NdT: Aquí está el último capítulo de este AU, ya se acabó, espero que les haya gustado :)
Gracias inmesas a Kristy SR por betearme este capítulo también :3
Disclaimer: Harry Potter y todos los personajes, lugares, objetos, ideas y material relacionado son propiedad de JK Rowling y sus diversas entidades editoras. Ni el autor, ni los artistas de alguna manera están recibiendo una ganancia monetaria por esta publicación.
La voz de James en el contestador automático era irritante, casi enojada.
—Remus, acabo de recibir una llamada de Sirius. ¡Está a punto de subir a un jodido jet en Nueva York! El idiota quería sorprenderte, me dijo que el avión estará aterrizando en Pittsburgh a eso de las nueve. Aquí te dejo el número del vuelo... —dictó una serie de números—. Le dije que no habría garantía de que llegaras a tiempo cuando aterrizase, me dijo que te esperaría...
Hubo un poco más de incoherencias en el mensaje sobre como Sirius no le había dicho a nadie a donde iba, y como estaba seguro de que Sirius no era mejor que un joven de quince años, y que Dios ayudara a Remus.
—Ahora es tu problema —concluyó James—. Lo dejo en tus manos. Oh, y Lily te manda todo su amor.
Remus miró el reloj y asintió. Tenía tiempo suficiente para llegar al aeropuerto. Y de repente, la realidad lo atravesó: Sirius estaba en camino.
¿A decirme que comprende lo que escribí? ¿O solamente a finalizar los detalles del contrato?
Remus repitió el mensaje del contestador para apuntar el número del vuelo y se apresuró a darse un baño.
—¿Tienes que hacer un trabajo en Pittsburgh? —preguntó Sirius a la mujer que estaba a su lado.
—Sí, soy profesora de estudios medievales en la universidad de Yale. Voy a reunirme con unos colegas en la universidad de Pittsburgh. ¿Qué hay de ti?
—Me han dado una segunda oportunidad en algo que nunca creí posible.
—¡Maldita construcción de carreteras! —murmuró Remus, golpeando el volante en frustración.
Miró el reloj y gimió. Se había movido solamente medio kilometro en diez minutos.
—¡Oh, venga!
Aparentemente las nubes creyeron que les hablaba a ellas, porque en ese preciso momento un rayo cruzó el cielo y las primeras gotas de lluvia empezaron a caer.
Las azafatas sonreían mientras avisaban que se abrocharan sus cinturones. Por el tipo de clase de avión en el que estaba, Sirius no se sorprendió.
—¿Crees que falta poco para llegar al aeropuerto? —preguntó la mujer de su lado.
Sirius miró su reloj e hizo un cálculo rápidamente.
—Creo que sólo nos falta media hora.
—Que alivio —contestó—. Detesto viajar con este tiempo.
Remus se aparcó tan rápido como pudo, y con el corazón latiendo a mil por hora, se dirigió hacia la zona de entrega de equipaje. El clima había retrasado el aterrizaje del vuelo unos quince minutos, por lo cual Remus decidió ir por una taza de té mientras esperaba.
La nueva hora estimada de llegada vino y se fue, y no hubo ningún cambio en el estado del vuelo. Cinco minutos más tarde se convirtieron en diez, y luego en quince. Remus estaba viendo otro cuarto de hora pasar, cuando el tiempo de llegada de pronto se desvaneció y la palabra "retrasado" ocupó su lugar.
Un escalofrío de miedo atravesó a Remus, y se estremeció.
Con una sensación de malestar en su estómago, Remus se dirigió al mostrador. Trató de no darse cuenta de que las personas que trabajan allí parecían preocupadas.
—Disculpe, ¿podría decirme que está sucediendo? —preguntó a una mujer en voz baja.
Ella le dio una falsa sonrisa.
—El vuelo ha sido retrasado, señor.
—Puedo ver eso —respondió, tratando de no ser grosero—. ¿Hay algún problema?
