aqui la conti
disfruten!
— ¡Por fin llegan! —Hanabi, mi hermana menor, nos esperaba frente a la puerta de la casa de mis padres. El lugar donde me crie no era nada extravagante, no al menos como la casa de los Namikaze, su tamaño era mucho más grande que el de una casa de dos pisos pero aun pequeña en comparación a una mansión.
—Disculpa la demora, tía—se disculpó Kei, risueño. Sacó mi maleta y sus mochilas del asiento trasero.
—Los preparativos para la fiesta de navidad son cada vez más en la ciudad. Me pregunto si este año podremos asistir—Kai me ofreció su mano para ayudarme a salir del auto. —Buenas noches, tía.
Ambos besaron las mejillas de mi hermana y entraron en la casa.
—Lamento molestarte, Hanabi, pero ellos querían venir y no pude oponerme—trate de ocultar lo mejor que pude toda evidencia de mi discusión con Naruto.
—Me tuvieron esperando casi 40 minutos, pero es bueno volver a verlos—me abrazó. Casi tres meses sin vernos era mucho tiempo para nosotras—Vamos, no le eh avisado a nuestros padres de su llegada.
Apenas cruce el marco de la puerta la cálida sensación de estar en casa me invadió. Encontré a mis gemelos saludando a mis padres en la sala. Mi madre abrazaba a Kai, mientras mi padre le daba la mano a Kei. El rostro de mis padres expresaba sorpresa y alegría total. Sabia cuanto ellos amaban a sus nietos, y mis gemelos compartían el sentimiento hacia ellos.
— ¡Hinata! ¿Por qué no avísate sobre tú llegada? —se acercó mi padre y me abrazo.
—Discúlpenme, por favor, pero sus queridos nietos insistieron—bese la mejilla de mi madre.
—Muchachos…—suspiro mi hermana.
—Bueno, ya no importa. ¡Oh! ¿Y Naruto no viene con ustedes? —me tense. Mi madre le tenía cierta estima a mi marido.
—N-no, mamá. Naruto ha tenido un imprevisto.
—Sí, como sea. No hemos venido hasta aquí para hablar de nuestro padre—Kai me tomó de la mano y empezó a llevarme a la cocina. Sus abuelos rieron por el "inocente" comentario de mi hijo. —Vamos, mamá, mi hermano y yo morimos por algo de comer.
Diez minutos después Kei entro en la cocina, avisando que sus abuelos y mi hermana se habían retirado a dormir. Solo a mis hijos les podía dar hambre a las 11 de la noche.
—Mamá, yo puedo ayudar también. Kai pásame ese cuchillo.
Ellos habían insistido en comer algo como Ramen, o hamburguesas, o algo más laborioso y pesado, negando que esto les provocaría dolor estomacal después. Acepte prepararles Ramen. Poco después de media noche nos sentamos en la mesa, cenamos juntos aunque yo comí mucho menos que ellos. Su apetito voraz era también una característica de su padre. Solloce sin darme cuenta.
—Mamá…—Kei me acaricio la mano.
—No te preocupes, mamá. No lo necesitamos, mi hermano y yo seguiremos los estudios con la Beca de Excelencia. Y sé que mi abuelo no te abandonara. Además, aun puedes pelear por los derechos que te pertenecen de los Namikaze y por supuesto el divorcio…
—Gracias, chicos. A ambos los amo más que a mi vida y, aunque ya sean mayores de edad, sus estudios aún son mi responsabilidad y por supuesto también la de su padre.
—Nosotros…—intento replicar Kei. Me levante.
—Está bien, ¿sí? Ahora será mejor levantar los platos y después a la cama.
—Kai y yo lo haremos, mamá. Ve a dormir, ya te hemos molestado lo suficiente.
—Ustedes nunca serán una molestia-los abrase.
Sonreí al encender la luz y entrar en mi habitación. Todo seguía igual a como lo había dejado; la decoración, los muebles, mi ropa, incluso, aun se percibía la antigua colonia que solía usar cuando tenía diecinueve.
Encontré mi maleta en la cama, empecé sacar mis cosas y dejarlas en mi tocador. Busque una pijama y me cambie. Tarde casi dos horas en conciliar el sueño. Recordar cómo me había enamorado de Naruto me oprimía el pecho.
