CAPÍTULO 2

- Buenas tardes, chicas. Mi nombre es Elsa y mi amiga es Marceline -La señalé con la cabeza y ella hizo un gesto con la mano.

- ¡Hola! – El saludo habitual de Marceline, siempre tan sencillo y resuelto.

- ¡Hola! Yo soy Anna y ella es Bonnibel. – Con una mano la pelirroja se señaló y después a su amiga, nos regaló una sonrisa sincera y muy amplia; al contrario de la chica de cabello rosa que nos miraba con cautela.

- ¿Les molesta si nos sentamos con ustedes? Como en el bar no hay nadie más que nosotras cuatro… Sería más divertido. – Marceline les guiñó un ojo cuando dijo esto.

- Claro, sería mejor; ¿no crees Bonnibel? – La pelirroja volteó a ver a su amiga, que se encogió de hombros. – Siéntense si quieren… - Respondió la chica de cabello rosa con indiferencia.

Tomamos asiento en la mesa; yo a un lado de la pelirroja y Marceline al lado de la cabellera rosa.

- Y chavas… ¿Por qué decidieron venir a tomar tan temprano? Normalmente éste lugar está vacío como hasta por las ocho y media, nueve; es realmente raro encontrar a alguien más aquí a ésta hora. – Marceline, volteó a ver a ambas incitándolas a contestarle; es hiperactiva y nunca puede estar muy quieta en algún lugar.

- Lo que pasa es que nos encontramos éste sitio mientras curioseábamos por el centro; la decoración es bastante… Inusual. – Bonnibel señaló con una mano todo el entorno.

Marceline soltó una risita.

- ¿Nunca habían venido a la taberna de Oaken? Es un buen sitio para pasar el rato; no muy conocido, más que por los "hispters" que inundan el lugar. – Marceline y sus sonrisas encantadoras. Siempre es buena en ello.

- Lo que pasa es que somos nuevas en la ciudad, nuestros padres aún no se mudan, llevamos aquí tres semanas; aún no conocemos la ciudad; entre la mudanza, arreglar un poco la casa mientras nuestros padres llegan y la escuela que acaba de iniciar, no tenemos mucho tiempo para salir a curiosear. – La pelirroja suspiro y volteó a vernos a ambas con una sonrisa tímida. – De hecho, sería genial si ustedes pudieran enseñarnos más de estos lugares "hipsters".

Marceline arrugó el seño y yo solo pude poner los ojos en blanco ante tal reacción, esa mujer nunca admitirá su vagues. Como lo quiera mirar, desde la secundaria ha pasado a través de la mayoría de los diferentes estereotipos solo para buscar su identidad: hippie, rockera, tomboy (debo admitir que me gusta mucho más cómo se ve con el cabello largo, pero estilo niño es bastante atractiva), deportista, hasta por darketa… Y con ninguna se ha sentido perfectamente identificada, ahora tiene un look mucho más "alternativo" aunque todos lo identifiquen como hipster; ella odia las etiquetas, aunque suene como un mal chiste.

- Marceline odia a los hipsters, no los tolera porque se sienten únicos, aunque ya les hayan impuesto todo un género…

- Las etiquetas no existen Elsa, el problema es que todos esos escuincles se creen mucho porque "no siguen al sistema"; claro… Comprando en tiendas americanas y solo lo más caro en otro tipo de tiendas... – No pude evitar soltar una pequeña risa contenida, me encantan éste tipo de debates con ella.

- ¡Vamos, Marceline! Lo dice la que tiene un iPod, ropa de marca, una Ducati 749 roja, con gustos musicales poco comunes, no tiene ningún tipo de problema económico pero que es una de las mayores "grillos" en la universidad… - Marceline volteó con una mirada en la que venía implícito un "¡Ya cállate!".

Tanto la pelirroja como su compañera soltaron a reír, sin hacer disimulo alguno, mostrando que estaban por demás encantadas por la manera en que yo y Marceline discutíamos.

- Parce que se conocen por mucho tiempo atrás… Como si fueran un matrimonio de varios años. – La compañera de la pelirroja seguía riendo y ya se veía un cierto rubor en su rostro, mientras que la pelirroja aún con una mano cubriéndole la mitad de la cara, dejaba ver que su rostro había obtenido el tono de su cabello.

