Capítulo 16: Reencuentro

–¡Nami cuidado!

Oyó el sonido de los disparos al mismo tiempo que los pies de alguien que corría resonaban por la calle.

Después, un grito de dolor.

Se volvió mientras corría, y al hacerlo tropezó y cayó al suelo.

Haciendo gala de su extraordinaria habilidad para desaparecer misteriosamente y reaparecer cuando más se le necesitaba, el cocinero de la tripulación de los Mugiwara se había interpuesto entre los marines que disparaban y su preciada Nami-san. Por lo menos diez balas le dieron de lleno.

–¡SANJI-KUN!

Sanji rodó por tierra y quedó tirado en el suelo. Inmediatamente los marines empezaron a correr hacia él, preparando las armas. Brook detuvo a Nami antes de que se dirigiese hacia él, y la arrastró detrás del mostrador exterior de una de las tiendas, donde ya se escondían Usopp y Franky:

–¡Espera, Nami-san!

–¡Suéltame, Brook! –gritó ella –. ¡Hay que sacarle de ahí! ¡LE HAN DISPARADO!

Zoro y Luffy dejaron de pelear un segundo… y volvieron al ataque con más fuerza, abriéndose camino hacia el joven cocinero, que intentaba sin éxito levantarse. Pronto el lugar fue un hervidero de marines que se empujaban unos a otros, o bien para pelear contra los dos piratas o bien para huir de ellos.

Usopp espió por encima del improvisado parapeto y disparó:

–¡Midori boshi: Devil!

El proyectil pasó por debajo del brazo estirado de Luffy y acertó en su enemigo, que se desplomó en el suelo, aplastado por la enorme planta carnívora que empezó a atrapar y engullir a los marines a su alrededor. Zoro rechazó a otro marine y llegó hasta Sanji, justo a tiempo de detener la culata de un rifle que descendía sobre la cabeza del joven.

–¡Vamos levanta, maldito cocinero! –desvió con sus espadas una bala y dándose la vuelta cortó el cañón de otra arma que les apuntaba –. ¡No te mueras ahora!

Sanji emitió una especie de quejido e intentó levantarse de nuevo. Se llevó una mano al pecho y volvió a desplomarse, con una mueca de dolor en la cara.

–Marchaos sin mí… –gimió, cuando Zoro se agachó para levantarle.

El espadachín apretó los dientes y se pasó el brazo de Sanji por los hombros.

–¡Eso ni lo sueñes, cocinero! ¡Luffy! –el chico se volvió hacia él –. ¡Ayúdame!

Unos metros más allá, Nami se plantó tras el parapeto, mirando hacia los marines que se acercaban, y montó su Clima Tact, decidida.

–Se avecina una tormenta –dijo con un brillo malicioso en los ojos.

Empezó a llover, pero solamente en un radio de unos cuatro metros.

Súbitamente, se desencadenó un violento temporal que descargó rayos y truenos sobre los marines. Muchos de ellos se vieron alcanzados. Rápidamente, Zoro enfundó sus katanas; no sería la primera vez que actuaban de pararrayos.

–¡Vámonos, Zoro! –gritó Luffy.

Un Kagebosh se estrelló muy cerca de ellos, creando una pantalla de humo entre los piratas y los marines.

–¡Salid de ahí, Luffy, Zoro!

Zoro se volvió, cargando con Sanji.

–¿Usopp?

Alguien le agarró por el brazo y tiró de él fuera de la niebla. Se encontró de pronto corriendo junto al tirador, que había salido a buscarle para evitar que se perdiera.

Se agazaparon tras el parapeto. Zoro abrió la camisa de Sanji de un tirón, rompiendo algunos botones. Blanca como el papel, Nami se puso la cabeza del herido en el regazo. Luffy desgarró parte de su chaleco y le tendió el jirón de tela al espadachín, que intentó frenar la hemorragia de las heridas con él. Con eso debía ser suficiente hasta que llegasen donde estaba Chopper.

Tenía que ser suficiente.

–Vamos… aguanta cocinero –rogó el espadachín –. No te mueras… ¡no te atrevas a morirte ahora!

Usopp se asomó por encima del parapeto y disparó algo que parecía un haba verde. Volvió a ocultarse enseguida mientras una planta carnívora crecía un poco más adelante comiéndose a todos los marines a su alrededor.

–Tenemos que salir de aquí –susurró.

