¿Me recuerdas?
La nueva prisión de Mikaela era más amplia que la anterior, casi tan grande como la habitación donde su familia había sido asesinada. También estaba más iluminada aunque la luz solo llegaba como débiles rayos tras tener que atravesar la red de hilos llenos de sellos que cubrían el techo. Estos sellos también eran posibles encontrarlos en las paredes de piedra estando más agrupados en un rectángulo que parecía ser la puerta. No era como si tuviera forma de usarla.
A pesar de no estar más encadenado, Mikaela era incapaz de mover su cuerpo fuera de lo que lucía como un círculo mágico ubicado en el centro de la habitación y tan grande como para cubrir la mitad de ella. Yacía recostado, abrazándose el pecho, mientras que su mente se perdía en sus recuerdos.
Recordaba claramente el día en que se encontró por primera vez con Ferid, en como ingenuamente creyó que podría usarlo y lo mal que resultó al final. Supuso que era el dolor en su pecho el que le hacía recordar ese momento en específico porque al igual que en esa ocasión no se creía capaz de sobrevivir. Ese era sin duda uno de los más dolorosos, física y emocionalmente, que tuvo que vivir.
Cuando rememoró el momento en que se le negó su deseo de morir por parte de Krul no pudo evitar tener un ataque de risa lleno de locura. Risa que pronto se convirtió en carcajada conforme cada detalle de su transformación, la inmensa sensación de ardor que había invadido su cuerpo hasta el punto de hacerle llorar y como incluso la más fina brisa se convirtió en un pesado bloque contra su pecho. Era así como se sentía en esos momentos donde estaba seguro de que estaba transformándose de un monstruo a otro.
Rió cuando vio ante sí a ese inútil niño de doce años recién convertido en la abominación que era. La desorientación que sintió cuando Krul se quitó de encima suyo para alejarse a hablar con un par de guardias. El cómo permaneció acostado sobre su propia sangre, con su brazo derecho faltante, viendo los cuerpos de su familia. De esa escena en específico lo que más le desagradó fue como esa desorientación y el dolor físico fue eclipsado un momento por la necesidad de beber sangre haciéndolo ponerse agachas contemplado toda la que le rodeaba.
Se sentía un ser inmundo de solo recordar como tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no tomar la sangre de su difunta familia o revolcarse a beber la que anteriormente le perteneció cuando era humano. Disgusto intensificado cuando pasó su mano, en un estado de embobamiento, por el líquido rojo debajo suyo siendo la risa de Krul lo que lo despertó impidiéndole llevar sus dedos a su boca.
Pensó en la forma en la cual su brazo fue reconectado a su cuerpo por uno de los guardias que después lo llevó cargando del cuello y arrojó en aquella habitación donde Krul estaba sentada en su trono. Se había negado a mirarla, a escucharla o reconocer de cualquier manera su existencia creyendo que era por decisión propia cuando intuía que en realidad se debía a la sensación de quemazón en cada parte de su ser. Cada parte de su cuerpo dolía mas con cada segundo que pasaba y cuando el guardia apareció con un niño inconsciente todos sus sentidos se enfocaron en él, en su sangre.
Se negó todo lo que pudo a beber de ese niño que no debía de ser mucho menor que él a lo cual Krul le ofreció su propia sangre. La idea le resultaba repulsiva hasta el punto que no sintió vergüenza por rogar para se le permitiera morir pero eso no se le concedería. Odiaba recordar como a pesar de provocarlo, y tener el poder para obligarlo, no fue Krul quien le hizo beber su sangre sino su propia decisión. Nuevamente demostrando que era débil, ser considerado el perro de la reina era una forma muy suave de llamarlo.
Sus primeros días como vampiro no los recordaba con claridad. Lo único que destacaba era su incapacidad de controlar su deseo de beber sangre a lo cual intentaba mantenerse cerca de Krul, llegando incluso a arrodillarse a su lado. Fue en ese entonces que se enteró de la existencia de los jinetes del apocalipsis.
Había liberado a Yuichiro de los vampiros simplemente para entregarlo indefenso ante esos otros monstruos. No existía forma que una pistola le sirviera para defenderse.
"Los maté a todos. Todos murieron por mi culpa. Murieron por confiar en mí. En mí que siempre fui estúpido, cobarde y débil. Alguien indeseado que no se los merecía y les pagó ese error de juicio sacrificando sus vidas para vivir como una monstruosidad"
Esos eran sus pensamientos en ese entonces hasta que se enteró de que Yuichiro había sido tomado por el ejército. Su risa histeria fue remplazada por una mueca de disgusto a recordar cómo se sintió aliviado cuando escuchó eso. Casi podía escuchar en su silenciosa prisión el eco de la risa de Ferid cuando lo arrinconó para explicarse con una sonrisa lo que los humanos pensaban hacerle a Yuichiro.
