CAPÍTULO 4

Cuando llegué a casa lo primero que hice fue cambiarme y darle a la señora Matilde, nuestra ama de llaves, la ropa de Marceline para que la metiera a lavar. Nadie, en especial mi madre, debía ver la ropa de Marceline, si se imaginaba que pasé la noche con ella, aunque solo estuviésemos durmiendo o viendo películas, seguro que se me armaría un gran drama. Mi mamá no acepta a Marceline porque piensa que es una "mala influencia", además de que sospecha que es lesbiana y que fue ella por la que me "desvíe".

- Claro que sí, Elsa, querida. Yo me encargo de esto de inmediato. – Y guiñándome un ojo tomó la ropa de Marceline junto con la que había llevado el día anterior, que olía a alcohol, tabaco y a Marceline.

La señora Matilde siempre me ha tratado con mucho cariño, más que nuestra ama de llaves ella es para mí como una nana, siempre ha cuidado de mí, desde que era niña. La quiero mucho. Me entiende más que mi madre.

- ¡Gracias, Mati! Perdona todas las molestias…

- ¡Ay, cielo! Me encanta ver que aún con todo lo que ha pasado en ésta casa últimamente tú sigues saliendo con tus amigos y te sigues divirtiendo, como una niña de tu edad. – Con una de sus manos acarició mi mejilla; esa mujer es como un gran algodón de azúcar, la abuela perfecta. – Así que no te preocupes que no es ninguna molestia, cuando esté lista te lo pondré en el cajón de siempre. – Me regaló una sonrisa tan cálida… Ella es la que hace que me sienta en casa.

- Gracias, Mati… En serio gracias. – Ella sonrió y después de eso salió de mi cuarto.

El resto de la tarde me la pasé encerrada en mi habitación leyendo el libro que había tomado del librero de Marceline, es increíblemente bueno… No sé cuántas horas pasé acostada en mi cama leyendo hasta que tocaron a mi puerta. Miré el reloj, cinco y media, llevó en el libro cerca de cuatro horas.

- ¡Adelante! – Al abrirse mi puerta dio paso a Mati que ya traía la ropa perfectamente doblada.

- Querida, lamento molestar pero tu mamá quiere que bajes, necesita hablar contigo, te espera en la biblioteca, y no haz comido nada, sabes que eso te hará mal. Así que por favor deja el libro y baja para que te vea tu mami y después de que platiques con ella ve a la cocina, te prepararé algo. – Me dijo mientras arreglaba mi ropa y después salía de mi habitación. ¿Qué querrá mi madre ahora?

Cuando llegué a la biblioteca mi madre se encontraba en el escritorio que está situado justo en medio de la biblioteca, de espaldas a un gran ventanal, que es una enorme puerta de cristal que cubre desde el piso hasta el techo y de pared a pared, al abrirla se llega a un balcón que te permite observar todo el patio de la mansión Arendelle, es hermoso a la vista y mucho más en una fresca tarde de verano mientras observas el atardecer.

- Elsa, adelante. – Mi madre a penas levantó la vista del libro que tenía encima del escritorio pero con un gesto distraído me mostró una de las sillas que estaban enfrente de ella al otro lado del escritorio.

- La señora Matilde me dijo que necesitabas verme, madre. – Dije tranquilamente mientras me sentaba en la silla que me había mostrado.

- Así es, Elsa. – Dejó de mirar el libro y posos sus fríos y profundos ojos azules en mí, siempre supe de dónde había sacado esa mirada, capaz de hacer sentir a cualquiera que estás muy por encima de él. – Un amigo de la universidad, muy querido, se acaba de volver a casar y se piensa mudar a ésta ciudad. Me contactó ésta semana y le invité a una comida, vendrá con toda su familia y espero que tú estés presente, como la futura heredera de Arendelle corporation y como mi hija. – Al decir esto último su mirada se ablandó, sé que mi madre me quiere, nunca fue muy expresiva al respecto pero siempre lo demostró muy a su manera. Sin embargo, desde que pasó lo de Martha ella cambió mucho. Sé que aún no me perdona el haber manchado el apellido.

- Claro, madre. ¿Puedo invitar a alguien? – Mi voz sonó mucho más esperanzada de lo que pretendía. Mi mamá suspiro profundamente.

- ¿Será a tu amiguita de siempre? – Lo dice con un tono tan amargo… Me molesta muchísimo que se exprese tan mal de Marceline.

