CAPÍTULO 3

Llevé a Bonnibel a los sillones que había en el pasillo antes de entrar a "La lámpara del genio". Quería comérmela, ya le había dado uno que otro beso furtivo pero nada más que eso. Mi excusa para llevarla lejos de la multitud y de su hermana, ya que supuse que el motivo por el cual no se desinhibía más era por la presencia de Anna, fue que tenía muchas ganas de un cigarrillo, y quería que me acompañara. No tardó en decirme que sí, así que sin avisarle a Elsa o a Anna, que se veían muy entretenidas la una en la otra, nos escapamos.

Nos sentamos en los sillones de en medio, no quería que estuviéramos en la mera entrada y por nada del mundo quería que el ruido de la música nos impidiera escucharnos. Cuando nos sentamos saqué mi paquete de Lucky Strike, le ofrecí uno y le ayudé a encenderlo antes de prender el mío.

- ¿Cómo te la estás pasando Bonnie? – Volteé a verla y me acomodé más cerca de ella, de tal manera de que nuestras piernas se rozaran.

- ¡Bastante bien! El lugar es precioso, y parece que es el mejor antro gay que hay en la ciudad, ¿o me equivoco? – Bonnie empezó a juguetear con el cabello que le caía sobre los hombros. Eso me recuerda que aún no sé por qué lo lleva rosa.

- Bonnie, te puedo preguntar ¿por qué llevas el cabello rosa? Se te ve muy bien, no me mal entiendas, pero no es común ver a alguien con el cabello completamente rosa. – Dejó de jugar con su cabello y le dio una calada a su cigarrillo antes de contestar.

- Fue un pacto… Como una especie de juramento. – Volvió a jugar con su cabello y su mirada se profundizo, podía ver cómo estaba perdiéndose en sus recuerdos. – Cuando mi papá se casó con la mamá de Anna y supe que tenía que mudarme, mis amigas y yo hicimos el juramento de que no nos olvidaríamos y seguiríamos juntas. Entonces para recordar ese pacto las cuatro nos pintamos el cabello de rosa y nos tomamos fotos donde escribíamos el juramento y lo firmábamos. Sé que suena muy infantil, pero es mucho mejor que la sangre. – Soltó una risita que estaba casi completamente oculta por el ruido de la música y de la gente que pasaba en frente de nosotras.

- Yo sigo creyendo que te ves preciosa con ese tono de cabello. – Con la mano libre tomé un mechón de su cabello y empecé a jugar con él. Bonnie se quedó quieta, pero no se apartó. – Solo tenía curiosidad… - Le sonreí y clavé mis ojos en los suyos. Poco a poco fui acercándome, hasta que mis labios se posaron en los suyos.

Me separé un poco para observarla y no pude reprimir una sonrisa triunfante cuando la vi con los ojos cerrados y los labios aún preparados para otro beso. Me acerqué de nuevo aún con la sonrisa en mis labios y la volví a besar, pero esta vez no me aparté, seguí besándola. Me atreví a rozar con mi lengua sus labios, lo que hizo que entreabriera los suyos y en cuestión de unos momentos mi lengua estaba dentro de su boca acariciando sus dientes y su lengua. Su saliva sabía a jugo de arándanos, casi no se notaba el sabor dulzón del alcohol, y ni rastro del tabaco, era un sabor tan dulce y nítido. Me aventuré a posar una mano en su rodilla, ella puso una de sus manos en mi cintura agarrando en un puño mi blusa, y la otra en mi rostro, no supe en qué momento había tirado su Lucky Strike.

"Ok… Momento de subir un poco más."

Me separé un momento de ella, me miró fijamente, yo le sonreí y me zafe lo necesario para poder dejar mi cigarro en el cenicero que estaba en la mesita delante de nosotras. Me apoyé en el respaldo del sillón y crucé una pierna debajo de mi cuerpo, de tal manera que quedara completamente delante de ella. Le sonreí pícaramente y ella me respondió con una sonrisa tímida.

