Capítulo 11: Parte del barco, parte de la tripulación

Sí, el título lo he sacado de una de las escenas finales de la última de Piratas del Caribe (esa porquería que pretenden hacer pasar por la cuarta película no cuenta), cuando todos a bordo del Holandés Errante empiezan a repetir esa frase… ¡tranquilos, tranquilos, nadie va a arrancarle el corazón a nadie ni a meterlo en una caja! Pero me imagino que ya sabréis lo que toca…

Dos semanas después, y en medio de la rutina del Sunny, Tashigi ya casi había olvidado a qué bando pertenecía.

Por las mañanas Robin solía despertarlas a Nami y a ella para empezar a airear el camarote, hacer las camas y recoger todo un poco. Después, Nami sacaba a patadas de sus camas a los demás y, mientras se peleaban por entrar en el cuarto de baño a quitarse las caras de sueño, Sanji cocinaba. Chopper le había dado el alta hacía varios días y, como hacía antes de caer enfermo, el cocinero lograba de alguna forma colarse el primero en el baño para salir como un pincel y ponerse a preparar el desayuno.

Luego, ya con la tripa llena, empezaban las labores en el barco: coser las velas, reparar desperfectos, pasarle la podadora al césped… después, todo era tiempo libre, al menos hasta que Nami detectase un cambio en el tiempo, que el que tuviese turno de vigía viese algo sospechoso, o que Luffy decidiese que aquel peñón en mitad de la nada era una "Isla Misteriosa" y había que ir a explorarla.

Y por las noches, fiesta.

Siempre había algo que celebrar en aquel barco, por estúpido que fuese, y siempre cantaban, comían y bebían hasta las dos de la madrugada.

Tashigi sabía que en algún momento debería regresar con Smoker y el G-5, pero la vida en el barco de los Mugiwara era demasiado fascinante como para abandonarla tan rápido, así que simplemente no pensaba en ello.

De momento lo que iba a hacer era echarle un vistazo al tablón de tareas que Usopp había colgado en la cocina, porque no recordaba qué le tocaba hacer aquella mañana.

Le tocaba fregar la cocina, revisar si las velas tenían desperfectos y, cuando llegasen a tierra, salir a cazar. Todo ello con Zoro.

Enrojeció ligeramente y se encogió de hombros.

Desde una esquina, Usopp y Sanji se reían por lo bajo. Al ver que la joven se disponía a ir a buscar a su compañero de trabajo, los dos nakama chocaron las manos.

Ya no era una mosca lo que tenía Zoro tras la oreja, era un enjambre entero. ¿Por qué súbitamente todas las tareas que se "sorteaban" eran compartidas con Tashigi? ¿Y por qué cada vez que se la encontraba por el barco todos desaparecían "misteriosamente", obligándole a mantener una conversación con ella?

–… abajo, si no, no podremos… ¿Me estás escuchando?

Sacudió la cabeza, cayendo en la cuenta de que la "culpable" de todos sus males le miraba con el ceño fruncido. Tuvo que reconocer, muy a su pesar, que no se había enterado de nada mediante una simple palabra:

–¿Eh?

Tashigi bufó:

–Decía que tenemos que bajar a la bodega a por alguna fregona –repitió.

–Pero, ¿no están en la cocina, como siempre?

–No… le pregunté a Sanji y me dijo que ayer Franky se las llevó para limpiar el MiniMerry y el Waver

Zoro se rascó la nuca con gesto de fastidio. Joder, ¿qué les costaba volver a poner las cosas en su sitio?

–Bueno, pues baja tú a por las fregonas, yo te espero aquí…

Respuesta equivocada. Tashigi se volvió hacia él hecha una furia:

–¿Qué te crees, que por ser mujer tengo que coger yo las fregonas? ¡Eres un…!

–¡No soy un machista, joder! –interrumpió él antes de que empezase a gritarle –. ¡Te recuerdo que, cuando nos conocimos, dejé el Cuartel de Longetown como los chorros del oro!

Touché.

Ya ni se acordaba de aquello. Había sido gracioso hasta que se había dado cuenta de quién era el joven al que había "rescatado" de la calle para darle un trabajo digno.

Se cruzó de brazos y evitó su mirada.

–Pues yo no pienso bajar –dijo, enfurruñada.