- Sí, madre. Pensaba en invitar a Marceline. – Seguramente acabo de poner la misma mirada que mi madre, fría, distante y soberbia; porque ella me observó unos segundos antes de sonreír.

- Está bien, me parece justo. Pero dile por favor que se que venga lo más presentable posible. Charles es un gran amigo y quiero que todo sea perfecto.

- ¿Mi padre también estará en la comida? – La verdad es que con mi padre me llevo un poco menos que con mi madre; pero es raro verlo, él siempre está en viajes revisando y supervisando los negocios de la familia Arendelle; y cuando está en la ciudad, se dedica de lleno a su hospital y a sus consultas. Siempre me ha dicho que ese es su mayor hobbie, dar consultas para él es terapéutico. Aunque la verdad nunca lo he entendido.

- Así es, Elsa. Charles es amigo de tu padre y mío. De hecho, gracias a él nos conocimos. Entonces es un excelente amigo de la familia. – Mi madre volvió a sonreír, parece que está recordando algo de cuando ella iba a la facultad, o cuando conoció a mi padre, tal vez.

- De acuerdo, madre. Prometo estar ahí y le avisaré a Marceline que se venga presentable. – Me levanté de la silla y la coloqué de nuevo en su sitio, sé que ésta conversación ha llegado a su fin. – Bueno madre, si eso es todo, me retiro a mi habitación.

- De acuerdo. – Con eso se finalizó todo diálogo que tuviéramos en ese momento mi madre y yo. Siento que platico más con la señora Abadeer que con mi madre, por lo menos ella me pregunta cómo me va en la vida. Espero que algún día me pueda llevar bien con mi mamá, como debería de llevarse una hija y su madre.

Después de salir de la biblioteca y a medio camino de mi habitación, recordé que Mati me dijo que pasara a la cocina porque me iba a preparar algo de comer, así que di media vuelta y me encaminé a la cocina donde Mati ya se encontraba sacando cosas del refrigerador y viendo en la alacena.

- Mi niña, ¿ya hablaste con tu mamá? – Me preguntó Mati distraídamente mientras seguía con la cabeza hundida en el refrigerador. Todavía no entiendo cómo, aún cuando llego sin hacer ningún tipo de ruido, puede darse cuenta de mi presencia.

- Sí, me dijo que mañana habrá una comida por todo lo alto y que será en honor de un amigo de ella y mi padre, entonces debo de estar aquí, pero por lo menos puedo invitar a Marceline. – Le dije mientras me sentaba en uno de los banquitos altos que hay en la isla de la cocina.

- ¡Qué bueno que puedas invitar a tu amiga, corazón! Así no estarás tan aburrida en la comida. – Me dedicó una amplia sonrisa. Esa mujer es la ternura dulcificada. – ¿Qué quieres comer, mi niña?

- Cualquier cosa que me quieras preparar, Mati. – Me torció un poco la boca y después se puso a preparar algo. Nunca me deja ayudarla en la cocina, no sé el motivo, pero es realmente muy raro cuando accede a que la ayude.

Mientras veía cómo Mati se movía con soltura por toda la cocina, yo me acordé de que tenía que avisarle a Marceline cuanto antes, porque podría salirle un plan y entonces yo me quedaría completamente sola el día de mañana.

Le mandaré un mensaje desde mi cel…

Para: Marceline Abadeer

De: Elsa Arendellle

"Marceline, no quieres acompañarme mañana a una comida aburrida de reunión de "viejos amigos y familias?""

Ojalá y no esté dormida o vagando por ahí. Siempre tarda mucho en contestar los mensajes.

Para mi sorpresa su respuesta llegó casi de inmediato.

Para: Elsa Arendellle

De: Marceline Abadeer

"Realmente no me apetece mucho… Qué me ofreces? Viejos amigos, tuyos?"

Se me olvidó especificar de quién es la fiesta, pero me da flojera escribir por mensaje, prefiero contárselo. Y aparte de todo se me pone difícil la mujer.

Para: Marceline Abadeer

De: Elsa Arendellle

"No, amigos de mi mamá, mañana te cuento bien. Lo que pasa es que me acaba de avisar mi mamá, no quiero estar solita… :( Además sirve que te doy tu ropa y el temor"

Estoy segura de que con un poco de chantaje, Marceline no me dirá que no por ningún motivo.