Había que abrirse camino hasta el Sunny y también retener a los que les perseguían el tiempo suficiente hasta que el Coup de Burst estuviese a punto. Franky echó una ojeada a los soldados que llegaban.

–Yo me quedo a pelear.

–No –dijo entonces Usopp, tomando la iniciativa –. Tú tienes que llegar antes para preparar las defensas del Sunny. Solo tú puedes hacerlo. Luffy, te necesitamos para que abras camino.

Luffy se caló el sombrero. Luego dirigió una mirada preocupada a su cocinero:

–Zoro… ¿Podrás llegar al barco con Sanji a cuestas? –preguntó.

Zoro asintió. Apretó el jirón de ropa contra la herida, lo sujetó alrededor del pecho del cocinero con la tela roja que le servía de cinturón, y le cerró la camisa.

–¿Qué haréis los demás? –preguntó.

El tirador dudó un momento e inspiró hondo antes de decir:

–Bien… Brook y yo… vamos a cubriros la retirada.

Nami levantó la cabeza. ¿Ese era Usopp? ¿Ese que estaba a punto de arriesgar su vida era Usopp, el mismo Usopp que siempre tenía miedo y buscaba excusas para no pelear?

–Os ayudo –dijo.

–Súper –dijo el cyborg –. Tenemos que llegar todos al barco, desde ahí ya pensaremos cómo ganar tiempo. Cuando yo dispare, todos a correr ¿Listos?

Franky apuntó con la mirilla de su mano y disparó. Los marines retrocedieron, dejando una vía libre a los que intentaban escapar.

Todos echaron a correr. En mirad de la carrera, Brook se detuvo e hizo sonar su violín. La mayoría de sus perseguidores se quedaron dormidos; otros pocos, congelados.

El Kagebosh de Usopp y el rayo de Nami impactaron casi al mismo tiempo, aturdiendo y haciendo detenerse a los que quedaban.

Los piratas se apresuraron a poner tierra de por medio.

Entonces divisaron el barco. El Sunny estaba levando anclas en ese momento, preparado para partir en cualquier momento. Chopper tendió la escalerilla, por la que sólo subió Franky.

Nadie más.

El pequeño reno se asomó a la barandilla, buscando las figuras que faltaban y Robin cruzó los brazos, preparada para cualquier cosa.

El Vicealmirante Smoker estaba allí.

Y también Tashigi.

Y les estaban cortando el paso a Luffy y a Zoro.

Estaban demasiado lejos de Nami, Brook y Usopp como para que éstos pudiesen ser de alguna ayuda.

Zoro frenó en seco, tan bruscamente que Sanji se quejó, semiinconsciente. Sus ojos se encontraron con los de Tashigi. Luffy chocó contra él, y tuvo que sujetarse el sombrero para que no se le cayese. Fue entonces cuando vio a los dos oficiales:

–¿Qué hace Humitos aquí? –preguntó, con cara de fastidio. Luego vio a la joven y agitó el brazo con una sonrisa en la cara –. ¡Hola, Tashigi!

Ella apretó los labios y desvió la vista. A su lado, la figura de Smoker empezó a disolverse en humo.

–Esta vez no voy a dejaros escapar.

Luffy hizo crujir sus nudillos amenazadoramente, y sus puños empezaron a oscurecerse; ya iba siendo hora de volver a utilizar su haki.

Zoro en cambio no se movió. Esperó impasible a que Tashigi se lanzase contra él con Shigure desenvainada. Los dos aceros chocaron.

Desde el barco, Robin resolvió encargarse del malherido Sanji.

Veinte Fleur. Delphinum –dijo, y un montón de manos surgieron del suelo y se llevaron a Sanji rodando de allí.

Pese a estar libre del peso muerto del cocinero, Zoro no desenfundó las otras espadas.

–No quiero pelear contra ti –dijo, sin cambiar la expresión de la cara.

–Vas a tener que hacerlo, Zoro.

Zoro.

Le había llamado Zoro.

¿Quedaba entonces algo de la joven que había viajado con ellos?

Decidió que ya no importaba. Tashigi había elegido, al fin y al cabo.

Volvían a estar en bandos opuestos.

La katana de Tashigi se movió, y volvió a ser interceptada por la del joven, que pese a todo no parecía dispuesto a atacar. Ella empezó a impacientarse. Atacó al costado y volvió a encontrarse con la defensa de Zoro.

El espadachín la rechazó con facilidad, pero se notaba que no se estaba empleando a fondo.