Zoro resopló, y se acercó a ella con la clásica mirada de "no me dejas elección". Antes de que pudiera darse cuenta, se la había cargado al hombro y bajaba con ella escaleras abajo.

–¡¿Qué haces?! –gritó ella.

–Si no vas, te llevo. No tengo ni medio problema, no es la primera vez que cargo contigo…

–¡Bájame, Zoro!

–No.

–¡Bájame!

–No.

–¡Que me bajes, te digo!

–¡No! ¡Y deja de moverte, nos vas a tirar!

Estaba a punto de poner el pie en el penúltimo escalón cuando ambos oyeron un portazo y el ruido de una llave al echar el cerrojo.

–¿Pero qué…? –Zoro dejó su "carga" en el suelo sin muchos miramientos y subió de nuevo. Sacudió el picaporte, pero la puerta no se abrió.

–¡Eh! –gritó –. ¡Abrid, que estamos aquí abajo!

Primero sólo oyó silencio. Luego, pudo distinguir clarísimamente la voz burlona de Sanji a través de la madera.

–¡Huy! ¿Qué hacía ésta puerta abierta, Usopp?

–¡Qué descuido más grande, Sanji! –contestó la voz del tirador –. Podría haberse caído alguien… Menos mal que he cerrado con llave.

Zoro aporreó la puerta, empezando a cabrearse.

–¡Oi! ¡Que estamos aquí!

Fuera, Usopp se tapó la boca con ambas manos para no soltar una carcajada. Sanji se acercó a la puerta y fingió escuchar atentamente, acercando la oreja a la madera:

–¿Oyes algo, Usopp? ¿Tal vez el alma del barco, que nos habla desde la bodega?

–¡Somos nosotros! –exclamó desde dentro la voz de Tashigi.

Al ver que a su compinche le salían corazoncitos por los ojos, Usopp le tapó la boca y respondió:

–¡No, no oigo nada!

–Usopp-san, yo sí he oído algo… –Zoro pegó la oreja a la puerta al oír la voz de Brook. Seguro que él les sacaba de ahí –. Es la canción del mar bajo el casco del Sunny. ¡Qué inspiradora! Aunque claro, no tengo oídos para oírla…

La extraña risa del esqueleto quedó ahogada por el puñetazo que pegó el cautivo en la madera de la puerta.

A juzgar por las risitas, los cuchicheos y el llanto ahogado, todos estaban ahí. Zoro se atrevería a jurar a que Franky temía que rompiesen su querido barco, así que jugó sus cartas:

–¡Franky, sé que estás ahí fuera! –gritó –. ¡O nos abres o echo la puerta abajo!

–¡No seas bruto, Zoro! –dijo otra voz. Tashigi vio cómo su compañero de cautiverio se ponía pálido –. Si rompes algo lo pagarás… con un cierto porcentaje de interés, por supuesto.

El espadachín se dejó caer sentado en el escalón, apoyando el hombro contra la puerta. Ya no había nada que hacer.

–Bruja –masculló.

Tashigi, sin embargo, no se rindió tan fácilmente:

–Venga, dejad de hacer el idiota y sacadnos de aquí… –intentó convencerles.

Ésta vez fue la voz de Robin la que contestó.

Ara, Usopp, ¿has dejado caer las llaves al mar? ¡Qué mal! Si no les sacamos pronto pueden quedarse sin aire y asfixiarse.

Lo dijo con una calma y una naturalidad como si hubiese comentado que el sol lucía perfecto aquella mañana. Enseguida se oyó el acostumbrado murmullo del tirador suplicando que no fuese tan macabra.

Fuera, Sanji sonrió, jugueteando con la llave (que por supuesto no se había caído al mar) entre los dedos:

–Ya has oído, marimo-kun –dijo, burlón –. Tardaremos un rato en encontrar las llaves y sacaros de ahí, Así que tened paciencia.

Zoro le mandó a hacer algo que, por fortuna, quedó ahogado por las carcajadas del Capitán.

Con un último puñetazo a la puerta, apoyó la espalda en la madera. Tashigi le observaba, todavía tratando de forzar el picaporte.

–¿Qué haces?

–Exactamente lo que nos han dicho –contestó el joven –. Cuando se aburran nos sacarán, no te preocupes. O cuando vean de lejos algún barco enemigo y la arpía llegue a la conclusión de que su siervo babeante no podrá protegerla solo.

–¡Te he oído, marimo!

