Descargo de responsabilidad: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen, pertenecieron, ni pertenecerán, son propiedad de Fox y Ryan Murphy.

Gracias por darme la bienvenida de nuevo :) Me emocionó mucho, en serio.

Espero les guste este capítulo ;) Nos leemos en los comentarios.

Pd: Si alguien ve Scream Queens, debo comentar que sigo impactada y clamando venganza por lo que pasó con Hester en el capítulo de esta semana.


"De haber sabido que iba a ser así no hubiera venido". -dijo Rachel mientras se cruzaba de brazos enfurruñada en el asiento de copiloto del auto de Quinn.

"No sé por qué no te creo". -replicó la rubia con un dejo de humor, pero sin mirarla para enfocar su atención en el camino.

Cuando los primeros rayos de sol acariciaron las cumbres del oeste las chicas ya se encontraban rumbo a la carretera... solo que ese no era el plan, al menos no el de la diva. Quinn había llegado a su departamento en plena madrugada tal como habían pactado la noche anterior, y aunque alzó una ceja, sorprendida al ver su cuantioso equipaje, la ayudó sin demora a meterlo al maletero, y luego ambas se montaron en el auto para emprender su aventura. Hasta ahí estaban de acuerdo, pero en cuanto a Rachel se le ocurrió preguntarle a Quinn qué pasaría con su automóvil una vez que llegaran al aeropuerto y Quinn le contestó que no irían a ningún aeropuerto empezaron los problemas, y al punto en el que estaban actualmente Rachel actuaba como si hubiera sido secuestrada.

"Tu falta de realismo va a enloquecerme, Fabray. No somos personas normales. No podemos desaparecer por tanto tiempo".

"Y si no estabas de acuerdo entonces ¿Por qué aceptaste en primer lugar? ...Para ser la cara rebelde de Hollywood eres bastante cobarde, amor". -le dijo en tono de burla, recordando lo rápido que la chica había aceptado su propuesta la noche anterior, mientras la empujaba por el hombro con la punta de los dedos y la morena resoplaba rodando los ojos, recordando lo mismo. Y Quinn sabía que no tendría que hacer eso, provocarla así, pero de cierto modo ver a Rachel enfadada tenía un puntito de gracia al que no podía resistirse.

"¡No soy cobarde! Pero alguna de las dos tiene que usar la cabeza, yo creía que haríamos el trayecto en avión y..." -Quinn se quedó pasmada por un momento, ¿Quién mencionó en algún momento algo sobre un avión mientras acordaban el viaje? Eso era un pie inevitable hacia el sarcasmo.

"¿En avión? Claro, claro, lo que pasa es que no habían boletos suficientes en el vuelo para todos nuestros reporteros y me pareció descortés viajar tan cómodas nosotras solas... ¿Es en serio, Rachel?"

"Los paparazzi..." -pronunció Rachel al caer en la cuenta de lo que implicaría para ellas abordar un avión comercial.

"Exacto, los paparazzi. Si te propuse que nos escapáramos no fue para hacer más publicidad". -la atravesó con una mirada cargada de significado y Rachel tuvo que desviar la suya contrariada -"Solo creí que un viaje en avión llamaría demasiado la atención". -admitió suspirando.

"Pero tenemos que cruzar prácticamente todo el país, Quinn. Tu escapada de un día es imposible en auto. Tenemos que regresar". -dijo la morena entre dientes, con la cabeza gacha para no mostrar su ansiedad.

"¿Hablas en serio? ¿No quieres esto?" -enseguida buscó un espacio para aparcar y antes de que la morena pudiera contestar ya había detenido el auto -"Pídeme una vez más que regrese y lo haré, y todo será igual que siempre, seguiremos el itinerario al pie de la letra y tu agente estará conforme. Pero sé que eso no es lo que deseas en realidad".

"¿Eres consciente de que si hubiera decidido seguir haciendo mi voluntad nunca hubiera iniciado el PRomance, verdad?" -dijo con suavidad mientras esbozaba una sonrisa irónica. La verdad era que tenía miedo de arruinar las cosas de nuevo, de que Christian agotara toda su paciencia, cumpliera su amenaza y renunciara, lo que tenía era lo único que conocía, y aunque estuviera teniendo un efecto tóxico en ella pensaba que algo era mejor que nada. No toleraría sentirse tan perdida una vez más.

