Siempre he sabido que soy cruel con los personajes que me gustan haciéndolos sufrir, pero en este capítulo me pasé con Mikaela (y he escrito la versión "suave") ¿Lo peor? Que puedo usar evidencias del anime/manga para demostrar que esto es una posibilidad real.
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Carmesí
Por más sangre que le daba, parecía que Mikaela no quedaba satisfecho. Eran litros envasados en bolsas plásticas los que Yuichiro lanzaba los cuales eran devorados en cuestión de minutos. Se trataba de una escena que le destrozaba al verlo gruñendo como un animal herido mientras lamía hasta la última gota a su alcance solo para empezar a tirar de sus cabellos o clavar sus uñas sobre su piel.
– ¿Te duele tanto? ¿Por qué te has hecho esto?
Preguntó sin esperar una respuesta al tiempo que lanzaba la última bolsa con sangre de vampiro que Mitsuba había conseguido. Shinoa le había explicado que entre las cosas de Mikaela encontraron envases con sangre de vampiro así como que debió de haber estado sometido a largos periodos sin comer para estar en el estado en que lo capturaron. La información le resultó confusa y cuando exigió saber lo que significaba nadie pudo responderle.
"Tal vez no le guste la sangre humana"
Esa fue la simple explicación que encontró Yoichi pero dejaba abierto el interrogante sobre porque estuvo pasando hambre. La única respuesta que se le ocurrió fue que de esa manera los vampiros lograban controlarlo o simplemente disfrutaban verlo sufrir como ahora le tocaba hacerlo.
Yuichiro cerró los ojos un momento para luego revisar la puerta, asegurándose de que estuviera cerrada. Todos los miembros de su escuadrón entendían que esto era algo que debía de hacer debido a que era el único al que Mikaela escucharía. Sabía que estaban a pocos metros de distancia con sus armas listas en caso de que su ayuda fuera necesaria.
"Para detenerlo"
Se recordó pasando su mirada ahora al círculo mágico. Manchas rojas se encontraban esparcidas por toda su superficie, algunas formando charcos de distintos tamaños mientras otras tenían forma de dedos. Levantando un poco la vista podía ver a Mikaela girando por el suelo haciendo un sonido intermedio entre una risa, una tos y un aullido. Ocasionalmente se detenía, recordaba que había un humando en la misma habitación para saltar en un intento de alcanzarlo chocando contra la barrera. Su mirada parecía no enfocar nada realmente y su cuerpo no paraba de temblar lo cual le dificultaba ver si al menos la herida en su pecho se curó.
– Ya no puedes soportar mas el dolor – Dijo suavemente, preguntándose porque tuvo que dejar su espada ese día, para luego cambiar su tono a uno severo – Y yo no puedo seguir permitiendo esto.
Presintiendo cuan enojados sus amigos estarían, entró dentro del círculo convencido que Mikaela estaría bien tras probar un poco de sangre humana. La forma como su cuerpo chocó contra el suelo cuando él saltó encima suyo le permitió apreciar la sonrisa en su rostro, una tambaleante que mostraba sus colmillos dejando escapar ocasionalmente algunos jadeos. Por un segundo creyó percibir un cambio en sus ojos, como si hubiera reconocido quien era el humano que había atrapado, pero eso desapareció tan rápido que no podía estar seguro.
– Sangre… sangre….
Tras ese comentario sintió su mordida en el hombro la cual fue más dolorosa de lo que esperó haciéndolo soltar un grito. Distraído por ello no escuchó cuando la puerta se abrió por lo que se sorprendió cuando una flecha impactó sobre Mikaela derribándolo seguido por las manos de Kimizuki quien prácticamente lo arrastró fuera del círculo mágico.
Los insultos por parte de Kimizuki y Mitsuba respecto a su incapacidad para pensar no se hicieron esperar. Realmente no estaba escuchándolos porque estaba más preocupado por el estado de Mikaela a lo cual los ignoró y se giró para verlo. El mareo que sentía le indicaba que a pesar de haber sido solo un momento, la cantidad de sangre que había bebido no era insignificante y con suerte sería suficiente para aliviar su sufrimiento.
– La flecha que lancé no estaba maldita, ¿es normal que pasé eso?
De alguna forma Yuichiro fue capaz de escuchar las nerviosas palabras de Yoichi en medio de los gritos de insultos que se silenciaron cuanto todos dirigieron su mirada a Mikaela. A pesar de no creerlo posible su cuerpo estaba temblando con más intensidad y los gritos que ahora lanzaba estaban tan llenos de sufrimiento que Yuichiro sintió su corazón detenerse por un momento.
Ninguno se sentía capaz de emitir sonido alguno mientras veían impotentes como corría chocando contra las paredes, no con intenciones de atacarlo sino como tratando de escapar algo que estaba en su interior. Idea reforzada por la forma como ahora usaba sus uñas y dientes arrancándose jirones de piel. Sus gruñidos carentes de sentido atormentaron a Yuichiro al saber que fue el responsable de lo que estuviera sucediéndole durante todo el camino de ida y vuelta para traer a Asuramaru. De no ser por las paredes a prueba de sonido estaba seguro de que todo el edificio habría sido capaz de escucharlo.
– Debemos estar listos ante cualquier posibilidad.