Se negó a creerlo, como el ingenuo que era, e intentó atacarlo siendo derribado fácilmente por un golpe que le recordaba que a pesar de ser físicamente más fuerte que cuando era humano seguía siendo extremadamente débil. Día a día tanto Ferid como Krul, los únicos vampiros con quienes no podía evitar encontrarse, le recordaban los planes de experimentación de los humanos.
Le tomó un par de meses dejar de esconderse, de intentar escapar de la realidad, de intentos fallidos por terminar con su vida, de difícilmente poder separar sus pensamientos racionales de los delirios causados por sus nuevos instintos. Tiempo desperdiciando donde el odio que sentía contra Ferid fue eclipsando por el que sentía hacía si mismo al ser el único responsable de lo sucedido ese día y cuando él le ofreció entrenarlo para incluirlo en su escuadrón aceptó.
Tener que soportar la presencia de Ferid, sus constantes burlas y comentarios escalofriantes era un pequeño precio a pagar para ganar la fuerza necesaria para buscar a Yuichiro. Debía confirmar con sus propios ojos si en verdad estaba siendo utilizado por los humanos que se suponía debían protegerlo. Por eso también cedía a las peticiones de Krul para ganarse algo de libertad ante su constante vigilancia, a la forma como se negaba a darle más sangre de la necesaria para ese día.
Era el juguete con el cual Ferid se entretenía y el perro de Krul. Lo soportó junto con las miradas curiosas, temerosas y llenas de desprecio de los niños. Lidió con el frío tratamiento los vampiros que solo para quienes no era más que una molestia de la cual no podían deshacerse.
Fue un año exactamente después de la muerte de su familia cuando, con una espada de segunda clase, se dirigió hasta la habitación blanca donde todo ocurrió. Mikaela recordó como su ingenuidad le hizo pensar que esa ocasión lograría escapar, encontrar a Yuichiro y rescatarlo de ser necesario. También recordó que para el momento en que llegó al otro extremo del túnel el sol debía de estar en su punto más alto por la forma como sus rayos entraban.
El sentido del tiempo, cuando era día o cuando noche, era algo que había perdido desde que fue transformado porque era un concepto que carecido de sentido para él. Solamente supo que era el aniversario de la muerte de su familia por un comentario de Ferid. Otra cosa de importancia que a sus trece años en tiempo humano, uno como vampiro, olvidó era que no podía estar bajo el sol.
Su ropa seguía siendo la de ganado por la negativa de Krul a darle uno de los uniformes de vampiro argumentado que sería un desperdicio de tela. En esos momentos en que el dolor le impedía ir más allá de un par de centímetros en la zona iluminada por el sol, a un par de metros de la salida, percibió que su verdadero motivo era otro. Ni siquiera desde el lugar donde estaba era capaz de ver el cielo como anheló hacer desde que cinco años atrás fueron llevados en contra de su voluntad.
No tenía cadenas pero era un prisionero. Humano o vampiro, esa ciudad seguía aprisionándolo sin necesidad de restringir sus movimientos. Esa falsa sensación de libertad hacía que fuera se llevara un golpe cuando, frecuentemente, se topaba con sus cadenas invisibles. Como humano fue su debilidad; como vampiro era su sed de sangre, el sol y, quisiera aceptarlo o no, los vampiros a quienes pertenecía.
Quería llorar ante esa revelación pero se negó a darse ese desahogo y trató de consolarse con que solo debía esperar a que anocheciera, sin embargo estaba seguro que su mala suerte le mostraría otro problema que no había visto que le impediría escapar. Así, devastado emocionalmente, fue como lo encontraron y lo arrojaron a los pies de Krul quien lo miraba desaprobatoriamente. Una mirada que fue capaz de transportarlo a la época donde todavía vivía con sus padres la cual igual que con ellos fue seguida por un castigo.
La memoria de lo que ella le hizo navegaba en la mente de Mikaela quien giró su cuerpo para que ahora su espalda estuviera recostada contra el frío piso sosteniendo la herida de su pecho con una mano y la otra dentro de su boca. Las imágenes llenas de golpes y humillaciones pasaban sin orden alguno por su mente mientras lamía los restos de sangre en sus dedos desenguantados mordiéndolos cuando las heridas sanaban y continuar lamiéndolos.