"De acuerdo. Tienes razón". -dijo, alzando ambas manos en señal de rendición -"Y el viaje no sería solo por un día, también es verdad".

"¿Pero?"

"No hay peros". -la morena la miró con suspicacia -"Si lo que quieres es complacer a los demás el resto de tu vida." -lo sabía. Pensó Rachel.

"¿Tú de qué lado estás? Se suponía que me apartarías de los problemas, no al revés".

"Eso depende de lo que entiendas por problemas". -le sonrió de forma enigmática -"Te lo digo, podemos regresar y obedecer, pero ¿No quieres probar al menos una vez la libertad de no saber qué pasará después?"

"Yo..." -ya lo había hecho, de cierta manera. Pero sus anestésicos nunca duraban mucho. Mientras pensaba en eso con el ceño fruncido Quinn se echó hacia atrás en su asiento con un suspiro.

"Actuar es genial porque te da la posibilidad de hacer cosas que jamás harías, pero no es suficiente, tienes que darte la oportunidad de ser más que un camaleón. Pienso que crear memorias es lo mejor que podemos hacer, porque al final del día es lo único que nos queda y es lo que define si todo lo demás valió la pena... Por ejemplo, cuando tenía 18 años, luego de mi graduación me fui con un par de amigas en un road trip por un par de meses. Habíamos investigado por internet durante un tiempo y todo, pero la verdad es que en terreno todo es distinto, no teníamos ni idea de lo que hacíamos, con decirte que ninguna sabía con exactitud cómo descifrar un mapa al principio. Pero con todo y percances fue una de las mejores experiencias de mi vida. No me arrepiento de nada". -sonrió de medio lado.

"No sé qué tiene que ver eso conmigo". -murmuró Rachel, y tragó en seco, mirando hacia la calle. Ella nunca había hecho algo así, ni siquiera se encontró frente al volante de un auto hasta que llevó un buen tiempo viviendo en Los Ángeles. Qué va, ni siquiera había tenido una fiesta de graduación. Nunca antes se había detenido a pensar en eso, pero la rubia se encargó de que no lo pensara por mucho tiempo de todas formas.

"¡Que me importas, maldita sea!" -exclamó Quinn perdiendo los estribos un segundo antes de darse cuenta de lo que había dicho. Rachel solo pudo mirarla con sus ojos abiertos de par en par, y ninguna supo qué decir por un largo rato. -"Lo siento, no pretendía elevar el tono así. Yo solo..."

"Nunca he ido a Disneylandia". -la cortó Rachel por lo bajo, con la necesidad de desviarse de una conversación profunda.

"Tal vez te mereces unas vacaciones". -le habló en serio, cogiéndole la mano, e inconscientemente Rachel empezó a mover su pulgar en círculos sobre su piel hasta engancharse con el pulgar de la rubia. Era fácil hacer eso con Quinn, los roces más superfluos podían ser los más íntimos. Era instintivo.

"Tal vez... pero tú no, apenas estás empezando a trabajar, haragana". -le sonrió Rachel, y Quinn le correspondió al leer entre líneas lo que eso significaba.

"¿Qué puedo decir? Soy un alma libre". -se encogió de hombros.

"Sigamos adelante." -resolvió, respirando profundo. -"¿Pero qué hay de Christian y Lisa?" -preguntó al recordarlos una vez que Quinn ya había puesto el auto en marcha nuevamente.

"Les podemos enviar un mensaje en un par de horas para que no les dé un ataque, pero para entonces estaremos lo suficientemente lejos como para que no nos puedan detener". -la morena rió negando con la cabeza. A ese paso a Christian iba a acabar dándole una úlcera. Debía considerar seriamente darle un aumento.


