Decir que Kurt estaba malhumorado sería la subestimación del mes. Se había quedado hasta las seis y media de anoche (o esta mañana si alguien quería ser analítico), frustrado e inquieto después de que Mitch fuera a su casa, y le había tomado un tiempo quedarse dormido incluso entonces. Había planeado dormir, pero entonces Seb llamó a las malditas once de la mañana, y era lo suficientemente descarado para asustarlo y despertarlo completamente, gritando acerca de una emergencia, antes de reírse como si fuera la mejor broma del mundo y definiendo emergencia como una cita para almorzar. Y ahora era el mediodía, o casi -pudo haberse distraído tratando de cubrir los círculos oscuros bajo sus ojos- y Kurt estaba de mal humor, entrando en la cafetería-bar con la intención de patear el trasero de su amigo.

Por supuesto, Sebastian lo conocía demasiado bien como para darle una oportunidad. Tan pronto como Kurt entró y dio algunos pasos hacia la mesa de siempre, lo agarró y lo saludó con un húmedo y exigente beso. Pero él también conocía a Seb, por lo que sólo lo llevó por la sensación de seguridad, devolviendo el beso durante unos segundos, antes de morderle el labio inferior, fuerte. Su amigo se alejó de golpe con un grito ofendido.

— ¡Ow, perra!

Kurt se encogió de hombros.— No pongas tu boca donde no pertenece, ¿tu madre no te enseñó eso?

Sebastian resopló. volviéndose hacia el bar, no sin antes aterrizar una astuta nalgada en el trasero de Kurt.

— Me parece bien. ¿Un Moka light grande con carga extra de cafe?

— Y un muffin de avena.

— Mm, exigente.

— Lo dice el hombre que me obligó a levantarme de madrugada y venir aquí antes de desayunar.

— Cariño, tu madrugada es la bien ganada hora del almuerzo para la gente trabajadora. —Sebastian le dio el dinero al barista y empujó a Kurt hacia su mesa.

— No es mi culpa que ellos insistan en mantener ese horario. —Kurt se instaló en su sillón favorito y sólo entonces se dio cuenta que no estaban solos. Blaine estaba sentado en la esquina, bebiendo un latte chico, y junto a él, Cooper estaba jugando con unas galletas; Kurt arqueó una ceja.

— Wow, hola chicos. Seb, ¿cómo lo hiciste? ¿Ataste a Coop para traerlo aquí? No creo que él sea capaz de dejar su oficina voluntariamente durante horas de trabajo.

Sebastian rió entre dientes y le pasó su café a Kurt, quien bebió de inmediato.

— Mas o menos. Hubo patadas y gritos.

Todo el mundo se rió excepto Cooper, quien gruñó algo acerca de unos documentos importantes y calendarios. La cafeína lentamente se extendía por su sistema finalmente. Kurt mordisqueó su muffin y preguntó.

— ¿Entonces cuál es el motivo para esta reunión a estas horas tan intempestivas?

Sebastian tuvo el cuidado de mover su silla un poco lejos de él antes de responder.

— Bueno, estaba aburrido... un día tranquilo en el trabajo... —Sonriendo ante las similares miradas de sorpresa de Kurt y Cooper, continuó.— Así que decidí que ya era hora de conocer a Anderson Junior. Bello muchacho, si me permiten decirlo. —Blaine esbozó una débil sonrisa, luciendo intimidado.— ¡Además de que necesitaba saber todo acerca de tu cita de anoche! Así que dime, ¿Es Mick el indicado?

Incluso Cooper se animó ahora y lo miró fijamente. Kurt gimió.

— Primero que nada, su nombre es Mitch, no Mick. En segundo lugar, fue sólo una cita, chicos, no un compromiso. No veo por qué están tan emocionados con eso.

Fue Cooper quien respondió esta vez.

— Kurt, no fue sólo una cita, fue la cuarta cita. No has ido más allá de dos citas con el mismo sujeto desde aquél desastre con James tres años atrás.

Kurt frunció el ceño y cruzó los brazos.

— Dos años y medio. —Demonios. No se suponía que debía sonar a la defensiva.

— No importa. La cuestión es que para ti siempre ha sido algo de una sola noche, ¿pero una cuarta cita? Eso es enorme.

— ¿Me estás diciendo puta?

Trató de intimidar a Coop con su cara de perra, pero debió haber sido parcial, con muy poca cafeína en su sistema, porque su amigo ni siquiera parpadeó, Sebastian intervino.

