. Sonrió.
–Gracias, supongo…
–Ahora, ¿por qué no me cuentas por qué estás investigando tanto?
Si hubiese estado bebiendo algo lo habría escupido, como en las comedias.
–N-no sé a qué te refieres…
–Sí que lo sabes –sonrió divertida la mujer –. Has hablado con Sanji, Usopp, Chopper, Franky y Nami. ¿Qué esperabas que te contasen? ¿Algo sobre cierto espadachín?
–¡No! –se esforzó por negarlo, pero lo cierto es que la arqueóloga la había calado –. No me interesa la vida de alguien tan arrogante como él. Sí, me contaste que perdió a su amiga, pero eso no es motivo para ir por ahí fanfarroneando.
Robin suspiró. La chiquilla creía saber mucho y no sabía nada.
–Me extraña que Sanji no te haya dicho nada, porque hay un par de cosas que deberías saber sobre Zoro antes de juzgarle tan duramente.
–¿Qué cosas?
Robin sonrió con su clásico aire misterioso.
–Me atrevería a jurar que Brook también sabe de lo que hablo.
–Apenas sabemos nada de Brook en la Marina –confesó Tashigi –. Le dieron por muerto en su día y se perdieron muchos de sus papeles.
–Pues ve y pregúntale por Laboon –aconsejó la arqueóloga –. Seguro que acaba diciéndote lo que quieres saber.
…
Brook dejó de tocar.
–Así que te han hablado de Laboon… –dijo –. Pues sí, ese es mi motivo para navegar por el Grand Line… además de la terrible deuda que contraje con Luffy-san, Zoro-san y los otros…
–¿Con Zoro?
–Él recuperó mi sombra, y le estoy muy agradecido. Además…
Se detuvo. Volvió a levantar el violín y se puso a tocar. Tashigi detuvo su brazo sujetándole por la muñeca.
–Además…
Brook desvió la calavera, nervioso.
–No sé si debería contarte esto…
–Adelante, no se lo diré a nadie…
Titubeó, y al final accedió.
–Verás, es algo que solamente Sanji-san y yo sabemos en el barco… Sanji-san no quiso que los demás se enterasen, creo que fue por…
–Ve al grano.
–Está bien. Habrás oído que un Shichibukai llamado Gekko Moria tenía un barco enorme que casi parecía una isla –empezó –. Mi sombra estaba allí, Moria cogía las sombras y…
–Sé lo de los zombies, siempre me ha parecido repugnante. Y sé lo de Thriller Bark.
Brook se detuvo para poner en orden sus recuerdos.
–Veras… acabábamos de derrotar a Moria –dijo lentamente –. Luffy-san estaba inconsciente y los demás para el arrastre. Entonces… apareció Kuma.
Tashigi se sobresaltó.
–¿Kuma? ¿El Shichibukai Cyborg? ¿Bartholomew Kuma, el experimento de Vegapunk?
–El mismo. Apenas pudimos hacerle frente.
Le contó que Zoro se había enfrentado a él, que Sanji le había ayudado. Le habló del aviso de bomba, de que se habían negado a entregarle a Luffy y de la explosión.
–Cuando Kuma fue a llevarse a Luffy-san –continuó –, Zoro-san le defendió. Yo apenas podía moverme, pero fui testigo de… –se interrumpió. No parecía ser algo agradable de recordar –. Zoro-san se portó como un héroe, Tashigi-san. Estaba ya medio muerto cuando comprendió que no podría vencer a Kuma en su estado. Y pese a todo, ofreció su vida a cambio de la del capitán. Su vida –recalcó, pero no hacía falta. Aunque no tuviera ojos, Brook podía ver la impresión que aquella historia estaba causando en Tashigi.
"Palabras textuales: Luffy no puede morir porque será el próximo Rey de los Piratas. Sé que no soy muy conocido pero te llevarías la cabeza del que iba a ser el mejor espadachín del mundo"
Se detuvo. Tashigi parecía haber chocado contra algo y haberse quedado aturdida. Brook se demoró unos momentos antes de continuar.
–Sanji-san se levantó en su ayuda. Ofreció también su vida a cambio de salvar la de Zoro-san y la de Luffy-san. Zoro-san no se lo permitió. Le… golpeó en el estómago con la empuñadura de su katana y le dejó inconsciente. Luego arrojó sus armas a los pies de Kuma y se rindió.
Dejó de hablar. Tashigi levantó la cabeza y le miró extrañada.
–¿Y ya está? –preguntó –. ¿Kuma le perdonó la vida?
–Sí… y no –admitió el esqueleto –. Casi lo mató.
–¿Casi?
Brook acabó de contar la historia. La imagen de Zoro gritando de dolor, atravesado por aquella… bolita del agotamiento de Luffy apareció muy clara en sus recuerdos.
–Lo último que recuerdo es que Zoro le pedía a Kuma que se alejasen un poco –confesó el esqueleto –. No sé que pasó después.