–¡Estupendo! –exclamó él sin moverse–. ¡Era justo lo que quería, cocinero de pacotilla!

Tashigi se sentó junto a el y se abrazó las rodillas, resignada a esperar.

Pasaron los minutos, y ninguno de los dos dijo nada. Poco a poco, fueron oyendo como sus "carceleros" se iban alejando, aburridos de esperar a que pasase algo.

Fue Tashigi la que empezó a hablar, señalando sus katanas:

–¿Dónde perdiste a Yubashiri?

–En Enies Lobby. Un marine con habilidades me la oxidó hasta destrozarla por completo –contestó él –. La dejé en Thriller Bark.

–¿Conseguiste ahí a Sishui?

Asintió.

–Y… ¿tienes pensado quedarte con alguna meitou más?

–¿Por qué lo preguntas?

–Para saber cuántas tendré que quitarte en un futuro.

Zoro esbozó una media sonrisa:

–Eso será si consigues vencerme.

Se enfurruñó de nuevo. Por un momento temió que fuese a volver a empezar con toda aquella paranoia suya del machismo y la igualdad de género, pero la joven no dijo nada.

Silencio. Al otro lado de la puerta, Sanji fumaba tranquilamente, apoyado contra la madera. A su lado, Usopp también escuchaba. ¿Es que esos malditos frikis sólo iban a hablar de espadas?

–Puedo regalarte la Kokuto Yoru de Mihawk cuando le venza –sugirió Zoro –. ¿Dejarías así de ir tras mi Wadou?

–Aún suponiendo que vencieses a Mihawk, ¿Por qué iba a fiarme de que me la darías?

–Por nada en concreto, supongo. Pero lo haría.

Tashigi le miró un momento y sonrió:

–Eres un buen tipo…

Zoro se echó a reír.

–Y tú una pesada obsesionada con las espadas –adelantó una mano y le revolvió el pelo –. Te queda mejor suelto, por cierto –comentó, señalando los mechones que acababa de despeinar.

Tashigi aprovechó la cortina de cabello negro que le tapaba la cara para ponerse roja como un tomate.

Fue entonces cuando oyeron el ruido de la llave en la cerradura. Ambos se pusieron de pie y empujaron la puerta, casi derribando al pobre Usopp, que la abría en ese momento.

Zoro tropezó con la mirada de fastidio de Sanji cuando éste señaló con el pulgar por encima de su hombro:

–Recuperamos las llaves, marimo. Vamos a sortear quién se baja en esa isla.

No entendió a qué venían las caras de decepción que tenían todos, pero se volvió a Tashigi y le susurró:

–¿Ves? Te dije que nos sacarían cuando nos necesitasen.

Ahora que por fin habían echado el ancla en una isla desierta pero con un bosque frondoso, les tocaba ir a cazar. Y cómo no, la "suerte" decidió que fuesen ellos dos los que desembarcasen.

No era como si le molestase quedarse solo con ella pero…

–¡Tashigi-chwaaaaaaaaaannnnn!

La voz del cocinero le taladró los tímpanos. Se volvió para ver cómo el joven se bajaba del barco de un salto y corría (o giraba, ya no sabía en qué parte de su danza amorosa se encontraba) hacia ellos.

–¡Voy con vosotros, Tashigi-chan!

Tashigi se habría detenido a esperarle, pero Zoro la empujó por la espalda, instándola a que siguiese caminando:

–Como si no le oyeses –oyó que le susurraba –. Sigue andando o nos fastidiará la caza…

–¡MARIMO, TE ESTOY OYENDO, Y YO SIEMPRE CAZO PRESAS MÁS GRANDES QUE LAS TUYAS!

Maldición, ¿Cómo había llegado tan rápido hasta ellos? Maldito patilargo… Se vio de pronto apartado a un lado sin miramientos, mientras Sanji ocupaba su lugar junto a la joven y la cogía de la mano.

–No temas nada, porque yo estoy aquí para protegerte, Tashigi-chan –decía en aquel momento.

Ella sonrió:

–Gracias, Sanji-kun.

El rostro de Zoro permaneció impasible, pero empezó a enrojecer por las orejas. ¿Sanji-kun? ¿Desde cuando Tashigi le añadía el –kun al nombre del cocinero?

