hola, hola! por aqui dejo la conti de esta extraña historia. Bien, aclaraciones:

*-naruhina

*-AU

*-OoC

*-OC

*-•Pov's•=cambio de personaje y narrador

*-Romance y lemon(próximamente)

creo que es lo más importante, disfruten!


— ¡Buenos días! —saludaron a la vez mis gemelos. Sonreí al verlos entrar en el comedor. De pequeños les encantaba jugar a confundir a nuestros conocidos; vistiéndose con ropas iguales, incluso acomodando su cabello revoltoso de la misma forma. Pero cuando estaban conmigo, o su tía, o sus abuelos sabían que era inútil vestirse de forma idéntica, ya que habíamos aprendido a diferenciarlos por la mirada y su forma de hablar, así que, en esas ocasiones escogían sus ropas favoritas, que eran diferentes una de la otra.

Kai es el más impulsivo y ruidosos. Su mirada siempre transmite curiosidad y diversión. Hoy vestía unos jeans, converse negros, una playera roja y sudadera negra. Le gustaba ser un poco más informal. Kai era el mayo por un minuto.

Kei, por otra parte, es tranquilo y callado. Tiene una mirada comprensiva y atenta. Vestía un pants de algodón blanco y tenis. El menor de mis gemelos prefería los deportes, en especial el tiro con arco.

Esos dos eran gotas de agua idénticas, aun con ropa diferente.

—Buenos días—sonreí. Ambos tomaron asiento y empezaron a servirse pan tostado con mantequilla y café.

— ¿Y los demás? —pregunto Kei.

—Hanabi se ha ido a trabajar, su abuelo igual y su abuela aun no baja a desayunar.

—Hum… mamá pásame la leche, por favor—hablo Kai con la boca llena de pan.

— ¡Tus modales! —reprocho el menor. Le arrojó una servilleta de papel a su hermano.

—Lo siento.

—Por cierto, mamá ¿Piensas ir a las oficinas?

—Sí, Kei. Saldré en unas horas. Pienso arreglar esto y llegar a un acuerdo.

— ¡Por qué no nos avisaste! —exclamo Kai. —Iremos contigo.

—No hace falta. Además, ustedes ya tienen planes, ¿o no? —ambos fruncieron el entrecejo. —Coma ya dije; me iré dentro de unas horas. No se preocupen.

El tema de conversación cambio. Antes de arreglarme quería pasar un rato con mis hijos. Pero Kai quería visitar a unos viejos amigos del vecindario, así que no podía acompañarlo. Kei practicaría en el jardín trasero su tiro con arco, podía observarlo mientras lo hacía.

Quería salir de casa a las 10:40am para llegar a las oficinas a las 11. Que era la hora cuando Naruto estaba menos ocupado, su almuerzo. Apenas eran las 8:20am

Cuando el mayor de mis gemelos se fue, el menor preparo sus cosas para practicar. El arco recurvo, las flechas, la dragonera y la diana.

Kei desde pequeño se había interesado por actividades al exterior; los deportes, en especial aquellos que requería una disciplina total. Practicaba lo clásico, basquetbol, fútbol, natación, pero su favorita, y en la que sin duda es mejor, es el tiro con arco. Recuerdo que esto molestaba mucho a su padre. Naruto objetaba que el deporte no te enseña como dirigir una empresa como la de los Namikeze, y mucho menor a sostenerla.

Con Kai no era diferente. El mayor buscó algo que pusiera aún más colérico a su padre; skateboarding, música y dibujo. Admito que al principio no me agradaba mucho su "estilo" pero termine aceptándolo. Con el tiempo sentí cierta admiración por mi hijo, era talentoso a su manera.

Naruto, aferrado a su idea de manejar la vida de los gemelos, los inscribió en la CA(*). Logre convencer a los gemelos que aceptaran asistir a esta nueva escuela, ya que había sido un gasto ridículamente alto que su padre había hecho. La CA no era mala escuela para ellos, pero tampoco lo que querían. Justo ahora estaban de vacaciones por navidad, que festejaríamos en dos semanas.

