"Tú, tan sólo tú. Mi queridísimo Scorpius. Tú, que me has enseñado tantas cosas. Tú, que eres como la luz al final del camino, esa señal que te dice "todo estará bien". ¿Cómo explicarte con palabras lo que significas para mí, si el latido de— ¡¿QUÉ DIABLOS FUE ESO?!
Olvidando las vergonzosas líneas que escribí, pasemos a lo que de verdad importa…
¡Hola, Scor! ¿Cómo va el verano en Wiltshire? Sé que no te gusta visitar a tus abuelos paternos, pero, tranquilo; pasará más rápido de lo que piensas. Además, estás con tu primo. ¡Así que no hay problema!
Las cosas en Surrey están… Eh, creo que bien. Mi padre ya no escupe fuego cual dragón gracias a cierta ayuda que obtuve de mi madre. Comienza a aceptar el hecho de que estamos juntos. ¡Tienes que venir a hablar con él! Si se entera de lo mucho que te gusta el quidditch y el ajedrez mágico, serás su yerno favorito.
Sinceramente, preferiría estar en La Madriguera o en el Valle de Godric, con mis primos, pero, bueno, dentro de poco iré a reunirme con ellos. Lily me ha escrito. Las cosas con Lorcan van de viento en popa y, probablemente, podremos ver a la pequeña Potter con novio el año que sigue. Albus, por su lado, no se anima a declarársele a Cassandra, si es que es algo terco… Ya verás, de este año no pasa (y es que claro, estamos en el último).
De veras te extraño. No quiero sonar como una novia obsesiva, porque sabes que jamás podría serlo. Es sólo que Hugo ya no se toma en serio mis bromas y no puedo molestarlo… Y que extraño poder besarte, abrazarte y decirte lo mucho que te quiero. Pero, ojo, yo jamás dije eso. Tengo que mantener mi reputación, así como tú tienes que cuidar la tuya, ja, ja, ja.
¿Has comprado los libros ya? Si no es así, me encantaría que nos viéramos en Flourish & Blotts. Sería un placer vernos (y tomar un helado en la heladería de Florean Fortescue) antes de comenzar las clases.
Responde esta carta en cuanto puedas. Necesito ver tu exageradamente refinada caligra— Nuevamente, olvida lo dicho.
Me despido por el día de hoy, Malfoy. Envíame tu respuesta y el día en el que puedas ir a Londres. Te mando un abrazo, porque sé que te gustan, y un beso, porque creo que también los extra— ¡MALDITA SEA! Estás convirtiéndome en una novia obsesiva.
En fin, que nos vemos luego, Hyperion.
Te quiere,
Rose."
Sonrió en cuanto vio la delicada caligrafía de Rose. Y es que si había alguien que podía comparar las bellas letras de Scorpius Malfoy, era ella. ¡Cuánto le gustaban sus cartas! Aunque normalmente fueran una burla, una charla o una constante risa de parte de ella, le parecían las mejores.
Prefirió no contestar en el momento. Ya lo haría en la noche, puesto que se veía que la lechuza de Rose, Ágata, se veía cansada. Le tendió un cuenco con bocadillos lechuciles, dejando a su disposición la jaula donde normalmente recibía las cartas de sus amigos. Le sonrió. Qué bonita era.
Bajo dando saltos las escaleras y se encontró con el único primo que tenía, Adrian Nott. Era un chico alto, de cabellos azabaches y ojos azules, con 21 años recién cumplidos, que estaba estudiando para ser medimago pero que aun así tenía el espíritu de un niño pequeño. El morocho le sonreía divertido y eso no era nada que fuese muy bueno. Escondiendo su cabeza tras sus manos, se acercó a su único primo, con una sonrisa que no pudo disimular.
—Así que, el pequeño Scor ya tiene novia —dijo Adrian, chuzando con ambos de sus dedos al pequeño Malfoy.
"Madre santa, nada se le escapa a Nott", pensó con cierta rabia Scorpius. Ese verano sí que iba a ser largo si lo tenía todo el día revisando la correspondencia.
—¿Tienes derecho a revisar mi correspondencia, adorable primo? —farfulló Scorpius, aunque no pudo evitar sonreír. No podía ni siquiera enojarse con Adrian. Le quería muchísimo como para hacerlo, pero él nunca lo sabría.
—Claro que la tengo, primo de mi corazón. ¡Necesito saber de tus novias! —exclamó con una fingida tristeza.
—No lo tienes.
—Sí lo tengo.
—No lo tienes.
—Sí lo tengo.
—No lo tienes.
—No lo tengo.
—Sí lo tienes.
—¡Já! ¡Te atrapé! —sonrió el Greengrass mayor.
Ah, madre santa. Se llevaría tan bien con Fred Weasley y James Potter, si es que estos no fuesen tan prejuiciosos. Merlín, Adrian no maduraba ni siquiera habiendo terminado Hogwarts. Siempre con su espíritu de diversión y de molestar a los demás.
—Oh, ¡cállate, Adrian Alexander! —dijo, de nuevo con desespero, Scorpius, tratando de sacarse a su primo de encima.
—Me callaré, si es que admites que tu novia es Weasley. La pelirroja —murmuró Adrian con cierta duda, porque todas las pelirrojas en Hogwarts solían ser Weasley—. ¡La de ojos azules! ¡Ya sabes quién!
—Rose —Scorpius rodó sus ojos—. Se llama Rose, Nott. Rose Weasley.
—Esa misma —sonrió el azabache. Pasó su mano por el jopo recién creado por el joven Malfoy lo desorganizó—. ¿Besa bien?