Empezó a andar más rápido, se cruzó por delante de ellos y luego dejó que le alcanzasen, de forma que ahora Tashigi estaba entre ambos. Le lanzó una mirada asesina a su compañero, que no pareció darse cuenta, demasiado ocupado como estaba en intentar besarle la mano a la joven.

Sanji captó la silenciosa amenaza en los ojos de Zoro, y sonrió para sí; el plan iba a la perfección.

Un cuarto de hora antes, a bordo del Sunny:

Sanji encendió un cigarrillo y le dio una calada.

–La operación "encierra al marimo" no ha dado resultado, Nami-san –informó –. Se han pasado todo el rato hablando de espadas y diciendo tonterías. Cuando por fin parecía que iba a pasar algo, hemos visto la isla.

Nami jugueteó con la pluma, mientras analizaba sus mapas, pensando ya en el lugar preciso en el que dibujar aquella nueva isla.

–Puedo trucar las pajitas para que les toque desembarcar juntos –sugirió Usopp –. Tal vez así…

–Volverán a hablar de espadas o empezarán a pelearse… –dijo la joven –. Necesitamos algo que sea al mismo tiempo una amenaza y un aliciente... un desafío…

–¿Un laberinto con sake al final?

Nami negó con la cabeza:

–Zoro es un depredador, chicos. Puede acechar a su presa el tiempo que haga falta, su paciencia puede llegar a ser exasperante a veces. Pero –se levantó y se acercó a ellos –, ¿qué ocurre cuando amenazas con quitarle la presa a un depredador?

–Que se agarra a ella con uñas y dientes –completó Usopp, comprendiendo –. Bien, ahora sólo tenemos que buscar al más indicado para fingir que le roba la "presa"… ¿Quién podría hacerlo?

–Sí –Nami entrecerró los ojos, calculadora –, ¿quién?

Las miradas de ambos se posaron en Sanji.

Lo iba a matar. Oh, sí, en cuanto llegasen al barco iba a cortarlo en pedazos y a dárselos de comer a los pulpitos de la pecera.

Ahí estaba, flirteando con Tashigi como si fuese una más de sus intentos de conquista… Ya tenía a Nami y a Robin en el barco, ¿acaso no le bastaba?

Zoro pateó una piedra, furioso. Tras él, oía la molesta voz del cocinero que, por alguna razón, estaba consiguiendo hacer reír a la joven. ¿Por qué se reía tanto? ¿Qué mierda le había contado aquel imbécil? Volvió la cabeza para mirarles por encima del hombro, y Sanji le sacó la lengua, claramente riéndose de él.

En ése momento, Tashigi tropezó y se balanceó, a punto de caer. Habituado a ésta clase de sucesos, Zoro alargó la mano para sujetarla, pero Sanji llegó antes que él y la cogió en brazos.

–No puedo dejar que te caigas y te hagas daño, Tashigi-chan –babeó, con los ojos convertidos en grandes corazones.

Aunque fuese todo una estratagema para que Zoro soltase el trapo, Sanji estaba disfrutando como nunca: motivo uno, tenía a una hermosa joven en sus brazos. Motivo dos, Zoro le estaba mirando con su típica cara de asesino de masas. Le encantaba fastidiar al peloverde, si fuese un deporte se llevaría la medalla de oro.

Mientras tanto, Zoro hacía un gran esfuerzo por controlarse y seguir caminando, intentando hacer caso omiso de la voz del cocinero balbuceando chorradas.

Lo iba a matar…

Fue entonces cuando vio caer de un árbol el objeto perfecto con el que efectuar su venganza.

–¡Oi, Cocinero!

Sanji levantó la mano automáticamente para atrapar lo que le había lanzado el espadachín. Algo peludo.

Peludo…

Sintió de pronto unas patitas extenderse y empezar a corretear por el dorso de su mano y la manga de su camisa y creyó que el corazón se le escapaba por la boca.

Sin embargo lo que salió por su garganta fue un grito agudo.

Tashigi se volvió hacia él y se llevó la mano a la espada, alarmada. A su espalda, Zoro se echó a reír a carcajadas.

Sanji tenía el brazo extendido, rígido, y miraba con ojos de auténtico pánico la araña que le subía por la manga. Una araña bastante gorda.

–Sanji, ¿te encuentras bien? –preguntó la joven.

–Quítamela-quítamela-quítamela-quítamela –obtuvo como respuesta. El cocinero parecía al borde de un ataque de histeria.