— ¡Mamá!

El silbido del viento y el grito de mi hijo me regresaron al aquí y ahora. Me había sentado sobre el césped, cerca de un árbol para recargarme, donde claramente podía apreciar a mi hijo apuntando a la diana. Su última flecha se había clavado en el segundo círculo rojo.

—Ocho…—le sonreí a mi hijo cuando se acercó a mí. Se sentó junto a mí, se quitó la chamarra del pants y dejo el arco aun lado.

—Hoy es de esos días en los que montar a caballo es más fácil que el tiro con arco, por este viento. ¡Esa última flecha era un 10 perfecto!

—Lo sé, pero nadie manda en la naturaleza, Kei. Hoy prometía ser un día más cálido—dije al ver las nubes grises casi sobre nosotros y sentir el viento frio en mi rostro.

— ¡Ah, genial! —hizo un chasquido con la lengua. Cambio de tema. — Perdida en tu mente, ¿eh? —acomodo su cabeza en mis piernas.

—Discúl...

—No, mamá, disculpas no. Dime ¿en qué pensabas?

—Recuerdos, en eso pensaba.

— ¿De mi padre?

—No, no exactamente. Recuerdos de ti y tu hermano—pase mis dedos por su mejilla. Nos mantuvimos en silencio por unos minutos.

—Mamá.

— ¿Sí?

—A mi hermano y a mí siempre nos ha gustado tu cabello azul—su frase me enterneció el corazón. — ¿Por qué el nuestro es negro?

—No lo sé, pero a mí me encanta su cabello negro.

—Y tus ojos, hubiésemos preferido tener los característicos ojos perla de los Hyuga. Aunque tampoco tenemos los típicos ojos azules de los Namikaze, no al menos totalmente puros. Somos una mezcla de Namikaze y Hyuga.

—Kei, deja de criticar tu físico. Mis gemelos son los jóvenes más apuestos que conozco—bese su frente, él soltó una risilla por las coquillas que le había provocado.

Primero un relámpago y después un trueno provinieron del cielo. Ayude a Kei con sus cosa y volvimos a casa. Encontramos a mi madre leyendo en la biblioteca, él se quedó con ella y la acompaño en su lectura. Subí a mi cuarto.

Son las 9:51am tengo suficiente tiempo para arreglarme. Ya tome un baño hace unas horas así que solo tenía que vestirme.

—Creo que usare este—murmure al sacar mi traje formal negro, falda, medias, blusa blanca y saco. Sonreí al ver la ropa extendida en mi cama, hace años que no uso ropa formal. Las pocas veces que había visitado las oficinas de la empresa siempre usaba vestidos más informales. Al ponerme la falda la sentí algo apretada a mi cadera, lo mismo con mi blusa en mis pechos. —Necesito comprar ropa nueva…

Me maquille, nada extravagante y cepille mi cabello. Al mirarme en el espejo del tocador note más brilloso mi cabello, se veía más azul de lo usual, ¿Por qué? No lo sé.

Mi saco, zapatos y mi bolso era lo único que me faltaba para poder salir. La lluvia no había parado en todo el rato. Cuando por fin estuve lista baje las escaleras y busque a mi madre.

— ¿Te vas con esta lluvia, Hinata?

—Sí, madre. Llamare un taxi, no te preocupes. ¿Y Kei? —pregunte al no verlo sentado junto a ella, donde lo había dejado.

—Subió a su cuarto, dijo que quería practicar un rato su inglés. Y Kai llamo hace unos momentos, la tormenta no le permite regresar a casa, así que se quedara en casa de los Uchiha hasta que mejore un poco el clima.

—Ya veo—marque el número y llame a un taxi, llegaría de 10 minutos, quizás 15 por la lluvia.

No me preocupaba por Kai, ya que, Shisui Uchiha era un amigo muy cercano. Además conozco a sus padres desde hace años; Itachi Uchiha y Nana Uchiha.

—Iras con Naruto, ¿verdad, cariño?