Otro hombre apareció al costado de Remus.
—Mi hija está en ese avión, y quiero respuestas. ¿Qué está sucediendo?
En cuestión de minutos, casi todos los que habían estado esperando el vuelo se agruparon alrededor del mostrador, exigiendo detalles con enojo. De pronto, un hombre con una chaqueta de la aerolínea salió de una puerta a la izquierda.
—Señores, si pudieran venir hacia aquí...
De repente, Remus se sintió mareado y cerró los ojos. El hombre tenía la misma expresión que había en el rostro del policía que había ido a decirle del accidente... y de la muerte de Dora y Teddy.
Una gentil mano en su hombro le hizo abrir los ojos para ver a una mujer de rubios cabellos que también estaba esperando el vuelo de Nueva York.
—¿Te encuentras bien? —preguntó con suavidad.
—Deja Vu —susurró—. Está sucediendo nuevamente...
James buscó a tientas el teléfono junto a la cama, maldiciendo cuando botó sus gafas al suelo.
—Potter —gruñó al responder.
—James.
La voz lo termino de despertar por completo.
—¿Remus?
—James.
El escritor sonaba aturdido.
—¿Qué ha pasado, Lunático?
—James...
Hubo un jadeo como si Remus hubiera tratado de recuperar el aliento o como si estuviera llorando.
—¿Qué sucede? —preguntó Lily en voz baja, volteando para ver a su esposo.
Él negó con la cabeza.
—Remus, ¿estás bien? ¿Está Sirius contigo?
—¡Joder, James!
Lily presionó su oreja cerca a la de su esposo.
—Remus, dilo rápido. Suéltalo. ¿Qué ha sucedido?
—Sirius...
Remus respiró hondo y luego, con mucha calma, casi alarmantemente calmado, dijo:
—El avión se estrelló. Dijeron que hay sobrevivientes, pero que aún no tienen una lista.
Lily se apartó con rapidez, con las manos tapando sus labios consternada y en estado de shock.
James miró el reloj al costado del teléfono e hizo un cálculo rápido.
—Ya es medianoche allí, ¿verdad?
Hubo una pausa y luego un suspiro.
—Sí.
James cubrió el teléfono con la mano.
—El avión de Sirius se suponía que tenía que aterrizar un poco después de las nueve.
Lily miró el reloj.
—Han pasado ya tres horas, ¿y Remus aún no tiene noticias?
—Remus, ¿qué dijeron?
—No mucho. Creen que algo sucedió con los sistemas eléctricos. Se estrellaron en un campo de…
Remus se detuvo y James pudo escucharlo respirar agitadamente.
—Amigo, respira hondo por mí, ¿sí?
—¿Qué?
—Respira hondo.
—Me duele si lo hago.
James apretó los dedos en las comisuras de sus ojos. Podía escuchar el pánico de Remus en su tono casi infantil.
—Escúchame, Lunático. Estoy en camino, ¿está bien? Tomaré el primer vuelo que encuentre.
Lily agitó las manos rápidamente.
—¡El juicio de Grant es hoy! —articuló sin hacer ningún sonido.
Antes de que pudiera decir algo, Remus dijo titubeando:
—No, aún no.
James casi pudo sentir el cansancio en los pensamientos de Remus.
—No tiene sentido. Espera a que sepa algo nuevo.
—¿Estás seguro? —preguntó James suavemente, pensando en los colegas que podrían reemplazarlo si tuviera que viajar a América.
—Puede que no tenga noticias nuevas hasta cuando estés ya en camino, y...
Remus rió secamente con amargura.
—Ya conoces a Sirius. Podría ser que esté perfectamente bien. Y si es así, no habría necesidad de que vengas —volvió a respirar jadeando—. Sólo necesitaba… decírtelo.
—Si me necesitas, llama —insistió James—. Estaremos esperando.
Lily cogió el teléfono.