El viaje de ida fue largo y agotador, especialmente para la morena que no estaba acostumbrada a pasar tanto tiempo dentro de un auto, pero exceptuando un par de paradas para comer y cargar combustible no se detuvieron hasta llegar a destino, y el trayecto fue relativamente fácil gracias al GPS, así que pudieron turnarse tranquilamente para manejar y dormir. Así, con sus móviles apagados -luego de haber enviado y contestado un solo mensaje de sus representantes-, daba la impresión de que solo eran ellas y el camino, hasta que se registraron -en realidad Quinn las registró mientras Rachel verificaba su 'disfraz' -en un pequeño hotel cercano al famoso parque temático, y luego de dormir unas horas en una cama decente partieron hacia allá.

"¿Y bien? ¿Qué te parece?" -preguntó Quinn al regresar de la boletería, entregándole su entrada a Rachel, que desde hacía un rato que miraba hacia todos lados sin emitir ni una palabra.

"Es... imponente, no puedo pensar en otra cosa" -contestó la morena espabilando un poco, sin poder dejar de admirar el castillo de fantasía y sus alrededores. Quinn por su parte también dedicó un tiempo a mirar la panorámica y sonrió ligeramente antes de ponerse frente a Rachel. -"¿Qué haces?". -preguntó ella con los ojos entrecerrados sin entender por qué le bloqueaba el paso.

"Creo que ya que estamos aquí podríamos hacer las cosas diferente". -dijo Quinn, con una sonrisa ladina, poniendo un mechón rebelde de cabello de Rachel detrás de su oreja.

"¿Cómo?"

"Creo que no empezamos muy bien teniendo intermediarios y papeles qué firmar. Ni siquiera nos habíamos visto bien las caras cuando ya nos habían encerrado a las dos en tu habitación mientras se encargaban de discutir nuestros futuros. Pero hoy solo me apetece ser una chica, ¿Qué dices?"

"Es otra forma de actuar". -se encogió de hombros con desinterés.

"Pues actuemos hasta que sea verdad". -se quedó en silencio unos segundos y luego se adelantó un paso, cerrando los ojos y volteándose hacia ella con una expresión risueña, para comenzar sin esperar respuesta -"Hola, soy Quinn". -la morena se burló negando con la cabeza, ¿Se creía que estaba en una junta de AA? Pero le siguió el juego para ver a qué quería llegar.

"Soy Rachel" -le contestó, estrechando su mano, e instantáneamente se sintió rara al no haber pronunciado su apellido detrás. Tuvo que parpadear varias veces antes de seguir su camino hacia el interior del parque con normalidad. Quinn solo caminó a su lado de forma casual con las manos entrelazadas detrás de la espalda.

"¿Vienes muy seguido por aquí?" -Rachel negó, sonriendo.

"Es mi primera vez. ¿Qué hay de ti?"

"Podría decirse que es mi primera vez en mucho tiempo".

"¿Ah, sí? ¿Cuánto es mucho tiempo?" -inquirió perspicaz, y Quinn alzó su vista al cielo antes de contestar.

"Mis padres me trajeron una vez cuando tenía tres o cuatro años, pero apenas tengo recuerdos de eso." -contestó con soltura, y Rachel supo que había sido sincera. Hablar así era curioso, le provocaba algo que no lograba identificar. Y es que por lo general la gente no intercambiaba palabras con ella, más bien le contaban su propia vida como si hubieran estado ahí, a veces incluso sacaban a colación cosas que ella ni siquiera recordaba, pero Quinn siempre parecía tan ajena a todo lo que tenía que ver con el espectáculo que no le extrañaría si no supiera nada de ella, así que en parte no dudaba de su interés por mantener conversaciones, y, por su parte, realmente no la conocía más allá de lo básico así que tampoco se podía decir que fingiera. Aunque cuando fue consciente de sí misma se descubrió mordiendo su labio inferior mientras observaba atentamente el rostro angelical de la rubia, pero sin tener idea de lo que le decía hasta que la oyó reír divertida.

"Perdón, ¿Qué decías?" -se sonrojó un poco porque Quinn la había pillado.

"Que si viniste sola". -puso una cara de expectación que a Rachel le hizo gracia.

"No. Vine con una compañera de trabajo, pero creo que me abandonó". -se encogió de hombros.

"¿De verdad? Algo parecido me sucedió a mí, ¿Qué dices si nos hacemos compañía hasta que las encontremos?"