—Sí.

— ¿Hay problemas? —no alcance a responderle, el taxia había llegado.

—Cuando regrese te lo contare todo, a ti y a papá—salí. Me moje un poco al abrir la puerta del vehículo. Di la dirección y divague en mi mente durante el transcurso.

•Pov's Naruto•

Abro mis ojos dos horas antes de las siete.

Mi cuarto está hundido en oscuridad, al encender la luz los ojos me arden y me duele parpadear. Me levanto muy rápido de la cama y siento una punzada en la cabeza. Frente al espejo del baño busco alguna señal de enfermedad.

—Demonios…—la cabeza me late por la migraña. No veo nada. Mi temperatura es normal, mis ojos, soñolientos, pero normales, mi piel tiene el mismo tono de siempre. Nada. Intentando ignorar el dolor, entro en la regadera y repaso los pendientes de hoy: revisar los informes y facturas de hoy, pedirle a Rin los folders de los proyectos-2017, contactar a Gaara…

Tan ensimismado estaba que no me di cuenta cuando empecé a vestirme. Encendí el televisor en el noticiero. Un día frio y lluvioso era el hoy.

—Algo más abrigador. No quiero enfermarme…—pronuncie buscando algo en el armario. Todo lo que encontraba era demasiado grueso o delgado. Una pequeña caja envuelta en papel naranja cayó, abriéndose con el golpe. Dentro encontré una bufanda roja, demasiado larga y, prácticamente, nueva. — ¿Esto es mío…?

La alarma de mi celular me sorprendió. Veinte minutos para las siete. Apague el televisor, las luces y enrede en mi cuello la bufanda. Prácticamente, salí corriendo de mi habitación, la costumbre me hizo dar una mirada rápida a la puerta color chocolate junto a mi habitación.

— ¡Que tenga buen día, Namikaze-sama! —el grito de Kazumi, mi ama de llaves, fue silenciado por sonido de la puerta principal cerrarse. Subí al auto, lo encendí y me centre en el camino. Mi respiración cálida contrastaba con el aire frio de afuera, que chocaba contra los cristales y que provocaba un vaho que empañaba el vidrio. Sonreí al sentir la calidez de la bufanda en mi cuello. La llegada al edificio fue normal y mi rutina empezó.

—Buenos días, Namikaze-sama

—Buenos días. Rin, necesito los folders de los proyec-

—Aquí están, señor. Orden cronológico, como lo solicito. Y también las facturas.

—Bien—me detuve frente al ascensor, recibí el montón de papeles y entre en la máquina. —Dile a Karin que ordene y prepare los currículums nuevos y se los entregué a Sai.

Escuche un "sí, señor" antes de que las puertas metálicas se cerraran. Suspire y pase saliva. En mi oficina encontré más trabaja, y la mañana se pasó entre tareas y más trabajos.

Un nítido y apenas perceptible olor a lavanda me hundió en un recuerdo.

Flashback

—Bienvenida—dije al abrir la puerta y dejarla entrar. Su rostro expreso sorpresa y curiosidad pura, sus ojos brillaron.

—Es… es…

— ¿Y que, lo apruebas?

— ¡Es como un palacio! —sus ojos se movían a una velocidad impresionante intentando admirar cada centímetro del recibidor. —Es increíble, Namikaze-san.

—Naruto.

— ¿Eh?

—Soy tu marido. Quiero escuchar mi nombre cuando me llames, Hinata—pase mi brazo sobre sus hombros y la hice avanzar.

—Sí, Naruto.

—Vamos, estás cansada. Mañana podrás explorar todo lo que quieras.

Y la verdad es que yo también lo estoy. Habíamos viajado en tren desde Konohagakure hasta Uzushiogakure. Ya pasaban de las once y los sirvientes y trabajadores se habían retirado desde hace dos horas. La guie por las escaleras hasta el pasillo de nuestras habitaciones, en la parte sur de la mansión donde daba más luz. Había decidido disponer para ella la única habitación de puerta color chocolate, que se ubicaba justo al lado de la mía. Su maleta era pequeña. La convencí de no empacara ropa, zapatos, joyas o cualquier otro objeto que fuese fácilmente reemplazable, ya que sería yo quien le llenara su nuevo guardarropa.