A ella tampoco le hacían mucha gracia las arañas, pero levantó la espada enfundada y empujó con ella al arácnido hasta que cayó al suelo, y luego le dio con el pie para enviarla patas arriba entre los arbustos.

Viéndose libre de semejante monstruo, Sanji se volvió hacia Zoro, que estaba de espaldas en el suelo, partido de la risa.

–¡NO TIENE GRACIA, CEREBRO DE GUISANTE! –le gritó, y levantó la pierna.

Le dio tal patada que lo mandó volando a reunirse con la pobre araña, que se afanaba por ponerse boca abajo y escapar de aquellos locos.

"¡Vaya día!" pensaba la pobre agitando las patitas "me caigo del árbol, me agarran, me lanzan y me patean. Es la última vez que abandono mi tela."

Acertó a darse la vuelta y a salir corriendo justo antes de que el joven de pelo verde apoyase la mano en el suelo junto a ella para levantarse.

Tashigi puso los ojos en blanco y procedió a sujetar al enfurecido joven antes de que los dos empezasen a pelearse. Tenían algo de prisa y, aunque Zoro se lo merecía, no podía dejar que Sanji lo matase.

Volvieron al barco unas dos horas más tarde, cargando con algunas presas, uno a cada lado de la joven, el uno riéndose, el otro lanzándole miradas asesinas.

Por la expresión de profundo desprecio por el mundo que traía el cocinero, Nami supo que no había conseguido nada. Acercándose tan sigilosamente como solía hacerlo, Robin le sugirió que dejasen los planes para el día siguiente, que tendrían más claras las ideas.

El resto del día pasó con tranquilidad.

Llegada la hora de cenar, Sanji se asomó por la puerta de la cocina al grito de "¡A la mesa, cabrones! Y por supuesto mis tres damas…". Todos acudieron, excepto uno.

–¿Y Luffy? –le preguntó Tashigi a Zoro por lo bajo.

Zoro miró el sitio vacío de Luffy y suspiró. Desde aquellos dos años de separación, el Capitán solía tener días apáticos con bastante frecuencia. Se aislaba del resto de la tripulación y pasaba horas mirando el horizonte con gesto serio. La primera vez que le había ocurrido, poco después de llegar al Nuevo Mundo, Zoro se había sentado junto a él, adivinando parte de la carga que el muchacho llevaba sobre sus hombros. Y lo mismo hacía siempre que volvía a ocurrir.

Aquella vez, sin embargo, tenía que ser Tashigi la que fuese a hablar con el Capitán. No sabía por qué, pero quería que la joven conociese la versión de Luffy sobre Marineford.

Miró hacia ella y le hizo una señal.

–Ve a buscarle –dijo –. Y no te preocupes, a veces necesita estar solo.

Luffy estaba sentado en la cabeza del león que formaba el mascarón de proa del Sunny, los ojos fijos en el horizonte y el sombrero calado, de tal forma que una sombra le cubría los ojos. Parecía triste, y eso no era habitual en el joven Capitán.

–¿Luffy?

Se giró un momento y luego volvió a mirar el mar. Tashigi trepó hasta él y se sentó en una de las orejas del león, por debajo del Capitán.

–¿Ocurre algo? –preguntó, preocupada.

Luffy negó con la cabeza.

–Tengo que hacerme más fuerte –meditó, como para sí mismo.

–Ya eres fuerte.

–No es suficiente. Ellos todavía me están protegiendo.

Tashigi dudó, sin saber qué decir, pero cuando abrió la boca para contestar, Luffy siguió hablando, ésta vez mirándola a ella directamente.

–Sé lo del enfrentamiento entre Kuma y Zoro –dijo.

Al principio la joven se quedó sin palabras, pero luego sacudió la cabeza y sonrió:

–Sanji creía que te lo tomarías peor… ¿Desde hace cuánto que lo sabes?

–Aunque pueda parecerlo, Tashigi, no soy completamente idiota –contestó, con una ironía de la que nadie le hubiese creído capaz –. Me desperté completamente recuperado después de una batalla que habría matado a alguien normal. En cambio Zoro apenas sobrevivió a aquel día. Al principio no vi la conexión, pero luego en Shabondy… Normalmente Zoro no muestra que tiene miedo o está asustado. Pero aquella vez estaba débil y… la cara que puso cuando apareció Kuma… –se cruzó de brazos y apoyó los codos en las rodillas –. Sólo tuve que sumar dos y dos.