Para: Elsa Arendellle

De: Marceline Abadeer

"Me estás comprando con el temor? Porque funcionó… A qué hr, supongo que en la mansión Arendelle y cómo hay que ir presentadas para la ocasión?"

Lo sabía, ella siempre termina accediendo. ¡Por eso la quiero tanto!

Para: Marceline Abadeer

De: Elsa Arendellle

Yo por eso te amo tanto! Pues será una comida medio formal. Vente lo más presentable, nos vemos a las 3 aquí en mi casa. Descansa y sueña con los angelitos! Hasta mañana, y muchas gracias, Marce, amor mío!

La verdad es que siempre ha sido una buena amiga. Por lo menos ya no estoy tan preocupada por mañana sé que con Marceline puedo irme con cualquier excusa y terminar de pasarla bien en algún lugar, incluso en la misma mansión; el chiste es que no estaré aburrida con las ocurrencias de Marceline.

Para: Elsa Arendellle

De: Marceline Abadeer

No quieras "hacerte la barbera", que hablándome bonito no obtendrás nada. Ya conozco cada una de tus mañas, mi querida señorita Arendelle. También descansa y sueña con los angelitos. Nos vemos mañana! ;)

Después de haber comido – cenado con Mati me retiré a mi habitación, la verdad es que sigo cansada por la desvelada del viernes, y de la semana en general, como para pensar más en cualquier cosa, por lo que me dirigí a mi cama y antes de que pudiera darme cuenta ya estaba dormida.

Al día siguiente mi rutina fue la misma, levantarme a las 8 de la mañana, hacer ejercicio, que no hice ayer, desayunar y estudiar un poco. A las 2 de la tarde me metí a bañar y empecé a arreglarme para poder recibir a los invitados como me lo pidió mi mamá. Elegí un vestido corto y sin mangas, me llega un poco más arriba de las rodillas, es de color azul turquesa y tiene un listón negro en la cintura que se amarra por detrás dejando un lindo moño. Es un vestido bastante simple pero muy lindo, me gusta mucho, además de que resalta el azul de mis ojos. Algo que me fascina. Lo combiné con unos zapatos de tacón bajo negros. Y me peiné con mi habitual trenza, es la forma más sencilla de mantener mi cabello a raya, no me gusta dejarlo como la melena de Marceline.

Al terminar de arreglarme me vi en el espejo de cuerpo completo que tengo detrás de mi puerta. Mi madre no podrá quejarse, me veo increíblemente bien, muy acorde con la ocasión. Al diez para las tres salí de mi cuarto y me dirigí a la sala de estar. Mi madre portaba un vestido rojo de coctel que le resaltaba el color blanco de su piel y mi padre llevaba una camisa negra y un pantalón blanco; ambos se veían muy elegantes pero bastante casuales. Cada uno estaba sumergido en sus propios asuntos, mi padre veía algo en su laptop, mi madre estaba leyendo un libro de Octavio Paz y yo miraba mi celular, esperando la hora en que llegara Marceline.

Mientras nosotros estábamos en la sala llegó Mati.

- El Señro Bubblegum ha llegado con su familia. – Informó en voz alta y justo después entró a la sala un hombre alto y delgado, vestido con una camisa azul y pantalones de color café, tenía el cabello quebrado y de un castaño claro; venía de la mano de una mujer alta, muy blanca y con el cabello pelirrojo largo, casi le llegaba a la cintura lo traía suelto, llevaba un vestido color negro, bastante sobrio.

El hombre, que supongo debe de ser el señor Bubblegum soltó a su esposa, quiero pensar, y se dirigió a abrazar a mi madre y después a mi padre; vaya hace mucho que no los veía tan felices, realmente deben de querer mucho a ese sujeto.

- ¡Abigail, Josúe!... Hace tanto tiempo… ¡Siguen iguales! ¡Me da tanto gusto verlos! – Volvió a buscar la mano de la mujer y la atrajo a él. – Ella es Lizeth Summer, es mi esposa. Lizeth, ellos son Abigail y Josúe, mis amigos de la universidad, los mejores. – Sonrió de oreja a oreja.

- ¡Mucho gusto! – Mi madre se acercó a saludarla de beso en la mejilla. – Nos da mucho gusto conocer a la esposa de Charles, espero que pases un momento muy agradable en nuestra casa. En ese momento mi mamá notó que estaba un poco alejada de la escena, por lo que me extendió la mano para que me acercara a ella. – Ella es nuestra hija, Elsa.