- Tienes un sabor a arándanos, es muy dulce. – Le susurré al oído. Sentí cómo se estremecía y me tomaba de la chaqueta. Después volví a dirigirme a sus labios. El beso empezó tierno y lento, poco a poco fue intensificándose, ninguna de las dos se separaba y nuestras lenguas estaban en una pelea constante. Su mano me acariciaba la nuca y se enredaba poco a poco entre mi cabello que ya de por sí estaba siempre alborotado. La mano que yo había mantenido en su rodilla poco a poco fue subiendo por esas piernas maravillosamente suaves. Su respiración empezó a volverse pesada, puso una mano encima de la que iba subiendo y explorando la piel desnuda de esas piernas tan bellas.

- Espera Marceline… Aquí no… - Fue lo que pudo articular con la respiración entrecortada.

- ¿Por qué no? ¿Acaso no te gustan mis caricias?

- No es eso… - Se empezó a apartar de mí. – Lo que pasa es que no acostumbro acostarme con una persona que conozco a penas en un día.

- Pero yo no soy cualquier persona. – Le dije intentando volver a sus labios.

- Marceline, ¡basta! – Quitó mi mano de su muslo y retiró sus manos de mi pelo y de mi cintura. – Me gustas mucho, pero no voy a perder la cabeza solo porque eres deslumbrante…

- ¿Soy "deslumbrante"? – Levanté una ceja divertida por el comentario, no pude evitar una sonrisa pícara.

- Bueno… Sí… Pero no por eso creas que ya me tienes ganada. Es solo que me gustaría conocerte más, solo sé que te gusta la política, que estudias actuación, que tus papás tienen una cadena de restaurantes y que tenías una banda donde tocabas el bajo…

- ¿Quieres saber qué otra cosa que me gusta? – Le pregunté interrumpiéndola y tratando de que mi voz sonara lo más seductora posible, tenía que derretir sus barreras.

- ¿Qué…? – Antes de que pudiera darse cuenta me acerqué y le robé un beso que poco a poco fue profundizándose, sabía que ella no quería que parara, su cuerpo me lo estaba diciendo, por qué tienen que dejar que la razón gané a los impulsos.

- El sabor de tu boca. Es extremadamente dulce. – Le susurré al oído y antes de que pudiera volver a moverse me fui a su cuello y con la lengua tracé una línea desde su clavícula hasta detrás de su oreja, con lo que soltó un gemido y se aferró de nueva cuenta a mi chaqueta. Su respiración volvió a acelerarse. – Aunque el sabor de tu cuello es aún más dulce… Quiero morderlo…

- Marceline… Por favor… Quiero que nos conozcamos más, no quiero terminar en la cama contigo. – Aunque estoy consciente de lo que dijo, ella tenía su cabeza en un ángulo que facilitaba el trabajo de mi lengua. Su cuerpo quería que continuara, ¿por qué lo negaba?

- Podemos conocernos más así, ¿no lo crees? – Le dije mientras mordía suavemente su cuello.

- ¡BONNIBEL! ¡VÁMONOS! – Los gritos de Anna hicieron que nos incorporáramos de un salto en donde estábamos antes de nuestro arrebato de pasión.

- Anna… Pero por… - La voz de Bonnie sonaba de lo más confusa, además de su expresión. Antes de que pudiera decir otra cosa Anna se acercó a ella y, tomándola de la muñeca, la jaló y aunque Bonnibel intentaba articular preguntas su hermana la guió rumbo a la salida.

Cuando me di cuenta de todo lo que pasaba fui detrás de las dos mujeres que iban por el pasillo, Anna gritando algo que no entendía del todo y Bonnibel aún balbuceando, tal vez todo había sido mi culpa. ¿Podría ser que Anna se enojó por verme encima de su hermana?

- Anna, espera por favor. Mira tanto Bonnibel como yo somos adultas, no tienes por qué ponerte así. ¡No estábamos haciendo nada malo! – Anna volteó y me fulminó con la mirada.