"Lo siento. No paseo con extrañas". -contestó suavemente, sin dudar. Y de pronto la sonrisa de Quinn tambaleó.

"Pero no somos extrañas" -Rachel alzó una ceja preguntándose si hasta ahí llegaba el juego -"Siento que te conozco de toda la vida". -la cantante se paró en seco.

"Eso fue muy cliché". -la rubia rió entre dientes. -"Y si te sientes así lamento decirte que no es una magia cósmica, solo debe ser que me has visto cantar".

"¿Cantas? ¿Como en un coro o algo así?" -tenía que admitirlo, la rubia no actuaba nada mal. Pero con eso de ser desconocidas sentía como si hubiera perdido algo a lo que ya se había acostumbrado, y no podía evitar sentir un poco de frío estando a la intemperie y sin la calidez de su mano sobre la suya. Sobó inconscientemente la palma de su mano sobre su short de jeans oscuro, creando una fricción desalentadora y jamás igual.

"Digamos que algo así".

"Genial. Si presentas algo un día de estos podría ir a verte". -intentó, como si Rachel fuera a entregarle su número o algo.

"Ni siquiera sabes dónde vivo".

"Cierto, ¿De dónde eres?" -siguió animada.

"De Nueva York".

"La ciudad que nunca duerme" -recitó sonriéndole. A Rachel le brillaron los ojos por un segundo al recordar las luces y la vida eterna de su ciudad. Hacía mucho que no la visitaba.

"Eso dicen..." -y de pronto le entró la curiosidad -"¿Y tú? ¿De dónde eres?"

"De Lima".

"¿Lima?" -repitió confundida.

"Una pequeña ciudad al noroeste de Ohio. Está relativamente cerca de Nueva York".

"Ya veo. ¿Y qué haces en Lima?"

"Me dedico al teatro, estoy en una compañía itinerante por ahora, pero he pensado en mudarme a Los Ángeles para probar suerte".

"¿En serio? Eso suena impresionante." -Quinn entrecerró los ojos y se mordió el labio. Estaba disfrutando de una fantasía tan simple... por un momento creyó que no pasaría. -"Bueno, Quinn de Lima, Ohio. Fue un gusto conocerte, pero creo que veo a mi chica por allá y preferiría que no te viera conmigo porque es muy celosa". -dijo con voz traviesa mientras apuntaba un lugar al azar.

"¿Tu chica? Creí que me habías dicho que venías con una compañera de trabajo". -dijo Quinn, alzando ambas cejas, y mirando hacia todos lados con la confusión marcada en su rostro.

"Y así es, pero también es mi chica. En serio, no quiero causarte problemas". -la apresuró. Quinn todavía se tomó un momento para reflexionarlo.

"Creo que tu chica no está haciendo mucho mérito si te deja aquí sola por tanto tiempo. Como sea, si algún día decides cambiar de animadora solo llámame". -tomó una pluma de su bolsillo y garabateó algo rápidamente sobre el antebrazo de Rachel.

"Lo tomaré en cuenta. Bye".

"Hasta pronto". -en cuanto Quinn se dio la vuelta para 'marcharse', Rachel se miró el antebrazo y en vez de cualquier número se encontró con dos estrellas dibujadas en tinta negra resguardando a un corazón entre ellas. Era tan cursi... no tendría que estar sonriendo tanto. Rozó el lugar con la punta del dedo índice y al mirar hacia el frente notó que Quinn seguía caminando, lentamente pero sin mirar hacia atrás. ¿Qué demonios?

"Fabray". -la llamó sin alzar mucho la voz, y Quinn se detuvo al instante.

"Dime". -dijo, volteando lentamente.

"Extraño a mi novia, ven". -dijo simplemente, estirando los brazos y haciendo un puchero, y Quinn volvió a su lado casi como por imán.

"No me iba a ir de verdad, lo sabes, ¿No?" -Rachel se encogió de hombros aparentando indiferencia y Quinn se reajustó las gafas de aviador, sonriendo de medio lado mientras la rodeaba con un brazo para encaminar hacia la primera atracción -"Oye... con que tu chica es celosa, ¿Eh?"