–Y… ¿No te molesta que te lo hayan ocultado todo este tiempo? –preguntó ella –. O que lo hayan intentado, vaya…

–Tashigi, lo que me molesta es que eso que me intentan ocultar ocurriese –exclamó, furioso de pronto –. Zoro pudo morir ese día por mí, por mi sueño. Si hubiese muerto, ¿qué habría sido del suyo? Cuando le saqué de aquella base de la marina donde le tenían preso, me juró que si alguna vez ponía en peligro su objetivo principal, me cortaría en pedazos. Yo acepté, lo vi lógico, lo esperaba de toda la tripulación. Y de pronto, dos de mis mejores hombres intentan dar su vida por mí.

"He tenido tiempo para pensar en ello estos dos años. Rayleigh me abrió los ojos, me dijo que tenía que ser más fuerte para poder protegerlos, para no ponerlos nunca más en peligro. Soy el Capitán, es lo que se espera de mí, y si alguno de ellos muere, entonces llegar hasta el One Piece ya no tendría el mismo sentido"

Resopló. Tashigi se izó desde la oreja del león hasta quedar sentada junto al muchacho. Se abrazó las rodillas sin decir nada, esperando a que continuase.

–Creía que era fuerte, pero no fue suficiente –Luffy se caló aún más el sombrero –No fui lo suficientemente fuerte en Thriller Bark y Zoro casi muere. No fui lo suficientemente fuerte en Shabondy y nos separaron. No fui lo suficientemente fuerte en Marineford y Ace…

Se le quebró la voz. En la cabeza de Tashigi resonó el grito de Luffy cuando la lava de Akainu consumió el fuego de Portgas D. Ace, llevándose su vida.

Ambos recordaban Marineford, aquella batalla sangrienta que terminó con la oportuna intervención de Akagami no Shanks. Tashigi recordaba haberse detenido en mitad de la batalla, tras matar a un pirata, y haberse preguntado qué hacía allí.

"Portgas D. Ace ha muerto, Shirohige ha muerto" se dijo "Hemos ganado. ¿Por qué no para?"

Recordaba haber visto la misma sombra de desconcierto en la cara de Smoker cuando éste pasó por su lado con su cuerpo de humo.

¿Por qué no se detenía aquella locura?

¿Por qué seguía muriendo gente?

¿Por qué Akainu no dejaba escapar a los piratas?

¿Por qué Sengoku no decía nada?

Y entonces una voz había gritado sus pensamientos, una simple presencia que poco a poco se hacía más poderosa.

"Haki" recordó haber pensado.

Vio a aquel muchacho de pelo rosa que se había entrenado con Garp, aquel chico… Coby, se llamaba.

Justo delante de Akainu, a punto de ser eliminado por el Almirante.

Y entonces Shanks apareció de la nada y le salvó, un pirata salvando a un marine.

Y la batalla terminó.

Pero claro, Luffy no había visto aquel final.

Miró hacia el joven Capitán, que se apretaba la cicatriz del pecho con el puño cerrado. No estaba llorando, pero tenía los ojos húmedos.

–Le echo de menos –dijo. La voz le temblaba –. Sé que es estúpido, pero me prometió que nunca se moriría y… fui a Marineford a rescatarle y… Sabo, Sabo también murió…

Ahora sí que estaba llorando. Gruesos lagrimones le bajaban por las mejillas. Tashigi no tenia ni la más remota idea de quién era Sabo, pero tampoco se atrevió a preguntar.

Poco después, Luffy dejó de llorar, y se pasó la manga por la cara para secársela.

–Tengo que hacerme más fuerte –repitió –. Mucho más fuerte. Soy más fuerte que hace dos años, pero aún no es suficiente.

–Luffy… –dijo Tashigi con delicadeza –. Puedes ser todo lo fuerte que quieras pero… no puedes impedir que la gente muera…

–Sí que puedo.

Tajante.

No quedaba ya rastro alguno de niñez en aquellas palabras. Luffy había hablado de una forma tan seria que parecía que otra persona se había metido en aquel cuerpo de goma.

–Sé que puedo hacerme más fuerte y voy a hacerlo –dijo, levantándose –. Nadie más va a morir por mí. Voy a protegerles a todos –se volvió hacia ella, recuperando de pronto su amplia sonrisa –. Eso ahora te incluye, Tashigi. ¿Quieres…?