- Tú y tu amiga, par de anormales, pueden alejarse de mi hermana y de mí por lo que les quede de vida. Ahora será mejor que te alejes o gritaré a seguridad. Según me dijo la rara de tu amiga que la seguridad era extraordinaria en éste lugar. – Me dejó helada. ¿Pero qué rayos le había pasado? ¿En serio me dijo todo eso? El shok dejó lugar a la rabia. Cuando apenas iba a contestarle a esa pequeña bocazas, Anna dio la vuelta y se fue con su hermana que me miraba con una expresión de "lo siento" en su rostro.

"Justo lo que necesito ahora es un cerveza… Solo eso… Espera, ¿y Elsa? ¿Habrá hecho algo para hacer enojar a esa fiera pelirroja?"

Decidí ignorar lo sucedido e ir en busca de Elsa. Tal vez se había encontrado a alguno de sus ligues habituales y había dejado sola a Anna, por eso ella había llegado hecha una furia, o tal vez sí le había molestado encontrarnos a Bonnibel y a mí en esa situación.

Cuando llegué a la pista de baile antes de ir en busca de mi amiga decidí que era mejor ir por una cerveza, así que me dirigí hacia la barra. Estaba todavía muy molesta y Elsa no tenía por qué verme así, desde hace mucho decidimos que si nos molestábamos, al tener ambas un carácter tan fuerte, lo mejor para no discutir entre nosotras sería alejarnos, calmarnos y después volver como si nada y contarnos lo que había pasado.

Cuando llegué a la barra, para mi sorpresa, ahí estaba Elsa, con un vaso de whisky (su bebida preferida) en una mano y con la mirada más que perdida en algún punto fijo en el espacio. Antes de acercarme le pedí al barman una cerveza.

- ¿Elsa? – Con mi voz pareció que regresó de cualquier parte del espacio en el que se encontrara. Volteó a verme con la mirada profunda y peligrosa. Estaba muy enojada y confundida. - ¿Todo bien? ¿Qué pasó?

- Me bofeteó… - Apenas pude oírla acercándome todo lo que pude.

- ¿Quién? ¿Anna? – ¡Vaya!, eso sí que es una novedad, no había sabido de alguien que se haya atrevido siquiera a levantarle una mano a la "señorita seriedad". Elsa solo movió la cabeza asintiendo, después frunció el seño y movió la cabeza como si quisiera acomodar las ideas dentro de su cabeza. – ¿Pues qué rayos le hiciste? ¿La ofendiste o la quisiste violar en los baños?

- La besé… Pero ella me insitó… Creo… La verdad, no estoy segura de por qué lo hice si quiera, pero esa niña me golpeó. – Se llevó la mano libre a la mejilla que, supongo, fue la afectada. – Bastante fuerte. – Después de eso sonrió al recordar, supongo, pero no lo entiendo.

Volteó a verme con una expresión divertida, yo arqueé una ceja ante su expresión. A veces no entiendo a esa mujer. No pude hacer otra cosa que mover la cabeza en desaprobación, le sonreí y levanté mi copa.

- Brindemos por tu primera bofetada. ¡Bienvenida al club! – Ella me puso los ojos en blanco y movió la cabeza, levantó su vaso y brindó conmigo.

Mientras tomábamos en la barra nos contamos lo que había pasado, ella lo que había pasado con Anna desde que salimos de la taberna de Oaken hasta el momento en que se fue echando chispas; y yo le conté cómo me había ido con Bonnibel desde que empezamos a coquetearnos hasta lo que me dijo Anna antes de irse.

- ¡Escuincla grosera! – Cuando terminé con lo que me había dicho Anna, Elsa se veía completamente tensa, apretaba el vaso de su whisky y me preocupaba que si apretaba más su mandíbula se rompería algunos molares. – No debiste de haberla seguido.

- ¿Crees que me iba a imaginar que había pasado todo eso? – Le dije a Elsa mientras sacaba la cajetilla de mis cigarrillos que estaba casi vacía, y le ofrecí uno a Elsa.