"Seguramente lo estarías si hubieras visto a la rubia que me estuvo cortejando mientras no estabas. Y no deberías escuchar conversaciones ajenas, cariño". -le dijo con los ojos entrecerrados y Quinn soltó una carcajada de buena gana.

"¿Ella te estaba cortejando?"

"Podrías apostarlo." -le guiñó un ojo.

"Está bien, está bien. Carpe Diem, solo vamos a jugar". -la invitó, dándole un casto beso en la sien, por encima del cabello. Ya habían roto el hielo de todos modos.


Subieron a la montaña espacial, recorriendo a toda velocidad el túnel oscuro interrumpido por luces fluorescentes y sonidos láser, era como haber entrado a un juego de pinball enorme, y gritaron quizás mucho más de lo que era necesario porque las dos amaban la velocidad y sus risas eran más poderosas que el vértigo, pero sus corazones martilleantes agradecieron el alivio de todo el estrés que llevaban consigo. Y apenas bajar del juego, sin esperar siquiera que se les pasara el mareo generado por los rieles se fueron corriendo hasta Splash Mountain -Quinn no dijo nada cuando Rachel la cogió de la mano por sorpresa en el camino-, donde, de no haber sido por lo quisquillosa que era la morena con su atuendo, no se hubiesen puesto los impermeables y se hubieran mojado hasta el alma con la caída de 52 pies de altura. Después se detuvieron en el mapa central a buscar locales de comida que no sirvieran exclusivamente chatarra, hasta que encontraron el de comida italiana y se dirigieron hacia allá. Finalmente, y después de que Rachel consiguiera su infaltable café después de haber comido, acabaron turisteando en la tienda de recuerdos.

"No voy a ponerme una camiseta de Mickey Mouse". -se empecinaba Rachel, dándole la espalda a Quinn mientras observaba los diversos artículos de la tienda.

"¿Y por qué no?" -insistió la rubia, llamando su atención.

"Porque ya crecí... a diferencia de ti, al parecer". -acabó de decir, mirándola de arriba abajo cuando se volteó y se dio cuenta de que Quinn ya tenía puesta una camiseta con caricaturas, paseándose con toda normalidad, como si la hubiera estado llevando todo el día.

"Mmm, ¿Segura? Yo no diría lo mismo". -se irguió a toda su altura y miró por encima de la cabeza de Rachel. La morena la fulminó con la mirada -"Vamos, Berry, no seas aguafiestas, si vas a vivir la experiencia que sea con todo, relájate". -le dijo, coronándola con unas simpáticas orejas del ratón más famoso del mundo, que estaban en uno de los aparadores que Rachel había estado observando. La morena solo parpadeó un par de veces, sorprendida por la osadía, y luego desvió su mirada hacia un espejo que se encontraba más allá; tras unos segundos de mutismo le sobrevino una tentación de risa para nada sutil sin poder evitarlo y Quinn vio en ella un destello de esa mirada distinta que estaba buscando, y supo que había tomado una buena decisión. Rachel se quitó las orejas de fantasía con las mejillas sonrosadas por tanto reír, y cuando Quinn pensó que iba a devolverlas al aparador, simplemente la vio pasar por su lado rozando su hombro.

"Paguemos estas cosas y vamos a la mansión embrujada, ¿Te parece?" -le dijo con voz queda y Quinn asintió complacida.


La mansión embrujada fue toda una sorpresa, en parte porque Quinn tenía muchas más expectativas y de no haber sido por un pequeño detalle que no tenía nada que ver con la atracción, se hubiera aburrido como una ostra, y en parte porque Rachel era mucho más miedosa de lo que aparentaba, y ahí estaba el detalle, al poco rato de haber entrado ya estaba hiperventilando y sobresaltándose hasta por la utilería más evidentemente falsa del planeta. Eso sí fue todo un espectáculo.

"¿A dónde quieres ir ahora?" -preguntó Quinn una vez que por fin hubieron salido a la luz y Rachel se despegaba del posesivo agarre que la había unido a su brazo por más de 15 minutos.

"Bajo mis sábanas..." -contestó con la voz seca y rasposa.

"¿Sigues asustada? Eres increíble".