Flashback
Desde pequeña brillaba por mi ausencia, tímida, introvertida, rara, gris. Mi madre se esforzaba en hacerme cambiar; arreglándome el cabello, enseñándome hasta los más estrictos modales, animándome a maquillarme y coquetear ligueramente a los chicos. Mi padre por otra parte le alegraba que fuese como era, me proporciono las mejores oportunidades para estudiar, recordándome siempre que tenía que convertirme en la mejor contadora, volverme su mano derecha y que pudiese depositar su total confianza en mí, no había tiempo para pensar en chicos. Yo me esforzaba por complacer a todos, sin embargo parecía que nunca conseguía ser lo que los demás querían.
Si, estaba destinada a morir soltera. Pero ese no era el deseo de mis padres.
—Esta noche vendrá a cenar un joven —anunció mi padre una mañana de jueves a finales de abril— Y debo decir que es uno de los que me han hecho mejor impresión. Quiero que te pongas aquel vestido azul que te sienta tan bien.
— ¡Oh, papá! —yo estaba a punto de objetar «¿Para qué preocuparse?» pero él se anticipó a mi reacción.
—No discutas, Hinata. Y por favor habla con tu madre, sé que ella te preparara mejor para la cena que yo—ambos reímos por su comentario, salí de su despacho.
Esa misma tarde mi madre desbordaba de alegría. El que por fin pudiese conquistar a un joven la entusiasmaba mucho. El vestido azul que tanto gustaba a mi padre también fue sugerido por mi progenitora; el corpiño era lo bastante escotado para exponer un poco mi pecho, pero me incomodaba bastante, ya que mi busto estaba demasiado desarrollado, y la apretada cintura delataba a mi cuerpo de una figura «reloj de arena». Era de seda, y tenía una textura de suavidad excepcional y un brillo en nada parecido a todo lo demás que yo poseía. Los tirantes eran delgados y la falda me llegaba tres dedos más debajo de la rodilla.
Mi madre insistió en que usara su colgante de zafiro azul, que admito favorecía a mi cuello y contrastaba con mi blanca piel. Cepille mi cabello cien veces, me maquille sencillo pero elegante, use el perfume suave de lavanda, zapatos de tacón alto plateados. Y aun así… aun así mis sonrojadas mejillas delataban mi nerviosismo. Esta era la oportunidad de satisfacer a mis padres, y quizás también a mí misma.
Cuando llegué al piso de abajo, ya había llegado el invitado. Estaban en la sala. La risa de mi padre, los comentarios divertidos y educados de mi madre y… la voz de nuestro invitado. Una voz baja pero algo aguda, como un adolescente, la voz de un hombre seguro de sí mismos.
Al cruzar el umbral de la sala Namikze Naruto se levantó y a mí se me paro el corazón. Media más del metro ochenta y era, aún lo es, el joven más atractivo que conocí.
—Naruto—me regreso a la realidad mi padre. —A mi esposa y a mí nos enorgullece presentarte a la mayor de nuestras hijas, Hyuga Hinata.
Me extendió su mano como saludo y cuando la tome, se sintió tibia y grande.
—Encantado, Hyuga-san—le miré directamente a los ojos azul celeste. Y él contemplaba con la misma intensidad los míos gris perla.
Aun que amaba la lectura, nunca me deje conquistar por apasionadas y románticas historias de amor a primera vista, pero justo en ese momento algo me abrazo el corazón.
Tenía el cabello muy rubio, algo más alborotado y despeinado que como solían llevarlo los hombres, se veía fino y suave. Su piel ligeramente tostada y las mejillas marcada por tres curiosos bigotes de gato o zorro, su boca era fina y recta. Hombros anchos, caderas estrechas, poseía un aire casi atlético. Y por la manera de mirarme, con una sonrisa irónica, casi divertida, se notaba que estaba acostumbrado a que las mujeres cayeran a sus pies.
"¡Vaya! Sí que está acostumbrado a que lo idolatren, aun con la mirada. Bien, pues, no te burlaras de Hyuga Hinata" pensé.
Era obvio que un joven así no se pararía ni a darme la hora por equivocación. Inhale disimuladamente y le estreché firmemente la mano, le devolví la sonrisa y rápidamente desvié la mirada. Lo intentaría por mis padres.