— Sí, sí, eres una puta. Lidia con eso, de cualquier manera te amamos. Así que dinos, querido amigo, ¿es amoooooor?

Cantó las últimas palabras con voz ridículamente alegre, y Kurt lo miró antes de encogerse de hombros.

— El amor es un mito.

Sebastian hizo una mueca.— Uh-oh ¿Entonces no habrá una quinta cita? ¿Nada de serenatas en Central Park, o bodas fastuosas y lindos bebés gays?

— Nope. —Tomó su taza nuevamente. Café. El mejor amigo de todos.

— Maldición, —Sebastian gimió, pero Kurt vió a Coop sonreír y extender su mano, con la palma hacia arriba. Espera, ¿qué demonios? ¿Ellos habían estado...?

Seb maldijo, pero sacó su cartera y le entregó a Coop un billete de cien dólares cuidadosamente doblado.

— Bien. Tenías razón. Pero sigo manteniendo que él se enamorará del indicado al final del año. Amor y todo.

Sip. Habían estado apostando. Respecto a su vida amorosa. Los muy bastardos.

Cooper guardó el dinero y se rió.— Yo sigo sosteniendo que me deberás otro de estos al final del año.

— Como si supieras algo acerca de relaciones. Estar casado con tu trabajo no cuenta, para que lo sepas. —Sebastian sonrió y robó el último pedazo de galleta del plato de Cooper, ganándose un golpe en la mano en el proceso.

— ¿Ah sí? Tú, por otra parte...

Oh Dios, lo estaban haciendo otra vez. Se tomaban el pelo, luego discutían, y luego Kurt tendría que ser el maldito mediador por la siguiente semana. De ninguna manera.

— Chicos, ¿chicos? —Fue lo suficientemente fuerte para atraer su atención. Por fin.— Los odio a ambos.

Sebastian golpeó su propia frente y movió su silla más cerca de Kurt.— Tienes razón. Lo sentimos. Necesitas consuelo y nosotros estamos...

No necesito consuelo.

Cooper también se inclinó hacia él sobre la mesa.

— Sólo dinos qué necesitas, ¿Una noche de chicos? ¿Beber hasta olvidar?

— ¿Una cogida amistosa? —Sebastian puso su expresión seria y preocupada. Bastardo.

— No, en serio, te ayudaremos de la mejor manera que podamos. —Cooper se estiró para tomar la mano de Kurt.

— ¿Qué pasó con Mick? —comenzó Sebastian.

— Mitch.

— Mitch, no importa... ¿El sexo fue malo? —Ahora era la mirada de consejero, y Kurt de verdad ya estaba teniendo suficiente de esta conversación. Estalló.

— El sexo estuvo bien, muchas gracias. Lo demás no. Sería lindo tener tal vez una conversación de vez en cuando. ¿Algo de intereses en común? Puedes cogerte a un tipo en el colchón muchas veces hasta que te das cuenta de eso.

Un sonido ahogado vino desde un lado, y de repente todos se acordaron de Blaine, que estaba sentado en el rincón sin hacer ruido, con la cara roja y ojos muy abiertos. Kurt rápidamente reprodujo los puntos más importantes de la conversación en su cabeza y gimió.

— Oh mierda. Digo. Genial. ¿Ven? Ahora ustedes dos han asustado a Blaine con sus locas maneras. Lo siento, Blaine, no siempre somos...

Sebastian levantó su mano para callarlo y miró a Blaine fijamente.

— ¿Dementes? ¿Intensos? Sí, lo somos. Pero no lo intentes en casa. Recuerda, no quieres ser como Kurt cuando crezcas, joven Jedi. Hay todo un mundo de hermoso amor gay allá afuera, no les creas a aquellos que digan lo contrario. Kurt sólo se está... desquitando. James lo hirió y...

Kurt se levantó rápidamente y agarró la mitad de muffin que le quedaba.— Oh Dios mío, okay, suficiente. Me voy a casa y a la cama, y no quiero escuchar nada de cualquiera de ustedes hasta que empiecen a comportarse como personas normales. O al menos lo más que se pueda con ustedes. Gracias por el café. Adiós.

Hubiera azotado la puerta en su camino, pero era imposible. Maldita sea. Incluso las puertas lo odiaban ese día. Echando pestes, se marchó a su apartamento.