Desde detrás de la puerta de la cocina, Sanji escuchaba. El pelo le cubría los ojos. Maldición, tampoco él podría olvidar aquello. Toda la maldita tripulación le debía la vida al maldito marimo, pero nadie salvo ellos lo sabía. Joder, casi le había dado un infarto cuando había encontrado a Zoro completamente cubierto de sangre… pero lo peor había sido el momento en el que él había dicho con voz de muerto que no había pasado nada. ¿Nada? ¡Maldición, Chopper juraba que en su vida había visto a Zoro tan mal! Ni siquiera Luffy, que llevaba más tiempo con él le había visto así...
Aquí no ha pasado nada.
Nada.
Sí, claro, y por eso se había desmayado casi al minuto de decir eso y no había despertado hasta días más tarde.
Dudaba que la joven pudiese comprender el sacrificio que Zoro había estado dispuesto a hacer.
Entonces la oyó que le hacía una pregunta a Brook.
–Pero… Zoro sabría que Kuma le dejaría marchar… ¿Verdad?
No pudo aguantarlo más. Salió de la cocina y se plantó en dos zancadas frente a ella.
–No, no lo sabía. Y Kuma no le "dejó marchar" –respondió, tal vez más bruscamente de lo que había pretendido –. ¿Llamas "dejar marchar" a soportar todo el dolor de alguien que se ha desmayado por el agotamiento además del tuyo propio? Y tú –Señaló amenazador al esqueleto –. Tú, maldito espantapájaros, ¡prometiste no contárselo a nadie!
–S-s-s-s-s-sanji-san, no sabía que estabas e-escuchando…
Sanji fue a ir hacia él, pero Tashigi le retuvo del brazo.
–¡Es culpa mía, Sanji! –exclamó –. Le insistí mucho…
–¿Por qué estás tan interesada en el marimo? –le preguntó, algo cabreado todavía –. Espero por tu bien que no estés reuniendo información para pasársela al Gobierno…
Tashigi se irguió, ofendida.
–¿Y por qué no debería hacerlo? –respondió, soberbia –. Soy una marine.
Sanji reprimió las ganas de darle una buena patada. Tuvo que recordarse a sí mismo que él no pegaba a las mujeres.
Fue Brook el que respondió:
–Sabemos que no vas a hacer eso, Tashigi-san –dijo suavemente –. Es algo del viejo Quid pro Quo, ya sabes… estamos acogiéndote en nuestro barco, como una más. No sería justo que nos delatases, aunque, bien mirado, no tenemos forma de impedírtelo.
–A menos que decidamos dejarla en un islote en medio de ninguna parte… –refunfuñó Sanji.
Tashigi bajó la vista.
–No, tienes razón, Brook –dijo, arrepentida de sus palabras –. No podría denunciaros, no después de todo lo que habéis hecho por mí. Lo siento.
Sanji se encendió un cigarrillo e hizo un ademán con la mano.
–Da igual, no me lo tengas en cuenta, Tashigi-chan –sonrió y soltó una nube de humo –. Es que no me gusta recordar lo que pasó…
Tashigi asintió pensativa. Buscó con la mirada a Zoro y lo encontró dormido en cubierta.
–¿Por qué no quieres que se sepa? –le preguntó entonces a Sanji –. Tampoco entiendo por qué Zoro no os lo contó…
–Porque él no es de los que presumen. Además, prefiere que Luffy siga pensando que su dolor desapareció solo –se metió las manos en los bolsillos y se apoyó en la pared –. ¿Cómo crees que se sentirían Luffy y los demás si se enterasen? Yo no le veo con los mismos ojos desde aquello. Sabía que arriesgaría su vida por Luffy y los demás, pero… renunciar a su sueño por salvar aquello que le importa… pocas personas son capaces de eso, Tashigi.
–Pero tú…
–Mi sueño no es nada comparado con el suyo –interrumpió Sanji –. Yo sólo he dedicado estos últimos dos o tres años de mi vida a buscar el All Blue, mientras que él lleva entrenando para ser el mejor desde hace mucho más tiempo. Además… él carga con algo más importante.
La imagen de una espada blanca cruzó la mente de Tashigi, que se sintió mal de pronto.
Sanji la observó unos minutos, encendiendo un cigarrillo para calmarse. Luego Brook y él entraron en la cocina dejándola sola con sus reflexiones.
En momentos como éste agradezco que no sepáis dónde vivo, porque si no os tendría a muchos a la puerta de mi casa al grito de "¡Escribe, hostia!" (Wolf dixit XD).
Ahora vienen las explicaciones: me costó mucho escribir éste capítulo, no me preguntéis por qué, porque en principio parecía muy sencillo. Mi musa se debió de ir de vacaciones al mismo tiempo que empezaba yo las mías, porque me he pasado el verano sin escribir.
Siento haber desconectado tanto del fic, pero no os preocupéis, sigo en ello. Ya os dije que no prometía nada sobre la frecuencia de subida, pero sí os juro solemnemente que no voy a dejar colgando esta historia. Será como las tormentas de Brook, "tarde o temprano terminará".
Besos, abrazos, sinceras disculpas y súplicas de reviews.