- Mucho gusto, señor Bubblegum, señora Summer, es todo un placer. – Estreché la mano de ambos que me devolvían una sonrisa.

- Elsa, eres igual de hermosa que tu mamá. ¡Bendito Dios que no te pareciste a tu padre! – Dijo el señor Bubblegum mientras soltaba una pequeña carcajada y miraba a mi padre guiñándole un ojo. – Eres un poco mayor que nuestras hijas, por cierto que ya tardaron, dijeron que habían olvidado algo en el carro… Ahaaa… Ahí están, Anna, Bonnie, vengan para presentarlas.

¿Cómo había dicho?

Me quedé petrificada cuando vi que entraban dos mujeres de cómo mi edad, una pelirroja que llevaba un muy sencillo vestido verde, el cabello pelirrojo lo llevaba amarrado en una media coleta por lo que el resto del cabello le caía con delicadeza hasta mitad de la espalda; la otra tenía el cabello pintado de rosa y lo llevaba completamente suelto, ella vestía un vestido negro con lunares blancos, era un vestido bastante retro. Eran la pelirroja y la chica de cabello rosa del viernes, ¿qué rayos estaban haciendo ahí?

Tanto Anna como Bonnibel dieron un respingo cuando me vieron, me miraban fijamente, como si fuera una especie de depredadora y ellas mi potencial presa. Si mi madre se daba cuenta de esa situación no iba a descansar hasta saber qué había ocurrido o peor, seguro que iba a sospechar lo peor, incluso algo peor de lo que realmente había pasado. Entonces para que mi madre no sospechara caminé hasta ellas y, como si nunca hubiera visto a ese par, las saludé. Intenté darles la sonrisa más cordial que pude, pero estaba aterrada.

- Muy buenas tardes, mi nombre es Elsa Arendelle; ¡bienvenidas! – Le estiré primero la mano a Anna que me miraba con los ojos como platos y tenía la boca un tanto abierta.

- Yo soy Anna… Buenas tardes… - Por lo menos la pelirroja me siguió el juego. Tomó mi mano y casi inmediatamente la quitó.

Volteé a ver a Bonnibel que tenía la misma expresión que Anna y le estiré mi mano.

- Yo soy Bonnibel Bubblegum; un placer, Elsa. – ¡Vaya!, por lo menos Bonnibel había hablado más segura que la pelirroja.

- Bueno, al menos ya se conocen las jovencitas; espero que se puedan llevar tan bien como nosotros. ¿O qué opinas mi querida Abi? – El señor Bubblegum sí que es bueno rompiendo la tensión.

Espero que Marceline no llegue tres horas después al menos una vez en su vida, no sé qué hacer. SI mis padres se dan cuenta aquí va a estallar la tercera guerra mundial.

El señor Bubbline, la señora Summers y mis padres se sentaron juntos para conversar dejándome con las otras dos chicas. Permanecimos en total silencio mientras se oían de fondo las risas y las voces de nuestros padres. ¡Por Dios, que llegue pronto Marceline!

En eso llegó Mati de nuevo a la sala.

- La señorita Abedeer, acaba de llegar. – Mati me miró risueña y justo después de ella entró Marceline luciendo un blusón blanco y un pantalón de mezclilla con unas botas cafés de tacón, se veía muy sensual, su melena habitual estaba detenida en una cola de caballo. La sonrisa de Marceline se desvaneció en cuanto fijó la vista en donde yo estaba y se percató de la presencia de Anna y Bonnibel.

- Buenas tardes, Marceline. – Dijo mi madre sin esconder su fastidio.

- Buenas tardes, señor y señora Arendelle. Elsa… - Marceline volteó a verme y luego dirigió la vista a las mujeres que tenía al lado; Bonnibel al verla se sonrojó y Anna la miró con horror.

- Madre, iré con Marceline a comprar algunas bebidas. – Dije levantándome de mi asiento rápidamente. – Iremos con Anna y con Bonnibel en mi carro, así podríamos platicar un poco más y conocernos. – No se me ocurrió otra cosa que decir; y tanto Anna como Bonnibel me lanzaron una mirada incrédula.

- Sí, vamos chicas… ¡Será divertido! – Dijo Marceline burlonamente. Después de un momento que pareció una eternidad tanto Anna como Bonnibel se levantaron de sus asientos y se dirigieron hacia donde estábamos nosotras. Mi madre me fulminaba con la mirada pero sé que delante de las visitas no iba a decir nada.