—Remus, escúchame, corazón. Pase lo que pase, no te rindas, ¿me escuchas? Sirius estará bien. Tienes que creer eso. Ve por una bebida… un trago de whisky puede que sea una buena idea. Si no, consigue un poco de té y concéntrate en respirar profundamente y mantener la calma, ¿me entiendes?
—Sí.
—Haz lo que te digo ahora, ¿sí?
—Está bien, Lily.
James volvió a tomar el teléfono.
—Llámanos en cuanto sepas algo… o cuando nos necesites. Estamos aquí para ti, Remus.
—Gracias, Cornamenta —sonó indeciso, pero al menos no tan aterrorizado como antes.
James pudo escuchar a alguien hablando en voz alta en el fondo.
—Me tengo que ir —dijo Remus de repente… y cortó.
James puso el teléfono con cuidado de vuelta a su base.
Lily se arrojó a sus brazos.
—¡Oh, James! ¡Esto no le puede estar pasando nuevamente! Y está completamente sólo…
—Podría conseguir que Gideon Prewett tomara mi lugar en el juicio. Se ha esforzado tanto como yo, y podría estar allí para el mediodía.
—No puedes faltar a ese juicio —aseveró Lily—. Tu contrato depende de ello, y lo sabes.
—Entonces, sólo nos sentamos a esperar —suspiró James, golpeando el colchón con su puño— ¡Detesto esperar!
—Tengo una idea —dijo Lily pensativa.
Remus se acercó a la mesa.
—Sirius Black —dijo con voz ronca.
El hombre, sentándose detrás de la mesa, volvió de nuevo a la primera página y pasó su dedo sobre los nombres en la lista.
—Black. Black, Norma. Black, Sirius. Aquí está…
Remus escuchaba las palabras que el hombre decía como si estuviera debajo del agua. No podía encontrarles ningún sentido.
—¿Puede repetir eso, por favor?
La mujer de cabellos rubios de antes, de pronto apareció a su lado.
—Lo logró, cariño. Está en el hospital, pero lo logró.
—¿Remus?
Podría haber seguido durmiendo ignorando el susurro, pero no pudo ignorar la ligera sacudida en su hombro. Y tampoco pudo ignorar el hecho de que el sofá de plástico en la sala de espera del hospital era innegablemente duro e incómodo. Con desgano, abrió sus ojos.
El cabello rojo y los ojos verdes de Lily Potter fueron inconfundibles.
—¿Lily?
Se sentó ahogando un gemido por la rigidez en sus músculos.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Estoy aquí por ti y Sirius —dijo en un susurro.
Sin decir una palabra, echó sus brazos alrededor de su cuello, atrayéndola al sofá junto a él.
—James tenía un juicio muy importante hoy, sino estaría aquí —dijo Lily, acariciando la parte posterior de su cabeza—. Sin embargo, pensé que no te vendría mal un poco de compañía.
—No tienes idea lo maravilloso que es que estés aquí —respiró en su oído.
Ella solamente lo abrazó por unos minutos, sintiendo como su tensión disminuía.
—¿Cómo está?
Remus negó con la cabeza.
—Tiene unos huesos rotos. Lo tienen que operar para reparar la ruptura de su pierna. Sin embargo, se golpeó la cabeza y eso les está impidiendo operar ahora. No me han dicho mucho, pero pude ver que están preocupados por la lesión en su cabeza.
—¿Podemos verlo?
Remus miró al reloj.
—Me dijeron que volviera a las seis de la tarde. Lo iban a habilitar para visitas, y es posible también que lo muevan a otra habitación.
—Te ves hecho polvo. ¿Has dormido algo?
—Un poco, de vez en cuando y sin querer —admitió.
—¿Has comido algo hoy?
Lily rápidamente y con precisión interpretó la avergonzada expresión en el rostro de Remus.
—Entonces, vamos. Sé que un bocado te hará bien.
Poco tiempo después, se encontraron en una pequeña mesa en una esquina de la cafetería.