- A ver, Elsa… El que mis padres tengan una buena posición económica, que yo tenga un buen gusto musical o el que me importe la política, no me hacen una hipster; te lo he dicho muchas veces. – Marceline mostraba una mirada impasible pero en el fondo se notaba una diversión infantil.

- Sí, somos amigas de hace años. Nos conocemos mejor de lo que nuestras familias podrían hacerlo… Y volviendo a la conversación de hace unos momentos, estaría encantada de llevarlas en un tour guiado por el centro y si gustan, en la noche planeábamos ir al mejor antro de la ciudad, por si están interesadas. – Di fin al debate que hemos tenido desde hace año y medio que decidió meterse a la facultad de bellas artes a estudiar actuación.

Antes de que dieran su respuesta apareció Flynn con nuestras bebidas.

- Chicas, aquí está su orden. – Y mientras iba poniendo las bebidas enfrente de nosotras, volteó y nos ofreció una sonrisa de complicidad. – Y enseguida les pongo la música, chicas; aunque sería más fácil si Marceline me da su iPod, sé que lo que ponga de ahí les gustaría. – Antes de retirarse se giró hacia la pelirroja y su compañera. – Niñas, les encargo a estas mujeres; no vayan a caer en sus redes que por eso me asustan a la clientela. – Y se fue, dejándome con una maldición a medio formar en la garganta, de verdad quiero golpearlo en éste momento, ¿cómo puede ser tan bocazas?

Marceline parecía encantada con el comentario, pero ella nunca tiene idea de nada, para ella su orientación sexual, que es bastante difusa, no tiene ningún inconveniente y estoy segura que si pudiera se presentaría como: "Hola, soy Marceline, y soy lesbiana (la mayoría de las veces), ¿no quieres tener un encuentro rico y casual?". Yo por el contrario prefiero las cosas mucho más discretas, es más estoy segura de que en mi facultad, sin contar a mis amigos más cercanos (Aladdin y Milo), deben de pensar que soy asexual o por lo menos demasiado frívola.

Tanto la pelirroja como su compañera se quedaron quietas, mientras el rubor subía por sus rostros; seguramente no sabían qué decir ante ello, yo me limité a mirarlas sin hacer ningún tipo de expresión pero Marceline sonreía deslumbrantemente. ¡Vaya idiota!

- Entonces… ¿Acostumbran venir a quitarle clientela a la taberna de Oaken? – Al final fue Bonnibel la que habló, el ambiente era insoportablemente pesado.

- No, normalmente solemos ir a antros o fiestas. – Resolvió Marceline, conservando su sonrisa de comercial.

- Así que… ¿Piensan envolvernos en sus redes? – Anna levantó una ceja coquetamente y nos miró a ambas, su sonrisa era por demás pícaras.

- O tal vez nosotras caímos en las suyas… - Marceline volteó a ver a Bonnibel que se ruborizó al instante.

Momento de silencio, después las risas. Tanto Bonnibel como Anna reían y nos guiñaban el ojo; haciendo que pareciera por todo menos coquetos y seductores.

- Bueno, chicas, lamento decepcionarlas pero yo soy heterosexual. De hecho tengo novio en mi antigua ciudad, se llama Hans, y seguimos en contacto a distancia. – Anna fue la primera que pudo hablar después de que cesaron las risas; y logré ver cómo Bonnibel ponía los ojos en blanco, parece que esa situación no le parece del todo.

- Anna habla por ella, obviamente; porque yo no me opongo a la forma que tenga el amor, no importa género o sexo, si me enamoro, me enamoro. – Se veía bastante segura de lo que decía. Es la primera vez que veo que Bonnibel baja tanto la guardia durante la plática, y Marceline la observa como si fuera una obra de arte.

- Así que eres bisexual, ¿eh, Bonnibel?... – Marceline arqueó una ceja y se mordió el labio inferior. – Con mayor razón debemos salir juntas ésta noche, hay que celebrar lo que podría ser una muy buena amistad. Y Anna, tal vez Elsa podría ayudarte a que te olvides un poco de tu chico, es excelente para… ¡Ouch! – Solté un puntapié en la espinilla de Marceline, ¡se está pasando de la raya!