El barco dio un bandazo. Tashigi, que estaba aún sentada, pudo agarrarse a uno de los rayos de la melena del león, pero Luffy se fue al agua.

Antes de pensar siquiera en lo que estaba haciendo, la joven se lanzó tras él.

–¡Perdón! –exclamó Franky desde el timón. Al parecer, Nami le había hecho levantarse de la mesa para redirigir el rumbo –. ¡Se me ha resbalado! ¿Todo el mundo bien?

–Nosotras estamos bien –Nami y Robin se levantaron de encima de Sanji que, haciendo gala de extraordinarios reflejos, se había colocado justo bajo ellas para que sus delicados cuerpos no chocasen contra el suelo. También se las había apañado para que ni una migaja de comida cayese al suelo y se desperdiciase.

Fue Usopp el que se dio cuenta de quiénes faltaban.

–¿Y Luffy? –preguntó, mirando a todos lados –. Hace un minuto estaba con Tashigi sobre Lion-chan

Se precipitaron a asomarse por la barandilla de proa, y Franky frenó el barco de golpe.

La superficie del agua estaba tranquila. No había rastro del Capitán y la joven.

Zoro estaba a punto de saltar a buscarles cuando la cabeza de Tashigi rompió la superficie del agua, arrastrando tras ella la de Luffy. Ambos fueron izados rápidamente y al cabo de un rato estaban en cubierta, tosiendo.

Alguien le pasó a Tashigi una manta, y la joven se envolvió rápidamente con ella. Intentó ver cómo se encontraba Luffy, pero tenía el flequillo pegado a las gafas. Se levantó y se escurrió el pelo, ladeando la cabeza para evitar empapar la manta.

–¿Estás bien? –Zoro se agachó a su lado.

Asintió, aún jadeando por el esfuerzo.

–Luffy pesa más de lo que parece –comentó.

El joven se echó a reír y le revolvió el pelo empapado, que volvió a pegársele a los cristales.

Junto a ella, Usopp pisó la tripa hinchada de agua del Capitán, que expulsó hacia arriba una graciosa fuentecilla.

–Saaaanji… –fueron las primeras palabras del joven de goma –. Tengo haaaaambre…

Aquella tarde pasaron junto a una isla en cuyo centro había un árbol enorme. Chopper reconoció en él la materia prima de uno de los medicamentos que solía utilizar, así que le pidió a Nami que anclasen para poder ir a buscarlo y a Zoro que le acompañase.

Desembarcaron, y Sanji comenzó a preparar comida, prohibiéndoles al reno y al espadachín partir sin llevarse nada.

–Tú quieres ir con el marimo, no te lo reprocho –le comentó a Chopper –. Pero se perderá, y mejor que os llevéis algo para comer mientras intentas guiarle de vuelta…

Por fortuna, Zoro no oyó aquel comentario; estaba sentado en la arena, con la espalda apoyada en una palmera, los brazos cruzados y los ojos cerrados. Por encima de él, Tashigi había tendido una cuerda y había colgado su ropa mojada. Ahora llevaba puesta una camiseta de tirantes de Nami y un pareo de playa de Robin.

Los demás se repartían por la playa.

Luffy estaba representando el momento de su caída ante Usopp y Franky que se reían a carcajadas. Tashigi se acercó a ellos, casi obligada por el Capitán para que contase cómo le había sacado del agua.

–¡Enhorabuena, Tashigi! –bromeó el tirador –. Nadie es parte de la tripulación hasta que no ha pescado a alguno de nuestros "usuarios".

Se acercó a palmearle la espalda, entre las risas de todos.

–¡Es cierto, parte de la tripulación! –exclamó Luffy, atrayendo todas las miradas. El chico sonreía de oreja a oreja –. Iba a preguntártelo antes. ¿Quieres unirte a mi tripulación, Tashigi?

La sonrisa se le congeló en la cara. El Capitán la miraba, expectante, esperando una respuesta. Aquello había llegado demasiado lejos. ¿Qué diría Smoker si se enterase? ¡No podía unirse a una banda de piratas, era una marine! Abrió la boca para decirlo, pero entonces su mirada se cruzó con la de Zoro, que inmediatamente desvió la vista.

Y dudó.

–No sé qué decir… –dijo finalmente –. Creo que… tengo que pensarlo.