-8-8-8-8-8-

Una hora más tarde Blaine estaba de vuelta en su habitación en el apartamento de Cooper, con la cabeza todavía aturdida por todo lo que vio y oyó. Había planeado ir a explorar la ciudad por su cuenta después de la comida, pero en este momento no había oportunidad para él de concentrarse en cualquier cosa fuera de su propia cabeza, por lo que se dio por vencido y volvió a casa en su lugar. Recostado sobre el colchón, dejó que sus pensamientos se remontaran a los eventos sucedidos en la cafetería-bar.

Después de que Kurt había rabiado y salido de la cafetería, hubo un momento de silencio incómodo en la mesa. Ambos hombres parecía que se preguntaban si se habían pasado de la raya, pero pronto Sebastian se encogió de hombros y continuó diciéndole a Blaine la historia de cómo James, el ex- novio de Kurt, lo había dejado a menos de un mes de casarse, y cómo Kurt no había sido el mismo desde entonces. Esto fue todo lo que Blaine oyó antes de que Cooper interrumpiera para decir que tenía que volver al trabajo.

Caminaron juntos un poco, y todo el rato Coop estuvo tratando de convencer a Blaine de que Kurt era realmente un gran tipo, no importaba con cuántos hombres diferentes quisiera salir, mientras que Blaine se preguntaba si realmente parecía tan niño ante ellos. Porque, ¿cómo pudieron todos ellos haberlo leído tan mal?

Por otro lado, tal vez era mejor que lo hicieran. La verdad podría haber sido mucho más difícil para todos los presentes.

Todos parecían creer que Blaine se sentía incómodo con su conversación. Perturbado incluso, o quizás disgustado. No podían estar más lejos de la verdad si lo intentaran. Sus sentimientos eran totalmente diferentes.

A ciencia cierta, hubo celos. Sabía que no tenía absolutamente ningún derecho a estar celoso de todos los demás hombres que llegaron a besar y a tocar a Kurt, Sebastian incluido. Pero bien o mal, el monstruo de ojos verdes estaba allí, royendo sus entrañas. Estaba afilando sus dientes oyendo que Kurt había ido a una cita (y muy probablemente, que había tenido relaciones sexuales ) ayer por la noche; se volvió más inquieto cuando estuvieron hablando de sexo de una sola noche, y una vez que Kurt sacó lo de cogerte a un tipo en el colchón... Dios. Blaine casi se había ahogado con la imagen que su cerebro logró producir antes de perder toda la sangre mientras emigraba al sur a toda prisa.

También hubo asombro en medio de sus sentimientos -una especie de aturdida incredulidad que lo hizo sentarse tranquilamente en su rincón, bebiendo su latte (un experimento, tal como Kurt había sugerido, y delicioso) y escuchar con atención. Ahí estaba él, recién llegado de Ohio donde había sido molestado, intimidado, le enseñó que no había lugar para la gente como él allí, le dijo que mantuviera su sexualidad para sí mismo, aunque sólo fuera por su propia seguridad- y entonces estaba aquello. Tres hombres adultos, incluyendo a su propio hermano heterosexual, sentados en un lugar público, hablando y bromeando abiertamente sobre las relaciones gays, incluso de sexo gay. Sin una sombra de miedo, sin mirar a su alrededor para comprobar si alguien no lo aprobaba, como si fuera algo completamente normal.

Porque era normal. Esta era la forma en que se suponía que debía ser... como debía ser en todas partes. No era que Nueva York fuera extraño -era el resto del mundo el que era raro y estaba mal, todos aquellos lugares en donde dos chicos tomados de la mano eran observados con asco y colmados de palabras de odio, o algo peor.

Y Blaine había sabido que había lugares como aquí -pero era teoría, una especie de utopía gay. Ahora que había llegado a verlo por sí mismo, sabía sin sombra de duda, que quería vivir aquí también. Que haría cualquier cosa en su poder para volver a Nueva York después de graduarse, y que se quedaría aquí, donde su sexualidad no determinaba quién era y lo que podía hacer. Quería simplemente ser normal, tener relaciones normales, angustias normales, sexo normal, cosas que todo el mundo daba por sentado. Ser capaz de salir abiertamente, tomarse de las manos donde él quisiera, besarse en público, vivir con un novio, casarse algún día. Él quería todo esto tanto que le dolía.

Sin embargo, no era lo único que quería, y esto podría ser un problema.

Porque ¿qué tan malo era querer desesperadamente ser sujetado y cogido en el colchón por el mejor amigo de su hermano mayor?

...

— ¿Sebastian y Kurt alguna vez han sido... ya sabes, una pareja? —Blaine le preguntó a Cooper esa noche en una cena tardía de comida china. Esperaba no ser demasiado obvio, pero incluso desde que los vio besarse, la pregunta no lo dejaba tranquilo.