Después de las presentaciones mi padre explico que Naruto venía a Konoha, desde Uzushiogakure, por una reunión académica. Estaba interesado en invertir en la industria de construcción de barcos porque creía que, una vez terminada la Gran Guerra, se desarrollarían los mercados de exportación. Aquella noche pude averiguar un poco sobre sus actividades; ya era dueño de algunas fábricas textiles, que participaba en la dirección de algunos Bancos y poseía varios aserraderos en Takigakure. Estaba asociado con su padre en los negocios, pero éste, aunque solamente contaba con cuarenta y cuatro años, estaba confuso.
Durante la cena traté de mostrarme cortés, serena y silenciosa, como mi progenitor quería que fuese, y a la vez alegre, risueña y coqueta, como mi madre quería que también fuese. Era tan difícil hacer ambas.
—Hinata tiene un título universitario, ¿sabes? Posee un diploma comercial y cuida de la mayor parte de mi contabilidad.
— ¿De verdad? —Naruto pareció auténticamente impresionado; sus ojos azul celeste brillaron más todavía, interesados, me dirigió una mirada más seria y formal—¿Y le gusta el trabajo, Hyuga-san?
Una mirada rápida a mis padres, «se sincera, miente. Habla, cállate. Sí, no. » Me decían los ojos de mi padre y madre, respectivamente.
—Prefiero invertir bien mí tiempo. Organizarme y hacer un poco de todo, disfrutar todo—admití. La sonrisa de mis padres se esfumo y la de Naruto se agrando.
—Estoy de acuerdo por completo —hablo sin volverse hacia mi padre o madre.—Opino que la mayoría de las mujeres llamadas hermosas son vanas y bastante tontas. Parece como si les bastara su belleza para vivir. Yo prefiero a las chicas inteligentes que saben pensar por sí mismas y puedan ser valores reales para sus maridos.
Mi voz se ahogó en euforia. ¿Era esta una oportunidad para mí?, ¿Naruto era al hombre que tanto ansiaban mis padres y que yo tanto esperaba?
A partir de ese momento la cena la disfrute aún más. Hablamos e intercambiamos opiniones. Mis padres pasaron a segundo plano. Jamás había disfrutado tanto hablando y escuchando.
Pero un inesperado silencio se produjo cuando una pregunta afloró en mi mente.
¿El hombre más atractivo de todos los que habían venido a nuestra casa estaba interesado por mí? Ese hombre podía tener a un centenar de bellas muchachas que le adorarían toda su vida. ¿Por qué había de interesarse por una chica fea como yo?
A pesar de todas esas dudas, en lo más profundo de mi alma deseaba locamente que Naruto de verdad significara una oportunidad de amar y ser correspondida.
Al finalizar la cena, mi padre se llevó a Naruto a su despacho y mi madre y yo a la sala. Al pasar el tiempo me permití imaginarme a nuestro invitado y a mí confesándonos un amor a primera vista, en seguida la vergüenza se apodero de mis mejillas. Me encontré sola, tal vez mi madre había subido a su habitación.
Descubrí entonces a Naruto en el umbral. Me miraba, lo hacía, pero no sabía cómo interpretar su mirada. ¿Fría?, ¿calculadora, quizás? O ¿curiosa?
—Hace una noche espléndida—comentó.— ¿Aceptaría dar un paseo conmigo?
Por un momento me quedé mirándolo. ¡Quería llevarme a pasear!
—Sí —respondí.
La sorpresa, nerviosismo y euforia se me revolvían en el estómago, necesitaba un momento de soldad. Me disculpe, con la excusa de subir a buscar mi abrigo. Él, Namikaze Naruto, mostraba un curioso interés por mí, Hyuga Hinata, ¡pero que irreal se sentía todo!
Al volver a bajo, Naruto me esperaba en la puerta principal. Me escolto hasta la avenida y me ofreció su brazo. La fresca noche de abril era casi perfecta. En un momento de locura sentí la tentación de girarme hacia Naruto y acurrucarme en sus brazos, algo que, siendo sincera nunca había hecho con ningún hombre, ni siquiera con mi padre.
Señale la dirección del río.
—Si vamos hasta el final de la calle—dije.—y giramos hacia la derecha, tendremos una hermosa vista del río.
—Entonces, vamos, por favor.
Como ya había dicho; la noche era casi perfecta. Pasear de esta forma con alguien como Naruto era algo para ver solo en sueños. Y aun así mis emociones se confundían. Eran tantas las esperanzas y los temores.