Anna adquirió por segunda vez en la tarde el mismo tono que su cabello y evitó mi mirada. No sé si vaya a aguantar esa actitud toda la noche, bueno; al menos Marceline podría pasarla bien hoy y ella necesita olvidar a la bruja que la tenía domada; por ella podría servir de chivo expiatorio para quitarle a la amiga de encima.

- Disculpa a mi amiga, a veces es demasiado imprudente. Pero si en verdad quieren que vayamos a pasear por el centro y después ir de antro, la oferta sigue en pie. – Tal vez soné más fría de lo que pretendía, pero estoy un tanto irritada por la intromisión de mi amiga, como si necesitara de su ayuda para ligar.

- ¡Me encantaría tomar su oferta! La verdad es que no nos queda mucho de la plena y completa libertad que conlleva el vivir solas; nuestros padres llegaran la próxima semana, asumo… - Para mi sorpresa fue Anna la que habló; al menos la pelirroja no es de esas mujeres heterosexuales que se sienten incómodas ante la presencia de lesbianas. ¡Eso es bastante bueno!

- ¡Perfecto! Entonces pedimos unas 2 rondas más y como por eso de las nueve y media que esté empezando a llenarse a tope este lugar, nos vamos al antro y luego las llevamos a su casa. ¿Les parece bien el plan? – Marceline se veía muy emocionada, realmente necesita salir de donde quiera que estaba, mi amiga necesita esto.

- ¡De acuerdo! – Dijimos las tres al unísono.

Durante las siguientes dos horas y media estuvimos hablando de trivialidades, nada trascendental. Hablamos sobre libros, series, películas y de la escuela; la verdad es que el ambiente era bastante agradable. El problema fue al levantarnos, después de haber bebido cada una tres micheladas de litro, ya estábamos "entonadas" y mareadas.

Yo no debería de encontrarme en éste estado. Normalmente tengo mucho más aguante que esto. Las desveladas de la universidad no me han ayudado mucho… Hígado, no me falles ahora. Me preocupa el cómo vamos a llegar al antro, obviamente no iremos en mi carro porque no estoy en condiciones, tendremos que ir caminando y espero que nadie se dé cuenta de nuestro pequeño estado de ebriedad.

Después de haber convencido a la pelirroja y su amiga de que nosotras pagábamos la cuenta, salimos de ahí las cuatro. Tanto Anna como Bonnibel nos agarraron del brazo, al parecer están más afectadas por el alcohol de lo que creía. Yo necesito controlarme para cuidarlas. Alguien debe de ser la consiente, normalmente soy yo.

- Anna, Bonnibel; ahora recuerdo que han mencionado que sus padres van a mudarse; ¿son primas o algo por el estilo? – La verdad es que me dio mucha curiosidad y quería apartar de mi mente el hecho de que la pelirroja empezaba a acariciar mi brazo haciendo círculos con su dedo. La pelirroja y su amiga soltaron una risita, la pelirroja hundió su cabeza en mi brazo. ¡Vaya que está tomada!... Esto podría ser tan fácil… Pero ¡no!... Compostura…

- Lo que pasa es que la mamá de Anna se casó hace poco con mi padre, entonces nos hemos vuelto hermanas. – Bonnibel fue la que contestó a mi pregunta, porque Anna se ve más bien un poco soñolienta. ¿Por qué rayos sigue trazando círculos en mi brazo? – Marceline, ¿tienes un cigarro que me regales?

- ¡Yo también quiero uno! – Parece que el vicio del tabaco ha llamado más la atención de la pelirroja que mi brazo, lo cual es un alivio para mí; estaba poniéndome muy tensa.

- Elsa, ¿quieres uno? – Marceline me extiende la cajetilla, llevando del brazo a Bonnibel que ya está prendiendo su tabaco.

- Elsa, podrías ayudarme con el mío, es raro que fume, la verdad es solo un antojo pero no creo poder acabármelo yo sola… ¿Fumas del mío? – Anna tenía la mirada turbia por el alcohol, ¿es que está niña no está acostumbrada, o no sabe tomar?