- No vayan a tardar, Elsa; la comida está casi lista. – Sabía que eso era una advertencia muy clara.

- Claro, madre. ¡No tardaremos! – Dicho esto empujé a Marceline al vestíbulo y les hice gestos a Anna y a Bonnibel para que nos siguieran.

Una vez fuera de mi casa, Anna habló por primera vez.

- Elsa, a dónde se supone que…

- ¡Aquí no! Espera a que salgamos de la propiedad. – Seguro que quiso debatirme pero prefirió quedarse callada.

Caminamos un poco hasta llegar a mi carro, cuando llegamos, Marceline iba a ocupar el lugar del copiloto hasta que le reprendí. – Anna, ve al frente, por favor… - Marceline se encogió de hombros y le sostuvo la puerta abierta a Anna para obligarla a entrar ahí, una vez que Anna estuvo adentro ella cerró la puerta y se subió atrás.

Arranqué el auto y salimos lo más rápido que pude de la propiedad Arendelle. El silencio en el auto era total. Por el retrovisor pude ver cómo Bonnibel se removía en el asiento incómoda, Marceline por el contrario miraba por la ventana con cara de preocupación, y Anna iba completamente inmóvil en el asiento de copiloto, su mirada siempre fija en el frente, lo que debería de hacer yo.

Conduje por un largo tiempo las cuatro íbamos en un silencio total, al fin llegué a un punto en la carretera donde solemos ir Marceline y yo a mirar las lluvias de estrellas, los eclipses lunares o simplemente a platicar un rato. Aparqué ahí y volteé a ver a Anna.

- Muy bien… Éste es el punto, mis padres no pueden saber que nosotras ya nos conocemos, ninguna de nosotras. ¿Queda claro? – Dije con la voz autoritaria de mi madre.

- ¿Y si no queda claro? O mejor dicho… ¿Qué pasa si no quiero obedecerte, Arendelle? – Por fin Anna se movió de su lugar y volteó a verme con unos ojos verdes intensos y llenos de rabia.

- Y dime, Anna… ¿Crees que te va a servir de algo llevarme la contraria? – La furia que esta chiquilla me hacía sentir era increíble, ¿cómo puede ser tan irritable?

- ¡Oh, perdón! ¿Debería asustarme y seguirte la contraria en todo como normalmente deben de hacerlo todos tus subordinados? – Se llevó una mano a la boca en una mala parodia de una persona que dice algo que no debe.

- Mira Anna, tal vez sí deberías de tenerme miedo, no sabes mis alcances, ni lo que podría hacer… - Fulminé a Anna con la mirada, realmente es desesperante.

- Por favor… No voy a tenerle miedo a las amenazas de una lesbiana. – Y dicho esto se salió del carro. Marceline y Bonnibel solo nos veían desde el asiento trasero en completo silencio.

Salí inmediatamente del carro y corrí hasta ella, la tomé de la cintura y la volteé hacia mí, empezó a forcejear para que la soltara, pero yo soy más fuerte que ella. Con una mano la tomé de la barbilla y le besé por la fuerza. Sentí cómo se estremeció debajo de mí, seguramente de rabia. Cuando me separé de ella estaba completamente inmóvil y muy sonrojada, está furiosa.

- Escúchame bien pequeña imprudente, yo seré lesbiana, pero tú me contestaste el beso del viernes y eso solo puede significar que o no estás convencida de tu sexualidad, o que incluso siendo la mujer más heterosexual del mundo, yo te parezco de lo más atractiva. – Me miraba fijamente a los ojos ya sin forcejear. – Ahora si no quieres que tu madre o tu flameante novio se enteren, porque tendrás que explicar cómo nos conocimos y dónde estábamos, de nuestro pequeño encuentro, te recomiendo que mantengas el pico sellado. – Y después de decir esto la liberé. Después de un momento llegó Bonnibel y Marceline que habían visto todo desde el auto.

- Elsa, no es necesario la rudeza… Le expliqué todo a Bonnibel y me dijo que no iba a decir nada. – Volteé a ver a Marceline y a Bonnibel que habían salido del carro. La chica de cabello rosa me fulminó con la mirada al pasar a un lado mío para llegar hasta donde estaba su hermana que seguía roja e inmóvil. – Elsa, debes de tranquilizarte un poco, fuiste un poco violenta con la pobre chica, ¿no crees?