Tashigi descargó el arma con todas sus fuerzas. Él la detuvo de nuevo.

–Pelea con todo lo que tengas –ordenó ella sin levantar la voz –. No quiero tener que matarte como a un niño.

Zoro no respondió. Tampoco movió de sitio sus dos espadas. No la estaba desafiando, simplemente no quería pelear.

Recordó entonces a Monet, y supo que él no sería capaz de matarla. Tal vez herirla de gravedad para impedir que les siguiese, pero no acabaría con su vida.

¿Cuándo has tenido la certeza de que un animal salvaje no te iba a morder?

O tal vez sí.

Tal vez tuviese que matarle ella primero.

No podía hacerle daño.

Maldita sea, no podía pelear contra ella, nunca había podido.

¿Por qué? ¿Por qué, si estaban en bandos contrarios, no era capaz de hacerle frente como a un enemigo cualquiera?

Aquella mujer tenía la virtud o el molesto defecto de aparecer cuando menos oportuna era su aparición, al menos para él.

Creyó que había superado la muerte de Kuina, y se la encontró de frente en Loguetown.

Creyó que se había repuesto de la sorpresa de ver una cara tan parecida a la de su difunta amiga, y tuvo que huir de ella en Arabasta.

Creyó que el entrenamiento con Mihawk le había hecho fuerte, y cedió al impulso de ayudarla cuando Monet estuvo a punto de matarla.

No era la primera vez que pensaba que aquella mujer le hacía débil, pero tras Punk Hazard creyó que por fin sería capaz de hacerle frente si se la volvía a encontrar, y entonces le hirieron al protegerla en un maldito puerto.

Y por fin, cuando parecía que no tendría que hacerle daño nunca más, que no tendría que levantar en serio una espada contra ella, la perdía y la volvía a encontrar, de nuevo en su contra.

Ya no era la cara de Kuina lo que veía cuando la miraba, pero aquello era casi peor.

Frenó a Shigure a unos centímetros de su cara. Por el rabillo del ojo vio los barcos de la Marina preparados para disparar hacia el Sunny, y comprendió que tenían que salir de ahí.

–Tashigi, por favor…

¿Por favor? ¿¡Por favor!?

Su cerebro le estaba llamando débil a gritos, pero era la única salida que veía en aquel momento.

Ella rió.

–¿Vas a rogarme por tu vida, Zoro?

–No. Sólo te pido que les dejes marchar a ellos –hizo un movimiento de cabeza hacia el Sunny –. Mi recompensa será suficiente para que os asciendan, os premien o lo que sea que estéis buscando. Y tú y yo aún tenemos una cuenta pendiente ¿no? –detuvo a pocos centímetros de su pecho el filo de Shigure –. Si me matas ahora podrás coger mi Wadou Ichimongi. Tú me odias a mí, no a ellos. Déjales marchar.

No dijo más.

Ella se detuvo. Quería gritarle que se fuera, que se salvase. Deseaba con todas sus fuerzas decirle que no le odiaba, que entendía lo que había ocurrido…

Pero no podía delatarse, o nadie podría salvar ya a la tripulación de los Sombreros de Paja.

–No voy a dejarte escapar –dijo, lo suficientemente alto como para que Smoker la oyera –, pero tus nakamas pueden irse esta vez… si mi superior está de acuerdo.

Le hizo retroceder hasta el muelle, aún lejos del Sunny. Por el rabillo del ojo vio como el Vicealmirante Smoker dejaba marchar a regañadientes a su oponente.

Le sorprendía que Smoker le hubiese hecho caso; tendría que dar muchísimas explicaciones cuando estuviesen ambos a bordo.

Zoro vio como Luffy llegaba al barco estirándose. Envainó su espada y se volvió hacia su tripulación.

–¡Marchaos ya! –grito, haciendo bocina con las manos –. ¡Cuidad de ese estúpido cocinero, aseguraos de que sobrevive!

Luego se volvió hacia Tashigi.

–No voy a huir –dijo –. Pero no levantaré mis espadas contra ti. Haz lo que tengas que hacer.

Apenas llegó a bordo, tendieron a Sanji en la cubierta, y Chopper se apresuró a examinarle. Cuando apartó a un lado los jirones de la camisa cayó al suelo un paquete de tabaco agujereado por una bala. Chopper llegó a la conclusión de que ese paquete había salvado por poco la vida de su dueño.

–¿Cómo está? –Nami se arrodilló a su lado.