- Está bien, yo te ayudo. – Marceline guardó en su chaqueta el paquete de cigarrillos con una sonrisa. – Y entonces Anna, ¿crees que puedes conservar tu relación a distancia? – El humo del cigarrillo me viene bien en éste momento, creo que sus efectos parasimpáticos pueden ayudarme, necesito tranquilizarme y recordar que Anna tiene pareja y yo nunca me meto en una relación, aunque sea por una noche, eso es más bien algo propio de Marceline; y ha tenido varios problemas por lo mismo.

- ¡Sí!... Bueno… Eso espero… La verdad es que Hans no está muy de acuerdo en que yo me haya venido, es demasiado celoso y se preocupa mucho por mí…

- Sí, claro… Hans es todo menos un buen hombre, Anna. Te lo he dicho muchas veces. Y no es celoso ni "preocupón", es posesivo, casi enfermo. Yo te dije que terminaras por salud mental y física con él al mudarnos, pero ahaaaaaa… La señorita "yo estoy enamorada", nunca puede aceptar un buen consejo y… - Anna se detuvo en seco y fulminó a Bonnibel con la mirada.

- Bonnibel sabes perfectamente bien que ese tema está zanjado. ¡Tú no sabes absolutamente nada sobre Hans! Ha tenido muchos problemas, su familia no es tan acomodada como la tuya o la mía y si a eso le sumas que tiene 12 hermanos antes de él, o que ni su mamá ni su papá lo apoyan… ¡Soy lo único que tiene! Entonces te pediré que no vuelvas a hablar así de él, por favor.

El tono que utilizó me pareció muy distante de la Anna que conocía hasta hace unos momentos, vaya que puede tener un carácter fuerte. Pero ahora tengo más curiosidad sobre la relación que tiene con ese tal Hans; ¿a qué se habrá referido Bonnibel con salud mental y física? ¿Tendrá una relación patológica?

Bonnibel terminó por alzar los hombros a modo de disculpa, supongo. Luego siguió su conversación con Marceline. Mientras que mi acompañante se quedó muy callada, seguro sumergida en sus pensamientos.

- Anna, ¿qué edad tienes? – Intenté despojarla de su ensimismamiento, no quiero enterarme de cosas más personales, la verdad es que no es mi problema y no quiero que ella crea que tiene derecho de preguntarme algo de mi vida privada.

- En unos meses cumpliré los diecinueve años. ¿Y tú, Elsa? – Su mirada estaba no solo turbia sino distante pero había en el ambiente otro componente, se siente diferente… ¡No, es el alcohol!

- Tengo veintiún años, en unos pocos meses tendré los maravillosos veintidós. – Me sonrió y se mordió el labio inferior. (Tiene pareja… Tiene pareja… Tiene pareja…)

Seguimos nuestro camino, el centro en la noche es hermoso, tantas construcciones barrocas iluminadas se ven preciosas. Imaginar cómo sería haber estado en los tiempos en los que todas estas casonas albergaban familias poderosas y no negocios u oficinas de gobierno es una de mis aficiones favoritas. Debió de haber sido grandioso. Anna volvió a acariciar mi brazo, de verdad que me pone tensa y esa tensión aumentó en el momento que empezó a hacerlo con las uñas, son caricias muy suaves y tiernas, pero sobre mi piel se sienten muy sensuales. Seguro el alcohol tiene la culpa.

Marceline y Bonnibel parecen llevarse muy bien, las dos ríen y conversan animadamente, no sé si notarán que Anna y yo, vamos sumergidas en un ambiente diferente, más tenso y pesado. Muero de ganas por sentir un poco más de esas caricias pero me reprimo hasta la médula; eso no puede pasar.

Al fin en el antro. Nunca me había sentido tan feliz por llegar a un lugar donde habrá más gente y nos podremos poner a bailar, sin tanto contacto y espero que no sea algo sensual; sino creo que soñaré con la pelirroja.

- "La lámpara del genio". El nombre suena interesante… - Bonnibel se quedó plantada en la entrada, aún colgada al brazo de Marceline, al parecer ya no la va a soltar.

- Y espera a verlo por dentro… - Le dice Marceline soltándose de su brazo y tomándola por la cintura. Bonnibel le contesta con una sonrisa de lo más coqueta.

Mientras nos acercamos al cadenero para enseñarle nuestras identificaciones Anna no me suelta, ni aún cuando ya hemos cruzado el umbral.

