- Hola, Mibu-chin. – Y ahí estaba; el pelivioleta de Yosen de dos metros y ocho centímetros de altura en la entrada de su apartamento con su bolso del equipo de básquet abierto de donde sobresalían una gran variedad de dulces que son tan propios de él. – ¿Muro-chin se encuentra verdad? Dijo que viniese luego del entrenamiento, le he traído papitas que compré en la estación. – El recién llegado agita una bolsa de frituras frente a Mibuchi de forma encantadora con su típico gesto desinteresado. Ya entendía por qué su hermano se empeñaba con este tipo. ¡Sí que era adorable! Y no estaría de más comentar pasajeramente que era bastante atractivo, su cabello era de un precioso color amatista y le rozaba levemente los hombros.

- Vaya, tanto tiempo Mura-chan, pasa a la habitación de Tatsu, de seguro no tarda de salir del baño. – El menor asintió e hizo lo indicado.

El de dos metros y pico, ahora dentro del cuarto de su senpai, se dejó caer en la cama ajena y colocó su bolsa con chucherías a un lado de ésta.

De pronto oyó el ruido de la regadera cerrarse y luego la voz de su amigo que, como habitualmente, entonaba una melodía de alguna de esas bandas musicales de las que tenía a su habitación forrada con afiches y pósteres de las que él se apega tanto.

- Trying to be something, more.– salió del lavabo con una toalla amarrada en la cintura (la cual no necesitaba ser sujetada por precaución debido a que sus caderas hacían de fiel soporte) y otra, prácticamente, en toda su cabeza. Ahí fue cuando Murasakibara reaccionó y notó que verdaderamente Tatsuya estaba muy delgado. - Nobody's gonna love you if, you can't display, a way to capture this. Nobody's gonna hold your hand, and guide you through, no, it's up for you to understand– Aún no se percataba de la presencia del gigantón en el lugar - Nobody's gonna feel your pain, when all is done, and it's time for you to walk aw…

- Pienso que Muro-chin canta muy bonito, pero me ofende que no se dé cuenta de que estoy aquí. – articuló Murasakibara haciendo que el pelinegro voltease sobresaltado y sujetase con fuerza la toalla automáticamente.

- ¡At-Atsushi! ¡¿Desde cuándo…?! ¿Hace cuánto estás aquí? – Exclamó Himuro llevándose una mano en el pecho ya calmándose un poco – Hermoso susto me has dado.

- Lo siento. – Hizo un puchero infantil y se incorporó en la cama quedando sentado ahora. – Muro-chin pescará un resfriado si no se viste. – El ex N° 12 sonrió asintiendo para darse vuelta y colocarse solamente un bóxer de licra negro y una playera de mangas largas color blanca.

- Ah, siento que hayas tenido que escuchar eso Atsushi. – Se rascó la nuca apenado.

- Me gusta como cantas Muro-chin.

- Gracias. – Sonrió levemente sonrojado. – Vamos, hazte a un lado grandulón. – Le reclamó al ojivioleta.

Murasakibara no se corrió, si no que tiró de las manos de Himuro provocando que este último cayese a la cama y terminaran ambos acostados de lado cara a cara.

- Pudiste ser más cuidadoso tonto. – Rió burlón el ojigis.

- Tenían razón. – El pelivioleta lo observó completamente. – Estás delgado Tatsuya. – Llevó una mano hacia la cintura del otro y la acarició por toda su longitud.

- No vuelvas a decirme eso ¿Entendido? – Vociferó indignado el pelinegro abrazándose a sí mismo, como tratando de cubrirse Atsushi envolvió la estrecha cintura del otro en un abrazo ignorando el súbito acto de ansiedad de su amigo –Y –Yo, estoy bien, lo siento. Un pequeño descontrol, olvídalo. –

- No, no estás para nada bien. ¡Mírate! – El mayor abrió los ojos sorprendido. – Himuro, no tienes, ni siquiera, masa muscular alguna. Querías vencer a Kagami algún día, de este modo nunca lo lograrás. –Lo último fue soltado con cariño más que con amargura.

- Sabes, he hablado con Reö de lo mismo. –Alza su mano hasta la mejilla del menor.- Saldré de esto y volveremos a jugar juntos, algún día venceré a Taiga y voy a estar bien. Lo prometo, soy capaz Atsushi. – Susurró optimista sacándole una sonrisa a su compañero.

El mayor lo notó, pero ya le era normal.

No siempre Atsushi lo llamaba Himuro.

Cualquiera que conociese a Murasakibara actualmente ya estaba advertido sobre su enigmática personalidad; podía ser tan infantil a veces, con sus típicos gestos de verdadero desinterés y aburrimiento, pero, al otro segundo podría ser, también, alguien totalmente frío, estoico e intimidante. Era clásico en él su voz monótona y apática que se expresaba en un vocabulario infantil. Pero, también existía un lado serio de aquel chico despreocupado, un lado que, hasta ahora, sólo Himuro y Akashi habían contemplado.

El porqué de esto fue el haberse sometido a vivir en lo más parecido a un mundo paralelo que se desarrollaba dentro de su cabeza, a ver las cosas desde un punto que a las personas les parecía fuera de lugar.

Atsushi siempre llevó una vida monótona, rutinaria, cotidiana, neutra.

Hasta que conoció a Himuro Tatsuya.

Cuando Himuro ingresó a la preparatoria de Yosen como senpai suyo y, más tarde, al club de baloncesto, a primera vista, le llamó tanto la atención aquel chico relajado. Tatsuya había entrado así de repente en su vida, comenzando a dar por perdido todo aquello que lo amargaba.

Todo aquello comenzó un año antes que Himuro conociese a Mibuchi. Quién diría que ambos pelinegros, tan similares físicamente, podrían haber pasado tantas cosas en tan poco tiempo. Incluso en unos meses ya habían ido a vivir juntos. Murasakibara conocía casi todo sobre Himuro, entre todo eso, que nunca se relacionó con mucha gente además de Kagami y con su tutora de América, Alex. Le sorprendió que tan rápidamente se hubiese aferrado a Mibuchi como si no estuviese seguro estando apartado de él. Ha de admitir que hubo un tiempo en el que tuvo celos hacia Mibuchi y, para que ocultarlo, hacia Kagami también.

Le alivió el saber que Kagami había comenzado a salir con Kuro-chin (aunque el cejotas no le caía de maravilla, no iba a negar que hacían linda pareja con el ex-fantasma de Teikö.) y que Mibuchi y Tatsuya sólo llevaban un muy fuerte lazo fraternal.

Se acomodó mejor en el lecho de su amigo y lo abrazo por la cintura.

- Estás cariñoso hoy por lo que veo.- Tatsuya se deja abrazar y lo besa cerca de las comisuras de los labios del menor.

-Supongo que sí Muro-chin- Sonríe levemente y se deja besar el rostro por el pelinegro.

Continuará...