La sonrisa de Luffy se apagó un poco, claramente decepcionado. Usopp le palmeó la espalda:

–Vamos, Luffy, déjale tiempo para que piense –le dijo –. No es tan fácil pasarse de un bando a otro…

Poco después, Chopper empaquetó la comida que les había dado Sanji en su mochilita azul y Zoro y él se internaron en el bosque. El espadachín dirigió una última mirada a Tashigi, que estaba sentada con los brazos rodeándole las rodillas mirando al mar, y siguió al pequeño reno.

Cuando se internaron en la maleza, Robin se acercó a Tashigi, acuclillándose a su lado con su clásica sonrisa.

–¿Te apetece dar un paseo por la playa, Tashigi?

La joven negó con la cabeza:

–Gracias, Robin, pero necesito estar sola un rato.

La arqueóloga se encogió de hombros y se alejó por la arena.

Tashigi hundió la cabeza entre los brazos y suspiró.

¿Qué debía hacer ahora?

El sonido de los pasitos de Chopper quedaba ahogado por el chasquido de las ramas partiéndose bajo las grandes zancadas de Zoro.

–¡Te digo que no es por ahí! –exclamó el reno, intentando que su compañero se detuviese.

–¡Pero si ya estamos en la playa! ¿Dónde estarán todos?

–Esta playa no es, Zoro, hemos ido en dirección contraria…

El reno se sentó en la arena, jadeando; el espadachín tenía las piernas demasiado largas para él, apenas conseguía seguir sus pasos.

Zoro se sentó junto a él y se echó a reír, calándole el sombrero.

–¿Tienes todo lo que necesitamos?

–¡Sí! Tengo cortezas, raíces, hojas, un tipo de barro especial… –empezó a enumerar todos los ingredientes que había ido recogiendo por el camino, contándose una y otra vez las pezuñas a guisa de dedos.

Se sobresaltó cuando Zoro se llevó una mano a la empuñadura de Wadou Ichimonji.

–¿Qué pasa, Zoro? –preguntó, pero entonces pudo olerlo.

Peligro.

Los dos piratas esquivaron de un salto varias estacas de hielo y se prepararon para pelear.

Arara, veo que estáis en buena forma…

Una silueta que conocían mejor de lo que les gustaría se abrió paso entre la maleza. Zoro frunció el ceño:

–Tú otra vez… ¿Qué demonios quieres?

El Ex-Almirante de la Marina Kuzan, a.k.a. Aokiji se alzó ante ellos rascándose la cabeza.

–Lo cierto es que lo he olvidado… Pero da igual, seguro que si peleo contra vosotros lo… esto… ¿Qué iba a decir yo?

–¿Lo recordarás? –le ayudó Chopper.

–Eso. Así que preparaos para luchar.

Chopper empezó a buscar una Rumble Ball por sus bolsillos, pero Zoro se puso delante de él, con las espadas desenvainadas.

–Vete, Chopper –dijo –. Yo puedo con él, avisa al resto.

–Pero…

El espadachín le dio un empujón quizá demasiado fuerte: acabó entre los arbustos, a unos diez metros.

–¡Que suban al barco, yo iré enseguida! –le gritó, y se dispuso a pelear.

Aokiji volvió a rascarse la cabeza

–Ya recuerdo –dijo mientras observaba alejarse al trote la figura astada de un ciervo con mochila –. Tenéis algo que Smoker quiere recuperar.

"Tashigi" pensó Zoro, y apretó más fuerte la empuñadura de sus katanas.

Frente a él, el Ex-Almirante entreabrió los labios y dejó escapar una voluta de aire gélido.

Yohohohohohohohoho, soy cruel, os dije que el enviado de Smoker aparecería en el 11 pero no en qué parte del 11…

A las fans necesitadas de besos, tranquilas, el momento está cerca.

Os aconsejo que no esperéis más capítulos hasta finales de enero-febrero, no creo que hasta entonces tenga tiempo de sentarme tranquilamente a reorganizar mi fanfic lleno de lagunas… gomen.

Como siempre, ruegos, preguntas y críticas constructivas a los reviews… no siempre contesto, porque se me olvida, pero son de gran ayuda.

Por cierto, SPOILER Sabo no está muerto, lo sé y creo que todos lo intuíamos desde su supuesta y nada esclarecedora muerte, pero esto es antes de Dressrosa, Luffy aún no lo sabe FIN DE SPOILER