La lámpara del genio es uno de los mejores antros gay de la ciudad; es tan bueno que incluso los heterosexuales llegan a venir, yo calculo que la población de heterosexuales son tres por cada siete homosexuales. No está nada mal. Para poder llegar a donde están los cadeneros tienes que cruzar un pequeño jardín con una fuente en medio, que siempre está en funcionamiento, a los lados hay bancas en donde puedes ver parejas besándose o personas fumando y disfrutando un poco del aire fresco de la noche, tanto la fuente como el camino a los cadeneros están iluminados. Al llegar hay dos escalones que hacen ver a los cadeneros, ya grandes en sí, mucho más atemorizantes; no solo se encargan de dejar pasar sino también de la seguridad. Al entrar lo primero que notas es el cambio de iluminación, que es más bien tenue; a la derecha hay una ventanilla donde pagas en cover, que normalmente ronda los setenta pesos (sino hay algún evento especial), y ahí mismo te ponen un sello en la muñeca, con el logotipo del antro, que es una lámpara que despide humo; al lado derecho encuentras una barra y atrás tubos llenos de ropa y bolsas, ahí puedes dejar lo que te estorbe en el momento. Para llegar a la pista y al antro en sí, hay que seguir un pasillo más o menos largo que está alfombrado, piso y paredes, por una especie de alfombra aterciopelada roja, a los lados hay sillones de piel con almohadas bastante cómodas. Ahí normalmente, ya pasada cierta hora, puedes encontrar parejas que se besan o bien, con ayuda del alcohol, están fajando. Al terminar el pasillo, hay que subir unos escalones para poder llegar a la primera parte del antro, donde solo se pone música electrónica y tocan los DJ´s. Es una sala bastante amplia, ya que ocupa unas tres cuartas partes del tamaño total del antro. Del lado izquierdo están los baños y al fondo hay una enorme puerta de cristal, que divide la zona electrónica de la Pop, en esa zona solo se escuchan hits poperos mezclados. Del lado derecho encontramos la barra, detrás de esta se encuentran estantes que están llenos de los diferentes licores que tienen, todos iluminados con luces de neón de diferentes colores.

- ¡Vaya, sí que tiene clase! – Gritó Bonnible para hacerse escuchar sobre la música electrónica. Marceline se limitó a sonreír divertida por el asombro de ambas chicas, tomó a Bonnibel por la mano, se despidió de nosotras con un gesto y se llevó a Bonnibel por entre la multitud.

¡Rayos, de nuevo sola con la pelirroja! Bueno… Si vas a Roma…

- Anna, ¿quieres tomar algo? – Me acerqué a la oreja de la pelirroja, no me gusta gritar. Anna dio un respingo y se alejó un poco de mí.

- Sí, me apetece un vodka. – Su mirada reflejaba cierto recelo.

Le regalé la sonrisa más deslumbrante que pude, no quiero que se sienta incómoda. Le ofrecí mi brazo, que acepto y la guié hasta la barra. Estando ahí se acercó un barman que utilizaba un cuello blanco con un moño negro, unos puños y un bóxer negro. La versión masculina de un traje de conejita playboy; me le acerqué tanto a la oreja como pude.

- Dame un vodka con jugo de arándano y un whisky en las rocas, por favor. – Me dedicó una sonrisa y asintió. Cuando me di la vuelta a Anna su semblante no tenía ni pizca del recelo anterior. ¿Qué habrá pasado por su mente?

Un momento después el conejito regresó con nuestras bebidas y yo le extendí la tarjeta de crédito de Marceline, en éste lugar nunca pago yo, ya al día siguiente nos arreglamos con los daños, pero es mucho mejor, ella sabe que no puedo ir dejando mi nombre por ahí, y mucho menos en estos lugares. Le extendí el vaso a Anna que lo levantó haciéndome entender que quería brindar.

- Por una vida nueva. – Dijo acercándose a mi oído y al sentir su aliento alcohólico tibio en mi cuello y oreja me recorrió un escalofrío.

- Por un excelente día. – Le dije yo también al oído, noté que se ruborizaba un poco; tal vez le pasó lo mismo que a mí. Chocamos nuestras copas y dimos un buen trago.

