La pequeña niña jugaba en su habitación con una pelota. Lanzándola al techo, no podía parar de reír. De pronto la pelota chocó con un mueble y salió disparada hacia el estudio de su padre.

En el estudio, al que rara vez entraba la chiquilla, ya que sus padres se lo prohibían, había un traje de maga, con chaleco de frac negro, tutú rosa con crinolina, guantes largos también negros y un sombrero de copa. Ya era viejo, pero se veía muy bien cuidado. Tenía algunos remiendos y el parche que leía "Saint Tail" estaba casi desprendido .La niña lo miró con gran interés. A su lado había una vieja guitarra clásica, llena de raspones y magulladuras. La nena toco el diapasón de guitarra, y esta, estando mal recargada, cayó con un estruendo desafinado.

-Nanoko, que estás haciendo?- habló desde el piso inferior la voz de su madre. La niña salió velozmente del cuarto.

-Estabas en el estudio de papá, no es cierto? -Le dijo la madre inquisitivamente. Vestía un delantal floreado y bajo el, una blusa color magenta y un pantalón de mezclilla. Su cabello volvía a estar corto, a la altura de la mitad del cuello. Que buscabas?-

-Mi pelota, mami. Perdóname…- la chiquilla clavó los ojos en el suelo. Meimi no pudo evitar soltar una sonrisa espontánea. Esos ojos castaños y esa expresión seria…era un asunto de familia.

-Ven, vamos por ella.- replicó la madre firmemente. Ya te he dicho que a papá no le gusta que se metan a su estudio sin permiso ni que toquen sus cosas. Ah…! Me había olvidado! Aquí lo puso!

Meimi vió el vestido de Saint Tail en el maniquí. Una sensación de calidez le lleno el cuerpo.

-Mami, que es ese vestido? Es tuyo?-

Sí tesoro, era mío, algún día te contaré… Papi lo guarda aquí porque es importante para él.

-Pero papi no lo usa? –contestó inocentemente la niña

-Ah…no hija! Claro que no! - se carcajeó Meimi ante tan grotesco pensamiento- Papi a veces me pide que lo use porque a él le gusta.

Es muy lindo mami…cuando sea grande, puedo usarlo?

Meimi miró a su pequeña hija. La besó en la frente diciendo: - Claro que sí, amorcito mío.-

La puerta sonó:

-Estoy en casa Mei! Una voz grave sonó en el piso de abajó.

-Papi!- exclamó la chiquilla. Meimi la soltó, para que fuera a recibir a su padre.

Ahí estaba Lee, ahora con una barba que lo hacía parecer un Santa Claus castaño. La barriga le había crecido un poco.

-Ahora te toca a ti la comida. Yo tengo que ir a trabajar. Hay demasiado que atender en la oficina- suspiró la mujer pelirroja abrazando a su marido.

-Para eso estoy guapa. Siempre a tu lado- le murmuro mansamente el hombre a su esposa después de besarla.

-También te toca la cochera, el sótano y tu estudio!- exclamó Meimi. Estoy muy cansada hoy. Lo siento. – se rió con sorna.

-Papi, te vas a quedar conmigo hoy?- saltó la chiquilla llena de alegría. Usaba un peinado de coletas. Su pelo era igual al de Meimi, pero sus ojos eran idénticos a los de su padre.

-Claro que si princesa, pero hoy vas a ayudarme con algo! – rió Lee.

-Que es papito? –

-Es una sorpresa bebé. Vamos. Ayuda a mami a empacar su comida.-

-Hemos pasado por tanto…quizás el amor verdadero si existe- le susurro Meimi con lagrimas de felicidad a su marido mientras la pequeña empacaba torpemente las viandas de su madre.- Tenemos ahora una hija… -se le quebró la voz. Lee la tomo por la cintura y la besó.

-No habríamos llegado hasta esto, si no hubiésemos trabajado tanto juntos, mejorado como personas, no solo por nosotros, sino por ella-

-La pequeña jugaba con una cuchara de plástico.

El matrimonio no es un lecho de rosas, es verdad- suspiró Meimi- Pero cuando amas a alguien, haces lo que sea por esa persona y por salvar la relación. Hemos llorado, reído, discutido y amado en estos cinco años.- Estoy lista para los que resten. – le devolvió el beso a su esposo.

- Espero ser lo bastante bueno, ya que Daiki aun quiere matarme!- carcajeó el hombre- Me da aún más miedo ahora que es el comisionado!-

- Daiki es solo un hablador. No le hagas caso. Lleva cinco años diciéndome que va a atraparte personalmente aunque solo tires un papel en la calle- Meimi siguió con la risa

- La va a tener difícil! – gruño sonriendo Lee – Recuerda que soy irlandés!-

La pareja rió sin comedimiento.

-Seira me avisó que ya sabe el sexo de sus gemelos. Van a ser varones!-

-Me alegra por ella. Ah…ese Manato se va a subir por las paredes! No tiene nada de paciencia con los niños!-

-Su organización de caridad va bastante bien. No dejan de trabajar los pobres. Apenas duermen. Pero me dijo Seira que van a organizarse para cuidar a los bebés y asegurarse de que crezcan en un hogar amoroso, con todas las atenciones y cuidados posibles-

-Que hay de Daiki?

- Solo supe que estaba saliendo con su secretaria. Parece que se quieren- Y en cuanto a ti….

- Has engordado- tocó la barriga de su esposo.-Creo que no estaría mal que te pusieras a dieta y algo de ejercicio…y esa barba te hace ver más viejo…me gustas más rasurado- le ronroneó coquetamente.

-Lo haré guapa, pero solo si te dejas crecer de nuevo el pelo! Me…gustaría volver a ver a Saint Tail…- espetó animadamente el músico.

-Trato hecho- concedió Meimi. Pero espero empieces mañana mismo, eh?-

Un momento después, la mujer salió con rumbo a su trabajo. Con la pequeña en brazos, que se despedía de su madre moviendo la mano. Lee suspiró. Quizás la felicidad, después de todo, es real. Pero cuesta trabajo lograrla. Es el fruto más sabroso del jardín del Edén. La manzana dorada de las Hespérides. El amor, aquel que se trabaja todos los días, volcándose en el ser amado…