Fue lo que Shinoa le dijo y se obligó a repetir desde el momento en que regresó a la habitación donde lo tenían encerrado. Durante horas lo vio comportarse de la misma manera hasta que súbitamente se quedó en silencio e inmóvil.
Se había desmayado.
– Y apenas estamos a mitad del segundo día – Comentó Kimizuki mirando su reloj de bolsillo, el mismo que usaban para saber cuánto faltaba para que se acabará el efecto de las pastillas que mejoraban su uso con las armas – Esto cada vez parece más imposible.
– Al menos ya no estas herido – Murmuró Yuichiro para sí mismo tras volver a ignorar las advertencias de sus compañeros y acercarse al cuerpo inconsciente de Mikaela, aliviado de ver que las heridas tanto de la batalla en Shinjuku como las que se autoinfligió estaban curadas – Pero... ¿qué es lo que acaba de suceder?
...
Todo se había detenido de golpe dejando su mente aturdida. Mikaela sabía que estaba mirando un techo cubierto de sellos pero no recordaba cómo había llegado a ese lugar o lo que significaba que estuvieran allí. Tampoco tenía deseos de moverse. Su mundo estaba resumido en silencio y oscuridad. Si se concentraba creía poder escuchar una voz llamándole junto a alguien apareciendo en su campo visual, pero estaba demasiado cansado para concentrarse en oírlo o darse cuenta de que no era normal que la figura fuera borrosa y sin rostro.
Quería dormir. Dormir por siempre y no volver a despertar con el único objetivo de sufrir. Creía que debía de haber algo atándolo, impidiéndole haber acabado con su vida tantos años atrás, sin embargo, incluso si fuera capaz de reconocer lo que era ya carecía de importancia. Disfrutaba tanto esos segundos donde la nada era lo único que existía que no quería arriesgarse a perderla.
Era lo mejor. Lo que quería. Lo que siempre quiso.
Tarareó una melodía cuya letra no sabía de donde la sacó, simplemente que se sentía más calmado al hacerla. Quizás lo suficiente para volver a dormir, dormir y no despertar.
Cerró los ojos a pesar de sentir que algo, alguien, le pedía que volvería a abrirlos ya estaba aburrido de obedecer así como de las consecuencias por no hacerlo.
Pensar en ello disipó un poco la neblina que cubría su mente mostrándole la forma como Krul lo castigó cuando intentó escaparse. Los detalles le resultaban esquivos, no eran importantes, sin embargo fue suficiente para que no volviera a hacerlo. O quizás lo que lo motivó fue la posibilidad de ganarse una mejor arma y equipamiento para poder salir de la ciudad de los vampiros.
Recordó que decidió cubrir su corazón con más indiferencia de la que sentía cuando se transformó en vampiro. Era más fácil de esa manera: enfocarse en un objetivo y olvidarse del resto. Haría algo, ya no sabía ni siquiera porque le importaba tanto, pero en esa época era lo único que le impulsaba a moverse.
Ese algo le permitió soportar su entrenamiento y escalar hasta su posición, una que ya no estaba seguro cual era. Lo que sabía, sentía, era que esa posición le ayudaba a conseguir su razón de existir. Sin embargo algo en su interior se negaba a morir haciéndole cometer acciones tontas como matarse lentamente de hambre viviendo el dilema de odiar a los humanos pero negarse a lastimarlos con su propia mano y odiar a los vampiros siendo uno de ellos.
La melodía que tarareaba cambió a un tono alegre, aunque débilmente, al igual que su adormido estado de humor al pensar en la muerte. Mató algo importante para él, mató cosas que le resultaban indiferentes. Muerte era todo lo que le rodeaba, negándose a llevárselo porque tenía que cumplir con objetivo que ya no importaba.
"Quizás me pueda reunir con ellos"
No sabía a qué o quienes se refería con ese pensamiento, sin embargo le reconfortaba. Le daba una paz que juraría nunca experimento y con eso en mente pudo volver a conciliar el sueño.
….
Una vez que Mikaela quedó inconsciente Shinoa eligió ese momento para explicar lo sucedido en Shinjuku. Yuichiro consideró que se trataba del peor momento para ello mientras les hacía encadenar a Mikaela de manos y pies dentro del círculo mágico. Algo que en un inicio le pareció ridículo.
– ¿Sé te ocurre una mejor idea para evitar que vuelva a atacarse a sí mismo?
Esa fue la justificación que dio revisando que no hubiera forma de que se soltara y el hecho de que no pudiera pensar en algo para contradecirla le irritaba. Quería hacer algo pero todo lo que pudo hacer fue negarse a moverse de su lado a lo cual a regañadientes todos aceptaron, aunque en esta ocasión se negaron a dejarlos a solas.
Habían pasado una hora o dos cuando, cansado de estar arrodillado a su lado, cuando Yuichiro miró a Mikaela abrir los ojos. La alegría que experimentó al creer que todo mejoraría le impulsó para llamarlo sin embargo su falta de reacción y que comenzara a tararear una canción desconocida le preocuparon. Era una versión más sutil de la locura que había estado mostrando haciendo que, para el momento en que volvió a dormirse, se preguntara si estaría de esa forma permanentemente.
Aunque también le inquieta que los ojos de Mikaela hubieran cambiado a un color carmesí.