"Sé que soy increíble, ese no es el punto". -dijo intentando recuperar su dignidad -"Pero es la primera y última vez que paso por una casa embrujada". -continuó seriamente, con una mano en el pecho y Quinn se fijó en lo pálida que estaba sin asimilarlo del todo.

"En primer lugar tú lo sugeriste. ¡Y no daba nada de miedo!"

"Yo te oí gritar y eso no lo puedes negar"

"Sí, pero fue porque tú me saltaste encima sin avisar". -Rachel se puso de todos colores. -"Aún tenemos tiempo para una más, así que ¿Decides tú o decido yo?"

"Vamos al acuario, eso sería relajante"

"Sí... mejor no". -dijo Quinn, desganándose más en cada sílaba.

"¿Por qué no?" -preguntó extrañada. El acuario era una amigable forma de terminar el día.

"Nah... creo que sería aburrido. Busquemos algo más espectacular para el gran final". -dijo ella, rehuyendo de su mirada y rascándose nerviosamente la nuca. Obviamente ocultaba algo.

"¿Fabray? Mírame, ¿Qué es lo que tienes con los acuarios?" -estuvo a punto de tocarle la mejilla para redirigir su rostro hacia ella pero entonces Quinn alzó la mirada, sosteniéndola directamente en sus ojos y suspiró rindiéndose.

"...¿Alguna vez viste la secuela de 'Tiburón'?" -empezó reticente.

"Sí..." -contestó la morena sin entender a qué venía eso.

"Bueno, entonces habrás visto la escena donde el tiburón choca con el cristal del acuario y lo rompe. Es un riesgo innecesario, Rachel, si lo que quieres es rodearte de agua mejor vamos al paseo de Piratas del Caribe o algo así". -vaya... parecía ser que la morena no era la única ahí con miedos irracionales.

"¿Riesgo innecesario? ¡No puedo creer que eso venga de la chica que me hizo cruzar todo el país por carretera!" -Quinn hizo una mueca- "Bueno, entonces vamos a Hollywood Tower".

"¿Cómo? ¿No vas a obligarme?" -preguntó extrañada. Rachel cerró los ojos y se encogió de hombros con una media sonrisa.

"Ha sido un hermoso día, y aunque me siento tentada a hacerte enfrentar tu fobia, sé que tenemos mucho tiempo por delante para eso. Además... me abrazaste casi todo el camino para que no tuviera que ver esas cosas horribles y sé que hiciste un gran esfuerzo conteniendo la respiración para no reírte mientras eso sucedía... así que, ¿Vamos a la torre? -no dijo nada más, pero Quinn sabía que quiso decir que quería hacer algo por ella para compensarla, era su manera de decir gracias, y claramente había captado que no le temía a las alturas. Por ella estaba bien, tampoco planeaba enfrentar fobias ese día.

"¿Y si te digo que también soy claustrofóbica?" -le dijo solo por bromear cuando ya estaban llegando a hacer la fila. Rachel alzó una ceja.

"Buen intento, Fabray. Pero he estado contigo en muchos ascensores y sé que no te pasa absolutamente nada en los lugares cerrados".

"¿Absolutamente nada? ¿Segura?" -le dijo Quinn al oído y ante el tono sugestivo Rachel frunció el ceño hasta que se dio cuenta del doble sentido de la frase y estuvo a punto de escupirle el agua que se estaba bebiendo al grupo de extranjeros que tenía delante. Pero no se había puesto nerviosa por el comentario... claro que no.


"Me divertí hoy" -dijo Quinn, llegando junto a la morena en el balcón de la habitación del hotel después de haberse dado un baño tibio. Rachel parecía pensativa, le hubiese gustado entrar en su mente.

"También yo... hicimos muchas cosas." -dijo al fin, sonriéndole de medio lado.

"Pero el día acabó muy rápido" -se estiró perezosamente, ocasionando que la camiseta del pijama se le subiera un poco, proceso que la mirada de Rachel siguió en detalle, sin acordarse de disimular, pero si Quinn lo notó no dijo nada.

"Ahora debemos volver a la realidad". -dijo ella, volviendo a su posición inicial en la orilla del balcón, mirando hacia el exterior, al espabilar cuando Quinn relajó los brazos y todo regresó a su lugar.

