Capítulo 23: Palutena, la Diosa de la Luz

-Ya no nos da tiempo de que volváis a Altárea para que hagáis clase sin que nadie sospeche… Ya nos inventaremos algo… ¡A dentro, chicos! -ordenó la sheikah a la larga cola de gente que tenía detrás.

Todos obedecieron. Pit enseguida se hizo amigo de Link y Coocker. Ellos tres iban delante, después Impa, detrás iba Zelda compartiendo risas con Gracielle, que sostenía a Miwi en brazos. Gruyo, Ruto y Saria las seguían, después Malton, Corvy, y Vestro y finalmente Midna con Fay, que conversaban con sus registros opuestos. Los quince llegaron al final de la escalera.

-El mapa de esta mazmorra lo tengo yo. -anunció el ángel antes de ponerse a mirar junto a Impa.

-El plan es ir todo recto y coger el "glifo del dragón" para entrar en una sala donde está el jefe de mazmorra. Después ya es como la otra vez, tocar en el manantial, en este caso es el "Manantial Terrenal" y tocar la melodía "Bolero del Fuego"… No debería ser difícil con lo que hemos pasado anteriormente…

Gracielle alzó la mano para hacer una pregunta.

-Dime Gracielle. -dijo Impa.

-¿Nos volveremos a encontrar con Grahim aquí?

-Señorita Impa, permíteme responder la cuestión. Hay una probabilidad del 90% de que Grahim no sea el guardián de la segunda piedra espiritual. -dijo Fay

A Pit le sonó la gema de la túnica. Volvía a ser la misma voz que le habló al recoger a Saria.

-Pit, he decidido bajar con vosotros y adoptar la forma de mortal.

-Nos la arreglamos bien, Palutena…

-Necesito colaborar… Quieras o no, también formamos parte de esta lucha…

Al lado de Pit apareció una luz demasiado brillante como para ver a través. Sólo miró Pit, que ya estaba acostumbrado a esa luz cegadora, los demás no lo resistían. De ella apareció una hermosa mujer de pelo largo y verde. Iba vestida con un vestido blanco, con varias pulseras y adornos. Llevaba una joya en la frente de color rojo. Iba equipada con un escudo y un báculo. Era Palutena.

-¡Ya estoy aquí!

-¡Palutena! –dijo Impa abrazándola– ¡Cuánto tiempo!

-Desgraciadamente sí… Bueno, ¿cómo se ha portado Pit? –dijo sonriendo.

-Diosa Palutena, que no soy un niño… ¬¬

-¡¿Diosa?! -se sorprendieron los alumnos.

Palutena se rio.

-Mirad, chicos… Ahora hagamos lo que tengamos que hacer en este lugar y después os lo explico TODO… Confiad en mí… Lo único que me debéis contar es vuestro poder. -exigió la diosa.

-Mira, -comenzó Impa- Link controla los insectos, Coocker se hace invisible, Gracielle controla las partículas del sonido y la energía cinética, Zelda la electricidad, Saria lee pensamientos, Ruto genera agua y hielo, Gruyo tiene una fuerza sobrehumana, Malton mueve objetos con la mente, Vestro controla sus moléculas y Corvy es metamorfo.

-¡Buff! ¡Qué despliegue de poderes!

-Sí… Bueno, después de las presentaciones… ¿Seguimos?

-Venga.

Todos siguieron, cruzaron la sala principal por unas rocas que sobresalían de la lava. Al llegar a la puerta del fondo, observaron que había un candado pero roto, lo que les hizo pensar que alguien ya pasó por aquí. Alguien capaz de destrozar un candado tan resistente. A todos les entró pánico, aún así siguieron caminando. Detrás de esa puerta había una pendiente muy empinada, que al doblar la esquina que ésta hacía había otra pendiente igual de larga. Empezaron a subir. Cuando estuvieron arriba del todo estaban agotados.

-¿A-alguien tiene agua? –dijo Pit cansado y sediento.

Ruto le puso la mano delante de la cara y soltó un chorro de agua, tan fuerte que lo empujó hacia atrás y obligándole a caer rodando por la pendiente.

-¡Jajajaja!

-Ruto... -soltó la kokiri pegándole un codazo a su compañera

-Pobre Pit… -se lamentó Malton.

Malton se concentró en el ángel casi desmayado del final y lo hizo levitar hacia donde estaban ellos. Después del numerito, la sorpresa fue suya al ver otra rampa con una cabeza de un dragón de piedra en el final. Allí estaba el glifo.

-Sólo puede ir una persona. Si vamos todos puede ser muy arriesgado. -propuso Impa.

-¡Voy yo!

Sin nada más que decir, Gracielle en un segundo estaba en la cima de la rampa. Cogió el glifo, debajo de la cabeza de piedra. Al cogerlo, los ojos de la cabeza del dragón de piedra se pusieron rojos, abrió la boca y soltó una gran bola del mismo material de unos siete metros de radio, que comenzó a rodar hacia donde estaban ellos. Para ello, Gracielle ya estaba abajo con los demás y el glifo. Como había pendiente la bola cogía más velocidad. Todos se apartaron y la bola chocó con la puerta del jefe de mazmorra bloqueándola por completo.

-Mierda… ¿Ahora qué? -se quejó Midna.

-¡Aquí estoy!

Gruyo agarró la bola, hizo fuerza y consiguió arrancó de la puerta. Todos aplaudieron y entraron.
Subieron una pequeña subidita y se encontraron con un camino quemando, estrecho, rodeado de un pozo profundo con lava… Era inexplicable que el suelo estuviera en llamas porqué era de piedra. Vieron que no había peligro, sólo estaban centrados en la puerta abierta que había en el fondo y que comunicaba con el Manantial Terrenal, su objetivo. Siguieron caminando. De repente, las puertas de entrada y la del fondo se cerraron con un candado que apareció de repente… ¡Una de las llamas del suelo era azul!

-¡Jajajaja! -se dejó escuchar una perversa risa.

-¡¿Q-qué ha sido eso?! -se asustó Zelda.

-Sea lo que sea lo pegaré. -dijo Midna preparando los puños.

-Es una mujer… N-nos quiere atacar… -informó Saria, una vez haber leído los pensamientos de la extraña.

-No realmente soy una mujer… ¡Soy Pandora! –dijo la llama azul saliendo del suelo.

-¿Pandora? -se extrañó Palutena.

-¿No me recuerdas? -peguntó la llama.

-No… Me suena tu nombre pero…

-¡Basta de chácharas! ¡Ortros!

Del pozo de lava saltó un perro... ¡Un perro de más de diez metros y con dos cabezas!

-¡Ortros, ataca!

El Perro del Inframundo se acercaba a Zelda. Ella tiraba para atrás lentamente. Pronto, la chica se encontraba en el borde derecho del camino que cruzaba el pozo de lava.

-¡Zelda! -gritó Link.

-¡Toma esta! –dijo Ruto tirándole agua a Ortros en las nalgas.

A Ortros le dolió tanto el agua que dio media vuelta para mirar quién había hecho eso, con tan mala suerte que empujo a Zelda por el precipicio que daba con el pozo con la pata. La chica soltó un ahogado grito. Link se tapó los ojos… El grito se apagó.