- No tenías por qué, no es mi manera habitual de ser. – Dijo al tomar un cigarro de mi cajetilla. - ¡Estoy segura de que fue el alcohol! – Sus movimientos no eran igual de ágiles y elegantes que en la tarde, sé que ya está ebria, al igual que yo.

- Elsa, ya estoy ebria. ¿Tú cómo te encuentras? – Elsa volteó a ver su vaso y luego a mí. Me sonrió de oreja a oreja. Sí, ya está más que pérdida.

- ¿En comparación con qué? – Soltamos una risita. – Bueno ya que nos será imposible ligar en este estado y que ya son las tres de la mañana, ¿qué te parece si hacemos una graciosa huida antes de que no podamos irnos por nuestro propio pie?

- Me parece una fantástica idea, Arendelle. – De dos tragos me acabé mi cerveza y me levanté del banco alto dando tumbos, Elsa hizo lo mismo y al bajar le fallaron las piernas y fue a dar a mis brazos. La sujeté por la cintura y nuestras caras quedaron muy cerca.

- Gracias por sostenerme, Abadeer. – Me dijo poniendo sus manos en mis hombros, somos casi del mismo tamaño, un centímetro más, uno menos.

- Siempre, Elsa. Lástima que lo nuestro no haya funcionado, seguro que ahora estaríamos planeando la boda y ya sabríamos cuántos hijos tendríamos y en cuántos años… - Las dos soltamos una risita de borrachas, en serio que estamos muy mareadas.

- Sí, probablemente ya sabríamos todo eso… Pero, ¿quién dice que no funcionamos bien? – Y diciendo eso se acercó a mis labios y nos besamos pasionalmente.

"Está mujer besa increíblemente bien."

- ¿Te parece si nos vamos ya a mi casa? – Le dije cuando nos separamos.

- Abadeer, creo que no pudiste tener mejor idea. – Bajó las manos a mi cintura y jaló de mí hasta que nuestros labios volvieron a encontrarse.

A la mañana siguiente cuando desperté, Elsa ya no seguía en la cama. Ella siempre despierta muy temprano y hace su sesión de ejercicios, aún cuando está enferma o tiene resaca, yo prefiero ir al gimnasio en las tardes y soy un poco más inconstante que Elsa.

Intento despojar mi cabeza de la somnolencia y me doy cuenta de que tengo un dolor punzante, tendré que tomar unas aspirinas y un "sal de uvas", eso me devolverá a la vida. Sigo desnuda, hace mucho que no nos pasaba esto, dejarnos llevar así por el alcohol… Siempre es muy divertido y sensual, dicen estudios que el sexo sin compromiso entre amigos fortalece la amistad, con Elsa pienso que esos estudios deben de tener razón; pero con algunos "amigos" las cosas han sido muy diferentes, al punto de que a uno de ellos no le he vuelto a hablar.

Mientras estoy recordando el sensual round de anoche escucho el chorro del agua de la regadera de mi baño. Elsa se está bañando. Será mejor que me levanté y vaya a buscar qué hay para desayunar en la cocina.

Al levantarme busco de mi cajón del buró que tengo al lado de mi cama un pants y una camisa de algodón, mi habitual pijama. La ropa de Elsa del día de ayer y la mía siguen tiradas en el piso. Eso significa que no se levantó a hacer ejercicio, a menos que haya tomado algo de mi guardarropa, suele hacerlo con frecuencia.

Ya vestida y descalza salgo de mi habitación cerrando la puerta tras de mí. Mi casa puede catalogarse como grande pero nada que ver con la mansión Arendelle, su familia desde tiempos inmemorables han tenido dinero, mucho. En cambio mi familia no tiene tanto dinero, pero tampoco pertenecemos a la clase media, ni mucho menos baja. Mi papá logró hacerse de una cadena de restaurantes y mi mamá siempre se ha dedicado a las ventas, trabaja como vendedora de inmueble y es bastante buena. Entre los dos han montado una pequeña fortuna y eso me ha brindado algunos, o muchos, beneficios.