Después de terminar dos copas más y pedir una tercera, además de pedir otro vodka y una cerveza para Bonnibel y Marceline, respectivamente, nos dirigimos a la pista de baile. Justo en medio las encontramos bailando, aunque muy juntas. Merceline susurraba algo en el oído de Bonnibel, supongo que cantando la canción que se escuchaba en el momento, "Selfie" de "The Chainsmokers", esa técnica la ocupa muy a menudo. Ni modo, a interrumpir, toqué el hombro de Marceline para que viera que estábamos ahí, al voltearse tenía una cara de pocos amigos pero al notar que era yo se le iluminó la cara y me guiño un ojo. No pude hacer otra cosa que ponerle los ojos en blanco, algo que le pareció gracioso puesto que sonrió con más ganas. Le estiré la mano para ofrecerle la cerveza y se alejó de Bonnibel, la cual se fue al encuentro de su hermana quien le dio la bebida que le llevaba. Pronto hicimos un círculo y empezamos a bailar las cuatro.

Unas canciones después volvimos a acomodarnos por parejas y nuestro baile se intensificó un poco, volviéndose más sensual. No podía ver a Marceline, me parece que tiene la cabeza hundida en el cuello de Bonnibel. Mientras tanto yo seguía bailando con Anna, ¡y vaya que sabe moverse, esa mujer!

Mis latidos empezaron a acelerarse y hacerse presente en mis oídos. La tomé por la cintura y la traje a mí, primero dio un respingo, volteo a mirarme y, estoy segura de que bajó la mirada a mis labios, se paso la lengua por el labio superior y después se mordió el labio inferior. Siguió bailando. Yo mantenía mis manos en su cintura, que es realmente frágil y delicada, la textura de su blusa era muy suave y el sentir como su cuerpo se movía bajo esa tela tan fina y húmeda por su sudor hizo que ardiera mi sangre.

Control, rezo a todos los cielos porque me mande todo el control que pueda adquirir. Siempre tengo el control, no puedo perderlo. Volteé a buscar a Marceline para que me ayudara a mantenerme a raya pero había desaparecido junto con Bonnibel.

Pero el fin de mis pensamientos y mi intento de mantener el control llegó cuando Anna fue subiendo lentamente los brazos hasta que entrelazó sus manos detrás de mi nuca. Su cuerpo se juntó mucho más al mío, sentir cómo se movía frotando su cuerpo con el mío, sentir su respiración en mi cuello y sus manos jugando con mi cabello, sumándole mi cantidad de alcohol y lo mucho que me gustaba aquella pequeña, hicieron que ya no pudiera más. Subí lentamente las manos de su cintura hasta su torso, siguiendo su delicada figura. Sentí cómo se estremecía debajo de mis manos; agarre su cara con ambas manos y posé mis labios en los suyos, se quedó helada; como si la hubiera congelado. Después se fue suavizando poco a poco, separé mis labios, tomé aire, porque hasta ese momento me di cuenta de que había estado aguantando la respiración, me volví a acercar y con mi lengua acaricié su labio inferior. Otro respingo, luego entreabrió los labios, con cautela metí mi lengua en esa pequeña abertura que ella misma había puesto, encontré fácilmente su lengua, que empezó a acariciar la mía tiernamente.

Seguíamos moviéndonos en la pista sin separar nuestros labios cuando de repente me separó de golpe con las manos. Se veía confundida y… Furiosa.

¡CLAP! Un dolor punzante llegó a mi mejilla izquierda, llevándome una mano a la mejilla agredida regresé mi mirada a Anna que me estaba fulminando con la mirada.

- ¿Quién mierdas te crees? – Y antes de que pudiera reaccionar se fue dando zancadas a lo largo de la pista. La seguí con la mirada hasta que desapareció de mi vista. Estaba anonadada.

¿Me acababan de dar una cachetada? ¿A mí? ¿En serio? No podía creer lo que había pasado, nunca antes me habían dado una bofetada y mucho menos una chiquilla que acababa de conocer ese mismo día. Algunas personas que me rodeaban se dieron cuenta de todo el espectáculo y seguían mirándome, si no apartaban inmediatamente su mirada de mí iban a ser testigos de la buena inversión que había hecho mi madre en las clases de Kick boxing a las que me había inscrito desde que yo era muy joven, entendieron el mensaje y poco a poco fueron desviando la mirada.

Aún no lo puedo creer…