"Quizá podamos hacer algo para que esta sea la realidad". -la diva la miró inquisitivamente -"Podríamos adelantar trabajo, en la entrevista dije que el drama se había desencadenado por la idea fallida de llevarte a conocer a mis padres, y no soy tan ingenua como para pensar que esta escapada no se va a difundir en algún momento. Además creo que sería un poco raro venir tan lejos y no darnos un tiempo para ir a casa. Si alargamos un par de días más el viaje podríamos prevenir un problema más y así sumamos puntos con Christian y Lisa."

"¿Los extrañas?" -preguntó melancólicamente, apoyando su mejilla sobre la baranda del balcón y dirigiendo su mirada hacia el frente.

"¿A quiénes?" -preguntó confundida. No creía que se refiriera a los representantes.

"A tu familia".

"Sí... me encanta ser independiente y todo, pero L.A. fue un gran cambio. ¿Tú los extrañas? ¿A tus padres o amigos en Nueva York?"

"Yo no extraño a nadie jamás". -y ahí estaba de nuevo, esa coraza que no dejaría acabar de levantarse de nuevo.

"Hoy me pareció oírte decir claramente que extrañabas a tu novia". -Rachel abrió la boca titubeante, sin saber qué decir, y Quinn supo que la había distraído. Al sonreírle Rachel le correspondió y negó con la cabeza, rodando los ojos como si eso fuera una locura.

"Podemos ir si quieres ir". -dijo de repente, retomando la conversación.

"¿Eso estaría bien para ti?" -Rachel asintió y Quinn se animó instantáneamente -"Entonces partimos por la mañana". -afirmó, y cuando se acercó rápidamente a despedirse para irse a acostar no supo qué hacer, estuvo a punto de besarla en los labios, por costumbre, por instinto, por lo que fuera, y casi al mismo tiempo Rachel se acercó para encontrarla en el medio. Pero todo quedó en casi porque no pudo, porque ahora se encontraba jugando con el delgado velo de la realidad y en la realidad ella no besaba en la primera cita.

"¿Qué fue eso?" -inquirió Rachel en voz baja, frunciendo el ceño ante la vacilación de Quinn. La morena aún estaba estirada hacia adelante, y cuando empezó a alejarse, Quinn la tomó por la cintura, acercándola hacia ella hasta que sus manos se encontraron con sus hombros, y las respiraciones rozaban sus pechos contraídos.

"Que me importas". -repitió como hacía un par de días atrás. Esta vez en voz baja, en su oído, sin prisa, pero sin saber exactamente qué esperar con ello. Rachel se estremeció y el aire se le escapó de los pulmones cuando Quinn presionó sus labios cálidos contra su mejilla fría por el viento nocturno. Entregándole con el gesto más simple el contacto más íntimo que había sentido nunca. Esa sensación visceral era absolutamente nueva para Rachel, era intensa, arrasadora, no se comparaba a nada, y precisamente por eso era que no sabía cómo reaccionar a ella. Estuvieron así largo rato, sin moverse siquiera, y Quinn respiró sobre ella una última vez, reteniendo su aroma antes de apartarse con languidez.

"Buenas noches, chica neoyorquina". -se despidió por fin, haciendo un gesto con la mano desde la puerta corrediza del balcón.

"Descansa..." -respondió Rachel en un hilo de voz antes de tocar su mejilla por automatía. ¿Qué me está pasando? ¿Qué me está pasando con ella?

Rachel llegó a acostarse cuando de Quinn solo se oían rítmicamente respiraciones profundas, levantó las mantas silenciosamente, teniendo cuidado de no despertarla y se acostó de espaldas, relajándose en la suavidad de la almohada. Con lo cansada que estaba por las emociones y el ajetreo incansable del día en un par de minutos ya tenía sus ojos cerrados y sentía cómo su cuerpo se dejaba ir hacia la utopía onírica hasta que un pensamiento fugaz la sobresaltó.

Un momento... Quinn también firmó el acuerdo de confidencialidad, significa que su familia cree que lo nuestro es real, y si es así... oh Santa Barbra.

Exactamente, unos días interesantes estaban por llegar.