–Creo que tiene algunos órganos perforados… Por suerte ninguna bala le dio en el corazón, aunque una estuvo cerca –levantó el paquete de tabaco –. ¿Ves? Esta bala está más superficial que las demás, justo la que atravesó los cigarrillos… al parecer llevaba poca potencia.

–¿Va a vivir?

–Sí.

El alivio que sintió fue tal que la joven se echó a llorar. Usopp le puso una mano en el hombro, a modo de consuelo.

Entonces oyeron gritar a Zoro. Las expresiones de alegría quedaron ocultas tras el asombro y la impotencia al oír sus palabras.

Chopper se levantó como un resorte, horrorizado.

–¡ZORO!

Fue a lanzarse por la borda, pero Franky le frenó a tiempo.

–¡Espera! ¡No puedes ayudarle ya! –aún tuvo que retener al reno un rato más –. ¡Si no puedes nadar!

Los ojos de Chopper se llenaron de lágrimas al ver que Luffy llegaba a bordo sin el espadachín. El joven se caló el sombrero de paja con rabia contenida.

–No puedo contra ese maldito Humitos… –escupió, impotente –. Aún no soy tan fuerte.

–¡Zoro! –volvió a gritar el pequeño animal.

Franky calibró la situación. ¿Tenían alguna posibilidad de salvar al espadachín?

–Chopper, ve a curar al cocinero, yo me encargo del peloverde –dijo, y se dirigió al sótano –. ¡Luffy! ¿Vienes?

–Tashigi –el capitán Smoker empezó a retirarse hacia su barco –. Te lo dejo a ti.

Se fue. Por detrás de ella, algunos marines comenzaron a irse también. Tashigi vaciló.

–¿Vas a matarme o no? –se impacientó Zoro.

–Sí –se pasó una mano por la cara –. Es mi deber como marine.

Fue entonces cuando Zoro se dio cuenta de que algo no encajaba.

Tashigi estaba llorando.

–Oi… ¿Estás bien? –preguntó, olvidando por un momento la situación en la que se encontraba. La joven que tenía frente a él, volvía a ser de pronto la que habían conocido aquellos meses en el barco.

Tashigi levantó la cabeza bruscamente.

–¡CALLATE!

"¡No me lo pongas más difícil!" pensó.

Se abalanzó sobre él, espada en ristre. El joven sujetó su muñeca con la mano y la miró a los ojos.

–Suéltame –siseó ella.

Tras ella, los marinos vieron que algo no marchaba bien y volvieron. Tashigi les gritó de mala manera que no interviniesen, que era su pelea, pero se quedaron tras ella, por si acaso.

–Lo siento –dijo entonces Zoro, de forma que sólo ella le oyó –. Dejé que te cayeses. Nada de esto estaría pasando si hubiese tenido más fuerza. Supongo que esto es lo que merez…

Tashigi echó la cabeza hacia delante y le besó. Zoro la soltó, sorprendido, pero ni siquiera pensó en apartarse. Llegó a pensar por un segundo que nada había cambiado entre ellos, que ahora lo único que le quedaba por hacer era llevársela de nuevo a bordo. Lo llegó a creer…

…justo antes de que ella le clavase la katana en la pierna, arrancándole un grito de dolor.

Zoro, pillado por sorpresa, se tambaleó, peligrosamente cerca del borde.

¿El borde? Si entre él y el mar estaba Tashigi…

Se quedó sin aliento. Un dolor lacerante se extendió por su pecho, trazando una línea junto a la cicatriz de Mihawk. Frente a él, de espaldas, Tashigi sostenía en alto la katana.

Kiri Shigure –murmuró.

Cayó al suelo, haciendo un soberano esfuerzo por no perder la conciencia. La sangre, que salía a borbotones de ambas heridas, bañaba el muelle.

Definitivamente, aquella mujer le hacía débil.

Tashigi se detuvo frente a él, que consiguió reunir las fuerzas suficientes para ponerse de rodillas y volverse hacia ella, a un milímetro escaso del borde.

Sin detenerse a mirarle, la joven marine apoyó el tacón de su bota en el hombro del espadachín y le empujó al mar.

Cualquiera podría haber pensado que, estando tan cerca de la muerte, la mente de Zoro se volvería hacia Kuina, hacia su promesa o hacia Luffy y los Mugiwara.

Pero no fue así.