Desconocía cuanto tiempo llevaba perdido en sus recuerdos al tiempo que bebía de su propia sangre. Presentía que era algo que debía de resultarle alarmante pero su mente ya no era capaz de formar pensamientos coherentes.
…..
Yuichiro bajaba unas escaleras similares a las ubicadas debajo de su anterior escuela con una mezcla de emoción y ansiedad. Estaba emocionado por volverse a reunir con Mikaela pero con cada paso que daba siguiendo a Shinoa se sentía más inseguro de que esperar.
"De seguro Mika está molesto porque no lo escuché cuando nos reunimos pero una vez que le aclaré todo estará mejor. Aunque…"
Pensó mientras continuaba el descenso. Algo en el comportamiento de Mikaela cuando se reunieron en el campo de batalla le inquietó, nunca antes lo había visto actuando de forma tan errática e inestable. La idea de lo que debió pasar los últimos cuatro años junto a esos vampiros para hacerlo de esa forma hizo que llevara instintivamente una mano a su espada, la cual no encontró al no llevar su uniforme.
– Shinoa, ¿Por qué esta aquí? – Preguntó cuando llegaron a una puerta cubierta por sellos. No había visto nadie a excepción de ellos dos y lo silenciosa que ella había estado no le agradaba. – Estamos en el sótano de tu edificio de apartamentos y pensé que dijiste….
– ¿Recuerdas lo que pasa cuando un vampiro no bebe sangre? Se convierte en un demonio los cuales nosotros usamos en nuestras armas. – Le interrumpió Shinoa – Mikaela demostró ser un vampiro fuerte y no hay dudas que podría ser usado para crear un arma igualmente poderosa.
– ¿Qué quieres decir? – Preguntó confundido.
– Logré convencer a Guren de que podías lograr que se uniera a nuestro escuadrón siendo de esa manera más útil que en una transformación que casi nunca da buenos resultado. Me dio una semana pero mientras lo trasladaban me di cuenta de que quizás sea tarde.
Tras decir eso Shinoa abrió la puerta permitiéndole a Yuichiro entrar en una habitación con sellos en todas partes visibles y, en medio de un círculo mágico, Mikaela permanecía recostado. Habría corrido a abrazarlo de no ser por la guadaña de ella que lo hizo detenerse cuando le faltaba menos de un metro para entrar en el círculo.
Fue entonces que Mikaela pareció notar su presencia porque dirigió su cabeza en su dirección mirándolo distraídamente. Estaba a punto de hablarle, liberarse del arma de Shinoa, cuando lo vio sonreír y arrojarse en su dirección para chocar con una barrera al llegar al borde del círculo.
– ¿Mika? – Dijo inseguro viéndolo gruñir como un animal mientras rasguñaba la pared invisible con claras intenciones de llegar a su cuello. La locura en sus ojos junto la herida que ya debía de haber sanado, misma que él había causado, hizo que se arrodillara para quedar a su altura – ¿Estas bien?
– Sangre… – Cantó sin cambiar su expresión o detener sus inútiles intentos de alcanzar la primera fuente de comida a su alcance mientras saliva que no se molestaba en eliminar salía de su boca – Dame… humano…tu sangre.
– Yo… Mika… Soy Yuu, Yuichiro. ¿Me recuerdas? Somos familia.
Insistió tratando de que su voz alcanzara a la persona enfrente suyo pero conforme los segundos pasaban parecía una misión fallida notando como únicamente pensaba en sangre. Le dolía verlo en ese estado y no estaba seguro de que hacer para ayudarlo.
– ¿No podemos…? – Yuichiro no terminó de formular la pregunta de lo irreal que se sentía pensar en esa posibilidad. – ¿No podemos darle algo de sangre? Quizás así él…
– Estoy trabajando en ello. Mitsu debería de llegar pronto con algo para alimentarlo. Sin embargo es un problema más complicado de lo que puedas pensar y deberás tomar una decisión. – Contestó ella colocándose a su lado a lo cual Mikaela comenzó a alternar sus intentos de ataque entre ambos –Puedes quedarte un rato más si quieres mientras permanezcas fuera del circulo. Si te cuesta hacerlo recuerda que en su estado actual no se detendría hasta matarte, no querrás que cargue con esa culpa ¿no?
Sin más palabras Shinoa se fue dejándolos a solas. Por su parte Yuichiro se sentó todavía aturdido por el descubrimiento que acababa de hacer intentando entablar una conversación con Mikaela por muy trivial que fuera. Para cuando Shinoa regresó informando que Mitsuba había llegado ninguno de sus intentos había tenido éxito.