Lily probó su puré de patatas e hizo una mueca.
—¿Has hablado con él? —preguntó, cogiendo el salero.
—Con la lesión en su cabeza y los medicamentos en los que está, sólo ha despertado una o dos veces. El par de cosas que dijo no tenían sentido —dijo Remus, pausando para comer un bocado de pollo—. Aunque me miró y pareció reconocerme.
Lily sonrió y se estiró para tocar su brazo.
—Creo que Sirius te reconocería a ti antes que a nadie.
Remus se quedó inmóvil, a medio masticar, sintiendo como le recorría un nervioso temblor. No estaba seguro de que era lo que James y Lily sabían, pero sabía que Sirius nunca fue capaz de callar algo. Había una gran posibilidad de que les hubiera contado sobre el nuevo capítulo... y había una mayor posibilidad de que los Potter supieran porque Sirius había viajado.
—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó con cautela.
—Remus, no seas absurdo —reprendió Lily—. ¿Realmente eres tan tonto qué crees que no sabemos cómo se quieren?
El escritor agachó la cabeza, fijando los ojos en su plato.
—En realidad, no sé cómo se siente él.
Lily rodó los ojos.
—No seas ridículo.
Remus tomó un trago de refresco y sus ojos azules la miraron con cautela. Pudo ver calidez y aceptación en la expresión de Lily, pero no sabía si James o Peter se sentirían igual. Si preguntaba, no habría vuelta atrás. Estaría reconociendo sus sentimientos, y al hacerlo estaría admitiendo mil errores. Era una de las cosas más difíciles de hacer, y el corazón le latía fuertemente cuando respiró profundamente para empezar.
—Lily...
Ella sonrió instándole a seguir.
—Dime, Remus.
Cerró los ojos por un momento. Cuando los abrió, Lily aún sonreía.
—Lo he amado desde hace mucho —admitió finalmente con suavidad, su voz quebrándose un poco. Al finalizar su confesión, su corazón pareció inundar su pecho, causando que le costara respirar correctamente. Lo hice. Lo dije, y ahora, no puedo volver hacia atrás. Se obligó a respirar, y sintió como su corazón regresaba a la normalidad.
—¿Por qué nunca se lo dijiste? —preguntó Lily.
Negó con la cabeza y cogió su tenedor para empujar distraídamente los granos de maíz alrededor de su plato.
—No parecía interesado en mí, y no quería destruir la amistad que teníamos al hablar el tema.
—Él sí hablo del tema.
—Para entonces ya era demasiado tarde —dijo Remus con un suspiro—. No podía dejar a Dora prácticamente plantada en el altar. No se merecía eso.
Nuevamente su corazón llenó su pecho, dejándolo sin aliento.
—Hice algo horrible, Lily. La traté muy mal.
—No, no lo hiciste —contradijo con firmeza Lily—. Fuiste muy bueno con ella. La amaste.
—Sin embargo, no lo suficiente —dijo, bajando el tenedor—. Pensé que al casarme con ella podría olvidarme de Sirius. Era demasiado cobarde para empezar algo con él, y también para terminar las cosas con ella. Y luego, nació Teddy...
El dolor lo atravesó, como siempre lo hacía cuando pensaba en su hijo.
—Pensé que todo iría bien, ¿sabes? Era la vida perfecta... Escribía libros que generaban ganancias, tenía una hermosa esposa y un hijo adorable, una casa nueva... y pensé que eso me haría feliz.
Lily sostuvo y apretó su brazo para tranquilizarlo.
—Pero ella sabía dónde estaba mi corazón —continuó—. Las cosas empezaron a derrumbarse... ¡Maldición! Se empezaron a derrumbar en los primeros seis meses de matrimonio. Se dio cuenta que era lo que sentía hacia él, y nada de lo que hice pudo cambiar lo que sentía... o que ella supiera.