—Es enorme…

—Por favor, siéntete cómoda. Ha sido un día duro con el viaje. Duerme todo lo que quieras—ella sonrió sonrojada. —Bien… buenas noches. Mi habitación está aquí junto.

— ¡Es-espera!

— ¿Qué?

—Pu-pues… es-esta es nuestra habi-habitación…—su tartamudeo apenas me permitía encontrarle sentido a sus palabras. Inhalo profundamente y volvió a hablar. —Digo, ¿No dormirás conmigo?

—No—me incline y deje un beso rápido en su mejilla, después me gire y salí antes de ella pudiera decir nada.

En mi habitación pude relajarme completamente.

Una vez bajo las cobijas recordé algunas cosas. El solo saberme casado con una chica como Hinata me erizo la piel, pero saber los beneficios que esto me daría me provocaba una euforia única. Una familia, un hijo y una hija y también… también...

Aunque, admito que ella en verdad es atractiva.

Fin de Flashback

—Hinata…—acerque la bufanda a mi nariz y logre encontrar más rastros de su perfume. Esta bufanda había sido mi último un regalo de cumpleaños, recordé la curiosa forma en que me la entrego; frente a la puerta de mi habitación con una carta de feliz cumpleaños.

Y fue en ese momento que recordé la discusión de la noche anterior. Confieso que su carácter fuerte me gustaba, que tuviese el valor para darme la cara y retarme era algo que admiraba.

El estremecimiento en mi estómago me regreso al presente. Saldría a comer algo, y a conseguir una aspirina para la migraña.

—Namikaze-sama, lo busca una señorita—dijo Rin después de tocar a mi puerta y entrar.

— ¿Te ha dado su nombre? —pregunte un poco apurado.

—Sí. Hyuga Hinata fue el nombre que dijo.

—Que pase—dije sin pensármelo dos veces. —Y no quiero que nadie nos interrumpa mientras ella este aquí.

—Si—asintió y salió.

No pude evitar sonreír al verla entrar.

—Permiso, Namikaze-san—su tono de voz era respetuoso, pero con un deje de timidez. Se sentó en una de las sillas frente a mi escritorio.

— ¿Hyuga? , ¿Desde cuándo dejaste de ser Namikaze Hinata, eh? —reproche. Me sostuvo la mirada, casi al instante su expresión cambio por una de sorpresa al ver la bufanda en mi cuello.

—Todavía lo soy, pero eh venido a cambiar eso. Quiero llegar a un acuerdo mutuo—su rostro volvió a la seriedad.

—Acuerdo mutuo ¿para qué?

—Para nuestro divorcio, por supuesto.

— ¿Divorciarnos? No, lo siento—reí. Me levante y camine por la oficina.

—No se lo estoy preguntando, Namikaze-san. Además, si se niega me temo que tendré que proceder con la demanda-

— ¿Demandarme de qué? —la corte. Con ella aun dándome la espalda, silenciosamente puse seguro a la puerta.

—De adulterio, e incluso de violación a una menor. Así que, por favor, no llevemos esto a un juzgado, Namika-

— ¡Deja de llamarme así! —volví a interrumpirla. Pasaron unos segundos en silencio. Me acerque a ella y, tomándola del antebrazo, la hice levantarse.

—Su-suéltame.

—No. Y por mi puedes proceder con tu estúpida demanda—empezó a forcejear. —Quédate quieta, no seas necia.

—Tú deja de ser tan terco—ella misma se acorralo entre mi cuerpo y el borde del escritorio. No pienso soltarla. —Entiende, un acuerdo es lo mejor. No quiero nada para mí.

— ¿Para quién entonces?

—Los gemelos, ellos piensan seguir con sus estudios, y tú, por lo tanto, debes seguir ayudándolos, es tu obligación. Así que, quiero que transfieras un millón de dólares a la cuenta de cada uno.