Ya en la cocina, encuentro a mi mamá preparando el desayuno, hay café recién hecho, fruta cortada, jugo de naranja, hot cakes y huelo que mi mamá está firendo algo, espero que sea tocino.

- "Gordita", qué bueno que despiertas, iba a ir a buscarte en unos momentos. ¿Quieres desayunar? Elsa me dijo que tal vez te apeteciera un poco de tocino y huevos.

- ¿Viste a Elsa? – A mi mamá le encanta Elsa. Le gusta mucho que ella sea mi mejor amiga y la consiente mucho, se llevan bastante bien.

- ¡Claro! ¿Quién crees que me ayudó con el jugo de naranja y a picar fruta? Me dijo que te iba despertar después de tomar un baño. Hace mucho tiempo que no la veía por aquí, es bueno ver que aún siguen siendo tan unidas.

- Lo sé, ya la extrañaba. – Realmente hace mucho que Elsa no se quedaba en mi casa a pasar la noche, y había pasado mucho más tiempo de que no teníamos sexo. – Mami, pensé que estarías fuera el día de hoy desde muy temprano, ¿no tenías que ir a mostrar una casa a las afueras de la ciudad?

- La cita fue cancelada, parece ser que la familia que quería comprar la casa encontró otra antes de ver ésta; pero tengo otras tres citas para el día de hoy, será más tarde.

- Y mi papá va a viajar a Ciudad Juárez el día de hoy y no volverá en unos días, ¿verdad? – Me acerqué hasta los hot cakes y empecé a comerme uno como si fuera una tostada.

- Así es, amor. Supongo que seremos solo tú y yo por unos días. – Me dijo guiñándome un ojo; aunque mi mamá no está mucho en casa cuando estamos nosotras solas solemos ponernos a ver series o películas. Platicamos mucho, amo a mi madre; ella sabe que soy lesbiana y lo acepta completamente, también hemos hablado de la situación que tiene Elsa con sus papás. Ella piensa que salgo con Elsa y cuando le dije que solo éramos amigas se decepcionó un poco. Siempre la ha visto como a la nuera ideal.

- Marceline, tomé prestadas algunas cosas de tu clóset. – Sin que me diera cuenta llegó Elsa llevando puesto unos de mis jeans, una playera negra con un bigote blanco en la parte delantera y mis converse negros, seguro que también lleva calcetas y ropa interior mía.

- Ya sabes que no hay ningún problema. – Elsa es muy cuidadosa en ese aspecto, siempre que le presto ropa a la siguiente vez que nos vemos me la entrega lavada y planchada, perfectamente acomodada como es propio de la Señorita Arendelle.

- ¿Desayunamos juntas? – Mi madre tenía esa sonrisa cómplice que me suelta cada que hablo de algún nuevo romance. Debo aclarar que no son muchos, mis conquistas no son algo que le cuente a mi mamá, solo le he platicado de las mujeres más relevantes, con las que quiero algo en serio.

- Claro señora Abadeer. Si usted preparó el desayuno, cómo no iba a desayunar con nosotras. – Elsa es mucho más formal cuando está frente a mi mamá. De hecho cualquier adulto hace que Elsa cambie su forma de comportarse. Las figuras de autoridad siempre han sido muy importantes para ella, aunque no es de sorprenderse.

El desayuno transcurrió muy tranquilo, mi mamá y Elsa se la pasaron conversando de la universidad de Elsa y de otras cosas. Yo me dediqué a comer, estaba hambrienta y la verdad es que como bastante bien. Al final mi mamá tuvo que partir al trabajo y, Elsa y yo nos dirigimos de nuevo a mi cuarto para que yo tomara un baño y me arreglara para ir por Frozen de donde lo habíamos dejado estacionado.

- Marceline, ¿en serio planeas llevarme en ese ataúd con ruedas que llamas motocicleta? – Sé que Elsa odia ése tipo de transporte porque se le hace muy inseguro, pero siempre me divierte su falta de valentía antes de subirse a la moto conmigo.