Lily gimió en simpatía y se acercó, rodeando sus brazos alrededor de Remus de tal forma que su cabeza descansó en el hombro de ella.
—No renunciaste a ella ni al matrimonio, Remus. Lo hiciste lo mejor que pudiste.
—Si tan solo me hubiera esforzado más...
Se detuvo, incapaz de decir el resto.
Se apartó de él, pero sus manos sostuvieron con fuerza sus hombros.
—¿Qué hubiera sucedido si te esforzabas más? ¿Dora no hubiera tratado de dejarte? ¿No hubiera muerto? Estabas peleando una batalla que ya habías perdido.
Le acarició suavemente los cabellos cercanos a su oreja izquierda.
—Cariño, no había nada que pudieras haber hecho. Pudo hablar contigo las cosas calmadamente, pero decidió irse esa noche cuando estaba inestable.
Remus respiró agitadamente.
—¿Cómo...?
—Sabes que Sirius no guardaría un secreto aunque eso le costara la vida —dijo con una pequeña sonrisa—. Cuando regresó de América nos contó todo.
—Mierda —murmuró al recordar las cosas que le había contado a Sirius durante su visita.
—Es algo bueno, Remus. Finalmente comprendimos porque te fuiste. Todo tenía sentido. Fuiste un idiota, pero tuvo sentido.
Se inclinó para darle un beso en la mejilla para sacar la dureza de sus palabras.
—Ahora tienes una segunda oportunidad en el amor, Remus.
Se estremeció y suavemente se apartó de ella, viendo confusión en sus ojos.
—Pero, Lily, ¿me lo merezco?
Su boca se abrió y sus ojos lo miraron con incredulidad.
—¿Cómo puedes preguntar eso?
Le costaba encontrar palabras para responder, y el pensamiento: Eres un maldito autor, deberías ser capaz de decir algo inteligente; pasó por su cabeza.
—Estuve con Dora y todo acabó tan mal...
—Eso no fue culpa tuya.
—Debí haber...
—Y quizás yo debí haber desayunado cereales en vez de tocino con huevos —explotó Lily—. Remus, lo que está en el pasado es pasado. No puedes cambiarlo. Sólo puedes seguir adelante.
Parpadeó y empezó a masajear su sien con dos dedos.
—Deja de pensarlo tanto y sólo acéptalo —dijo Lily firmemente—. Por el bien de Sirius, si no es por el tuyo. Sirius se merece una oportunidad para amar y una relación que pueda durar. Dios sólo sabe cuanta gente lo ha dejado por lo que siente por ti. Se merece tenerte y amarte y que le correspondas.
—Lo haces sonar tan fácil —murmuró Remus, sintiéndose un poco mareado.
—Depende de ti hacerlo fácil.
Lily se echó para atrás y sostuvo su tenedor nuevamente.
—Y no te atrevas a cagarla solamente porque te sientes culpable. Si no se supusiera que merecieras esta oportunidad, ¿Sirius hubiera sobrevivido un accidente aéreo que lo va a mantener en los Estados Unidos por un par de semanas hasta que esté lo suficientemente bien para viajar?
Remus la miró con los ojos abiertos en sorpresa por un momento antes de reír.
—Entonces, ¿que se haya estrellado es la manera en que Dios me dice: "Aquí tienes, Lupin. Todo tuyo."?
Lily sonrió.
—¿Por qué no? En todo caso, estoy aliviada de que nosotros no vayamos a lidiar con él. Es probable que te vuelva loco. ¿No recuerdas cómo se comportaba cuando estaba enfermo?
Remus frunció el ceño.
—Creo que voy a regresar contigo a Inglaterra.
Se rieron y siguieron comiendo por un par de minutos. Un persistente pensamiento en la cabeza de Remus lo hizo aclararse la garganta para llamar la atención de Lily.
—¿Está James bien con esto...? ¿Y qué hay de Peter?
Lily rodó los ojos.