— ¿Qué? Estás loca por completo. ¿A santo de qué debo hacer eso? —Casi grite. Reduje el espacio entre ambos.

—Son tus hijos. Y con el fin de que ellos tengan un control sobre sus vidas y no se encuentren totalmente bajo tu dominio.

—Eso sí que no lo haré nunca. Sería una pérdida absurda de dinero ¿Qué pueden saber los chicos de esa edad acerca de manejar una fortuna semejante?

—Vas a hacerlo y lo harás inmediatamente—su tono de voz se volvió más autoritario. —Ordena a tus abogados que lo preparen y tengan los documentos de divorcio listos para final de semana. Los documentos me serán entregados para que yo los guarde seguros.

— ¿Un millón de dólares para cada uno? —apenas podía contener mi rabia.

—Considéralo como… una multa—sugirió.

— ¿Algo más?

—Sí, muévete. No pienso estar aquí todo el día.

—No. Ahora bien, ya dijiste con lo que tú quieres, ahora es mi turno—sonreí. —Depositare el dinero en la cuenta de los gemelos y seguiré pagando sus estudios a cambio de algo.

— ¿Qué? —reconocí el nerviosismo es su voz. Me incline sobre ella y casi susurre cerca de su oído.

—A cambio quiero que me sigas amando.

— ¡¿Qué dices?! Estás loco. Apártate, me voy—pase mi mano por su espalda hasta su cadera, baje por su muslo hasta que mis dedos tomaron el dobladillo de su falda y empecé a subirla.—Ha-hablo en serio… muévete…

— ¿Sabes? Me gusta cómo te aprieta esta falda—sentí la suavidad de su piel en la yema de mis dedos.

—Si tus amantes n-no te satisfacen ese no e-es mi problema.

—Ya te lo eh dicho; eres increíblemente atractiva.

—Que hipócrita eres—dijo con cierto tono burlón y amargo. Mi deseo se remplazó por rabia.

— ¡Bueno ya fue suficiente! —grite apartándome de ella, deteniendo el aumento de temperatura en mi cuerpo por la excitación.—¿Tú qué sabes de mis "amantes"? Nada, ¡No sabes nada!

—Oh, créeme que se mucho, Namikaze.

—Pues deberías saber que nunca eh tenido una amante en nuestro matrimonio—confesé, mientras la sujetaba de los hombros. No sabría describir la expresión en su rostro, solo que de repente está muy pálida.

—Mientes…—sollozó. —Yo te vi la primera vez, en la fiesta en mi honor ¿Recuerdas? Los encontré en la biblioteca, Hasegawa Hyoka era su nombre, ¿cierto? Acomodada en tus piernas, besándose.

—Vale, sí. Lo intente, intente engañarte, no tienes ni idea de cuantas veces lo intente. Pero, no lo logre.

—Y con la última, Saitou Yuuki, si lo lograste, ¿verdad?

—No. Esa chiquilla te lleno de ideas y falsedades contra mí.

— ¡Basta! No quiero seguir escuchándote. Fue inútil venir aquí. Le pediré a mi abogado que contacte contigo y te proponga una vez más el acuerdo mutuo—dijo. Me paso de largo, escuche el seguro abrirse y después la puerta cerrarse.

La migraña, que durante la plática había disminuido un poco, volvió más aguda.


ya se, ya se. ¿y esto como afecta la trama? más adelante se darán cuenta.

¿no que naru no quería hina, que era un maldito? si, por momentos lo sera. pero solo diré: Naru a sufrido mucho! desde su nacimiento, hasta su adolescencia.

ya es conocida la historia en la que hina es la marginada, sin amor, sin calidez familiar, etc. a mi me gusta más cuando es naru el que carece de esto, por eso escribo esta historia. bueno en fin.

(*) CA: Canadian Academy

espero les haya gustado. ahora si ya me voy con Íncubo :v

puedo saber su opinión en un review? :3

MATTA NE

ATT: menma uzumaki