Yo ya estaba dentro del baño cambiándome y a punto de entrar a la regadera. Siempre dejo la puerta abierta para que podamos seguir hablando mientras me baño, no me molesta en lo más mínimo que me vea, no es como si no lo hubiera hecho ya.

- ¿Elsa, podrías por favor no ser tan miedosa? ¿Cuándo te he puesto en peligro encima de mi bella moto? – Me metí en la regadera y el agua caliente hizo que apaciguara un poco la voz de Elsa.

- Desde que me subo estoy en peligro constante. – No respondí, odio que me diga esas cosas de mi moto, sé que tiene razón, pero su miedo es desmedido. – Por cierto, Marceline… ¿Estuvo bien lo que hicimos anoche?

- No sé de qué hablas, Elsa. – El agua caliente es increíblemente reconfortante después de una noche tan agitada.

- "No sé de qué hablas…" Vamos, Marceline, lo sabes muy bien. Es solo que hace mucho que no hacíamos algo así, digo fue muy bueno, de hecho fue excelente, pero no sé. Habíamos quedado que no lo volveríamos a hacer y anoche…

- Elsa, en serio. No soy como las demás, sé que no fue más que sexo entre amigas, eso nunca ha cambiado nuestra amistad, ¿o sí? Además estábamos muy tomadas y a las dos nos dejaron con ganas. No hay ningún problema, en serio. – Tenía que interrumpirla, a veces piensa mucho, más después de lo que pasó con la tipa de la que se enamoró. – Así que no te preocupes, para mí sigues siendo mi mejor amiga cuadrada, agria y aburrida.

- Y tú mi mejor amiga, vaga, pero la mejor. – Su tono de voz se relajó bastante, podía notar su sonrisa al hablar. – Y aburrida… No creo que lo hayas pensado anoche…

- ¡Arendelle! ¿Puedes dejarme tomar mi baño en paz? – Soltó una carcajada franca y después el silencio, supongo que se puso a curiosear en mi librero.

Cuando salí del bañó me apresuré a cambiarme, Elsa había hecho mi cama y estaba acostada sumergida en "Salem´s Lot" que tomó de mi librero. Cuando terminé le hice una señal a Elsa que por fin despegó su vista del libro.

- ¿Me lo puedo llevar? – Dijo señalando el libro.

- Solo si prometes que después me prestarás "El temor de un hombre sabio". Tengo muchas ganas de leerlo.

- Lo juro. – Dijo llevándose la mano derecha al corazón y sosteniendo fuerte el libro de Stephen King.

Después de mucho insistir Elsa cedió a subirse en mi hermosa Ducati e irnos en ella hasta su carro. Ya cuando se subió en él nos despedimos, pasaría un rato para que volviera a verla. Pero esos son los gajes del oficio al crecer.

Mi tarde consistió en practicar en la guitarra, estar en internet, oír música y leer, un excelente sábado. En eso mi celular vibró, seguro es un mensaje de Lilith. Lo busqué desesperadamente, desde que me había cortado no sabía nada de ella. Cuando encontré mi celular no era de Lilith.

Elsa:

"Marceline, no quieres acompañarme mañana a una comida aburrida de reunión de "viejos amigos y familias?""

¿Qué rayos? ¿Viejos amigos de la prepa o de quién…?

Marceline:

"Realmente no me apetece mucho… Qué me ofreces? Viejos amigos, tuyos?"

Elsa:

"No, amigos de mi mamá, mañana te cuento bien. Lo que pasa es que me acaba de avisar mi mamá, no quiero estar solita… :( Además sirve que te doy tu ropa y el temor"

Pobre Elsa, tener que aguantar ese tipo de comidas debe de ser horriblemente aburrido y me prestará el temor…

Marceline:

"Me estás comprando con el temor? Porque funcionó… A qué hr, supongo que en la mansión Arendelle y cómo hay que ir presentadas para la ocasión?"

Ir a comidas en casa de Elsa nunca es tan divertido, pero seguro que podremos escaparnos del lugar para platicar o algo por el estilo.