—Están hartos de lidiar con él también. Están cansados de escuchar siempre sobre su amor "descorrespondido". Así que correspóndelo.
—No existe la palabra "descorrespondido".
—Entonces, ¿por qué existe la palabra correspondido?
Remus rió.
—Dios, suenas igual que James. Ahora veo que es lo que sucede cuando estás con alguien durante quince años.
Lily le dio una palmada en el brazo.
—En quince años, serás tú el que diga cosas tontas que normalmente vendrían de Sirius.
—¿Crees que nosotros…?
—Lo sé —dijo ella firmemente.
Las maquinas sonaban y siseaban mientras constantemente monitoreaban los signos vitales de Sirius y ayudaban a su herido cuerpo mantener un estado equilibrado.
El hombre de cabellos negros, ocasionalmente se había despertado en el último día y medio, pero no por mucho tiempo y nunca completamente consciente. Lily supo por las ojeras debajo de los ojos de Remus y la tensión en la piel de sus mejillas que la espera estaba empezando a agotarlo. De todos modos, se negaba a dejar la habitación por un periodo largo de tiempo. Había estado durmiendo en la silla al lado de la cama de Sirius en la noche, en vez de hacer lo que Lily hacía: alojarse en el hotel que estaba a una cuadra del hospital.
Lily miró su reloj y añadió cinco horas para saber la diferencia horaria con Londres.
—¿Remus? ¿Quieres algo de beber? —preguntó, abriendo su billetera y sacando un par de billetes—. Voy a llamar a los niños y compraré algo en las máquinas expendedoras.
El autor apenas apartó la mirada del hombre inconsciente.
—Sí, está bien —dijo suavemente.
Se puso de pie y caminó por la parte inferior de la cama hacia la puerta.
—Vuelvo en…
—Lily, se está despertando nuevamente.
El repentino susurro la detuvo sobre sus pasos, pero por más que Lily quiso estar al lado de Sirius, no se acercó. Sus ojos fueron a Remus, y su respiración se atascó en su garganta. La cara de su amigo estaba tensa por la preocupación, pero había tanto amor en aquellos ojos azules…
Las pestañas de Sirius parpadearon al abrirse, y poco a poco volvió su cabeza hacia el ansioso hombre que estaba inclinándose a su lado. Cuando la mirada de Sirius se aclaró, lo reconoció de inmediato.
—Remus.
El susurro apenas se oía.
—Sirius.
La voz de Remus se rompió en la última sílaba.
Los labios del hombre herido se curvaron en una suave sonrisa.
—Estás aquí.
—¿Dónde más estaría?
Lily tragó con dificultad, sintiendo las lágrimas formarse en sus ojos. La voz de Remus era tierna, cada palabra una caricia.
—Estaba viniendo… a verte.
—¿Por mi libro?
Sirius, con mucho esfuerzo, alzó su mano para tocar la mejilla de Remus con la yema de sus dedos.
—No. Quería decirte que… te amo.
Remus tomó la mano de Sirius entre las suyas.
Lily se cubrió la boca con las manos, ignorando el hecho de que en una mano aún tenía los billetes. ¡Dilo, Remus, Dilo! pensó.
Y entonces, lo hizo.
—Yo también te amo, Sirius.
Observó con ternura como Remus se inclinó y presionó sus labios encima de la frente de Sirius.
No se dieron cuenta cuando ella se retiró de la habitación.
Sirius, cuidadosamente, hizo su camino a través de la multitud de compradores, ocasionalmente mirando abajo hacia el postre que estaba en inestable equilibrio encima de las dos tazas de plástico. Recibió más de una mirada furiosa y escuchó a más de una persona murmurar:
—No pensará adelantarse a nosotros, ¿verdad?
No pudo evitar sonreír. Ya estoy más adelante que ustedes, así que puedes quejarte todo lo que quieras.
—Permiso, cariño —dijo Sirius a una mujer que estaba sosteniendo un libro con tanta fuerza que parecía que sus uñas estaban dejando marcas en la cubierta.
