Canción de cuna
Yuichiro se encontraba de pie frente a la puerta de la habitación donde mantenían a Mikaela con espada en mano y mirando con rabia a Guren. A penas había tenido un día para acostumbrarse a la idea de que Mikaela ahora podía ser un demonio cuando él apareció diciéndoles que su tiempo había acabado.
– No seas inmaduro – Dijo Guren sonando más cansado que molesto mientras mantenía sus manos en las caderas – Pronto habrá una misión en Nagoya para la cual deberían de estar entrenando y no perder el tiempo aquí si quieren regresar vivos.
– ¿Para qué cuando vuelva te hayas llevado a Mika? ¡Por supuesto que no! – Gritó apretando la empuñadura de su espada – Ni siquiera tenías pensado decirme que lo capturaste en primer lugar, ¿no?
Guren suspiró sabiendo que no sería capaz convencer a Yuichiro por lo que no se molestaría en intentarlo. Desde un inicio supo el resultado por lo que permitió que hicieran el traslado, darle la oportunidad de despedirse porque sería la última vez que se verían y hacer que volviera a enfocarse en la guerra que estaban viviendo. Quizás sobrestimó su capacidad de entendimiento al no decirle eso directamente pero ya no poseía más tiempo para perder. Si quería que la creación del arma fuera un éxito tendría que actuar inmediatamente.
– Muy bien – Dijo sacando su propia espada notándolo elevar su guardia – Voy a permitirte este capricho y recordarte cuan débil todavía eres. Voy a hacerte arrepentir de no haber entrenado más apropiadamente llevándome a ese demonio por la fuerza.
Fue de esa manera que la lucha entre ambos comenzó, una en la que Yuichiro rápidamente se vio sobrepasado en poder y se preguntaba si el resto de su escuadrón, que debía de encontrase en las escaleras, lo apoyaría. La respuesta la encontró cuando terminó en esa dirección tras fallar en esquivar un ataque dándose cuenta que Guren también había llevado a su propio escuadrón quien debió de haberse unido a la batalla.
– ¡Mira en los problemas en que nos metes! – Le gritó Mitsuba cuando lograron agruparse, rodeados completamente por sus oponentes – ¡La próxima vez al menos asegúrate de avisar!
Estaba enojada pero al igual que el resto iba a apoyarlo en su decisión renovando su determinación. Deseaba que Mikaela pudiera formar parte de ello, que también experimentara lo que significaba tener personas en las que podía confiar ciegamente. No permitiría que Guren le quitara esa oportunidad y para ello pelearía, incluso cuando la desventaja de poder era tan notoria. Sin embargo no fue por mucho tiempo que pudieron resistir.
Yuichiro se sentía impotente al ser incapaz de impedirle regresar a la habitación donde esta Mikaela mientras la mujer de cabello negro en el escuadrón de Guren se iba a alistar los preparativos. El resto de ellos permanecían presentes seguramente en caso de que pretendieran volver a interferir.
– Míralo de esta forma – Dijo Guren tras llegar a la puerta notando que Yuichiro seguía mirándolo con odio – Ya no tendrás que ver esto.
El comentario logró algo que Yuichiro creía imposible al hacerlo enojar aún más. Enojo que se disipara tan pronto como llegó a la puerta y pudo escuchar a Mikaela cantar. Si bien durante el último día estuvo oyéndolo tararearla esta era la primera vez que la cantaba. La melodía le recordaba a una canción de cuna mientras su letra era digna de una historia de horror donde la muerte y desprecio generalizado a la raza humana le perturbaba casi tanto como la felicidad con la cual Mikaela la decía mientras jalaba de las cadenas que lo tenían atado.
– Los vampiros tienen unas canciones muy curiosas. – Mencionó Guren para luego enfocarse en Yuichiro – Muy bien, aprovecha y despídete. Porque esta será la última vez que vuelvas a verlo.
– En eso te equivocas – Dijo Yuichiro ganándose un suspiro de fastidio a lo cual se apresuró a continuar hablando al no tener intensiones de ser interrumpido. – Si no puedo impedir que lo conviertas en un arma, entonces yo seré quien la use.
– ¿Acaso prestante atención en clase? – Burló Guren tratando de no sonar exasperado – No hay forma que un humano sea capaz de controlar a dos demonios. Ni siquiera manejas al tuyo adecuadamente y…
– Si logró dominar el siguiente nivel del manejo de Asuramaru me dejaras intentarlo.
Se trató de una declaración que no dejaba cabida a la objeción, o al menos esa fue su intensión al hacerlo. Entendía perfectamente que el riesgo era elevado pero su adolorido cuerpo le recordaba que se estaba quedando sin opciones y abandonar a Mikaela no era una de ellas. Además, aunque desconocía cómo funcionaban exactamente los contratos, no podía dejar de notar que los demonios parecían ser más estables que la versión que estaba viendo ahora mismo de Mikaela.
– Esta bien – Cedió – Pero ten en mente que será tu escuadrón el que tenga que matarte cuando pierdas el control.
….
El lugar donde Mikaela se encontraba era el más espacioso en que jamás hubo estado antes. No había nada a la vista que no fuera el cielo azul grisáceo o el suelo que parecía estar hecho de cristal. Calor y frío eran conceptos que no existían mientras que el sonido era su voz que tarareaba la canción de cuna que Krul le enseño un día que estaba de buen humor.
Se sentía libre. Estaba muerto pero al mismo tiempo no lo era, un concepto difícil de procesar pero que realmente no le importaba.
Sus pensamientos ya no eran erráticos sino que seguían una línea fija que le permitía pensar con claridad. Él era el amo de ese espacio siendo capaz de crear y destruir a su antojo en espera de que llegara el humano que usaría. Las nuevas ataduras, la nueva prisión, eran por primera vez herramientas que le asegurarían el éxito de su plan.
Esperar era lo único que le desagradaba sin embargo en ese lugar donde el tiempo no existía sintió como un parpadeo cuando el primer humano entró dentro de sus dominios.
….
Este capítulo resultó mucho más complicado de escribir de lo esperado y en realidad me parece que es uno de transición entre lo del pasado y lo que va a venir.
El siguiente capítulo será el último, en teoría (depende de que tan largo quede y si encuentro o no un punto donde cortarlo)