- ¡No me vengas con eso ahora, Marceline! ¿Qué no ves cómo me contesta la pequeña? – Volteé a ver a Anna que estaba hablando con Bonnibel en ese momento y estaba… ¿Llorando? ¿La hice llorar? Mi mandíbula se tensó al máximo, tenía un humor de perros pero no quería lastimarla, no la tomé muy fuerte… ¿O sí? – ¡Mierda! – Con los puños aún cerrados caminé hasta donde estaban las dos, Bonnibel tenía abrazada a su hermana quien seguía llorando; cuando Bonnibel se percató de mi presencia alzó la mirada, si los ojos fueran pistolas los de Bonnibel me habrían disparado como veinte veces; estaba furiosa, Anna nunca despegó la vista del suelo. Ignorando por completo a Bonnibel tomé la barbilla de Anna delicadamente, al sentir mi contacto se quedó petrificada, sus sollozos pararon, la levanté tiernamente para que sus ojos completamente rojos y con un verde mucho más profundo de lo que había visto se encontraran con los míos. Para mi sorpresa no alejó mi mano de ella. – Anna, discúlpame por favor. No quise ser agresiva contigo. Lo que pasa es que me preocupa mucho que mis padres se enteren y como no te vi con ganas de cooperar… y luego la manera en cómo me contestas… Aunque sé que no tengo excusas, perdóname por favor. – Con el dorso de la mano le limpié las lágrimas que seguían cayendo por sus mejillas. – Prometo no volver acercarme a ti, solo por favor, deja de llorar.

Anna me miró por un momento luego subió una de sus manos y se limpió los ojos, yo retiré la mano que tenía en su barbilla para impedir que bajara la vista.

- No te preocupes, Arendelle. Yo también me excedí con lo que te dije; es solo que no sabía cómo reaccionar… Cómo tratar contigo… No sé cómo ponerlo… - Dio un paso hacia atrás y bajo la vista. – Te propongo que hagamos como si nada de esto hubiese pasado… - Levantó la vista y me miró fijamente, mientras extendía la mano derecha.

- Como si nada hubiese pasado. – Tomé su mano y la estrechamos, haciendo un tipo de pacto.

Bonnibel puso los ojos en blanco y al pasar a mi lado me golpeó con el hombro, al parecer la que está más furiosa es ella, se dirigió hacia donde estaba Marceline que la detuvo de la muñeca y se acercó a decirle algo, la verdad no oí bien lo que dijo.

Regresé al auto junto con Anna, le abrí la puerta del copiloto y ella entró sin poner objeción alguna. Rodeé el auto y pude ver que Marceline jugaba con la mano de Bonnibel mientras ambas hablaban; espero que no tarden mucho, entré al auto y prendí la radio, un poco de música caerá bien. Anna seguía en silencio y yo aún me sentía mal por haberla tratado así, ¿qué estará pensando la pelirroja?

- Espero que Marceline y tu hermana no se tarden mucho, tenemos que regresar rápido. – Dije tratando de romper el silencio.

- Dales un momento, tienen mucho de qué hablar por mi culpa. – Anna volteó a verme, aún se veían sus ojos tristes. Me siento tan mal…

- ¿Por qué por tu culpa? – Claro, hice a un lado el que yo ya sabía que Anna se había llevado a rastras del antro a Bonnie antes de que ellas arreglaran algo. No quería meter más la pata con Anna.

- Bueno pues… El viernes me llevé a Bonnie mientras tenía una plática con Marceline, aunque a mí no me pareció que estuvieran hablando mucho, Bonnie se la ha pasado reprochándome lo mismo desde ayer.

- Ya veo… - De nuevo el silencio…

- No tienes otro tipo de música, el radio a mí casi no me gusta, tengo ganas de escuchar alguna otra cosa, algo más alegre… - No tengo modo de negarle algo a ésta mujer después de lo que le hice. Así que sonreí dulcemente y saqué de la guantera el álbum 1999, un disco de Love of Lesbian, mi favorito. Lo puse en mi equipo de sonido y seleccioné la segunda canción, una de las más movidas de ellos. Anna al escuchar el ritmo me sonrió y empezó a moverse al ritmo de la música.

De verdad que no entiendo a ésta mujer, lo peor de todo es que me gusta bastante, me sigue pareciendo muy atractiva…

Por lo mientras dejaré que la música fluya y que Marceline y Bonnibel puedan llegar a un acuerdo rápido.