Ella le dirigió un vistazo y luego frunció sus labios en desdén.
—¿Quién eres? He estado esperando en la cola ya una hora, y…
—Soy el Terry de Jasper —dijo Sirius con una sonrisa y un guiño. Y cuando ella se quedó pensando que es lo que quiso decir, avanzó dejándola atrás.
Afortunadamente, el dueño de la tienda de libros lo había estado observando y se las arregló para convencer a las personas que estaban en la parte delantera de la cola que lo dejaran pasar sin complicaciones. Sirius puso el postre encima de la mesa al costado del codo izquierdo de Remus y colocó una de las tazas al lado.
—Té, tres de azúcar y un poco de crema —anunció—, y algo increíblemente dulce y pegajoso.
Remus alzó la mirada del libro que estaba firmando y le dio a Sirius una breve sonrisa.
—No tienes idea de cuánto te amo ahora mismo.
Sirius esperó hasta que la mujer que estaba frente a ellos se retirara y la próxima persona avanzara antes de inclinarse y susurrarle:
—Tal vez me lo puedas demostrar más tarde. Se me ocurre algo dulce y pegajoso…
La comisura del lado izquierdo de los labios de Remus comenzó a levantarse, pero se limitó a coger el libro que la siguiente persona le dejaba, preguntando:
—¿Qué nombre deseas aquí?
—Michael. Y debo decirle, Sr. Wolfe, que Luna Vieja fue una gran inspiración para mí.
Sirius ocultó una sonrisa tomando un sorbo de su café. Cada vez que un hombre decía que el cuarto libro de Remus había sido una "gran inspiración", por lo general significaba que lo había convencido de salir del closet. Remus no había tenido la intención de que su libro fuera ese tipo de catalizador, pero lo era, especialmente cuando finalmente hizo pública su relación con Sirius en un artículo para El punto de vista del escritor hace un año. La ironía de que fuera la misma revista que había llevado a Sirius encontrar a Remus, no pasó desapercibida por ninguno de los dos.
—Espero que encuentres a alguien especial —comentó Remus, terminando su firma con un ademán.
—Ya lo encontré —respondió el joven al otro lado de la mesa, casi tímidamente.
Remus le devolvió el libro con una sonrisa.
—Entonces, buena suerte.
Sirius se acomodó en la silla plegable al lado de Remus.
—Buenas noticias: sólo te quedan cincuenta libros por firmar.
—Y luego podremos ir a casa.
Sirius escuchó el tono de añoranza. Ya habían pasado tres meses, haciendo apariciones en librerías y en universidades de todo el Reino Unido, promoviendo el séptimo libro de la serie Luna.
—Dos meses de paz y tranquilidad antes de regresar.
—¿Por qué accedí dejarles hacer películas de estos libros? —gruñó Remus, recibiendo el próximo libro.
—Para conseguir más dinero y mantenerme al estilo que ya me he acostumbrado —bromeó Sirius.
El autor no dijo nada, aunque la comisura de su boca se torció como si quisiera sonreír, pero al mismo tiempo como si no quisiera darle la satisfacción. Sirius se echó hacia atrás en su silla, y observó a su amado interactuar con sus adorados lectores. Siempre era paciente… más de lo que era Sirius. Cuando la cola se redujo a sólo ocho personas, según el conteo de Sirius, se volvió inquieto y no hizo ningún intento en ocultar que ya estaba listo para irse.
Suspiró fuertemente y Remus le dio una mirada severa.
La joven que estaba en frente de Remus se mordió el labio con incertidumbre cuando vio la señal de impaciencia del hombre de cabellos negros, pero de repente, el reconocimiento iluminó sus ojos.
—Tú eres Sirius.
Tanto Remus y Sirius la miraron en sorpresa.
—¿Nos conocemos? —preguntó Sirius con cautela.
La joven se sonrojó.