Cooper sólo rió.— Dios, no. Lo sé, algunas veces actúan como una vieja pareja de casados, pero en realidad nunca han salido. O dormido juntos, para el caso. Esto es simplemente lo suyo; las bromas, el toqueteo... pero dudo que sigan adelante con esto. Demasiado potencial para arruinar las cosas, supongo, y se necesitan mutuamente. Todos nos necesitamos.

— Parece que ustedes tres son realmente muy buenos amigos.

Coop asintió esta vez con rostro serio.

— Los mejores. No sé lo que haría sin ellos. Bueno, probablemente trabajar todavía más y estar menos cuerdo.— Le esbozó una sonrisa a Blaine antes de volver a jugar con sus palillos.— Es gracioso, ¿sabes? Somos completamente diferentes, y aún así, nos conectamos de alguna manera. Hablamos, nos encontramos, hacemos cosas tontas, y al mismo tiempo sabemos que podemos confiar en el otro con nuestras vidas. Han habido situaciones donde todos hemos aprendido que podemos depender unos de otros.

— ¿Como cuáles? —preguntó Blaine antes de que pensara que debía ser algo muy privado. Pero a Cooper aparentemente no le importó.

— Como cuando el papá de Kurt tuvo su segundo ataque al corazón. Decidieron hacerle una cirugía de bypass esa misma noche, y en su estado, era muy arriesgado, pero también muy esperado. Kurt tenía como ocho horas para llegar ahí antes de la cirugía, creo, y era justo antes de Navidad, así que no podía tomar un vuelo más temprano ya que todos estaban ocupados. Nos llamó, casi histérico, y para cuando Sebastian llegó al apartamento de Kurt, media hora más tarde, tenía un pequeño avión privado listo para Kurt y un taxi esperando afuera para llevarlo al aeropuerto.

La mandíbula de Blaine podía haber golpeado el piso antes de que se diera cuenta y la cerró de nuevo.

— ¿Sebastian tiene un avión privado?

Cooper rió.— No. Al menos no todavía. Pero él es de una familia muy rica y trabaja con gente que tiene tanto dinero que no saben qué hacer con él. Tiene sus formas. Pretende no preocuparse mucho por eso, pero entonces va y usa su dinero y sus conexiones para ir por encima y más allá.

— ¿Qué pasó con el papá de Kurt? ¿Salió bien? —Blaine tenía que preguntar... recordó que Kurt le había dicho lo importante que era su familia para él.

Cooper asintió y puso la caja sobre la mesa.

— Sí, la cirugía salió genial y ahora está como nuevo, gracias a Dios. No sé cómo habría sobrevivido Kurt si hubiera perdido a su padre entonces, justo después de que James lo dejara. Fue un mes fatal para él. Y Kurt dejaría todo por cuidar a las personas que son cercanas a él, pero cuando se trata de pedir ayuda, es peor que una mula. Se encierra a sí mismo en su pequeño mundo y es difícil llegar a él y convencerlo de que te deje cuidarlo, para variar. Él es un poco como tú en ese sentido.

Blaine no dijo nada. Había aprendido tiempo atrás que verter tus problemas en otros no resolvía nada, y a menudo empeoraba las cosas. Es por eso que la llamada que hizo a Cooper fue un acto muy claro de desesperación... él simplemente no hacía esas cosas. No pedía ayuda. Se las arreglaba sólo. Por eso él sabía que entendía a Kurt... su corazón se encogió ante la idea de lo difícil que debió haber sido para él, en aquél entonces.

— En fin... —Cooper bostezó y se estiró.— ¿Tienes planes para mañana?

— Sí. Creo que caminaré por ahí, algo de turismo, ya sabes.

— Okay. Sólo ten cuidado. Oh, y antes de que lo olvide otra vez. —Cooper alcanzó su cartera y sacó una tarjeta de débito.— El código es 0823, como tu cumpleaños. Tienes que comer y comprar cosas en algún momento, ¿cierto? No la sobregires, pero tampoco tienes que contar cada centavo.

Blaine tomó la tarjeta, sorprendido por la confianza que su hermano depositaba en él.— ¡Gracias!

— Ni lo menciones. Y llegaré tarde mañana, así que ¿por qué no te encuentras con Kurt para cenar si quieres compañía?

— Pero él dijo...

Cooper rió.— Se refería a Seb y a mi, no a ti, tonto. No te preocupes por eso, no es la primera vez.