—¡NO VOY A DECIRLE A MI PRIMO SI MI NOVIA BESA BIEN! —exclamó Malfoy con total desespero. ¡Qué buen verano llevaría en la Mansión Malfoy!
Después de treinta gritos, más o menos, por parte de Scorpius, Adrian se dio por rendido. Fastidiaría a su primo menor otro día. Le dejó descansar y le dedicó una sonrisa pícara, alejándose, mientras cantaba "Rose y Scorpius, sentados bajo un árbol, be sán do se", como el tonto que a veces era.
Ah, será un buen verano, pensó con sarcasmo el heredero de los Malfoy.
Pensó, también, en el plan de su próximo año. Estaba claro que cada rosa nacía con sus espinas para defenderse, pero… ¿Pasaría algo malo si trataba de quitárselas? No perdía nada con experimentar. Su Rose merecía dejar atrás, por completo, la inseguridad. Y eso intentaría en su séptimo año en Hogwarts, tratando de que los ÉXTASIS no se lo comieran vivo y pudiera, tan siquiera, lograr un poco de su plan.
Fuera, espinas. Dejen a mi pequeña rosa en paz.
Demonios. ¿Desde cuándo la atormentaba tanto la respuesta de Scorpius? ¡Ah, claro! Desde que era su novia y le preocupaba que no le respondiera las cartas que le enviaba. Maldición. No quería convertirse en ese tipo de novia psicópata.
Decidida a relajarse, tomó el canasto con ropa limpia que su madre había dejado en la entrada de su cuarto. Eso la distraería de la carta que aún no había sido contestada. Dobla, dobla, empareja, acomoda. Dobla, dobla, empareja, acomoda. Oh, Morgana. Iba a ser una tarde aburrida.
En el jardín se podía ver un precioso día, con el pasto recién podado y los arbustos recortados. Terminaría con la ropa e iría a leer afuera. Hacía un calor horrible y no aguantaría mucho dentro de su casa.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un muchacho pelirrojo, de ojos color avellana, con hoyuelos y una bonita sonrisa.
—Mamá quiere que bajes. Dice que te cocinarás viva dentro de tu cuarto. Ah, y que por favor bajes el canasto —dijo Hugo, sonriéndole—. También te pregunta si prefieres pie de limón o tarta de melaza, porque no sabe que cocinar y a papá le gustan ambas.
—Dile que bajo en un par de minutos, que bajaré el canasto en cuanto termine con la ropa y que prefiero la tarta de melaza, siempre y cuando sea hecha a la muggle y no tenga que usar magia —respondió Rose, sonriéndole a su hermano, de la misma manera.
—Entendido, mi capitana —le sonrió Weasley menor, saliendo del cuarto y dejándola sola de nuevo.
Rose terminó, tan rápido como pudo, de organizar toda su ropa limpia. La dejó acomodada en el armario y bajó con el canasto en sus manos. Su padre estaba en la sala, leyendo El Profeta, como normalmente lo hacía en las tardes. Le dedicó una pequeña sonrisa cuando la vio. Rose hizo lo mismo y se dirigió al cuarto de lavado, una pequeña habitación contigua a la cocina con objetos muggles para el lavado de la ropa. Dejó el canasto sobre la llamada "lavadora" y salió del cuarto, caminando a la cocina.
—Buenas tardes, Rosie —le sonrió su madre, Hermione Granger. Al parecer, Hugo le había mencionado su opinión, porque estaba preparando la tarta de melaza, sin ningún uso de hechizos.
—Buenas tardes, mamá. Huele delicioso —le dijo Rose, con una sonrisa.
—Gracias, princesa. Tu padre dice lo mismo —murmuró con una leve risa su madre y continuó en su tarea.
Rose tomó al viejo gato, Crookshanks, y se lo llevó consigo. El pobre ya tenía sus años, pero seguía ronroneándole a su madre cuando lo cargaba y renegando a su padre cuando se acercaba. No entendía por qué, puesto que el gato era muy tierno con ella. Pero, de alguna manera, ni su padre ni Hugo se llevaban bien con él.
En cuanto estuvo fuera de la casa, soltó a Crookshanks. Éste, aunque se mantuvo a su lado, estiró las patas y se recostó sobre el suelo. ¡Sí que le afectaban los años!
Rose también se sentó sobre el suelo y sonrió. Qué bonito estaba el día.
Pensó en lo mucho que extrañaría Hogwarts una vez que tuviese que dejarlo. También, pensó en cómo sería pasar un año como novia de Scorpius sin que tuvieran que escondérselo a nadie, porque todos los Weasley lo sabían. No fue un suceso tan impactante y la mayoría se lo tomaron bien, pero lo que era memorable, era la cara roja y la expresión de frustración de su padre. Sin embargo, dos semanas después, lo aceptaba un poco más.
Pensó, sobre todo, en lo mucho que su vida cambió cuando tan sólo había pasado un año. Tenía un novio maravilloso, su padre estaba aceptándolo, ni James ni Fred querían asesinarlo, su hermano estaba sentando cabeza con respecto a las mujeres, su madre cada día cocinaba mejor y sus abuelos, tanto maternos como paternos, estaban excelente. Sólo le faltaba que su pequeña Lily, la que se había convertido en su prima favorita, por fin pudiese decir que ella también tenía a un excelente novio, como lo era Lorcan.
Ah, la vida era buena. Y venían cosas mucho mejores.
Crookshanks se revolvió sobre sí mismo y ronroneó para que Rose acariciara su pelaje. Ella cumplió los caprichos del gato y le sonrió. Tú harás parte de mi excelente nuevo año, pequeño, pensó.
Dejaría atrás esas inseguridades y viviría el mejor de los años.