—Leí el artículo en El punto de vista del escritor. Pensé que ustedes dos se veían… tiernos juntos.
Sirius se inclinó y pasó su brazo por encima del hombro de Remus.
—¿Tiernos? Somos jodidamente adorables.
Sonrió ante la repentina abundancia de cámaras y teléfonos con cámara, sabiendo que la sonrisa de Remus se vería forzada.
—¿Te importaría firmar también mi libro? —preguntó, empujándolo en la dirección de Sirius.
Los dos hombres se miraron entre sí. Sirius podía ver el destello de diversión en los ojos azules de Remus; y supo entonces, que la única cosa que podía verse en su rostro era confusión.
Volvió sus ojos a la joven.
—¿Yo?
—Si no te molesta, Sr. Wolfe —dijo apresuradamente.
—No me molesta en absoluto —dijo Remus, cediéndole la pluma a Sirius.
—Creo que son una de las parejas más románticas sobre las que he leído —opinó.
—Sólo porque no tienes que lidiar con sus ronquidos —murmuró Remus.
—O sus habilidades culinarias —replicó Sirius sonriendo. Sus ojos se encontraron; y debajo de la mesa, la mano de Remus se posó en la rodilla de Sirius, apretando con suavidad. Tratando de ignorar la repentina oleada de lujuria que corría por sus venas, el editor firmó su nombre, sin importarle que algunas letras se entrelazaran con la firma de Remus. Después de todo, los dos muy a menudo estaban entrelazados…
Cerró el libro, y sus ojos ascendieron para encontrarse con los de Remus.
—¿Te das cuenta de que ahora tenemos que permanecer siempre juntos? De otra forma, ella tendrá que arrancar mi nombre del libro, y sería una pena que le hiciera eso a un indefenso libro.
Remus rió.
—Juntos para toda la vida, entonces, sólo por el bien del libro.
Se sonrieron el uno al otro, sabiendo que probablemente se verían como un par de tontos, pero no les interesó.
—Sr. Wolfe, ¿es verdad que no escribirá otro libro de la serie Luna? —preguntó la joven, interrumpiendo su momento.
Remus se enderezó y le devolvió el libro.
—No. Siete son suficientes. Creo que es tiempo de moverse hacia otra dirección.
Sirius sonrió, pensando en los once archivos que había en el ordenador de Remus llenos de capítulos para su siguiente libro.
—Pero, ¿qué hay de Terry y Jasper? ¿Estarán bien?
Las cejas de Remus se alzaron ligeramente, y volvió su cabeza para mirar a Sirius.
—Creo que Terry es lo mejor que le ha pasado a Jasper. Le ayuda a que no tome las cosas demasiado en serio. Se ríen y encuentran alegría entre ellos. Terry es la luz que Jasper necesita cuando la vida es oscura. No creo que Jasper vaya a permitir que Terry se aleje. ¿Qué crees tú, Sirius?
Sirius descansó su antebrazo en el hombro de Remus, inclinándose hasta que sus narices estuvieron casi tocándose, y Remus no pudo evitar ver la confianza que tuvo cuando respondió:
—Sé que Jasper es la roca de Terry. Es confiable y fuerte; pero, sobre todo, le recuerda a Terry que la vida tiene que tener substancia o no es nada más que humo y espejos. Habrán lágrimas y tristezas en la vida, y Terry sabe que nunca querría pasar a través de esos tiempos oscuros sin la seguridad que Jasper le da. No, no creo que Terry y Jasper puedan estar el uno sin el otro.
—Sabes que así es como se siente Terry, ¿no es así? —susurró Remus.
Sirius asintió una vez.
—Absolutamente.
Inesperadamente, Remus se inclinó más cerca para dejar un suave beso en los labios de Sirius, algo que rara vez hacía en público. Luego se volvió hacia la chica, que los estaba observando asombrada.
—Creo que Terry y Jasper van a estar bien —dijo con sus ojos azules bailando con alegría.