Los reflejos de las luces de los barcos y la luna decoraban el río.
—Una vista esplendida, sin duda—reconoció.
— ¿Verdad que si? —la pregunta había salido por si sola de mis labios, la vergüenza me corto la respiración. Alce la mirada y vi algo que definitivamente me termino enamorando; su sonrisa. Una sonrisa sincera, nada forzada, y divertida. Sus ojos, por la noche se veían más oscuros y eran casi una imitación del zafiro en mi cuello, no, el zafiro era un intento de imitación de su ojos.
Volví en si cuando él pregunto:
— ¿Cómo es que su padre todavía no la ha casado? No voy a insultar su inteligencia diciéndole que es usted hermosa; pero sí extraordinariamente atractiva, y es evidente que posee una mente fuera de lo común ¿Por qué no la ha capturado ningún hombre todavía?
— ¿Por qué no se ha casado todavía usted, Namikaze-san? —repliqué.
Se echó a reír.
—Responde a una pregunta con otra. Muy bien, Hyuga-san —prosiguió.—Si quiere usted saberlo, creo que la mayoría de mujeres de hoy resultan aburridas con sus esfuerzos para ser seductoras. Un hombre que se toma en serio su vida, que está decidido a construir algo significativo para sí y para su familia, me parece que ha de evitar ese tipo de mujer.
— ¿Y solamente ha conocido usted mujeres de ésas? —pregunté, y aunque no pudiera verlo, presentí que se había ruborizado.—¿No ha buscado otras?
—N-no. He estado muy ocupado con mis negocios—nos detuvimos.
Lamente haber llegado tan pronto a casa, pero trataba de guardarme cada momento que compartí con Naruto, las pláticas, el intercambio de ideas e incluso una ligera disputa entre opiniones.
—Le agradezco por el paseo. Me ha gustado mucho conocerla un poco más, Hyuga-san.
—Lo mismo digo, Namikaze-san.
—Me gustaría repetirlo— ¿Escuche bien? ¡Él quería volver a verme!
—Bu-bueno, si es así, es usted bienvenido mañana.
—Será un placer. Creo que mañana podría mostrarme la zona y, quizás, acepte cenar conmigo— ¿Cenar? ¡Oh, una cita de verdad! Apenas logre controlarme y acepte sin dudarlo. Entre en mi casa cuando escuche que el motor de su auto encenderse, cerré tras de mí.
Es noche apenas pude satisfacer la curiosidad de mi madre respecto a Naruto y nuestro paseo. Era perfecto para mi madre, interesante para mi padre y para mí… para mí era amor.
Fin de Flashback
Solo una noche, una mirada, una sonrisa y yo caí a sus pies.
Desperté en el amanecer. Aún es muy temprano para que los gemelos estén despiertos, igual mi hermana y mis padres, pensé. Decidí darme un baño, uno muy largo y caliente. Sumergida en el agua de la tina, empecé a divagar en algunos planes.
Si me divorcio de Naruto debo recibir mi parte de las ganancias en las empresas Namikaze. Aun que, siendo sincera, no necesito del dinero, ya que yo cuento con mis propios fondos financieros, aquellos que mi marido había estado reclamando desde que nos casamos, con la excusa de que él sabría invertirlos mejor. Kai y Kei podía seguir con sus estudios. ¿Cómo hablar con Naruto? Sé que él nunca está en casa, solo cuando regresa del trabajo. Entonces yo tendré que ir a buscarlo a su trabajo.
Hablaremos, llegaremos a un acuerdo, buscaremos lo que mejor nos convenga a ambos. Y él puede buscar a la mujer que le de esa hija que tanto anhela. Yo… bueno yo puedo retomar lo que abandone al casarme con Naruto, ayudare a mi padre con su trabajo, disfrutare a mi familia un poco más. Sí, es un buen futuro, un futuro maravilloso y, aun así doloroso, lleno de espinas al saber que no recibí ningún tipo de cariño por parte de mi marido.
les gusto? espero que si
bueno... solo puedo decir que estaré tomando algunos escenarios y situaciones de "Jardín Sombrío" de V.C Andrews pero a partir de aquí la historia espesara a tomar un curso un poco más diferente.
Naru es tan...! bueno odiarlo o quererlo es su decisión
ya saben comenten, opinen, regañenme lo de siempre
MATTA NE
ATT: menma uzumaki