"Debí haberme lanzado al mar tras ella" Alcanzó a pensar mientras se hundía. Todo le daba vueltas. Apenas se dio cuenta de que le entraba agua en los pulmones cuando intentó respirar. "Debí…"

Una última burbuja de aire salió de su boca. Luego, todo se volvió negro.

El cuerpo de Zoro se hundió en el agua. Tashigi detectó un movimiento bajo las olas y supo que el submarino de Franky acudía al rescate.

Todo había salido según lo había planeado.

Se secó las lágrimas antes de volverse hacia sus hombres y les ordenó que volviesen al cuartel.

"Lo siento, Zoro" pensó "Pero era la única manera"

–Capitana… –murmuró uno de los marines –. Eso fue un poco… sucio, ¿no cree?

Ella pasó por su lado sin mirarle.

Chopper salió del camarote y fue a lavarse las pezuñas ensangrentadas al baño. En la puerta esperaba el resto de la tripulación.

–Están bien los dos –dijo. Se les escapó un suspiro de alivio –. La herida de Zoro no es tan seria como parece, sólo es aparatosa. De todas formas necesita descansar. Ha perdido mucha sangre y va a estar vomitando agua de mar un par de horitas.

–¿Y Sanji? –preguntó Nami, asustada –. ¿Cómo está?

–Las balas le han perforado varios órganos, pero por suerte no llegaron a atravesarle por completo –explicó –. Sin embargo los pulmones están implicados, y las heridas son profundas. No conviene que se mueva en un tiempo. Aún no ha despertado, pero confío en que lo haga pronto. Vivirá –añadió.

Usopp se sintió observado de pronto. Tanto Luffy como Nami se habían vuelto hacia él.

–¿Q-qué pasa? –preguntó.

–Hoy cocinas tú –dijeron los dos a la vez.

Smoker levantó la cabeza del periódico cuando Tashigi entró a su despacho.

–¿Y bien? –preguntó.

–Lo siento, Smoker-san –respondió ella –. El cuerpo de Zo… de Roronoa ha caído al mar. No será posible recuperarlo.

Smoker se quitó los puros de la boca y la observó, estudiando sus reacciones. Se echó hacia atrás en la silla y puso las botas sobre la mesa.

–No lo has matado.

No era una pregunta. Tashigi agachó la cabeza y la luz incidió en los cristales de sus gafas, reflejándola, e impidiendo que se le vieran los ojos.

El Capitán soltó una carcajada.

–Vaya, esto me recuerda a Arabasta… Recuerdo que te dije que no te disculpases, que habías seguido tu propia justicia –dijo –. Tú contestaste que dejarles escapar era lo único que podías hacer. Dime, ¿cómo fue esta vez?

–Si crees que he obrado mal, sancióname –dijo ella en voz baja –. Pero no esperes que me arrepienta.

La joven estaba empezando a parecerse a él en algunos aspectos. Estupendo, la Marina necesitaba gente como ella…

–No voy a sancionarte, Tashigi –bajó los pies de la mesa y la miró por encima de las puntas cenicientas de sus puros –, pero siento curiosidad. ¿Qué fue exactamente?

Tashigi le miró sin comprender, pero intuyendo por dónde iban los tiros.

–¿Compasión? ¿Simpatía? ¿Le debías algo, tal vez?

–Sólo mi propia justicia –contestó ella, repitiendo las palabras del Vicealmirante –. Alguien que se sacrifica por sus nakamas, merece ser salvado.

–Te has enamorado del espadachín –tampoco era una pregunta –. Y él de ti. No nací ayer, niña, sé cómo funcionan esas cosas. Pero, si es lo que creías que debía hacerse, entonces yo responderé por ti, como siempre he hecho. Además, aunque odie decirlo, ese molesto pirata te ha salvado la vida en dos ocasiones.

Tashigi, que se había vuelto para marcharse, se detuvo en el umbral. Apretó los dientes para contener las lágrimas y se fue.

No tenía nada más que decir, por lo menos no a Smoker.

Ya era mayorcita, podría soportar ella sola los remordimientos.

Creo que voy a dejar definitivamente de deciros que lo siguiente lo tengo más desarrollado, porque es como mi frase maldita: cuanto más lo digo más cosas tengo que hacer y menos tiempo tengo para escribir. Además, he tenido un caso agudo de mente en blanco en este fic.

Lo continúo, y lo terminaré, eso os lo puedo jurar, pero no sé cuánto tardaré.

Gracias por seguir fieles a mi fic. ¡Tres hurras por vosotros!